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Full text of "Historia antigua y de la conquista de México"

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^Ijyiil^^^VJCM^^jMkA/A/MMU!^^^ 



TO THE 
NÉWYOKK l^BLIC LlBKARY 

1914 




ThonasAluboneJanvier i 



AND OF 

Catharine Ann Janvier 

HIS WIFE 



uy\nr'ir^yicrcritr^>i¡ry?r-)ir \yy sr y y y w \y 'nÁ 



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HISTORIA ANTIGUA 



TDX LA 



CONQUISTA DE MÉXICO 



lOB ML 



Lie. MANUEL OROZCO Y^ERRA, 

Vloe-prMldeiitede U Sociedad de Oeograñ» ylSetadistic*, Socio rlenúmerodeU Academl* MexlcAui, 

IndlTlduo correspondiente de lee Beales Acedemiae Eupeflola y de U Historia, de Madrid; 

Honorario de la Sociedad Arqneidógica de Santiago de Chile, Sodedad Oeogriflca 

de Boma, Sociedad Arqueológica de Paris y Congreso internacional de 

Amtrtoinittat; Sodo de número de la Sodedad de Historia 

Hatnral, y Honorario de las Sodedades Minerai 

Hnmboldt, Andrés del lUo, ko., ko. 



a mFtin rtí oiu i nrnrsis t poi ouir m mmo coburio di u upeiucí ibxkíhí. 



Escribo bajo el inflnjo de lo qne he Yisto» 
leído ó caUmlado, y eieminre buscando la Tar- 
dad y la justicia. Beep^to la religión, y sigo 
confiado por el camino del progreso qne es la 
ley impnesta ft la humanidad. Subordino mlf 
ideas 4 estos prindpios: Dios, lapatrlay la f*. 
milla. 



1*0010 Tercero. 



MÉXICO. 

' TIFOOBAFÍA. DE GOHZAIX) A. ESTETA, 
Ban Juan de Letran número fi^ . 



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TKEKEWYClY. 

PUBLIC LIBRARA 

5G4S0í> 

A8TOR, L^NOX AND 
tVlDEN FOUNCATIOHS j 

1916 L 



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• ^ • 



A LOS SEÑORES 



D. ¡tí Mm I D. hüá Henizákl j D. SeWaii 




DEDICA ESTE VOLUMEN, 



EN TESTIMONIO DE ETERNO RECONOCIMIENTO 



^/ Autor. 



\ 



"'K 



.} 



LIBRO II. 



CAPiTmiOI, 

- í 

me.—Su destrwdan.-^UbMóO, teapateea yískahma.^Tamoottehan.'^LMmu^ 



DESPUÉS ée^ haber bosquejado la má0 aotígoa áé lascivUisa- 
éionea ootiocidae en nne^ro suelo, la de los mayai y la xoái 
moderna de los miehhaacai, debemos oonparaos ja «1 las dÍTereai 
fracciones de la fitoiilia üahoa, úHima j araeho más conocida. Pim 
cometaar nuestra tarea, jtjarémos las ideas eosmogónioas aceptadas 
por los méxiea, á fin de dietinguirlas'en cuanto sea posible del conr 
junto mezclado y confuso de las creencias religiasas de qoa fccmaa 
parte. 

Antes dé lá et^steneia del Universo, eólo habla d eido dédmoteis 
cero, eú el cual vivían el dk>e Tonaerteouhtli y su eqMsa Tonaioa» 
cSiuatl, por otro nombre Xoehtqueteal: no reconocían or%eo, era d¿ 
prfnéipto de la créaéton. Lá pareja divina procreó cuatio bijos; el 
prlflK)gSii^'se llam^'Tktláubquitéseatíipeoa, de odor vcgo, adorada 
pov loé del1a»¿la y Huexotziogo bajo ei nombre de Gamaxtle; A 
pegando, de peor índole que sus hemumoSi negro de coloiv apaWMhii 



do Yayauhquitezcatlipoca; el tercero, de i^^uu tt-tucq coj/ndo por 
Quetzalcoatl ó lahualiccatl; el último, col)nzo, á í .eu tL cí in Omi- 
téotl, Inaquizcoatl, y era conocido de los móxictb por Huatzílopoch- 
tli, por ser zurdo. Tezcatli poca, el rojo, sabía todos los pensamientos 
estaba en todo lugar, adivinaba los corazones, y por eso le llamaban 
Moyocoya, el poderoso, el formador de las cosas sin contradicción: en 
cuanto al menor de la prosapia, Huitzilopochtli, nació sin carnes, 
era sólo el esqueleto. 

Aquella prosapia de dioses pasaron seiscientos años en inactividad, 
hasta que terminada esta época los cuatro hermanos se reunieron^ 
conferenciando acerca db Ip qi^ érá/ bien o^^enisen y leyes que ha- 
bían de imponer á lo que hiciesen; puestos ^e acuerdo, dieron 
la comisión á duetzalcoatl y Huitzilopochtli. Estos, siguiendo el 
parecer común, formaron en.p;*}iper.lug^i:el fuego, del cual sacaron 
un medio sol, que por no ser entero alumbraba poco; hicieron tam- 
bién al primer b^qml^FB llamado Oxomoco, y á la primera mujer Cí- 
pactonal; mandaron á ambos labrar la tien-a sin entregarse á la bol» 
ganza, y á ella que tejiese é hilase, dándole ciertos granos de maíz 
para las .adivinanzas v hechicerías, y curar las enfermedades de su 
desoendencia*: Dieron vl^.á Migtlantecuhtli y á su esposa Michite- 
cauhtiátl, * DdiHbFándoléB geüqres del infieiua/ Ordet\aron eHiempo, 
arreglando la cuenta de dias, meses y años. .• ' < ^ : 

Completaron los cielos, dejando por décimo tercero la mansión de 
Tdfiaeaíecnht^í. "fin el primer cifelo estaba la estrdla^tjalmTna;^ 
heifibi^ <r:op>atxa estfotlajnadho, y. eran guardianes del lugar. iEniel 
segittidó cielo leite han las m^ujerea tlamadt^s Tiet^ca^hcíbuatl ó !^?Á^^ 
t^tíÁrbe,' pi»os esqneletdSt des^ii^adas.á bajfir y «cprnc^e^^ 1^ h5)tpbr^;: 
CQabd6:fQ8raelfiit del naundp: ^stofiQ.Qeríc^ guando as acabasen. )o0:> 
diodes'ó TéacatMpoca derribare, el spl.eciíst^ote; £1 tercer <4elo asta- * 
bc'gn»rdado por ou^tróóif i>t09 h(>^bri»p cf^eados por Te^scatlipoca, y ; 
eran de cinco colores diferentes, amarillos, negros, blancos, azuleja r 
cdorados^ LaÁ avias proy^nfaB :de} ouarto* c^elo^ de xlwde b^j^bjaz^p á 
leutíMreL Ea elx][nÍ3ito:s^talbei^btfp oot^raa;4!3,f^fgo, forgí^^^ , 
pínr eldia»^eiesteeIemmtO|T ^e.dopde provenli^.los oop^ta^'yj^ 
B¿icd«8 Jígneas. £littxtqejr^:l4<iregiofi44^(ire|.,,^ sóitiipo.lf^ d^jip^lr^ 
voI'En .el potavo m xewtim¿ lo§ijlÍ0fies;ii)g$^ 8{^ía.>i9á;^'amto| ^ 
ignqráfidQettlo qiía-Jíahfo MI1I90 oielon m^Pii?di(^,htu^i^l d^oT^*:? 



' ''4Méi^'frl'a(i;üa orgaBíiífVoidñ fiáitictilBr. 'Los' CQattd tiermanos'BO 
J«iM»t«11^p6ra fbriíÁlf á 'í'lalocátocuhtli 7 a'ea eVpcsa Chaíchiuhtlí- 
cne, declarados dioses del líquido elemento! Ma^ban eri un ápoaeii- 
toidecnKtra<i¿itl^tinaientoH, en medio de'Ios cuales habla üó gran 
pbtfó etm tanatro ^ádes eptatiqües llenos de agiíaa divérs^n^ 1á prí- 
inem búenft para los panes y simientes, la otra qiie anit^la las plan- 
tliB,'>bi tercera qtie las hiela, la última improductiva, y'.que l^s Beca^ 
•Plálóebizb multitud 'dé ministros de pecpeíiq ta'maíío,, los cuníeá 
hAbiéatian fliiilofi' áiA'trQ cí)nipartimientós; af mado ctidr 
aloancftt'y Qn pal^ cuando'se les manda ir á algún lugt 
^na q^ito se les oidena, vertiéndola en'ftírma de lluvia 
tíen-a; el trneno se prodftce, porque los mviiistros pigm 
éon Idi paltMlas-alcanclÁs; el rayosa, cuaüdo alguno 6 
de las ánfoniB celestes cae del cielo, hiriendo algún 11 
«fonjiinto de fás'aguasluib/an creado los comisionados 
üamado Cípaotlt, en Juntado los cuatro diose^ hicieron 
Gipaelli,' con8!tlertfn*>fft también dios' bajo el nombre dé Tlaltecuhtii , 
ylepintan'pOI^ ello tendido sobre un pescado. ' 

Entretanto dOcÍú nH- hijo al prilnet- paT de hombres y lo llamíirou 
Pilciotecnhtli; no^ teniendo comtmfíera, lú^ dioses le formaron líní 
de los cabeltoa do Xochiquetzal. Vieron t'attibien los cuatro hofraá- 
BOB que el medio sol servia de poco; y consultando la manera dé 
eoñifilAtáfle, Teccaílipoca lo tomo A su cargo convirtiéndose en él 
príníer-'AQl entero.' Según aquella' teorto, Sol y hinn andan en el aire 
sin tocar tos cielos; el astro de k luz,- saliendo por Orieníe," é61o lie- 
g^al meridiano, de donde se torna al punto de partidaj de lo alto 
del cielo al Occidente lo que ee mira no es el sol, ' sino su reflojo, y 
de nb^he ns dndaei parece. Por ftn, los cuatro dioses crefirotí i. los 
gigantes, hombres de tantas fuerzas que arrancaban los ¿Kiules con 
iBR'ioanoa; mantenfanscteolamente de hellotas de bncina. Para com- 
pl0mMitod«'la'(areacittt,,'lt^ittñlopoclitlÍTÍ6 revestirse de carne &n 
eiq««leCo: ■ ■ ■ 

'Treba ciclos ü 67Q alijos duró éste segundo perfo^. AI finalizar, 
ún^Mberfie I4 caa^a, Quatealcoatl di6 urt gran golpe con un bastón á 
ToóéaClipotav 1^ derribó- del eiélo'al agua, y sC'pUso é ser' soléela lu- 
gst Ú0 su: loontratio. Al «aer l'ízc&tlipOba en el agua, se convirtió en' 
tigre, lo^anfal'ate^tígUft en'el cielo lá tfobsielación de la Osa mayor, 
el tígn -Tezeatlapoeai qué sube i lo alto del cielo t>ara descender ea 



8 

seguida al mar. E]i dios y I09 tigres por él fi>nnadoS| comieron y 
barón con los gigantes^ Los maceguales ó hijos de lot bcuabreSi «610 
se mantenían con piikmes. 

Trascurride& otros trece cielos 6 676 a&oa, el gran tigre Tezot tU^» 
poca dí6 una ooz al sol Q^uetzalcoatl, coa la cual le derribó del «ie* 
lo; $u caida produjo viento tan fuerte que arrastró con los macegua* 
les, dejando á los que sobrevivieron convertidos en monos. Tlaloea^ 
tecuhtii quedó trasformadó en sol. Los jnaceguales se mantenían dp 
la semilla dicha adciuhtli^ que nace en el agua, semejante al trigOi 

Tlaloc duró como sol siete ciclos ó 364 a&os, QLuets&alcoatl Uovió 
fuego del cielo, quitó á Tlaloc de su oficio, colocando en su lugar 4 
Chalchiuhtlícue, la cual permaneció sol seis ciclos ó 312 afios* M^ 
contado el período de inacción y los cuatro soles, habían pasado 
2628 afk)s. 

El último afio del sol Chalchiuhtlicue, las- aguas produjeron oa 
diluvio sobre la tierra; los maceguales p^ecieron, convirtiéronse en 
peces, y desequilibrados los cielos, se derrumbaron sobre el CipactlL 
Para reparar semejante catástrofe, los cuatro dioses, en el año 1 toob- 
tli, primero después del diluvio, crearon cuatro hombres llamados 
Atemoc, Itzcoatl, Itzmaliyat y Tenoch; penetrando por debajo de 
la tierra hicieron cuatro horadaciones hasta salir á la superficie su- 
perior; Tezcatlipoca se volvió el árbol tezcacuahuitl^ Quelzalcoatl 
el árbol quetzalhuexoch^ y. hombres, árboles y dioses levantaron los 
cielos,, sustentándoles firmes con las estrellas en la forma que ahora 
están* En premio de aquella acción, el Tonacatecuhtli hizo á sus 
hijos sefiores de cielos y estrellas, y el camino que en ellos recorríe* 
ron Cluetzalcoatl y Tezcatlipoca lo marca la Vía láctea. Después dé 
restablecidos los cielos, los dioses dieron vida nueva á la tierrsi 
muerta en el cataclismo. 

Al afio siguiente, 2 acatl, Tezcatlipoca dejó su nombre tomando el 
de Mixcoatl, culebra de nubes ó la tromba, sacó lumbre por medio 
de la frotación de dos palos, é instituyó la fiesta del fuego, enoendien*^ 
do muchas y grandes fogatas. El 6 acatl musió Centeotl hijo de Pil- 
cintecuhtlL El 8 calli dieron vida de nuevo á los maceguales^ oomo 
antes estaban, pasando el resto de la tteoena sin cosa notable. SI 1 
acatl, reunidos los dioses vieron qué la tierra no estaba alumbrada^ 
pues no tenía más claridad que llt llama de los^fuégos; determinaioa 
formar un sol, que ademaa de iluminar la tiecraeomiese eotaanei ]r 



bebiese Mogie. Al efboto se pusieren i baeer U guerra, pamb dual 
TeioatHpooa formó oaatroeientos bembree y cinco müjereá pamq^na' 
el 8ol comiese: ellos murieron dentro de cuiitro afioe, qaedando ^lat 
viras. El 10 tecpatl, 33 de la era, Xoebi<tniaMl, mujel^de PUcinte- 
cubtU, murió en ia guerra y fué la [^koera de sn ees¿9 ^ne «aüuii^«^ 
bióeen la lucba. Según lo acordado, el 13 aóatl» 36, ^letaalooatH 
arrojó é su bijo, que babla sin ooikicursode mujer, en una gran b<^e- 
ra, de donde salió becbo sol; Tlabc arrojóá su b^jo y de^Chalcbiub* 
tlioue en el rescoUi^ «aliendo la luna, que por eso parece cofiieíenta 
y oscura; ambos astros comenzaron icbminar uno tras otro sm at- 
canaarse, yendo por el aire sin tooar el cielo. 

£11 tecpatl, 37, Camaxtlc subió al octaro o¡^ y creó cuatia 
íiombres y una mujer para dar de comer al sol; pero apófias fürlnap 
dos cayeron al agua, se tornaren aü cielo y no bubo gaerra.'S) 3 cfp 
lli,'38, frustrado^ aquel intento, Gamaxtle dio oon un ba%ton sobre 
una pefta, brotando al golpe cuatrocientas cbicbimeca otomfesi qud 
fueron los pobladores de la úerra antes de los méxica. Entonces Ga- 
maxtle se puso á bacer penitencia sobre la pefia, sacándose sangre 
con púas de naagney, de lengua y orejas, orando á los dioses para 
que los cuatro hombres y la mi\¡er cread«>s en el octavo cielo, baja- 
sen á matar á los bárbafos para dar de comer al sol. El 10 calli, 36, 
eecucbadoB toe ruegos del penitente, binaron los sores apetecidoS| 
poeándose en los árboles, donde Icfr daban jle comer las águilas. Los 

bárbaros vivían entretenidos, entregándole á la embriaguez con el 

• 

Jugo de) maguey; pero acertaron á ver á los séHes extraños, se acer- 
caron á ellos, bajaron éstos de los árboles y dieron muerte á los cbi* 
cbimeeas, á excepción de Xiinuel, Mimicb y al mismo Gamaxtle, que 
se babfa becbo diiebimeca. 

El 4 tecpatl, 43, se oyó un gran ruido en el cielo, cayendo un ve- 
nado de dos cabezas, el cual tomó Gamaxtle y dio por dios á los de 
Cuitlahuac, quienes le daban de comer conejos, culebras y maripo- 
aas. El 8 tecpatl, 47, Gamaxtle tenía guerra con los comarcanos, 
venciéndoles por traer á la batalla el venado á cuestas. Aquella gue- 
rra «0 pvoiongó basta el 1 acatl, 66, en el que Gamaxtle fué vencido 
peidiendo el animal con cuyo favor triunfbba: fué la cansa, que en* 
centrando una de las cinco mujeres creadas por Tezcatlipoca, tuvo 
•B ella á Geacatl, de lo cual, ofendido el dios, le retiró su amparo. 

Siendo manceba Oeaoetl bizo siete ates penitencia, ccrriendo^ «ola 

3 



1» 

por los tnofites, saoáBdotifi» sangre, rogando i k« áiose^ leMciééén gran 
guarrero; fué oída la 8dpti«i, hasta eí punto ^ie qué por valierité le 
tonaarroQ por señor los habitanie^ de bollan (1). .. > . 

' Bstas fábulag) por absurdas 'qu&parezcrin,eontien€rn tuítoé astro- 
s6mioos, reHgio80s*y sociales, E2:ptícan lasidea^queabrigabaháqüe- 
1IÓ9 pueblos aceróa de la foriiÉacion de la tierra, sii rélacimrcon los' 
cíelos, juicÍD que formábabaoercia de la esfera celeste, /ttióVimiento 
dé los^t^os, posioíoti'de las. estrellas fijas/Grtindeá'catáíilisrtioíi^haí- 
bfan precedido al últti0(»i6rd^Q existente, ptWlucidoí! pdr los cuatro 
elbnieiitos i'eoonobidoír por todos los pueblos omtiguos; laHierra, el 
aire, el fuego y el agua; la estructura del universo Ihabía pádéfefdb; 
los selles; pfersQnificÍBU5Íonf de*lds dioses, habíaií siao derribados ^ ^ns- 
tituidóüB por bttx)e: Bl grani tigre Tezcatlipooa caído del sol al agna^ 
recuerda' aquel hjon de Neítea de íft antigua tradición explicada por 
Anáxtigoráfí, que' de la luna cajó en el Peloponeso. Los éielotí apoya-* 
dob^obre el Oipactlí y sustentados sobre árboles y Hombrea» en ios 
cuatros puntos principales, tienen analogías don las doce columnas 
en 'que los Vedas hjibctíireposaf la tierra* Gotí los éúalro elefantes 'J)a-' 
rados s^re una inmensa tortiga (pie íostieiwn al ttuí^do, peguti los 
faindus* Los ministros pigmeos distribuidores de la lluvia, que pro- 
ducen el trueno y e rayo roHipiendo las ánforas con los palos, pre- 
sentan ciertos puntos de contacto Con el dios del trucfio <íe 1¿8 actúa- 
les-japoneses, que bajo la form'a'Hle un' anciano toca' eñ íei niretin!^ 
rbeda de tambores sonaros: el drfrgnti de ló^ tifone.^ envuelto en las 
revueltas nub^s, produciendo los grandes trastornos de la atm<3fsferá 



(1) Existe eot'poderdel'Sñill. Joáqmti Gaii3ía Iea2baloatft Qfi pfMoioso odcKoe, 
MS. fol. , eu papel y letra del siglo XVI, intitulado, lÁbro dfif Or^ y Tuor4 Indieoí «1 . 
eolector parece ser D. Manuel Antonio de Lastres, caballero d^l orden de Alcánta- 
ra. Contiene, entre otras piezas, tres relativas tí la historia de tos mciica, escmas 
fatféia'153S. 'Ija prfmerai redadtada «oá* presencia d« las pinénrá», ''mnoliti^ de 'ellas 
"tofti((Í93.cpipar(»Hbtbd^ .OQDP^ingrerluimana*' y pon las informapipnea 7 jíelktían 
"de los yiejos y dp los que e^ .tienipo de su inifídelldAjí) ^ran. sac^rdot^^ y P(|pas,y, 
"por dicha de los señores y principales á quienes so enseñaba la ley y criaban, en los 
"templos.*^ la aftíbáyé el VonipÜadoí á Fr. 'Jufltí ¿úiháiVaga prirter obispo de Mí- 
xiooi dé éná* tomamos lasíibtioias de Brribá^ y QoaMo^sé oftrescala eitarémba 4in«l ' 
nqvibrp ^ ofípfil pr^Iado^ rLa fCg^ ^3 ípé, fí^fiíátí^, ))ñJQ las-mf ^es po|Mtiofi>nes 'if^ 
la anterior, por los relii^osofrínu^isc^nos (<5uy9s ;ioml?pe8 no confitan) á p^ticioo de 
Juan óaño, esposo de Dofia Isabel hija de Motecuhzomá: la citafcímosbajó el nom- 
bre, ftáüdacáfíotf. La tercera relación; aut<íútíba cómo laé'antérioi-es 7 pddidá igfid-'* 
máaM ptiH-Han Cftna^ •a.atribayB á iV. BetnincKno da 8abagiiD.« ^ j- ' ■ - 



n 

leoaerda t^ Sfíxfsoi^tlla; cnkbra de nubft, j'QjoetmlAot) purdiem wttií 
ifios d^ Us f^7i/(Mv 'ttayúnfroda por lQi8iair«aiicftrg»(Í0iA ib<iBap^|dti de. 

una (4re siempre bíhchadft de pérfidos itQidtm< * if ■ • 
. r Dedcrúbrese eof loe mito» qjaenoé o<Mi()aR) )a iiitfeiiQÍen-y el oótto 
d^ fhego; la Monaaióu 44 1m 'astros,, predomípatído, «obre todov el 
8ol;la'tinidadjdeJa,:idea Pios^ .degeneladía en Japluralideid deiloa> 
dioses, la guerrsí coqyeirtíd^len rel¡gi(Hi;;ps^, pro|K>fotoQ«ir al padre 
de la luz .corazones qjiie eetier, ^ei^gre <]ae<be|ber;f ,^1 ^liipmlire.üUiín^ 
^ la creaoidD y dfís^rediabte;-tnwfofraado,pti la Qfretví^a.uiAs grata : 
ája divÁnidud. La^ raasas hUowias ^eo sus-icoHHre^^ >^^pieo$ y caieto^' 
teristicos; QQ le$ qoq deseonocidafl, dú^tí^gii^iéndpl&s i la manera de* 
cier^os.aat^reo: #Dl)tlaaQaa»4iegras^a.iaari.tIaay coloradcM^i ;^pareper) Iqít 
artes domésticas; el maíz ser^^á leí itfUJ.er ^iipio^ ftlitU^l^o» J.l^^^ 
servir á loi encact^rai^Atit^sy <i^l¡tipffpk)pe8.;^ro|anl{)ai)biohiiii!<»X)^ 
de los pe&as al golpe; de ^^ tvara* noi^gioa 4^;uqt djos; sqn, luSi tifil^A. 
baropoas y salvajes, e9 el e$4<^o iprNaojüro «pnlr^pue^to- al m4s ader 
la^tudo de la cíiriI>£fMÚQi|; \ .:. . .mí. . • . 

. Eoíel priñdípiojde laQiT9l4,oioDes'm^ é méno^ probable)? dxMMairt' 
pletamept<^ fabulos^M, aplM*eoe(^ Ips '^gigt^ptes^.ftpeUiclados 9^ma|r»e 
6 quinametiH.\'No$ parece, que oa osto Juiy: dcfs ide^p .principales 
ccm^uodidas ea una; la de los huepos gigaqtesooa e<M}e0tredeti. eji ka 
escajvaeionest la de lasjnaciei^ea piíqiitivas qM^i'&,4^ siquifíra dfja-, 
lep su notpbareffiia yo^lieñdad; d^amba^na^^ )a ereencja deJt re^ 
meta ra^ de toa^gigaote?, primera en^Io^ appricfs de «ujuelp^^eblp, 
Pi^r eso las osanteotas de liQa.>nimale8/e:Mit!gu,fdQa b^UlKda» eb. 
laajQUJenoas de Tlaxoala^y de Pi^ebia, acreditapoa ú, lo^^^.^aboa haber 
8i^ ^qu^lW^i ^típs, le3 últimos habíitados por.lpaquiü^fvnae* 

Yiv(an:j^fibo3Jt!las iíiárgenestjü| rio Atpy§ií^¿en las Ifonjüjraí, ^tt q^e^ 
dpspnes feíalzafpq, Jfdft^cijideides de TtaxcsAJii, Huei^Qt^iiioo y, Oholo»- 
llaa^-P9mpí^*pTi^epJjft^brwcoai..y . sajl7*^i^«í - yivíHu ,de .|ft,.paaja .puyaa 
caniiea d^ var^baü cruda^^.andabaa oooipletameqte 4e^nHd9Sf ftr^i^a- 
dqs de fircos, ,^chas y^porras.fonnadasjile las i;aqaíi$ de>!op ArboJ^;. 
ágilef^ ^etfis, y. valiente^ sO; euitrQgab9n «4 la e^nbriag^ies^y prapitioafr. 
baa vicios vergonzosos. Caminando del Norte llegaron á aquella co- 
iMiQfkloB (Ilmeea^ /Tzapotoea yTXíealmea;'recibidos aa^istoaaBOBpto 
p9r'ió8 'qftidanwtifl;' di^áTOíilos^aTécSriftarén imáÜ€?rras,' ^raWnRtrtOH" 
eúií afábfe cortesía; 'máspócó rfespues r8dtijferóri á los' exttatij^rotfli 
lá más espantosa servidumbre, hacÍéiidó1os¿t]^iij^ eb &Hi>5igt¥eob(^^ 



1» 

mientras ellos se entregaban á la ociosidad y la crápula* No era es- 
to s6l0| se daban á pecados nefandos oón los esclavos, sin qne éstos 
pudieran redimirse ofreciendo á sus esposas é hijas. Cansados de 
sufrir tamañas vejaeioües, los siervos, por consejo de sus jefes; 
determinaron sacudir el bárbaro yugo: un día dietmi de comer abun- 
dantemente á los amos brutales, los embriagaron basta derribarlos 
por los suelos y con sus propias armas dieron á todos muerte, sia 
que escapara un individuo. Según la versión más auténtica, así pe- ^ 
recio la rasa primitiva. Encontramos, sin embargo, que los gigantes 
desaparecieron durante los graudes cataclismos, según unas relacio- 
nes, mientras en otras se atribuye la destrucción á los techichime- 
ca, después tlaxcalteca, no sin tener que sustentar con sus conti^ 
rios una horrible y encarnizada^ lucha (1). 

Conocemos el mito que entrafia la idea de la mitad de la especie 
humana, y que al mismo tiempo distingue las diversas razas de Ana- 
huac. Residiendo en Chicomortoc el anciano Iztacmixcoatl, tuvo 
en su esposa Ilancuci seis hijos, Xelhua, Tenoch, Ulmecatl, Xica- 
laocatl, Mixtecatl, Otomltl: en otra mujer llamada CUraalma hubo 
á Quetzalcoatl. 1iA primogénito Xelhua es el arquitecto gigante cons- 
tructor de la pirámide de CholoUan, escapado del diluvio con algu- 
nos de sus compañeros: estos gigantes poblaron en las llanuras que 
los rieron perecer, fundando ademas las poblaciones Coauhquechol- 
lan, Itzocan, Teopantlan, Tehuacan, Cozcatlait, Tultittan y otras 
que ah<Mn caen en el Estado actual de Puebla. Tenoch es el proge- 
nitor de los tenochca 6 méxica, propiamente el padre de la raza na- 
hoa. Los Ulmeca y Xicalanca, destructores de los gigantes, har- 
taron en los valles de Puebla y Tlaxcalla, levantaron á Cuetlaxcoa- 
pan, en donde hoy se alza la ciudad de Puebla, á Totomihuacan j 
otros lugares, y adelantándose los xicalanca háeía el Sur basta el 
río Coatzacualco, dieron principio en la provincia de Maxcalt2Íngo¡ 
cerca de Feraoruz, al pueblo de Xicalanco, ahora destruido, constru- 
yendo otro Xicalanco, que aún subsiste, hacia la laguna de Térmi- 
nos. Los mixteca poblaron el Mixtecapan, en el Estado actual de 

<1) Dntila, 0ftp. 1 7 II.— iTorqnemads, Kb. 1, otp. XIII.— Aae«ta| htutori* nfttovil 
yjBte^rlib. vn, cup. lIL-^Iztiaxoobta, historia 01iiAhi«ieo% OÉp. I, Btümánm 
140.~V€grtU, blBtom antígiu¿ tmp. XIU.— Botoriui, ( XYIH, fMig, 130.— Cía» 
vigero, historia antígoai tomo I, p«g. 77 j disertación primera.— Granados, Ti^rdsi» , 
aiBerioaáÉs, pig. 15, 91«— ^^ 4. 



It 

Oáxifto, mientras loa otoBca se qüednroQ Udn el Norte de México, 
invadiendo montafias j llanuras por una gran extensión (1). 

Lodi xicalanca pertenecían á la familia naboa. Según apMrece 
atrilla, I09 ulmeca erandi versos de los mixteca: en otro lugar los he- 
mos confundido siguiendo esta autoridad: ^'Estando todos en Ta- 
"monnchan, ciertas familias fueron i poblar á las provincias que 
^'abara se llaman Olmecáhuixtoti, los cuales antiguamente solían 
^saber los maleficios ó hechizos, cuyo caudillo y sefior tenia pacfp 
*'con el demonio y se llamaba Ólmecatlhuixtoti, de quien tomaron 
^^su nombre se llanutron Olmecahuixtoli. De éstos se cuenta que 
^fueron en pos de los tuUeca, cuando salieron del pueblo de Tul- 
*'lan y se fueron hacia el Oriente llevando el libro do sus hechiic'e- 
"ríaSf y que llegando al puerto se quedaron allí y no pudieron pa- 
*'sar por la mar, y de ellos descienden los que al presente se llfunian 
^^Auaoaoamixteca.'^ (2) Lo cierto es que se nombran juntas las tri- 
bus ulmeca, xicalanca y tzapoteca; (3) los xicalanca nahoa, los mix- 
teca y tzppoteca de la misma familia etnográfica, dando el hecho 
razón para pensar, que el establecimiento de los mixteca y tzapote- 
ca es anterior al de la familia nahoa en las regiones centrales, y que 
los xicalanca fué una de las primeras subtribus nahoa que con ellos 
se puso en relaciones. 

Según aparece, aquellas tríbus^ matadoras de los gigante^, no es- 
taban en el estado salvaje, aunque seles llamaba tenime por hablar 
lengua bárbara (4). En otras tradiciones los gigantes pertenecen á 
la época del segundo sol; durante e\ tercer sol, ^'los que poseían en 
*'esta edad el nuevo mundo fueron los ulwecas y xicalancas, y se- 
**gun parece por sus historias que vinieron en navios 6 barcas por 
*ia parte de Oriente hasta la tierra de la Papuha, desde donde co- 
^menzaron á poblarse, y eñ las tierras que están ¿ las orillas del 
"rio Atoyac, que es el que pasa entre la ciudad de tos Angeles y la 
*^de Cholula, hallaron algunos gigantes de los que habían escapado 
Vde la segunda edad." (5) Este viaje marítimo y ese país de Papú- 

(1) Meadieta, hi»t. seles., lib. I^oap. XXXm.— Toiquemada, lib, I, Mp, XIÍ. 
(9) SthAfiruAf tomo m, pág. 143. 
- (S) I2ÜUX00I1HI, reLkc MS.-^Yeytíft, lomo I, Oftp. XIII. 

(4) Sahagtiii, tomo 8, pág. 186* 

(5) Bds». tercera de Ixtlüaocbia MS. 



14 

ha, pudiera tener relación con las expedioiones eurof>ea9 de VoH 
papas. ,' . / . r ' , 

En la oscnridad deios ticrmpoa qcie vamos regorríendo, preciso es 
apror^cliar las pocas noticias que nos quedan. Según una de las 
mejores tradiciones, há afíos sin cuenta, que los j)r¡mero8 poblado- 
res vinieron en navios por; la; mar y desembarcaron en la costa que 
se llamó Pantitla 6 Panoayan, conocida hoy por Pánucc (Taniauli- 
pas)<; caminaron pror la ribera de la mar, guiados por- un sacerdote 
que traía al dios, hasta la provincia de Guatemala, y fueron 4 po- 
blar én Tamoanclian/ yívieron aquí nmoho tiempacon sus sabios 
6 adiviooi llamados amoxoaque^ *'qne quiere decir, hqmbres enten- 
didos en las pinUiras antisfua^y Estos sabios no permanecieron en 
Tamoanchan, ])ues tornaron á embarcarse llevándose el dios y las 
pinturas, haciendo promesade volver cuando el mundo se acabase. 
En la colonia quedaron sólo cuatro de los amoxoaqne^ Oxomoco, 
Cipactonil, Tlaltüt'ecui y Xochicahunca, quienes inventaron la as- 
troloGfía judíciaria, el arte de interpretar los supfios, el arreglo del 
calendario y de los tiem|>os. Tamoanchan estaba cerca de Teoti- 
huacan, pues los moradores de aquel veními á hacer sacrificios á es- 
te Reg^uido lugar, en donde construyeron las dos grandes pirámides 
dedicadas después al sol y la luna; Tcotiliuacan ó Hueitioacan quie- 
re decir In^^r donde hadan señales^ y se llamó también de teotl^ 
'•porque los señores que allí se enterraban, después de muertos los 
"canonizaban por dioses, y decían que uo se morían, sino que des- 
"portaban de un sueño que habían vivido". — ''También se enterrá- 
*'ban los principales y señores, sobre cuyas sepulturas se mandabah 
*'hacer tíámulos de tierra, que hoy sé ven todavía, y aparecen co- 
**mo montecillos hechos á mano," 

De Tamoanchan se separaron los olmecahuixtoti, que ?egun lo 
que antea copiemos, fuero» á poblar el Anahuacamixteca. Los del 
repetido Tamoanchan inventaron hacer el pulque; la primera mu- 
jer que supo recoger el aguamiel en el corazón del maguey, se lla- 
maba Mayaoel, y los autores del arte de fabricar la bebida se decían 
TepuategatL, Cuatlapanqui, Tlilox y Papatztactzocaca; el lugar de- 
invento fu¿ en el monte Chichinauhía, por otro nombre Popocanal- 
tepec ó cerro espumoso. Para solemnizar tun feliz hallazgo'con vira- 
ron á todos á un convite, dando á cada persona sólo cuatro tazas del 
vino para que no se emborrachasen; asistía al banquete Cueztecatlí 



J 



15 

mfiotY cftn^iUo de 1q« raMteoa ó k^Mteoa^ quien lukbie&do bebido 
cioco iB9^ perdió ^ jqíoiOf enejó el nuu^tlutl eoaAaiido Us vergteqf 
zas, h hizp mil 4espTopóiHtQ9, Afrmitadoa todoe, te reunieiieiL jMtfá 
castigar al cuexteca, quien avergontado ha jf6 oon ens Tasdloey de- 
más que entendían su lengua, hasta volver á Pantla ó PánuoOi de 
donde< habían venido: ^*y en llegando al pueíAo no. pudieron ir ade- 
^^lante,; por lo oual allí poblaron con loe que al presente se dicen 
^UQooio7tí,e^ q\ie quiere decir en mexieaito^DoamjMAeaii yeo>ron&anoe 
^^n^ei^tros préjimps^y su nombre de.cuezteea tomáronlo de*BU caor 
'^dillq.y señor qu,e, 86 decía oiiextecatl; jiéstos enexteeif volviendo á 
'Tanutla lie varón, consigo. los cantares quáenssbán ouand!o bailaban, 
V7 todos. los aderezos que uaabaií en la danza ó areito.** 

Largo tiempo duró el señorío de Tamoanchan, trasladado desffues 
á Xumiltepec. Después de algnnóB afiosii los seloreé, anciancie y 
sacerdotes se dijeron no s6r volttntad del dioi qne permanepieráa 
siempre, en Xamiltepeo, én cuya virtud* abandonaron el lugar ade- 
lantáiidoí^e pooo á pocp hasta T«otihuacan: aquí eligieron ú los que 
debían regir y gobernar, escogiendo á loe sabios y adivinos que sa- 
bían los secretos de enpantamientoe. Partieron en seguida de la ciu- 
dad, llevando cada pueblo su dios; iban delante los tulteca, lofl 
otoüca se detuvieron en él cetro de OoatepeO, los méxioa se quedaron 
á la postre. (1) * 

Los términos de esta relación conducen fácilmente á un error. Di- 
ce: ^^desde* aquel puesto (Pantlá ó Páüucoy c<Hnenzaron á caminar 
'^por la ribera de la mar^ mirando laa sierras nevadas y los Tolcanei| 
^^hasta que llegaron á la provincia de Guatemala; siendo guiados 
"por su sacerdote, que llevaba consigo su dios de ellos, con quien 
í'siempre se aconsejaba para lo que habían de hacer y fueron á 
poblar en Tamoanchan, donde vivieron mucho tiempo." (Pág. 139) 
De aquí se puede sacar^ j no ha faltado quien lo infiera, que Ta- 
moanchan estaba situado al Sur, más adelante de la provincia de 
<3uatemala. Leyendo con cuidado se advierte, que Tamoanchan fué 
edificado á poca distancia de Teotihuacan (pág. 141); es decir, den- 
tro 6 no muy lejos del Valle de México. La verdadera manera de 
entender el relato es, que fundado Tamoanchan, de ahí salieron los 
emigrantes por las costas hasta Guatemala. 

(1) Sahagooy tom. S, pág. 1S^44 



16 

- A lo qae j^odemow fix^náer^ la IradkiM fie^ refiere á las enemí* 
gimtípDe» nítida. En efbcid,^ vemos apa^^ecer á led euexteca de aque- 
ilm famUtaietnográdoa; oonstmir las pirámides de Teotihnacan j en 
Boestro cenoefxto tami)!» la-de Cholollan; hacerse de imevo á la 
inarpam. irá desembarcar poi^ las costas ocoideDtales de Yucatán^ 
á donde fueron, á levántaf las pirámides dellzamal, que son uno de 
los caracteres de su- cÍYÍlÍKac¡oti« Los cuezteca 6 huaxteca vivieron 
en «1 interior* ^1 palsj estUTÍeron en contacto con las tribus que en 
•u tiempo recorrían el suelo, entre ellas los nonoalca, j al fin fueron 
repelidos al li^ar que ocupan con motivo de las disidencias c6n sus 
Teoindé. > Así se eoolasan la antigua historia de los maya con la de 
los pueblos de prooedencia Uahoa, los tiempos remotos con los mo- 
iteraos* 

. La.Hifitoriaidel Señorío de Teotibuacan nada dice acerca de los 
tiempos primitivos, fuera de que el nombre bajo el cual fué funda- 
da la ciudad es QuitemaquL (1) Hemos visto que se la da el nombre 
da Teotihtiacan 6 Hueitihuacan, lygctr donde hadan señales^ (2) 
si bien el genuino rBignificado de Teotibuacan es, lugar de poseedo- 
res de dioses ó de los que* tienen dioses, diciendo Hueitihuacan, el 
gran Teotibuacan. 

La construcción de las pirámides de Teotihnacan se atribuye á 
los giganteo, á los ulmeca, tolteca ó totomica. (3) La gran Pirámide 
de CholoUan á las tres naciones primeras. (4) El objeto era alzar 
una torre como la de Babel para librarse de un nuevo diluvio, in- 
atento que los dioses burlaron impidiendo la conclusión de la obra y 

{Vi Ookcoion Bamlrez. ' K. 8. Ms. Da^os el nombre de Colección Bamirez á la 
ique formfoi 2& dopuxneiutos maníasorítosi recogidos en 2 voL, med. foL y que Ueyan 
«ata portada: -r-" Anales antiguos de México y sus contornos compilados por D. José 
''Femando Kamirez, CJonservador del Museo Nacional." De las piezas, todas en cai- 
teÉano, algalias prefrentan el oiiginal mexicano, peH«neciendo las traducciones al 
jUcll). BafUBiino Gaiicia Ofaimalpopoca. Casi en totalidad son copias de los docn- 
mentoa recogidos por Botuxim. Etiste la colección en poder del 6r. lie. D. Alfredo 
Chavero: tenemos copia. 

(2) Sah»gun, tom. 8, pág. 141. 

(3) Sahag«n, tom. 3. pág. 141— Torqnemada, lib. 3, cap. XVIIL 

(4) Duran, cap. 1.— Mendieta, lib. 11, cap. Vil.— Torquemada. lib. 1, cap. XIV, — 
Ixtlilxochitl, Hist. y Belac. Ms.— Botnríni, pág. 113.— Veytia, liist; antig. pág. 15, 
18, 158. — Humboldt, Vnes des cordilleres, tom. 1, pág. 96.~Gkmdra, en Prescott 
hist. de la conq. tom. 8, pág. 87.— ClaTigero, tam. 1, p4g. 82.—^. 



17 

cónfiiDdiendo las lenguas de los trabajadores: rayos 6 una gmn pie- 
dra en figura de sapo, mutilaron lo ya terminado. Según otra tradi- 
ción, tos gigantes se separaron al E. y al O. para descubrir la tierra; 
detenidos por el mar tomaron á su punto de partida llamado Iz* 
taczolin inemimian^ en donde enamorados de la luz del sol y que- 
riendo alcanzar el astro, pusieron por obra la fábrica de una gran 
torre que al cielo llegara. Hallaron al efecto un betún y barro pe- 
gadizo, y poniéndose con mucha priesa á la labor, levantaban la 
torre basta cerca del cielo. ''Enojado oí Se&or da las altaras, dijo á 
los mor&dores del cielo: ''Habéis notado cómo los de la tierra hau 
"edificado una alta y soberbia torre para subirse acá, enamorados 
"de la luz del sol y de su Hermosura? Teñid y confundámoslos, per- 
eque no es justo que los de la tierra, viviendo en la carne, se mez- 
"cien con nosotros.'^ liUego en aquel punto salieron los moradores 
"del cielo por las cuatro partes del mundo, asi como rayos, y les 
"derribaron el edificio que habían edificado; de lo cual, asombrados 
"los gigantes y llenos de temor, se dividieron y derramaron por to- 
"das las partes de la tierra." (1) Estas tradiciones, tan semejantes 
á las relaciones bíblicas, corresponden, en nuestro 'concepto, á los 
tiempos de duetzalcoatl. 

A nuestro juicio, pertenecen, las pirámides de Cholollan y de 
Teotihuacan á una misma época histórica; á la civilización extin- 
guida en que tomaron parte los maya primitivos, á tiempos que se 
remetan varios siglos antes de la era cristiana. Según hemos dicho 
en otra vez, esas grandes moles revelan un pensamiento de oi^Ua 
y de grandeza; indica su ejecución un pueblo numeroso, constituido 
bajo nn régimen social muy adelantado, aunqujB despótico; los artí- 
fices habían hecho progresos en el arte de construir, supuestos los 
materiales allí aprovechados, y no les eran extraños ciertos conoci- 
mientos que sólo pertenecen á las naciones cultas, ya que supieron 
orientar las bases: si la mecánica era desconocida á los trabajadores^ 
debieron haber gastado luengos años antes de terminar su labor. 
Por otra parte, obras tan costosas en esfuerzos individuales colec- 
tivos no pudieron ser emprendidas y acabadas por una tribu errante, 
que detenida en un punto do su itinerario tuviera el antojo de dejar 
una scfial do su tránsito, y una vez puesta, prosiguiera su peregri- 



(1) Darán, tom. 1, pág. 6-7. 

TOM, ra. 



18 

nación. Las grandes construcciones son indicio de arraigo sobre el 
suelo. Es, pues, casi seguro, que cuando la pirámide estuvo concluí* 
da, y sobre la plataforma superior se alzó el ara del dios, una gran 
ciudad se extendía á su derredor, tal vez la capital de un se&orío 
poderoso. Las poblaciones se perdieron en el olvido, llevándose sus 
divinidades para nosotros sin nombre, quedando por único recuerdo 
las inmensas pirápiides, que sustentaban los santuarios venerandos. 

Antes do establecerse en Anáhuac las familias nahoaa que deja- 
ron bistoria, mucbos pueblos habían concluido sus evoluciones civi- 
lizadoras, multitud de ciudades habían caido en ruinas ó aún esta- 
ban en pié. Los tolteca, primeros de loa civilizadores moderno^ en- 
contraron á su venida la,s. poblaciones que les sirvieron de morada^ 
y sólo comunicaron á los rudos habitantes, que tal vez aniquilarqu- 
la cultura anterior, los nuevos conocimientos de la última faz de la 
civilización en estas regiones. Las tribus de la misma ó de- diversa 
filiación etnográfica que encontramos como despedazadas, confundí-: 
das con otras tribus, esparcidas á largas distancias, nos revelan lu^ 
chas, conflictos, desastres operados en tiempos remotos: emigraciones 
sucesivas chocaron en las diversas comarcas; confundidos algunas 
veces los invasores con los invadidos, vemos tan^bien, á los vencidos 
retirarse al Sur, en donde sobre un terreno estrecho debieron tener 
lugar las mayores catástrofes. 

La leyenda de Iztacmixcoatl reconoce á los hijos por su importfm- 
cia histórica, olvidando asignarles el orden cronológico: nombra loa 
más conocidos, callando á los que se pueden llamar desheredados. 
Resumiendo lo que podemos columbraren este período prehistórico, 
tendremos en primer lugar naciónos desconf cidas, de las cuales ig- 
noramos aun el nombre, distinguidas bajo la denominación vaga de 
gigantes. 

De los pueblos conocidos piden el primer lugar los otonca ú oto- 
míes. Las tribus de est^ lengua estuvieron repartidas desdo San 
Luis Potosí, Guanajüato y duerétaro, tocando en Michoacan, hasta 
México, Puebla, Tlaxcala y Yeracruz. Encastilladas en las monta- 
fias conservaron su rudeza primitiva, si bien consta que parte de 
ellas se establecieron en las llanuras, alcanzando cierta perfección 
social. Sin embargo, no consta que habitaran grandes ciudades, ni 
dejaran grandes recuerdos científicos ó artísticos. De su filiación son 
los mazahua, y hacia el Norte los pame, que son los serranos; los 



19 

jonaces ó mecos parecen indicar que esta familia tuvo su cuna en las 
regiones boreales. 

Ocupa el tercer lugar la raza maya. Como de paso dejó en Ana- 
huac á los cuezteca ó huaxteca, yendo á implantar su muy adelan- 
tada civilización en la península yucateca, y en los terrenos exten- 
didos entre Chiápas y Centro-América. Las muchas sub-tribus en 
que la raza está fraccionada, las diferencias introducidas en la len« 
gua madre, acusan la antigüedad del pueblo, los diversos estados so- 
ciales por que ha ido atravesando. 

Sin poder asignar si vivieron juntas en algunas comarcas, si es- 
tuvieron por más ó menos tiempo en contacto las razas mencionadas, 
sigúese en el órdeo cronológico la familia mixteco tzapoteca. Los 
mixteca y tzapoteca aparecen como contemporáneos de las más an- 
tiguas tribus nahoa, los xicalanca. Cuando los mixteca, empujados 
al Sur por las emigraciones de la última raza, fueron á establecerse 
en el Mixtecápan, ya ocupaban el suelo los chuchónos. Llamados 
de. esta manera en Oaxaca, en Puebla les dicen popolocos, en Gue- 
rrero tlapanecos, tecos en Michoacan, y popolocos también en Gua- 
temala; todos ellos de la jBeccion etnográ&ca de los mixteoa, espar- 
cidos en tan grandes distancias, despedazados per las invasiones, 
nos indican que son unos de los primeros de su raza que á las regio- 
nes equinocciales bajaron del Norte, siguiendo la dirección general 
de las costas occidentales. Sin saberles asignar prioridad, poco más 
6 menos se eticuetttran en el caso anterior, las subtribus de los cui- 
tlatecoe, chatinos; pi^patuoos;, amuchoos, mazatecos, soltecos y chi- 
nanteeos, enclavados entre pueblos del mismo ó de diverso origen; 
Los aoontecimientos que arrojaron á los mixteoa hacia las eomarcaá 
australes, llevaron tctmbien á sus compañeros los tzapoteca, colo^ 
candóse imo al lado del otro en el terreno. ^ Cuando los tzapoteck 
invadieron el país, encontraron á los huatiquimanes ó guatiqmáia- 
nes establecidos hacía tiempo: siempre un hecho deja presentir otro 
ant-erior. 

Nada sabemos decir de los matlatzinca y los michhuaca, sino que 
parecen pueblos respectivamente modernos. En la historia de la 
raza nahoa vamos á ocuparnos. 



CAPITULO II. 



LOa TOLTECA. 

Civn^logia toUeca, —Itínerario^-^Díseution. ^Nombre,-^ Veétídoé-^CuUo dé loe aétró$ 
— BeUgUm. — Sacrificios. — Sacerdotes, — Qohiemo, ^Reyes, — Agricultura, — Artes^ 
— Mediana, — Arquitectura. — AsirorumiUi.— Escritura, — ülUma faz de la dviU- 
waeicn primitiva en Andfmao.—Cfhichmeca. — Chieomoztoc.— Señorío de CuauhU- 

. tian.'^TeoeulhtuKan, CkUhuacan y los euUiua»— Oeuáteea.-^OhohUéca.-^Chalca, — 
Xochimüca.—Hu^xotzinea. — TlaUttUca,--M<itlatMnca. • 



SEGÚN loa tdteca, el Tloque Nahuaque creó el mundo y cuantas 
cosas existen; formó también un hombre y una mujer, de quie- 
nes desciende el género humano. Fué oreado el mundo el año ce tecpatl^ 
ponto de partida del cómputo cronológico. Trascurridos treinta y 
tres ciclos mexicanos, en otro año ce tecpatl correspondiente ú. 1717 
de la creación, sobrevinieron copiosísimas lluvias, que anegaron la 
tierra subiendo el agua sobre las montañas más altas caxtolmolectli 
é sean quince codos; perecieron los hombres, salvándose unos pocos 
dentro de un toptlipetlacalli ó arca cerrada. Esta primera época se 
Uamó Atonatiuh ó sol de agua. Multiplicadas las gentes constru- 
yeron un zacualt% torre alta y fuerte, para preservarse de otro di- 
luvio; pero al mejor tiempo se les mudaron las lenguas, dispersán- 
dose los artífices en todas direcciones. 

43iete tulteca con sus esposas, que entre sí se entendían, atrave- 
sando ríos y montañas, viviendo en las grutas, no sin pasar grandes 



tíábajos, después de caminar dos ciclos llegaron á una tierra que 
les pareció agradable, en donde fundaron la ciudad de Hueliuetla- 
pallan. Tlapallan, nombre derivado de ilapalli] cosa teñida ó color 
para pintar, significa Roja ó Bermeja, y Huehuetlapallau es la an- 
tigua 6 vieja Tlapallan. Fundaron esta ciudad 520 años después 
del diluvio, en año también ce tecpatl, lo que fija el 2237 de la 
creación; no se sabe el lugar en que existió, aunque conjeturan, 
guiados por sólo la semejanza de nombre, que fué hacia las costa» 
del mar Rojo ó' de Cortés, ú orillas del rio Colorado como si ambas 
denominaciones no fueran de imposición muy moderna. (1) 

Los tolteca se habían multiplicado, cuando cumplidos otros 1716 
años después del diluvio, siempre en el carácter ce tecpatl, es decir, 
en el 3433 d.el mundo, sobrevinieron recios huracanes que lo destru- 
yeron todo, quedando isalvas algunas personas que lograron guare- 
cerse en las grutas. Esta segunda edad se llamó Ehecatonatiub ó 
sol de aire. Al salir del abrigo, los toltecas vieron que sus hermanos 
80 habían convertido en monos; el sol y la luna habían sido tirados 
por el viento. Ignórase cómo fueron repuestos los astros luminosos j 
sábese sí, que el ocho tochtli, 1347 años después de los huracanes^. 
4779 del inundo, el sol se estuvo quedo en el cielo por espacio de 
iin dia; mirándole un mosquito le dijo: "Señor del mundo, ¿por qué 
*'e8tás tan suspenso y pensativo, y no haces tu oficio como te es 
^'mandado? ¿dué, quieres destruir el mundo como sueles?" Otras 
razones añadió, mas mirando que no le hacía caso, picólo en una 
pierna^ con lo que el sol prosiguió su sempiterna marcha. 

Treinta ciclos después de los huracanes, siempre en año ce tecpatl, 
lo que nos conduce al 4993 del mundo, la tierra se vio sacudida por 
recios ten*emotos, abriéronse profundas grietas, y los volcanes derra- 
maron sus lavas incandescentes: este conflicto de la naturaleza hizo 
perecer la mayor parte de los quinametin ó gigantes, mermando 
considerablemente á los tulteca y á sus convecinos los chichimeca. 
Llamaron á esta tercera edad Tlaltonaf iuh, sol de tierra. Dos ciclos 
después, año 5097 del mundo, los sabios y astrólogos se reunieron 
en Huehuetlapallau á fin da reunir y arreglar las noticias tocantes á 
Éu historia, la cuenta y arreglo del tiempo por años, meses, semanas 
y dias, ajustando el cómputo con el equinoccio é introduciendo el 

[1] Veytia, ffiat. antig., tom. I., pág. 19. 



23 

bisiesto. A los ciento sesenta y seis años de la corrección, (1) 6 6263 
del mundo, en año diez calli, se eclipsaron él sol y la luna, tembló re- 
ciamente la tierra, se quebrantaron las peñas, aunque los hombres no 
resintieron calamidad alguna: "lo cual ajustada esta cuenta con la 
"nuestra, viene á ser en el mismo tiempo cuando Cristo Nuestro 
!*Señor padeció, y dicen que fué á los primeros dias del año." (2) 
Admitiendo este cómputo, el diez calli corresponde al 33 de Jesu- 
cristo; el cuatro calli primero de la era cristiana es el 5231 del 
mundo; la corrección del calendario fué el ce tecpatl 123 antes de 
Jesucristo. 

Estos soles cosmogónicos tan diversos de los que narran las pin- 
taras texcocanas, que tan conocidas debían ser de Ixtlilxochitl, pre- 
sentan una marcada intención de conformarse con la cronología bí- 
blica. Veytia, de la escuela de Ixtlilxochitl, lleva adelante el intento, 
(3) no sólo dislocando las datas, sino dándolas tortura en el lecho 
de Procusto,^ hasta hacerlas caber de manera que, á poca diferen- 
cia, conforman con el diluvio universal, la confusión de las lenguas, 
la dispersión de las gentes, el milagro de Josué cuando paró él sol 
y la muerte del Salvador, Sorprendente y hermoso fuera esto, sien- 
do cierto; mas no tiene otro fundamento que los deseos de la piedad. 

No nos atreveremos á tachar á Ixtlilxochitl de mala fé: sus dichos 
pueden hallar disculpa por dos razones. La primera, que los ancia- 
nos que le informaron, convertidos al cristianismo, mezclaron sin 
pretenderlo, las antiguas á nuevas doctrinas. La segunda, que sien- 
do muy peligrosa en su época la sospecha de idolatría que pesaba 
sobre la raza indígena, maestros y discípulos tuvieron que mostrar- 
se católicos en lo relativo á religión, para que bajo esta salvaguar- 
dia pasaran desapercibidas las relaciones históricas. Si Ixtlilxochitl 
dijo estrictamente la verdad, entonces no cabe otra explicación sino 
que estas tradiciones tuvieron origen en los tiempos de duetzalcoatl. 

Después de la fundación de Huehuetlapallan ó Hueitlapallan, 
pasaron varios ciclos de prosperidad, durante los cuales creció la po- 

[1] £1 MS. dice ciento sesenta y seis; pero admitiendo esta cifra, el snceso debid 
Terificarse el diez calli; Iztlilxochitl señala fijamente «1 ce calli, lo cual dislocaría la 
«uenta que pyetende establecer: hay qve corregir diez calli. 

[2] Ixtlilxochitl, Sumaria relación. MS. 

[3] Historia antigua, cap. I al XTV. 



23 

blacion, esparciéndose por la comarca y fundando varias poblacio- 
nes. Hácese mención de la de Chalchicatzincan, regida por dos señores 
desangre real, nombrados Clalcatzin y Tlacamichtzin, quienes aspi- 
rando al supremo mando encendieron la guerra civil, trabando por- 
fiada lucha. Vencidos al cabo, sin fuerzas para resistir á sus contra- 
rios, arrojados de Chalchicatzincan, el año ce tecpatl 644 de la era 
cristiana, emprendieron su emigración hacia el Sur, acompañados 
de sus parciales y familias, componiendo una gran multitud. Unié- 
ronse á los dos jefes rebeldes otros cinco de menor importancia, lla- 
mados Ehecatl, Cohuatzon, Mazacohuatl, Tlapalhuitz y Huitz, 
igualmente con vasallos y familias; sigaiéronles también sus amigos 
de Tlaxicoliuhcan, hasta dejarlos sesenta leguas adelante. Vaguea- 
ron algunos años hasta llegar á una tierra que les pareció agradable^ 
fundando la ciudad de Tlapallanconco, Tlapallan la chica 6 peque- 
ña, el año IX tecpatl 552. 

Tres años permanecieron en la puebla, á cabo de los cuales los 
dos jefes principales y cinco subalternos, se reunieron á deliberar, sí 
sería bien permanecer en aquel lugar ó pasar adelante. Asistió al 
consejo el sabio anciano Huomatzin, (1) quién fué de parecer se pu- 
sieran en marcha, teniendo en cuenta el estar cercanos por una par- 
te 6 sus enemigos, mientras los chichimeca sus convecinos eran te- 
mibles; adelante había tierras [fértiles en donde establecieran un 
gran imperio próspero y duradero; si el signo tecpatl era para ellos 
fatal, la experiencia había demostrado que al signo aciago seguían 
acontecimientos bonancibles, debiendo abrigar la esperanza de no 
ser molestados en adelante por la suerte. Casi de continuo encontra- 
mos en las tribus semicivilizadas un sacerdote, mago y profeta, inspi- 
rado por la divinidad, arrastrando con su voz ala multitud por largas 
y difíciles peregrinaciones, en persecución de una promesa halagüeña. 
Determinados por Hueman dejaron en Tlapallanconco una colonia, 
poniéndose en marcha el resto de la nación; llevaban los bastimen- 
tos necesarios; caminaban á cortas jomadas cuidando los guerreros 
de mujeres y niños, dejando por regla invariable á los cansados y 
enfermos, con algunos más para cuidarlos, en los sitios donde se 
apoBentaban. 

Dejaron á Tlapallan el XII acatl 655; rendidas dooe jomadas He- 

1 £1 de las manos grandes, y en sentido figurado, poderoso, sabio, inteligente. 



24 

garon á Hueixallan (junto al gran arenal), en donde vivieron cuatro 
años: el tiempo que se detenían era empleado en reponerse délas fati- 
gas del viaje, cultivar la tierra para preverse de vituallas. El III acatl 
559 fundaron á Xalixco (sobre el arenal), en donde vivieron ocho 
anos; el XI acatl 56T se mudaron á Chimalhuacan Ateneo (Chimal- 
huacan á la orilla del agua, Chiraalhuacan, lugar de dueños de chi- 
malli^ escudos), que eran "unas islas y costas de mar," permaneciendo 
cinco años. Aquí volvieron los casados á tener hijos, pues al salir de 
BU patria habían hecho voto, bajp muy severas penas, de no unirse 
los esposos por tiempo de veintitrés años, á fin de evitar en el cami- 
no los inconvenientes que traerían las mujeres grávidas y los niños 
pequeños 6 recien nacidos. 

A Tochpan (sobre el conejo) so dirigieron el III tecpatl 572 y 
moraron cinco años; en VIII calli ^77 avanzaron á duiahuiztlau. 
Anáhuac (duiahuiztlan, donde llueve mucho; Anáhuac, junto al 
agua), morando seis años; trasladándose el ce acatl 583 á Zacatlan 
(junto al yerbazal): aquí le nació á Chalcatzin un hijo, que delnom- 
fere del lugar se llamó Zacapantzin. Sucesivamente entraron a To- 
tzapan (sobre la topera ó tuzal), el VIII tochtli 590; á Tepetla (se- 
rranía, país montañoso) el ce tecpatl 596; á Mazapec (en el cerro 
del venado), el VIII acatl 603; it Xiuhcoac (culebra azul ó fina), el 
III acatl 611;'á Iztachuexotla (saucedal blanco), el XI acatl 619, lle- 
gando finalmente á Tollantzinco (atrás ó detras de Tollan), el XI 
calli 645. Aquí fabricaron una gran casa de madera, en donde los 
emigrantes cupieron juntos, dándose por contentos de haber llegado 
al país dichoso que les estaba prometido; diez y seis años vivieron 
tranquilos, á cabo de los cuales Hueman, que siempre los había lle- 
vado adelante, logró arrancarlos del sitio conduciéndolos definitiva- 
mente á Tollan (cerca ó junto del fular) el ce calli 661, signo de 
influencia benéfica. (1) 

Para darnos cuenta de la dirección seguida por la emigración tol- 
teca, debemos recordar, que hay dos sistemas sostenidos por los au- 
tores; el uno que defiende haber nacido las civilizaciones al Sur de Mé- 
xico, y que el movimiento de las tribus se ha operado de S. á N.; el 

(1) Acdrca del itínerarío seguido por los tolteca y su emigración, constíltese Iztlil- 
zochitl, sumaria relación, así como la historia Ohiehimeoa y demás relaciones. — Tor- 
qucmada, lib, I, cap. XIV.— Veytia, historia antigua, cap. XXI y XXII.— Boturini, 
§ XX y XXI.— Clavigero, historia antigua, tomo I, pág. 77 y sig. 



96 

otro que establece que los pueblos vinieron de N. á S. Fúndanse los 
primeros en ciertos hechos relativos ú, Centro América, innegables 
por cierto, mas que no dan fundamento para establecer un sistema 
absoluto. Sitúan las ciudades de Huehuetl(ipallan y Tlapallan al 
S., descansando en estas autoridades: * Tasados estos dos meses de 
"invierno que quedan, que son los mds recios de todos, saldré de 
"esta ciudad en demanda de la provincia do Tapalan, que está á 
"quince jornadas de aquí, la tierra adentro, que según soy informa- 
ndo, es la ciudad tan grande como esa de México." Así escribía Don 
Pedro de Al varado, de la antigua Guatemala, á Don Hernando Cor- 
tés. (1) Ixtlilxochitl habla de una provincia de Tlapallan hacia 
Ibaeras ú Honduras. Brasseur aduce algunas otras autoridades, (2) 
deducidas de semejanzas de nombres, semejanisas que nada signifi- 
can cuando sabemos que ciertos apellidos de lugar están repetidos 
en las comarcas invadidas por las tribus nahoa, siendo precisamen- 
te las poblaciones australes las de más reciente data. 

En lo tocante á las mzas de México, me filio en el bando defen- 
sor del origen boreal. Es el común sentir de los escritores indígenas, 
de los castellanos que leyeron las antiguas pinturas y bebieron en 
las tradiciones nacionales. (3) No es argumento que en los tiempos 
de la conquista española, más allá de los lindes de los reinos do Tex- 
coco y de Michoacan, sólo vagaran tribus nómades y broncas, por- 
que en las comarcas por ellos ocupadas, se veían las ruinas de la 
Quemada, de Casas grandes de Chihuahua, de Casas grandes del Gi- 
la, testimonio de imperios florecientes, destruidos por las irrupcio- 
nes de los bárbaros. Estudiando la dirección general del itinerario, 
no pretenderemos sin duda encontrar todos y cada uno de los luga- 
nos mencionados, pues esto sería pedir que las cosas se mantuvieran 
en el estado que guardaban doce siglos há. Dudosa es la situación de 
Hueitlapalla y de Tlapallan hacia el Norte, (4) pero subsisten Xa- 
lixco en el Estado de su nombre; Tochpan ó Túxpan ya en Michoa- 
can, ya en Veracruz sobre las costas del Golfo; duiahuiztla, de la 
cual consta haber existido sobre la costa de Veracruz; Zacatlan en 

(1) Carta de 2S de Julio de 1524, en Barcia, tomo 1, pág. 165. 

(2) Popoi vuhi, pág. Lxiv, qxn, cxxvi— vín. 

(3) Mendieta, lib. II, cap. XXXm.— Torquemada, lib. 1, oap. XII, &. 

(4) Vejtia, historia antígoa, tomo 1, pág, 23. 

TOM. III. 



26 

el Estado de Puebla; Huexutla, Tulancingo y Tula, en el Estado 
de Hidalgo: todos estos lugares situados en la región boreal, dan tes- 
timo auténtico del verdadero rumbo seguido por la emigración, mien- 
tras al Sur se hace imposible identificar, no solamente todos los 
nombres, sino aún unos cuantos. La invasión siguió al principio las 
costas occidentales hasta Xalixco; tomó en seguida al E. buscando 
las tierras en aquella dirección, ofrecidas por Hueman; detenida por 
la mar, se internó, finalizando en Tollan, doce leguas al N. de la 
México actual. Las indicaciones dadas por los lugares, marcan las 
comarcas ocupadas por la lengua nahoa, lo cual viene á hacer pa- 
tente la demostración. 

La crónica narra los sucesos cual si la ocupación se hiciera sobre 
país yermo, y los tulteca fueran los fundadores de las ciudades so- 
metidas después á su dominio: ambas ideas son inexactas. La tie- 
rra estaba ocupada por varias tribus, muy más antiguas en el país 
que la invasora; las poblaciones estaban ya en pié, tal vez con di- 
versos nombres de los actuales, que fueron impuestos en la lengua 
de los recien llegados: Tollan, la capital, llevaba tiempo de ser mo- 
rada de los otomíes, quienes la llamaban Mamenhi. (1) Presumimos 
que la invasión tolteca sacó de su asiento á los antiguos pueblos; 
debieron verificarse recios choques, desastrosos conflictos; mas como 
todo ello lo callan las crónicas que consultamos, no por dar anima- 
ción y encanto á nuestro relato debemos inventar hechos, verosími- 
les si se quiere, mas de pura y simple imaginación, ó cuando más 
con el frágil fundamento de una frase dudosa. 

Detengámonos un tanto á conocer á los recien venidos. Toltecatl 
en singular, tolteca plural, es nombre gentilicio, cuyo significado es, 
habitante ó natural de Tollan. Tollan dice, junto al tular, de ío- 
ll%7i ó tullin^ juncia ó espadaña. Este étnico tolteca es el nombre 
moderno, pues el primitivo es hueitlapaneca: (2) en tiempos toda- 
vía más recientes, en memoria de la sabiduría do la tribu, toltecatl 
significaba "oficial de arte mecánica, maestro." (3) Altos, robustos, 
mejor formados y parecidos que los demás pueblos; grandes corre- 
dores, á cuya causa les decían tlancuacemilhuique^ que corrían un 

• ■ 

(1) Betaucourt, Teatro mexíoano, 4 p., t. 2, nüm. 148. 

(2) LLtlilxoohitl, Sumaria relAO. MS. 

(3) Diccionario de Molina. 



27 

dia entero 8in descanso. En los principios vestían *^unas túnicas 
^^argas á manera de los ropones que usan los japoneses, y por cal- 
*^do traían unas sandalias, usaban unos á manera de sombreros 
^%echos de paja 6 de palma.'' (1) Esto nos recuerda los sombreros de 
alta copa cilindrica y ala angosta plegada, que hemos visto en alguna 
figura procedente del Palenque, tocado mismo que creemos distin- 
guir entre las pinturas de Chicben. (2) Los personajes representa- 
dos en relieve sobre una roca existente aún en Tula, llevan en la 
cabeza una especie de turbantes terminados en largos y flotantes 
plumajes; una capa corta á la espalda, y el cuerpo adornado con . 
ciertas piezas semejantes á las de los guerreros de Itzá. (3) Parece 
que con el tiempo dejaron su traje nacional, adoptando el de los 
pueblos de Anáhuac, consistente, en el verano, en el maxtlatl para 
cubrir la honestidad, en la manta cuadrilonga anudada al hombro 6 
pecho, mientras en invierno se cubrían del cuello & las rodillas con 
unos sayos sin mangas; defendíanse los pies con cactli ó sandalias. 
En las mantas tenían pintados alacranes de azul y del mismo color 
«ran las cutaras y correas con que las sujetaban. (4) Laá mujeres 
usaban el hmpilli ó camisa, enaguas de colores, cutaras más finas 
que las de los hombres: saliendo á la calle ''se {K)nian unos mantos 
*T)lancos y labrados de muchos colores, puntiagudos ala espalda co- 
*'mo á manera de capilla de fraile, aunque llegaban hasta las cor- 
^'▼as: llamaban á esta manta tozquemkiy (5) 

El culto primitivo de los tolteca consistía en la adoración del 
sol, luna y estrellas; personificaban la fuerza fecundante del sol en To- 
nacatecuhtli, señor del sustento, haciéndole ofrendas de flores, frutos, 
y algunas veces animales: se entiende por algunos pasajes que ado- 
raban también al fuego. Esta primera religión, nacida de la obser- 
vación de los astros, les condujo á admitir doce cielos sobre el más 
alto, de los cuales vivían Ometecuhtli y Omecihuatl, su mujer, se- 
ñores de los doce cielos y de la tierra: '*Decían que de aquel gran 
"señor dependía el ser de todas las cosas, y que por su mandado de 

(1) Iztlüxochiü, hist. eliichim. eap. 3, MS. 

(2) Stephens, Inoidents of trayel in Tao<itan; tom. 11, pág. 311, lam. niím. 4. 

(3) Bolet de la Soo. de geogr. y estadística; tercera apoca, tom. 1, pág. 186. 

(4) Sahagaxi« tom. 8, ptig. 112. 

(5) Ixtlilxocbitl, J3amaría relac. MS. 



**allá venían la influencia y calor con que se enjendraban los niños 
**ó niñas en el vientre de sus madres." (1) Siempre la personificación 
del calor fecundante. Este deísmo, mezclado con la astrolatría, al 
contacto délos pueblos moradores del valle, se fué trasformando en 
politeísmo, en que se confundieron las creencias zoolátricas de Teo- 
tihuacan coa las idolátricas de las demás tribus. Tlaloc ó Tlaloca- 
tecuhtlí, aparece como la divinidad más antigua, de la cual so dice 
que fué un poderoso rey de los quiuametin: Gluetzalcoatl y Tezca- 
tlipoca, pertenecen á tiempos modernos. (2) 

. Al principio los holocaustos eran pacíficos: después, sacrificaban 
cada año á Tlaloc cinco doncellitas de tierna edad, á las cuales sa- 
caban los corazones para ofrecerles al ídolo, enterrando los cuerpos. 
En ciertos tiempos del año ofrecían al Tonacatecuhtli el mayor de 
los criminales que á las maüos podían haber, haciéndolo pedazos en 
medio de dos piedras que chocaban una contra otra por medio de 
un artificio: llamaban á esto Tetlimonamiquian, el encuentro de 
las piedras. "Los sacerdotes traían unas túnicas blancas y otras ne- 
"gras quo les llegaban hasta el suelo, con sus capillas con que se 
"tapaban las cabezas, el cabello largo, entrenzado, que llegaba hasta 
"las espaldas, y los ojos siempre los traían [bajos y humildes, des- 
"calzos al tiempo de sus ayunos, y cuando estaban en el templo 
"pocas veces se calzaban si no era cuando iban]fuerá y jornada lar- 
"ga; eran castos, no conocían mujeres, hacían ciertas penitencias 
"cada veinte días, cuando entraban el mes y el año; hablaban poco- 
"enseñaban á los niños y mancebos á buenas costumbres y modo de 
"vivir, artes buenas y malas." (3) 

Si hemos de dar crédito alas crónicas nacionales, monárquico Ora 
el sistema por el cual se regían allá en Huehuetlapallan; por dis- 
putar el poder supremo se encendió la guerra que trajo la escicion. 
Durante la marcha al Sur, los emigrantes, acaudillados por dos je- 
fes principales y cinco menores, obedecían las órdenes de Hueman, 
sacerdote y conductor, intérprete de la voluntad^divina: en los aza, 
res del camino, rigióse la tribu por una teocracia predominante so- 
bre una aristocracia. Establecida en Tollan admitió la monarquía 

(1) Salvtgan, tom. 8, pág. 111. 

(2) Ixtlilxoclütí, Sumaria relac. MS. Torquemada, lib« VI, cap» XXm. 

(3) Ictlilxoohitl, Sumaría relao. MS. 



29 

en sa tenor más paro de obsoleta y despótica. "Los reyes se ponían 
^'siempre unas mantas blancas ííanas, y otras pardas' bon aljófar y 
"piedras preciosas, hecharf unas latwres, y la t^enefa toda dé !mil co 
'4ore8 labrada; poníanse sná oaníisones, xitclli^ qné lefi llegaban has- 
''ta las rodillas, de la niísma n^anera de las mantas, y sus pañetes^ 
"calzaban sas cutaras de algodón y la saela de Oro; poníanse ajor- 
"cas de oro y piedras pi^eciosas, collares de lo propio. Enterrábanse 
^^mortajadoB y con sKs insignias reales, en los templos de sus fklsos 
'^oses. Comían dos veces al dia, una vez á\ medio diá y otra á la 
"noche: levantábanse cuando sale el lucero de la. mafiana, y dor- 
"mían poco, . hablaban ]k>co, y nd se . dejaban ver muchas veces, si 
"no era en las fiestas mas grandes. Tenían jaidiaes y bosques dentro 
*'de sus palf^cioB, y eran muy grandea^ y árboles, plantas, animales 
"y aves de todas maneras, para ifeereorse. No tenían más do una 
"mujer, y era lejítima^ y en muriendo no se podían oasarr, guarda* 
"ban castidad hasta que niorian; y las mujeres si morirá sus mari^ 
"dos antes que ellas, heredaban el reino, y en muriendo ellas sus 
"hijos legítimos, y ni más ni menos no podían casarse otra vez asi 
"oomo sus maridos: y la gente común lo misníe en lo q^ es tener 
"una sola mujer legítima; pero podían casarse segunda y tercera 
"vez." (1) 

Sabían cultivar la tierra ocm esmero; sembraban maíz, chile, fri- 
joles, legumbres, y las semillas en el país conocidas: sin- duda que el 
cultivo de todas estas plantas era muy más antiguó que los tolteca, 
aunque á ellos se debe la maj^or perfección en los procedimientos 
agrícolas. Para vestirse empleaban varios textiles, aunque princi^ 
pálmente el algodón. Sobresalientes en las artes, "tejían mantas 
"muy galanas de mil colores y figuras, las que ellos querían, y 
"tan finas como las de Castilla, y tejían las mantas de muchas 
"maneras, unas que parecían de tefcipelo, y otras como de paño 
*^o, otras como damasco y raso, otras como lienzo delgado y otras 
"como lienzo grueso, como ellos querían y tenían necesidad^" No te- 
nían rival sus arquitectos, alfareros, carpinteros y curtidores; los 
amanteca ú oficiales de mosaico de plumas hacían obras primoro- 
sas, no cediéndoles en adelanto los pintores y escritores. Conocían 
las perlas, indicio de su origen de hacia las costas occidentales; sa- 

[1] Ixtülxoohitl, Sumaria relac. MS. 



30 

caban, conocian 7 labraban las piedras preciosas. . Descubrieron la 
mina de las turquesas, xihuiil^ en un cerro grande hacia el pueblo 
de Tepotzotlan, nombrado Xiuhtzone. ^'Ellos mismos también^ 00- 
''mo eran de buen conooimiento^ con su ingenio descubrieron no só- 
"lo dichas piedras preciosas, sus calidades y virtudes, sino también 
'/las minas de plata y oro, cobre, plomo, oropel natural, estafio y 
'^otroB metales, que todos los sacaron, labraion y dejaron sefilJea y 
"memorias de ello, 7 lo mismo el ámbar, cristal (1) y Us piedras 
"llan;iadas amatista.^' ^2) 

CoDOOJanlas plantas, sus virtudes y aplicaciones, asi para el uso 
de las artes, oomo para curar las dolencias humanas. Afirmaban ha- 
ber sido los piimeros médicos herbolarios Oxomococipactonal y Tía- 
tecuinxochiooacá, inventores de la medicina. Sus construcciones ar- 
quitectónicas revelan muy gran adelanto en la civilización. En To- 
Uantzinco^ejaron un Oú tallado sobre la pefia, al cual llamaban 
Hu&palcalli, que duraba todavía en tiempos posteriores á la conquis- 
ta. En Tollan d^ron el edificio nombrado duetzalli, con pilares en 
forma do culebra, la cabeza abajo, la cda en la parte superior una 
pirámide ^ue no llegaron á :;onclnir. El templo de Cluetzalcoatl, era 
notable por los diversos aposentos adornados de plumas finas, lámi- 
nas de oro y piedras preciosas: hicieron también construcciones sub- 
terráneas. (3) Todavía en -nuestros días la comisión de la Sociedad 
de Greografía, encohtró en Tollan elegantes columnas pareadas, sin 
basa ni capitel, labradas con gusto, de forma pesada, recordando el 
arte egipcio. Particulares son otras columnas, cilindricas, entalladas 
con primor, compuestas de trozos que presentan en una de las caras 
planas un apéndice igualmente cilindrico, mientras en la otra llevan 
un horado correspondiente á aquel apéndice; de esta manera, los tro- 
zos quedaban seguros unos sobre otros, dando al fuste mayor soli- 
dez. (4) De la misma localidad se han sacado vasos de barro, de for- 
mas elegantes, con relieves de figuras y caracteres muy semejantes 
á los del Palenque, cual si quisieran aseverar que en Tollan estuvo 

[1] Entiéndase críetal de roca, no el vidrio que les era desconocido. 

[2] Sahagim, tom. 3, pág. 110-11. 

[3] Sáhagun, tom. 8, pág. 106-108. 

[4] Boletín de la Sociedad de Geografía. Tercera época. Tom. 1, pág. 184. 



ií 

de asiento en tiempos remotos nn pueblo 4e 8<jnella primitiva eivi- 

HlMOiOQ. 

Bntire los conooimientos más importantes ele la naoion, debemos 
enUBSerar los lelalme á .la astMaomia j á la esoritnra. De los tol* 
teoa se dioe ser los primeros que arreglaron el tiempo por medio del 
monmioBto de toÍB astros; *^que ooQooían las estrellas de los cielos f 
^ks'ieiiían pmestos nombres, y saJbtfan sos inflaendias y oalidades; 
^NBabian asimismo los moñmtentós de los eielos^ 7 esto por lases- 
^^farellas. (1) ^ Como todos los pneblos. antiguos, formaron de las ob* 
servaoiones astronómieas-la-astrótc^to, sacando los dias pr68peros 6 
nefostói^, lainterpMaeion de los isfttefiosi el desoubrimiento de las^ 
cosas ocultas y del porvenir. En cnanto á la escritura geroglfñca, 
fueron los primeros que la ^ajeronM Anáhuac, seaqne de'ella sean- 
inrentores, sea qne de otro piieblo hk bayan aprendido: Sa lengua era 
la nahoa^ nahtíatl, llamada después mexicana. 

De bueaW índole, poce amigos de la guerra, allegados á la virtud,' 
buíán de la^ mentira y del engafio. Cantores, musidos y danzadores, 
usaban en sus bailes tambores y sc^aja^ de palo; devotos, bue- 
nos oradores: en suma; pulidos y adelantados en cortesía y buenas 
maneras* 

IAu^fi40tase la eiiriUssaeioti tolteoa ya formada y madura, sin dar 
cuenta del fugar de procedencia) ni de Ioíb pasos sucesivos que diera 
para atoa^ar aquélla perfeeoioíi. Coñ^ la escritura y la cronología 
pudo formar su historia propiamente dicha, razón por lá cual hizo 
duradera su memériá: Ocarre que, venido este pueblo del Norte, por 
aqnel rumbó d^ben haber vivido pueblos que'tambien hayan dejado 
historia, lo cual hasta ahora no ha sido descubierto; provenga esto 
tal vez, de que los antecesores y hermanos de los tolteoa fueron des- 
truidos por los bárbaros, suerte que sin duda cupo á las más antiguas 
civilizaciones. De todas maneras, los tolteca viene á ser el pri- 
mer pueblo histórico, el representante de la última faz de la civili- 
zación de las naciones primitivas en nuestro país, el que á sus des- 
cendientes la comunicó; es la misma encontrada en México por los 
castellanos. 

Hacia la época en que los tolteoa llegaron al Talle, una causa que 
nos es desconocida, empujaba de N. á S. las diferentes fracciones de 

(1) Sáhagan, tom. d, pág. 111. 



32 

la ñ^milia nahoa. La emigración comenzó algunos 3Íglo8 antea, qae* 
dándonos ligeras noticias de los xicalanca, destructores de los quina- 
metin; siguiéronles ottas tribus de la. misma filiación, y cuando los 
tolteca se pusieron en marc^ fueron aoompafiados de otros muchos 
pueblos, como si enttoces urgiera con toda su fuerza la causa deter-* 
minante del moviimento. No todos los miembros de la grao familia 
habían llegado al mismo grado de cultura. Sin duda los tolteca ca- 
taban al frente de aquella civiliisaoion; algunas subtribus les eran poco 
inferiores, mientras otras se apartaban mucho más, existiendo hof' 
das completamente broncas y salvajes. Daban á éstas el nopibre de 
chichimeca. La palabra ex^ su origen sólo significaba la barbarie, 
aplicándose indistintamente á todas las tribus nómades, sin atender 
á la lengua que hablaban, ni al país de procedencia. 

Según algunos cronistas antiguos, aquellas naciones procedían de 
Chicomoztoc ó las Siete cuevas. Chicomoztoc encierra dos ideas prin- 
cipales: la una recta, la otra figurada. En el primer sentido^ apare- 
ce en realidad como un lugar conocido de las tribus, una especie de 
santuario venerando á donde todas ellas durante su viaje ibaí) á ha- 
cer sus ofrendas, á pedir amparo. para alc^Qzar el término feliz de 
su peregrinación. En el sentido figurado, no significa otra cosi^ que orí- 
gen: aquellos pueblos para señalar el sitio de donde salieron, pooian 
una cueva, que expresaba linaje ó descendencia, tomando el símbo- 
lo sin duda como el recuerdo de la vida en las grutas, de la existen- 
cia troglodita. En ultimo análisis, Chicomoztoc no es el sitio común 
de donde proceden los pueblos, sino un lugar de tránsito en su iti- 
nerario. (1) Situado probablemente en el país de losotomíes, en las 

[1] Segtin la tradición^ oaando Gitlalicae, esposa de Gitlalaconac, dio á luz el tec- 
jxUl, símbolo del fuego, sus hijos arrojaron del cielo el poderoso silex, el cual, ca- 
yendo en la tierra en el sitio de Chicomoztoo, produjo al choque IGOO dioses <5 diosas. 
[Mendleta, lib. II, cap. F). En Chicomoztoc fueron creados los hombres [Mendieta, 
lib. n, cap. rV], asegurando los indios, "que sus antepasados rioieron de muy lejos 
**tierras de hacia la parte de Xalisco, que es al poniente de Mdxico, y que salieron 
'*de aquella gran cueva que ellos llaman Chicomoztoc, que quiere decir siete cuevas 
"[de la cual cueva dicen que también salieron sus dioses, como arriba se contó] y 
'*que vinieron sus pasados poco á poco poblando, etc." [Mendieta, lib. n, cap. 
XXXII]. Consecuente con esta idea, en el repetido Chicomoztoc vivi<5 Iztacmixcoatl 
padre de las tribus [Mendieta, lib. 11, cap. XXXm]. :\Iotolinia [Hist. de los indios, 
pág. 7] afirma la anterior leyenda, omitiendo algunos pormenores. Insiste Gomara 
[cap. CLXXXXV], siguidndole Herrera en una parte [Dec. III, cap. X] Acosta [lib. 
VII, cap. n] escribe:— *• Vinieron estos segundos pobladores Navatlacas de otra tie- 



33 

cuevas eran adoradas las deidadj^s de aquel jpueblo priraitívp, y pa- 
ra rendirles homenage y pedirles su proteccioa venían á hacerles sa- 
crificios las tribus emigrantes, como á los númenes tutelares do las 

'*rra remota hacia el Norte, doade ahora so ha descubierto uu reino, que Uaman el 
"Nuevo México. Hay en acuella tierra dos provincias: le una Uaman Aztlan, que 
''quiere decir lugar de garbas; la otra, Uamada TeocuUiuacan. que quiere decir, tie- 
"rra de los que tienen abuelos divinos. En estas provincias tieuen sus casas y sus se- 
"menteras y sus dioses, ritos y ceremonias, con orden y policía los Návatlacas, los 
"cuales se dividen en siete linajes 6 naciones, y porque en aquella tierra se usa 
"que cada linaje tiene su sitío y lugar conocido, pintan los Návatlacas su origen y 
"deeoendencia en forma de cueva, y dicen que de siete cuevas vinieron á poblar la 
"tierra de México, y en sus librerías hacen historia de esto, pintando siete cuevas 
"consusdoscendieutes." El P. Duran asegura que. [cap. 11], "salieron estas nació- 
•«nes mdianas de aquellas siete cuevas, donde habían habitado mucho tiempo," y fi. 
Jando la ubicación del lugar [dice:-* «Estas cuevas son en Teoculhuacan, que por 
"otro nombre se llama Aztlan, tierra de que todos tenemos noticia caer hacia la par- 
óte del Norte y tierra firme con la Florida; por lanto desde este lugar de estas cue- 
rvas daré verdadera relación destas naciones y de sus sucesos, dado que U que 
"queda dicha de mi opinión de su origen no sea muy dudosa." El Códice Tellcriano 
Bemense comienza por las siete cuevas, sin dar noticia alguna de lo anteriormente 
acontecido, pro podiendo en la misma forma otras pinturas históricas. He aquí algo 
de lo relativo á la primera idea de los cronistas. 

InadmUible por su naturaleza se presenta el supuesto, que todas las naciones son 
oriundas de Chioomoztoc: así k> habían entendido ya varios competentes autotoa. 
£i P. Sahagun, bien informado en las cosas antiguas, afirma [tom. 3, pág. 144] ha- 
Waado de las tribus:— "Cuánto tiempo hayan peregrinado, no hay memoria de eUo- 
"fueron á dar en un vaUe entre unos peñascos, donde lloraron todos sus duelos y 
* trabajos porque padecían mucha hambre y sed: en este vaUe había siete cuevas 
"que tomaron por sus oratorios todas aqueUas gentes. AUí iban á hacer sacrificioa 
"todos los tiempos que teman de costumbre." El dios habló á los tolteca previnién- 
doles dejaran aquel sitio, como en efecto lo verificaron; los siguiéronlos michhuaca 
iepaneoa, acolhua, chalca, huexotzinca y tíaxoalteoa.—* 'Después de esto á los mexil 
'•canos que quedaban á la posti-e, les habló su dios diciendo: que tampoco habían de 
''permanecer en aquel vaUe, sino que habían de ir más adelante, y f uéronse hacia el 
•*poniente. y cada una de estas familias ya dichas, antes que se partiesen hizo sus 
''«acrificios en aquellas siete cuevas; por lo cual todas las naciones de esta tierra glo- 
'«riándose suelen decir, que fueron creadas en las dichas cuevas, y que de allá sa- 
•lioron sus antepasados, lo cual es falso, porque no saUeron de allí, sino que iban á 
"hacer sus aacrificios cuando estaban en el vaUe ya dicho.*» Torquemada [Hb. n 
oap. n] abunda en las mismas ideas, afirmando:— «'y de aqm' queda averiguado có^ 
''mo no tienen los mexicanos y todas las demás naciones, y famiUas que vinieron á 
"poblar esta Nueva España, su origen y principio de estaa siete cuevas; por lo dicho 
"hemos visto que no es sino sitio donde se ranchearon, por espado y tiempo de 
'^oere aftos," El Códice Bamirez, MS., muy autorizado en la materia, nos enseflar— 
'T 68 de advertir que aunque dicen que saUeron de siete cuevas, no ee porque habi- 
**tama en ellaM, pues UsxUan sos o^sas y 0ementÍBras oon mucho dzden y policía 4a 

TOIL ni.- '" 



34 

tierras en (j^ue venían á establecerse. Santuario antiguo debía de ser, 
aunque muy más modesto que los de Teotihuacan y de Cholollan. 
De alguna de las tribus anteriores á los tolteca, bace mención un 

'Repiíblica, sus dioses, ritos y ceremonias por ser gente muy política, como 86 
"echa bien de ver en el modo y troza de los de Nuevo Mdxico, de donde ellos vinie- 
'*ron, que son muy conformes en todo. Úsase en aqueUas provincias de tener cada 
"linaje su sitio y lugar conocido: el cual señalan en una cueva diciendo, la cuova de 
"tal y tal linaje 6 descoudencia, como en España se dice, la casa de los Vélaseos, de 
"los Mendozas, etc." 

Dejando las ideas intermedias, de las autoridades aducidas se infiere, que la gmta 
en las pinturas geroglíficas significa linaje, descendencia, y ñola mansión 6 punto de 
procedencia de la tribu. Es juntamente un lugar físico y mitológico. Indica elnombre 
que se encontraban reunidas siete cuevas, aumentando Sabagun el dato topográfico de 
estar situadas en un valle rodeado de peñascos. Puede admitirse que era una especie 
de santuario, un sitio consagrado por las tradiciones religiosas, al cual acudían en ro- 
mería las tribus emigrantes, á tributar ofrendas y sacrificios á ciertas deidades yene- 
randas de los pueblos primitivos establecidos en el país. Aquel santuario de tanta 
nombradía en la época do las emigraciones, djbió perder totalmente su importancia 
cuando los mt^xica lograron afirmar su sanguinario culto. 

¿Pero, en dónde estaba situado Chicomozto^^? Hemos visto que le colocan en Xa- 
lixco; hacia el Norte en la provincia de Nuevo México, aumentándose que Chicomoz- 
toc, Aztlan y Teoculhuacan son la misma cosa; pn tierra firme con la florida, siem- 
pre en las regiones boreales y agrandes distancias. — '*No es conocida la situación de 
"Chicomoztoc, dice Clavigero [tom. I, pág. 107], donde los mexicanos residieron 
"nueve años: yo creo, sin embargo, que debía estar á veinte, millas de Zacatecas, hacia 
"Mediodía, en el sitio en que hoy se ven las ruinas de un gran edificio, que sin duda 
"fué obra de los mexicanos, durante su viaje: porque ademas de la tradición de los 
"Zacatecas, antiguos habitantes de aquel país, siendo e'stos enteramente bárbaros, ni 
"tenían casas, ni sabían hecerlas, ni puede atribuirse si no á los azteques aquella 
"construcción descubierta por los españoles." Clavigero se refiere á las ruinas Uama- 
das de la Quemada. Esta opinión del sabio jesuita fué seguida por algunos, los cua- 
les, á ejemplo del maestro, colocan el viaje de lo mcxi á los largo de las grandes dn- 
dades arruinadas, esparcidas de las orillas del Gila hasta las goteras de la capital. 
Semejantes asertos son insostenibles, examinados por el itinerario seguido por los 
méxi. 

Precisar el lugar, á nosotros és imposible; mas vamos á determinar algunos he- 
chos, y en seguida á dar también nuestras congeturas. Examinando la segimda de 
las láminas geroglíficas relativas á la emigración de los méxi, observamos que en ella, 
como tanipoco én la primera, Chicomoztoc no es el punto inicial de partida; pOr con. 
secuencia no se le señala como higar de origen. Siguiendo el estudio se advierte ser 
un lugar Intermedio en él itinerario, lugar de tránsito, en relación dhrecta é inmedia- 
ta con los señalados en el viaje, principalmente con el anterior y posterior entre loa 
cuales se encuentra. DeskfíÁrécictos los antiguos errores á los golpes de la crontílo. 
gía y de la geografía, tenemos ya por Verdadero que los sitios rífcorrídós ^cft loa 
Hiéxl están muchos dentro del Valle, mientras los otros nó quedan demasiado íéioB 
Ührcómóztoc, scfialodó en el itinerario, está puesto eütré' Cuáuhtopec, situado há<^ia 



í ./ 






9S 

cnrioso MS, (1) SegttU dice, el ce aéatl 583, salieron de OhíoomoÍBi- 
toe los chichimeca, comenzando á llevar la cuenta de sns afios. No 
precisa cuál sea esta triba, aunque del contesto sé infiere «er de pro- 
cedencia nahoa, y bárbara, por lo cual le llamaban chicUímeca. El 
cinco acatl 5S7 llegó ú, Macuexhuacan, poniéndose en contacto coa 
los fundadores de Cuauhtítlan. Venían en su oompaftla k» chichinie- 
ca cazadores {tlamintinemia)^ completamente rudos j vagabundos, 
cubiertos do pieles (etm), llevaban á sus hijos suspendidos en unas 
redes (chUatli)^ comían yerbas, raíces, y los frutos espontáneos del 
Buelo. Como siempre á una nación precede otra más antigua, al lie- 
gar los bárbaros encontraron dneflos del país á los de Cuanhtitlan; 
según aparece, peregrinaron éstos por espacio de 364 afk>s, hasta ve- 
nir á establecerse en CXK>tlipan: debían ser un tanto civilizados, pues 
cultivaban la tierra, formando ademas poblaciones fijas en que vi- 
vir. Aunque en esta época la cronología es un poco dndosa, aparece 
que en el ce acatl 635, la tribu agricultora se organizaba bajo el re- 



íos 19** 34' lat. N. y 0* 1' 5*' long. O. de Máxioo, punto anterior, y Huitzquilocan, 
pnnto posterior, hácU loa 19', 26', 15*» lat. y 0', 10', 17" long. O.; luego Chioomois- 
ioc quedaba entre ambos puntos, estaba relaeionado eon el viaje, no debía estar m- 
parado de es^os lugares por una gran distancia. Se pueda admitir que las siete cue- 
Tas exÍHtieron hacia el NO. de México, en el país ocupado por los otomíes. Confor- 
me ¿ esta demostración, ninguno de los otros supuestos es sostenible. 

Aquí entra la conjetura. En la relación de Quer^taio por el alcalde mayor Hcman. 
do de Vargas, dirigida al rey Felipe n el afio 15$2» MS. original en poder de nues- 
tro buen amigo el Sr. D. Joaquín García Icazbalceta, leemos que los iludios aserrara, 
ban tener su origen de los dioses llamados padre yiejo y madre vieja, **j que estos 
"auian procedido de unas cuebas questán en un pueblo que se dice ehiapa que agón 
'^ene en encomienda antoaio de la mota hijo de conqoÍBtador, questá dos leguas dsl 
"de XUotepec bazia el mediodía." EX pueblo Á que se haca referencia correapond» al 
Estado de México, se le nombra Chispa de Mota, y se le coloca hacia los 19'', 49*, 10" 
lat. N. y 0*, 2!', 20" long. O. Las cuevas deben estar cerca de la población, y hasÍA 
ahora no nos ha sido fácil indagar, por medio de persona competente, lo que haya 
en el particular. ¿Será este el sitio misienoso ooi» lauto empofio buscado? Ko nos 
atrevemos á añrmarlo resu/Bltamente, aiín cuando lo. tengamos por muy probable. 
Chicomoztoc debía ser el santuario de los otomíes, pueblo el más antiguo del paíS/ 
por cuyo título pedía el respeto de las tribus emigrantes. 

* 

(1) Colee. Bamirez. N. t. Acudes do Oaa«ht)tlan..$l jtsigioal jBiexioapo ^ÍAllía^ail 
la Biblioteca del Colegio de San , .Gregorio, yf^^' tradnoido por el Lio. D, .l^aas- 
tino Galicia Chima^popoca. Si no nos engañamos es el mismo documento citado por 
«1 Sr. Brasseur bajo el título Oodex Ohimalpopoea, Hist. des nations civilisées, intro- 
dactioii, pág. IiXX¥III,Mümil.«- ^ '-o -r .. c* - * .-• •v # / _ , 



t 



36 

m 

gimen xnanárquíco, tomando el mando supremo de Cuauhtitlan el 
jefe.nombmdo Chicontooátiuh (^iete soled). 

£1 13 calli G21 fundaban los culbua chichimeca, la ciudad de 
Culhuacan. Empresa digna de romanos es, tratándose de estos tiem^ 
pos confusos, querer ajüstar las relaciones históricas entre sí, orde- 
nándolas poe medio de una cronología metódica, cuando general- 
mente consisten en noticias truncas, de&ñguradas por la tradición; 
confesando ser el trabajo superior á, nuestras fuerzas, incapaces de 
sustituir á la verdad los inventos de puestro poco ingenio, liabrémo» 
de contentarnos con referir lo contenido en los documentos que con- 
sultamos. Setecientos sesenta j cinco años, habla que existían gen- 
tes en la tierra; lo cual quiere decir, por un cómputo aproximado, 
que se trata de los siglos anteriores á la era cristiana. Aquellas an- 
tiguas gentes eran completamente bárbaras; vivían de yerbas silves- 
tres y de la caza, en la cual empleaban arco y flechas, andaban des- 
nudos, abrigados á veces con las pieles de los animales que mata- 
ban: aunque nómades, reconocían cierto principio de autoridad en 
un jefe principal, quien al acercarse la noche hacia grande humo en 
el sitio donde se encontraba, á fin de que sus dispersos subditos se 
le reunieran, para repartirles de manera que quedasen satisfeclios, lo 
que habían muerto ó recogido: tenían á manera de matrimonio, 
guardándose suma fidelidad los esposos; adoraban una sola divini- 
dad, aunque sin hacerle ofrendas ni sacrificios. Es la pintura de la 
vida errante y primitiva, del estado incipiente de las tribus nahoa. 
Parte de aquellos rústicos se apegaron á la tierra, dejando la vida 
turbulenta del cazador, por la más adelantada de la agricultura; entre 
ellos creció la civilización, y once años después de trascurrida la época 
antes ehunciada, vinieron á establecerse en Teoculhuacan, es decir, en 
elCulhuacandivinoódelos dioses. (1) Diez y siete años adelante, los 
moradores de la ciudad, ya bien adelantados, se constituyeron on 
monarquía bajo el mando de su primer rey Totepeuh; señoreó cin* 
cuenta y seis años, á cabo de los cuales fué muerto por su cuñado 
Atepanecatl para apoderarse del trono. Topiltzín, hijo del asesinado 
monarca, recogió los huesos de su padre, poniéndolos en un templo, 
en donde les rendía culto como á un dios; sabedor de ello Atepa- 
necatl, se dirigió al Cu con intento de matar á Topiltzin, mas éste 



(1) Al hablar de Asilan noi oonparémoi también en Teootlkttaoanc 



.1 . 



ioémptájó de la párteíBttiíerior,hio44ndolc) redar loí -gridai del tem- 
plo iibajo, con lo cual perdió la vida. (1) TopiUñn recobra el remo, 
gobernando diez y líeis aSios con gran Mnor de susvasallon. 

Sin saberee la causa, A cabo de los diea y nel\ años Topiltzia 
abandonó á Teoculhuaoan <km gra^ copia de bxxh subdito», ya par» 
entonces muy civilizados^ pnes tmían oficiales de todos oficios, pla- 
teros, carpinteros, de mosaico-, djb pluma y pintores. Díe» afios tar- 
daron en ol viaje, al fin de los cuales llegarían A Tollantzinco; vivie- 
ron aquí cuatro años, trasladándose definitivamente á Tollan. Si» 
guiendo las autoridades que nos guian, esta trtb», qiie no es otis 
que la culhua, traía ya cbmo dioses á Huitzil<^ohtU y:á Tezoatlí* 
poca, y aquí en Tollan comenaé los sacrificfios, aunque no de hom- 
bres, sino de codornices, culebras, mariposas, cigarrones y cosas se« 
mojantes. Diez años permaneció Topiltzín en la metrópoli de los 
tolteca, y como se resistiera á tomar parte en los sacrificios huma- 
nos, fué expulsado de la ciudad, retirándose en dirección d© Tlapa^ 
lian con los subditos que le quisieron^seguir: dos años después mu- 
rió. (2) La narración, conftmdiendo d Tollan con la tribu, expresa 
que enojados los dioses no permitieron que en noventa y siete años 
hubiese allí señor; pero como se advierte, esto debe entenderse de 
sólo los culhua apartados ya de la ciudad. 

Cuando al fin de estos años entendieron estar aplacados los dio- 
ses, eligieron por señor á Huemac, del linaje de Topiltznn. *Los cul- 
hua se habían ya extendido por muchas partes, aunque sin messclarsé' 
con los chichimeoa, los cuales si bien no pagaban tributo, estaban 
sujetos á la autoridad de ToUán. AI mismo señorío obedecían lesf 
culhua, y por esta causa ó poi^ otra que ignoratnos, Huemac vivía 
en la metrópoli tolteca; al presentarse ahí un fantasma de altura'^ 
desmedida, que tanto miedo puso en aquel jefe, que abandoleando^ 
la ciudad se vino á Chapoltepec muy afligido; desesperó y ahorcóse 
después de sesenta y dos años de reinado. Nombraron en su lugar 

(1) ''Aqueste que mato el topilci, dice el MS., se decía ateponecate, cuya figara 
^Mmos en Culhuacan, el desta tierra de piedra muy grande de que se hicieron cua- 
"tro pilares sobre que están los arcos de los altares en la iglesia de señor San Juan 
''Erangelista, del dicho pueblo de Culhuacan era de cinco piezas/' 

(2) 'Tienen mucha memoria los judíos desta ciudad, dice ol MS., j sus comar- 
"cas'deste topild y ay grande historia del ^ázea que sus yestidos herap amanera da^ 
^los de Espafta. 



as 

á Naohyotl, qaien al frente de la tribu vagó por Texcoco, Otompa 
7 otros lagares, permaneciendo en elloisdíe^, ocho ó cuatro, años, sin 
hacer pió fijo, ni población de importancia; sesenta anos condujo á 
los emigrantes, muriendo sin terminar el camino. Sucedióle Cuauh- 
texpetlatl, quien todavía anduvo errante nueve años; entóneos se 
apoderó de Culhuacan, situado enJanoárgen del lago, estableciendo 
finalmente la monarquija Culhua^ (1) 

Estudiando los hechos, podamos establecer que los tolteca proce- 
dentes de Huehuetlapallan 7 los cuUxua oriundos de Teoculhuacan, 
pertenecían A la misma familia etnográfica 7 d la misma é idéntica 
civilización; sin embargo, no constituíaofda misma tribu. Primera 
dejaron su patria los toUeca 7 fundaron A ToUan; después salieron 
los culhua de Teociilhuacan, en donde estaban establecidos; amba» 
tríbná se jnntaron en ToUañ, permaneciendo unidas hasta la des-* 
truccion de aquel imperio, acaecida á la muerte de Topiltzin, ape- 
llidado también Huemac, en CU70 tiempo tomó el mando de los cul- 
hua. Nauh70tl 7 sus descendientes se apoderaron de Culhuacan. 
Consta por los anales ^de Cuauhtitlan, que el Culhuacan del Valle 
llevaba siglos de existir, levantado por los chichimeca, lo cual de- 
mnestia que el nombre Culhuacan era de tiempos anteriores oono- 
oiJo, 7 que no fueron los culhua quienes le inventaron al apoderar- 
00 de la población. 

Mientras los sucesos mismos nos van dando los elementos para 
ordenar algunos de estos sucesos, es preciso mencionar algunas otras 
tiibns que precedieron ó fueron contemporáneas de los tolteca» Al 
poAorse en marqba^Ios'mexi el uno tepatl 648, de les unieron ocho 
tribus; despodidas por orden de Huitzilopochtli se encaminaron al 
Sur, penetrando JQn el Valle en tiempos diferentes. Del otro lado de las 
montañas que cierran el Valle^ se colocáronlos ocuilteca, dando á su 
población principaWl nombre da Ocuilla. Avánearon los chololteca' 

(1) BelAolones de los franciscanos 7 de Fr. Bemardino. MSS. La relación primera 
ií otra muy semejante, sigue Gomara en el capítulo de los Heycs de México (Biblio- 
teca de amores españoles, tom. 22, pág. 436). Torquemada, no obstante haber dado 
Ia historia de los tolteca en el lib. 1, cap. XIV, intitula el cap. Vil del lib. III> De la 
PoKa^on de Tullan y tu 8encrU>, adoptando la genealogía admitida por Gomara, á 
quien corrige en una parte. Evidentemente ambas historias son copia de los docu- 
jnentOB ñ'anciscanos, siendo de notar que Torquemada ponga como reyes de Tollan 
los qoe fuéiten de Culhuacan, aunque tolteca 7 tulhua aparezcan como de la misma 
f asiüia y confondidoe alguna res. 



3^ 

hasta. apodemrsQ del antigctQ 8Hn(;ma^io de Cholollan, esparoiépdose 
por las inmediataa llanuras. En los lagos australes del valle, vivían 
J9k los do Cuitlahuac; sobreviniendo los clialca y los xochimilca, en- 
ti^ellps^rtieron aquella couiarca^ sirviéndoles de capital las oíut 
da4^s más adelante floreoientes deOhalco y de Xochimilco. (1) Los 
buexotzinca, con su ciud^ principal Huexotzinoo, partieron térmi- 
n^s con los de Cholollan. Los tlalhuica (2), tribu tosca, de lenguaje 
burdo, se apoderaron de la provincia llamada después Caauhna- 
huaq^ del nombro ; de su cabecera, extendiéndose por los terrenos 
oaliejUtes (3). 

• t 

(1) "El segundo linage es el de los Cháleos, que quiere decir ^«nt^ de ka ¡HKas^ por- 
"que chaUi signiñca algún* hueco i manera de boca, y así a lo hueco de la boca Ha* 
"man camioJuüU, que se compone de eamae que quiera decir la boca, y de tíuiUiqtLe 
"es lo hueco, y dé esle nombre chalU y esta partí6ula ca se compone Chalca, ^ue 
'*8igiúflca loi poseedoras de las bocas" Codex Ramírez* 

(2) A esta tribu hemos llamado ilahuica. Según la etimología del Godex Bamírez, 
''El quinto linije es el de los Tlalhuicas, derívase su nombre de Tlalhuic, que sig- 
"nifica hJLcia la tierra; cúmponese de iíalUt que es tierra, y de esta partícula huie, 
"que quiera decir hdoia, y toman este nombre Tlalhuic y le añaden esta partícula ca 
**j oomponen Tlalhuica, que significa gente de hdcia ¡a tienda," 

(S*) Darán, cap. ir. Codex Ramírez. MB. Damos el nombre de Codex Ramírez ¿ 
un preoioso M3. que nos fvué regalado por nuestro amigo el Sr. Xáo. D. Alfredo dia- 
rero, 466 págg. 4 9. , letra clara moderna. Es copia-autorizada por el Sr. Ramírez, 
quien le puso un erudito prcSlogo. El original se intitula: — * 'Relación del origen de 
*1o8 indios que habitan esta nueva España según sus historias". — Fué encontrado 
por el repetido Sr. D. José F. Ramírez en la Biblioteca del convento principal de 
los franciscanos de esta capital, al tiempo que snfritS la primera destrucción en Se- • 
ÜembTe 1856: es un vohímen en 4 ^ común, 26!^ f., letra del frigio XYL Según las 
ooriosas indagaciones del descubridor, la obra fué escrita' en mexioano, por un indí- 
gena, hacia mediados del siglo XVI: traducida al castellano por el P. Juan de Tobar, 
I peritísimo en la lengua, por cuya causa le llamaron el Cicerón Mexicano. Lo más im- 

I portante de decir es, que este MS. fué comunicado por el P. Tobar al P. José de 

'v Aoosta, quien lo aprovecho casi al pié de la letra, en la parte relativa á México, de 

8u historia natural y moral de las Indias. SirvicS igualmente de base á la historia de 
las Indias de Nueva España por Fr. Diego Duran, y á la crónica mexicana de Tezo- 
zomoc; el Sr. Ramírez le citaba bajo el título del Anónimo. "El voliímen del Anóni- 
í ''mo contiene, muy en compendio, todblO que esta historia; así es que el trabajo del 

* "P. Duran se eu^nminó á ampliar sus noticias, que frecuentemente se reducen á la 
** "mera enunciación de un hecho, y á aumentarlas, relatando todas las que había om;- 

"tído. Paréceme también que tuvo á la vista alguna otra historia 6 memorias anti- 
f "guas. que igunlmepte consultó Tezozoraoc, cronista indio, pues Jiay muy grande 

"oongmencia entre sq crónica y la historia de Duran. De esta manera creció el vo- 
'liimen hasta un cuadruplo/ cuando menos.'' (Inteodoocion al P^ Duran, pág. XII.) 



/ 



i 



40 

En el principio de la emigración mexi encontramos á los tepane- 
ca, igualmente de la familia nahoa; mas éstos, entretenidos en las 
regiones boreales, no llegaron al Valle sino siglos después. Notamos 
dos tribus de origen etnográfico diverso. Los chichi meca extendidos 
hacia el N E., vecinos de los tolteca allá en HuehuetlajMilIan, no muy 
distantes del establecimiento de ToUan que á la caída de la monar- 
quía se precipitaron sobre las tierras australes. Por último, los matla- 
tzinca, invasores del Valle de Tolocan y que mucho m:is tarde pene- 
traron en Michhuacan. Así la corriente de la emigración nahoa se 
hizo constante por varios siglos, tomando incremento á veces: para 
establecerse en el país, estas tribus empujaban' al Sur los pueblos 
primitivos, no sin arrastrar en su curso ciertos pueblos extraüos, que 
no sabemos relacionar con la familia nahoa. 

Los nombres de las tribus se derivan en general, del nombre de 
los jefes, de los dioses, del lugar de procedencia, de uti apellido na- 
cional. Es natural admitir que las denominaciones de los lugares ha- 
bitados por los pueblos primitivos pertenecieran á la lengua de ca- 
da uno de ellos; los invasores las cambiaron, bien poniéndoles otras 
nuevas, bien adaptando las antiguas á la lengua nahoa. No atinamos 
á decir si del nombre de la tribu se llamó la ciudad, como de Chal- 
ca, Chalco, 6 si por el contrario, siendo arbitraria la formación de la 
palabra Chalco, se derivó de ella el gentilicio chalca. 

Hemos podido confirmar plenaments estos asertos, al ir consultando paralela y si- 
multánea las abras del Anónimo, Acosta, Duran y Tezozomoo. para tejer nuestra 
presente labor. Hemos publicado este Códice al frente de la edición dol Tezozomo<v 
emprendida por nuestro amigo el Sr. D. Josó Marta Vigil. 



-♦•«- 



CAPITULO III. 



i . 



LOS TOLTBCA. 

Lq9 n<moalca.--Cha¡ch¿iihtlan/!t2tn,^Yztlil<ntee^ TeoamozUi.— Muerte di 

Hueman. —JTuetsín, — Totepeuh. — NaccuDOC—MitL — La Heina XititllaUzm.-- 
TecpaTteaUdn. —Anales de CuauhtUlan. — Quetzalcoatl. — TeepacaiUdn.—Amore$ 
con la beüa Xoehití, —MeeansUin.—Mitoé retígiosos, Huéman, Topütsin, QttetatU-, 
coatí —Reinado de TopiUzin.~~Oalatmdade» y demutr€A,—Chierra exterior,— Tre- 
gua. — Fin del imperio tolteca,—Eetado del país, 

AL atravesar los tolteca por las tierras 4e los nlmeca y xiculauca, 
erau maltratados y burlados; rociábanles rostro y cuerpo con el 
agoa de cal en que se onece el maíz, llamada nexayotl^ que era cosa de 
mnefao desprecio, punzábanles con el chichiquilli, arpón, robándolos 7 
ánn dándoles de palos: era Un pueblo pacífico, má& acostumbrado. 4 
las artes que á la guerra. Al establecerse en Tollan eran dueños de 
la población lofl nononlca. De lengua nahoa, no debía hacer mucho 
tiempo que ocupaban la ciudad, pues también eran emigrantes, ca^ 
so de que no hayan sido compañeros de los tolteca. Estos aparece 
que venían mandados por los jefes Yexicoatl, duetzaltehueyac. Tez- 
cahuitzil y Tololohuitzin, mientras los nonoalca reconocían á Xel- 
bua^ Huehuetzin, Cuaubtzin y Citlatmacuetziu. 

Uq solo año vivieron en paz, pues al siguiente de la ocupación, dos 
tochtli 662^ por consejo de Tezcatlipoca ó sea por mandato del saoer^ 
dote conductor Hueman ó Huemac, se apoderaron los tolteca de las 
armas de los nonoalca, los ocupaban en algunos trabajos; les pedían 

cosas imposibles, y tanto cargaron la mano que se encendió la giie«- 

TOM. ni.- 



42 

rra. El resultado no fué favorable á los tulteca, pues tuvieron que 
concertarse con sus enemigos; Huemac huyó, le persiguieron los no- 
noalca y dieron muerte en la gruta de Cincalco, cerca de Atlicuehua- 
yan. Aunque los matadores tornaron á ToUan, tem«*rosos de ser per- 
seguidos por el crimen cometido, abandonaron definitivamente la 
ciudad, llevándose sus riquezas á las tierras que fueron á colonizar 
al Sur. (1) 

Los tolteca gastaron los años siguientes en aderezar á ToUan, cons- 
truir casas, levantar templos, dando á la puebla hermooo aspecto. 
Logrado este primer objeto, pensaron en darse un rey. Para ello 
ponían los ojos en uno de sus jefes; mas el sabio Hueman les hi- 
zo observar que aquella elección sería causa de envidias y celos 
entre los principales señores: por otra parte, los cbicliimeca, sus ene- 
migas, vivían próximos en Xuihcoac y Huexotla, hacia el rumbo de 
Panuco y Tamiahua;^ ya les habían hecho algún daño, y convenien- 
te sería peilir al rey bárbaro uno de sus hijos por señor, pactando que 
fjntónces ni en adelante les hiciera ninguna molestia él ni sus suce- 
^res; ganando la amistad del chichimeca se afianzaba la paz exte- 
rior, manteniéndose la interior concordia. Admitido el consejó por 
la junta de proceres y plebeyos, se envió una solemne embajada, coa 
ricos presentes. Reinaba á la sazón entre los chichimeca el rey Ycauh- 
tzin, quien agradado de la demanda la otorgó, dando á su hijo me- 
ñor llamado Chalchiuhtlanetlanetzin ó (yhalchiuhtlatoriac, que se in- 
terpreta chalchihuitl ó piedra preciosa que alumbra. Con este prín- 
cipe comenzó la^^monarquía tulana, quedando jurado rey el Vil acatl 
667: (2) en medio de fiestas y regocijos le casaron con una doncella, 

[1] Colee. Rnmírcz N. 2. Anales toltecns MS. — N. />. Anales tolteoA-ohichimec*.: 
MS. lUvueltos y en forma de apuntes más quo do historia, e^stos documentos no» 
dfta poca luz para entender los acontecimientos en que nos ocupamos: no aprove- 
chamos cuanto pudiéramos, por¡no sustituir inventos á verdades. 

[•2] La relación de Cuauhtitlan dice: — "Ce teepail [700] un pedernal. En este aflo 
**Be fundaron los tultecas poniendo al frente de su gobierno á Mixcoamazatzin, 
"quien cimentó y fundó lá dignidad toltetía." H<f aquí una terrcera dinaMfá'dA reye» 
de ToUan. Insistimos: por regla ||«nesal hu» cráuioas indígenas puntoalcQ y exactas 
refqpecto del país á que pertenecen, carecen de Ifts miomas calidades refiric'ndose ^ 
l06 pueblos yeclnos^ con los cuales no llevaban buenas relaciones literarias.. De esta 
manera queda explicado el error cronológico: en cuanto al de nombre se hace preci- 
so observar que reyes y deftores tomaban diversos apellidos, según su capricho 4 iaft 
htwftMqne remataban. 



43 

hga de Aoapitz^ fefkNP principal tolteoa. De entóD^es qned6 estable* 
oída esta ley; ningún monaroa reinaría más ni méoos de 52 años ó 
na ciclo; muerto dentro del término segtifa la nobleza gobernando 
hasta completar el período, y soíbrevivíendo dejaba el puesto á sn 
legítimo heredero. El gobierno de estos príncipes, eontra lo que de- 
bto esperarse en i» estado de invasión; se pinta tomo feliz y soi^ega* 
do. Así: es que, durante este prifiE^r reinado sólo encontramos nota- 
ble el fin del cuarto sol ceeipogónino TIetonatiub, época de las erup* 
oíones volcánicas. Como vimos en las tradiciones, (1) los habitantes 
do Teotihuacan abaldonaron su antígtio culto, qneco^istla princi^* 
pálmente en anímales, adoptando el del sol y de la luna, á los qué 
ooDsagmron sus antiquísimas pirámides, teniendo lugar el acontecí^' 
nüento el VÍH- tochtli G94, vigémnao sétimo de o^te reinado. Aquí 
oomiensa el ultimo sol tolteoa, el propiamente histórico ó era de loe 
nafaoa, cuyo fin se esperaba con miedo al término de cada siclo. 

' Chalchiuhtiatonac murió al cumplirse los 62 atlos. Los ciclos de- 
bep contarse del VII acatl, principio de la monarqíi^a, al VI tochtli 
inolnsive: no haber atendido al cómputo hace vacilar muchas veces 
é Yxtlilxochitl. Subió al trono YxtUlcnechahuac ó Yzacatecatl el 
YII acatl 719. Perb antes de cumplir su período, el astrólogo Hueman 
'^jontó todas las historias que tenían loe tultecas desde la creación 
'^del mundo hasta en aquel tiempo, y las hizo pintar en nn libro 
*^ny grande, en donde estaba pintado todas sus persecuciones y 
"trabajos, prosperidades y buenos sucesos, reyes y sefiores, leyes y 
"buen gobierno de sus pasados, sentencias antiguas y buenos ejem- 
'*ploe, tempks, idoloe, sacrificios, ritos y ceremonias que ellos usabais 
^'astt^logía^ filosofía, arquitectura y demás artes así buenas comv 
'*mala6, y un resumen de tod^t las cosas de ciencia y sabiduría, ba« 
'^tollas prósperas y adversas, y otras muchas cosas, é intituló este libro 
"llamándole Teoamoxtli; que bien interpretado quiere decit*, diver- 
**«afl coeas de Dios y libro divino; los naturales llaman ahora á la Sa- 
'^^da Escritura, Teámuxtli^ pop fier casi del áiismo modo, pnnoipal- 
"iBente en lo de las persecuciones y trabajos de los hombres.^' Hueman 
piBdfjo la destrucción de la monarquía, dando por seftales de la catás- 
trofe un rey que tendría el pelo crespo formando una especie de tia- 
ra en la cabeza; sería al principio bueno y justo, degenerando después 

[1] Véase los soles eosmogónioos, primera parte, cap. t. 



44 

en malo y arbitrario: la naturaleza abortaría monBtruo»; pues se vo- 
ria al conejo con cuernos de venado^ al huitzitzilia 6 colibri con es- 
polones de gallo. Terminado el libro, lanzada la profecía, Hueman 
murió de más de 300 añoa de edad. (1) 

Un personaje Hueman ó Huemac advertimos como conductor de 
los tolteca, como rey de los culhua, y no obstante haber sido muerto 
el de Tollan por los nonoalca, reaparece ahora formando el Teoa- 
moxtli. Absurdo sería creer que este personaje, uno y múltipla 
hubiera muerto de más de trescientos años: se hace preciso admitir 
que el nombre Hueman es la personificación de ciertas institucioneti 
del principio religioso 6 teocrático, que predominó de manera deoi* 
siva en las tribus de la familia náhoa. Entre totonaca, tolteca, chi* 
ohimeca, se cuenta por grandes períodos el gobierno de los reyes; e9r 
to haría presumir que los individuos de aquellas tribus alcanzaban 
extraordinaria longevidad, idea agradable al historiador IxtUlxochitl, 
quien menciona varios individuos de su conocimiento de más de 
cien años de edad; mas las excepciones no constituyen la regla ge*' 
neral, y ciento no son trescientos. Los ciclos de los tolteca, los rSas^ 
yores de los totonaca, se deben tomar como períodos convencionales 
cronológicos, á los cuales daban nombre el príncipe que les comen- 
zaba ó quien más se distinguía, poniéndose en olvido todos los d^ 
mas. En cuanto á los hombres de vida macusalénica como Xololli 
Tezozomoc, etc. no parecen otra cosa que familias ó dinastías, se 
guidas bajo una misma denominación. 

Muerto IxMilcuechahuac, le sucedió su hijo Huetzin el Vil aoatl 
771; á éste Totepeuh el VII acatl 823; luego Nacexoc él VII acatl 
875. Mitl empuñó el cetro el VII acatl 927: en su tiempo parece 
haberse perdido la pureza de la antigua religión tolteca, pues se 
mezclaba con la zoolatría de los de Teotihuacan, que de nuevo bn>- ^ 
taba al lado del culto del fuego y de los astros. Mitl *'hizo grandes 
"templos y cosas memorables, y edificó entre los templas que hizo 
"uno de la rana, diosa del agua, muy hermosísimo templo; todos sus 
"aderezos eran de oro y piedras preciosas, y la rana era de esmeral* 
"da, la cual los españoles que vinieron á esta tierra la alcanzaroni 
"y dieron buena cuenta de ella." (2) Tanto agradó á los tolteca di 

[1] Ixtlilxoohitl, Sumaria relación, MS. 
[2] Ixtlilxochitl, Sanuffia relación. MS. 



46 

gobierno de este principe, que relajainlo en su íkvor la ley de Buce- 
cíon, le dejaron en* el trono 59 años hasta el XI acatl 983 en que 
manó. Todavía el amor nacional se eamtíró en quebrantar la cos- 
tumbre, alzando aquel mismo año al sxipremo mando á la viuda del 
difunto; esta reina, llaniada Xiuhtlaltzin, murió á loa cuatro años 
el II acíxtl 987. En este mismo año fué coronado Tecpancaitzin. 

El reino tolteca había llegíido al mayor esplendor, extendiéndoso 
á distancia, contando multitud de ciudades florecientes, entre ellas 
et^ santuario célebre de Teotihuacan, el no menos famoso de Cholo- 
lian, la fuerte Ouauhnahuac, l'olocan, en donde se veía un palacio 
de piedra labrada, decorados los 'muro& con figums y jeroglíficos 
relatando varias historias. Las tribus independientes crecían tam- 
bién y se ensanchaban. El XIII acatl 699 murió Chicontonatiuh, 
señor de Cuairfxtitlan, después de un largo reinado de más de 04 
años. Sucedióle el ce tecpatl 7X)0 Xiuhueltzin, quien por consejo de 
Mixcoatl pudo domesticar una parte de los chichimeca, juntándolos 
y dándoles tierras en Ahuacan y Topehuacan, es decir, en las llanu- 
las y en los cerros. Aquel acontecimiento parece haber obrado enér- 
gicamente sobre las costumbres de los bArbaros, pues Itzpapalotl 
establece un señorío y ayuda á Huactli á reinar en Necuameyocan; 
á BU ejemplo erigen señoríos Mixcoatl, Xiuhuel, Mimich y Cuahui- 
col. Sin duda este primer ensayo no fué duradero, pues pronto ve- 
mos á estos mi/^mos chichimeca dispersarse, yendo loe unos á cazar 
en las montañas, buscando los otros tierras para establecerRC. (1) 

*'Ce calli, 765, una casa. En este año murió el señor de los tul- 
'* tecas llamado Mixcoamazatzin, fundador del Reino Tulteco, suce- 
^diéndole inmediatamente en el reinado Hu^zin." (2) Con corta 
diferencia en tiempo, conviene esta noticia identificando la persona 
de Huetzin; podemos admitir que Chalchinhtlonac era conocido en 
Cuauhtitlan por Mixcoamazatzin. Para estudio y comparación, vea- 
mos cómo se expresa esta crónica. En VI cañas, 783, murió Totepeuh 
padre de QuetzíilGoatl, aucediéndole en el trono Huitimal. No obs- 
tante esta muerte, nació el ce acatl 791, Topitlzin, llamado igualmen- 
te Ce Acatl Quetzalcoatl Chalchihuitl. El IX acatl 799, de ocho 
afios de edad Quetzalcoatl preguntaba eñ dónde estaba su padre, y 

(1) AnalM d« ChurahtítlAii. Ma pág. 11—14. 

(2) AnaUs de CoanhÜtlan. MS. pág. 15. : 



como le dijeron que había muerto, j^q dirigid al sepulcro, lloró Bobm 
él, y cavando sacó lús huesos para llevarlos á enterrar al templo de 
Quilaztli. EIJ^ calli 813, murió Húactli, señor de Cuanhtitlan, 
todavía en el estado salvaje; el siguiente año XI toohtli 814, heredó 
el señorío su viuda nombrada Xiuhtlacuilolxoahitzin, cuya casa de 
habitación era todavía de paja, y residía en Tianquiztenco, nombí^ 
do después Tepcxitenco. (1) 

II tochtli 818. Llegó duetzacoatl á Tollantzinco, y á los cuatro 
años de permanencia formó de tablas casa do quietud y dcscanáx 
Vino á salir á Cuextlan pasando el río por medio de balsas. V calS 
821. Los tulteca fueron á traer é duetzalcoatl, le nombraron jefe 
en el gobierno de Tollan, dándole también el nombre de sacerdote 
y ministro. — Vil acatl 823. Murió Xiuhtlacuilolxochitzin, señora 
de Cuauhtitlan: en el siguiente Vi II tecpatl 824, le sucedió Ayauhr 
coyotzin, poniendo su residencia en Tecpíincuauhtla. — II acatl 831^ 
Topitlzin Ce Acatl Quetzalcoatl formó casa de descanso, ayuno y 
oración. Cuatro eran estas piezas; la primera para desabogo del cuer- 
po íoriz^pa/ca/, la segunda para aderezarse itapachcal; la tercer» 
de provisión iteccizcal; la cuarta de despacho iquechalcal. Ayunaba 
mucho, hacía preces y oraciones; bañábase á la media noche en 
Atempan Amochco, y después dirigía sus súplicas á los dioses de los 
nueve cielos, invocando á Citlalicue, Citlallatonac, Tonacacihuatl, 
Tonacateuhtli^ Yeztlaquenqui, Tlallamanac, Tlallichcatl. Inventórt 
conocimiento de las piedras preciosas neciiiltonolizili, chalchihuill^ 
teczihuiil; del oro íeocuitlatl coztic, la plata teociiitlatl iztac; las 
plumas finas de las aves tapacktli queízalli, xinhtototl^ tlauhqucchol 
zacuan^ tzinitzcan^ttyocuan^y las mantas llamadas tlapapal ickratl. 
Hizo cosas prodigiosas en la tierra y en el agua; comenzó un templo 
que no vio terminado, y puso en orden el coatlaquetzalli. Poco se moft- 
traba en público, viviendo en el silencio y retiro, y para cuidar del 
órdien, abrir y cerrar las oficinas, había varones graves llamados teó- 
poulUin. Servíase de las esteras finas cAa/cAit/Aj9ef/a¿/, qtíetzalpetUah 
teociiiílapetlan^ y por cuatro vetees reformó su casa de penitencia ó 
ayuno. Cuando andaba todavía sin destino, repetidas veces' jugaba 
el diablo con él, aconsejándolo saeríñeara é sus vasallo^; mas como 
duetzalcoatl quería mucho á sus hijos, jamas admitió la seducción, 

(1) Anales de Caatüititlan. MS. pág. 15*-^14v . ' 



V 

entonces el mal espíritu le prometió mortiñcarle por cuantos medios 
fuera posible. 

Ce ocatl 843. En este afio murió Quetzalcoatl, segim se dice, lue- 
go que llegó á Tullan Tiapallan. Luego que Quetsalcoatl se retiró 
hubo una gran confusión en cl pueblo, porque no había respeto ni 
obediencia; entonces Tezcatlipoca é Ihuimecatl dijeron: "Parece 
*'qüc el pueblo observa el modo en que vivimos, hagamos pulque 
^*y con su compostura distraigámosle:^^ también determinaron ir á 
donde estal>a duetzalcoatl. El primero que se presentó fué Tezca- 
tlipoca, en apariencia de un joven, llevando un espejo en que se vio 
duetzalcoatl: al reconocerse exclamó: ^'¿Cómo es posible que mis 
'^subditos y pueblos me vean y contemplen con calma? ¿No podrán 
«*y deberán con justo motivo huir lejos de mí? ¿Cómo podrá perma- 
f *necer entre ellos un hombre, lleno el cuerpo de pudricion, el rostro 
"de arrugas, y la figura espantosa? No seré visto más, procuraré no 
"causar temor á mis pueblos." Con esta noticia, Cojotl, enviado 
px>r Ihuimecatl, se presentó á duetzalcoatl llevando afeites prepa- 
rados: le pintó el rostro d^ verde, los labios de rojo, la frente ama- 
rilla, adornándole con plumas de quechol: en aquella guisa el pon- 
tífice consintió en presentarse al público. 

Para dar el golpe de gracia, las divinidades enemigas hicieron un 
guisado de quilill (quelites) con salsa de tomail (tomates) y chilíi 
(chile) y con buena provisión de pulque fueron á Tollan á la resi- 
dencia de duetzalcoatl; rechazados por los servidores, fueron al fin 
admitidos, duetzalcoatl comió el guisado, repulsando el licor por 
embriagante. Si no queréis tomarle, dijeron ellos, probadleal menos 
con el dedo, porque da vigor al ánimo. Hízolo así duetzalcoatl, pro- 
bó con la punta del dedo, gustóle la bebida, tomando en seguida 
una gran cantidad: abrios todos, dijeron los perversos: "Estáis muy 
"contento nuestro sefior sacerdote, hacednos favor de cantar, aquí 
**€stá el canto." Perdidos vergüenza y decoro, duetzalcoatl comen- 
zó i cantar: (1) hizo Uermar á eu hermana mayor llamada duetzal- 

(1) Pone» los anales la copla que cantaba Quetaalcoatl, es esta: 

Quetzal Quetzal no caUí 
jZao|iaia'nooallnita|>Mh . . f 

No oallin nio ya cahuaz 
Au ya au ya Au Quilmaoh. 

*'De ploma rica mi oasa—De zacuaii iní caáá de obraK-DIxqtitlaVoy á de}ftr,-^Ta 
"ya, ya. dizque.". -^ >> !• j . i , 



«» 



4p 

potlatl para tomar parte en el desorden, prolongado basta que todofl 
quedaron inertes sobre el suelo. 

Al amanecer, Quet&ilcoatl^ yol viendo en b1, dijo: "He delinquido, 
*4a mancha que ha oscurecido mi nombre no la podré quitar." Pú- 
sose á cantar con profunda tristeza y dijo á sus pregoneros: "No 
"conviene que yo permanezca en esta capital, es preciso dejai'la; id 
"pronto á avisar que me formen un sepulcro." Hecho en efecto, 
ftuetzalcoatl permaneció en él cuatro dias, salió y recogiendo todas 
sus riquezas, se fué en dirección de Tlillan, Tlapallau, Tlatlayan, 
en donde se afligió y entristeció mucho. En Teopan Ilhuicatenco 
lloró también, puso en seguridad sus riquezas, y vuelto de nuevo i 
Tlatlayan se arrojó en una hoguera: cuando el cuerpo comenzó á 
arder, la ceniza se alzaba hacia el cielo, revolaban los pájaros de ri- 
cas plumas, y cuando todo estuvo consumido, se vio el corazón 
elevarse hacia el cielo, en donde fué convertido en la estrella que 
por la mañana brilla y alumbra, llamada Tía huizcal paute ucili: 
por cuatro dias desapareció, en que estuvo viviendo en el infierno, 
tomando después su asiento definitivo como lucero grande, con in- 
flujo sobre los hombres, según eran, prósperos 6 adversos los signos 
trecenales. (1) 

X tochtli 878. Murió Ayauhcotzin señor de Cuauhtitlan, y Ma- 
tlacaochitzin de ToUan, á quien sucedió Nauhyotzin. — XI acatl 879. 
Tomó el mando de Cuauhtitlan el caballero Necuamexochitzia, 
naturalde Tepotzotlan: se estableció en Miccacalco, llamado así 
por haber caido muchos rayos que mataron á los señores chichimeca. 
— XII calli 893. Murió Necuamexochitzin de Cuauhtitlan, y Nauh* 
yotzin de ToUan, al que sucedió Matlaccoatzin. — XIII tochtli 894. 
Entró á gobernar en Cuauhtitlan el caballero Mecellotzin, fijando 
su residencia en Tianguizcolco. — I calli 921. Murió Matlaccoatzia 
de Tollan, y le sucede Tlilcoatzin. — IX calli 929. Murió Mecello- 
tzin. — X tochtli 930. Cihuapapalotzin comenzó á gobernar en Cuauh- 
titlan, fijando su residencia en Cuauhtlaapan. 

IX tochtli 942. Murió Tlilcoatzin á% Tollan, sucediéndole Hue- 
mac, quien había gobernado dos años á los atempaneca. Luego que 
subió al trono casó con Coacueye, criada por el Tlacatecolotl (2) 

[1] JUialeide 0«aahtttiMi. láñ. Pág. lS-84. 

[2] T isoatecxJoti, U penoaa buho, el mal espíritu, el disblo. 



49 

en Cuacueyocan, donde vivía la ranjer Cuacue. "A ést«i, al estar 
"en cinta, se le ancharon las espaldas más do nna vara: halláriidoge 
"así, mandó traer de Xicco á uno qne era el Ilenamacac llamado 
"Cuaiihtli, y éste puso en el cargo do regir y gobernar á Quetzal- 
"coatl, ic palpan petlapan^ qitien en lo sucesivo reinó en el imperio 
"de Tollan con el carácter de rey y sacerdote, y le snceílió de-pues 
"Huemac." — ^Vlltochtli 966. Por culpa de Huemac afligió á los tol- 
teca una hambre e:ípanto8a por tiempo de siete años. Algunos per- 
versos tomaron á los hijos del rey llevándoles á sacrificar á Xochi- 
quetzalyapan, Huitzcoc y Xicococ: fué la primera sangre noble 
derramada en el sacrificio. — Xllacatl 971. Murió Cihuapapalotzin, 
y al siguiente afto le sucedió la señora Iztacxilotzin, quien bajó del 
cerro de Hatilco, donde estaba servida y regalada por los señofes 
chichimeca. — XI acatl 983. Murió Iztacxilotzin, y le sucede Eztla- 
quencatzin en el gobierno de Cuauhtitlan; hizo su residencia en 
Techichco. 

VIH tochtli 1006. Sucedieron grandes acontecimientos en To- 
llan, *'y lleg^iron los b:1rbaros Tlntlacatecollo de Cuextlampa dui- 
''zaco, Ihimíido Ixcviumiic. (1) Segnn dicen los antiguos, que ha- 
"llándose éstos en Cuextlan cogieron muchos cautivos, y teniéndoles 
*^ien asegurados, los dijeron: "Os hemos cogido para llevaros á Tollan 
"y fundarallí con vuestra sangre el grande imperio que ha de domi- 
"nar íi todo el mundo." ftue de allí tomó origen el sacrificio hu- 
"mano."— IX acatl 1007. **En este año llegaron á Tollan los de- 
**monios de Ixcuinamc, tanto varones como mujeres, trayendo 
"consigo los cautivos que habían cogido en Cuextlan." 

XIII acatl 1011. Después de muchos presagios sucedidos en 
Tollan, comenzó !a guerra civil entre los tolteca y los de Nextlal- 
pan; la batalla fué sangrienta propagándose hasta duetzallapa. **Ün 
"infeliz y desagraciado otomí, que se hallaba preparando las armas 
**en Atoyac, hizo el demonio que fuese desollado, y entonces tuvo 
"princi]>ío el Tlacaxipehualiztli. (2) Sin embargo de que algunos 
"ancianos aseguran que esta inhumanidad se practicaba ya desde el 
*Hiempo del otro Quetzal coatí, llamado Ce Acatl." 

ri] Es dudosa la etimología de ixciunamé. Puesta en plural, parece significar la 
palabra, homares inhumanos y crueles. Tenemos el nombre Ixcuina, dictado de 
TlazoUeotl, diosa da la carnalidad, en el sentido de comedora de cosas sucias. ¿De 
esta voz vendrá el derivado ixcuinamef 

[2] Fiesta cruel del desollamiemo de hombres. 

TOM. ni,— 7 



60 

Ce tecpatl 1012. En este año se destruyó la nación tulteca, go- 
bernándola Huemac. Fuese éste á Cincoac, donde hizo morir á los 
principales; trató de esconderse en la cueva de Tlamacazcatzingo, y 
no pudiendo entrar se dirigió á Cuauhnene, en donde ku mujer le 
dio un hijo, á quien llamaron Cuauhnene. Retirado A Teucompa, el 
mal espíritu se apareció sobre el teocomitl j llamó á lostolteca di- 
oiendoles: ^'Descansad, hermanos mios, pues sois mis con^pañeros 
**muy queridos y no os retiréis de este lugar." Reunió hasta trece 
de los principales jefes, haciéndolos padecer hamljres y grandes ne- 
cesidades; llevólos después á Xaltocan, dijo al icuollacatl y á los 
demás: *'No se borre de vuestra memoria, tened presente cuánto 
"hemos servido en Tollan y cuan grandes cosas aparecieron allí; es- 
**pero que haréis aquí lo mismo. Voy á poneros en movimiento, á 
*'urgiros ó incomodaros mucho, para "ver cuál es el valor y ánimo 
**que os acompañan." Puestos en movimiento los tolieca, atravesan- 
do por Chapoltepec y Culhuacan pe dirigieron hacia el Sur, según 
lo marcan los puntos del itinerario, **y en fin, so repartieron píir to- 
*'da8 las tierras de Anáhuac, en que se hallan actualmente. JGu el 
"mismo año de ce tecpatl fueron echados los colhua, yendo por d«- 
"lante de la emigración el señor Nauhyotzin." — VII toclitli 1018. 
"En este año se mató Huemac en Chapoltepec en el paraje llamado 
"Cincalio, y en este mismo año se concluyeron las conquistas que 
"habían hecho los tolteca y cumplieron CCCXXIX años. La causa 
"de haberse ahorcado Huemac con un 77ieca//, (1) fué haberse visto 
"abandonado de todos los tolteca." (2) 

Hó aquí la otra versión de la historia tolteca, los elementos de 
las lindas y minuciosas historias sacadas de la imaginativa del Sr. 
Brasseur, En verdad que esta relación no se opone á la de Ixtlilxo- 
chitl. Ambas convienen en fijar la destrucción del reino de Tollan 
el año ce tecpatl; si este punto fijo se liga con el año 1116 de la era 
cristiana, se obtendrá un cómputo cronológico acorde en to<la la 
serie. Los Anales de Cuauhtitlan dan completos y ciertoá los del 
señorío de su nombre; respecto de los tolteca, se ve que confrontan 
en unos nombres y en otros no; estas diferencias, en general prove- 
nidas de los varios apellidos de una misma persona, deben corregirse 

[1] MeecUl, cordel, mecate. 

[2] Anales de Coauhtitlan MS. Pág. 85^1. 



61 

por IxtlUxochitl, eronista particular de la nación. Hechas estas sal- 
vedades retornamos á la historia. 

Año XII calli 997, diez después de haber subido al trono Tec- 
pancaitzin, un noble señor de Tollan, pariente de la familia real, 
nombrado Papantzin, inventó formar del aguamiel del maguey cier- 
tos dulces; pareciéndole los productos que sacaba dignos del monar- 
4iSL^ preparó los que mejor le parecieron, dirigiéndose al palacio en 
compañía de su hija Xóchitl, flor, linda y galana doncella que de- 
bía ofrecer el regalo. (1) Más que éste, gustó al monarca la porta- 
dora; para mostrarse agradecido galardonó ampliamente al padre, 
riéndole repitiera el presente, que tendría ipayor mérito si por 
manos de la apuesta joven venía. Pocos dias después volvió ésta 
acompañada de su anciana nodriza; según instrucciones de antema- 
no comunicadas, mientras la acompañante fué detenida en las an- 
tesalas, atendida con regalos y golosinas, Xóchitl fué conducida al 
<»marin del monarca; á solas le declaró Tecpancaltzin su amor, ro- 
gó é instó, y al cabo de grado ó fuerza cumplió sus deseos. La no- 
driza fué despedida, con recado para Papatzin, diciéndole que de- 
seoso el rey de colocar á la doncella cual convenía, había dispuesto 
no restituirla á su casa, sino ponerla bajo la vigilancia de sabias 
matronas que la educaran: para hacer llevadera la orden, el noble 
recibió buenas riquezas, pueblos y vasallos. Xóchitl fué llevada á 
una casa de campo llamada Palpan, que cerca de ToUan existía, 
regalada y obedecida por numerosa servidumbre, aunque con guar- 
das para impedir toda comunicación exterior. ' é 

Fruto de aquellos amores clandestinos fué un niño nacido el Ce 
Acatl 999, á quien se dio el nombre do Meconetzin, hijo del ma-* 



[1] IzUilxoohitl, Bumarift relación, nos dice: ''era la miel prieta del mague j 
^ 'y unas chianoacasi azúcar de esta miel;" más adelante repite, "miel chamaca j 
*'otros regaliios de nuevo inventados."— Veytia, tom. I, pág. 263, dice de Xóchitl: 
^llevaba en las manos un azafate, y en él algunos regalos comestibles, siendo el 
"principal un jarro de miel de maguey." — No obstante palabras tan claras, D. Cár- 
lofl María Bustamante, en la obra del P. Sahagun, tom. I, pá?. 246, nota [a], es- 
eribe: — "La historia del pulque la refiere D. Mariano Veytia diciendo, que Teopaa- 
"caltzin, octavo rey de los Tultecas, recibió un dia un regalo que le hizo Papantzin» 
"que era uno de los principales caballeros de su corte, el cual consistía en un Jarro 
**^de pulque^ etc."— Este absurdo se ha propagado sin fundamento, y autores moder* 
nos han escrito la leyenda del descubrimiento del polqae y los amores de la beQa 
XochitL 



62 

gney, que más tarde cambió por el apellido de Topiltzín Ce Acatl, 
Quienes le veían, notaban con asombro que el infante llevaba el 
pelo crespo en forma de tiara, cual predicbo lo había el astrólogo 
Hueman del desdichado que perdería el reino tolteca. Apesarado 
Papantzin, por la ausencia de su hija, temeroso de su honra, vivió 
en desasosiego por tres afíos, hasta que el rumor público le dijo 8U 
desgracia: tomando el disfraz de nn aldeano, vendiendo cosillas de 
poco momento, se presentó en Palpan con aire inocente, pretendien- 
do le dejaran ver los vedados jardines, añadiendo á las palabras al- 
gunas dádivas: creyéndole simple los guardianes, le dieron el permi- 
so. Penetrando en las huertas, tras larga ansiedad, Papantzin des- 
cubrió á Xóchitl llevando un niño en los brazos; pas;ado el primer 
gozo del descubrimiento preguntóla: ¿Por ventura te tiene aquí el 
rey para guardadora de niños? Ella, aunque avergonzada, le contó 
BU historia, dÍKCul})ó cual mejor pudo su falta, y con b'^grimas y 
halagos alcanzó ser perdonada. Pa2)antzin volvió ú. la corte^ presen- 
táiulose al rey para pedirle cuenta de su deshonra; Tecpancaltzin 
logró apaciguarle con amplias dádivas, con la 2)romesa de qnt el 
niño sería llamado al trono ya que faltaba descendencia legítima, 
y con el permiso de que ambos padres pudieran visitar libremente 
á Xóchitl. Años después, muerta la reina legítima, Xóchitl y Meco- 
netzin vinieron A vivir al palacio real. 

Para colocar en el trono al bastardo no era el mayor el muy grave 
inconveniente de su origen; vivían en las lejanas costas de Xalixco 
poderosos señores con legítimos derechos, dispuestos íi defenderlos 
por medio de las armas: alzar í1 Meconetzin, era romper las leyes 
y costumbres nacionales, atraer la guerra exterior. Afrontando y 
no venciendo las dificultades, Tecpancaltzin se concertó con los dos 
más poderosos señores de su reino, Cuauhtli y Maxtlatzin; los tres 
gobernarían sobre los tolteca, si bien Meconetzin llevarla la supre- 
macía en aquel extraño triunvirato. Bajo estas condiciones el nu^- 
Vü rey, con el nombre de Topiltzin, fué jurado el 11 acatl 1039. 

El nuevo monarca comenzó á gobernar con tanta cordura, que 
por completo se ganó el amor de los subditos; sus colegas, vencidos 
por su virtud, abandonaron á su discreción las riendas del Jíistado. 
Solo ya en el mando, se encaminó poco á poco por la senda del vi- 
cio; 86 hizo orgulloso y desatento; corriendo después á rienda suel- 
ta 80 trasformó en vicioso, desvergonzado, insoportable, tirano. 



4i 
u 



53 

A sa ejemplo, relajáronse las leyes, perdiéronse la moral y las oo$- 
tambres, desapareció la virtud antigua; frecuentes eran robo y ase- 
sinato; manchaban públicamente los esposos el lecho conyugal: los 
mismos sacerdotes, perdida la reverencia d los númenes, se dieron 
ú pública incontinencia. £1 contagio se propagó á las ciudades más 
lejanas., En el gran santuario de Cliolollan había un magnífico tem- 
plo dedicado al dios Ce Acatl, al cual estaban consagrados los dos 
grandes sacerdotes Ezcolotli y Texpolcatl; yendo en romeiía un» 
señora muy principal de Tollan que había profesado castidad, U 
requebró de amores Texpolcatl, la n^antuvo en el templo, y á su 
hijo Izcax hizo heredar la suprema djgnidad sacerdotal. "Los in« 
^'ventores de estos pecados fueron dos hermanos, señores de diversas 
partes, muy valerosos y grandes nigrománticos, que decían, al ma* 
jor Tezcatlipoca y al menor Tlatlauhquitezcatlipoca, que después 
**los tul teca los colocaron por dioses." (1) 

Entre el final del reinado de Tecpancaltzin y el principio del go- 
bierno de Topiltzin, debe colocarse, según las mayores probabilida- 
des, la presencia de duetzalcoatl en Tollan. La vida y prodigios 
del pontífice blanco y barbado tenemos ya escrita. (2) Las historias 
presentan, como sabemos, las opiniones más encontradas; proviene 
de que las leyendas presentan una forma mítica, en que anda la fá- 
bula revuelta con la verdad, y cada quien para sus fines saca las 
consecuencias que á sus intentos cuadran. Solo siguiendo la auto- 
ridad de los escritores más auténticos, de los primitivos que toma- 
ron la tradición de fuentes puras, se puede descubrir un poco de la 
verdad, acercarse un tanto á la precisión histórica. 

Ixtlilxochitl supone á duetzalcoatl contemporáoeo de los ulme- 
ca y xicalanca, llamándole Huemac y Ce Acatl: (3) aunque de tan 
<M>mpetente escritor esta opiüiones inadmisible, porque como de sos 
mismos escritos se desprende, entonces aún no existían las naciones 
bistóricas, y mal pudo el predicador dejar noticias de sí ni de sus 
doctrinas. La tradición más auténtica y averiguada quiere que la 
predicación haya sido en Tollan, en los tiempos del rey Huemac. 
Sin concepto de Torquemada, (4) Tezatlipoca y Huemac son la 

[1] IxtHlzochitl, sumaria relao. MS. 
P] V. primera parte, cap. IV y V. 
[3] Hist. chichimeca, cap. 1, MS, 
[4] Monarq. indiana, Ub. III, cap. VII. 



54 

misma persona. En la versión más correcta de Sohagun, (1) Que- 
tzalcoatl era el pontífice, el rey Huemac y sus enemigos "tres ni- 
VgromáDticos llamados Huítzilopochtli, Titlacahuan y Tlacahue- 
pan." (2) Segiin los anales de Cuauhtitlan, primero existió Topil- 
tzin Ce Acatl Ctaetzalcoatl, despaes otro duetzalcoatl contemporá- 
neo de Hneman: siendo este personaje quien perdió el reino de To- 
Han, Topiltzin y Hueman viene á confundirse en el mismo indivi- 
duó. El Topiltzin de Ixtlilxochitl se llama también Ce Acatl por 
el año de su nacimiento. Duran (3) admite como sinónimoH los^ 
nombres de duCiZalcoatl, Topiltzin y Hueman. Estas tres deno- 
minaciones se confunden, se mezclan; se aplican ya á seres reales ú 
hombres, ya á seres fantásticos ó á dioses; aparecen y reaparecen en 
forma» reconocibles ó en apariencias absurdas: lo creemos; aquí hay 
un mito religioso concretado de elementos disímbolos, concurriendo 
todos á un resultado final aunque complexo, 

Hueman ó Huemac es el sacerdote conductor de los tolteca, el 
longevo legislador civilizador de la tribu; muere cuando en ToUan: 
se adopta la forma monárquica; vuelve á morir en el conflicto con 
los nonoalca; reaparece en la persona del último rey para perder el 
reino. Ya lo hemos dicho, Hueman es la personificación del princi- 
pio teocrático tolteca; es el símbolo del culto nacional, genuino de 
la tribu. Unidos los tolteca con los culhua, cuya historia ofrece 
también un Huemac que perdió vida y corona, la religión tolteca 
cambió amalgamándose el deísmo primitivo, la adoración de los as- 
tros con el culto de Tezcatlipoca, propio de los culhua. De aquí la 
unión natural de las ideas representadas por Hueman, Tezcatlipoca, 
Tlatlauhquitezcatlipoca, Titlacahuan, Tlacahuepan, como expre- 
sión de las creencias profesadas por los habitantes de Tollan. 

Hacia esta época, los méxica habían estado ya en la ciudad é 
inoculado á los moradores en el culto de Huitzilopochtli; al cual no 
eran extraños los culhua; algunos debían ser los sectarios de los sa- 
crificios humanos, y aun vemos llegar de Cuextlan á los Ixcuiname, 
que sin duda no eran otra cosa que iniciados en. aquellas sangrien* 
tas ofrendas. Topiltzin es la personificación de este culto, incipien- 

[1] Hist. gen. de las cosas^de Nueva Espafia, lib. in, cap. m al XIY, 

[2] Sahagjm, tom. 1, pág 245. 

[8] Hist. de las Indias de K. E. Segunda parCe, cap. 1, MS. 



56 

te y visto con horror en aquella época, general después en todas las 
naciones. En el ritual sacerdotal del imperio de México, llamábase 
Topiltzin el sacerdote principal y sacrificador, como recuerdo deri- 
vado de la mansión en Tóllan. 

Quetzalcoatl, el pontífice blanco y barbado, • civilizador, tauma- 
turgo, en el mito monogenista de los uahoa hijo de Iztacmixcoatl y. 
de Chiraftlma,.y por lo mismo medio hermlano de los americanos, y 
extranjero; venido por el mar á las costas de Panuco, admitido des- 
pués en Tollan, fué pontífice de la religión que enseñaba tan seme- 
jante á la cristiana. Personaje real, el amor público le ha declarado 
dios, y eq este sentido es sinónimo de Ce Acatl, 

Así los dioses de los antiguos cultos, los hombres que intervinie- 
ron en los hechos históricos trasformados después en divinidades, se 
confunden, se causan recíprocos males, se persiguen y se vencen. 
Todos ^stí»s acontecimientos semifabulosos se explican fácilmente 
por colusiones relinjiosas. Los sectarios de los tres cultos enemigos 
se chocan, se despedazan en una guerra sin cuartel, quedan. por fi- 
nal resultado la destrucción de la monarquía tuUna. La primera 
reliorion vencida fué la de Quetzalcoatl, que tuvo que expatriarse de 
Tollan; en balde buscó refugio en Cholollan, perseguida por Hueraac, 
tuvo que retirarse al Sur, derramando sus doctrinas desde el Mixte- 
capan, C'hiapas y Yucatán, hasta Centro América. Vencieron los sec- 
tarios do Tezcatlipoca, dios antiguo, representado por el rey ó cau- 
dillo (lo las creencias nacionales. Los milagros, los diversos prodi- 
gios obrados por los autores reales ó alegóricos de aquel sangriento 
drama, son mitos de las asechanzas que se tendieron, de loS comba- 
tes á que se entregaron: matanzas verdaderas en combates paradlos 
legítimos. A los disturbios implacables de los creyentes, vinieron á 
Unirse la guerra extranjera, la invasión de los bárbaros, el hambre 
y la peste con todos sus horrores; sobrado peso era éste para que pu- 
diera soportarlo la monarquía, que cruijó con estrépito, derribándo- 
se en menudas ruinas. 

Perdonad 1 » terminada digresión. Cuarenta años perseveró To- 
piltzin en sus vergonzosos desórdenes, llegando la sociedad á su aca- 
bamiento en fuerza de la desmoralización. Paseaba el rey una vez 
por sus jardines, cuando los monteros dieron muerte t un animal 
extraño, que reconocido resultó ser un conejo con cuernos de vena- 



S6 

do; (1) poco después fué cogido un huitzitzilin con un largo espolón 
de ^Jtllo: (2) no podía caber duda, iban teniendo cumplimiento las 
profecías consignadas por Huenjac en el Teoamoxtli. Topiltzin in- 
tentó conjurar el daño mandando l\acer en todo el imperio rogativas, 
oraciones y sacrificios; pero los dioses se mostraron sordos y bien 
pronto se advirtieron las primeras señales de la pronosticada destruc- 
ción. Al siguiente I calH 1077 sobrevinieron huracanes, y lluvias 
tan porfiadas por cien dias, que se creía ser otro diluvio; la inunda- 
ción arrasó campos y sembrados, con plaga de sapos que molestó en 
las ciudades. II tochtli 1078 el calor y la sequía agostaron los prados; 
al año siguiente cayeron recias heladas, mientras el inmediato, gra- 
nizadas y turbiones acabaron hasta con los árboles. Apiadado el cie- 
lo de tamañas desventuras, dejóles vivir tranquilos por doce años, 
en cuyo tiempo gozaron los pueblos algún alivio; más el IV calli 
1093, á la sazón que los régulos de Xalixco tomaban las armas pa* 
ra invadir el imperio, cayeron sobre las mieses inmensas nubes do 
langosta hasta talarlas, mientras el gorgojo se comía las semillas 
encerradas en los graneros. Cinco años más tarde, IX tochtli 1098, (3) 
fué hallado en el monto un niño blanco, rubio y hermoso; lleva- 
do á palacio y visto por el rey, túvole por mal a;;íiero y mandó le 
llevasen al sitio en que le recogieron; mas se le pudrió la cabeza, 
esparciendo tan in.soportarle hedor, que la peste se declaró por to 
das partes diezmando la población; "y desde este tiempo quedó por 
*ley, que en naciendo alguna criatura muy blanca y rubia, siendo de 
*'edad de cinco años la sacrificasen lueg.), y duró hasta la venida 
*'de los españoles." (4) 

Seguían en tanto las depredaciones de los tres neñorcs do Xalixco, 
entrados en son de guerra por la frontera; postradas las fuerzas de 
la nación por las calamidades sufridas, Topiltzin para conjurar el 
da^o nombró dos embajadores, quienes con ricos presentes irían á 

(1) Debe referirse esto ú alguna combinación astrologlea, inf»iusta, entra los signOB 
focJichi y mwtatl del calendario adivinatorio. 

(2) El huitzitzilin ó símbolo de íluitzilopochtli, armado como el gallo, pronto á 
entrar en lid: los creyentes de la secta aprestándose al combate. 

(3) En nuestro MS. se lee VII tochtli; pero ésto es evidentemente error del co- 
piante, porque al IV^ calli no pueda seguir con signo tochtli, sino el V. tochtli lOíH 
6 el IX tochtli 1098, que es el que adoptamoa 

(4) Iztlilxochitl, sumaria relac. MS. 



57 

Bolicitar la paz. Dícese que el regalo consistía en un inmenso teso- 
ro, notándose un tlachtli 6 juego de pelota de piedras preciosan; diez 
y seis mil hombres fueron necesarios para conducirlo, gastando cien' 
to cuarenta días en el viaje. Los de Xalixco recibieron el regalo, 
dando en respuesta palabras ambiguas y cautelosas. No fué por lo 
mismo extraño verlos penetrar al frente de numeroso ejército, el I 
acatl 1103, atravesar sin resistencia las tierras del imperio, llegan- 
do hasta la misma Tollan. Topiltzin recibió á los señores, dándoles 
vituallas para sus tropas, pretendiendo reanudar las pláticas de paz, 
rechazadas éstas, remitida la solucipn de la querella á la suerte de 
las armas, el rey tolteca, invocando el derecho reconocido ejiítre aque- 
llas naciones, pidió plazo para salir á la batalla; diez años quedaron 
concedidos, con pacto de que finalizada la tregua, el encuentro ten- 
dría lugar en Tultitlan. 

La tregua fué aprovechada por los toUeca en fortificar las ciuda- 
des, acopiar bastimentos, fabricar armas, reclutar y adestrar las 
tropas; al llamamiento nacional no sólo respondieron los hombres, 
sino también muchas mujeres que tomaron parte en los reencuen- 
tros como bravas amazonas. Aproximándose el tiempo convenido, 
XJon los guerreros se formaron dos poderosos ejércitos; el uno al man- 
do del general Huehuetenuxcatl; cubriría la frontera hacia las tie- 
rras de los tlalhuica, mientras el segundo á las órdenes de Topil- 
izin, esperaría en el lugar convenido de Tultitlan. A fines del X 
tecpatl 1112, presentóse el enemigo; Huehuetenuxcatl le salió al 
paso tomando las posiciones que más ventajosas le parecieron, por 
^uyo medio logró mantener el campo; siguiéronse porfiados comba- 
tes por tres años; pero aunque los tulteca hicieron prodigios de va- 
lor, mermados por la espada enemiga, agobiados por el número, hu- 
bieron dé retroceder al cabo, replegándose sobre Tultitlan. 

Acercábase el triunfante enemigo, y Topiltzin, para salvar la pro- 
sapia real, hizo salir de la ciudad á sus criados más fieles, encarga- 
dos de ocultar en las montañas de Tolocan á sus dos hijos Pochot- 
y Xilotzin. Cumplido el piadoso deber fué preciso menear las mal 
nos, porque el contrario estaba delante de los muros de Tultitlan. 
Acudió á la defensa toda la nobleza, el anciano Tecpancaltzin tomó 
las armas, signiendo su ejemplo la hermosa Xóchitl, causa tal vez 
de aquella guerra: defendiéronse los sitiados por cincuenta dias, 
hasta que no pudiendo más, los destrozados restos huyeron en tropel 

TOM. III. — 8 



68 

á Tollan. (1) Perseguidos sucesivamente en Chiulinauhtlan, Xalto- 
can y Teotihuacan, fueron alcanzados en el lugar nombrado Tulte- 
caxochitlalpan: aq^uí murieron Tecpancaltzin á manos del Xalixcatl 
Xiuhtenaiicalzin, y Xóchitl á las de su colega Cohuanacoxtzin. El 
tercero de los jefes vencedores, Huehuetzin, alcanzó enTotolapan á 
los dos nobles Caauhtli y Maxtlatzin compañeros del rey en el tro- 
no, dándoles muerte: Topiltzin se libró de igual suerte metiéndose 
en la cueva de Xicco junto á Tlalmanalco. Adelante de Xicco dieron 
con el general Huehuetenuxcatl y las reliquias del ejército, trabándo- 
se cruel batalla en que jefes y guerreros quedaron tendidos sobre el 
campo. Xik)tz¡n, el menor de los hyos de Topiltzin, cogido por los 
vencedores perdió la vida; Pocliotl quedó salvado por el ama que le 
cargaba, la cual supo adelantarse al peligro y ocultarse. Los vence- 
dores pasaron á cuchillo gran copia de ancianos, mujeres y niños 
saquearon templos y ciudades, dando la vuelta á sus tierras carga- 
dos con un cuantioso botin. Así terminó el imperio tolteca el I tec- 
pactl 1116, tras ima duración de 449 años. Idos, los merodeadores^ 
Topiltzin salió de la gruta de Xicco, ofreció volver al cjibo de algu- 
nos ciclos para castigar á los descendientes de sus enemigos, toman- 
do el camino de Tlapallan, adonde vivió todavía treinta años. (2) 

(1) Iitlilxochitl, sumaria relación, fija la fecha de e>stft sangrienta rota el ce tec- 
patl 1116, dia ce oUin, último del mes Totozotzíntli; que á su cuenta corresponde al 
28 do AbrU. 

(2) Hemos so guido como texto principal á Ixtlihochitl en su sumnna rclacior. Te 
nemos las obras do este escritor como las más autiínticas respecto de los tolteca y 
aculbua. Escribití con presencia de pinturas y relaciones antiguas, consulto á los an 
•lanos de su nación, é hizo certificar por medio de escribano pedido al virey, á 18 de- 
de Noviembre 1G08, las atestaciones que le dieron las autoridades indias de rarias 
poblaciones. Hemos dicho que las contradicciones que en su cronolop^ía se notan, 
dimanan de no haber sabido formar tablas exactas de correspondencia; pi-ocedienda 
de lo conocido á lo desconocido, de lo próximo á lo más remoto, tomamos la serie 
de los años mexicanos, la pusimos en relación con los años comunes, y la ajustamos 
con la Historia Chichimeca, que es la obra capital de Ixtlilxocliitl. D. "M^irlano Vey- 
tia copia al escntor texcocano; por un procedimiento tal vez semojnnio al nuestro, 
logró corregir la cronología do Ixtlilxochitl, dando a los años la verdadera coiTospon- 
dencia. Sin embargo, entre su cómputo y el nuestro se nota una diferencia constan- 
te de un ciclo de 52 afios, en que Veytia se desvió del original al tratarse dt4 reinado 
de Topiltzin. Torqnemada, lib. í, cap. XtV, parece haber tenido á la vista alguna 
noticia muy conforme con la de Ixtlilxochitl, no obstante lo cual da un rey mc'nos ¿ 
la d'uisstí^ tolteca, haciendo la misma persona de Tecpancaltzin y de Topiltzin: nay 
fija croaología. Clavigero, tom. 1, pag. 79, sigue á Torquemada; hace durar la mo- 
narquía de 667 á 1031, saprimiendo á Tecpancaltzin en el catálogo de los reye& 



69 

El reino tolteca "corría casi mil leguas de largo y ochocientas de 
^'ancho, que hasta los muy altos montes estaban cuajados de casas 
"y sementeras, que no hnbía palmo de tierra que hubiese baldía." 
Según la misma autoridad, en la última guerra murieron de l(»s tol- 
teca 3.20(>,000 personas, perdiendo los invasores 2.400,000. Pidien* 
do anticipado perdón por el atrevimiento, ambas aseveraciones nos 
parecen falsas. Las tribus de lengua nahoa ocupaban ya un terreno 
inmenso, mas no todas ellas obedecían á los tolteca: juzgando por 
los datos suministrados por la Crónica, el dominio eficaz de los re- 
yes de Tollan apenas se extepdía fuera del Valle de México, De la 
población sólo se puede asegurar que era mucha; las cifras estadís- 
ticas de las pérdidas en los ejércitos beligerantes, debemos admitir- 
las como ponderación del poder de quienes se combatían. 

Aunque el país se pinta como desolado y yermo, asegurándose 
que, fuera del golpe de gente precipitado hacia el Sur, sólo queda- 
ron en la tierra 1612 personas, honjbres, mujeres y niños, entre los 
cuales se contaban poco más de veinte nobles, lo mejor averiguado 
parece que la mayor mina cayó sobre Tollan y pocas poblaciones 
más, mientras el resto salvó á costa de no grandes sacrificios. Cons- 
ta que los dos grandes santuarios de Teotihuacan y de Cholollan cas^ 
quedaron ilesos. Quedó en Tlaxcalla el señor Mltitl, su esposa Co' 
huaxochitl y sus dos hijos Pixahua y Aczopalque, quienes se exten- 
dieron hasta duechollan. Nacaxoc quedó en Totoltepec con su hijo 
Xiuhpopoca; Cohuatl en^Tepexoraaco; Citzin en Chapultepec, y así 
de otros lugares. (IJ 

El reino de Cuauhtitlan '"no parece haber sufrido grave quebrau" 
to. Sepjun la crónica, antes de dispersarse los fugitivos se reunieron 
en Culhiíacan, quedando ahí avecinduílos Xiuhtemoc, su esposa 
Oceloxochitl y su hijo Nauhyotl; Cuauhtlix, su mujer Ilmixoch y su 
hijo Acxocuauh. "Estos dos eran los múa principales y de la casa y 
•'linaje del gran Topiltzin, y después de Nauhyotl y susdescendien- 
"tes fueron reyes de los culhua, que así se llamaron los tolteca dos- 
"pues, por su cabecera Culhuacan." Nosotros seguimos en esta mate- 
ria las tradiciones conservadas por los cronistas particulares de la 
tribu. (2) 

[1] Ixtlilxochitl, samariarelac. MS. 

[2], V. lo relativo á Culhuacan el cap. I, anterior. 



CAPITULO IV. 



EMIGRACIÓN DE LOS MÉXI. 

Pinturas d^ la emigración. — La una es continuación de la otra, — Ditcudon, — AxUmk 
— Teoculh lacan.^Teofania.— Reunión y despedida de las odio tribus.— Marcha. — 
Bacrificios humanos.— El fuego nuevo y la fiesta cíclica.— Apólogo. — La MaMnal* 
ceoch. — Tollan. — Tzonpanco. — Coatitla y la invención del octli. — Popotla. — AtXor 
cmhuayan é invención del atlatl.—Mansian en Chapultepec. — Guerra.— Vida irU* 
te en Acocoli'^. — Servidumbre en Cuüiuacan. — Guerra contra Xochimilco. — aSoctí- 
ficio en Contitlan. — Los méxi expulsados de Culhuacan. — Estancia en Tizaapan, — 
La mujer ds la discordia. — Apoteosis de la Toci. — Los m4xi arrojados de Tizaapan 
y metidos al lago. 



APARECE la luz. Vamos á entrar en el período verdaderamente 
histórico; pinturas, relaciones, historias de propios y extraños 
afcundan en diversas lenguas, quedando la dificultad no tanto en 
reunir l«>s materiales, cuanto en entenderlos y cordinarlos. Respecto 
de los méxi, las dos pinturas de la emigración, las láminas del Co- 
dex Mendocino, forman una notación completa de los sucesos de la 
tribu, en una serie cronológica de más de ocho siglos. 

Los méxi forman parte de la familia nahoa; su emigración es con- 
temporánea con la de varias sub-tribus ya avecindadas en Anáhuac, 
coincide casi con U de los culhua, es poco posterior á la de los tol- 
teca: tócale, pues, en este lugar comenzar á dar razón de sí. A ejem- 
plo de los antiguos debemos tomarlos en su origen, marcar el itine- 
' rario recorrido, traerlos á fundar á México, narrar las conquistas y 
hazañas de sus reyes. En materia del viaje vamos á separarnos por 



61 

completo de nuestros maestros; para motivar nuestro procedimiento 
habremos de entrar en enfadosas digresiones; perdónelas el lector 
en gracia de nuestro empeño en buscar la verdad. Resumiremos las 
razones, sacaremos las consecuencias; sometemos el fallo al criterio 
de la comunidad entendida. 

Las pinturas que nos van á guiar son auténticas. (1) Las autori- 

[1] PníTüEA PBiMEBA. — I. *'Un Mopa do papel Indiano con pliegues á modo de 
"una pieza de paño y se extiende como una faxa, diremos que repreKenta como 23 
''páginas. Pinta la salida de los Meiicanos de la Isla de Aztlan, y su Ueiíada al con- 
'tinente de la Nueva £spafta, con las mansiones que hicieron en cada lugar, y los 
''años de ellas, signiñcados en sus caracteres; y por fin Las guerras que siguieron en 
'•gervicio de Cocoxtli, Rey de Oulhuacan." [Catálogo du Boturini, §. VII, nüm. 1]. 
La pintura es auténtica; según sus caracteres aparentes, escrita en tiempo anterior 
á la conquista, en papel de maguey un tanto trigueño, bien batido y terso; tiene la 
forma de una faja de 5 metros, 443 de largo y O metros, lOr» do ancho. Se ignora de 
dónde la hubo Boturini; mas cuando el gobierno colonial le rcoojñii sus pr.peL.s, que- 
dó depositado en la secretaría del vireinato. Mr. Baulocb, por vía de })re'st^inio, Ik-vó 
esta pintura con otros MSS. á Londres, con intento de copiarlos. Pas.ido ?i)gun tiem* 
po fueron pedidos por nuestro enviado en Inglaterra; y devueltos, el origiunl existo 
en el Museo Nacional. f 

IL Mr. Boulloch hizo sacar copia litográfica del tamaño do la pintura, sin indica- 
«ion de ningún género, fuera de algunas palabras mexicanas en el final, por cierto 
bien estropeadas: presenta descuidos de copia. 

m. "Fac-KÍmile of an original Mexican Hieroglyphic Painting, from tbc CoUec- 
"tíon of Boturini: 23 pages." [Colección de Lord Kingsboiough, tom. I: copia de 
las dimensiones del original]. 

IV. **Explicacion de las láminas peVtenecientes á la Historia Antigua do Me'xico y 
"á la de fu conquista, que se hnn agregado á la trr.dnocion mcxicawa do la tío Vv^. II. 
"Presoott, publicada por Ignacio OumplidD. México, ISIG." — Ci pía litogrí.ñca. pe- 
queña escala, en cuatro fracciones, bajo el título, "Vinje de los aztecas desde Aztlnu:*' 
la acompaña una interpretación de D. Isidro Rafael Gondra, diminuta, y un tanto 
fuera de verdad. 

V. **H¡storical and statistical Information, respectinghistory, condition andpros- 
'•pects of tbe Indlan Tribes of de U. S."— Preciosa colección do documentos, en 
la cual se encuentra copia del MS. mexicano, seguida de comentarios no muy 
satisfactorios. 

VL "Cuadro histórioo-geroglíftco de la peregrinación de las tribus aztecas que po- 
"blaron el Valle de México. Acompañado de algunas explicaciones para su inteligen- 
"cia, por D. José Fernando Bamirez, conservador del Museo Nacional" [Niím. 2]. — 
En el Atlas geográfico, estadístico é histórico de Antonio García y Cubas. México, 
1856. Litografía en menor escala del original; texto explicativo el mejor, más exacto 
j oamplido de todos los anteriores. 

Segunda pintüba. — I. "Se conserva en el Museo Nacional, dice el Sr. D. José 
«demando Ramírez, y tal cual hoy existe, tiene O metros, 775 de longitud por O me- 
'^kos, 545 de latitud, presentando rastros do cercenacion en sus márgenes, probable- 



62 

dades que nos favorecen son éstas. — *'En este mismo año que mu- 
rrio Tlotzin, entraron los mexicanos en la parte y lugar donde está 
"ahora la ciudad do .México, que era en términos y tierra de Aculhua, 
'^señor de Azcaputzalco, después de haber peregrinado muchos años 
'*en diversas tierras y provincias, habiendo estado en la de Aztlan, 
"desde'donde se volvieron, que es en lo último de Xalixco. Loscüa- 



(4 



íi 



"mente al enlenzarlo, bien que sin daño de sus figuras. Está escrito en papel de ma- 
guey do la claso uiás fina; circunstancia que unida al descuido y desprecio con que 
antiguamento se voían esa clase de objetos, produjo el lastimoso estado de deteiio-" 
"ración en que so eucueutrn. Partido por los cuatro dobleces en que se le conservaba, 
"perdió además dos ó tres figuras, de que sólo quedan algunos rasgos: han comple- 
"tádose con el auxilio de una antigua y fiel copia que yo poseo, de las mismas di- 
í'mendiones que el original.'' — Este documento, ó su copia, tuvo á la vista Fr. Joan 
de Torquemuda para componer su Monarquía Indiana. El del Museo perteneció al 
distinguido historiador D. Fernando de Alva Ixtlilxochitl, de quien paso á poder del 
célebre D. Carlos de bigiienza y Gúugora: corriendo el tiempo le encontramos en mar 
nos de D. Antonio do I'Con y Gama, de quien la obtuvo el P. Pichardo, del Oratorio 
de San Felipe Ncri. En la testamentaria de tste último la compró el Dr. D. José Vi- 
cente Sáuclitíz, quiüu la donó al Museo. 

II. Giro del mondo del dottor D. Gio. Francisco Gemelli Careri. Napoli, nella 
Btamperia di Giuseppe Kosolli, 10D9-I701. Tom. 8 ? . — Hay segunda edición de 1728. 
La parte relativa á México se encuentra en elvol. 6?, — **Contenente le cose piíi 
rag^uardevoio veduite noUa Nuova Spngna," y entre las estampas se nota el viaje de 
los mexicanos ó copia do lii pintura que nos ocupa, publicada por primera v^z, y co- 
municada al viaj- TO italiano por Si-^ii.^nza. — Ha sido puesta en duda la autenticidad de 
la obra do Gw-melli, y por consecubucia la de la pintura cpie contiene. Humboldfc se 
hace cargo de la cuestión plímt^ái^dola en esta fornm. — "El dibujo gerogUfico de la 
'lám. XXXII ha sido tan desdeñado hasta hoy, por encontrarse en un libro que, por 
*un escepticismo extraordinario, se considera cerno un acopio de imposturas y fal- 
'sedades. **No me he atrevi<io á hablar de GemcUi Careri, dice el ilustre autor de la 
'Historia de America, porque parece ser una oi)inion recibida que este viajero nun- 
'ca dejó la Italia, y su Vuelta al Mundo es la relación de un viaje ficticio." Verdad 
'es que, al enunciar esta opinión, Ilobprtson no parece participar de ella» porque 
'añade juiciosamente, que los motivos de aquella imputación de fraude no le pare- 
'cen muy evidentes. No decidiré si Gemelli estuvo en China y en Persia; pero h*- 
'biendo atravesado una gran parte del camino que el viajero italiano hizo en Mto- 
*co, puedo afirmar que es tan cierto que Gemelli estuvo en Me'xico, en Acapnlco, 

• 

'en la pequeña población do Mazatlan y de San Agustín de las Cuevas, como eseTi- 
'dente que Pallas estuvo en Crimea, y Mr. Salt en Abisinia. Las descripciones de 
'Gemelli tienen aquel tinte local que forman el encanto de la narración de los viajd- 
'ros, aun cuando este'n escritas por hombres indoctos, tinte que no pueden darle 
'quienes no vieron las cosas con sus propios ojos. El respetable eclesiástico abate 
'Olavigero, quien recorrió México un medio siglo antes que yo, levantó ya la voz par» 
'defender al autor del Oi'ro dd Mondo t observando muy justamente, que sin salir de 
.''Italia no hubiera podido hablar con tanta exactitud de las personas en aquel <f^ 



63 



*4e8 según parece por las pintaras y caracteres de la historia anti- 
'^gua, eran del linaje de Iqs tolteoas y de la familia de Huetzitin, un 
^'caballero que escapó con su genta y familia cuando la destrucción 
"de los tultecas, en el puerto de Chapultepec, que después sederro- 
"tó, y fué con ella por las tierras del reino de Míchhuacan hasta la 



"tiempo vivíaxi, da los conyentos de México y de las iglesias de muchos pueblos cu- 
"y os nombres eran ignorados en Europa. No resalta la misma veracidad, é insisto en 
"este punto, en las nociones que el autor pretende haber tomado de sus amigos. La 
"obra de Gemelli Careri, bajo el aspecto de pertenecer á un viajero célebre, tratado 
"en mu estros tiempos con gran severidad, parece contener una mezcla inextricable 
"de errores y de hechos exactamente observados." 

III. Clavigero, Hist. ant., tom. 1, pág. 422, copió parte de la lámina con una ex- 
plicación en que, siguiendo las doctrinas de Sigüenza, pretende demostrar que es la 
representacio]^ del diluvio y de la confusión de las lenguas. La copia no sólo esta 
reformada en el sentido de mejor dibujo, sino que, comparada con el original, es 
absurda en los pormenores y fuera de toda verdad. Glavigero vio el ori^dnal, y ase- 
gura que hasta 1750 existía con los papeles de Sigüenza en el Colegio de los jesuítas 
de México. 

IV. "Planche XXXII. Histoire hiéroglyphique des Aztéques, depuis le déluge 
jusqu*a la fondation de la ville de México." — En la obra, intitulada Vues des Cor- 
dilléres, et Monuments des peuples indígenos derAmérique; par Al. de Humboldt. — 
La acompaña una descripción, tom. II, pág. 168 y sigs. La copia se hizo de la es- 
tampa de Gemelli. 

V. Da la misma fuente la tomó el Lord Eingsborough, incluyéndola en el vol. VI 
de su magníñca colección. 

VI. En la obra del Chev. de Paravey, intitulada: — Docfimens hiéroglyphiques 
emportés d'Asirie, et conserves en China et en Amérique sur le déluge de Noe, les 
dix generations avant le déluge, Texistence d'un premier homme, et celle du pe- 
ché originel Paria, Treuttel et Wurtz, 1838, 4 ? 66 pág. y dos lám. se encuentra 
una copia de nuestra pintura, tomada de Gemelli, con la leyenda: "Copie d'une 
ancienne pinture mexicaine concernnat le souvenir du déluge et quelques autres fai- 
tes bibliques et indiquant la route tenue par les Aztéques pour venir s'établir á 
México." 

VII. El diluvio y la división de los idiomas según los Aztecas, hasta su llegada á 
Chapultepec— En el Apéndice á la" Hist. de la Conquista de W. H. Prescott, edio. 
de Cumplido, México, 184f5, seguida de una — "Explicación de la lámina, tomada de 
"la que dio Sigüenza y la del Barón de Humboldt en su vista de las Cordilleras.** En 
efecto, es compendio de Humboldt. 

VIII. "Cuadro histórico- gerogh'fíco de la peregrinación de las tribus aztecas que 
poblaron el Valle de México. (Niírn. 1.") Acompañado de algunas explicaciones para 
su inteligencia, por D. José Femando Ramírez, Conservador del Museo Nacional." 
Atlas geográfico de Antonio García y Cubas, México, 1856. Copia directamente to- 
mada del original, la más completa y auténtica de las copias hasta ahora publicadas: 
la descripción y descif ración verdaderamente notables, las más científicas y verda- 
deras hasta ahora. 



64 

"provincia de Aztlan como está referido; el cual estando allí murió 
"y entró en su lugar Ocelopan, segundo de este nombre, el cual acor- 
^^dáiidose de la tierra de sus pasados^ acordó de venir á ella, 
"trayendo consigo á todos los de su nación, que ya so llamaban 
^^Tnexitin. (I)" 

''Después de esto, á los mexicanos que quedaban á la postre, les 
**habló su dios diciendo: que tampoco habían de permanecer en aquel 
"valle, sino que habían de ir más adelante para descubrir más tie- 
"rras, y fuéronse hacia el Poniente, y cada una familia de éstas ya 
"dichas, antes que se partiesen, hizo sus sacrificios en aquellas siete 
"cuievas (Chicomoztoc): por lo cual todas las naciones de esta tierra 
"gloriándose suelen decir que fueron criadas en las dichas cuevasj 
"y que de allí salieron sus antepasados, lo cual es falso, porque no 
'*salitron de fillí, sino que iban á hacer sus sacrificios cuando esta- 
"ban en el valle ya dicho. Y así venidos todos á estas partes^ y to- 
''mada la posesión de las tierras, y puestas las mohoneras entre ca- 
"da familia, los dichos mexicanos prosiguieron su viaje hacia el Po- 
"niente, y según lo cuentan los viejos, lleg-aroii á una proviacia 
^^qxie se dice Cnlhuncan México^ y de allí tornaron á volver; qué 
"tanto tiempo duró su ])eregri nación viniendo de Culhuacan, no hay 
"memoria de ello. Antes que se partiesen de Culhuacan dicen, que 
"su dios IcH habló diciendo: que volviesen allí donde habían parti- 
"do, y que les guiaría mostrándolos el camino por donde habían de 
"ir; y así volvieron hacia esta tierra que ahora se dice México, 
"sien<lo guiados por su dios: y los sitios donde se aposentaron á la 
"vuelta los mexicano^, todos están señalados y nombrados en las 
^^pinturas anti^uas^ qnc son los anales de los mexicanos; y vim'en- 
"do de peregrinar por largos tiempos, fueron los postreros que Uega- 
"ron aquí á México, y viniendo por su camino, en muchas partes no 
"los querían recibir, ni aún los conocían, antes les preguntaban quié* 
"nes eran y de dónde venían, y los echaban de sus pueblos." (2) 

De estas autoridades, las más caracterizadas en nuestra historia 
antigua, inferimos que los mexi, salidos de Aztlan en cierta época 
llegaron á Colhuacan de México, viviendo aquí algún tiempo, toma- 
ron á volverse en dirección del punto de partida, para retomar defi- 

[1] Ixtlilxochitl, Hist. Clüchimeca, cap. X. MS. 
. [2] P. Saliagun, Hist. gral., tom. in, pág. 145. 



65 

nitivamente á ñindar á México: son dos viajes y do udo solo. Esto 
precisamente relatan las dos pintnras. Comienza la una en Asthn 
para terminar en Cnlhnacan de México: Bqrxí tiene principio la se- 
gunda, 7 después de varios rodeos finaliza en la fundación de Méxi- 
co: ambas componen la peregrinación entera. Pruébalo, ademas, que 
los acontecimientos relatados en ambas pinturas están mezclados en 
loe autores como pertenecientes á la emigración azteca, aunque sólo 
hayan tenido á la vista una sola; es decir, que la tradición se refiere 
á las dos estampas como formando un solo y mismo cuerpo. Do 
aquí ha dimanado que los autores no estén contestes en los puntos 
del itinerario, ni en la cronología, ni en los acontecimientos; porque 
han mezclado en una sola acontecimientos, lugares y tiempos de dos 
épocas distintas. En suma, nadie ha seguido al pié de la letra la 
versión del relato geroglífico, originándose confusiones, diferencias 
imposibles de ajustar, lamentables anacronismos. Seguir fielmente 
los documentos auténticos es restituir la narración á su prístina pü^ 
reza, volver á la verdad, sustituida hasta ahora por particulares 
opiniones. 

En trabajo anterior á éste aventuramos la opinión, y no pareció 
acertada á persona competente á quien la consultamos: hemos estu- 
diado después, meditado y consultado, atreviéndonos ahora á soste- 
nerla. No puede admitirse que sean dos itinerarios de dos fracciones 
diferentes de los mexi, porque las relaciones históricas no lo autori- 
zan. Tampoco son argumento las pinturas del género de la do Au- 
bin, (1) por pertenecer á tiempos posteriores á la conquisti^, época en 
que esta clase de documentos no pueden alcanzar la misma fe que los 
escritos por los ttactUllo del imperio: ademas, es un escrito híbrido, 
en que copiada la pintura primera con algunas variantes, está com- 

(1) I. **Otra Mitoria de la nación Mexicana, parte en llagaras y Ctamciérei, y par- 
**te en prosa de lengua IfahuaUf escrita por nn Autor Anónimo el afto de 1576; y 
^'seguida en el mismo modo por otros autores Indios hasta el aAo de 1608. Lleva al 
"principio pintadas cuatro TXadeeateridae del kalendario Indiano, y al fin uHas Fi- 
^«goxas de los Beyes Mexicanos, y otros Gobernadores ohristianos, con las cifras de 
"los afios, que gOYomaton.*' [Catálogo de Boturinl, § VIH, ntim. 14,)~£1 documen* 
to que» como se adtlerte, perteneció al Museo de Boturini, existe en poder de l£r 
Aubin, quien lo hizo litografiar en facsímile, Paris, 1851,— En la Colección Bamíl 
Tez se encuentra la traducción al castellano del texto nahoa de este documenta, hecha 
por el Uo. D. Faustino Galicia Chimalpopoca: tenemos copia en nuestros manus- 
critos. 

TOM. TU. — 9 



<¡ ' 



66 

pletada con el ñoal do la segunda. No obsta, para ()[ue formea el 
mismo cuerpo, que la estampa inicial esté escrita ea un sistema, 
siguiendo una notación cronológica perfecta, mientras la pintura 
final sigue la forma de la escritura compendiada; esto sólo prueba 
que corresponden é. diversas tuanos, que ambas relaciones fueron 
escritas en tiempos antiguos por el sistema primitivo de historiar, 
repetidas en el Bistema modernO) no habiendo llegado ú, nuestro po- 
der más de una hoja de cada una. Damos punto á la discusión, no 
sin advertir al lector que los lugares geográficos y las relaciones de 
los autores irán dándonos la razón. 

A fin de no apartarnos de la tradición, seguiremos punto por punto 
las pinturas, descifrándolas con presencia de lo escrito por el Sr. 
Ramírez y los demás intérpretes, aumentando lo que dicen las rela- 
ciones escritas. El lugar inicial de la peregrinación se llamaba Az- 
tlan. En la pintura Aubin se presenta el geroglífico de Aztlan (véase 
Qtjt^ la lám. 15, núm. 3), y en el lugar correspondiente dimos la expUca- 

f. ''. S ^^ cion. Ck}n este mismo sitio comienza la estampa, si bien sólo presen- 
ta una isla en un vaso cerrado de agua, sin presentar el nombre de 
Aztlan. (1) 



[1] Kespeoto de la situación de Aztlan, oigamos algunas da las varias opiniones: 
Botorini (§ XYII) hace á tolteca y médca originarios de Asia, trayéndolos por la 
Baja California en donde estaba Aztlan, para pasar á Culhuacan, "que quiere dedr 
*'Pueblo da la Culebra, que es el primero del continente, y está situado enfrente de 
'•dicha California.'*— '*La situación de este país, dice Veytia (Hist. antig., tom. 2 
''{>ág. 91), la asignan en la parte más septentrional de esta Ame'rica, más adelante de 
' *la provincia de Sonora y Sinaloa."-*-ClaTÍgero (tom. I, pág. 104) le supone al Norte 
del Golfo de California^ adoptando la distancia asigxiadapor Betanoourt [Teatro Me. 
xioano] de 2700 millas al Norte de Mííxico.— Ixtlilxoohitl [Hist. Chichim. cap. 10] 
afirma ser *'en lo lütimo de Xalixco."— Tezozomoo [Cr<5n. Mex. cap. 1]: •'y al tiem- 
"po que llegaron á esta ciudad habían andado y caminado muchas tierras, montes» 
* lagunas y ríos. Primeramente de las más de las tierras y montes que hoy habitan 
"los chichimecas, que es. por Santa Barbóla [sic], minas de San Andrés, Chalchi- 
"huites, Guadalaxara, Xuchipila hasta Mechoocan, y otras muchas provincias ypue- 
«blos."— Mendieta [Hist. ecles. pág. 144] es de opinión que fvinieron los emigran- 
tes "de muy lejos tierras de hacia la parte de Zalisco," y que proceden de' Chicomoz- 
toc— Humboldt [Yues des Cordilléres, tom. 2, pág. 179] aseguja que Aztlan del>e 
buscarse lo menos hacia el 42* de lat.— Gallatin, citado por Buschmann, le coloca 
cerca de Miohoacan. — M. Lapham [The antiquities of Wisconsin, pág. 83] describe 
las ruinas de Aztalan [sic] en los E. ü.— Brasseur de Bourbourg [tom. 2, pág. 2923. 
le pone al N. O. de California, citando la opinión de Aubin, quien coloca á Aztlan 
en la península de Calif omia. 



67 

En la pintura original ae distinguen lago (b) é isla (a): en ésta 
los determinativos de población calli y en medlo 6l teocalH corona- 
do por el símbolo de la divinidad ahí adorada. Los elementos fóni- 
oos son ail j acatly de Tos cuales sacamos A-nacatl. Al pié del templo 
están dos figuras eii reposo; un Hombre (d) qUe nó tiene nombre; una 
mujer (e) apellidada Chimalma, de la radical ckimalli^ escudo: se- 
gún adelante se verá, son los jefes de aquel lugar, mas no marido J 
mujer, sino sacerdote y sacerdotisa encargados del culto. Atraviesan 
el agua intermedia entre la isla y la tierra firme por medio de bar- 
cae dirigidas por remos (c), cosa indispensable en un pueblo que 
vive rodeado del elemento líquido. Este es Aztlan, á nuestra cuen* 
ta la isía de Ifexcalla en el mar Cliapálico, 

Recordando cuanto tenemos dicho acerca de escrituí^ geroglífica, 



Se desprende de estas opiniones que Aztlan debe existir al Norte de Mtíxioo, en 
«I país intermedio entre Michoaoan y Xalisco hasta California. Como la pintura ofre- 
ce delante de Aztlan la dudad de Cnlbuaeandmásbien HueiouHitiaean <$ TeoooUifia- 
€ma, nació de aquí la hipótesis de estar situado Aztlan en la Baja California, delante 
de Culiacan en Sinaloa, estando entrambos divididos por el mar de Ck>rté8. Plausible 
aparecería el supuesto, á ser exacto lo que dice Torquemada (lib, II, cap. I), que la 
pintura expresa estrecho^ y brazos de mar. Nuestra estampa, Id^tioamente la mis- 
ma consultada por el sabio franciscano, representa un depósito cerrado de agua, im 
lAgo con una isla, sin que pueda tomarse por un mar ó un estrecho de cuantía el es- 
pacio que lo separa de la tierra firme. 

Siguiendo otras indlcacioubes, encontramos estas frases en Acosta [Hist. nat* y 
moral, tom. 2, pág. 150]: "Vinieron estos segundos pobladores ííaTatiacas de otra 
«Hierra remota hacia el Norte, donde ahora se ha descubierto un Beyno que Uaman 
4'el Nuevo México. Hay en aqueUa tierra dos provincias: la una Haman Aztlan, <i«e 
'"quiere decir lugar de Garzas: la otra llamada Teuculhuacan, que quiere deóír tie* 
''rra do los que tienen abuelos divinos. "^Buran [{om. 1, pág. 8], después dehaoer 
lelacion á las siete cuevas 6 Chicomoztoc, escribe: ^OSstas cueras son en Teoculuaocm, 
''que por otro nombre se llama Aztlan, tierra de que todos tenemos noticia caer ha- 
<'cia la parte del Norte y tierra firme con la Florida.**— Casi en los mismos térmlnoe 
se expresa el Codex Bamírez. MS.— Conforme á las Indioaeionecr enoontradae por 
Bancroft [The native races, vol. V, pág. 823], cada afío átraresaban loa azteea e| 
gran rio 6 canal que separaba Aztlan de Teoculhuacan, para ir á hacer bus saerifl- 
do6 en este segundo lugar. —En los MSS. franciscanos se halla que, "estando po- 
stilados los mexicanos en un pueblo que se dice euda y es al occidente de esta nnera 
''eepafia volviendo algo hacia el noíte y teniendo este pueblo mucha gente y en me- 
'Mío d^ un cerro del cual sale una fuente que hace un rio segunt y como sale el de 
"chapultepec en esta cibdad de mexico y de la otra parte del rio está otro pueblo 
**muy grande que se dice culuacan.*' Esto en el cap. 9 P , y en el 10 P aumenta: 'Ta 
''eetá dicho como de la parte del rio hacia oriente pintan que está la eibdad de 
*'«oloacan." 



I 



68 

los azteca dejaron la isla el año 1 tecpatl 648 ^d), poniéndose en 
marcha (según lo dice el xocpalli ó huella del pié desnudo) hacia 
Colhuacan (e). El cerro con la cumbre torcida es el signo ideográ- 
fico de la población; mas como el símbolo está escrito en mayor 
magnitud, se saca que se refiere 4 Hueicolhuacan ó Teooulhuacan^ 
patria de los culhua, y punto inicial de su peregrinación. Asi los 
emigrantes salidos de Chapalla pasaron por tierras del actual Esta* 
do de Xalixco, y precisados por el curso del rio Tololotlan, se detu- 
vieron en Culiacan, del Estado de Guanajuato. En una oquedad 6 
gruta {oztotlo) del cerro, sobre un altar de yerbas, colocaron á su 
divinidad Huitzilopochtli (m); conócesele en la cabeza y pico del hui- 
'tzitzilin^ ave simbólica del dios. La tribu abandoné 4 Aztlan por 
expreso mandato del numen, bajo la promesa de darle lugar seme* 
jante al que tenía (una isla en un lagj), para fundar una ciudad po- 
derosa, reina y señora de toda la tierra. 
Colocado el dios en la gruta de Teoculhuacan, habló repetidas 

De estas indioaeiones muy más precisas que las anteriores; sacadas de las pinturas 
antiguas, y conformes con la que examinamos, se infiere que Aztlan estaba situada en 
la isla de un lago, existiendo al Oriente y más allá de la orilla la ciudad de Teoculhaa. 
can. Atendida la topografía de los lugares, teniendo en cuenta los sitios nombrados 
en el itinerario y otras muchas congruenciasi nos atrevemos á creer que el Aztlan tan 
buscado existía en la isla de Mexoalla del lago de Chapalla. El lago de Chapalla 6 mar 
Chapálioo mide, según Galeotti, 27 leguas de E. á O., y de 3 á 7 doN. á S.: contiene 
el yaso tres islas; la de MexcaJla. separada de otra isla pequeña por un corto estreoho; 
Ift de Chapalla frente al pueblo del mismo nombre, 3 leguas al O. de la primera. 
ChapaUo, nombre de la lengua nahoa, se deriva del verbo chapani, mojarse mucho 
ó haber en el suelo mucho lodo, con el ábuudancial Üa: cuádrale la etimología, por- 
que dorante '^s meses de Abril y Mayo bajan las aguas cinco pies tres pulgadas, y 
"por esta razón se reduce á pantano una gran parte de sus orillas, y la oiánega de 
"Cnmumato Uega á secarse enteramente, en términos de quedar algimos cortos oa- 
* «nalea ^ qne sólo pueden^vegar canoas. " Mexcalla viene de mexi, de calU, ca.*», y el 
abundancial Üa, formando Mex-cal-la, donde abundan las casas.de los mexí, donde 
están las casas de los azteca. Debe saberse que en las excavaciones practicadas en 
aquella localidad se encuentran fragmentos de. vasos, utensilios é ídolos de barro del 
tipo azteca. Al Oriente del lago, en tierras del .Estado de Guanajuato, cerca de la 
orilla derecha del rio licrma ó Tololotlan que en el mar Chapálico se precipita, se 
encuentra el cerro 4e Culiacan, en la demarcación de la hacienda del mismo nombre. 
No se puede pedir más para dar gran verosimilitud á la hipótesis, en convertirla oaai 
en evidencia, que las circunstancias topográficas, los nombres geográficos, los vesti- 
gios dejados por los antiguos moradores. Si se objeta que la isla no conserva el 
nombre de Aztlan, podemos contestar que abandonada por los azteca^ trocaron estos 
su nombre por el de méTíi ó mexitint de donde dimanó en el recuerdo de los pueblos 
qne desapareciera la primera denominación, colocándose en su lugar la de Mexcalla. 



69 

treces, cu^l lo indican laa vlrgalus (o) símbolo de la palabra. Veri- 
fioóse Olía teofanla: Hoitzibpocbtli pidió se le erigp^era tabernáouIOf 
se constituyera ua sacej^docip, y nolAbró personas nne en hombros le. 
llevaran durante la per^rinaciom era la prganizacion de las mar* 
chas. D^ aquí í^ dj9^>repde que la tribu estaba regida por la leo- 
ctacia; el jefe, que aparece llevaír el apellido de la divinidad Acatl, 
DO manda en su nombre, sino en el del niim,ei;i;, riBcibe 1^ órdenes 
directameníe del dios para comuntcarlaa ala multitud: de esta m^r 
aera- los mandatos^ no fidmiten réplica ni discusiop, quedánda suj|e- 
to6 loa trasgrespjtes i pena? tan severas comq i^^emisibles^ Fábula 
es que el Ídolo hablara; Aacatl fio^a las pUticas opn el dios y la tri« 
bu le creíflc en los mismos coloquios han estado los sacerdotes con 
los ídolos de todos los pueb^i asi recibió Mahoma el Koram de ma- 
nos del arcáqgel é hizo su, viaje al e^elo» 

En Teoculhnacan encontraron los azteca pen otras ocho familias 
emigrantes; matlatzinca (f); tépaneca (^); chie^ipiepa (h); pdalinalca 
(i); chololteca (j); xochimilca (k); chalca (1); y huexotzinca (m); (1) 
Motivos poderosos debían determinar aquel movimiento simultáneo; 
la causa debia existir hacia el Norte', supuesto que las tribus se di- 
rigían al §ur, y urgía igualmente no sólo sobre las diversas ramas 
de lá familia nahoa, sino tainbien sobre pueblos de erigen etnográ- 
fico diverso como matlatzinca. y chichime^a. Encontrar unidos al 
mismo propósito gentes de lenguas extr^&aiS y oostumbres diferen- 
tes, indica ya relaciones en el país de procedencia, ya haberles liga- 
do un propio interés delante de un peligro común. Las ocho tribus 
encontradas por los aztepa dijeron á éstos: ^^Sefiores y caballeros 
nuestros, ¿á dónde as dirigís? Nosotros estamos dispuestos á acom- 
paiñarDs/' Los azteca contestaron: '^¿ A dónele os pode.mos llevar?^' 
— Los ocho barrios dijeron: ''Nada importa, oi3 acompaf^arémos, iréis 
con nosotros.''-*'- Yamos^ pues, dijeron entonces los azf ecaJ' (2) 

Hecho el convenio, se pusieron en camino procesionaímente se- 
gún las prescripciones del dios. Rompía la marcha y guiaba la co- 
lumna Tezcacoatl (Núm. 1. d. Tezcacoatl, culebra lisa ó reluciente 
ODmo espejo,) oArjgaiiMlo á laespalda en un quimüli y cesta de jun- 
cos á Hoitañlopocfatli; s^^íale rCofifaooatl (c. euaiih-coail, culebra 

m lfÉ0lM> TaKíaa 1m mcBáivtm en él ao^bte 4e eitaa triUiUf toda dMoaakm s» 
iBtftU ante la autoridad de la pintura. 

[3] Texto mezioano de la pintnra AubiiHj MS. 



4i 



70 

águila) y Apanecatl (b. A-pan-ecatl, de atl, del verbo patio^ pasair 
el rio andando, nadando, etc., expre8a:do por ól puente de juncos 6 
cañas: persona que pasa el agua), llevando en la forma del primero 
los patamefútos y objetos necesarios al culto: iba detras ChimAlma 
(a), la misma mujer que en Aztlan vimos, cargada también de los 
utensilios sagrados, dando & entender que las hembras estaban aso. 
ciadas al níinisterio sacerdotal: los cuatro privilegiados arrastrabau 
tras sí al pueblo maravillado. Llamábase el tabernáculo teoicpaUi> 
silla de diosr, los sacerdotes eran tlamacazqiie^ siervos 6 servidores 
de dios; el acto de conducir al ídolo, teomama^ cargar 6 llevar eo 
hombros á dios. Los nombres de los jefes de las ocho .tribus eran 
Xiuhneltzin y Mimich. (1) 

Llegados al j^ié de un grande árbol (Núm. 2 e), colocaron al pié- 
i el tabernáculo del dios (f) (2). Pusiéronse los azteca á comer soso* 
j gadamente (h), cuando oyéndose un gran ruido, quebróse el árbol 
j por medio: tomaron el prodigio por mal agftero, y dejando la me- 
rienda los jefes de la tribu, rodearon al numen implorándole con lé'^ 
grimas en los ojos (1): Huilzilopochtli les habló diciéndoles: *'Preve- 
^nid á los ocho barrios que os acompañan, no pasen adelante, pues 
•!de aquí se han de regresar.'' Aacatl (m), se encargó de comunicar 
aquella resolución al jefe de los chololteca (nj, pasándola conferen- 
cia (j) hacia la media noche (j). *^A1 oir esta prevención se pusieron 
"muy tristes los ocho barrios, y dijeron: ^'Señores nuestros, ¿á don- 
ado nos dirigiremos, pues nosotros os acompañamos?"— Luego les 
"volvieron á decir: "Debéis íegresar." Entonces se marcharon los 
"ocho barrios.'* (k) (3) ÍJn aquel sitio permanecieron cinco dias» 
según parece indicarlo los puntos negros (g): ño ha^ fundamento 
ninguno para admitir que este lugar sea Chicomoztoc, como aTga- 
nos escrítoi'es pretenden, porque la. pintura no lo autoriza. Se cora- 
prende la causa de aquella repentina separación, Admitida la cóm*- 
pafiía de las ocho tribus, reconoció bien pronto Aacatl qiie no to^a» 

ti] Texto dd la |>fiittira Aublti, MS.— Bélacióaes 9tíaúívei, Anales iñeücaBOs» 

[¿] f'Ijo ptímerit^fttBt'kaoíati iiúúáB qió&ta que paraban; eta edUflcar tobémáonlo 
'% templo para mx falso dios, según el tiempo que se detenían, edificándolo dem* 
'^re^ medio del «ealqaé aseniabas, fmestael aiva tíempré «obre'iiikaKBreoatK» 
^'d qne nsa la iglesia." Codex Bamírez, MS. 

[3] Texto d« la pintora Anbin, MS.— Torqnemada, lib. 11; ottp. I. 



íí 

le podían ptestat la misma obediencia pasiva y ciega que los azteca: 
traía cada úná flu» dioses 'y jefes particulares, distintas costumbres, 
y dos^e ellas hasta lenguas diferentes; fué preciso apartarlas i^ara 
dejar solos y aislados á lo^s WnJaderos ereyentes; 

Vueltos' á póriér "éii marcha ^n la forma procesional que primero, 
el dios iba Hablando diBus conductores. De improviso se presentó i 
la vista dé la comitiva el complemento de aquella leomitía, los tre^ 
mendos sacrificios humanos: El oficiante (e) no era otro que el sa- 
cerdote Aacátlí la primeta Víctima fd) está tendida sobre una bia- 
naga (Ichinocactus cornígera); lleva en la frente las plunias,' señal 
del holocausto, teñidas boca y barba según el uso conservado siem- 
pre, todo lo cual índica que füó escogida en la tribu misma. La se- 
gunda víctima (c) está colocada sobre una planta arborescente del 
huliachih (huisaché, Acacia albicans?); lleva los arreos convencio- 
nales para la triste ceremonia; pero la mancha sobre los ojos indica 
procedencia extraña; en efecto, el pez dice su nombre; era michhua- 
ca, 6 natnral de Michhuacan. El tercer sacrificado (b), taynbien so- 
bre una biznaga, es igualmente extranjero; el nombre compuesto del 
chimalli con los cuatro puntos, es el gentilicio nahuaiíaca. Snminiff- 
traron las ofrendds la tribu emigrante y los puebloá moradores de 
las cercanías: los nombreíi de las víctimas, la indicación dé los vege- 
tales no dejan duda alguna; los emigrantes estaban en Michoacan. 
¿Aquel legislador y pontífice Aacatl filé el inventor de estas horri- 
bles ejecuciones, ó son la manifestación de una práctica antigua? 
Nos iíiclinamos & creer que aquella fué la vez primera feA que se 
consumó el crimen, y cargamos sobro el feroz caudillo la responsa*" 
bilidad de la abominable institución. 

Dada la última mano por este medio al nuevo culto, el numen 
habló a la tribu, diciéndole: ''Ya estáis apartados y segregados de 
''los demás, y así quiero, como escogidos mios, no os llaméis en ade- 
"Únte azteca, sino méxica." Mudándoles el nombre dióles un dis- 
tintivo para marcarlos muy particularmente; púsoles en rostro y 
orejas un emplasto de trementina, oxitl^ cubierto de plumas, entre- 
góles arcó, flechas y rodela, insignias de guerreros ton las cuales 
saldrían por todas partes vencedores, con un chitatli^ especie de red 

para llevar el fardaje, en memoria del sitio que tenían destinado, (l) 

» 

(1) Torquexnada, lib. 11, cap. 1. — Texto de la pintura Anbin, MS. 



72 

E3 el primer cambio de nombre. Haitsilopochtli, por llevar la mis- 
ma señal, se decía Mexitli, dando á entender ungido; así los tnexif 
en plural también mexUin^ significan ungidos, 8e|ialadoS| dedicados 
ó pertenecientes á Mexítli, (1) Por todos estos procedimientos el 
legislador Aacatl aisló la tribu, le impuso nuevo nombre para bo- 
rrar todo vestigio de lo antiguo, le consagró aplicándole distintivo 
peculiar; guiada por el dios, conversando con él directamente, era 
sin duda la predilecta y escogida: de aquí un sentimiento profundo 
da nacionalidad que no pudieron borrar los si^s, ni las vicisitudes 
de su vida aventurera. 

El grupo geroglíñco (f) se refiere á la siguiente leyenda. Venía 
con los emigrantes la mujer llamada Cluilaztli, grande hechicera 
que sabía tomar la forma de diferentes animales. Estando de caza 
los capitanes Mixcoatl y Xiubnel, vieron posada sobre un gran cac- 
tus una águila caudal; al querer disparar sus flechas, habló el ave 
dicióndoles: — 'Tara burlaros, capitanes, basta lo hecho, no me tiréis, 
**que yo soy Cluilaztli vuestra hermana y de vuestro pueblo. Eno- ' 
^^járonse los capitanes de que les hubiese burlado, y dijéronla que 
^* era digna de muerte por la burla que les había hecho. Ella les 
^'respondió, que si querían matarla que hiciesen su poder, mas que 
^' algún dia se los pagarían; ellos no la respondieron y fuéronse, y 
" ella se quedó en su árbol, y cada cual con su desabrimiento.^^ (2) 
Según tendremos lugar de confirmar más adelante, parece que esta 
leyenda se refiere al conflicto habido con las sacerdotisas para sepa- 
rarlas del participio iomediato de un culto en que tantas y tan pro- 
fundas variaciones habían tenido lugar. 

Sin detenerse en Cuextecatlichocayan (g) (3) se adelantaron has- 

(1) *Tniasí consigo uu ídolo qtie lUmaban Hidtzilopoolitli qae quiere decir ii- 
"nie$k^ da tax pájaro qae hay acá de pluatka rica, aon cvya ploma hacen las imige- 
''aés y oosaa ticas de pluma; componen su nombre de Sttíneüith que así llaman al 
''pájaroi y de opoáUU, que quiere decir dnüitra, y dicen HuitzilopochtU. Afirman 
''que este ídolo los mandó salir de su tierra prometiándoles que los liaría príncipes 
'*y sefiores de todas las prorincias que habían poblado las otras seis naciones, tierras 
"muy abundantes de oro, plata, piedras preoiosaa» plumas y mantas ricas, y de todo 
'lo demás: y así salieron los mexicanos como los hijos de Israel á la tierra de pro- 
'^nisiom, UcTando consigo este ídolo metido en una arca de juncos.*' Oódex Bamí- 
. MS, M8. 

(9) Torquemada, nb. ü, cap. IL 

(S) El determinatiYO de población tepec, con un hombre llorando; al horado mk la 
nariz da á conocer el gentilicio cuexteoatL De aquí los elementos OtuMoatí, qva no 



73 

ta tomar asiento en Ceatlicamac. (h) (1) Aquí se establecieron (i) 
dorante los 28 afios corridos del 11 calli 649 (j) al III tecpatl 676 
(d). Junto al II acatl 675 se advierte la anotación cíclica del xiuh- 
fnolpilli (o). Lá fiesta fué celebrada en el cerro de Cohuatepec, ^'en 
donde cayó el tecuabuitl*^ (2). Si no nos engañamos, en aquella épo- 
ca comenzaban los ciclos por él I tocbtli, y no se trasladó la fiesta 
al n acatl sino muclio tiempo después. Desátase la dificultad admi* 
tiendo qne la 'pintura se escribió en México después de adoptada la 
correccioUi olvidando el pintor que el cómputo debía sujetarse ai 
viejó estilo. 

En Coatíicamac se verificó iin hecho importante. De improviso, 
en medio del alojamiento aparecieron dos qMtmilli ó envoltorios; 
tomaron uno los curiosos, encontrando dentro al desatarle una piedra 
preciosa, hermosa y reluciente. Todos quisieron apropiarse seme- 
jante joya, dividiéndose la tribu en dos fraccioaes, cada una de las 
cuales pretendía ser dueCa exdusiva del ¡tesoro. Aacatl presenciaba 
la contienda, y dirigiéndose al un partido le dijo: — ^'Admirado es. 
"toy, oh méxi, dé que por cosa tan poca y leve os hagáis tanta y tan 
''grande contradicción, sin saber el fin que en esto se pretende. Y 
''pues está delante de vosotros otro envoltorio, desenvolvedlo y des- 
" cubridlo, y veréis lo que contiene, y será posible que sea alguna 
"cosa más preciosa, para que estimándola en más tengáis en menos 
' "esa.^ Cesó de pronto el tumulto; mas cuando en el otro envoltorio 
encontraron solo dos maderos, los arrojaron al suelo con desprecio 
tomando á la primitiva contienda. Medió de nuevo el jefe, adjudi- 
cando á los unos la piedra, á los otros los lefios. Los poseedores de 
los palos quedaron desabridos reputándose mal agraciados; pre^n* 
tando cuál era el secreto conteñido en aquel don, Aacatl puso el un 
palo sobre el otro, frotólos con fuerza,, y los asombrados eq)ectado* 
res vieron cómo brotaba el fuego. Admirados con tan útil descubri- 

pierde las letras finales por seguir una roóú en el compuesto; í, partfotüa que en 
ootnposloíoff eqttliralo ^ntpo; él retbo toloM, ücvaí», y tapreporfcionvetbad ya»« que 
le «4^ como noo^bre de lugén One xteoall4-ehooieyaii^ en donde Uorú el Cuexteeati 

(1) Sld<tenAinatívo6|M0f.uBia0Qlebfftooii.iabocftÉbieiia^ Dé aquí loa etotuen* 
toa CoaU ó CohwUl; la partícula i; el yerbo eamaehaloa, abrir mucho la boea, y la 
preposición e: Coatl-icama-c, ó Cohuailioamac, en donde la culebra abri<S mucho la 
boe^ 

(2) Texto de la pintura, MS. 

TOM. m. — 10 



n 

miento, loíj de la joya pretendieron trocaría por los misteriosos lefios; 
no consentido el cambio, aunque la tribu caminó siempre unidaí 
se efectuó en ella una profunda separación: los de la piedra fueron 
los tlaltelolca, sus adversarios los méxi. (1) , 

Este bello apólogo no sólo predio^ que lo útil debe ser preferido 
á lo solamente bello; encierra ademas otros ensefiamientos.' Sin du- 
da que la tribu conocía el fuego j sabia conservarle; pero ignoraba 
el modo de obtenerle por tan sencillo método, j el iavento del capi- 
tán era de suma utilidad á un pueblo viajero, que no en tpdas par- 
tes podría proporcionarse los utensilios necesarios para procurarse 
el benéfico elemento/ encerraba también un intento religioso; in- 
troducir el culto del fuego, muy antiguo ya eñ las teogonias del 
puebla de Anáhuac. Por eso la fecunda invención pasó á los ritos; 
conservóse el recuerdo repitiendo de ciclo en ciclo la santa ceremo* 
nia del fuego nuevo, y juntándose el precepto sagrado ú lá utilidad 
común, se instituyó que los sacerdotes manutuvieran inextinguible 
el fuego del altar. Autorizados por la leyenda, nos parece masque 
probable que la primera fiesta cíclica tuvo lugar entre los méxi el 
I tochtli 674. 

El lugar de los sacrificios humanos quedaba en Michhuacan, se- 
gún inferimos; á la misma demarcación debía corresponder Cuexte- 
catlichocayan, supuesto que Coatlicamac hay que colocarle en el 
lago de Pátzcuaro. (2} Los méxi, que venían de la isla de un lago, 
teniendo á la vista un lago con islas, pensaron ser aquel el sitio pro- 
metido; desengañados por el dios, pidiéronle les concediera dejar ahí 
algunos de su pueblo por moradores. Concedióseles el deseo á condi- 
ción de dejar entrar allago cuantos quisieran bafiarse; estos serían 
dejados en la tierra, mientras los demás partirían llevándose las 
ropas de los primeros: en efecto, mientras cantidad de hombres y 
mujeres se solazaban en el baño, el resto de la tribu recogió ropas y 
alhajas, alzó silenciosamente el real, poniéndose en marcha. Guan- 
do los bañadores «alieroa á la orilla se encontraron deBoadoa y aban- 
donados: no conociendo límite su enojo, en odio á sus antiguos 1^- 
manoi cambiaron de traje y también de idioma^ (3) Dimos esto 

(X) Torqnemada, lib. II, cap. II. 

(2) CJodex Ramírez, M8.— Buran, cap. III. 

(8) Codex Ramírez, MS.— Darán, cap. in.-*BeanmoBt, Crdnica de MiohoaotA, 
tom. 1, cap. 7, MS.— Vése también el mismo hecho, con ajgimat vatiimtet, «a 
Fr. Gregorio García, Acosta, etc. 



lelaoion al reíMr el ortgen de los miofakoaoa, ^A admitir la identi- 
dad de procedencia etítre amba» tribus, ni enoonlraT siquiera admi* 
sibte qñe nn pueblo entero abandone- su ptoJMo idioma pora usar 
otro inventado de su propia eoséofaa. La verdad^ confirmada por la 
tradición, es que los tarascos ocupaten ya el Michhuacan, los mézi 
«traveearon el país, estableciéndose á orillas del lago de Pátzcuaro, 
7 cuando el dios les hizo tomar de nue^ "^l camino, pérfidos hués- 
pedbs, robaron cuanto pudieron de los mtchhiMi^, buyendo después 
recatadamente. 

Tenía eon bs etolgrcttites una hermana de HuHrilopoéhtli llama: 
da^ Malinalxoeh, hermosa mujer que di6 én mágica y hechicera- 
pretendiendo baoerse adorar por diosa, causaba grare daño, dindoae 
á temer en la congregación. Sufríanla por ser henuana dei ntkmm; 
pero cansados de tanta' contra4k5cbn, oonsultarm con el dios la ma- 
nera de deshacerse de tan molesta compafiera. Huitztlcipochtli dio 
la respuesta al sacerdote, en süeff os como solía, adonsejándole que 
en el lugar que le sefialaríaj la abandonasen con sus Ajos y princi* 
paleeí de su parcialidad. Oomunicado por el sacerdote al pueblo, ad- 
mitido el consejo, los méxi levantaron el campo durante la nochQ, 
nuéntras dormían Malinakoch y lOs suyos. Tenida la mafiana, al 
descubrir Malínalsóob el'^ngclUó, lloró amargamente ht ingratitud 
de su hermano: por acuerdo de sus parciales tomé pará^^l lu^ Ikí- 
mado ahora MaKnalco, -al cual dio su ¿ombre, poblando ahÍE ^n 
quienes le seguían. '7 esta es ¿ostinxibre desta generá^ioií, poner 
**el nombre al piíieblo do sú primer fondádor." (1) Según rerslon 
diftrente, la Malinalxbch era idétitleamentcr la^^CtuÜaztli, quien dd 
nuevo había desafiado y escaimecido á )(M guerreros: dábase los nom- 
bres dé Ck>huacihuátl, mujer culebra; Cuatíh(áfauM;l, mujet águila; 
Taoc^uatT, mujcír- enemigo; Tdttfimiolhuad, mujer iufemal. (ft) 
Vés áfirm^imósen nuestra conjeturad éste abandono de Ía hermana 
déHúitdfopochtli sigmfiealaseparáóiondelas mujeres del ejercido 
del culto, tf ntes recibido, y cuya costumbre contaba con partidarios 
en la tribu. La Maliñalxoch eon los suyos y la fkñdacion de Hali- 
ttdco, deben entenderse como una escisión rúHgiesa, eil desprecio de 
la práctica sangrienta de los méii. 

[1] P. OitnBiy eap. IIL— CodexBamfires, M8. 
[2] Torquemada, lib. II, eap. II. 



La tribu prosiguió U mftraba haflfta llegar á TolUa (a. Tula de 

Méxioo, correspondiente; boyal Estado de Hidalgo), 8ÍtQáiid069>eii 

*el vecino oerro de Cohoatepeo, eU dod:ide permanecieron loe'lO áfioe 

corrido» del lY oalli 677 al IX acatl 696. Aquella ciudad fundada 

por los otomíes; eri á la sazón capital de los tolteoa; oontábase el 

noveno año del reinado de Cbalcbiubtlanetzin, subido al trono el 

\ chicóme aoatl 667. Aunque los méxi hablaban la misma lengua 

I que los tolteoa, #raa menos civilizados que ^stós, profesaban rdigion 

' diferente, y por lo mismo no pudieron confundirse. 

Lób iéniígranteai alzaron el altar en que oolocaroa el tabernieulo 
-del dios, rancheándose bácia los cu^tax) puntos cardinales. Parardat- 
Íes idea del 'sitio que les destinaba, el dios: mandó á los eaeevdotes 
repreeaEÍen el cercano rio: hicióronlo asi, y las aguas se extendieroii 
•por la llanura hasta forínar un lago en cuyo centro formaba ui^a isU 
el Gohüatepéc: oomo por encanto el; lago se llenó de abundante* pee- 
-ca, d& inultit«d de aves acuáticas; brotaron en el raso oamsalea y 
plantas lacustres; las orillas eran de verde césped esmaltado de flo- 
tes, y álos aaupes y árboles de la ribera acudí^npájfkros sin ciento 
,{)intado6 henoo^mente y cantores: verdaderamente ora un paraíso. 
]A la vifitadeí lugar tan ameno y deleitable^ aqu^l pueblo de cervie 
durtí detentiintó quedarse: ahá y no pasar adelante; en balde fueron 
laí$ amoneirtaoíoBes de sus eaeerdotea para llevarlos s^ camino. Ira- 
«cundo el diotf, y mirándomele el rpatfo:dradq, y feo,^ e;xclauió: — 
^'^Cluién son estos que asi quieren tra/^sar y poner objeción 4 mis 
^^determinaoiones y maudamii^ito^? ;¿3on ellos por ventura,; naayares 
'*que yo? JDeoídles qtt^yo toiparé veingan^av jdfUos; áQtes d)^ m^fia- 
^%a, porgue t)<^ se ak^van á dar parecer en, lo ^pier yo t^ngt determi- 
^'nado^ y sepan todos que á ini sólo han de pWecer^ (1) Cumplióse 
la terrible amenaza. A la fn^ia nodie oyóse un-gran nfido qne he* 
ló de espanto ú loa móxi: venida la mafian^ ^se descubrió tirados por 
el suelo á'loa fautores ;de la rebelión, abiertos los ^pechost y^ eaoados 
los corazones. qpi^ se habla comido el dios: cupo la mis^a suerte^ 
la mujer Coyolx^nh, instigadoca del pecado. RompióroDse los diques 
del rio, volviendo ei^igaa á su cauoe; desaparafieron el lago y. bus 
maravillas, agostáronse y perecieron las pdañtas, secóse el suelo per- 
diendo sus galas, quedando el campo yermo y sombrío como antes: 

\\] Oodex Bamírez, MS. . , . 



77 

la ilusión 66 habla desvaneeido. A tremenda falta, tremendo oa»^ 
tq^; En el ooidado de manteaer al pueblo en la obediencia; de ' 
ségregarle cnanto pndíera conatitnir im elemento contrarío; en laa 
penas aplieadae para Uevaí* rígidamente adelante ei pensamiento^ 
concebido, se distingue todavía la fuerte voluntad, el ingenio san-^ 
griento f Itlgubre del sacerdote legisladen sin duda aun vivía > 
Aaoatl. (1)' 

£1 alio IX acatl 606 dejaron|á Tollan, y t(»nando al E. fueron á- 
aposentarse en Atlioalaquian (núm. 4. a), (3) Duraron aquí del X 
tecpatl 6d6 al VI ealli 7t)6. El tiempo en cada estación empleaban ^ 
en sembrar pafa procurarse mantenimientos.-*-'*Lo segundo que ha- 
'^cían (lo^prímero «a levanta» el altar), «ra eemlwar pan y las demás 
^'smnillas que usan para su sustento, de riego y de temporal, y esto- 
^*tKXí tanta indiferencia, que si su dios tenía por bien que se cogiese, 
'% cogían^ y si nO) en mandándoles alzar el real lUlí, se quedaba 
'^para semillat y sustento de lo» enfermos, viejos y viejas y gente- i 
"cansada que iban dejando donde quiera que poblaban,^' (3) 

Tivieron en Tiemaco (núm. o. a.), (4) del YII tochtli 706, al XI ^ 
tQcktli 710. 

Trasladados á Atotooilóe ^Axsu 6« a.)^ mocaion ahí cuatro alios; 
del ZII aqall 7.)í:al lli ácail 716. (5) 

Desliados al -E.^ vóln^von dé nuevo al O., continuando en la di* 
receion general», tocaidd en Apaice (nam^' 7. a). (6). Doce aftos es* 
k ~ • • ' . ¡ ^■' 

(1 ) Ckxlex Bamírez, MS.— Dnian, cap. m.— Torquemada, lib. II| oap. II, oad 
con las mismas palabras que los anteriores. 

(2) También AUitlalaqidaai escrito con el Mnrbdlíoo oti^ resnmiéiidose en un cam- 
po da arena» Son sos e lement o s csU; la partíocúa ^'en la aoepeioa qué la conocemos; 
el verbo ^ fagm'g » laeterie e^ alguna ooaa^ <5 ¿(a¿(iflft4¿íi, ai^^ el afijo ?«rbaln 
Atl-i-oaloqtua4i» donde el agoa se mete; Atl4-t3ftlaqnia-n; donde el i^gqa se entiena 6 
resume. Llámase hoy Atitalaqma» en el Estado de Hidalgo. 

(8) GodexBamírez. MS. 

(4) De tUtnaUl, "badir de banp ó co» semejante paraüevar lumbre;** con la pre- 
posición eo: Tlema-co, en la badila. Es el brasero de barro que las pinturas repre- 
sentan 6B las manos de los sacerdotes, llevando el fuego para el sacrificio. Tlemaoo 
eslioy uaal^acíelidA á corta diatanda y al Sor de Atitalaquia, en él Estado de Hi* - 
áOgm 

(5) Como ya sabemos, Atotonil-co» en la agua caliente 6 termal Dos Atotoiilloo • 
existen en el Estado de Hidalgo, denominados Cbico y Grande: parece que el itine- 
rario menciona este segundo. 

(6) ApazUlf 'lebrillo 6 barreño grande de barro:** Apaz-co, en el lebrillo 6 barre- 
fta Pueblo pequefio en el Estado de México. 



78 

tuvierou aquí, del 17 tecpafcl 716 al II acatl 727. Este año fué el- 
olíco y se completó un ziuhmolpiUi sc^un se advierte en. el sigaa 
crónico (¿); primer anirei'sairto dé la instituoion en Coatlicamao. A 
nuestra cuenta k fiesta tuvo logar el I tochtli 726| celebrándose 
en Huitztepeo. (i) (1) 

Siguieron á Tzonpanco (núm. 8. «.)• (2) J» cercanos al lago de 
México, permaneciendo del III tecpatl 728 al VI acatl 73 L Los 
méxi pueieroa ahí por primera vez aquel aparato horrible, quedan- 
do á la posteridad el nombre j la figura. Gobernaba en el pueblo 
un señor nombrado Tochpanecatl, quien recibió *á los ertraojeros 
con caricia y benevolencia: tenia un hijo, mancebo de poca edad^ 
por nombre Ilhuicatl, j queriendo emparentar con los méxi, pidió A 
sus jefes le diesen esposa para su heredero; le concedieron el pedi- 
do entregándole á la doncella Tiacapantzin. Tochpanecatl recibióla 
como á nuera poniéndola casa y servicio, mientras proporcionó á la 
tribu mantenimientos y utensilios. Al dejar el lugar, loa emigmn- 
tes, previo consentimiento del padre, llevaron consigo á Uhoitoatl; 
tiempo después la Tiacapantzin dio á luz un niño, á quien apelli- 
daron Huitzilihuitl, celebrando el natalicio con grandes fiestas y 
regocijos. Emparentaron también con el señor de OuauhkiÜan, 
apellidado Axochiatzin, dándole una doncella méxi por esposlL (3) 

A Xaltocan (núm. 9. a): (4) del Y II tecpatl 732 al X AoaÜ 736. 

Moraron en seguida en Acalhuacan (núm. 10. a.), (5) del XItec« 
patl 736 al I acatl 739. 

(1) Da huiUtU, espina; tspetl y el añjo c: Iluiíz-tepe-c. en el eorro de la Oí^una á 
«spiuoso. 

(2) Tt&npantU, (AhugBT destinado ^n íob templos para conservar ios onneos de las 
víctimas, ensartados por las sienes en varos de madera: la pintura representa aquel 
fiínebre aparato. Tzonpan-oo, en el tzonpautU iC osario Pueblo llamado hoy Zum* 
pango, orilla del lago de su nombre. 

(3) Torquomada, lib. II, cap. III. 

(4) Tozariy tuza [geomix moxicanus] xaitozan^ tuza arenera, y oon la preposición 
ean, lugar: Xalto-can, lugar en que hay tuzas en la arena: el signo pictográÉoo pue- 
de confundirse alguna vez con el de Atzoapotzalco. Xaltocan, puebledUo en ni» k- 
lita del lago de su propio nombre. 

(5) Ün aeaUtf canoa 6 barca, con la pala ó remo: Ideográfico de la voz Aoálbaa- 
can, lugar de poseedores de canoas. £1 pueblo está nombrado en la matncula de 
tributos, y ha perdido el nombre: desapareció ó no le sabemos encontrar. 



79 

Loa cuatro años siguiei\te8, II tecpatl 740 al V acatl 743, vivie- 
ron en Eh^catepec. (1) 

Loa ocho año3 trascurridos entre, el VI tecpatl 744 y el XIII 
acatl 7fihl, vivieron en Tulpatlac (núm. 12. a.) (2) Como se obser* 
va, llamaban la atención de Iqs emigrantes todos los depósitos de 
agua que á su paso encontraba!). , . 

Pasáronse ti Coatitlan (aúm. 1^. a.) (3) estacionándose del I tec- 
patl 762 al Til acatU771. Opupe^va la pintura el recuerdo de un 
hecho histórico curioso. El V tecpatl 756 tqmaron Ips méxí -el metl^ 
(maguey,''%gave americana) de la cercana provincia de Chalco, de- 
dicándose al cultivo 4e la planta. Así lo dice el mímico metí colo- 
cado sobro el signo 4e tierra cultivadA (nT|ím. 13. c), marcando el 
fonético Chalco y la planta del pié (b) el lugar de procedencia. De 
acuerdo con el tiepipo que la planta necesita para llegar á sazón, 
junto al afk> Vil acatl 771 se nota una %ura (núm« 14, b.) extra- 
yendo con ^XacoQotli el aguamiel recogida en la cavidad centi^aldel 
metí, mientras más arriba se distingue un hombre (c) en actitud 
de beber en un xiealliwoi licor espumQQO, sacado del apaztli que le 
contiene. Ello dice que los méxi. cultivaron el maguey, sacándole y 
bebiendo el aguamiel fermentada qi^ e constituye el octli^ pulque, 
lo cual los constituye en inventores dp h^ bebjlda regional. Aduci- 
mos esta autoridad: '^Ajustaron los inéxica en ()9atitlan veinte aüos. 
'^]>6 dqnde fueron á Chalco á. traer magueyes (metí) para rasparlos, 
"y comenzaron á beber pulque ^n el, mismo Coatitlan." (4) A prq- 
pésito de esta invención hemos dado otra variante, (5) y dimos la 
historia tolteoa d^ Ja^^ermosa. Zochitl, z^i^y postetrior en fec^ha. Noa- 
otros adjudicamos la palma del descubrimiento á los méxi, corro- 
borando nuestra opinión con que su nombre gentilicio se escribe con 
el metl^ en recuerdo de ser los autores de la bebida embriagante. 

- [1] .Ck>]no ya sabemos, Oerradel airo. San Cristóbal Ecatipeo ezúrfee boy á orillas 
del lago danominado de Saea OriatdbaL 

||[2] ün manojo de tuUin sobre elnufmiooptffS»^, I>etáte, estera, con el afijo c; 
Tnl-pa-tlao, en la estera de tule, 6 donde se faltricaiú Pniablo eorio al Sur del ante- 
rior, ceroa de la miU;gax]i oooidantal del lago da Texooco. 

[8] Ooa-tí-tlan, cerca 6 jttnto de la culebra. Permanece aiin el pueblo de Santa 
Olara Ck>atitla, en la municipalidad de Ecatepec, no lejos de la cabecera. 

[4] Texto de la pintura Aubin, MS. 

[5] Sahagun, tom. S, pig. 142. 



80 

Trasladáronse á Huixachtitlan (núm. 14, a.) (1) del año T III teo* 
patl 772 al XI acatl 776. 

De ahí & Tecpayocaa (núm. 15. a.) (2) del XII tecpatl 776 al 
II acatl 779. Esto año fué secular, celebrándose la fieéta del fuego 
nuevo en el cerro de Tecpayocan (núm. 16. b). Los comarcanos á 
la redonda les dieron guerra (c), muriendo en la refriega tres de los 
jefes principales, Tetepantzin (d), Huitzilihuitl (e), y Tecpantzin 
(f). "Ajustaron cuatro años en Tecpayocan, en donde habiendo 
"6ido sitiados por guerra, murieron Tecpantzin, Hui^ilihuitl y 
"Tetepantzin." (3) ¿Sería promovida la guerra por los cojijosos 
emigrantes para proporcionarse cautivos que sacrificar en la so* 
lemnidad, ó quizá fueron atacados por sus vecinos en horror de 
sus prácticas bárbaras? 

Arrojados, sin duda, de aquel sitio, pasaron á Pantitlan (núm. 16. 
a). (4) durante los años III tecpatl 780 al VI acatl 783. La peste 
los invadió durante este último año, lo cual simboliza la figura des- 
nuda (b), en actitud desmayada, los ojos cenados, signo de muerte. — 
"En el mismo ajustaron cuatro años en Pantitlan, y entonces los 
"invadió la grande enfermedad llamada cocoliztliy por la que su 
^'piel quedó resquebrajada ó llena de grietas.^' (5) 

Refugiados en Amalinalpan (núm. 17. a) (6) pasaron los años del 
VII tecpatl 78i4 al I acatl 791. Al dejar este sitio estuvieron de 
tránsito en Atzcapotzaldo (núm. 18. c), en donde gobernaba el señor 
llamado Tezozomoc (b). "En éste cumplieron ocho años en Amálí- 
^hialpan, gobernando Tezozomoctli en Atzcapotzalco.^ (7) Así los 
tepaneca, una de las ocho tribus emigrantes despedidas^ por los me* 

[1] De htUxachtU, hmsaohe, con la prepodcion tlan y la ligatura ti formando 
Hoixaofi-ti-tlan; jonto ó cerca del htdxaohaL Es el nombre propio del oairo aadadb 
conocido en el valle por cerro de la Estrella 6 de Ixtapalapa. 

[2] El déterminatívo de Ingúr tepec y encima tui taspatí, pedernal ó lUex: afijada 
esta palabrá con el verbal $/oean, que significa lagar en que se hace alguna eoaa, m 
forma Tecpa-yooaní donde se labran pedernales 

[3] Texto de la pintura Aubtn, MB. 

[4] De pantU, bandera: Pan-ti41an, eerea ó junto de la bandera. 

[5] Texto de la pintura AuMn» MS. 

[6] Los signos <Ul y maUnaHU afijados por la preposición pan: A-malinalpany so^ . 
bre 6 encima del agua del malinalli. 

[7] Texto de la pintum Aubin, MS. 



.'. 81 

xi, estaban ya establecidos «p. «1 vaHe con su capital Azcapat2a1co. 
Tornaron al antiguo sitio de Pantitlan .(núm. 18. a.) 6 bfén á 
otro así llamadO) vivienda ahí de. II tecpall 792 al 5 acatl 795. 

Siguieron á Acolnahnac (niím. 19. a), (1) estableciéndose del YI 
tecpatl 796 al IX acátl 799, 

Sígnese Popotla (núnit 20. a.), que sirvió de mansioa del'año X 
tACfmtl 800 al XlII aoatl 803. Detengámonos*un poco á' fijar los 
lugares del itinerario. Dijimos que Huixachtitlan es é\ cerro de la 
Estrella 6 de Iztapalapa, altura aislada casi al'S. de México, y en 
aquella época en la orilla oriental *del gran lago: Iztapalápan^ tam- 
bién en la margen del agua, queda ál N. del cerro. Teopayocan, 
Pantitlan, Amalinalpan^ Pantitlan y Acolnahüac se nos escapan; 
pero al llegar al tránsito por Azcapotzalco y encontrar la mansión 
de Popotla, que perteneció á los tepaneca, subsiste al N. O. de Mé- 
xico, y entonces quedaba en la orilla occidental del lago, nos^con- 
rencemofl plenamente de que lo» emigrantes rodearon el vaso \x>t la 
parte boreal, trasladándose de la una orilla á la contrapuesta: todos 
los lugares nombrados estaban cercanos al gran depósito líquido. 
De nuestras lecturas sacamos que Amalinalpan pertenecía á Azca- 
potzalco. Aculhuacan y Acolnahuac estáii mencionados, juntamen- 
te con Azcapotzalco y Popotla, en la lám. XVII de la* matrícula 
de tributos del Códice Mendocino. 

Vivieron en Techcatitlan (núm. 21. a.) (2). del I tecpatl 804 al 
TI acatl 807. 

Pasáronse é Atlacuihuayan (núm 23, á). de V tecpatl 808 al VIII 
acatl 811. En este lugar: — "Los mexicanos ' se repararon y refor- 
^'zaron de ftrmaa intentando aquel modo de aiog^ay varas. arroja- 
^*dizas que llamamos fisgas." (3) £1 ionrentoDofu^de lafísga/sino 
éei ailatl^ conforoÉe i esta autoridad: — 'ifiñ elf^dé edhojoafias 
"cumplidroft cuatro años lop inéxíca en Atlacuihuayan; y por, haber 
•*inventadb en él el atlatl y la flecha, le dieron» t^.iombre al i^gar." 
(4) Llámase li^ Tácubay^^: Techcatitlán^ que áe idos esoapo, de- 

[t] t)&a60ÍH, hombro, deterflAMOio püéél Attili^ioo <i¿i;.ti||áad ¿citUi pitpori- 
ak>xi ^ahwBux ájuoX-iiitíammi oartjr d«L fctetzoiOel «gua; mi^\iéf^ cerca OH repp^o. 

[2] TéchcM, piedra sobre que sftcríficaban j mataban hombres delante de los ído- 
los: Techca-ti-ilan, junto" á la piedra de los sacrificios. 

[3] Duran, cap. IV.*^^ ' ^ 

[4] Texto de la pkltnrá Aubint MB; -' ' • . 

TOM. in.— 11 



82 

bia estar poco distante de los lagares extremos Atlacuihuayan 7 
Popotla. 

Trasladáronse finalmente á Chapultepec (núm. 23. a). (1) per- 
maneciendo del IX tecpatl 812 al II acatl 831. Llegados al lugar, 
entonces á la orilla del lago, consultaron á su dios acerca do lo que 
deberían hacer; respondióles no ser aquel el sitio que lea teníi^^ des- 
tinado, cerca estaba, mas no podían aún apoderares de él, sino bas- 
ta que so lo permitiera; entretanto, que se aparejesen contra sus 
enemigos y tuviesen el corazón firme para las contradicciones que 
sufrirían. Amonestados de e<ita manera, eligieron por caudillo á uno 
de sus principales, Ikmado Huitzilihuitl, hombre animoso y capaz, 
quien hizo fortalecer el cerro con diversas albarradas 6 trincheras, 
construir armas, y dando organización militar á la tribu, la mantu- 
vo en constante vigilancia en pié de guerra. Semejantes aprestos 
no eran inmotivados; los comarcanos veían de mal ojo é tos méxi, 
así por su religión sangrienta, como porque orgullosos y de mala ín* 
dolé, se permitían insultar á las mujeres y merodear en los eem* 
brados. 

Vínoles el primer ataque de bus propios hermanos. La abando- 
nada hermana de Huitzilopochtli, la hechicera Malinalxoch, funda- 
dora de Malinalco, tuvo allí un hijo, á quien puso Copil por nom- 
bre: crecido el niño, la madre le refirió los agravios recibidos de los 
méxi, le pintó su malaventura con negros colores, logrando infiltrar 
en su corazón insaciable sed de venganza: era un enconado aotago- 
nismo religioso. Copil espió atentamente los movimieatos de sus 
enemigos en el valle, discurriendo por los vecinos pueblos para susci- 
tarles enemigos con el relato de sus crímenes, y cuando al fin les 
vio aposentados en Chapultepec, logré formar una liga de loe se&o- 
res de Azcapotzaloo, Tlacopan, Coyohuacan, Xochimiloo, Culhoa- 
ean y (abaleo. Supiéronlo los inéxi, quienes por su parte seguían los 
ojos fijos en las maniobras de Copil: advertidos de que éste se en- 
contraba en el oerro de Tepetssinco, (2) el sacerdote Cuauhtloque- 
tzin tomó á cuestas á su dios, y acompañado de algunos guerreros 
escogidos, 8# dirigió al oerrilloy entóAces rodeado por las aguas. Sor- 
prendido Copil, fué sacrifieado al terrible numen, á quien se ofreció 

[1] Ghapol-iepe-e, en el cerro del Chapulin 6 langoets. 
¡í} Conooido hoj coa el nombre de Pelón deloslMiAos« 






83 

el palpitante corazón: por orden de Huitzilopoclitli el sacerdote se 
metió en las agnas, arrojando con fuerza la sangrienta ofrenda A los 
cafiaverales vecinos: cayó el corazón en el Ingar nombrado Tlalco- 
comalco, en donde precisamente nació el tunal junto, al que fué fun- 
dada muchos afios después la gran Tenochtitlan. Luego que Copil 
fué muerto brotaron en el cerro las fuentes termales que aun duran, 
cazón por la cual se llaman Acopilco, agua de Copil. (1) 

Aunque el símbolo se encuentra junto al eogundo acatl 831, á 
nuestra cuenta la fiesta cíclica (núm. 24 c.) tuvo lugar el I tochtli 
830 en el cerro de Chapultepec (a). En seguida encontramos el sím- 
bolo de lu guerra (b) con indicación de haber sido hecha por lo¿ co- 
marcanos á la redonda. Ignoramos si tuvo por origen la liga formada 
por Copil ó si lu suscitaron los méxi con objeto de tomar prisionero 
que sacrificar en la fiesta del, fuego nuevo. Lo que couHta es, que 
los primeros que les hicieron guerra y persiguieron ^n Chapultepec 
fueron los de Xaltocan, al mando de su eeiior Xaltooamecatl Xuix- 
ton, quien no cesaba de inquietarlos, cautivando cuantos podía. (2) 
Reunidos después en junta los señores de Azcapotzalco, Tlacopan, 
Coyohuapan j Cuihuacan, determinaron exterminar á los extranjeros 
para castigarlos de sus crímenes; no queriendo cogerlos despreveni- 
dos, conforme al uso de aquellas naciones j por indicación del rey 
de Cuihuacan, les mandaron embajadores á prevenirles abandona- 
ran el sitio que ocupaban y dejasen el. país; respondieron ellos con 
altanería, que no se sujetaban al mandato, estando prestos á repe- 
ler la fuerza con la fuerza. Mientras los. culhua atacaron el cerro 
logrando sacar á los honibres de los retrincheramientos, los demás 
coligados se apoderaron de las mujeres y de los nifios; en balde los 
mexi pelearon con su acostumbrado valor, pues rotos y mermados 
tuvieron que tomar la fuga. (3) 

due la suerte de las armas les fué adversa, dícelo claraniente la 
pintura. Nos presenta á los méxi refugiados en ^cocolco (núm. 35 
c)| (4) lugar situado en el lago y dentro de los tulares (d); (5) su 

[1] Cod6z Bamírax. HS.— Doran, «|^. 17. 
[2] TovquemiuU, líb. II, cap. IV. 
(8) Anales de Ciu^uhtitlan, KS. 

[4] £1 timbólo del agua con divenas inflexiones. Elementos: aü; el verbo wwU 
huia^ toroer algo y el afijo: A-cocol^so, en el agua que taeroe, que culebrea. 
[5] Pemanece la poldaoion CiOn el nombre de Ácnlco, aLN* ,de Golhiíaoaii. 



^ V 



'84 

condición amarga y triste suerte la pintan las lágrimas q^ue Vierten 
hombres y mujeresj sus trajes mismos habían !cnmbia4o, teniendo 
que cubrirse con las hojas y jaíces de la planta, acuática denomina- 
da a7/io2:¿/í. (1) Aquella suerte precaria duró los años III tecpatl 532 
y IV calli 833. 

Sea que por consejo de su dios pidieran, solapadamente protec- 
ción mientras podían reponer suá pérdidas, sea que por nueva guerra 
tuvieran que rendirse, aparece que Huitzilihuitl (núm. 25 c. d.) (2) 
y í»u hermana Chimalaxoch (á. b.) (3) fueron llevadoa cautivos á 
Culhuacan (f) y presentados á su rey Coxcoxtli (e); al pueblo me- 
nudo se le dio por alojamiento el barrio de Contitlan (g) en la mis- 
ma ciudad. Chimalaxoch iba llorando, mas confií^da en su dios de- 
cía: — *'Esta es mi suerte y ventura, nosotros vamos cautivos; pero 
"tiempo vendrá en que haya en- nuestra familia quien vengue éstos 
"agravios." (4) Ambos hermanos iban desnudos y como Coxcox pa- 
reciera compadecido de la mujer, Huitzilihuitl le dijo: — "Dadle algo, 
"señor, á la pobre joven. Y el rey respondió: No quiero^ así ha de- 
scaminar." (5) Huitzilihuitl murió en Culhuacan, tal vez de mue^ 
te violenta: este caudillo á quien los historiadores llaman Huitzili- 
huitl el viejo, .distinguiéndole del segundo rey de México, ha dado 
ancho campo á conjeturas y enrtsdos en las relaciones, con motivo 
de confundir épocas y circunstancias. Aacatl desapareció sin saber 
se en dónde, no obstante lo cual el régimen teocrático prevaleció en 
la tribu según lo confirman los hechos; el peligro en Chapultepec 
trajo cierta modificación, el nombramiento de . Huitzilihuitl, no co- 
mo rey, sino como jefe militar para entender en las cosas de la 
guerra. Sin duda que los sacerdotes, en nombre del dios, * seguían 
con la supremacía del mando y disponían de la suerte de los méxi; 
pero ya se nota la ingerencia de los guerreros, la subdivisión de la 
tribu en familias con jefe3 distinguidos entre la multitud: comenza- 
ba á iniciarse la lu^cha entre la fe y 1^ fuerza. 



[1] Torquemada, lib. 11, cap. IV. . , , 

[2] Huilailihuitl, como ja Babemos^^luma de chupamirtol ^ 

[3] La pintura presenta los elementos fónicos del oómpnflsio: cfUmoUU axmdo, 
jrodala; aUjvochiU: Chimal-a-xochitl 6 Chimalaxocb| nombre do una ¿or acuática 
radouda ó en forma de rodela. 

[4] Torquemada, lib. II, cap. IV. 

[6] Texto de lá pintura Aubín, MS. 



86_ 



Culhua y méxi se conocierQn al pjinQÍpío de su peregrinación, fu^ 
ron vecinos en, su lugar ¿e prígen, y como de la miiima familia etno^ 
gráfica no ^e^po^e^i tener como completaraenjte extraños; poi* eso los. ^ 
méxi vivían tranq^uilos enCnlhuaa^p, aanqae^sujetos á servidumbre,. 
Así pasaron q1 V tochtli 834. El Ví acatL835 se empega una gue- , 
rra eutreCulhuacan y ^ochimilco,(núm. 26 b. c. d.) * ^Cuando se ¡ 
"hizo saber esta guerra dijo el señor Coxcoxtli: "Y los méxica don- . 
"de se hallan? Vengan almprneuto.^' LJaQiados'se presentaron ante . 
el rey, quien les dijo:-r-*íVenid pronto todos y, sabed: los xochimilca ,^ 
"nos han puesto guerra, y quiero y os concedo, que (JuAntos caballe- ,, 
"ro9 aprehendáis 3Qa|i vuestros cautivos." Iglntónces los mé^icfi con- . , 
testaron:— r"Está muy bieU, señor nuestro; mas prestadnos 6 rega- 
"ladnos vuestras rpdelas y yuestcas lanzas." — Respondió el rey:-- , 
"No puede ser eso; así como estáis caminaréis." (1) JEÜ objeto dp 
esta determinación sé cpmpi^nde; ¡sacar indefensos. ^ los esclavos 
para hacerlos perecer á manos de los xochimilca. . . 

Afligidos. los mé^i acudieron por xemjedio á 9U dio^^ HüitzilopoQh- 
tli los consoló, pron^etiéndoles salir vencejlores con la pidustría que , 
les daba.. Forn^aron escudos de carrizos mojados, previnieron lafgos. 
palo3 en forma de lanza que^p^dieran ^ervir así para ofender como.,, 
para sal tac zanjas, y fosos; coí:icertaron e^trft,sí¿ no coger ni mania- 
tar los prisioneros, sino cortarles ia oreja derecta que jrecQgerían en 
talegos, llevando, para la operación ^a^vajas /Je í/.r //i (grupo n^ "°b P- 
Los méxi pí>i:tieudo para la, gjierrfli*, q.) Él dia ,de la batal|a lo^ ' 
cujhua salieron en canoas y por tierrá,jj3ejándo á^os esqlavós seguir ^ 
como pudieraa el camino: .el encuentro f uvo- lugar en Coapian y. al 
prin^ip^o no llevaron lo? culhua'lá Daie]orj)arte, jnas sobreviniendo 

Ids 

palos, 

tas 

Tlí 

mirándose precjsados quienes pudieron esóápár de la matanza áhuir' 

á loq monte^, . ^ . * . r . - • , 

Y^e^tos,lós guepreros de la' pelea y puestos en presencia de Cpxr 
coitli (faisán), cada quien hizo alarde de 'eus hazañas, relatando la 
parte' que'e'ii'lá v'icít'óriá lo cabía; tós ttíéxí aparecieron có'n lia mano* 




(1) T«ifto de la piniozm Ánlán, US. 



:'j 



*J 



86 

yacías, por lo cual les Iiacían burla 7 denostaban llamándolos de 
cobardes j para nada. Entonces sacaron de debajo de las ropas los 
talegoj en que las cortadas orejas venían, 7 poniéndolos delante del 
re7 (grupo h, 1, j, k.) le dijeron:— "E^tos presos que están aquí pre- 
**sentes, casi todos son cautiyos nuestros, 7 si no mirad sus orejas 
''que se lab cortamos; 7 así comb tuvimos poder para cortárselaSi 
'% tuvimos también para maniatarlos; pero por no ocupamos en esto 
**7 seguir más libremente el alcance los dejamos para que vosotros 
*'los maniatéis 7 prendáis; 7 pues primero vinieron á nuestras ma- 
'^nbs que á las vuestras, más es gloría nuestra esta presa que vues- 
'*tra.^ (1) Los talegos contenían cuatro xiquipilli de orejas, con lo 
que re7 7 guerreros tuvieron que callar desconcertados, formando 
elevado concepto de la astucia 7 del valor de los advenedizos. 

Los méxi trajeron cuatro prisioneros que ocultamente encerraron 
en una casa de Contitlan. A fin de celebrar la victoria, levantaron 
nn momoztli^ lo más rico que en sus circunstancias pudieron, coló* 
cando encima á Huitzilopochtli; vinieron luego á Coxcox invitando* 
lo á concurrir á la preparada fiesta, pidiéndole también les diera 
ofrenda para su numen: — Contestó el re7 diciendo: — ''Mu7 bien: ha- 
**beis merecido mucho; va7an los sacerdotes á bonrar vuestros alta- 
res. (2)'^ (Grupo e, f, g). Piados en aquella promesa los méxi estuvie- 
xon esperando; á la media noche entraron los tlamacazque culhua po* 
niendo silenciosamente sobre el altar un trapo sucio, envolviendo 
estiércol, algunos cabellos 7 un pájaro bobo, todo escupido, retirán* 
dose en seguida mudos 7 orgullosos. Acercáronse entonces los méxi, 
consideraron el sangriento desprecio, consignando cuidadosamente 
en la memoria semejante afrenta: arrojaron lejos las inmundicias, 
8UstitU7éndolas sobre el moniozüx con un cuchillo de üztU 7 la 7er- 
ba olorosa dicha acxoyatL Coxcox con los culhua concurrieron á la 
fiesta, más por burla que por honra á los esclavos: los recibieron és- 
tos con estudiadas exterioridades: vestidos de sus mejores ropas dan* 
laron los bailes guerreros de la tribu, practicaron con la ostentación 
posible las ceremonias de su culto, 7 cuando más entretenidos estaban 
los huéspedes sacaron los prisioneros xochimilca, hiciéronlos bailar 
nn rato, 7 derribándolos delante del altar, poniéndoles encima el tU- 

[1] Tor^amads, Ub. 11, o«p. IX. 
.[2] Texto da la pintara Anbin MS. 



87 

euahniii con que solemnizaron la fiesta cíclioa en Chapultepec, les 
arrancaron los corasones que palpitantes j vahando ofrecieron á la 
divinidad. Aqnel atros espectáculo heló de terror el pecho de los 
cnlhna; el desprecio á sus esclavos se trocó en miedo. '^Ck>xcoxtU 
*^dijo: ¿Quijlnes son esto» inhumanos? Parecen no ser gentes: echad* 
**Ios de aquí." "inmediatamente los hicieron correr.'' (Grupo m). (1) 
Una tdtima infamia revela la pintura; al retirarse los mózi de Con- 
titla«& violentaron á las mujeres en sus propias caeas^ (a) 

Aqní termina la prhnera pintura. Si á laesplicaeion délos signos 
&lta a^njb cosa, es que fiamos en lo que teníamos dicho en los capí- 
tulos de e9critur^ geroglífica, ue modo que sólo hemos insistido minu- 
ciosamente en lo qi)e rMú no habiamos dicha Las indicaciones meno- 
témic£Ls de les geroglíScoa completamos con lasTeladones tomadas de 
los autores, preflñcndo los qu^ recogieron las tradiciones de la sabí* 
duna india, vieron les escritura» j at;3is6faron los documentos autén- 
ticos. Aunque la pintura fué conocida por muchos, ninguno la ha 
seguido &1 pié de la letra, trui>cándola 7 messclándola con la otra 
pintura, po? consideriii^ones que nos son deaoooocidas. Aceptar ínte- 
gro el documento original 7 auténtico, es remontarse á la fuente, re- 
ferir la k7eQda en su simplicidad, dejarle su colorido propio, su 
prístina rudessa. En materias históricas, que son de hechos 7 sólo de 
hechos, 1q razón no autoriza para saltar fuera del carril trazado por 
los documentos fidedignos, siguiendo ningiin linaje de consideracio- 
nes, que cuando más no tienen otra defensa que la de una opinión 
particular puede tomarse senda diversa, cuando la sana crítica da 
con algo que repudiar 7 corregir^ porque choque con la cronología ó 
la hilacion de los mismos aconteoioúentos. En cuanto á los hechos 
extraordinarios 7 maravillosos, ocioso de todo punto es advertir que 
los referimos como pertenecienteB á la ieomitia admitida por los pue- 
blos á que corresponden. 

Termina la pintura el Y I acatl 835; comienza la s^^nda en el 1 
tochtli 882; existe entre ambas una laguna de cuarenta 7 siete afios. 
Para colmarla existen materialeii suficientes: helos aquí: — SI lugar á 
que Coxcoxtli hizo retirar á los méxi se nombraba Tizaapan: (2) era 

i Tt] Texto de la pmioni Aubin, M8.— Coleo. Bamíroi. Anslos ttoxiosnos ntfm. S. 

— Torqaemftda, Mb. II, eap. IX j X. 

[2] Ticaoupoii» sobre el egue Uenoa 6 de ümM, tinte, ótisa. "Qnedábs, deUotra 
"pme del cenro de CiilhiíAoen, donde agora ae partea los dos oamiBOS, el que va i 
''Cnitlahiiac 7 el que va á Chaloo." I>ar£i, oap. IV. 



88 . 

un Hano al pié de iirt <;erro copiosamente poblado de ríboras y srfr . - 
bandljas pón^oltosas/yerfno y de poco producto: »erajel intento que 
ahí 'ée cDnsamieijaii y:acAbaran. Formaron chpzaa para'au abrigo, co- ' 
locai*oñ éh' medio ¿1 teínplo do sn dios, dámlose á labrar sementeras: ' , 
en coíAhto á las víboras las persiguieron para cogerlas y comérselas, 
danílo muerte á las demiis alimañas l^asta lograr exterminarlas: así 
vivfah tranquilos y contentos y se raultipliéaban en aquel desampa- 
ro. Pasado tiempo murió Cóxcox, y Achitometl qué le sucedió envió 
meásajeros W ver el estado quo los méxi guardaban; eiKíontráronlos 
satráfttelios, sus semeiiteras logradas, y en cuanto ú, las víboras las 
de^:c^lbl4é^on en asadores y' ollas, así asadas eonlo cocidas. "Dieron- , 
"les los deCuíhuacan su embijada de p^rte del rey, y ellos, tenién- 
*'dol6 en gran merced, respondieron el contento que tenían, agrade- ; 
"cieixío ol bien que bc les había hecho. Y pues tanta merced les ba- 
rcia ¿1 rey, quo le suplicaban les concediese dos cosas; que les dieren 
"entrada y contratación en su ciudad, y consentimiento para que 
"en^parentasen los unos con los otios por vía de cíisami^nto. Los 
"mensajeros volvieron al rey con las nuevas de la pujanza y multi» 
"pHcO dfe los mexicanos, diciéndole loque habían visto y lo que ha- 
"bían respon<Jido: el rey y sus principales qtiedaron muy admirados 
"de cosa tan prodigiosa y nunca oida, y fisí cobraron de nuevo gran- 
"temor á los mexicanos, diciendo el rey á su gente; — ''Ya os he di- 
"cho que esta gente es muy favorecida de su dios, y gente mala y 
"de malas mañas; dejadlos, no leé hagáis mal, que mientras no les^ . 
*'en'oj^redes ellos et^taráñ sosegados." Desde entonces comenzaron loa 
*%é-^cano8 á* entrar en Oulhuacan, y tratar y. contratar libremente , 
"y á emf¿irentar unos con otros, tratándose como hermanos y pB- • 
"rientes." (1) 

Trascurrieron los años; el comercio entre ambas tribus las 'iba 
confundiendo, y las delicias de la paz hacían q1:VÍ<.W á los m^xi los ' 
mandamientos de su dios. Para róríipér taij'^streohoi lazoR^ Huitzif- 
lo{)Ochtli habló á los aacenfotes diciéndolesí-*-''Neoesidad tenemos de 
*'bU8caTiíná mujer, la óiiál- sC ha de ilao&aV layunjer de^ la ^iscor* *; 
"dte, y esta se ha de llamar mi -airütíía eti ol lugar donde tiernos dje- . 
'*ir A morar, porque no es este el sitio 'donde hemos de hacer nues- 
**tra habitación, más atrás queda el asiento qup iis tqugo prometido* 

(1) Codex Bamírez. M3. 



89 



^'j 09 necesario que la ocasiqa de dejar eata qpie agora babttazaoa s^ft 
**CQii. guerra, y m4w:te,..y que ?Qmp8cemQs ú levantar nuestras Arpaos, 
'*atood, fleokas^ri-oc^^lae y.eapadaa^ y* demos ó entender al mundo el - 
"v^br deiKiostraspereonas.r Oomeuzad, pues, á apercibiros, 49 1^^ 
^'cQsas ueo^sa^Ias paca vae^ra'd^eu&% y ofensa de vuestr09.e^ii;iir 
"gQá, y hfll8qu«8erlu:ego:meíHo*para qu,er salgamos dee«t.el2iga\rvy,*s4^ ^:' 
"estí^; -que luego vayaif al r^y.de Gulbuacan y le pidaiso8|i,bi¿a.»p£^- ,i. 
^'ra^ «ervi^ip, el oual Iu0g9t os la dar^ y «staib^de ser Ja jnu^i^Vr de ^ 
"la Jl¡8oo^dmyiCQmoAC^¿]»uteyere¡a,"^ • * , . ' r . .., 

Obedie^t09' V>& mé^i) ^fHida^ron una .ombajad% áA'chitoneieUrpi-: 
diéndole ^u bija, 4 qui^Uxentrañablciméate íHuai)a; accedí* ^Irey poí 
codicia de verla reina de loa méxi y lUadro ^\ podero^o»,dio9r Ror lo : 
cual fué llevad^ -la moza á Tizaapaa cpa granide aleóla, 4e 4)^bos 
pueblos. ^Puesta- sobro un trono, eiL la nocbo hftbió Huitz\lapocbtli 
y dijo: *^Yaoa. avisé que. esta. miyer babía..do,-S(eií Ja de fia (JiÉ^oqrdia 
"entra voaotrosiy los< de; Cq^bjuacaní y para lo qp(^'yQ,tepgQ.detej:nú,' . 
''nado'f^O'C^iiUf^la^ matad á esa'nqoza y :sac)'vñoadU;^.fi)Í!.upmJ)re^iálfi 
"cuáld¡e8ie boy^omo por mi madr^f despups de.m>ieíta. desollar 
"la heis toda, y el cuero vestírselo ba uno do los prinoipal«3 imanceboa, . 
"y eBoimai yef^tir86.ba de ios domas ve^idps piiyerljes de la moza^ y 
"convidareis al rey su padre que venga á bacer adoración. já la diosa, 
"su bija y á ofrecerle sacrificio." (2) 

Cumplióse todo al pié do l^letra^y AobftQ9xetdj-c,QU.lo^^pr¡scipq,- 
les de su tribu acudieron al convite trayendo ricos presentes con 
que obsequiar á la nueva deidad; recibiéronlos los méxi con estudia- 
da cortesanía, aposentándolos mientras descansaban. Cuando todo 
estuvo preparado, los méxi dijeron al rey: "Señor, si eres servido, bien 
"puedes entrar á ver á nuestro dios y á la diosa tu hija, y bacer re- 
"verencia ofreciéndole tus ofrendas." Acbitometl entró á la casa del 
santuario; dentro de la cual muy poco se distinguía por estar á oscu- 
•ras; el culhua pudo entrever etbutto del ídolo, delante del cual pu- 
so sus ofrendas, é bizo sacrificio cortando la cabeza á varias codor- 
nices, colocando sobre el ara flores y copalli: los sacerdotes pusieron » 
en manos de Acbitometl el tlemaitl ó brasero de barro para hacer el 
sahumerio; sobre las brasas pusieron copalli, é incendiado se levant6 



(1) Codéx Ramíreí, MS. 

(2) Loco dt. 



TOM. m.— 12 



90 

la llama produciendo vacilante luz, á cuyos destellos distinguió el 
desventurado padre al mancebo vestido de los sangrientos despojos 
de la hija infortunada. A semejante espectáculo el rey arrojó el bra- 
sero y se precipitó fuera clamando en ali^STOces: — '^Aqul, aquí miB 
^^vasallos de Culhuacan, contra una maldad tan grande como estos 
^'mexicanos han cometido, que han muerto á mi hija y desollándola 
^Sdstieron el cuero á un mancebo á quien meJhaB hecho adorar; mué" 
*^ran y sean destruidos los hombres tan malos y de tan crueles oos- 
lumbres, no quede rastro ni memoria dellos; demos fin dellos, vasa- 
^41os mios.'' Siguióse un alboroto espantoso; entre ambas tribus pusie- 
ron manos á las armas, trabándose un encarnizado combate; los móxi 
hicieron alarde de su valor feroz; pero agobiados por el número toma- 
ron la fuga, persiguiéndolos los enemigos hasta que se metieron den- 
tro del lago, poniéndose fuera del alcance de los tiros entre los carri- 
zales. (1) La doncella fué en efecto la mujer de la discordia'^ nunca 
más se vieron como hermanos culhua y méxi. Estos ocultaron su per- 
fidia bajo el velo religioso: la hija de Achitometl, en la scmgríeta teo- 
gonia de los méxica se llamaba ¿Tbci, nue^ra abuela, reputándole 
madre de los dioses. 

Dejemos reposar aquí la tribu, para reanu4ar nuestra interrum- 
pida relación. 

(1) Oodex KamÍMc, M8.— P. Duran, tom. 1, eap. IV. 



■♦♦♦- 



CAPITULO V. 



CHICHIMBCA. 



BeiHú dé Atnaqueme,^BUado iokqfé de Vi trilni,--CóitM$n!fre$.^R€¡igi(>n,^Itin&' 
rarió.'—Fundaeton de Xdoe.—Eetablecimünto en Tenaifocan.-^Chie^tiTneeatlalU,'^ 
JJ^godademie9(ufrtbm,'-'Itehhod$(hiShiuac^ 

jf «<MiAi,--AgMrlMM» dé ihrrúe.^lífmoefiudú$.^Vida treglodUa de ¡afamiUa 
wmU ehiemm60ñ,-SuoBBo$ de loe trOme eMiMadae.'--Ia grtmjfum^ étdMmeca.^ 
Jíuerte de XolotL-^N^pedUm^ eegwtdo re^ Mehimeea.^Sueeeoe^'-üambio eoeial y 
wñ^jcra». ■^L^tee.^'OulUeo del tnaie y del a¡god<m.'-'Linqfee,--Lenguqfe,'- Muerte 
deNopoMn. 



LA triba que tího á ocupar 1» tiena después de la destmccion de 
los toíteca, se llamaba chichimeca. De lengua diversa, y por con- 
seonencia de familia etnográfica distinta de la nahoa, usaba lengua 
propia^ ya perdida: en su idioma se apellidaban Im águilas. Si díé^ 
ramos crédito á la tradición, el primer caudillo se llamó Chichime- 
catl, de quien la tribu tomaría su nombre primitivo, siguiendo á 
este los treoe emperadores Necuametl, Namaouiz, Mizcohuatl, Huí- 
tzilopocbitli, Huemac, Naubyotlj Cuaubtepetla, Nonohnalca, Hue* 
tdn, Cuauhtonál, Mazatzin, Quetzal é Icoatsin, que rigieron la mo- 
ni^Qía dolante 251$ afios, (1) durando en el trono cada uno más 

(1) IxIUlzoehiai Beladonei, MS.— Vaytift, lom. I, pág. 281. 



92 

• 

de ciento. Ya observó Veytia no ser digna de crédito semejante lis- 
ta de nombres, y nos arrimamos á su parecer, no tanto por las razo- 
nes que alega, cuanto porque creemos distinguir más bien una nó- 
mina de los reyes de Culhuacan, que de los señores chichimeca. 
Icoíitzin ó Icauhtzin subió al trono el XIII acatl 647, fué quien dio 
á su hijo Ohalchiuhtlanetzin para ser coronado primer rey de loí 
toltecíi el VII acatl 607, y murió después de reinar 180 años. Suce- 
dióle Moceloquixtzin el X tochtli 826, permaneciendo en el impe- 
rio 156 años. El X tochtli 982 le siguió en el maudo por 133 años, 
el señor Tamacatzin, muriendo el Xíllacatllll5, muy poco antes 
de la destrucción de los tolteca: entonces fué coronado emperador 
Chichimecatl el príncipe Achcauhtzin. (1) 

La capital de aquel imperio se llamaba Amaqueme ó Amaque- 
mecan. (2) Acerca de su sitiip^cipn losaotoies sólo están conformes 
en suponerla más ó menos lejana hfícia el Norte. Infór mannos las cró- 
nicas toltecas, que eran vecinos de la nación los chichimeca allá en 
la regioa de Huehuetlapalla; no nauy distantes los tenían también 
al establecerse en Tollan, y para librarse de daños y colisiones al- 
zaron por rey un príncipe chichimeca; destruida la monarquía tula- 
na, los chichimeca fueron los primeros en arrojarse sobre el país 
abandonado. Si á estos hechos unimos, la ob^rvacion de qug la lenr 
gua nahoa y los rastros ^e su civilización se descubren ^olurje la cosi- 
ta N. O. para venir á fijarse en la región central, no parecerá desea* 
bellado admitir que las habitaciones, de los* chichimeca quedaban 
hacia el N. E. Por este rumbo, preciso sería subir hasta Chihuahua 
para encontrar los restos de una ciudad importante, y Amaqueme- 

ri) Ixtlilibchitl, Sftúiaifia'reiaáíoií, WS.— TTo^q^iemáda, lib.'l; cap. XV.— Veytia,! 
toia. I, pág. «01. ■ y '^ .< í ' ' . '' ' -i ,.' ^ * • V f. 

(2) Acerca de ía situacioii del relnb de Amá(lnóme y de su capital kzñ^qfa'emecBñy • 
no eucooitramoá .noticias «fiiegorak Jx!tÍilsochill/ fiist. Cyátbám.;,é&jg[.^% aa^gur^'qa* « 
Xolotl 8^ü<?/ 'V^9 jiáciií U.4)^B Bap,t0;itrioiial» ^ |<3^ la proTmcia y regiop que llamaíi . 
Chicoiíioztoc.". — De las palabras de Torquemad^ lib. I^ cap... XV, se puede infem 
qué quedaban unáis 200 leguas aí'K. de Xalíxco.'— Boturiái; pág. 1^1,'eScHbe de Xo- 
lotl, que saÜ6 -*'de paHes remotas ttioia l^ioh\iaoan.^'-*^ATlegiii, pbv($tiica d4 Zacate* 
<^M^ P^i' Tf ^^' ."^^^^ el Kórtd) delraadeliKuieyp ^^^xico^ y muy 4ifta^^ ^laoi^. ^ 
''dad de México; hubo .una pi^yincií^ .9^J^ P^^^?^^l ciudad %f llamó ^maqu^me^ ^ , 
**sus moradorea Cliicbimecaa".' — Olavigero, toín. 1, pa^. S4, ij;nora cuál sea la tí- * 
tuacion dé Amáquémeoan; ¿únqúe a« íncltáa á'iJiípónér evtk iívAÍ& toiraka 'iá^W^ 
Norte da lo que señala Torquemada. 



^93 

can debió serlo, supuesto "haber sido capitaT de una monarquía' que 
duró por iñág 'de 2500 años: no quiere decir esta observación .que 
ídentificámps ambos lugares. Lá falta" de rastros dejadoí^ por aque- 
lla civilización, encontrar á las tribus iii vaseras en el estado salvaje; 
nos hacen conjeturar haber mucha ^exageración^ así én el adelanto 
de aquellas tribus, como en. la prolongada existencia dé su mo- 
narquía. 

due los chicliimeca estaban en el estado salvaje, pruébalo con to- 
da evidencia pinturas (1) y' rebelones. Aquellas le. representan va- 
gueando por campos caracterizados con'su particular vegetación; va- 
rios géneros de cactus, como el nopal y los órganos, el mezquite, el ma- 
guey y la gramínea llamada zacqtl] de cuyos Frutos espontáneos se 
aprovechan: persiguen por la huella alciervo; cazan el conejo y la to- 
zan] se advierte junto al fuego, en un asador de palo, la terrible víbora 
de cascabel que igualmente les servía de alimento. Las crónicas na- 
cionales dicen que: "Los señores cHichiniecas tenían sus reinos y se- 
•4ioríos hacia la banda del Septentrión, que corrían más de dos mil 
*neguas y de ancho casi mil leguas, gente bárbara y feroz y la más 
*-*fuerte nación que hubo." (2) Vestían de las pieles de los ani- 
males bravos que mataban, de las cuales formaban tanabien cactli 
6 cutaras para abrigarse los pies; cortado el cabello sobre la fren- 
te, el resto dejaban crecer tendido á la espalda; en tiempo de gue- 
rra los jefes se coronaban con una guirnalda de roble con una pluma 
de águila en la parte posterior, mientras en la paz la guirnalda era 

• • 

(1) Boturini, Catálogo del Museo, § III, niím. 3, dice:— "Otro mapa en una piel 
"curada, donde se pinta la Descendencia y varios parentescos de los emperadores 
''Chiohimeoos, desde Tloltzin, hasta el ultimo rej Don Femando Oortés Ixtlilzochi- 
"tzin. Llera varios renglones en lengua Náhuatl". — La pintura perteneció 4 D. Diego 
Pimenlel, descendiente del rey Nezahualcoyotl, según lo afirma la inscripción t^ue á 
la espalda lleva: Es esta pintura de Don Diego Pimentel, principal y natumil,'&, — 
Pasó á poder de Mr. Aubin, quien la hizo litografiar en París, ofídna de J. Desportes, 
bajo el título: — Histoire du royaiime d' Acolhuaoan ou de Tezouco. (Peinturé non 
Chronologique) Mappe Tlotzin PL I: contiene las leyendas mexicanas en facsímile. 
^Copia reducida se encuentra en la— Revue Oriéntale el Amerícaine, Pjtiió^MS61, 

'lom. y. pág. 3S0, acompaftada de un texto explicativo por el mismo Aubinw ' 

Cour Chichimequo &. histoire de Tezcuco. Mappe Quinatzin. — Pintura con anota- 
éiénes en rneücanc^) de la coleocion de Mr. Aubin, quien también la hizo litografiar 
«n la casa de J. Desportee. 

(2) íxtlilxochitl, Suro»ia relacioa, MS. Sólo tratándote de todas las tribus bárba- 
ras podriamof admitir con recelo tal numero de leguas. 



94 

de laurel con plumas verdes finas; los demás se cefiían la cabellera 
con la yerba ieoxochitl^ flor divina, 6 con el pachili ó heno. Usaban 
las mujeres huipilli^ enaguas y cutaras de pieles. Sus armas el arco 
y la ñecha, que en las pinturas es su gentilicio, y se les hace inven* 
tores de la cerbatana usada por los sefiores en la caza menor: en la 
guerra tocaban bocinas y caracoles, teniendo ademas una especie de 
atambores 6 tepotiaztli. Vivía el común al aire libre, mióntras los 
principales se abrigaban en las grutas 6 en chozas pajizas. No eran 
polígamos, reconociendo los lazos del parentesco, entre hermana, tía, 
sobrina y prima hermana, como independientes para contraer matri- 
monio. Su religión era muy sencilla; llamaban padre al sol, madre 
á la tierra; á la ppmera caza que tomaban cortaban la cabeza, pre- 
sentábanla al sol como ofrenda, y la dejaban ahí donde la ofrecían. 
Daban sepultura á sus muertos, enterrándolos en sus habitacio- 
nes, (1) 

Como antes dijimos, el XIII ac&tl 1115 subió al trono de Ama- 
queme el príncipe Achcanhtzin. Tenía éste un hermano menor 
nombrado Xolotl, (2) y no ef^tando cortteéites los autores en si am 
bos gobernaban juntos ó reinuba sólo Achcauht^in, lo cierto es, que 
sabedores de la destrucción de los tolteca, y cerciorados del hecho por 
medio de los exploradores que ha^-ta Xalixco enviaron, Xolotl reunió 
á los caudillos que bajo eu mando tetiía, proponiéndoles juntar á 
BUS vasallos 4 fin de venir á ocupar Ir d abandonadas tierras: (3) 
aceptada la propuesta, quedaron convcuidod el lugar y tiempo en 
que la reunión tendría lu¿^r. Xolotl estaba ca,^:ado con la reina 
Tomiyauh, ee&ora de Tomiyauh (Tamiahua) y Tampico, y con las 

[IJ IxÜilzochitl^ Sumaria rekcioD, MS. 

[2] £a su lugrjr dijimos lo difícil de la etimología d« eat» nombre; para mejcr la» 
teUerenoia anrnaaiarémos algunas p:ür.brL8. Lds atores de las Cartaa de Cort^, €01 
U oompUacion de Lorenzana, pág. 5, díoon: '*E1 prímer pobl&dor oonocido fué «t 
f 'oipitan general de los Chichimecon^ üamado Xolotl, esto es Ojo, por bu t^üoi» 
*'oia." Ko aabemoB cómo pueda aníorizar la lesgua meziorPA semejante interpreta* 
eion: á nuestro entender, más camino lleva derívcjrlo S.q Xolotl, nouol dios animal 
adorado en Teotihuacan, que cufjido sus pirámides fueren coacagradrs al col y á la 
luBA. no quiso morir eomó kia diocee sus oompafteros, trasformcndoee prrQ<.ro €tt 
nna mata de maíz de dos cofias á que los labradores Ibman xoloti. luego en el ma- 
gney que tiene dos retofios ó rrusíóiatl, y finalmente en el proteo acuático de nnestroi 
lagos denominado axolatl Sahagun, tom. 2, pág. 249. 

[3] Véase el disoorso en Toiquemada, Ub. I, cap, ZVI. 



d6 

gentes de los seis caodiUps principaleB Acatomatl, Cuauhtlapal, 
Gozcahaah, Mitliztao, Teopan é IztaccuauhtU, se reunió una in- 
mensa muchedumbre (1) en la ciudad de Oyóme» previo el Consen- 
timiento del rey Aohcaubtzin. Esa mención de ciudades y reinos 
poderosos, esa ooutradiccion que presentan los cronistas entre una 
civilización avanzada y los hábitos Tagabundos y trogloditas de las 
tribus invasoras, nos hacen sospechar que los chichimeca comenza* 
ban á dejar la vida completamente feroz del salvaje. 

Aquella tremenda imapcÍQU se precipitó hacia el Sur el II calli 
1117. (2) I>d Oyome^ ponto de partida, tocó en Cuextecatlichoca- 
yan y CoatUoamac, lugares habitados también por los méxi, lo cual 
determina que pasó por Xalixco y Michhua$an, y dirigiéndose por 
Tepenenec (3) hizo alto en Tollan. La ciudad estaba desolada y 
yerma, por lo que dejando algunas personas en ella p^ra que la re- 
poblasen, Xolotl fué al N. E. para alcanzar á Mixquiyahualla, en 
seguida á Actopan, (4) y tornando al S. se entró en el valle toman- 
do asiento en un lugar de muchas cuevas, no distante de Xaltocan, 
al que pusieron nombre de Xoloc: (5) esta fundación fué ol año Y 
tecpatl 1120. Para proseguir sus descubrimientos dejó temporal- 
mente esta mansión, dirigiéndose al perro Cempoaltecatl junto á 
Cempoalla, luego á Tepepoko, en donde encontrando nna gruta 
apropiada se retrajo en ella, mientras sus subditos habían excursio- 
nes en los alrededores, (6) prosiguió luegapor Oztoc, Cahua sallan, 
Tecpatepec y cerro de Atoaan, de donde Xolotl i^ volvió á Xoloc, 
enviando ásuhgo Nopaltzin, con parte del 4grjéTCÍto, á cal^r la tierra. 
El principe reconoció sucesivamente á Ozto^pao, lugar de muchas 
cuevas, Cohuatipac, Tepetlaoztoo, Tzinacanostoo ^^lug^r.r doawe él 
"y sus descendieatesr vivieron muchos afios, y hoy en di'!» csrlúa las 

(1) IstlU^oohil, Sumaria velación^ haoe subir el niuneto á 8.302,000 hombifs; en 
la Hist. Cbichim., cap. 4» dice qao sin mujeres y müos era má¿\ ¿o ur mülon, 

(2) Bepugna Olavigero el poco tiempo. tranecurrido enÍTs^ la des'rucoíou do Tollan 
7 la llegada de loe ohichimeoa; sus argumentos, no-libi ^t dt bu ' .; t^'-2"c^:í^', na- 
da valen en 8aiui'l<%i0a eontea losdooniñeniM Júalóriéseí ni k>n ods^p iioc ote old- 
gioos exactos. 

(3) De neneü, mufieca; Tepe-nene-o, en el cerro de la muftcea: subiste todavía 
bajo el nombre do Tepenene. 

(4> MizquíaboAla j Actopan perteneaen hoy aliBsU daHidltloo. 

(5) Permanece todavía bajo la denominaoicm 4e Joloqne* 

(6) IxtlUzoofaitl, Sumaria reladon, MS.— TorquemadA» lib. I, cap. XVL 



^'J 



96 

"cneváé muy curiosamente. labradas y encaladas con muchas case- 
•*rías y palacios, bosques y jardines;" (1) el cerro de CuauhyaCac, 
"en donde vi6 un tpmplo' muy grande de los tulteoa que estaba en 
"aquellos llanos, con muchos edificios arruinados llamados Tolte- 
catzopan; el alto cerro de Patlachiuhcan; Tetzcotzinco, que después 
**fu(^ bosque de sus descendientes;" sierra de Tlaloc; Oztoticpac, ba- 
rrio qu^ después fué de Texcoco; Huexotla al S. de esta ciudad; 
Tachachalco, que después fué llamado Cohuatlichan, Oztollitic, 
Tlalanoztoc, y tocando en Teotihuacan • fué á dar cuenta de sn co- 
metido á Xolotl, (2) no sin avisarle haber visto algunas humaredas 
hacia lo lejos, señal de existir lugares habitados. (3) Otros explorado- 
res hablan salido á diferentes rumbos y uno de ellos le dio parte del 
lugar llamado después Tenayocan Oztopolco, (cerro del Teoayo^en 
la pequeña sierra de Guadalupe), en donde se fundó la primera ca- 
«pital chichimeca. í 

De los nombres atesorados en estas correrías se infiere que, aque- 
llos emisarios buscaban lugares abundantes en grutas, <Josa natural 
en un pueblo troglodita y bien poco civilizado. Ixtlilxochil habla de 
fundaciones de ciudades cual si tratara de un pueblo culto; le en- 
gaña el orgullo nacional, pues en aquella época los chichimeca apa- 
recen vagabundos y cazadores. En efecto, se les ve desdeñar las 
ciudades abandonadas, prefiriendo vivir por campos y bosques á la 
intemperie. Tampoco el país entero estaba desierto; pruébanlo la 
multitud de poblaciones existentes, más ó menos mermadas en ha- 
bitantes, aunque en pié. Infiérese de las relaciones que Xolotl no 
era un salvaje feroz, ocupaba la tierra sin tocar á los pobladores pa- 
- cificos, y daba órdenes á sus capitanes para respetar las poblaciones 
y sólo repeler la . fuerza con la fuerza, caso que fueran atacados. 
De aquí resultó un estado anómalo, que debía tener en constante 
zozobra á los restos de las tribus civilizadas: mientras éstas se en- 
cerraban en los muros de los pfeeblos, viviendo en acecho para de- 
fender los campos vecinos cultivados de la tala de los merodeadores, 
lo bárbaros ocupaban los sitios cavernosos, las campiñas incultfsa 

[1] Ixtlilxocliitl, .Sumaria relAcion, MS. i 

[2] Subsisten la mayor parU da eatoa lugares al HE. de México, y algunos en 1» 
orüla oriental dal lago de Texooco. ' 

Z Pl Irttilxochil, Sumaria relac—Torquemada, lib. I., cap; XYIL 



j los boeqEoes más agrestes, rsoelosos también de Terse aeometídes 
por los eoltivadores. 

Xn TeDayocan se Uxo enumemcíotí de la gente ab< reunida, en- 
ooDtrándose mis de tm millón. Aal lo afirma Torqnem.nda, «[oien 
tamieiklo no ser cretdo fwr los lectores, da por ftfndamenlo las pin- 
toras en que el becho <)ODsta, y dioe: ^ne alh eerca del pneUo qne 
^Uiora se llama Tena>y«oa (qne fné cabeza entonces de este gran 
''retoo) está un higar donde hay doce cerreznelos de piedreoillas qiie 
"son las que se jus^taion enjutado se contaron, llevando cada uno una 
^'y arrojándola «n el mOntocí, que vistos parece espauto." (1) Esta 
manera de oocitar la gente puso en {liráctioa Xolott cinco 6 seis ve- 
oes durante el viaje, y en el Valle tres ocasiones; la una en Tena- 
yocan, la otra en Oztoteopac^ pueblo de la jnrísdiccion de Otompa, 
y I« tercera addante' de Eheoatepec: estos lugares recibieron el 
nombre de Nepokualco, contadero. (2) 

Reconocidos los lugares en donde quedaban restos de los tolteoa, 
Xolotl tomó posesión déla tierra, comenzando él mismo por el sitK> 
más próximo, enviando á su hijo Nopaltsin y á sus capitanes á los 
más distantes. Escogiéronse al efecto las alturas y nfayores monta* 
fias; en la cima el piincipal guerrero disparaba una flecha á cada 
1UK> de los cuatro puntos cardinales: formaba una rueda con torHales 
de la yerba nombrada malinalli^ encendiendo fuego encima, con 
ciertas oraciones y ceremonias. Los puntos 'eficogidos fueron, el 
oerro Yocotl, la montaña Chiubuauhtecatl, Malinalco, Itzocan, 
Atlixcohuaoan, Temalacayocan, montada Poyauhtecatl, Xiuhte* 
entitlao, 2kK^an, Tenamitic, Cuauhchinanco, Tutotepec, Metzti* 
tian, Guachquezaloyan, Atotoniloo, Cuacuauhean y Yocotl, punto 
L (3) Llámese lo encerrado en estos limites ChiohimeoatlaUi I 



[1^ Torquemada, lib. I, cap. tYUh 

[2] Sumaria relación. MS. 

[83 La genéraiidad de estos puntos es conocida. YoeoU 6 ]Sk>cotí, cerro de Xoco-^ 
UÜmi, Estedo de Mézioo. Ohinaahteeat], el Nejado de Toluoa, Esudo de México. 
Ifalinaleo, "Eetñáo de México. Itzocan, Iziicar de Matamoros, Estado de Paebla. 
AtUzeohtiaoMi, AtlixcO; Estado de Puebla. Tcmalacayocan, Estado de Puebla. Po- 
ymúhteoñü, Oofire de Perote, Estado de Yeíacruz. XiuhtecutiÜan, Zaoatlan, Tena- 
BiHeOy [dudoso]. Oñsnhchinango, Huaobinango, en el Estado de Puebla. Tolíots^ 
pee. Tuto. HeztiilaOy Cuschquazáloyany Hoaaea 6 HuasoasafoTá.. AtotantOso^ €Sisl 
Bstado de Hidalgo. Cuacuauhean, CahuacaUi Estado de Mézioo. 

TOM. III. — 13 



98 

tierra 6 perteneacía de los ohícliiniecfk. (1) Abarcaba porciones de 
los Estados de MéxicO) Morelos y Puebla, pequeña fracoion de Te-^ 
lacruz, la mayor parte de Hidalgo, íntegros Tlaxcala y el Valle. 
Sefialamos fijaniente el perímetro^ porque nuestros autores antiguos 
se hacen ilusiones acerca dé la extensión de los reinos de Anáhami 
; £1 movimiento de las tribus chichioieca contiauaba de S. á M.. 
!E!1 I calli 1129 Ueg<^ otra cuadrilla .capitaneada' por Xicoteouai .f 
sucesivamente en los cinco años siguientes por. su orden Xiotzona- 
Gua, Zaoatitezcotzin, Huitzihuatzln^ Tepozoteoua é Itzouintecatl: 
éstas eran hordas veriladeramente salvajes^ y Xolotl, qu0 había re- 
partido el Chichimecailalli entre sus subditos mis tranquilo», colo-i 
c6 á éstos en tierras eH que no fueran dañosos, estrechándolos en 
Tepetlao^toc, Oztoctlcpac y Tecayocan. (2) 

Aquel mi¿Hno año I calli 1129 munó Xiuhtemoc de Culhufloan, 
heredándole su hijo Nauliyotl, quien fué el príiiiero que tomó nom* 
bre de rey de los cuihua. Estaba casado con Iztapimt^in, bija de 
Pixahua, señor de CholoUan, en la cual tenia una hija llamada Te- 
sochipantzin. Existía aun Pochotl, hijo de Topiltzio, y con el fin 
Natihyotl de reunir en la misma familia la real de los tolteca y la 
fiCüya, Jlamó al príncipe que residía en Cuauhtiternoc, jutíto.A To* 
lian, casándole con Texochipantzin. Así una versión* (3) Repeti- 
mos que las crónicas indígenas son puntuales y. exactas tratando de 
BUS propios acontecimientos, mientras no merecen la misma fé en lo 
relativo á las ciudades extrañas: fundados en esto, . adóptanos otra 
versión, á nuestro parecer, más autorizada. (4) De la primera di- 
nastía de Colhuacan, es decir, de su fundación á la época de la des* 
truccion tolteca, sólo hemos encontrado mencionados dos reye^, 
Coxcoxtli y Achitometl, que trataron con los méxi. La sogunda di-. 
Bastía, contada desde el acabamiento de la monarquía tulana, ha 
llegado á nosotros íntegra y bien determinada. En ella no encon- 
tramos ningún monarca llamado Xiuhtemoc, sino en tiempos* muy 
posteriores. Lo que aparece verdadero es, que Nauhyotl salió de 

• m 

[1] IxtlilxochiÜ, Sumaria r^lac. MS.— Torquemada, lib. í,.cap. XIX. 

[2] IxUilxocliia, Sumaria ralao. Hiai ohiohimeoa, cap. 4. MS9.— Torquamada, 
lib. I, oap. XXL 

[8] IzHOzMliUl, Sumaria ralao. MS.— VeTtia, tomo 2, pág; 30. ' 

[4] Analea da Cninihtitian. MS.— Belaciones írandscaaas. MS* 



«9 

ToUan cuando fué^ abaadonada, y vino á mbrir e\ afto IX t60|Ml 
1124 en Coatolco éa tierras' de Texcooo. Sucedióle Cuauhtexpt* 
tlatzin, quien con ana gen^sañdúvo Tagueando'haslaqod hacia d 
T caili 1133 vino á establecerse ea Cttlhuácan, tomando el título d^ 
liey como descendiente de los tolteGa¿ 

Ninguna colisión que la historia ;inénQÍone habln acontetído entte 
iúvásores é invadidos, basta llegar el a&o XIII xsalli 1141. Sin- du- 
da con elestaUeiciiñúsQto de'Oicaubtexpetlatzín eb Colbuacan bal^ 
crecido i^quelWícittdad ^endo el punto de refugio dé los liahoa, pues 
Xc^tl; ú títtüo de se&or de la tierra^ pidi6 el tributo. Negada re- 
sueltamente 1^ prelenHlon; Nopaltain, al frente de ionumei^blés 
guerreros,. vino "sObre Colhuacan; eoipe&átonse rudos combates y en 
balde se defenaíeron obstiíjadam^nte los culhua^ pues agobiados por 
q1 ntUtiei^ tuvieiron que rendirse. Por fortuna los bárbaros no come- 
tieron, grandes depredaoioncjs, pues contentos con el vencimiento j 
con la promiesa de que les pagariaiv el tribu to^ dejaron libre .}a 
ciudad; (1) 

El II acatl 1143 hicieron los culhua la ceremonia del fuego nue- 
vo en el cerro de Xocbiquilazpo; sin duda era ya esta una reminís- 
concia de su trato cou los méxi. El siguiente III tecpatl 1144, Ef;- 
coatzin se hizo señor de Cimapan, de Tehuiloyocan, y Ahu^ca^ 
Techichco: murió Torquehuateuhtli, señor que fué de Chalco y de 
Xico, después de gobernar cuarenta años. El 5 acatl 1159 murió 
Ezcoatzin, y^ en el siguiente VI tecpatl 1160 le sucedió Teiztla- 
coatffln. (2) ■ 

Algo pasaba en las regiones boreales, obligando á las tribus á 
arrojarse hacia el Sur. El I tecpatl 1168 se presentaron á Xol<;itl 
ioa Tenayocan tres nuevas naciones. La primera fracción de los te- 
paneca que habían visto á los móxi al principio de su'peregrinacion 
y estaban hacía tiempo avecindados en el Talle, venía mandada por 
fin rey Aeulhua; la segundf^ que era propiamente la tribu aculhua^ 
«ataba regjyda piMpaa i^eñ^M: TacNatecoma; de ambas se dice que.pr^ 
ceden de Michhuacan, que hablaban lengua naboa y '^era gente polí- 
tica y de buenrgobiemo." En efecto, las dos eran de la filiaclou co- 
man íb las tribus del N. O., y estaban iniciadas en la civilizacioii 



<1) Ixtlflxochii!, Hisi ehiohimeoa, esp. L MS. 
(%) j^aálstds Cninhtitisn, MS. 



z.^ 



fo 



<5^ 



.^ 



100 

toltecü. Eti cQftttto á la tercera fracción, mandada por Chiconcnanl^ 
eran oto^níes, de los mismos avecindados en las montañas deide 
tiempo inmemorial, broncos j salvajes, que tomaban su parte en la 
invasión general; bajar de las montafias á Us Ihinuraa indica que 
aquel trozo se había pulido un tanto, supuesto que cambiaba la vi- 
da casadera por la del agricultor* 

Xolotl admitió benigno á los nuevos emigrantes. Ca^^ó á su hija 
mayor Cuetlaxochítl con Acolhua, dándoles algunas tierras en se- 
fiorío con la ciudad de Atzoapotzalco por cabecera. El sefiorío de los 
tepaneca existía en aquella ciudad mucho tiempo hacía, y la pue- 
bla había sido fundada por Ixputzal, de donde se llamaba Ixpu- 
tzalco, vocablo que con el tiempo de convirtió en Atzcaputzalco. A 
un rey Tezozomoc encontraron los méxi en su primera peregrina- 
ción, y los cronistas de aquel reino contaban 1561 años de la fun- 
dación de la monarquía cuando Torquemada redactaba su obra, 
dando la genealogía de muchos de sus soberanos. (1) Tzontecomatl 
obtuvo el señorío de OoatUchan, casando con Cihuatetzin, hija de 
Calchiuhtlatonac, principal señor de la provincia de ÍJhalco. Coa- 
tlichan, casa 6 madriguera de la culebra, so llamó después Acol- 
huacan, del nombre de la tribu, y Acolhuacan llamóse con el tiempo 
el reino chichimeca. Chiconcuauh tuvo por esposa á Cihuaxochitl, 
hija menor de Xolotl, con el señorío de Xaltocan. A fin de aumen- 
tar más aquellas alianzas, Nopaltzin, hijo de Xolotl, tomó por mu- 
jer áAzcaxochitl, hermana del ley de Culhacan, hija de Nauhyotl. (2) 
A ejemplo de sus jefes el pueblo menudo comenzó á concertarse 
por casamientos con los invadidos, principiando de esta manera la 
fusión de las razas: en presencia los elementos bárbaro y civilizado, 
natural era que tendiera éste á predominar, ganando terreno pro- 
gresivamente sobre los pueblos cazadores. 

Aquel mismo año hizo Xolotl donación de tierras á los principa- 
les seis caudillos que le hablan acompañado: dio á C<^uatlapal y 
Oozcacuauh hacia el Sur, con la oabecera del pueblo principal de 

(1) La genealogía tepaneca es, HuetzintecuhtB, Caecnex, Oiuralitzinteeuhtfi, 11- 
hmmaJúaAf MatlaoohuAtl, TezcapuotU, Teotlehu3o, Xiohilatonáo, Gihftiatooh» ufan» 
Teaozomoo, Maztlatoo, á muchos do los cuales se suponen reinados de más de cien 
«000. Torquemada, lib. III, cap. VI. 

(2) Ixtlilxochitl, Sumaria relac. MS.— %HÍ8Í ebiehim. eap. 8. -^Torquemada, llb. 
I, cap. XXIIÍ al XXV. 



MamalhmuQo; pasa hacia el Norte> i Aoatomatl en la proyiqcla da 
Cohiiatepec{ Iztaomitl Uxyo el sefiprío de Tepeyaeac, (1) Tecpa é 
Istaccuaubtli fíiema colocados en el Bftazahoacaa. (2) D^atro del 
Talle Ueyal^xi tiesipa de estar establecidos- los culhiía, tepaaecaí 
cbaloa j xccbimilca, (3) y el santuario de Teotihnacapi aúxi perr 
maaapia siendo ponto de rermioii ;para los fieles; f aera de; la ctienta 
qnedaba el gran santuario de ChicdqHap, loa buexptzinca y multitud 
de pequeños Estados, ya de procedeooia nahoa, ó dor origen extraño. 
Todos estos «etorloa vivían independientes en sue cortos territorío8| 
y 8i alguno reeonocíala cmperioridad de Xolotl tan sólo era de nom- 
bre. Su los nuevos repartimientos dados por el jefe chichimeca, en 
los que I9S fracciones vagabundas ee apropiaban para pultivar la 
tierra, los señores se establecían- seguidos de sus guerreros;', agrupa- 
dos en los pueblos de los vencidos para mezclarse con ellos, no re- 
conocían otro superior que á su jefe militar, dando ésto origen á la 
formación de pequefios núcleos reparados, pin cobeision alguna entre. 
si constituían los elementos de upa verdadera feudaüdad. 

De bs aculbua debemos hacer mención particular, por el influjo 
que ejercieron en la formación de aquella aociedad^ Ellos se bacíw 
originarios de Hueh^etlapallan y por lo mismo de la familia tolteca; 
después de una peregrinación de -49 años y atravesando el Michhua- 
can, llegaron al valle. "Yeslian unas túnioas largas de pellejos cur- 
^^tidos, basta los carcañales, abiertos por delante y atacados con unaa 
"i maneras de abujetas, y sus mangas que llegaban basta las muñe-^ 
^'eas de las manos, y sns cutaras de enero grueso de tigre ó dé león, 
*^y las muyeres sus buepilea y naguas de lo. propio, y los cabellos ni 

(1) Tepetca, BsUdo de Saetía. 

(2) JxaUxoohiti» SwQdtmroUb. M$.— Torqnemuda, lib. I, cap. XXVII. 

(8) Biguiendo' la autoridad ^e Ixttilxodiill. losxochimilba eran veoS&os dé los mtf- 
zi aBá en tíempos remotos, 7 salieron del logar llamado Aguüazco, al mando de bu 
seftor Hnetxalin, quien lea gobemd 180 aftos: Huaisalin mQrí<5 al llegar á Tollan, y 
el tercer rey chichimeca Tlotzin, les donó la provincia que habitaron. Siguiéronse 
después los seAores AcatonaUi que gobernó 2S afi08( Tlahuitl tecuhtli 7% Hahukad 
9; Tecuhtonalli 11, Tlahnicatl II 7; TsaheonhÜí 10; Cuauhtíqnetca 19; Ttooc^uhua- 
T¡m 12; Caxtotdn teonhtU 82; Xaópantnn 16* Qztoll H; Oeelotl é; T»a|N9«Mi 1% 
TlilliUBtsin 5; Xihuitemoc 17; TBininatlamlnataih 14; XihuiteipOo II46; 79»0Oyobnih 
tmn 17; Apoohquiyaohfadn rehu^ en tiempo de la conqnífta tajj^ola. [BaMflp 
del origen de los xochimiloa, MS]. Debe enéeikdeBea esto respeMiteáa lafUgrurfaiet»! 
narquía, pues la piimeía hallegaio á aeaoMi inoonlpltta. 



103 

"más ni menos que los de Xolotl; sus armas eran ardo y fl^óhab jr 
"lanssas'jtrujeron Ídolo qué adoraban que seilecíaCí^cb^itl^ycn todo 
"se parecían casi á los chichimecos dé la* naCioii fle Xolotí, excepto' 
*^ser idólatras y tener ritos y ceremonias de idolatría, y usar de tetti- 
"píos y otras costumbres." (1) A nuestro entender el Oodex Vftticft- 
río relata la emigración díe está tribu; eTdóctitofento le i^rteneíbeásí^ 
cómo sti congénere el Códice Trfleíiano Reineñsfe. . i ; • . . 

El afio I acatl 1207, Itzmitl, hijo de Tzonteóoma, iiefíoi dé Cbá- 
tlichan, vino á pedir á Xolotl le diese señorío' pata áu Wj'o Hnetzin; 
en ^cumplimiento de la promesa que le había hecho def favorecerte; 
el cMchimeca accedió d¿ buen grado haciéndole merced aé*'í'epo- 
tlaoztoc y otros lugares de los chichimeca'tributanos. (2) Trece años- 
después el I tecpatl 1220, Nopaltzin fué á visitar á su antiguo ayo 
el señor de Tepeyacac, tornándose después!* las inmediaciones 'dé 
Texcoco, donde á la sazón estaba su padre. Nuevos 'feudos se levan- 
taron entonces con íos individuos ¡de la fiíniília reial. Nopaltzin ha- 
bí^ recibido á Tzinacanoztoc, én cuya gruta tenía domiciliada sn 
familia; su heredero Tlotzin, moraba en Tlazalano^toc, y de los dos 
hijos menores de Nopaltzin i Toxtequihuatzin tocó él sefiotío'de 
Zacatlan, y á Apotzoctzin el de Tenamitic. (3) 

Los autores, al tratar de los primeros estáblecimie'ntos de lo§ 
príncipes chichimecas, hablan de ciudades y cajjitales, dual si la tri- 
bu fuera civilizada como la nahoa; pero las pinturas lo desmienten, 
dando la idea exacta de que estos monarcas vivieron en las grutas 
como verdaderos trogloditas. El Mapa Tlotzin presenta la jgrutade 
Tzinacanoztoc en donde viven Nopaltfcín yeu esposa AzcaxocÜitlj 
teniendo en medio do ambos una cuna tejida de varas de mimbre, 
en forma semejante á la de una concha bivalva, en que reposa un 
niño: ello demuestra asiento, reposo, la vida de familia. La inscrip- 
ción nahoa dice lacónicamente, "aquí nació Ixtlilxochitl," rey ({ueno 
fué hijo de estos padres. 

.' ' " . • • . . . 

(1) IxÜilxoobitl, Sunam mIm. MS. 
> {3} IzUilzoohitl, Samnia relac. MS.— ToxqnémAda» lib. I, «ap. XXX, no obstante 
4%M fdgiM en la historia ehiohimaca una xfelaóioii idéntica á la dn Xxtlilzoehiti, diñex^ 
en «Bta panto dioiando, qne á Hnetzin se le conoedid Oollraacan; por la gaerra na 
a^oderd de la dndM, mnxíó d rey Nanfayotl, j este Hneton faé qttíen le sucedió en 
at'lroao. Segnimos al cronista texooeanow 
(8) IzUilzoohitl» Snmaria Tbímáon, USL BmL Cbiohlnt., eiqx e. . • 



En segaida, báci4l»4éi*éohi^/'8etdÍ8tíiiga^I&gmM deOdáuhy»*- 
(0IC, pQ68 todl^ estás'^tliise^áb' situada» eü las montafia* dk\ laéé 
de Téxoodo: Ouaiih;faoa^, ei^ la naríz^ó punta' saKenl»^el'bos«[ii^ 
£n la pintura, segim tMémosdióW, X^oti Herael nombre de Ama- 
cnit se lo ir6' sentado eniel 4¡!Kidedela grata; teniendo deknte á ta 
esposa Tanjíyaub; fenjo» de él está Tiottín.y taiM bajé su mrtijer Paeií^ 
xochttsrin; en frento ^ jáistingueáNopaltzin- y eb la parte infe* 
rior su mujer Azcaxocbitl, quien no presenta la escritura propia 'de 
su nombre, sino una cabesade águUa dando la leotuia 'Cuaubmluia, 
ya porque sea ésta una eegunda^posa fr que amboa nombres perte^ 
oeedan á una misma. — / • , .;,.,.- 

En lamisma^^^intura sé ^bseirft' á Tlotli ó Tlotm viniendo en 
Tlatz^tlan Tlallanoat<>c. (1) En etra pintura publicfiáa^ por Mr. Aíu- 
btn, (^^el nombre está émmto cotí áoÉ oeirroa <y Ato&taflaa sobre laá 
^ates se alea nnaéspeeié de arco, símbolo de O2pft>//;aentados frente 
á frente sé hallan TIotain y su ^esposa Paohxoohitzin', ¡(3) unida pet 
una línea, en la parte inferior ^ lee la descéndeacia de aqtíel mat^ 
trimonio, de derecba á izquierda. 1/ La primogéínita MalinalK^ch 
(de malinalH, flor retorcida 6 del ^maUnalli). 2.' Azoazobch (dé éi3r¿ 
eatl, hortniga, flor de la hormiga). 3." duinatzin Tlaltecatzin, con 
los símbolos quef en sü lugar explicamos. 4.* Nopattzin Ouetloxihui 
(escrito el primer nombre con el jomctns-inopéfllij el segundo deri- 
vado do Ctfetlaxihui; rerbo que significa^ ''desmayar ó emperezar.*' 
M. Cuettanihuitzin el que se desmaya ó e9t>ereza. Los valores fCh 
sieos dé la palabra son tma fie^cukilaxtK^j dos plumas pequeñas 
ihffitl^ arrojando los sonidos cuetlax^hui^ intento mareado de una 
escritura foi^ticá. 5* Tochinleeuhtll (el caballero oonejo, expreqa^ 
do por la cabeza áef^'vmtoeAUi.) 6 * Xinhquetzaltfefii j(e8Ciito con una 
pluma, indicativo del quetzalli^ rodead<^del símbolo de las piedras 
finaa ^n el valor fónico xtkuUly radical- :rttiA; Xi^h-Hjuetzalj qlie- 

febrra'% M. TlaUau-ozta-c, en. la gruU debajo de tierra d subterránea. Ijosdosiiom- 
bres juntos significan, en la gpruta subterránea, en la quebrada de las sierras. 

(2} Beyue Amcnc-aine &1 Oiientale, tom. Y, pág. 367. La estampa, según el autor 
indica, perteneció á Boturini § lll, uiím. I. 

(3) De "Pachtli," beno; PfM^h^xocbitl^ flor de beno. Mr. Aubin, loo. citb pág. 366» 
pone Tocpacxocbitzin, palabra que traduce Notro-IcpacxochitL Ni el nombre ni la 
traducción parecen bien antorizadoa. 



tzalli fino, plunu^ de^ pedrería. (1) Ed el autpa Tlottln «e v^ la gra- 
to de O^oticpac^ (3) cpateoieBdo en el fondo á la izquierda á TIor 
iaÁn, á la dereoba á Paohxocb^ y en medió un DÍ&<^ en la cuna. Paoh* 
Jioohitssin está escrito con una cabesa eorooada de heno» pctchtU^ 
como la de los reyes chichimeca» iinónimo que yiene i comprobar el 
error de Mr, Aubíu al aceptar la leetura de IcpacxoahUl. No pueda 
caber duda, del padre al nieto .d6 aquella famüía real viFiesoo em 
las grutas. 

.Los feudatarios de estirpe real naturalm^ite reconocian la supre- 
macía del jefe diichimocatl; en cuanto á los invadidos y á loe bar* 
bares pagaban un tributo de conejos, venados, pieles de los anioia* 
les bravos, mantas groseras de nequen ó pita. Formados bcyo estas 
ba«eS| aquellos pequeños 8e&<tf ios quedaban como incruflbados en las 
tribus vagabundas: separados entre sí, con intereses propios, c<hi coe- 
tombres y á veces lenguas diferentes, cada uno tendía á aislarse de 
los demás, y ¡al hacerse de hecho independientes y conservar su uni- 
dad de raza, rompían todo lazo de que dimanara la unidad nacional. 

£i comentario nahoa nos dice, que ahí en Cuauhyacac se reunie- 
ron todos y la familia vivió junta. Amaoui con su esposa se retiró i 
Cüohuatliczan; Nopal tziu y su mujer se establecieron en Huexotla^ 
mientras Tlotli y su esposa se fueron á vivir á Oztoticpac. (2) En 
efecto, las crónicas dicen que en aquella sazón Xolotl estaba ocupa- 
do en cercar un gran pedazo de tierra junto al Texcotzinco, colocan- 
do ahí liebres, conejos y otros animales de caza; el lugar era cerne 
de recreación, estando su cuidado á cargo de los señores de las pro- 
vincias de Tepepoloo, Cempobualla, ToUantzinco y ToUan. (3) En 
aquella estancia pretendiéronlos enemigos de Xolotl matarle, echan- 
do dentro gran cantidad de aguA cuando estaba durmiendo^ aunque 
él pudo burlar el intento. (4) 

Durante este período el señorío de Gulhuacan se fué poce á poco 
robusteciendo. Cuauhtexpetlatzin murió el I calU 1181, sucedién- 
dole Huetzia, de quien no se sabe otra cosa sino haber desterrado 
de Culhuacan al caballero Acxocuauhtli, tiacauh (hermano menor) 

(1) Tenía á la vista esta aetampa Iztíilxoohitl al escribir al flnal áé aa cap. 6, Hls- 
ioría Chichimaoa. 
<2) Revue Amérícaine et Orteniale, tom. V, pág: 371. 
<3) Iztiaxochitl, Sumaria rekc. MS. 
(i) Torqaemada, Ub. I, oap. XXXIL 



105 

de Nanjotl. El II todilli 1182 se morió guerra entre lod aoolhtia j 
eMca, quedafido éalos vencidos y sujetos en TulTalitmlco. B1 in 
flo^tl 11€3, murié Toeemfaua, sefierde C^loo, sueedténdole Nahui* 
tspatí. Cuatro afios después, el Yll aeatl 1167, los chalca sorpren- 
d¡«K>n 7 destroferon á los ehkhimeoa, avecindados en Haitzmahuaa 
Sata irttm se ntosteaba desde eoténoes^kirlmlenla y atrevida, pne^ 
la vemoe el X toefaUi 1190 al maiido de Nahnálonahnitl y de Múc- 
ooatl invadir y apoderarse de los pueblos vecinos á su territorio. 
Nótaae el Xlil «alli 1193 una guerra entre xochimÜca y colhua, en 
que éetoe salÍ€««on v^encedores, rechazando á sue enemigos que preten- 
dlaa apoderarse de sus tierras. (1) 

Sn medio de estos conflictos, que nos dan i entender no reinar el 
estado eempleto de paz pintado por los eronistas, murió Huetain, 
sefk>r de CulhuAcan, el IX tochtli 1302, sucediéndolo Nonohualoatíl . 
£1 1 acatl 1207 murió Acatl, señor de Chalco, siguiéndolo en el maa» 
do Aatlitecuhtli. Bl I tecpatl 1220, llevaron la guerra los chalca 
basta Tlaoochealoo, del otro lado de las montañas del valle, exten* 
cQeodo sus excursiones á lo que parece hasta Tepeyacao y (/hotollan. 
Murió Nonohualoatzin de OaIhuac;&n el Vf acatl 1223, ocupando et 
trono vacante su hijo Achitomeil I. (2) 

Recordando lo expuesto, sabemos que Tzonteoomatl, primer señor 
de CoaClichan, tuvo por hijo á Tlacoxin por otro nombre Itsmitl, 
quien casó con Malinalxochitzln hija mayor de Tlotziu; de este ma- 
trimonio nació Huetzin, á quien Xolotl hizo señor de TepetlaoB- 
too. (3) Hacia el XII acatl 1231 dispuso Nopaltzin que Huetsia 
eontmjera matrimonio con Au>totain, (4) hija mayor de Acbitometl^ 



[1] AnalM de Caamitlan. MS. 
[2] Anales de CoAntitlan. MS. 

[S] El If apa noUtn presentid la gruta de (Vibtiatliohan [A], dasa 6 madrl^era de 
4s «nlébra» «xpNaada por una ali^erlmra eatee las f>iedraa, de laciial aaea medio «tierpd 
luvi víbonu Deliro de la gnKa fe ven llaUaalKoeU (4^) / eu ouurido Tlaooxiik (^K 
£1 nombre gero^líñco de éste está coi^paesto de una vasa empufiadn por una tnano, 
miántras la labra otra mano armada con un caobUlo; de aquí lo4 elementos f úniooa 
Uaoaélf ''jarilla ó vardasca, ** y el rerbo «¿ma, "carpintear:'* Tlaeo-xin, rara labrada 
6 oarpfait— dn. Ita-mltl» flacba de obaidUauí. Ba la parte inferior se diatíngae á Haa. 
tsío* nombre eacrito oon un kiu0hti4cl * 'atabal/' teniendo debajo el medio cuerpo dea 
nudo (47) signo fonétioo da la partícula ¿fía. reyerencial al fln de los nombres pro^ 
piofl de persona: Huetzin, el sefior, respetado 6 querido huebuetl. 

m AUfMl, pájaro 6 «re aenátka. 

TOM. in. — 14 



109 

Biefiojr de Culbuacan, mientras. su hermana, Ilanoupjtl^ debería casar- 
^Q cqn,AcamapÍQbtIi, hijia.de Ac]a]h)ia, rey de At^papQtz^lco. Hue(^ 
no. h^)3ía sido biea aceptado porros chÍQbÍQ)eca bárbaros defT^pe? 
tlaQT^tpc, á can^a de pertenecer 4 ^Igs adveji;i«di)so& cuUqs^ de mandila 
q^e,í^ jqgo tenían por, insoportable; mostrábase ajátn m^s d(»BCQa- 
ttGí^o Yacane:í^, jefe de loa guerrerop nómade^| qjuien entre el)o3 gif 
zd|a d^ la ;n^yor autoridAd; estaba adeiuae epamorado d^ Aiotot^in^ 
í^aí.qne, á la noticia del proyeqtado jnatjrimonio, se encendió en ira, 
poniéndose en abietta insurrección contra .su soberado. .Yaeanex al 
frente de sus parciales y en sOn de guerra vino áCulbiiaoan pidien* 
do á Acbitometl la mano de la doncella^ desechó el cuUma la demail- 
da^así por, la manera de0corté3 con que fué formuhida, conQu> pof no 
poder qnebrar la palabra dada á Nopaltzin, y para preveiiin una 
vinleiicia envió á Atototzin á Coatlichan para ¿er entregada i 
Huetain» 

Exasperado y puesto á caba por los celos, Yacanez, reforzado coíi 

los guerreros bárbaros de un valiente capitán llamado Ocotoch^ se 

diapufio á tomar por armas lo que de grado se le negó. Careciendo 

de fuerzas que oponer al rebelde, Xolotl ocurrió á Toch¡uteeuhtIi> 

hijo de duetzalmacatl, señor de Quacuauhcau, capitán valeroso, jefe 

de una bauda numerosa, á quien ofreció grandes premios porque 

combatiese á Yacanex. De luego á luego le dio por esposa á Ta- 

miah, bija de OpantecnhtU, señor de los otomiés de Xaltocan, prevj- 

ijié^ndole juntase en seguida sus guerreros, á ios que prevenidos, tfii- 

lií^ Huetzin. Bí XIH tecpatl 1232, asentó sus neales Tochintecuhtli 

ecB {{ue^oila, viniendo en su apoyo ademas de.Huetzin el príncipe 

duinatzin, ya para entonces establecido en Oztoticpac. Los rebeldes 

se habían fortalecido en Chiauhtla; adelantaron contra ellos los de 

Xolotl: estaban en presencia los civilizados y I09 bárbaros; animaba 

á 1q£1 lidiadores el encono de raza; se pongan á luchar los hombre^ 

de las poblaciones con los de loa campos, y la guerra debía ser san^ 

grienta. En efecto, embistiéronse con furot, eiguiéndope «spantosa 

carnicería; al decir de los cronistas, la sangre corrió como el agua 

por el cauce de los arroyos. Por fortuna, culhuíi, acuilma y t<'paneca 

legraron hacerse dueños del campo, mientras rotos y desbaratados 

los bárbaros huyeron á las montañas, arrastrando consigo á sus ven 

cidos y desesperados jefes Yacanex y Ocoíoch, Después de algún 

tiempo pidieron éstos merced de la vid^, cpncediéndola fíuatzin á 






eondidoft de v^éir 0(m^ trfbnt¿ri(í«? 4 TepeUatíztoc. (í ) ^"E}M!ft gtrerra 
^^ÍMé nna de la» oroeles que Hubof en e^tá' tienda, y^la ¿égttrrda detf- 
^^69 de la destrucofen 'áe lo8 toltéCAf», Uamdodde ichichirñecuyaú- 
*^t\:^' (2) La gaerra-ehichimeüa qii^ táti hendí» tñemória'dejtf tía 
aqt^eHaBnacbaes, reooaoce por orígetv el bello rostro' de Kiim'dott'' 

celia. ' .'«üM )'■':■ j 1 ; •■' * : ' •• . -' ■• "^ ^ *- r i » -t; ^j. 

V Cbmoresttltado^ela vicfeoria, TócHntecüMÍí y Ttttolulí, sti fe^JH)- 
la, quedaron coilio^Be?Í¿res de Hiiexotla, cerca de Textróco. (3) La 
eodioUda Atolí^ oai96 o6n Huetíin, éllacuill con Acílttittt)ichil?,' 
lecibrendo ant^b^a mujeres en d^te-afo^unas tierras dada^poffítr pa- 
dre en las cercanías de Cnlhuaoan (4) '' ' •' ^ i.Mii 

'Aqnelmiímib afioví* otra guerra attnqué de menor cuaiilfa*. Coz- 
caonauh, titto de los feftw que tomarort {iarte'fen la iíisürrfecciórí de 
Yacánek\ se había apode^«do »le Tépótzotlan,í'lrtgai- ^fíerténecie^te 
at Befiforío tepaneea; Acnlhua le hizi) la guerra, le desbártitiy, qiiittltt- 
doler l¿)s pueblos usurpado» y haciéndole hnfr con «uis patciálfes. (5) 

' Siempre én el repetido XÍIl tecpatl 1282', 'mnrí(y Xolotl en Te- 
nayooan. Aunque primer rey brtrbíirb, aparecfe amigo déla país, dé 
nobles sentimientos, inclinada á "mejomr la condición de suséábdf- 
tos; estahdo al frente ile tribus broncas y cazadoras, tuVo el büén 
hifltinto de respetar los restos de los pueblos civilizados, unirse á 
ello» y dejarlo» prosperar en las delicias de la paz: «i por apegado á 
iub coKtumlirés )m entró directamente en el movimiento ciTilisíadóry 
tini6 su« hijos y nietos á' los habitantes de la tierra, mirando sin 
pena ¿n gradual trasformacion. Lloráronle stis Vasallos como á btre- 
110, yhaüiéndole las honras acos^mbradas de dar' el péname á los 
ieitdo» y revet^enciarlb reunidos todo» los se&Ores, el oadávér fué 
enterrado eta una do laa ghitas de Tenayooan. (6) Contándose 



I j I 



> ) 



fl] trtmtooliití, Hfet. Cbtehíni. MS. cap; f. 

[aj El Bltapi^ Tiotoin muestra ja eaTopu^ d^ Qu^ün (i). «^ qaa mímn. ,i;90^|«^ 
eulini. el caballero conejo (40), y su muúr Tamiauh. Derívase este nombre de mía-^ 
httatl, la flor terminal de lá cafta del maíí, radical miaúhf que es lo que se nota en U 
pinítarA (41)/ Debajo ettá Ib descendencia del capitán eHiehnneo*!; cbinenéaíidó p<>r 
]|^iialiiuilsixL(49X: ^ .. r .*:-/'•' . ..■' ü f '- -'í'^ 

[4] Ixtiilxoohiti, sumaria rplao. MS. 

[6] Txtlilzoohlti, Hist. Chiohim. cap. 7. — Torqnemada, lib. í, cap. XXSlX. 

[G] Ixtlilxochitl, Hist. Ohichim, cap. 7. — Algunad'^oriáiiteb préseiita IsMlaéion 
de Torquemada, lib. I, cap. XXXIII y XXXIV. J - ' •/ ' 



L 



reinado del afio 1120 en que llegó á Xoloo fa?roii 213 aflo»; anten-^ 
do la edad que áates contajba, no pueden ser mteos de 180 -i 209 
afios. Atendiendo á que esos nüsmoa grandes periodos se sefialaa á 
los reyes chichimeca de Anaqueme, saldremos i la eoticlusion ja 
establecida; aquellos pu^eblos estaban acostumbrados á contar yoat 
dinastías 6 por individuos que llevaban el mismo nombre. 

De oomun consentimiento de los jefes cbichimeca fué alzado j 
reconocido por rey el legítimo heredero Nopaitzin. Pocos sucesos se» 
registran durante este reinado comparativamente tranquilo; aquelln 
sociedad entraba en un período de trasformacion, y parecía estar 
atenta y concentrada en su desarrollo. 

ElYlItochtli 122&, había muerto Teiztlacohuatziú, sefior de 
Cuauhtitlan, después de haber gobernado 67 años, al siguiente oca- 
p6 su lugar su hijo Cluinatzin, ponien(^ su residencia en Tepleta^ 
pan de Tequixquinahuac. El Y calli 1237, falleció Achitoroetl^ 
setor de Cuihuacan, sucediéndole Cuauhtonal: este príncipe murió 
á su vez el VI acatl 1261, sustituyéndole Mazatzin en el mando. (1) 
Refiérese nna guerra emprendida por el mismo Nopaitzin enperso* 
na, contra la provincia rebelde de Tollantzinoo, en que después de 
porfiados combates fueron vencidos y castigados los revoltosos. (2) 

£1 absoluto despotismo que debía presidir entre aquellas tribus 
bárbaras, comenzó á modificarse por la imposición de ciertas leyes 
promulgadas por Nopaitzin, leyes que sin duda corresponden á las 
primeras necesidades de la naciente sociedad. 1* Penado muerte, níii« 
guno pondría fuego á campos y montañas sin expresa licencia del rey* 
Ctueda todavía la bárbara costumbre entre los indígenas de qnemar 
durante el invierno el pasto seco de montes y llanos,' para abonar los 
terrenos y prepararlos para la inmediata primavera; esto acarrea é 
veces el incendio de los bosques, y siempre la destrucción de los rer 
tonos de las plantas. 2f Nadie tomaría la caza caída en redes ajenas^ 
so pena de perder arco y flechas, quedando inhabilitado para caaar 
hasta que de nuevo recibiera licencia del sefior. 3! Nadie podía apro- 
piarse de la caza á que otro hubiese tirado; aunque la encontrase 
muerta y abandonada en el campo. 4' Pena de la vida ninguno po** 
dría quitar los lindes y señales puestos en los cazaderos de los partí' 



(l] AiMÚes de OnsnlitHltii. MS. 
[2] Torqnemads, lib. I, oap. XLL 



109 

eolaiefl. 6^ Lo« adúlteros BeHan degollados, il) Draconianas eran 
estas disposiciones^ seflal de que se dirif^ian é Un pueblo indómito: 
tienen por objeto reglamentar las acciones de un pueblo cazador, j 
se atiende ya á conservar pura la fé jurada en el matiimonio, como 
garante de la familia constituida bajo la base de la motaL 

^£n tiempo de Nopaltzin se reformó el maíz, que desde que los 
**tultecas se perdieron no lo habían sembrado, y viendo la utilidad y 
**provecho del maíz, chile y demás semillas, mandó que las sembra- 
^n en cercados y usaran los chichimecas de ellas para su susten- 
*'ta.^^ (2) Los descendientes de los tulteca, temerosos de ver destruidos 
0BS sembrados por los bárbaros, habían aflojado mucho en el cultivo de 
los campos, casi del todo abandonados. Pasado el tiempo de la irrup* 
eion, sosegados los ánimos con el trascurso del tiempo, Xiuhtlato, 
sefior de Cuauhtq)ec, sembró algunos granos de maíz, que á medi- 
da que se lograban y multiplicaban repartía por los de su nación, has* 
ta que el cultivo volvió á propagarse. (3) Del logro de las semillas 
vino recordar el algodón, que poco á poco fué utilizado en el vesti- 
do. Todo esto iba contribuyendo á cambiar los hábitos de las tribus 
nómades, haciéndoles fijarse sobre la tierra, convirtiéndolos en agri- 
cultores. 

Nopaltzin residía en Tenayocan, pasando algunas veces á visitar 
el cercado que su padre habla mandado construir junto á Tezcoco, 
del cual estaba encargado su hijo Tlotzin, daba á éste algunos con- 
sejos y se volvía á su residencia ordinaria. Tlotzin vivió algún tiempo 
en Tescotzinco; pero desagradado del lugar y urgido por su esposa, se 
volvieron á su antigua gruta de Tlázatlan. (4) Nopaltzin, como ya 
sabemos, tenía por esposa á Azcaxochitzín, en la cual tuvo tres hijos: 
Tlotzin Pochotl, fw-imogénito y sucesor al trono; Huixaquen Tochin- 
ticuhtli, y el tercero Coxanatzin Atencatl: antes de éstos hubo un 
hijo natural llamado Tenancacaltzin. (5) 

A medida que el tiempo pasaba y los bárbaros se civilizaban, cre- 
cían, también los feudos y con ellos la subdivisión de la tierra. El 

[1] Ixtlflxoehitt, Hi8t. Chichiin. oap. 8. M8. 

[d] Ixttilxoohiti, Sninftrija rdao. MS. 

[8] T<nrqa«mada lib. I, oap. XLII. 

[4] IztHlzochitl, Sumaria relao. MS. 

[5] Ixtlizooldtl, Hist Ohiohim. cap. 5. MS. 



cronista texcocano (1) asigna como origen ^ Ocio» I^s^tieCor^oalM 
linajes, siguientes; JU>s r&yea cbJchímecK, deiCa^de procetU^b direo 
lamente loí^señw^s -de TexcoíJo, Teníiniitic, ZacHtlau^;Atzcap(il»a;ldd 
y Tiaxcalla. Xa)^a(^n, de dande i proviépea Met^ítítUii^' Ax^dláiaa^j 
otros. Cühu^tlichan, principio de tIuv*KOtzinoOk L* c^-índdiTeptíyai- 
cac fundadora de lo señoríos haeía el E. V SV l<ifVrie.jVIaltt»ilUiují«e8 y 
C baleo de lo^ del Sur; la.s do Cuhuatepecí.y Xaltocrtual Norte; láide 
los raazahua al O. . *: . . ; ^ . ' 

SU, misuio cromaba agrupa todos los puebWB de Anáh^i^c Bn<doil 
linajes: obicbimeca y tolteca. ^' Y déstos do»* linajes *de geríte hay 
"muchas. generaciones que tienen ca4a uua d« elías hu lengua y mo* 
"dp de vivir; pero tí)das'Us de la priuiera parte se precian y dicen qué 
"bop chichimocoft, Ion que trajo el ^nm Xolotl que áon lofl meros ubi* 
VchimecoH, y los acuilmas, ry aztlanecas que agora sé llaman; nield-^ 
"canos, . tlaxcaltecas, tepelmas, totoiiiU|UeH, mecenas, i^uexteeos^ 
"micbbuaques, otomíes, mazahuan, matlat^incas y otras mácliuB na4 
"cienes qi^ se aprecian de este linaje; y el segundo «on culhuai^ 
"cholultecas, mixtecas, tepanecjw, xochiiuilcaa, tochpanecfif^, xicálan-* 
"cas, chonchones^ tenimes, cuaubteuialtecas, tecolotecas y otras uiut 
"chas naciones, de suerte que unos son chichimecas y otros tulteca»* 
"Los nahuatlaca, que hablan la lengua culhua, que agora los eapaño- 
*4es llaman la lengua mexicana, son de todo g6nero de naciones." -En 
materia de lenguí^ naboa da la preferencia como se deja entenderé 
los acolhua, apocando cuanto puede á los méxi. "Loh mexicano^i í6 
"por mejor decir a;ztlanecas, escribe, no es su natural leligua la qut 
"hablan ahora, porque según parece en la historia, su -lengua ert 
"muy diferente la qué ellos trujeron de su naturaleza, y eata que ha» 
"blan agora es la que aprendieron en Tezcuco, aunque con todo eso 
"no es, muy buena, porque hablan con soberbia y poca cortesía." (2) 

Se entiende no ser esta una clasificación etnográfica; mas UQS su* 
ministra loff elejnentos para apreciar los diversos sentidos en que^fué 
usada la denominación chichimeca. En su genuino significado sólo 
86 toma por bárbaro, y se contrapone á tolteca 6 civilizado. Los sub- 
ditos de Xolotl, que se daban el nombre de ^ffíi/a^,^ fueron bautizados 
por los pueblos invadidos con el apodo de chichimeca. PuUdoa una 

[1] rzÜilxoobitl, Sumaria relao. MS. 
[2J Ixtlilxochitl, Süunaria rehc. MS. 



111 

yez los salvajes, confundidos oon los acolhua, sus monarcas se dieron 
el título de gran chickimecatl tecuhtli. Ennoblecido de esta mane- 
ra el epíteto, muchas otras tribus lo admitieron, no para dar á 
entender que pertenecían á la misma raza, sino para caliñcarse entre 
los más antiguos y nobles do los pobladores de la tierra; quedó al fin 
convertido en apellido codiciado y de grande distinción. Después de 
Ja conquista fueron llamados indistintamente mecos 6 chichimecas 
todos los salvajes nómades, sin tener en cuenta su lengua, cobrando de 
nuevo la palabra la acepción despreciativa que primero. 

Respecto de los aztlaneca ó méxi,.eran de procedencia nahoí y 
hablaban U lenj^ua nahuatílj iio la ai)r<>nd¡eron en Texcoco, en don- 
de nunca estuvieron do asiento; su idioma, más ó menos bronco, 
era el mismff de los acuilma, y lo evidente parece que lo pulieron 
y perfeccionaron al contacto do étítos. Texcoco érala Atenas de Ana' 
hnac; ahí había escuelas donde se enseSaba el lenguaje, á las cuales 
COQcarrían é educarse los hijos de los principales señores; la corte 
Aoulhua daba el tono enmateria de habla, y aquellos retóricos te- 
nían en poco á los hablistas de los otros pueblos, á los mexicanos 
inclusive. El n¡ahoa ó náhuatl antiguo, tomó el nombre de mexicano^ 
fio por ser^l habla mád perfecta, sino porque le usaba la nación más 
gtande y poderosa encontrada al tiempo dé la conquista española. La 
pronunciación de la lengua no era uniforme, pues como dice Ixtlil- 
Xóchitl, la decían '^unos como llorando, otros como cantando, otros 
"como rifiendo, al tín cada nación como la pudo aprender la habla."(V) 

Después de un reinado de cerca de 32 afios, Nopaltzin murió en 
Tenayocan el V acatl 1203. Con asistencia de gran concurso de 
Beñbre», y las. ceremonias á usanza de la tribu, el cadáver quedó se- 
pultado etí la misma gruta en que yacían las cenizas de su padre. (2) 

■ • 

[1] LocowC : 

[2] Ixtli^oehUl, SamoriA r^lao. MS.— Hi«t. Oüolúm. onp. 6. MS^^Tox^emActoy. 
Ub. I, cap. XLÍIL ■ . . * 



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CAPITULO VI. 



CHICHIlfECA. 

Tlotmn Poohotl.—Cerenumúu de la eoron<usÍon,—El mUionero Tecpoyo AehémuktíL 
— Loé cJUchimeca tomador agricultores, -Ntíevoi feudo»,- -8uce»oi d^ferentrn.'-' 
Muere TUftnn.—Le sucede (iu%n<Uzin.--TenancacaUnn usurpa la corona, — Lo» 
méxi otra vez en el taUe.—Ftiga de Tenancaeallnn. — Usurpación de Aculhua. — 
Lo» teoehiehimeca ó techiMmeca, — Querrá social. — Batalla de PoyauMlan, — Lo» té. 
cluc/Umeca en llaáBcaUa.—IIuexoUsinco.'-Fundaeum de Tlaxcalia.^AouUma re»ii- 
tuye la corona d Quinatzin.^Ghurra de Clwloüan.— Llegada de la» trüm» tíaOo- 
flaca y chimalpancóa.^ Muerte de AcuViua, señor de Attcapoteetlco. — Suceso». — 
Gran guerra chichimera.— Muere QuinatzinTlaltecatxin, 



TLOTZIN Pochotl, tercer seBor de los chichimecA, fué jurado en 
TenAyocan el Y acatl 1263. Para aquel acto ponianles una co- 
rona de la yerba llamada pachxochitl^ que entre las pefiae se cria, 
con un penacho de plumas de águila puestas en unas ruedecillas de 
oro y piedras fígas, obra sin duda de los tolteca, á lo que llamaban 
zozoyaliualotl^ con otros penachos de plumas blancas dichas tecpiloU^ 
atado todo con unas correas rojas de cuero de venado, poír mano de 
los principales y más ancianos señores de la tribu. Salían después 
al campo, en donde tenían acorralados multitud de animales brayos, 
con los cuales peleaban los guerreros, haciendo gentilezas; luchaban 
entre sí, corrían, saltaban y ejecutaban pasos para mostrar vigor y 
gilidad.a Terminados aquellos regocijos se retiraban á la sgrutas que 
de palacio servían al señor, en donde tenían un convitei cuya paite 
principal consistía en la carne de los animales muertos en la cazsi 



113 

, cocida en barbacoa, no seca al sol como algunos dicen, pues sabemos 
que la tribu conocía el uso del fuego. (1) 

Tlotli estaba ya iniciado en la civilización tolteca y aun tal vez 
en los misterios de un nuevo culto. Había recibido su nueva educa- 
ción de un sacerdote chalca, llamado Tecpoyo Achcaulitli, que tenía 
su casa y familia en el peñón de Xico. (2) Para entonces ya fermen- 
taban en aquella sociedad distintas creencias religiosas. Los tolteca 
dejaron el culto del sol y de la luna, mezclado después con el poli- 
teismo zoológico profesado por los sacerdotes de Teotihuacan, y cu- 
yo principal asiento eran á la sazón Culliuacan y los pueblos de fi- 
liación tolteca. Cholollau profesaba las doctrinas predicadas por 
Ciuetzalcoatl, Los tepaneca, los aculhua, clialca, xoclúmilca y otrao 
tribus de procedencia nahoa, presentaban cíida una su divinidad partí- 
cula)'; los méxi durante bu primer viaje habían inoculado eu los pue- 
blos las sangrientas prácticas de su lúgubre politcismo, qno con el 
tiempo hicieron predominar en Auáhuac. Los pacerdotes de las na- 
ciones civilizadas, como los más instruidos y determinados por su 
carácter, hacían la propaganda entre los bárbaros, así rcligio a como 
civilizadora, de lo que vino á resultar la mezcla que observamos así 
en las razas como en la teogonia, la cual quedó fonuada con los más 
heterogéneos elementos. 

Dimos antes la descendencia de Tlotli cuando vivía en Tlatzalan 
Tlallanoztoc. El mapa Tlotzin le presenta viviendo en la gruta de 



[IJ Ixtlilxochitl, liist. Chichim. cap. 9. MS.— l'orcxuemada, lib. I, cap. XLIV. 

[2] Teepoyutl ó UepoyoU, pregonero [MolinnJ. AcUcautli derivado del verbo ach- 
eauhuia, "ser mejorado en lo que se reparto." En Tlaxcalla y Huexotzinco bo llama- 
ba Achcauhtii al más anciano de los Uamacazqne ^ y era quien predicaba y exhortaba 
á la penitencia y ayuno (Torquemada, lib. X, cap. XXXI y XXXII). Había ótroa 
a¿hcauhUn que revestidos de las pieles do dos mujeres desolladas, persc^^uian á los 
señoresi -quitando la capa á quien alcanzaban. En Cholollan se llamaba i^ialmento 
Achcaubtli al principal do los sacerdotes (Torquemada, lib. X, cap. XXXII). En los 
tribunales constituidos eu Texcoco el achcaxtJitli icniQ. oficio de prender ¿los culpa- 
bles, aun cuando fueran señores y principales; al cumplir la orden de los jueces eran 
por todas partes bien recibidos como mensajeros del rey y de su Consejo. [Torquo- 
mada, lib. XI. cap. XXVIJ. Veytia, tom. II, pág. 83, no obstante que toma sus da- 
to» de Ixtlilxoohitl, dice de Tecpoyo Achcaulitli haber sido un señor toltocatl, dueño 
del peflon Xico, contra el dicho de su maestro, Hist. t hiohi.M. oíip. 9. Según del 
nombre se infiere, Tecpoyo AchcauÜi era uno de los práxcipales sacerdotes de loa 
chalca, nn misionero como diriamos hoy, ocupado en predicar y ensefiar á los 

báibarofl. 

TOM. III. — 16 



114 

Oztoticpac (3), él (16), frente á su esposa Pachxochitl (17); entre 
ambos se descubre la cuna de un niño: en la -misma cueva vive tam- 
bién 6u hijo Quinatzin Tlaltecatzin (2G), con su mujer Cuauhci- 
huatl (27), presentando entre ambos la cuna de Tecbotlalla. El tex- 
to me:xicai]o noQ infonna de las relaciones habidas entre el rey y el 
misionero Tecpoyo AchcauhtU. (1) Viviendo Tlotli en la gruta de 
Oztoticpac, salía á cazar en tierras de pertenencia de Coatlichan. Un 
dia encontró á Tt^,cpoyo AchcauhtU y mii'ándolo pintado de negro, 
porque era sacerdote, tendió el arco para flecharle; espantóse el mi- 
sionero, mas le hizo señas para sosegarle y cuando lo hubo conseguí- 
do le dijo. "Hijo mió, ¿quieres que vaya á morir contigo? Pero Tlo- 
"tli no le comprendió porque era chichimeca." Esto establece clara- 
mente, que el chichimeca y el nahoa eran lenguas diversas, y que la 
tribu invasora conservaba todavía su habla. Sin duda diéronse á en- 
tender por señas, pues de ahí en adelante Tecpoyo acompañaba al 
rey. "Lo llevaba cargando los venados, conejos, culebras y pájaros 
que mataba con sus flechas; le preparaba la caza asándola al fuego, 
haciéndolo comer por primera vez las cosas cocidas, porque Tlotli 
comía crudo loque mataba." Más adelante el misionero, siempre cer- 
ca de Coatlichan, hace beber á Tlotli y á Pachxochitl el atnlli pre- 
parado con el maíz. (2) 

Trasladado Tlotli á Tlatzalan fué seguido por Tecpoyo, por cu- 
yas indicaciones fué puesto el nombre de duinatzin al hijo que ahí 
nació al rey. (3) Después de muchos tiempos de vivir juntos, Tec- 
poyo pidió licencia al rey dicióndole: "Hijo mió, ¿quieres que vaya á 

1 1] Veahc la traducciou dada por Mr. Aubiu, Kevue Aniericnino, tom, V, ptíg. 374. 

[2J Mapa Tlotzin. Distingüese en Coatlichan ó Coliuatlichan (5) á Tlotli (IG) y á 
Píiclixochitl (17), á los cuales i^reparalos ftlimentos Tecpoyo (18). Se ve el fuego en- 
cendido en el bogar despidiendo humo; á la derecha so está asando una culebra en- 
sarüida en un palo (lü), mie'ntras ol mismo sacerdote presenta á la acción de la lum- 
bre un pedazo de carne. A la derecha, otra vez Pachxochitl (17) con Tlotli (16) están 
bebiendo en un xicalU un líquido que es elatuUi presentado siempre por Tecpoyo (18). 
Dicen ser esta bebida, y que también so trata del tloitcalU ó tortilla [pan de maíz], ei 
tlecuilli ú hogar, sobre cuyas piedras reposa el co^nalUf el nuUatl, metate (20) con el 
metlapüU, mano 6 moledor, con la cual so tritura y muelen los granos del maíz para 
reducirlos á masa. 

[3] Mapa Tlotzin. Se ve á Gaohxoohitl (17) con su hijo en loa brazos en la gruta da 
Tlallanoztoc (6); fuera do la gruta se distingue á Tlotli (16) pronunciando el nombra 
de Quinatzin, en tanto que el misionero (18) está sentado como compafiero perpetuo 
del rey. 



115 

^'ver tus vasallos los chalca y cuitlateoa? ¿Quieres que les cuente la 
"manera con que vine á veros y vivo con vosotros?" Entonces Tlo- 
tli comprendía algo la lengua, y envió de regalo á los chalca algunos 
conejos y culebras en un huacalli. Pocos dias después tornó Tecpoyo 
y dijo á Tlotli: — "Hijo mió, ¿no iréis á visitar á vuestros vasallos los 
"chalca?" Precedido por el sacerdote, con otro presente de venados 
y conejos como la vez primera, Tlotzin se puso en marcha acompa- 
ñado de Pachxochitl; saliéronles los chalca al encuentro, los hicieron 
sentar y dieron de comer, sirviéronlos tamalli y atttlli^ de lo cual to- 
maron éste y dejaron aquellos. Tecpoyo Achcauhtli conferenció con 
los chalca y les dijo: ^^ Tlotli todavía no está bien convertido. '^'^ Los 
chalca tenían culto particular, diverso] del de los chichimeca, los 
cuales adoraban al sol diciéndole padre y á la tierra madre, y para 
adorarlos cortaban el cuello á las. serpientes y á los pájaros, arrojan- 
do la sangre sobre el suelo ó el césped removido. Tecpoyo entr^ á 
sus hermanos los conejos y las culebras, informándolos del tiempo 
que había vivido con Tlotzin, y les dijo cómo le había seguido á la 
caza. (1) 

Con estos antecedentes no podrá extrañarse que la primera de 
las determinaciones de Tlotzin al subir al trono, fuera ordenar que 
todos los chichimeca se ocuparan en labrar la tierra, cultivando de 
preferencia el maíz y las legumbres para sustentarse, el algodón pa- 
ra vestirse: *'que como en tiempo de su abuelo Xolotl* lo más de él 
^*vivió eu la provincia de Chalco, con la comunicación que allí turo 
"con los chalcasy ttíltecas, por su madre su señora natural, echó de 
"ver cuan necesario era el maíz y las demás semillas y legumbres 
"para el sustento de la vida humana; y en especial lo aprendió de 
**Tecpoyo Achcauhtli, que tenía su casa y ñimilia en el peñol de 
**Xico, había sido su ayo y maestro, y entre las cosas que le había 
"enseñado era el modo de cultivar la tierra." (2) 

Gran parte de la nación aceptó gustosa la nueva disposición, en- 
tregándose á la vida sedentaria; pero la fracción más bronca y atra- 

(1) Este comeutario lo explica el Mapa Tlotziu en las ñguras últimas eu el ángulp 
«üperior á la mano derecha. Tlotli (16;, devuelve álos chalca (24) los tamalli por 
mano de Tecpoyo (18). Más abajo Pachxocbitl (17) bebe el cubulti, en tanto qnd Tec- 
poyo (18) entrega á los chalca (23) los presentes que TloÜi les envía. Más abajo aiín, 
Tecpoyo está en gran conferencia y cuenta á sus parientes y hermanos (22) lo acon- 
tecido con el chichimeca. 

(2) Ixtlilxochitl, Hist. chichim. cap. 9, MS. 



116- 

sada no llevó en paciencia la nueva ley, retirándose sin hacer armas 
á llevar su vida errante, á las provincias de Meztitlan y Tutotepec 
(hoy Estado de Hidalgo.) 

Para reconocer sus dominios y poner en práctica sus ordenanzas, 
Tlotzin, recorrió sus Estados por espacio de cuatro años. Aquella 
visita del rey tuvo influjo en que los bárbaros comenzaran á dejar 
las cavernas, saliendo á las llanuras ú vivir en chozas de paja junto 
á los sembrados. Vuelto Tlotzin á Tenayocan, 1 tecpatl 1272, for- 
mó nuevos señoríos dando pueblos á sus hijos y á lo^? de Huetzin, 
señor de Cohuatlichan. Q,ainatzin obtuvo el lugar (lo Toxcoco, á 
fin de ir aprendiendo el difícil arte de gobernar, construyendo en su 
propiedad dos grandes cercadoí^: uno para sieiíibradc maíz y legum- 
bres, otro de recreación con todo género de caza. (1) 

Respecto de los demás señoríos, el Ilí tfchtli 1274 murió Ma- 
zatzin, señor de Cuihuacan, sucedi6ndoIe su hijo Quetzaltzin. Aquel 
mismo año los principales y señores de Ticic Cuitlilmac (Tlahuac), 
Cuauhtlotlin teuhtli, Ihuitzin, Tlilcoatzin, Chalcliinhtzin y Cha- 
huaquetzin, se repartieron por las heredades de Chalen, Xico y el 
tnismo Cuitlahuac. 

El IX tecpatl 1280 tuvieron una gran giieria los de Tlaxcalla, 
Huexotzinco y los acolluia, siendo Miccacalcatl i^euor de Hucxotzin- 
co. El Icalli 12S5 se destruyó el señorío de Cluilco, trasladándose 
la mayor parte de la población á Ticic Cuitlahuac. El III acatl 
12S7 murió (iuetzaltzin de Colhuacan, heredándolo en el tronp su 
hijo Chalchiuhtlatonac. El IV tecpatl 1288 murió Coatomatzin, se- 
ñor de Ticic Cuitlahuaó. El VI tochtli 1290, los de Chalco se apo- 
deran de Ticic Cuitlahuac, eligiendo por señor ú Miahuatonal- 
tzin. (2) 

• El I tochtli 1298 murió Tlotzin Pochtl, á los 30 años de su reinado. 
**Fu6 sepultado su cuei7>o en la misma parte que estaban su padre 
*'y su abuelo, hallándose en su entierro y honras, príncipefl y seño- 
'*re8: y el modo do su entierro era, que así como moría, sentaban en 
**cuclilla8 el cuerpo, y ataviado con las vestimentas é insignias rea- 
*'les lo sacaban y sentaban en su trono, y allí entraban bus hijos y 
'*deudo8, y después de haber hablado con él con llanto y tristeza, se 

(1) Ixtlilxochitl, Sainaría relao. MS. 

(2) Anales de Oiiauhtitlan, MS. 



117 

^HbftQ sentando hasta que era hora de llevarlo á la cueva de bu en- 
^'tierro, en donde tenían hecho un hoyo redondo, que tenía más de 
"an estado de profundidad: allí lo metieron y cubrieron de tierra." (1) 

A Tlotzin sucedió Cluinatzin su hijo, cuarto señor chichimecatl. 
Estaba casado con Cuauhcihuatzin, hija de Tochintecuhtli, y en la 
cual tuvo cinco hijos: Chioonmacatzin, Memoxoltzin, Macihuatzin, 
Tochintzin y Techotlalatzin. El mapa Tlotzin, en su comentario 
dice: "Cluinatzin Tlaltecatzin, se casó en Huexotla con Cuauhci* 
"huatl, hija de Tochin." Este monarca, luego que hubo dado se* 
pultura al cadáver de su padre, dejando por gobernador de Tenayo- 
can á su tio Tenancacultzin, se fué en compañía de todos los seño- 
res á Texcoco, ciud^id que para entonces había cpbrado cierta im- 
portancia, y que fué declarada capital del reino. Dícese que el nue- 
vo monarca se hizo conducir en unas andas en hombros de sus 
nobles, cubierto por un palio que cuatro principales sostenían en 
las manos. (2) Texcoco habla sido fundada en tiempo de los tolte- 
ca; destruida cuando las guerras civiles destrozaron á la nación, po^ 
00 á poco fué reedificada, hasta hacerla Cluinatzin la corte de su 
señorío. (3) 

JSsta novedad introducida en las costumbres; haber ajado la dig- 
nidad de los guerreros haciéndolos servir para calarlo; la certeza de 
ser el nuevo rey partidario de los usos nahoa, alborotaron á los bar* 
baros apegados todavía á la vida nómade; de aquí que la mayor par- 
te de los Keñorlos se pusieron en rebelión, buscando su natural in- 
dependencia. Se etflpeñaba la lucha entre los elementos salvaje y 
civilizador. Aprovechando las circunstancias Tenancacaltzin, se hi- 
zo jurar rey chichimecatl, reuniendo sus parciales en Tenayocan. 
Todos los guerreros broncos lo siguieron, y aun el mismo Aculhua, 
señor tepaneca de Azcapotzalco, se puso al lado de la revuelta. 
Impotente Cluinatzin para hacer frente á tan deshecha tempestad, 
permaneció encerrado en Texcoco. Aculhua, que propiamente re- 
presentaba á los pueblos civilizados, codiciaba para sí la corona, y 
sí en apariencia ayudaba al bárbaro Tenancacaltzin, era en realidad 
.con el dañado fin de perderle. (4) 

(1) Ixtlilxoohitl, Hist. chicliim, cap. 9, MS. 
t2) Torqueraada, lib. 1, cap. XLVIII. 

(3) IxtlilxochiÜ, Hist. chichim, cap. 10. MS. 

(4) Txtlilxochitl, Sumaria relac. MS. 



^< 



118 

En aquella sazón los mézi habían penetrado en el valle, y aun 
cuando todavía no fundaban 8ü ciudad, moraban en las islas del 
lago. Los advenedizos eran crueles y semibárbaros; pero eran va- 
lientes á toda prueba; sujetos á los tepaneoa por vivir dentro de su 
territorio; obligados á éstos porque los defendiesen de sus persegui- 
dores los colima, se convirtieron en dóciles instrumentos de sus 
amos. El II acatl 1299, recibidas armas y por orden de Aculhua, 
los méxi salieron del lago dos noches consecutivas, sorprendieron á 
Tenayocan, robaron cuanto hubieron á las manos, y aun so trajeron 
las mujeres que mejor les parecieron. Para vengar la afrenta, Te- 
nancacaltzin reunió sus guerreros, pidiendo auxilio al tepaneoa; ób* 
te lo rehusó pretestando no ser necesaria tanta gente, en ocasión en 
quo el enemigo era un puñado de hombres. Tenaucacaltzin vino 
con sus guerreros á situarse á orillas del lago, en el cerro de Tepe- 
yacac (hoy Nuestra Señora de Guadalupe); reforzados los méxi, así 
con armas conio con gran copia de soldados tepaneca, enviados ae- 
cretamente por Aculhua, salieron al encuentro de loa barbaros; po- 
cas horas gastaron en vencerlos, los i)ersiguieron hasta Tenayocan ^ 
cuya ciudad pusieron á saco cometiendo grandes crueldades, vinieti* 
do cargadosVle^despojosá dar cuenta al señor Aculhua, de la victoria 
alcanzada: el tepaneca los recompensó con grandes mercedes, dán- 
doles licencia de poblar en el Ligo. Huyó Tenaucacaltzin con los 
mermados restos de los salvajes; en Xaltocaa pidió auxilio á su so- 
brino Paintzin, quien se lo negó, y como no encontrara amparo en 
ninguno de los señorus chichimeca, tomó el caiñino del Norte, que- 
dándose li vivir entre las tribus vagabundas. (1) 

Aculhua recogió la herencia de aquella efímera usurpación de ub 
ano, haciéndose jurar rey Chichimecatl tecuhtii. Fundábase para 
convertirse también en usurpador, en venir por línea recta de Xo- 
lotl, aunque por parte materna, y que duinatzin, escogido por su 
padre como más civilizado para regir la monarquía, era incapaz del 
desempeño de tan supremo mando. Aculhua no se lanzó á mayores- 
excesos; tranquilo y satisfecho en su nueva posición, dejó en paz á 
Quinatzin, de manera que entrambos señores eran reconocidos como 
exclusivos en sus pequeños territorios. 

Las crónicas de Tlaxcalla hacen antiquísima aquella ciudad. Los 

(I) IxUilxochitl, Sumaria relac, MS- 



119 

ulmeca y xicaliitnca poblaron cu aquella provincia, haciendo bus 
principales establecimientos en Yancuitlalpan (hoy Natívitas), Te- 
xoloCf Mijsio y Xiloxochitla, siendo su lugar principal los cerros de 
Xochitecatl y Tenayaoac, entre los cuales pasa el rio que nace en 
la sierra de Huetxotzinco, donde construyeron grandes parapetos de- 
fendidos por profundos fosos, subsistentes aún el siglo XVII. (1) El 
sitio de la ciudad de Tlaxcalla se llamó en lo antiguo Tepeticpac, 
Texcalticpan y Texcallan, y parece haber sido honrado con la pre- 
seneia de Quetzalcoatl. Aquellas colonias permanecieron tranqui- 
las y aun prosperaron durante la época tolteca; mas desalojadas de 
la comarca por la invasión chichimeca, estos bárbaros las repobla- 
ron, constando que Tlotzin dio el feudo de TlaxcaHa á bu cuarto 
hyo Xiubquetzaltzin, en unión de los dos hijos do Iluetzin, llama- 
dos Cuauhtlaxtzin y Memexoltin. Xiuhquetzaltzin era conocido ba- 
jo el nombre de Culhua Tocuhtli Cuanex, ''el caballero culhuaque 
es cabeza.^' (2) 

En el movimiento general de los pueblos de lengua nahoa, vemos 
comprendidos á los teochichimeca. La radical ieo-í\ comunica á la 
palabra el dignificado de chichimeca de dios ó divino; seguramente 
es un error, y la radical debe tomarse de tc-Ü piedra, de donde el 
compuesto sonaría techchimeca, chichimeca broncos 6 salvajes, co- 
miólo eran en realidad. Rl dictado de chichimeca lo tomaron los 
tlaxcalteca cuando se tenía por honorífico; la calificación es absurda 
etnográficamente, pues hablaban la lengua nahoa, no faltando auto- 
res que pretendan liacerlps de la misma sangre de los méxi. (3) 
Oriundos del Norte, después de andar diversas tierras tocaron en Xi- 
lotepec, Hueipochtla, Tepotzotlan y Cuahutitlan, donde hicieron 
mansión; dirigiéronse en seguida á Texcoco, donde pidieron tierras 
en que establecerse, las cuales les fueron otorgadas en los llanos lla- 
mados Poyauhtlan, é, la vera del lago, entre Texcoco y Chimalhua- 
can, asiento en el cual se encuentra hoy el pueblo de Cuauhtinchan. 
Los habitantes se retiraron háci/v las montañas, quedando en paz los 
extranjeros, no sin ser vistos con recelo por los convecinos. Eran ce- 
micivilizados, grandes flecheros, valientes, y en su vida aventurera 



[1] Torquemada, lib. III, cap. VIII. 

[2] Veytía, lib. II, cap. XI.— Ixtiilxochitl, Sumaria relac. MS. 

[8] Maftoz Camargo, Hist. de Tlaxoala. MS. — Veytia, T.b. II. cap. XIII. 



120 

hablan tomado nueva afición ú, la caza, su única manera de vivir: ado- 
raban á Camaxtle, el mismo Huitzilopochtli, en unión de otro Ídolo 
nombrado Mixcoatl. (1) Llegaron á presencia de Quinatzin, quien 
entonces imperaba en Texcoco, el I tochtli 1298. (2) 

Quinatzin, dejando á su competidor Aculhna gozar del territorio 
que le obedecía, se ocupaba en reunir armas, ganar parciales, y ha- 
cer adelantar á sus subditos por el camino de la civilización. Para 
lograrlo dispuso que los chichimcca abandonaran las moradas rústi- 
cas en que vivían esparcidos por los campos, reuniéndose en pueblos 
y ciudades al estilo tolteca. (3) Alteráronse los bárbaros, los cuatro 
hijos mayores del rey se pusieron al frente de los descontentos, si- 
guieron su partido muchos señores y gente principal, y los techichi- 
meca de Poy.iuhtlan comenzaron las hostilidades quemando algunas 
labranzas. Ln insurrección tomó colosales proporciones, reuniéndose 
á los cuatiü infantes los bárbaros del Norte capitaneados por los an. 
tiguos rebeldes Yacaiiex y Ocotoch, quienes arrastraron á su causa 
los señores de Meztitlan, Tototepec, Tepepolco, Tollautzinco y otros 
do menos cuenta. Reunido poderoso ejército, los alzados marcharon 
contra Texcoco con intento de embestirla por cuatro puntos distin- 
tos: situóse un trozo en Cuauhximalco, en la sierra de Tlaloc, al 
mando de los señores de Meztitlan y Tototepec; el segundo en Zolte- 
pec capitaneado por Ocotoch; en Chiconauhtla el tercero con su jefe 
Yacanex, y el último en Patlachiucan, de la gente de Tollantzinco. 

Era el año I tecpatl 1324. Quinatzin reunió sus subditos fieles, 
á los que se juntaron los guerreros de Tochintecuhtli, señor de Hue- 
xotla, y los de Iluetzin señor de los acnlhua do Coatlichan: era una 
nueva defensa de la civilización contra la barbarie. El ejército im- 
perial quedó dividido igualmente en cuatro fracciones: Tochintecuh- 
tli fué contra Yacanex; Nopaltzin Cuetlaxihuitzin, hermano del rey, 
quedó opuesto á Ocotoch; Huetzin, con su escuadrón, combatiría á 
Patlachiuhcan, en tanto que Quinatzin, en persona, pelearía contra 
los de Cuauhximalco. Encontráronj^e las diferentes divisiones, dán- 
dose encarnizados reencuentros, en que la victoria, dudosa al prin- 
cipio, se decidió al fin por los realistas. Quinatzin se encontró con 

(1) Muñoz Camargo, Hist. de Tlaxcaia. M8.— Torquemuda, lib. TU, cap. IX 

(2) Veytia, lib. II, cap. Xin. 

(3) IxÜixochitl. Hiflt. Chichim., cap. II. M8. 



121 

los teehichimeca de PoyauhUan, desbaratándolos con notable pér- 
dida: desde Cohuatliohan hasta Ghimalhuacan, la marina del lago 
quedó sembrada de cadáveres, tiñéndose las aguas del color de la 
sangre. (1) Rotos los teehichimeca, dio Quinatzin contra los de Te- 
pepoloo, mandados por su señor Zacatitechcoobi, los venció y persi- 
guió, hasta su pueblo, en el que hiao terrible escarmiento; siguiendo 
el alcance hasta el cerro de Teapazco. Victoria señalada alcanzaron 
también los otros escuadrones; Tochintecuhtli dio muerte por su 
propia mano á Yacanex; Nopaltzin mató á Ocotoch; pero quedó 
amargado el triunfo, porque empeñado el príncipe en seguir á los fu- 
gitivos, cayó en una emboscada de los de Tollantzinco, pereciendo 
valerosamente. (2) Estas batallas decidieron de la suerte de Tex- 
coco; las provincias rebeladas sufrieron tremendo castigo, quedando 
después sujetas á Quinatzin. El elemento civilizador se sobreponía 
deñnitivamente al bárbaro, al salir vencedor en aquella terrible 
prueba. 

Los salvajes vencidos huyeron hacia el Norte, su natural madri- 
guera. Respecto de los techichimecas vamos á seguirles un poco, pi- 
diendo venia al lector paiu la digresión. Los escapados á la batalla 
de Poyauhtlan fueron mandados á Tlaxcalla, con los cuatro infantes 
rebelados, en calidad de desterrados. Esta es la versión texcocana; 
loa cronistas tlaxcaleses aseguran por el contrario, que los teehichi- 
meca salieron victoriosos en la refriega; mas temerosos de estar siem- 
pre molestados por sus vecinos, consultaron á su dios lo que debe- 
rían hacer: Gamaxtle les respondió, ^^Oncantonaz^ oncaiitlahuiz^ 
^^ocanyazque^ ayamonican; quiere decir, Adelante habéis de pasar, 
"que aun no es aquí adonde ha de amanecer y salir el sol." (3) Oido 
el mandato del námeu, la tribu se puso en movimiento, aunque di- 
vidida en dos parcialidades. La menos numerosa, mandada por el 
jefe Chimalquizintecuhtli, tomó hacia las provincias boreales, y en- 

(1) *'Dicen los uatur^los de aquella UorrA, que eu memoria de esta tan sangríenta 
"batalla, comen cierto marisco que eu esta misma laguna se cria, que tiene por nom- 

''*bre izcahultli, y hay en olla mucha cantidaci y tiea? el color do sangre, algo reque- 
"mado y de color leonado, que es á manera de Uann coloradi, la cual cogen y tienen 
"por granjeria los^ pescadores de ahí; y dicen fabulosamente que do la mucha san- 
«•gre que se derramó en aquellus aguas, «e convirtió eu esta lama y marisco " Tor- 
quemada, lib. III, cap. IX. 

(2) Ixtlilxoohitl, Sumaria relác. — Hist. Chichim., cap. U. 

(3) Torquemada, lib. III, cap. X. 

TOM. III. — 16 



122 

contrando personas de su misma procedencia, se estableció en lotí 
territorios de Tollantzincoy Cuauhchinanco, siendo bien recibida de 
su señor Macuilacatl, quién dio por esposa á una de sus hijas áOhi- 
malquixintecuhtli. 

La fracción más numerosa tomó por la provincia de Chalco, atm* 
veso las montañas que circundan el valle y se precipitó en las llanu- 
ras opuestas. Prosiguió por Tetella, Tochmilco, Atlixco, Ck>hiiate- 
pec y Topapayecan; comunicó con los de Chol olían y sus caudillos 
Tloquetzalteuhtli y Yohuallatonac, se establecieron en Cuauhque- 
chollan, mientras Queizalxiuhtli se apoderaba de Cuauhtepec. Otros 
varios jefes ocuparon los pueblos todos de la comarca, inclusive Te- 
calpan (hoy Tecali), avanzándose el resto hasta el Poyauhtecatl (co- 
fre de Perote), en cuyas cercanías dejaron algunos pueblos. Aquellos 
bárbaros comían las carnes asadas ó chamuscadas al fuego; los de 
Cholollan les regalaron ollas y trastos de barro, enseñándolos á cocer 
las viandas, y en memoria del acontecimiento le dijeron al lugar 
Nacapaluiazcan, 'Monde se cuecen las carnes". (1) De allá dieron 
la vuelta llegando d^establecerse en lo que actualmente es Tlaxca- 
la, comenzando su población por los lugares de Atzaiau, Azacuanac 
y Acohuazapechcivn,'^ de la pertenencia de Tlalchiyach y Aquiach, 
quienes quisieron resistir la entnida. Los techichimeca ganaron la 
l)rovincia á fuerza de armas, an'ojando á los moradores que no gus- 
taron someterse, terminando la conquista con la muerte del valero- 
so capitán Colopechtli, cuya muerte desalentó rt los moradores 
de la tierra. (2) La peregrinación hasta apoderarse del sitio de 
Tlaxcalla duró quince anos, y según el cómputo más favorable, este 
suceso so verificó el IV tecpatl 1340. 

Apoderados los techichimeca de Tepeticpac y al mando de su je- 
fe Culhua tecuhtli Cuanex, comenzaron á ensanchar su población, 
detenniuados como estaban á quedarse en su asiento. Sea porque 
los vecinos intentaron quitarles el lugar, sea porque ellos fueran da- 
ñinos haciendo incursiones sobre pueblos y sembrados, los techichi- 
mecas se vieron acometidos por sus comarcanos, quedando reducidos 
á los picachos más altos de los cerros, en donde se fortificaron con 
albarradas y fosos. (3) El enemigo más enconado de los advenedi- 

(1) Torquemada, lib. III, cap. XL 

(2) Muñoz Camargo, Hiet. de Tlaxcala, MS. — Torquemada, lib. III, cap. XI. 
(.3) Torquemada, lib. III, cap. XII. 



123 

sos era Xiuhtlehüitecuhtli, se&or de Huexoteinoo. Esta oiadad en» 
muy antigua; el ohiohin^eca Tlotzin la dio en feudo á. su tercer hijo 
Tocbintzin, dándole por 0€d3Qtpa&e(*08 á Chícomaccatzin y Tlacatla- 
natzán, hijos de HueUin^ con otro sefíor principal apellidado Cuauh- 
tlüentzin. (1) La costumbre de mandar estos ouatro se perpetuó 
en la ciudad, quedando establecido un gobierno oligárq\üco, llama- 
do malamente republicano, subsistente hasta la conquista espaüola. 
Huexotzinco era como una ciudad Ubre, con pequeño territorio, des* 
tinad(^ ^ sostener las guerras religiosas contra el imperio mexicano. 

Era ya el año IX tecpaitl 1384. Xiúhtlehuitecuhtli determinó 
dar el golpe de gracia á sus enemigos; al efecto convocó á sus par- 
oíales, pidiendo auxilio ^ los tepanecci, quienes lo enviaron sólo pa- 
r^i aparentar, püesdiron aviso á los de Tepeticpao que no tomarían 
parte en el combate: reunido poderoso ejército, avatizó sobre la po- 
sicion de sus contrarios, poniéndole apretado coreo. Muy dó}}iles 
para combatir al campo raso, los techiohimeca se encerraron dentro 
de los muros de su ciudad, dispuestos á sepultarse en las ruinas. 

Llenos de apuro y afliociou invocaron á su dios Camaxtle, pusie* 
ÍQU sobre el altar carrizos, jarillas, varas tostadas, nervios, lengüe- 
tas y arpones, plumas y todo lo necesario para haoer flechas, y con 
Bañabas lágrimas le dirigieron fervientes oraciones para que los ayu- 
dase; lo mismo repitieron por varios dias, con ayunos y sacrificios de 
diversa cosas. Oyólos el dios, dioiéndoles tuviesen ánimo, que al fin 
saldrían cou victoria. 

Por consejo de Camaxtle buscaron una hermosa doncella que te- 
nia el un «eno mayor que el otro, y halbida con trabajo fué traída 
delante del numen; diéronle á beber una bebida medicinal y mágica, 
y exprimiendo y estrujando el pecho mayor lograron sacar una sola 
gota de leche, que recogieron en el vaso sagrado llamado teocaxitly 
"que quiere deoir vaso de dios, el cual tenüi la hechura siguiente:' 
**el asiento redondo y ancho, y en medio un remate redondo á ma- 
''ñera de botón, y la copa de él era como la de un cáliz, y todo el 
^^vaso de abajo arriba tenia un codo de alto. Este, según dicen al- 
**gunos, era de madera muy preoiada, negra, á manera de ébano, 
"aunque otros ¿icen que era de piedra negra muy sutilmente lahra- 
"dO) de color de azabache, que la hay en esta tierra y la llaman los 

(1) Teytia, Ilíst. autigaa, tomo 2, pág. 84. — IxUilxochiil, Sumaría relac. MS, 



4 



124 

^^naturales teotetl^ que quiere decir piedra de dios." (1) Taparon la 
ofrenda con hojas de laurel, y hacían sacrífíoioB ofreciendo papel 
cortado, espinas, abrojos, picieil, pfírfumes, culebras, conejos j co- 
dornices, cuyos animales mataban mientras los sacerdotes oraban, 
y el sacerdote mayor Achcauhtli Teopixqui, por otro nombre Tla- 
macazcaachcauhtli, sahumaba la ofrenda, principalmente el vaso: 
repetían la misma ceremonia á la mañana, medio dia, puesta del 
sol y media noche y ejecutado por tres dias consecutivos observaban 
con desasosiego y desaliento que nada había cambiado, fuera deque 
la gota de leche estaba casi seca, pequeña y enjuta. 

Llegado el dia de la batalla, al ponerse el Achcauhtli delante de 
la ofrenda encontró que las flechas y dardos estaban hechos, y que 
del vaso rebosaba un licor espumoso que se derramaba sobre el al- 
tar. Acometieron los huexotzinca, y los techichimeca saliendo fuera 
de los muros; á los primeros golpes cogieron un prisionero, que trai- 
do delante de Camaxtle fué sacrificado, arrancándole el corazón, y 
desollado el cadáver vistió la piel un sacerdote, atándosela con los 
mismos intestinos, de manera que pies y manos fueran arrastrando 
por el suelo. Era el punto de lo más rabioso de la pelea; atronaba 
los aires la gritería de los combatientes unida al ruido discordante 
de los atambores, bocinas, caracoles marinos y trompetas de palo; 
cruzaba el espacio una lluvia de flechas y granizada de pedrea; los 
lidiadores se mezclaban descargando golpes ciegos pero terribles. 
Con la zozobra en el pecho oraba fervientemente el Achcauhtli de- 
lante de Camaxtle; de improviso tomó del ara el espumoso vaso y 
fuese ¿arengará los guerreros prometiéndoles victoria en nombre del 
dios; derramó encima del sacerdote vestido de la piel el misterioso 
licor, y tomando una flecha del ara la disparó contra los enemigos. 
El prodigio fué completo. Las flechas y armas fabricadas por la 
intervención celeste, impulsadas por oculta fuerza volaron fuera del 
ara haciendo estrago espantoso en las filas contrarias; una densa 
niebla se esparció por el campo; desatinados los asaltantes dieron 
rabiosos unos contra otros, rodaron á los precipicios, chocaron con- 
tra los peñascos, üuedaron las laderas llenas de montones de ca- 
dáveres, corrió la sangre como si agua fuera, y los débiles restos de 
los vencidos huyeron de la matanza ejecutada por sus propias ma- 

fl] Torquemadft, lib. III, cap. XII. 



126 

nos. Asi lo creía el iluso pueblo; porque así lo había cantado en Ios- 
mitológicos cantares de su tierra, un famoso y muy valiente capitau 
chichimeca llamado Teouamitzin, testigo presencial de la sangrienta 
rota. (1) 

La victoria alcanzada tanto por el esfuerzo de los guerreros cuan- 
to por los encantamentos de los sacerdotes, hizo temer y respetar á 
los techiefaimeca; los prímigros en ajustar la paz fueron los huexo • 
tzinca, siguieron su ejemplo los pueblos comarcanos, quedando la 
tribu dueña y señora del territorio, jíor el cual fueron tranquila- 
mente extendiendo sus poblaciones y aun enviando colonias á pun- 
tos distantea. (2) Gulhua tecuhtli Cuanex dividió el señorío con su 
hermano Teyohualminqui; resultaron de aquí dos parcialidades, 
aumentadas con el tiempo á cuatro, llamadas Tepetiopac, Ocote- 
lolco, Cuahuiztlan. y Tizatlan, que eran como barrios ó divisiones 
de la ciudad de Tlaxcalla. Cada uno de los cuatro señores era obe- 
decido por nobles de rango inferior dueños de los pueblos, quedan- 
do en realidad fraccionado el país en cuatro distintos señoríos. Los 
jefes principales se reunían en senado para gobernar la república, 
decidiendo por mayoría la paz ó la guerra, nombrando los generales 
del ejército, é imponiendo los tributos. (3) Los nombres de repúbli- 
ca y de senado, para no caer en errores, no debemos tomarlos en 
las acepciones que ahora tienen. La república no tenía ciudadanos, 
los cuatro jefes eran reyes despóticos á la manera de los demás de 
Anáhuac, viviendo los subditos sujetos á la misma servidumbre: era 
una oligarquía, no un estado libre. La deliberación del senado, 
ajustada de conformidad entre varios, era más el resultado del buen 
querer de los mandarines, que la reflexión madura acerca de las con- 
veniencias sociales: en aquellos pueblos y en semejante época, la 
idea de verdadera libertad no tenía cabida en la inteligencia de go- 
bernantes ni gobernados. Sin embargo, era ya una mejora en los 
gobiernos despóticos. 

Terminada la digresicm volvemos á tomar el hilo de la historia. 
Vencedor duinatzin de los bárbaros, sujetos los estados rebeldes, 
con el apoyo de etus amigos, se encontraba pujante para recobrar la 
parte de sus dominios ret«)nida por Aoulhua. El tepaneca por su 

Torquemada, lib. III, cap. XII. 
Torqnemada, WL III, cap. XIII. 
Torquemada, Sb. III, cap. XIV al XVU. 



\2ñ 

• 

lado había visto disminuir su biindería con los miserables desertores 
que en hora critica van á buscar la cara del victorioso, y débil parft 
resistir á mano armada, astuto para 8al)er prevenir el peligro, envió 
embajadores á üuinatzin, así por disculpar la pasada acción, como 
para ofrecerle entregar la corona hasta entonces tenida sólo en de- 
pósito. Aceptadas disculpa y promesa, duinatzin fué jurado en 
Azcapotzalco como señor principal de la tierra, con aplauso y re- 
gocijo de los señores vecinos, pues los remotos no reconocían la au- 
toridad de los chichimeca: después de algunos dias dejó duinatzin 
la ciudad tepaneca, viniéndose á Texcoco, en donde definitivamente 
estableció la capital do la monarquía, año I tecpatl 1324 (1) 

Al siguiente II calli 1325 Iztamantzin, gran sacerdote de Cholo- 
lian, vino á Culhuacan á pedir socorro á su rey contra algunos pue- 
blos comarcanos de la ciudad santa; dióselo numeroso el culhua, 
pues aquella guerra asumía el mismo carácter que las de su tiempo, 
la reacción de los bárbaros contra la civilización. Los pueblos ene- 
migos, poblados de báilbaros chichimeca, eran Cuetlaxcohuapan, 
(lugar destruido en aquella guerra, en el sitio en donde ahora se 
alza la Puebla de los Angeles ó Zaragoza), CuauhquechoUan y 
Ayotzinco. El ejército aliado fué dividido en dos fracciones, de una 
de las cuales tomó el mando el sacerdote Nacazpipilolaochitl, inva- 
dió el paiH codiciado, le sojuzgó aunque con brava resistencia de 
los salvajes que fueron expulsados fuera de la comarca, quedando 
fijamente reconocida la autoridad de la ciudad religiosa. (2) Cholo- 
Han es una de las ciudades más antiguas de Anáhuac, santuario 
venerado, con su gran pirámide dedicada un tiempo á dioses desco- 
nocidos, vio desaparecer á su pió la civilización á que debió su 
existencia; florecer y morir la de los tolteca, respetada por los inva- 
^res chichimeca, aumentada con tribus nahoa en ella avencindadas, 
conservó siempre su carácter sagrado, si bien llevada por la corrien- 
te de los tiempos consagró su gran templo á duetzalcoatl, trasfor- 
mándose en la sede veneranda del culto mexicano. Con su gobierno 
teocrático, permaneció libre dentro de su pequeño territorio, mante<* 
niéndose opulentamente con las ofrendas de los peregrinos que 
acudían de las regiones más remotas. (3) 

[I] Ixtlikochitl, Sumaria relac, MS. 
[2] Ixtlilxochitl, Sumaria relac, MS. 
[.3} Véase Torquemada, lib. III, oap. XIX. 



127 

El y tecpatl 1328 llegaron á Texcoco las dos tribus tlailotlaca y 
ohimalpaneoa, compuestas de gran número de gentes, así hombres 
como mujeres: venían de más allá de la Mixteca, eran de filiación 
toUeca, hablaban la lengua nahoa^ ^'artífices y hombres sabios, as- 
. trólogos y otms artes:" pareoe que pertenecían á los pueblos emigra- 
dos en la época de la destrucción tolteca é invasión chichimeca, que 
siguiendo el movimiento general, retrocedieron en seguida para dar 
el raro ejemplo de pueblos que suben de S. á N. Después de residir 
algún tiempo en Chalco, se presentaron á duinatzin, quien los re- 
cibió con las mayores muestras de aprecio. Los tlailotlaca venían 
mandados por Aztlatlitexan ó Ooatlitepan, *^eran consumados en el 
^'arte de pintar y hacer historias, más que en las demás artes;^^ y 
traían por su ídolo principal á Tezcatlipoca: conducían á los chimal- 
paneca los dos caballeros Xiloquetzin y Acatcotzin. Quinatzin los 
hizo poblar dentro del mismo Texcoco; de donde provienen los nom- 
bres de los barrios de tlailotlacan y chimalpanecan, escogiendo la 
gente más granada, repartiendo bI resto por los pueblos inmediatos. 
Para honrarlos casó á Xiloquetzin con Coaxochitzin, hija de Chicó- 
me Acatl su hijo, y á Acatcotzin con Tezcacihuatzin, hija de Me- 
mexoltzin. (1) 

En el mapa Quinatzin se distingue á este rey (11) en el trage de 
los bárbaros chichimeca conferenciando con las dos tribus tlailotla- 
ca (12) y chimalpaneca (13) significando haber recibido de ellas la 
civilización. Adelante se distingue al señor (15) de Xaltocan (14) 
ya en el trage de los pueblos civilizados, recibiendo directamente de 
Oulhuacan (25), por medio do un hombre, los quimüH 6 lios de ro- 
pa con los instrumentos del cultivo del algodón, mientras la mu- 
jer (17) que á la espalda le sigue, lleva cargando las mazorcas del 
maíz. Para completar la enumeración de los pueblos que concurrie- 
ron al adelanto de los chichimeca, se distingue á los méxi (18), á los 
hnitznahuaca (19) y á los tepaneca (20). 

El Vil acatl 1343 murió Aculhua, señor tepaneca de Azcapotzal- 
oo, ^^siendo de edad de más de 200 años, habiendo gobernado casi 
"179:" (2) le sucedió su hijo Tezozomoc, señor que era de Tenayo- 
can. Lo repetimos, estas longevidades extraordinarias no deben ser 



[1] Ixtlilxochitl, dumaria relac.—- Hist. Chichim. oap. 12, M6. 
[2] Ixtlilxoohitl, Sumaria relac. MS. 



128 

aceptadas siu examen, y los reinados prolongados deben tenerse co- 
nno verdaderas dinastías. Más que en ninguno, en el presente cado 
parece asistirnos la razón. Veytia, cuidadoso investigador de nues- 
tras cosas antiguas, admite dos Aculhua, muerto el primero el VII 
acatl 1230, (1) falleció el segundo, padre de Tezozoraoc, el TU 
acatl 1343. (2) Torqueraada habla de la muerte de Aculhua, padre 
de Tezozoraoc, como acaecida poco antes de la del clucliimeca No- 
paUzin. (3) 

Respecto do los estados menores, habían acaecido algunos cam- 
bios. El líl tecpatl 13ÜÜ murió AhuatamaUziu, señor de Ticic Cui- 
tlahuac, y le sucedió Azayoltzin. El VII tecpatl 1304 falleció Chal- 
chiuhilatona, señor de Culhuacan, ocupando el trono vacante Cuauh- 
tlix. El XI tecpatl 1308 dejó de existir Azayoltzin, tomando el 
mando do Ticic Ouitlahuac el señor Atzatzamoltzin. El XII calli 
1309 sufrieron im gran quebranto los de Chalco, en la guerra em- 
prendida contra Tlaxcalla, Cholollan y otros lugaren: gobernaba á' 
los chalca el señor llamado Xa^^acamachan. El I acatl 1311 murió 
Cuauhtlix de Culhuacan, subiendo al trono vacante su hijo Yohuíjil- 
latona; los de Huexotiuco destruyen íi los de Cuauhquechollan, y 
muere en Chalco Tlalliteuhtli, quedando en su lugar Tochquihua- 
teuhtli. El II tecpatl 1312 llegaron los otomíes Cuahuaque: '*vinie- 
'*ron á i)arar entre los chichimecas, á la vez que el rey de éstos era 
''Tochtzin Teuctli, hijo de Tezcatl-Teuctli. Se dice que habiendo 
^'vivido h)s otomíes con los chichimeca por espacio de quince años, 
^ ^determinó Tochtzin-Teuctli mudarlos al paraje llamado Tla- 
'^copantonco Xolotl, que queda á un lado de la barranca de Tepo- 
^'tzotlan/' (i) 

El XI calli 1320 dejó de existii Yohuallatonac de Culhuacan, sien- 
do coronado rey su hijo Tziuhtecatzin. El I tecpatl 1324 falleció 
Atzatzamoltzin, señor de Ticic Ciutlahuac; los chalca se apoderaron 
del lugar y pusieron por señor á Totepeuh. El III tochtli 1326, Tez- 
catzin arrojó á los otomíes Cuahuaque del lugar que ocupaban en 
Tlacopantonco, teniendo que retirarse dispersos á distintos sitios. El 

[1] HÍ8t. nntígua, tom. 2, pág. 78 y sig. 
[2] Veytia, tora. 2. pág. IGl. 
[3] Torquemada, lib. I, cap. XLIII. 
[4] Analea de Cuanhtítían, MS. 



Ift9 

XI tochtli 1334 muere TxiuKteoatsiD de Culhuacan, saoediéndole 
Xihuitltemoc El JI tochtli 1338 falleoió Tezc^tMeuetli, se&or de 
Coaulititlao, después de gobernar 79 afios, iocupaudo la vacante el 
III acatl 1339 el señor Huaolli, quien fijó su residencia en Techioh- 
co. Til aoatl 1343, fallece Totepeqli, sefior de Guitlahauc, entran- 
do en su lugar Epcoatzin. XIII calli 1349^ gran guerra entre los d« 
Xaltocan y de Cuauhtitlan, prolongada por algún tiempo. II acatl 
1351, segunda destrucción de los de Cuauhquechollan. ni tecpatl 
1362 fallece Xihuitltemoc, señor de Culhtiaean, ^cediéndole Cox* 
coxfcli. y tochtli 1364 muere Epcoatzin, señor de Ticic Ouitlahuac, 
poniéndoBó en su lugar duetzalmichin. YI acatl 1366^ habiendo sa- 
lido á cazar Huactli, señor de Cuauhtitlan, encontró en Tecpolco 
una señora á. quien preguntó: ^'i^Q^uien sois, señora? ¿Dignaos decir- 
*^me vuestro nombre, el lugar de d<ünde habéis marchado y á dónde' 
^'dirigís vuestros pasos?" Ella le contestó diciendo; ^'vetigo, teSkoT 
^'mio, de Colhnacan, lugar de mi nacími^ito; mi paceré es el séñocr y 
'Mueño de aquellas tierras, IJamado Coxooxteuhtli; mi monbre isE 
^'Itztolpanxochitl.'' Oida la respuesta, Huactli tomó por la mano á' 
la señora, la llevó á su casa y pocos dias después se casó con ella: 
de aquel enlace nacieron dos hijos, Cuauhtli Ipantemoc ó Iztac« 
tototl. (1) 

El elemento bárbaro estaba casi vencido. Los pueblos de origen 
nahoa tomaban definitivo predominio sobre las otras familias etno* 
gráficas; pero esos mismos nahoa encerrados en la cuenca del valle, 
se subdividían profusamente teniendo cada fracción nombre propio 
y nacionalidad especial, tendiendo Á formar un indefinido feudalis- 
mo.- En aquella sazón, fuera de Estados de muy poco valer, se con- 
taban: 1 Texooco, 2 Azcapotzalco, 3 Xaltocan, 4 Cohuatlichan, 6 
Tenochtitlan, 6 Tlaltelolco, 7'Xochimilco, 8 Cuitlahuac, 9 Teya- 
cac Chalco Ateneo, 10 Tlalmanalco, 11 Mizquic, 12 <?halco, 13 
Cuauhtitlan, 14 CuauhquechoUan é Kzocán,' 15 Huetxoteinco, 16 
Cuetlaxcoapan, 17 Cholollan, 18 Tepeyacac, 19 Tlaxcala, 20 Za- 
catlan, 21 Tenamitec, 22 Tollantzinco^ 23íGuauhohiiianoo, 24 Ato- 
tonUco, 25 Mazahuacan, 26 Coyohuaüan, 27 Cohuatepec, 28 Hqe- 
xotla, 29 Acolman. De nombre sujetos á'Tfexcoco, pretendiendo c*- 
^ uno á título de más civilizado sobreponerse á los demás, no exis- 

[1] Anales de Ouaohtitian, MS. 



130 

tía entre ellos comunidad de pensamientos ni de intereses: entre 
ellos estaba en fermento la civilización en su periodo de gestaotoo. 

Si ya no contra los salvajes, los choques debían producirse entire 
las tribus adelantadas. Las tribus australes del valle se pusieron en 
pugna abierta contra las boreales: cada una formó una terrible liga, 
levantando copioso ejército. Quinatzin tomó el mando de sus par* 
cíales, dividiendo sus guerreros en tantas fracciones cuantas eran 
las de los insurrectos. Los señores de Culhuacan y de México fueron 
contra Cuitlahuac, ciudad encantada cuyos moradores tenían fñma 
de hechiceros y nigromantes; .Huetzin, señor de Coatlichan, fué opues- 
to á los de Huehuetlán; Atoxmicatzin deTIapiltepecálos de Huatx- 
tepec; Chalco, siempre falaz, se dirigió contra los de Zayollan, y 
duinatzin quedó para combatir á los de Totolapa. La guerra ántó 
un año, con varia fortuna de los contendientes, siendo verdad haber 
muerto millares de guerreros, sufriendo las poblaciones totlo linaje 
de males en saqueos é incendios. Tras obstinada resistencia de) ene- 
migo salieron victoriosas las tropas de Q^ninatzin, las cuales carga- 
das de despojos vinieron á Texcoco á recibir el premio de su valor, 
en medio de fiestas y regocijos. Las provincias rebeldes quedaron 
quebrantadas y más sujetas al yugo que pretendieron sacudir: el 
principio de unidad representado por el poder real salió triunfante 
en su primera prueba. Esta guerra, pintada por los cronistas texco- 
canos cual una de las más sangrientas, aconteció el I tocUtli 1350; 
denominada la gran guerra chichimeca, dio por resultado algunos 
años de paz. El victorioso duinatzin tomó entonces el dictado dd 
Tlaltecatzin, '*el que tiende y allana la tierra." (1) 

duinatzin Tlaltecatzin murió el VIH calli 1357, en el bosque de 
Tetzcotzinco, y fué enterrado con las ceremonias que su padre. (2) 
La trasformacion de los reyes chichimeca comenzó en Tlotzin, pro- 
siguió en duinatzin; á éste no puede apellidarse propiamente rey 
bárbaro, pues en realidad marca la transición. 

[1] IxUilxoohitl, SomarU rélao. M8. 

[2] IxÜUxochiÜ» SumaríA rélao.— Hist Chiohim. cap. 12.-*Difl6re en bs^ifrepaca- 
tÍT08 Torqaemada, lib, U, oap. TI. 



X i' 



I :t 






> A j» 



Ji. 



CAPITULO VIL 



EmQBAGION DE LOS HÍXI. 



Segunda lámina de la peregrinación. — Eldilutio. universal —Díscusion.^El avef.ro» 
digiosa. — Principio de la peregrinadon.—Asctlan.'-Correceion del calendario en 
CitMtcpee. — Llegan de nuetH) á ChaptUtepec. — Derrota en Mazatlan, — CcmUvidad 
en CfulhiMoan. — Nueoas mansiones en el lago.^Mixiúhoea^.^TenuiuuMUiUan, — Úi" 
timo año secular de la peregrinación. ' 



VAMOS á examinar la lámina que relata la segunda parte de la 
emigración de los méxi. 'Daremos su lectura apoyándonos en 
las explicaciones siempre doctas del Sr. D. José Femando Ramirez, 
en las tradiciones recogidas por los autores, en las reglas que. acer- 
ca de escritura mexicana tenemos expresadas en su propio lugar, 
£sta es la célebre pintura que, interpretada por Clavigero y por 
Humboldt, ha dado motivo á hermosas teorías, asi para fundar la 
unidad de la raza humana (en que verdaderamente creemos), como 
la descendencia asiática de los pueblos americanos^ traida directa- 
mente, después del diluvio universal, del sitio en que se verificó ^ la 
confusión de las lenguas. Habíamos ya de esta materia en la prime- 
ra parte, cap. III, y ahora se nos permitirá repetir alguna cosa do lo 
allá escrito á fin de dar, en cuanto posible, orden y claridad á nues- 
tro trabajo. 



132 

Refiriéndose Clavigero á la pintura (núm. 1 y 2) y bajo el título. 
Figuras del diltivio y de la confusión de las lenguas^ dice: "El 
"agua significa el diluvio: la cabeza humana, y la de ave, qtie se ven 
"en el agua, dan á entender el sumergimiento de los hombres y de 
"los animales. La barca con un hombre dentro representa la que sirvió 
"á salvar del diluvio un hombre y una mujer, para conservar la es- 
"pecie humana en la tierra. La figura que se ve en uno de los án- 
"gulos es la del monte de Colhuacan, cerca del cual, según declan los 
"megicanos, desembarcaron el hombre y la mujer que se salvaron 
f del diluvio. En todas las pinturas Mexicanas en que se hace alu- 
**BÍon á aquel monte, se representa con aquella figura. . El pájaro 
"sobre el árbol significa una paloma, que, según sus tradiciones co- 
"municó el habla á los hombres, que haíbían quedado raudos des- 
"pues de aquella catástrofe. Las comas, que salen del pico de la 
"paloma, son figuras de los idiomas. Cada vez que en las pinturas 
"Megicanas se simbdizan las lenguas, se hace uso de aquellas co- 
"mas. La muchedumbre de ellas que se ven en nuestra estampa 
"denota el gran número de lenguajes comunicados por la paloma. 
"Los quince hombres que las reciben denotan otras tantas familias, 
"separadas del resto del género humano, las cuales fundaron las 
"naciones de Anáhuac." (1) — Eu página anterior había escrito esta 
palabras: ^'Tenían los Megicanos, como todas las naciones cultas, 
"noticias claras, aunque alteradas con fábulas, de la creación del 
"mundo, del diluvio universal, de la confusión de las lenguas y de 
"la dispersión de las gentes, y todos estos sucesos se hallan repre- 
**flentado8 len sus pinturas. (*) DéJían que habiéndose ahogado el 
"género humano én el* diluvio, 86lo se salvaron en una barca un 
"h<!)mbre llamado Coxcox (é quien otros dan el nombre de Teooi- 
*^actli) y una mujer llamada Xochiquetzal, los cuales habiendo 
* "desembarcado^ egresa de una móntaQa, á qu0 dan el nombre de 
"Gdhuftcan,' táivi^roíiinuchoe hij^s, pero todos mudos, hasta que 
"una paloma les comunicó losádiomas desde las ranmede un árbol, 
^**peto tan diversos, qu^e n© podían¡ entenderse entre sl.^' (2) — Las 
íraccionesride H pintiirá qu¡e efa la obra sé-enouéntran, El diluvio y 

^♦] VLo (jiie d0cían deVdüuvio está representado en una 'figura que daré deí^moiy 

^%opiade áná í)iúHifaorí¿ínAl'KregHíana.^ -> - . 
[2] ClaTÍgero, Hist antigua, tom. J; pág. 225. . 






133 

La confusim de las lenguas^ e6táa de tel oámem alteradas, prin- 
cipalmente en los nombres geroglífiooi», que sólo son pálido y lejano, 
reflejo del cmglnal. Téaae la pintnm que presentamos. 

Humboldt escribe á su turno: ^^La moñbaüa que encima de. las 
^'aguas se levanta con la cima coronada por un árbol, es el Ararai 
''de Ibs mexicanos, el Pico de Oolhuacan. El cuerno representado á 
' 4a issquierda (sio) es el jeroglífico fonético de Colhuacan. Al pié de 
"b montaña aparecen las cabezas de Goxoo^ y de su mujer, reoo- 
^'nocible ésta por las dos tr^naaa en forma de cuernos, que, cóiuo 
^'muchas veces hemos observado, designcm el sexo femenino. Loé. 
^'hombres nacidos después diel dtluvib eran mudos; de lo alto de un 
'^árbol lea distribuye una t>ftloma las tenguáft representadas en iot* 
'•ma de pequeñaa virgulas." (1) 

Tendránnos por atrevidos quien vea nuestra pretensión de entrar 
en lid con personas tan superiores como Clavigero y Humboldt; 
sostenidos por Sigüenza y otros renombrados escritores; para recha- 
zar la nota de audaces nos escudamos con la autoridad del Sr. Ra^ 
mírez, con lo poco que hemos meditado, con que los fueros de la 
verdad no están sujetos á la opinión particular de una persona por 
encumbrada que sea: entre aquellas conclusiones y las nuestras fa- 
llará en alzada el criterio de los sabios. 

Estamos conformes y tomamos como punto de partida, que el 
cerro con la cumbre torcida es signo fonético de Culhuacan (a); pero 
de la ciudad de este nombre, no de pico alguno que lleve la deno<^ 
minacion. El cerro cercano á la ciudad se llamé antiguamente 
Huixachtitlan, hoy de Itztapalapan é la Estrella. 

El cuádrete núm. 1 con fondo azul y lineas curvas de color más 
oscuro, significa un espacio cubierto por el agua, más ó menos ez^ 
tenso. No puede representar el diluvio, él globo terrestre cubierto 
por las aguas, porque como observa atinadamente el Sr. Ramírez^ 
sería preciso admitir que idéntico cataclismo estaba representado en 
el número 40 de la pintura. 

La cabeza humana y la de ave, (b) no daü á entender el sumer- 
gimiento de los hombres y de los animales, porque como igualmen^te 
observa el Sr. Ramírez, serla preciso admitir otro sumergimiento 
igual en el núm. 39. * . 

[1] Humboldt, Yiies des CocdiUetot, ton. H, }fig. 179. 



134 

La barca con el hombre dentro (d) no puede representar la que 
sirTÍó para salvar del diluvio el hombre y la mujer que conservaron 
la especie humana, porque sólo se observa, un idividuodel sexo mas- 
culino, y éste alzando los brazos niás en señal de apuro que de sal* ' 
vacioa. 

Si las cabezas colocadas al-pié de la montaüa no indican el su* 
mergimiénto de hombres y animales, tampoco soü las figuras de 
Coxcox y de su mujer. Además, hay un contrasentido. Si las cabe- 
zas denotan á los sumergidos, ¿cómo pueden significar á los salvados^ . 
Tenemos dicho que la cabeza en hombres y brutos es una abrevia- 
tura de la figura entera, y una figura representa también por abre- 
viatura la familia, la multitud^ la tríbuó lanacioq. Para distinguir 
^a unidad de la pluralidad sirve el nombre geroglífico colocado al 
lado de la figura. En el presente caso, el ave colocada sobre la cabe- 
za del varón (b) no representa á los animales ahogados; es el nbm* 
bre geroglífico de la persona. Tampoco se llama Coxcox. Esto 
nombre ló conocemos en la estampa anterior, escrito con la cabeza 
de un pájaro con copete, mientras aquí es la cabeza de una águila, 
Cnatihtii: compárese con las respectivas figuras, y se verá ser idén- 
tico al núm. 38 (s). La hembra, (c) distinguible en verdad por la 
especie de cuernos sobre la frente, y eran las puntas de las trenzas, 
tampoco se llama Xochiquetzal. Para esto serla indispensable en- 
contriar los elementos fónicos xochitl^ flor, y qnetzalli^ plumas ver- 
des y ricas. El dibujo (c) ofrece en realidad las plumas verdes 
qnetzalli; pero empuñadais por una mano maitl^ de donde resulta 
la radical ma, indicación de la mano misma y de los verbos m«, ca- 
zar, cautivar, etc.: el compuesto para este caso es duetzal-ma, 
nombre de la mujer. Así lo dice el Sr. Ramírez en su explicación, 
y la lám. XXX, núm. 3 del Códice Mendocino presenta uñ grupo 
gráfico igual á éste, sólo qu6 afijado con la preposición cati^ por ser 
nombre de lugftt, arroja la lectura Quetzal-jua-^ean^ tomando la- 
mano en el sentido del verbo maca^ dar á otro, restituir. 

La barca con el hombn) (d), perdiéndose, no salvándose, si indi- 
cara una persona particular irla acompañado de su nombre pictográ- 
fico, cuál se observa en todos y cada nno de los oasoa análogos. Bar^ 
ca y hombre forman un grupo gen^lífico expresando el úembre de 

la localidad, en los térmicos mismos que se observa en todos y cada 
uno de los puntos del itinerario. La interpretación se toma d^ ver* 



fao acálaquia (nitU), meter a1go< debajo del a^a 6 hnndirlO| que con 
el afijo verbal n forma el nombre deL lugar AccUaquir-n^ donde se 
hunden las canoas, en donde zozobraD: carácter ideográfico con el 
tnnotémico acalUy canoa. 

Entre las dos cabezas se distingue en verdad una montaña; pero 
ya.aabemos que el mímico tepetl^ jB^i jeigmñg^k un cerro, como un 
grupo d^ montes, y también es signo determinativo de población^ 
Si se atiende á qvie bajo la montaña se extiende .la tierra, pintada 
de verde, sobre la cu^l reposan las figuras, no quedará duda alguna 
del ilútente de representar eu el hombre y la mujer los moradores 
de. aquel sitio. 

En el cerro hay un árl^ol sobre el cual está parado un pájaro (f) 
que no disputamos se parezca á la paloma, aunque en nuestro con- 
cepto no es ésta la representada. Salen del pico del ave multitud de 
vírgulas. Cada una es el símbolo de la palabra, y multiplicadas de- 
notan la repetición del discurso; también sabemos que en los ani- 
males no indica el habla humana, sino en las aves el canto, chirrido, 
etc., en los cuadrúpedos el gruñido, el gañido, etc. El pájaro, can- 
ta, y canta repetidas veces. No está autorizado que distribuya las 
lenguas á los mudos que le eacucban (núm. 2), porque no consta 
por el signo respectivo que las personas carezcan del U3«ide la pa- 
labra: lo que se advierte es, que escuchan con atención al pájaro. 

Nos enseña el Sr. Ramírez: "que existe una avecilla á que los 
mexicanos dan hoy el nombre de Tihuitochan^ porque dicen que en 
su canto pronuncian claramente estas palabras, que litemlmente 
traducidas quieren decir: vamos 4 nuestra casa.^^ Otros pájaros 
del valle pareco que pronuncian la palabra mexicana tihui, y son el 
conocido vulgarmente por Tigrillo y las Agachonas. A esto se re- 
fiere la pintura. 

En cuanto al símbolo (e) lo tenemos ya explicado, es el signo 
crónico del ciclo. Nos dice el Sr. Ramírez, además: "Este es ^l 
^símbolo del cido mexicano^ 6 sea período de 52 años, denominado 
^^Xiuhmplpilli, Figúrase en él un haz 6 manojo de yerbas verdes 
^^iXihuiU) atado por el medio; de donde la palabra Xiuhmolpilli^ 
"que literalmente quiere decir nuestra atadura ó Aaz de y^rbas^ y 
^metafóricamente atadura de los años ó ciclo,^^ Ahora bien, si par- 
tiendo de ia fecha qqnocida 4e la fundación de México, II calU 1325, 
último imceso jrelatedo en la estampa^ retrocedemos la cuenta oou- 



186 

tando los signos crónicos, este inicial corresponde al I tochtli 882. 
¿Será admisible que el diluvio universal aconteció el año 882 de la 
era cristiana? Ó formulando la cuestión en otros términos; ¿SorA 
cierto que la fundación de México tuvo lugar á los 443 a&os del 
diluvio universal? 

Es evidente que ebcerro torcido es el nombre fonético de Gulhuik 
can; ¿pero de cuál de los diversos Culhuacan se trata? La relación 
contenida en la primera estampa; la época i que ésta se refiere^ y 
ser continuación de la anterior; la congruencia de las feclias crono- 
lógicas; los lugares siguientes del itinerario situados á no largas dis- 
tancias de México, juntas á otras indicaciones que omitimos, de- 
muestran que el Culhuacan buscado es el que actualmente existe 
en el valle, al Sur de la capital, situado en aquella época á la orilla 
del lago, como evidentemente lo indica la pintura. De esta manera, 
Bí hay Rio de C?olhuacan, y éste fué el Ararat de los mexicanos; el 
supuesto diluvio aconteció en el Valle, y en nada está mezclada el 
Asia con este aconteciminto. Una vez por todas: nosotros no nega- 
mos el diluvio universal; negamos que la estampa examinada sea 
el documento que lo compruebe. Los nahoa conservaban el recuera 
do del diluvio, y ahí están sus soles cosmogónicos atestiguándolo. 

Si ocurrimos á la tradición hallaremos: *'el fundamento que tu- 
'* vieron para hacer esta jornada y ponerse en ocasión de este tan 
*'Iargo camino fué, que dicen fabulosamente, ywe un pájaro se los 
^^apareció sobre un árbol muchas veces: el cual, cantando repetía 
^^un chillido^ que ellos se quisieron persuadir á que decía TViui^ 
"que quiere decir. Ya vamos: y como esta repetición fué por mu- 
^^chos dios y muchas veces^ uno de los más sabios de aquel linaje y 
"familia, llamado Huitziton, reparó en ello, y considerando el caso, 
"parecióle asir de este canto p^ra fundar su intención, diciendo que 
"era llamamiento que alguna deidad oculta hacía por medio del 
"canto de aquel pájaro, y por tener compañero y coadjutor en sus 
"intentos, dio parte de ello á otro llamado Tecpatzin, y díjole: ¿Por 
"ventura no adviertes aquello que aquel pájaro nos dice? Tecpatzin 
"le respondió que no. A lo cual Huitziton, dijo: Lo que aquel paja- 
^'lo nos.manda^ es que nos vamos con él, y así conviene que le obe- 
^*dezcamos y sigamos, Tecpíitzin, que atendió á lo mismo de Huí- 
"tziton, del canto del pájaro, vino en el mismo parecer, y los dos 
"juntos lo dieron á entender al pueblo; los cuales p^tuadidoB á la 



Í3f 

"ventura grande que los llamaba, por lo muclio que de ella supieron 
•'encarecer los dos, movieron las casas j dejaron el lugar, y siguie* 
'*ron la fortuna que en el porvenir les estaba guardada.^ (1) Com- 
pare el lector y diga, si esta explicación no es la verdadera y ge- 
nuina de ]a pintura. Así, pues, nada, absolutamente nada, ni la 
tradición indígena, ni la lectura de los geroglíficos, apoyan la histo- 
ria del diluvio de Coxcox y de Xochiquetzal en esta pintura, nimu- 
cho menos 1^ confusión de las lenguas, sacada por Glavigero, de su 
pintura alterada: Humboldt no hizo más de seguir á Clavigero. 

Terminados estos preliminares, largos por cierto, mas no por ello 
menos interesantes, podemos con alguna confianza atar la interrum- 
pida narración. Después de la derrota sufrida en Tizaapan, á con- 
secuencia del apoteosis de la Toci, perseguidos los méxi tuvieron 
que refugiarse en un lugar del lago, llamado Acalaquian, cercano 6 
en jurisdicción de Cuihuacan. Vivían en una islita, siendo los se- 
fiores de la tribu Cuauhtli y su esposa (al parecer) Quetzalma. 
Tras las penalidades sufridas y tras tan largos años trascurridos, 
los méxi debían estar desesperanzados de los prometimientos de 
Huitzilopochtli, siempre aplazados para más tarde; por eso se afe- 
rraban de continuo al sitio en que vivían, siendo preciso un nuevo 
prodigio para llevarlos adelante. Viven en el valle algunas aveci- 
llas que parece pronuncian en el canto las palabras mexicanas ^t • 
huitochan^ vamos á nuestra casa, ó bien tihui^ tihui^ yá vamos, ya 
vamos. De aquí tomó ocasión el sacerdote Huitziton, para decir á 
Tecpatzin: ¿Por ventura no adviertes lo que el pájaro nos dice? Y 
como éste respondiera que no, aquel le replicó: El pájaro nos man- 
da que le sigamos, y conviene que le obedezcamos y sigamos. Con- 
venido Tecpatzin. con Huitziton, entrambos lo hicieron entender á 
la multitud, la cual, fiando siempre en las promesas del númen^ le- 
vantó las casas y se puso en movimiento. Esto acontecía después 
de celebrada la fiesta del fuego nuevo, al cerrarse el período cíclico 
I tochtli 882. 

A consecuencia del mandato de la divinidad, la multitud con- 
vencida, (número 2) se puso en marcha organizada bien en cinco 
familias, bien en cinco trozos diversos, al mando de un jefe parti- 
c ular. Llamábanse éstos Huitzilihuitl (k), Pápalo (1)^ Tlalaala (m)| 

(1) Torquemada, lib. n, oap. I. 

TOM. ni.— 18 



186 

tando los signos crónicos, este inicial corresponde al I tochtli 882. 
¿Será admisible que el diluvio universal aconteció el año 882 de la 
era cristiana? Ó formulando la cuestión en otros términos: ¿Será 
cierto que la fundación de México tuvo lugar á los 443 a&os del 
diluvio universal? 

Es evidente que ebcerro torcido es el nombre fonético de Gulhuik 
can; ¿pero de cuál de los diversos Culhuacan se trata? La relación 
contenida en la primera estampa; la época á que ésta se refiere^ y 
ser continuación de la anterior; la congruencia de las feclias crono- 
lógicas; los lugares siguientes d.el itinerario situados á no largas dis- 
tancias de México, juntas á otras indicaciones que omitimos, de- 
muestran que el Culhuacan buscado es el que actualmente existe 
en el valle, al Sur de la capital, situado en aquella época á la orilla 
del lago, como evidentemente lo indica la pintura. De esta manera ^ 
Bí hay Rio de C?olhuacan, y éste fué el Ararat de los mexicanos; el 
supuesto diluvio aconteció en el Valle, y en nada está mezclada el 
Asia con este aconteciminto. Una vez por todas: nosotros no nega- 
mos el diluvio universal; negamos que la estampa examinada sea 
el documento que lo compruebe. Los nahoa conservaban el recuera 
do del diluvio, y ahí están sus soles cosmogónicos atestiguándolo. 

Sí ocurrimos á la tradición hallaremos: ^^el fundamento que tu- 
'Vieron para hacer esta jornada y ponerse en ocasión de este tan 
"largo camino fué, que dicen fabulosamente, ywe un pájaro se los 
^^apareció sobre un árbol muchas veces: el cual, cantando repetía 
^^un chillido^ que ellos se quisieron persuadir á que decía 7¥Amí, 
"que quiere decir, Ya vamos: y como esta repetición fué por mu- 
^^chos dias y muchas veces^ uno de los más sabios de aquel linaje y 
'^familia, llamado Huitziton, reparó en ello, y considerando el caso, 
"parecióle asir de este canto p^ra fundar su intención, diciendo que 
"era llamamiento que alguna deidad oculta hacía por medio del 
"canto de aquel pájaro, y por tener compañero y coadjutor en sus 
"intentos, dio parte de ello á otro llamado Tecpatzin, y díjole: ¿Por 
"ventura no adviertes aquello que aquel pájaro nos dice? Tecpatzin 
"le respondió que no. A lo cual Huitziton, dijo: Lo que aquel paja- 
"ro nos, manda, es que nos vamos con él, y así conviene que le obe- 
^*dezcamos y sigamos. Técpíitzin, que atendió á lo mismo de Hoi- 
"tziton, del canto del pájaro, vino en el mismo parecer, y los dos 
"juntos lo dieron á entender al pueblo; los cuales pa*suadido0 á la 



"ventura grande que los llamaba, por lo muclio que de ella supieron 
"encarecer los dos, movieron las casas y dejaron el lugar, y siguie* 
**ron la fortuna que en el porvenir les estaba guardada." (1) Com- 
pare el lector y diga, si esta explicación no es la verdadera y ge- 
nuína de la pintura. Así, pues, nada, absolutamente nada, ni la 
tradición indígena, ni la lectura de los gerc^fficos, apoyan la histo- 
ria del diluvio de Coxcox y de Xochiquetzal en esta pintura, nimu- 
cho menos 1^ confusión de las lenguas, sacada por Glavigero, de su 
pintura alterada: Humboldt no hizo más de seguir á Clavigero. 

Terminados estos preliminares, largos por cierto, mas no por ello 
menos interesantes, podemos con alguna confianza atar la interrum- 
pida narración. Después de la derrota sufrida en Tizaapan, á con- 
secuencia del apoteosis de la Toci, perseguidos los méxi tuvieron 
que refugiarse en un lugar del lago, llamado Acalaquian, cercano 6 
en jurisdicción de Culhuacan. Vivían en una islita, siendo los se- 
ñores de la tribu Cuauhtli y su esposa (al parecer) Quetzalma. 
Tras las penalidades sufridas y tras tan largos años trascurridos, 
los méxi debían estar desesperanzados de los prometimientos de 
Huitzilopochtli, siempre aplazados para más tarde; por eso se afe- 
rraban de continuo al sitio en que vivían, siendo preciso un nuevo 
prodigio para llevarlos adelante. Viven en el valle algunas aveci- 
llas que parece pronuncian en el canto las palabras mexicanas ti- 
huitochan^ vamos á nuestra casa, ó bien tihui^ tihui^ ya vamos, ya 
vamos. De aquí tomó ocasión el sacerdote Huitziton, para decir á 
Tecpatzin: ¿Por ventura no adviertes lo que el pájaro nos dice? Y 
como éste respondiera que no, aquel le replicó: El pájaro nos man- 
da que le sigamos, y conviene que le obedezcamos y sigamos. Con- 
venido Tecpatzin con Huitziton, entrambos lo hicieron entender á 
la multitud, la cual, fiando siempre en las promesas del numen» le- 
vantó las casas y se puso en movimiento. Esto acontecía después 
de celebrada la fiesta del fuego nuevo, al cerrarse el período cíclico 
I tochtli 882. 

A consecuencia del mandato de la divinidad, la multitud con- 
vencida, (número 2) se puso en marcha organizada bien en citíco 
familias, bien en cinco trozos diversos, al mando de un jefe parti- 
c ular. Llamábanse éstos Huitzilihuitl (k), Pápalo (1)^ Tlalaala (m)| 

(1) Tofqnemadaí lib. II, oap. L 

TOM. m. — 18 



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tando los signos crónicos, este inicial corresponde al I tochtli 882. 
¿Será admisible que el dilavio universal aconteció el año 882 de la 
era cristiana? Ó formulando la cuestión en otros términos: ¿Será 
cierto que la fundación de México tuvo lugar á loa 443 a&os del 
diluvio universal? 

Es evidente que ebcerro torcido es el nombre fonético de Gulhuar 
can; ¿pero de cuál de los diversos Culhuacan se trata? La relación 
contenida en la primera estampa; la época á que ésta se refiere, y 
ser continuación de la anterior; la congruencia de las fechas crono- 
lógicas; los lugares siguientes del itinerario situados Á no largas dis- 
tancias de México, juntas á otras indicaciones que omitimos, de- 
muestran que el Culhuacan buscado es el que actualmente existe 
en el valle, al Sur de la capital, situado en aquella época á la orilla 
del lago, como evidentemente lo indica la pintura. De esta manera ^ 
Bí hay Rio de Colhuacan, y éste fué el Ararat de los mexicanos; el 
supuesto diluvio aconteció en el Valle, y en nada está mezclada el 
Asia con este aconteciminto. Una vez por todas: nosotros no nega- 
mos el diluvio universal; negamos que la estampa examinada sea 
el documento que lo compruebe. Los nahoa conservaban el recuera 
do del diluvio, y ahí están sus soles cosmogónicos atestiguándolo. 

Si ocurrimos á la tradición hallaremos: ^^el fundamento que tu- 
' 'vieron para hacer esta jornada y ponerse en ocasión de este tan 
*4argo camino fué, que dicen fabulosamente, 'jue un pájaro se los 
^^apareció sobre un árbol muchas veces: el cual, cantando repetía 
^^un chillido^ que ellos se quisieron persuadir á que decía 7¥Aiií, 
"que quiere decir. Ya vamos: y como esta repetición fué por mu- 
^^chos dias y muchas veceSy uno de los más sabios de aquel linaje y 
"familia, llamado Huitziton, reparó en ello, y considerando el caso, 
"parecióle asir de este canto p^ra fundar su intención, diciendo que 
"era llamamiento que alguna deidad oculta hacía por medio del 
"canto de aquel pájaro, y por tener compañero y coadjutor en sus 
"intentos, dio parte de ello á otro llamado Tecpatzin, y díjole: ¿Por 
"ventura no adviertes aquello que aquel pájaro nos dice? Tecpatzin 
"le respondió que no. A lo cual Huitziton, dijo: Lo que aquel paja- 
^'lo nos.manda^ es que nos vamos con él, y así conviene que lé obe- 
^^dezcamos y sigamos, Tecpíitzin, qtie atendió á lo mismo de Hoi- 
"tziton, del canto del pájaro, vino en el mismo parecer, y los dot 
^^juntos lo dieron á entender al pueblo; loa cuáles p^tuadidoe á la 



I3f 

"ventura grande que los llamaba, por lo muclio que de ella supieron 
•'encarecer los dos, movieron las casas y dejaron el lugar, y siguie* 
"ron la fortuna que en el porvenir les estaba guardada." (1) Com- 
pare el lector y diga, si esta explicación no es la verdadera y ge- 
ntiina de la pintura. Así, pues, nada, absolutamente nada, til la 
tradición indígena, ni la lectura de los geroglfficos, apoyan la histo- 
ria del diluvio de Coxcox y de Xochiquetzal en esta pintura, nimu- 
cho menos 1^ confusión de las lenguas, sacada por Glavigero, de su 
pintura alterada: Humboldt no hizo más de seguir á Clavigero. 

Terminados estos preliminares, largos por cierto, mas no por ello 
menos interesantes, podemos con alguna confianza atar la interrum- 
pida narración. Después de la derrota sufrida en Tizaapan, á con- 
secuencia del apoteosis de la Toci, perseguidos los méxi tuvieron 
que refugiarse en un lugar del lago, llamado Acalaquian, cercano 6 
en jurisdicción de Culhuacan. Vivían en una islita, siendo los se- 
ñores de la tribu Cuauhtli y su esposa (al parecer) Quetzalma. 
Tras las penalidades sufridas y tras tan largos años trascurridos, 
los méxi debían estar desesperanzados de los prometimientos de 
Huitzilopochtli, siempre aplazados para más tarde; por eso se afe- 
rraban de continuo al sitio en que vivían, siendo preciso un nuevo 
prodigio para llevarlos adelante. Viven en el valle algunas aveci- 
llas que parece pronuncian en el canto las palabras mexicanas ^t • 
huitochan^ vamos á nuestra casa, ó bien tihui^ tihui^ yá vamos, ya 
vamos. De aquí tomó ocasión el sacerdote Huitziton, para decir á 
Tecpatzin: ¿Por ventura no adviertes lo que el pájaro nos dice? Y 
como éste respondiera que no, aquel le replicó: El pájaro nos man- 
da que le sigamos, y conviene que le obedezcamos y sigamos. Con- 
venido Tecpatzin. con Huitziton, entrambos lo hicieron entender á 
la multitud, la cual, fiando siempre en las promesas del numen, le- 
vantó las casas y se puso en movimiento. Esto acontecía después 
de celebrada la fiesta del fuego nuevo, al cerrarse el período cíclico 
I tochtli 882. 

A consecuencia del mandato de la divinidad, la multitud con- 
vencida, (número 2) se puso en marcha organizada bien en cinco 
familias, bien en cinco trozos diversos, al mando de un jefe parti- 
c ular. Llamábanse éstos Huitzilihuitl (k), Pápalo (1), Tlalaala (m)| 

(1) Torquemada, lib. n, oap. L 

TOM. ni.— 18 



186 

tando los signos crónicos, este inicial corresponde al I tochtli 882. 
¿Será admisible que el dilavio universal aconteció el afio 882 de la 
era cristiana? Ó formulando la cuestión en otros términos: ¿Será 
cierto que la fundación de México tuvo lugar á los 443 a&os del 
diluvio universal? 

Es evidente que eboerro torcido es el nombre fonético de Gulhuik 
can; ¿pero de cuál de los diversos Cuihuacan se trata? La relación 
contenida en la primera estampa; la época á que ésta se refiere^ y 
ser continuación de la anterior; la congruencia de las feclias crono- 
lógicas; los lugares siguientes del itinerario situados á no largas dis- 
tancias de México, juntas á otras indicaciones que omitimos, de- 
muestran que el Culhuaean buscado es el que actualmente existe 
en el valle, al Sur de la capital, situado en aquella época á la orilla 
del lago, como evidentemente lo indica la pintura. De esta manera, 
Bí hay Rio de Colhuacan, y éste fué el Ararat de los mexicanos; el 
supuesto diluvio aconteció en el Talle, y en nada está mezclada el 
Asia con este aconteciminto. Una vez por todas: nosotros no nega- 
mos el diluvio universal; negamos que la estampa examinada sea 
el documento que lo compruebe. Los nahoa conservaban el recuera 
do del diluvio, y ahí están sus soles cosmogónicos atestiguándolo. 

Si ocurrimos á la tradición hallaremos: **el fundamento que tu- 
'* vieron para hacer esta jornada y ponerse en ocasión de este tan 
*4argo camino fué, que dicen fabulosamente, ^ue un pájaro se les 
^^apareció sobre un árbol muchas veces: el cual, cantando repetía 
^^un chillido^ que ellos se quisieron persuadir á que decía 3TíAiií, 
"que quiere decir, Ya vamos: y como esta repetición fué por mu- 
^^chos dios y muchas veces^ uno de los más sabios de aquel linaje y 
"familia, llamado Huitziton, reparó en ello, y considerando el caso, 
"parecióle asir de este canto p^ra fundar su intención, diciendo que 
"era llamamiento que alguna deidad oculta hacía por medio del 
"canto de aquel pájaro, y por tener compañero y coadjutor en sus 
"intentos, dio parte de ello á otro llamado Tecpatzin, y díjole: ¿Por 
"ventura no adviertes aquello que aquel pájaro nos dice? Tecpatzin 
"le respondió que no. A lo cual Htiitziton, dijo: Lo que aquel pájft- 
"ro nos .manda^ es que nos vamos con él, y así conviene que lé obe- 
^^dezcamos y sigamos. Tecpatzit, que atendió á lo mismo de Hoi- 
"tziton, del canto del pájaro, vino en el mismo parecer, y los dot 
'^juntos lo dieron á entender al pueblo; los cuales p^tuadidoB á la 



Í3f 

**Tentura grande que los llamaba, por lo muclio que de ella supieron 
"encarecer los dos, movieron las casas y dejaron el lugar, y siguie* 
"ron la fortuna que en el porvenir les estaba guardada.^ (1) Com- 
pare el lector y diga, si esta explicación no es la verdadera y ge- 
nuina de ]a pintura. Así, pues, nada, absolutamente nada, ni la 
tradición indígena, ni la lectura de los geroglíficos, apoyan la histo- 
ria del diluvio de Coxcox y de Xochiquetzal en esta pintura, nimu- 
cho menos 1^ confusión de las lenguas, sacada por Glavigero, de su 
pintura alterada: Humboldt no hizo más de seguir á Glavigero. 

Terminados estos preliminares, largos por cierto, mas no por ello 
menos interesantes, podemos con alguna confianza atar la interrum- 
pida narración. Después de la derrota sufrida en Tizaapan, á con- 
secuencia del apoteosis de la Toci, perseguidos los méxí tuvieron 
que refugiarse en un lugar del lago, llamado Acalaquian, cercano 6 
en jurisdicción de Cuihuacan. Vivían en una islita, siendo los se- 
fiores de la tribu Cuauhtli y su esposa (al parecer) Quetzalma. 
Tras las penalidades sufridas y tras tan largos años trascurridos, 
los méxi debían estar desesperanzados de los prometimientos de 
Huitzilopochtli, siempre aplazados para más tarde; por eso se afe- 
rraban de continuo al sitio en que vivían, siendo preciso un nuevo 
prodigio para llevarlos adelante. Viven en el valle algunas aveci- 
llas que parece pronuncian en el canto las palabras mexicanas ^t- 
huitochan^ vamos á nuestra casa, ó bien tihui^ tihui^ yá vamos, ya 
vamos. De aquí tomó ocasión el sacerdote Huitziton, para decir á 
Tecpatzin: ¿Por ventura no adviertes lo que el pájaro nos dice? Y 
como éste respondiera que no, aquel le replicó: El pájaro nos man- 
da que lo sigamos, y conviene que le obedezcamos y sigamos. Con- 
venido Tecpatzin con Huitziton, entrambos lo hicieron entender á 
la multitud, la cual, fiando siempre en las promesas del númen^ le- 
vantó las casas y se puso en movimiento. Esto acontecía después 
de celebrada la fiesta del fuego nuevo, al cerrarse el período cíclico 
I tochtli 882. 

A consecuencia del mandato de la divinidad, la multitud con- 
vencida, (número 2) se puso en marcha organizada bien en cinco 
familias, bien en cinco trozos diversos, al mando de un jefe parti- 
c nlar. Llamábanse éstos Huitzilihuitl (k), Pápalo (1), Tlalaala (m)| 

(1) Torquemadaí lib. II, oap. I. 

TOM. ni.— 18 






m 

Huitziton (n) el sacerdote inventor del prodigio, y Xomimitl (o)r 
Trozos ó familias van expresados con el determinativo hombre, lle- 
vando sobre la cabeza su nombre geroglífico. (1) 

La marcha, expresada en la estampa anterior por solo el xocpalli^ 
en la presente se expresa por la huella del pié humano sobre do» li- 
neas paralelas, dando la verdadera forma de oíli^ camino. Las cinco 

. [1] "£1 original de nuestra estampa, dice el Sr. Bainíréz, no tiene texto explica- 
tivo de sus figuras. Gemelli Carreri, único que hubiera podido darnos las de Si- 
güenza, pada dice, á la vez que se extiende eu noticias muy comunes y en iniítüea 
''curiosidades. Quizá Sigüeiiza las quiso resorvar para k'ii propios escritos, y ó no 
"las dio, 6 33 perdieron con todos sus otros trabajos arqueológicos. En elinenciona' 
**do original se encuentran solamente algunas palabras de letra antigua al lado de 
"los grupos figurativos de los nombres de los lugares en que los emigrantes hicieron 
"mansión, y que dan en la lengua mexicana la iuterpretacion ó traducción de sus 
"caracteres geroglíficos; pero como en ellos me ha parecido descubrí r algunas muy 
"graves equivocaciones, dado que las haya escrito Sigüenza, no obstante la seme- 
*'janza que se advierte con el carácter de su escritura, de la que poseo y he visto 
"autógrafos bien probados. En la estampa de Gemelli se encuentran otros nombres 
'*que no hallándose en el original, debemos suponer obra suya aunque probablemen- 
**te dictados por Sigüenza. El Barón de Humboldt los copió ambos en feu estampa 
"añadiendo solamente la traducción frcuicesa, así como Gemelli les había puesto la 
"italiana. Aunque yo creo haber adelantado la iuterpretacion de estos grupos gero- 
"glíficos, hasta quedarme muy pocos dudosos, mo limitare en las explicaciones quó 
"sigien á los mencionados por Gemelli y Humboldt. Después rectificare algunas de 
'*las equivocaciones en que me parece han incurrido, sin que se entienda que adop- 
"to las otras sobre" que no haga ^ observación." — El Sr. Ramírez no llegó á formular 
su juicio definitivo, de manera que, quedando entregados á nuestras i)ropia8 fuerzas, 
vamos á probarlas en empresa tan difícil como e'sta. 

Torqaemada, lib. II, cap. III, da los siguientes nombres de los emigrantes, qu6 
dejamos con su ortograña: Axolohua, Nanacatzin, Quentzin, Tlalala, Tzontliyayauh, 
Tuzpan, Tetepan, Cozca, Xiuhcao, AcoUiuail, Ocelopan, Tenoca, Ahatl, Achitomecatl, 
Ahuexotl. Xomimitl, Acacitli,,Tezacatetl, Mimich y Tezca. Confrontemos con lo que 
iremos poniendo. 

K. Huitzililinitl, plumas de chupamirto. Nombre que nos es conocido, expresado- 
por la cabeza del colibrí y las plumas: no consta en la lista anterior. 

L. Una mariposa, pfipalotl, Pítpalo, Papalotzin con el reverencial: no do le ve tn 
la lista. 
M. Tlalaala, malva: es el Tlalala de la lista de Torquemada. 
N. De Auí&»&»'¿¿n en forma do diminutivo: Huitzitonj ohupamirtito. Expresado 
por un colibrí tddavía en el nido: no se encuentra en la lista, no obstante <íue Tor- 
^^mada lo pone como inventor del prodigio. 

^ O, Xomimitl, de la li^ta. Kombre conocido de los fundadores de Mc'xico, escri- 
id con un pié airavedado por una flecha; de Xo radical Arrojado por el pi^, el verbo 

ifitna, aaaotear, y meU, según en su lugar tenemos explicado. Xo-mi-mitl, pié herido 
tf fl«ohado con flecha. 



isa 

familias BaUdas de Acaláquian, llegaron á la mai^ion número 3* 
Cuatro objetos se observan en este lugar, un teocalli ó templo (a), 
un árbol semejante á una palmera (b), el nombre geroglíñeo del si^ 
tío (c), el símbolo del a^iuhmo/pilli 6 período cícUco (d). 

Refinéndose ó esta parte de la pintura, escribe Humbpldt: (1) 
**Siendo infinitamente* varicidas las lenguas que la paloma habla dis^ 
"tribuido á los pueblos de América (nám, 1.), se dispersaron éstos, 
"y S6lo las qüiaoe familias que hablaban la misma lengua, se reu- 
^^nieron y llbgaron á Aatlan (pays des Crarees ou Flamivgas)^ y de 
^^ellasT descienÜén los toltoca^, aztecas y acolhuas. El ave parada 
^'sobre el geroglífico del aguo, atí^ des^igna iá Aztlan. El monumen- 
^^to piramidal con gmdas es un troí^alli; me sorprende encontrar una 
'^palmera junto f(l teocalli, porque el vegetal no indica ciertameñta 
**una región septentrional, y sin embaí^ es casi cierto que la pri- 
'^mera patria de los pueblos mexicanos Áztlan^ Hiiehnetlapallán y 
^^Jmaf7/f9nccan, es preciso buscarla al Norte más allá del 42** de 
^%t. Tal vez el pintor mexicano, habitante de la Eona tórrida, co- 
*4ocó la palmera cerca del templo de Aztlan, ignorando que el árbol 
^^es extrafio á los^ países del Norte. Los. quince jefes tienen sobre la 
"cabeza los geroglíficos simples de sus nombres." 

£1 grupo geroglíficoá que se refiere el Sr. Humboldt (núm. 3), no 
es ni puede ser Aztlan. t En el lugar respectivo dimos el gerggli* 
fico de Aztlan; éste no es igual, ni semejante, ni contiene los 
elementos fónicos de que pudiera deducirse «er éste un sinónimo de 
aquel. Era lógico suponer, ya que la pintura empezaba por el dilu* 
vio, que el lugar que le seguía fuera el lejano y misterioso Aztlan. 
Nos lo había dicho el Sr. Ramírez. (2) "Salvos mis respetos ala 
"autoridad de tantos y tan graves escritores, yo creo que el lugar 
^de que se trata en nuestro derrotero, apenas distará nueve millas 
^^de las goteras de México; que el pretendido Aztlan debe buscarse 
^en el lago de Cfaalco y las enormes distancias que se supone han 
^hpecorrido los emigrantes, no exceden los limites del Valle de Mé- 
^^ico, según se encuentra trazado; en el Atlas del Baton de Hum;' 
'T>oldt." 

Por desgracia, el Sr. Ramírez no fijó la localidad en- el. lago d6 
CbalcOf ni dio la traducción del noml^re geroglífico. Ck)mpónesé el 

(1) Vucs des Cordilléres, tomo II, pág. 179. 
(^) £xpliewsiqii 46 l^UUnioa. 



140 

grupo pictórico (c) de una garza, aztail] descansando sobre «1' sím- 
bolo atly agua, j una olla, comiti^ que según el caso arroja lai radi- 
cales comi, com^ con. Con estos elementos fónicos sólo sabemos for- 
mar, afijándolo como nombre de lugar en la preposición co, Azta^. 
oo-a-co y por eufonía Aztacoalco; pero eu manera ninguna Astlan. 
A^tacoalco significa literalmente, en la olla de agua de las garzaa^ 
y en su sentido verdadero, en la hondonada de las garza& Estropea- 
da la palabra se dice hoy Azcoalco 6 Zacualco (lo cual arroja otra 
acepción), nombre del pueblecillo situado al pié y al O. de la peque 
fia sierra de Guadalupe, en tiempos antiguos orillas del lago. Acaso 
el Sr. Ramírez tomaría el ave en su sentido genérico Moil^ pájarO| 
dando la lectura A~toto-co-co y por eufonía Atotocolco, lugar do 
la jurisdicción de Tlahuac. Estamos por nuestra versión, ya que el 
itinerario toma decididamente la dirección boreal. 

En Aztacoalco (c) los emigrantes construyeron un teocalli (a): si 
junto á ésto se ve una palmera (b), supuesto que lo sea, nada tiene 
de extraño, pues fué muy común en el valle representada por la es- 
pecie denominada iczotl^ de la cual aún quedan representantes en 
Tacubaya. En Atzacoalco cumplieron el período cíclico (d) corres* 
pendiente al I tochtli 934. 

De Aztacoalco se desprendieron no sólo las primeras cinco fami- 
lias, sino otras diez más, formando el total de quince. Atendiendo 
al tiempo trascurrido del principio del viaje á la fundación de Mé- 
xico, á que varias de estas mismas figuras ponen los fundamentos 
de la ciudad, es indispensable admitir que representan familias, tro- 
zos de las tribus, cuyos jefes conservaron constantemente el mismo 
nombre. Semejante subdivisión demuestra que los méxi están or- 
ganizados de manera distinta que al principio. Cuauhtli no está 
contado entre los emigrantes; aparece Tenoch, director por varios 
siglos de los asuntos religiosos. Todo nos induce á creer había deja- 
do de existir el exclusivo influjo sacerdotal; á la forma teocrática 
stusedia la oligárquica; la reunión de sarcerdotes y guerreros, idénti- 
ca á la admitida por gran parte de los pueblos asiáticos. 

Los nuevos diez jefes se nombraban Amimitl (a), Tenoch (b), Mi- 
mich (c), Iczícuauh (d), Ocelopan (e), Cuapau (f), Aatzin (g), Ahue* 
xotl (h), Acacitli (i), Atletl (j). (1) 

(1) Desciframos déla siguiente manera: 

A. Amimitl; cazador con flechas, escrito con el símbolo «tf j la fldcba nUUf ano 



441 

LaB qninoe &milias II^toq á la segunda mansión (núm. 4). (1) 
m Sr. Ramírez^ no de80ifr6 el nombre. £1 grupo putórico se com- 
p<me del éetermmatiTO iq^etl^ presentando una abertmu, represen- 
iati?o de la gruta, oztatl^ y sobre la cumbre del cerro una olla, cé* 
fniü; «fijando el compuesto ^on la preposición co, nos atrevemos á 
dar b lectura Ozto-co-co, por eufonía O^tocolco, en la cueva de fi- 
gura de olla. Ataron al nuevo ciclo correspondiente al I tochtli 986. 



jando los elementos fónicos como enXomimitl, y dando la lectura siUbica A-mi-mitl. 
Fñede también derlTarse de Amini, montero ó cazador. Ko consta en la lista de Tor- 
ffumñásL, 

B. Tenoch, conocido y uno de los fundadores de la oind^, y quien dio su nom- 
bre ó Tenochtitlan. En la lista de Torquemada escrito Tenoca. 

0. Una red pora pescflr, simbólico del verbo nunuehma, pescar, y del nombre mi- 
nUehmaniy pescador. Mimi<)h, pescador ó el que pesca. Est4 en la lista. 

D. La garra de una ave icxiüy xma águila mauMlL Icxi-ouauh, pié de águila, ó 
el que anda como águila^ No está en la lista. 
-■ E. Ocelopan, conocido, de los fundadores de Me'xico; jefe de los guerreros' deno- 
minados oceloU 6 tigres. Está en la lista. • 

F. Chapan, conocido como el anterior, jefe de los guerreros euacTiie. No está en 
la lista. 

G. Una cabeza con el símbolo atl en la boca, como si la estuviera bebiendo; de 
aquí los elementos atl, y aili, beber agua ó cacao; de aquí A-atl, Aatzin con el reve- 
rencial, el bebedor de agua jS el que la bebe. Torquemada escribe incorrectamente 
Ahati. 

H. Ahuexotl, conocido y de los fundadores de México; se encuentra en la Usía de 
Torquemada. 

1. Acacitli, absolutamente en el mismo caso del anterior. 

J. Los símbolos del agua, atl y del fuego tletl. El compuesto A-tletl parece corres- 
ponder á la metáfora mexicana cUl-ÜacMTwUi, guerra ó batalla, sacada sin duda del 
antagonismo que existe entre el agua y el fuego. También puede leerse silábicameoi- 
te a-tle, nada ó ninguna cosa. No so encuentra en la lista de Torquemada. 

(1) Torquemada, que en el cap. I, lib. II, comienza la peregrinación de los méxi 

por la tradición con que It^ pintura empieza, prosigue con las leyendas relativas á la 

j^rimer^ estampa^ mezclando en una sólarelacioD lo qne.á éntreambtfi .pdrtéiíeee* 

Llama la atención lo que dke en el final del lib^ JJ, cap. ^I.— "Na>trato de I^^^^- 

"guas que se incluyen en esta jomada, porque no hay de los antiguos ninguno que- 

'las diga, ni tampoco apruebo el parecer de Acosta y los demás que dicen, que jor- 

''nada que pudo ser andada en poco más de tm raes, la anduvieron en tanéos aftos; 

"porque decir que vinieron de aquella provincia^ pocos años há desoubietta, llama. 

' 'dA Nuevo México, ea falso; porque ni los de allá tienen tal relación, ni éstos'Io^ i9o 

^ 'nocen por parientes; y eon tan ditersM en lenguas, que ninguna dicion ¿i* pálábta 

^^^eoneievbm." De muBCMKque, Aeosta y otrob autores tenían ya la soepeclúi de qtie 

fjsn^«tleiáaj6JiOMitnt|ikw<l«l«igiM0 niuydistÉiiteflt *' ' ^' ' 



X 



;I42 

GemélU y Huraboldt omitieron el lugar siguiente (núm. 6). Llá- 
mase Cincotlan, de ciníti, mazorcas de maíz secas y curadas; comül 
y el afijo tlan: Cin-co-tlan, junto 6 cerca de la olla con mazorcaS) 
de la troje. Aquí porminecieroa diez años, expresados por igual ná- 
inero de circulillos colocados junto alampo geroglífico: como la no- 
tación crónica de la estampa ño están perfecta como en la anterior, 
no podemos fijar lacorrespondencia exacta con los añ6s de tiuestra era. 

Tocolco (núm. 6). G. Huniiliatione. — H. Hnmiliaiion, La pa- 
labra podría derivarse del verbo toco^ "todos siembran maíz, &., ó 
es alguno enterrado," que coa la preposición co^ haría Tocolco; mas 
no queremos profundizar el sentido de la palabra. Cumplióse otro 
ciclo en el I tochtli 1038. 

Oztotlan (núm. 7) G. Lnosro di ^rutte, — H. Lieu des grotes. 
De oztntl afijado con la preposición tlaa: Ozto-tlaa^ cerca ó junto 
de la gruta ó grutas. En aquel sitio vivieron cinco años. La figura 
redonda que dentro de la gruta se observa, nos hace congeturar, que 
el verdadero nombre de esta estación es Pipiolcomic, panal de pi- 
piolín ó abejorros. 

Mizquiyalmalla (núm. S). Cuatro objetos forman este grupo; el 
nombre del lugar (a), un teocalli (h), un caJilver (c), el hí^^iio cróni- 
co del ciclo (d). El nombro del lugar es una variante 6 sinónimo de 
la lám. XXIX, núm. 7 del Códice Mendocino. Se deriva de miz- 
quitl^ mezquite; de yahualli^ cosa redonda ó encorvada, y el abun- 
dancial tlá: Mizqui-yahual-la, mezqnital de árboles encorvados ó 
bosque redondo de mezquites. Ahí construyeron un teocalli, que las 
varas disparadas contra él, dicen que fué atacado ó destruido por 
la guerra. Tal vez por esta causa ó por otra que ignoramos, aquí pe- 
reció y se extinguió el jefe apellidado Tlalaala (m), al cual vemos en- 
tre los primeros emigrantes y que después no reaparece. Dice el 
suceso, el cadáver envuelto en los sudarios y atado á la usanza' de 
los antiguos pueblos, á fin de que el cuerpo fuera enterrado en ca- 
olillas. Se completó el xiumolpilli del I tochtli 1090. (1) 

(1) El pueblo se Uama hoy Mixquiahuala» hacia los 20*, 11\ 51" lat. y 0% 2\ 4íi" 
log. £., Estado de Hidalgo. Oomparándole coa Culhuacan, punto de partida, se des- 
cubre que los emigraates tomaron de S. á N., empleando 208 aftbs en recorrer un 
espacio poco considerable. Fuera de Zaeoaloo, ' se nos escapan los puntos interme- 
dios* Pedir que se fijaran hoy todos y cada una de los pantos del itinerario, sdkla 
•mpresalmposible, porque no^e^apre se «feoindatfott. e« pueblos» sinp éTéoes'^an 



143 

Xalpan (ndm. 9). De xalli, arena, con lo preposición pan: Xa\- 
pan, sobre 6 encima de la arena 6 del arenal. Ahí vivieron quince 
afios. 

; Tetepango (uúm. 10). G. Muro dimoltepietre. Dé tepanlli.i^' 
red, con la reduplicación de plural, y el afijo co: Te-tepan-co, en 
las paredes de piedra. E^tá escrito con el mímico, pared de piedlas 
y el fonético pan, expresado por la bandera, dando un compuesto 
silábico Te-te-pan-Co. Permanecieron cinco afios. (1) 

Oxitipan (iiúm. 11). El Vaso simbólico del oarttí, ungüento de 
trementina, con la bandera fonético de pan y la ligatura eufónicna 
ti, que no caftibia el significado: Oxi-ti— pan, sobre 6 encima de oxitl. 
El lugar está mencionado en el Códice Mendocino, y vivieron en él 
diez años. « 

Tetzapotlan (núm. 12). G. Luogo di frutta divina, — H. Lien 
desfruils divins. El simbólico tetl^ el mímico tzapott^ zapote y 
suplido el afijo tlan: Te-tzapo^lan, junto á los zapotes de piedra. 
Estuvieron cuatro años. (2) 

Ilhuicatepec (núm. 13). El nombre está tomado de ilhuicatl^ cie- 
lo, formando el compuesto Ilhuica-tepe-c, en el cerro celeste ó del 
cielo. Salvos todos nuestros respetos, la lectura va errada. El sím- 
bolo inferior es el de la noche, yoalli ó yahualli; mas también sig- 
nifica citlallin^ estrellas, y citlallo^ estrellado. Aumentando el mí- 
mico íe/^e// encontramos el verdadero nombre Oitlal-tepe-c, en el 
cerro de la estrella ó estrellado. Subsiste jdI pueblo con este nombre 
en la orilla boreal del lago de Zumpango. Descansaron cuatro años. 

Examinando la figura, sobre el símbolo citlallo (a), se alza el mí- 
mico tepetlj signos que arrojan el nombre del lugar. Encima del 
cerro se alza un cuerpo cilindrico, abultado en el medio, ag^zado 
hacia el extremo superior, formado por líneas á ambos lados «imé- 
tricas y rematando en un copado manojo de yerbas. Es el símbolo 
del cehuehuetilizili 6 período máximo de 104 años, compuesto de 



montes 6 sitios desconocidos, v de los piiieblos muchos han desaparecido, se han 
tvaaformadD en haciendas 6 ranchas ,x5 perdieron su nombre azteca, 6 le oambianm 
estropeado de manera tal, qyje es muy di/ícU el ser reop^ocido. 

(1) Tetepango, Estado de Hidalgo, hacia los 20** 5' 5" de lat. y 0* 2' 62" log. B. 
Al S. E. y corta distancia de Mixqniahuálá. 

(2) Zapotlan, Estado de Hidalgo, hacia los 19% 57\ 40*' lat. y 0%16' long. £. d« 
México. 



144 

dos xiuhmolpilü 6 ciclos menores de 62 afios. Está atravesado por 
medk) con una flecha (c), con el intento de dividirle en dos partes 
iguales 6 sean sus dos componentes. En el un extremo de la flecha 
se ve una yerba (d) xihuül^ palabra que también quiere decir afíoj 
en el punto opuesto se observa el mímico acatl (e), caña,. uno délos 
cuatro símbolos de los afios, é inicial de uno de los molpilli en que 
la íQsiuhmolpia se divide. Todo este conjunto descansa sobre el 
cerro, lugar de la corrección, y éste sobre el cielo estrellado 6 las es- 
trellas, invertido el orden natural de los elementos gráficos. Si lo 
que tenemos entendido acerca del calendario y de sus reformas no 
nos engaña, si la falta de entero conocimiento de los geroglifícos no 
nos aturde, nos atrevemos á leer de esta manera: estando en Citlal- 
tepec, la noche en que se cumplió un cehnehuetiliztli^ noche que en 
cada ciclo se destinaba á la ceremonia del fuego nuevo, el principio 
del primer a~io de xiuhmolpia^ fué trasladado al símbolo acatl^ en 
lugar del iochtli^ que hasta entonces había sido el inicial. La época 
cierta de esta variación, acaeció el año II acatl 1143, verdadera fe- 
cha en los cómputos mexicanos. (1) 

Papan tía (núm .14). G. Erbe difogli large, — H. Herbé á larges 
feuilles. La leptura verdadera, guiados por el original de la pintu- 
ra, es Pápatlac, nombre de la yerba representada y que pudiera ^c- 
naarse como simbólico del verbo papada^ "trabajar á veces, trocán- 
dose ó descansando, los unos mientras trabajan los otros." (M). Vi- 
vieron dos años. 

Tzonpango (núm. 15). G. Calvarte locus. — H. Lieu cP ossemens 
humains. Lugar que también se encuentra en el primer itinerario 
y nos es conocido. Permanecieron cinco años. 

Aparece por las indicaciones dadas, que el punto más boreal en 
que los emigrantes tocaron es Mizqüiyahualla; en seguida temaron 
rumbo al S. para venir á Citlaltepec y Tzonpanco, orillas del lago 
de gu nombre: de nuevo vamos á verlos que se separan hacia el Nor- 
te. Al principio descansaban casi un ciclo en cada lugar, como si la 
existencia del reino tolteca les diera seguridad y tranquilidad. Aho- 
ra les vemos permanecer pocos años en el mismo sitio, el tiempo ne- 
cesario para hacerse de mantenimientos, como si la invasión chichi- 
meca los empujara de continuo sin dejarlos sosegar. 

(1) Ya dijimos esto al hablar de la oronologíá. 



145 

Apazco (núm. 16). G.Vasidi creta.— H. PoifTarffile. Pertene- 
oe al itioerario anterior y es conocido. Cuatro años. 

Atlicalaqnian (núm. 17). G- Vorágine dope si nusconde P ac- 
Í'^'-^H. Crepasse dans luqueUe se perd tin rnisseau. También 
conocido y del itinerario primero. Dos años de estancia. 

Cüauhtepec (núm. 18). Enta es la palabra escrita en el original, 
6n consecuencia 4e lo .cual pusieron G. Luogo frondosa de P aquí- 
'«• — H. Bosqtiet qu'habite Faigle. El Sr. Ramírez escribe Cúauh- 
titlan. Siempre con temor, ninguna de las dos lecturas nos satisface. 
Los elementoa fónicos son, una águila, ct/awA/Zi, y un árbol, cuahuitl 
que, como ya. sabemos, arroja tatnbieri la ra4icai caaw*, que afijados 
con la preposición can, y perdiéndose el primer uA por eufonía, ha- 
cen Cua-cuáuh-oan, lugar A^ leñadores. (1) Descansaron, tres años. 

El núm. 19 no lleva su nombre en la explicación. Los deméritos 
geroglíficos son una águila Cuauhtli y una red, matlutl^ loe cuales 
arrojan Cuauh-matla, donde abundan las redes ó los lazos para las 
iguilas. Cuauhmatla en realidad no fué punto del itinerario; lo que 
la estampa da á entender es, que de Cuacuauhcan se separó para 
aquel puntp el jefe 6 familia denominada Huitzilihuit. (k): jefe ó 
fracción reaparece adelante. (2) 

Aecapotzalco (núm. 20). Lugar conocido y nombrado en el itine- 
rario anterior. Permanecieron siete años. **A1 lado de este grupo 
"dice el Sr. Ramírez, se ve, el símbolo de la terminación del ciclo 
^^{Xiuhmolpitli). La posición relativa que guarda y una antigua 
"tradi^on, autorizan la conjetura de que aquí se hizo una correc- 
"ción cronológica." Confesamos no saber la tradición, ni atinamos 
á sacar de la posición del signo 'cuál fuera la corrección. A Jlu^stra 
cuenta se cumplió el ciclo correspondiente al II acatl 1 195. 

Chalco (núm, 21). G. Luogo di pietra pretiosa. — JI. -Lieu de 
fierres précieuses, — :*'La genuina y propia traducción sería, dice el 
"Sr. Ramírea, en el Chalchihuitl^ nombre de una piedra fina, muy 
"estimada por los mexicanos, y que los conquistadores confundieron 
"con la esmeralda. La falta de caracteres numéricos en este y en el 
"siguiente lugar, indica que los emigrantes pasaron por eUos sin 
"hacer mansión que llegara á un año." 

(1) Cstá nombrado en »I Códice de Mendoza. £1 pueblo se Uama hoy Cahuacan 
háoia los 19% 8S\ 40" lat y O', 14 long. O. • ' 

(9) Subsiste el lugar en la hacienda llamada Cuamatla, hicia los 19*" 4(f, 80*' lat 
y 0% 4' long. O. • 

TOM. m.— 19 



146 

Hasta aquí la tribu se había mantenido hacia el Norte, derivan- 
do en varias direcciones; llegada á Atlicalaquian vuelve resuelta- 
mente al Sur, penetra en el Valle, toca en Azcapotzalco, costea la 
orilla occidental del lago, llega á (Jhalco y vuelve la incansable ca- 
rrera otra vez al Norte. 

Panlitlan (núm. 22) O. Luogo di Andanas. — H. Lieu de filaiu- 
res. Una bandera, fonético de la sílaba pan: Pan«ti-tlan, cerca 6 
junto de la bandera. Lugar en el lago en donde antiguamente se 
suponía un resumidero. 

Tulpetlac (núm. 23) G. Stuoja di giunchi. — H. NaUes de jones 
Conocido en el itinerario anterior. Das años de mansión. 

Epcohuac (núm. 24) O. Serpente ardente. No lo menciona Hum 
boldt. ^^La traducción de esta palabra es impropia, escribe el Sr. 
^^Ramírez, á la vez que su idea se aproxima mucho á la del grupo 
'^simbólico. Epcohuac solamente podría traducirse culebra ó ser- 
^^piente de caracol; pero como al lado del reptil se ve figurado el 
"símbolo del fuego tletl^ la lectura propia es Tlecohuatl, nombre 
"propio de una de las serpientes más venenosas. TIecohnac es el 
"nombre de un lugar que se encuentra en la ruta de la peregrina- 
"cion. No hicieron mansión en él." 

Cuauhtepec (oúm. 25). G. Monte delFAquila, — H. Montügne- 
de VAigle, Cuauh-te-pec, e^ el cerro del águila. Encontramos dos 
lugares de este nombre que pudieran convenir, ambos al O. de Tul- 
petlac; uno al N. O. en jurisdicción de Tlaluepautla, el otro deno- 
minado hoy San Mateo, en la de TuUitlao, partido de CuauJititlan. 
Vivieron en el lugar dos años. 

Chicomoztoc (núm. 26). G. Setté groHe. — H. Les sept grcUes. 
Siete puntos numerales chicóme^ sobre un cerro con la indicación 
de la gruta oztotl: Chicom-oxto-c, en las siete grutas. Después de 
lo dicho antes acerca de este lugar, sólo insistiremos en estas ver- 
dades. Chicomoztoc no es elsitio de origen de los mé:¿i. Situado 
entre Cuauhtepec hacia los IS"" 34^ lat. y O*" V de long. O., punto 
anterior, y Huisquiluca hacia los 19** 25' lat. y O" lOMong. O., pun- 
to posterior, no debía encontrarse á larga distancia de estos puntos 
del itinerario. La geografía pone de manifiesto que Chicomoztoc 
debe colocarse entre las montañas de los otomies, al N. O. y no muy 
gran distancia de México. Permanecieron ahí ocho años. 

Huitzquilocan (núm. 27). G. Luogo dijiore di cardo. — ^H. Lieu 



UT 

de chardons. Huiizquiliti^ cardo, y el afijo verbal de logar: Huite'' 
^uil-ocan, lugar donde se cultivao cardos. Tres a&os. 

Apanco (núm. 28). No trae el nombre la expUcacioQ del Qr. Ra» 
mírez. Le sacamos de aü-, la bandera, fonético de la sílaba /Nifi, y dtw 
^comitl^ formando la lectura silábica A-pan-co, en el logar sobre el 
agua. Cuatro afios. 

Xaltepuzotlan (núm. 29). O. Dofík sorge PareHa. — H. Lieu d'&ú 
sari le sable El Sr. Ramírez escribe Xaltepozauhcan; nosotros sa* 
camos la lectura de xalli^ arena; tepuzoctli^ '^piedra Kyiana llena 
de agujeros pequefios" (M), y la preposición tlan: Xal-tepozoc-tlan, 
junto á la arena de (epuzp:tli ó piedr^ pómez. (1) Cuatro afios. 

Cocacuauhco (núm. 30). H. Nom dCtin vautour. De cozcactumA- 
ili^ ave ya conocida como símbolo de uno de. los dias del mes. Coa- 
tro años. 

Techcatitlan (núm. 31). O. Luogo di spechio, — H, Liftu des mi- 
roirs d'ébsidienne. Lugar del itinerario anterior. Se deriva de 
íechcatlj piedra del sacrificio; aquí está expresado el sacriticio por 
el tenteil y el silex ó cuchillo del sacrifioador. (Jinco afios. 

Acaxochitlan (núm. 32). G. Fiori di formiche.—H, Ffeur de 
fourmi. El mímico de la flor llamada ucaxochiü^ que suena flor de 
x^ñá. Cuatro afios. 

Tepetlapan (núm. 33). G. 'Luogo dipietra che si chiama tepe- 
tate.-^Endroit óú Fon trouve le tepetate^ ou une Breche argileuse 
qui renferme de ramphibole\ du feldspaih vitreux ei de la pierre 
ponce. La escritura consta del símbolo iett] del mímico petlatl este- 
ra, Detate, y él fonético pan^ arrojando la lectura silábica de Te- 
petla-pan, encima del tepetate, supuesto que tepetlatl^ estera de pie- 
dra, es ef tepetate. Cinco años. 

Apan (núm. 34). G. Luogo d^atqua, — H. Lieud^eau. Deaíljel 
fonético pan, dando la lectura silábica A-pan, sobre 6 encima del 
jtgua. Pasaron de tránsito, sin hacer mansión que á un año llegara. 

Teozomaco (núm. 35). Q. Scimia di Dio. — H. Lieu du singe 
dii¿n. El simbólico tetl; el mímica ozomatli^ mono, y el afijo co: 
Te-ozomá-co, en el mono de piedra. Seis años. 

Chapultepec (núm. 36). H. Montagne des sauierelles. Logar 
tan importante en el actual itinerario como en el anterior. La pin^ 

. <l} HoyTep»2oUaaliáeUlo«10*a'5a'kt. j0^r2rieiig.O. 



148 

« 

tura presenta el cerro con una limgosta (locusta) encima, en mexr: 
cano chapolin. Del pié del cerro para la parte inferior están pinta' 
das m^as y hojas de tolHn indicando las plantas palustres, y para 
dar idea de la extensión de las aguas, arriba y abajo está colocada 
él mímico tepetl^ aTisando que el lago se extendía desde ChapultC' 
pee hasta las alturas contrapuestas hacia el Sur. A la cuenta que 
flegnimos, los méxi llegaron á esta localidad el YIII tecpatl 1240, 
permaneciendo hasta el XI acatl 1243. (1) 

(1) £1 TÍf^e dQ 1q8 muxi cambia de una manera, n«t'al4e reBpecto d^ la cronología^ 
j poco menos en lo relativo á-los lugares del itinerario. Aimque el trabajo es tan 
árido como euf adoso, vamos á dar á los lectores una' lista comparativa de lo escrito 
por algunos de los principales autores, para servir de estudio á los aficionados. 

iJodex Ramirez, M8. — Aztlan— Tououlhuaoan— Michhuacan Tula (cerro de Co- 
huatepec) . — Chapultepec. 

Duran, cap. III. — Siete cuevas — Aztlan — Tierras de los chicbimecas y llanos de 
Cíbola — Mechoacan— Pazcuaro— Tula (cerro do Coatcpec). — Atlitlatacpan (debe Bér 
AtitlalaquianV -Tequixquiac— Tzonpanco— Xaltocan— Ecatepec — Tulpétlac — Atzca- 
pntcaloo — Chapultepec. 

Acmtfa, Ub. VII, cap. IV y F.— Sigue en todo al Codex Bamírez. 
Tezozomoc, cap I á I TI, — Chicoinoztoc— Azllan — Provincias de los chichimeoa co- 
mo Santa Bárbara, San An<V*^s, Chalchihuites, Guadalaxara, Xuchipila — Oulhuacan — 
Xálixoo— Meckoacan — Ooopipilila — Acahualzingo — Coatepec en las cercanías de To- 
nalan ó ciudad del sol^Tula- -Atlitlaquian — Tequixquiac — Atengo — Tzonipanco— 
Cuachilco — Xaltooan— Eycoatl— Ehcatepec—Aculbuacan — Tulpetlao-^HuixachtiÜan 
— Tocpayucau — At^etlac —- Coatlayaubcan — Tetepanco— Acolnahuac— Popotla — 
Tecbcatepec ó Techcatitlan— Chapultepec. 

Tarquémada, Ub, II, cap, /a¿///.— XJnaÍBletá--Chioomoztoc— Cohuatlicamac — 
Matlabuacallan — Apanco — Chimalco—Pipiolcomic— Tullan— Cerro de Cohuatepec — 
AtUtlalacyau — Atotouilco — Tepexic — Apazeo — Tzumpanco — Tizayócan — Ecatepec — 
Toljietlac— Chimalpan — Cobñatitlan — Huexacbíitlan — Tecpayocan — Tepeyáoac — 
Pantitlan — Chapultepec. • 

Clmigero, tom, \»pág, 104—100.— Aztlan alN. del goíf o de California— Rio Gila— 
liUgar en Chihuahua ó Casas grandes— Montes de T^rabumara— Huicolhuaoan, hoy 
Culiacan eu Sinaloa— Cbicomoztoc (las ruinas de la Quemada en Zacateca8)-^Ameca 
— Oocula— Zaynla — Colima— Zacatula — Malinalco— Tula (entre este punto y Chico- 
moztoc estuvieron en Coatíioamac) — Zumpanco— Tizayócan— Tolpetlac — Tepeyacao 
— Chapultepec. 

Yeytiat tom, 2,pag, 91 — 97.— Aztlan, adelante de Sonora y Sinaloa— ChicomozüM, 
en lacosta del estrecho de Galifomia — Naciones bárbaras— Xalixco—Mickoac^jn — Co- 
hoatlicamao, y prosigue el itinerario como en Torquemada. 

Doetmientos para ¡a hist. de Méxiea, tercera serie, p<ig. 226. Se encuentra uñ docu- 
mento atribuido ó Sigüenza, con un derrotero en estos términos:— AzÜan^Chico^ 
moztoc— Coallicamac— Otro parage— Apanco— Chimalco — Pipiolcomic — Tollan— 

Atiitalaquian—Atotonüco—Tepexu—Apaico-'Tzonptnco— Tizayócan— Teatepeo— 
Tolpetlac— Cohnatiilaa—Hnexaohtitlan—Teopa7ocan~T^>6yaoao. 



M9 

Deepueg de macBos afios de auatecia los méxí ioinuhw^ á oospav 
ú ChapultQpec, punto de su primer itioenuFio y en el cual bablaii 
Male destruidos por loi comarcanos y principalmente pof loe cuttiu. 
£I afio en que los méxi se apoderaliaa del lugar reinaba entre- ka 
cbiehimec^ Nopaltsin, tiendo Be&or de Oalhuacan el G&ba»#ro Cuaukf 
tooal, subido .id trono el Y calli 1237. (1) El h^mcr violento de hm 
emigrantea, los excesos repugnantes perpetrados en los vecinos, su 
religión sangcienta, parecen ser la^cansas eficienties de que los mési 
JX9 fnerau tolerados mucho tiempo en cada mansión. Silos j ka 
culhua debían de tener en -sus recuerdos el profundo odio que loi 
dividía de^ la mujtr de la diseprdia^ jTno parecerá por lo miemo 
extra&o que^ aboca qjue da nuevo se ponían en contacto, se reprodu'r 
jeran los cboqueade la ves primera. Habia un eefior diiebimeea^ 
ílfimado Mazatzin, quien tenia una bija doncella, apellidada Xóchil 
papi^lotl: el sacerdote méxi TzippaDtzin se apoderó de ella, la llevé 
i Cbapultepec» baciéndola compaSera de su lecho * varias noche% 
después de lo oual la dej6 volver ík su casa. Este beabo atvoa irrité 
el ánimo del chichimeca, quien con si^ guerreros atacó i Cbapulte- 
pec, expulsando de abi Á los intrusos. (2) 

La estampa dice que la-derrota fué completa, ocasionada princi* 
pálmente por Cuauhtenal sefior de Culhuacan. Indican los pormeao* 
rps^ q,ue arrojados de Cbapultepec, llegaron al lugar dicho Mazatlan 
(p), en donde fueron becbob pedazos, según lo indioan el cuerpOi k 
cabeza j las manos mutiladas; De este funesto sitie retrecedi^on á 
Chapnitepec, en dond^ sangrientos y heridos se ocultaron los jefes é 
fftmilias Aatzin ^ j AhuexotL(k)¡ d^l mismo cerro salieron AeS' 
conderse centre las plantas del lago (niko. 39). Acftqitli (i) j Cua* 
fBXi (f). Aquí encontramos otro nuevo jefe ó^ familia (g), cuyo nom- 
bré gerogl^có está escrito con el simbólico atl y el mímico tezcaU^ 



' Déoste eompsríMimí te datprMidé, que nüIós tutores que < la rista tuYieron las 
j ^in^u ras ovigiiuÉles ngnitron si oenteato om Adelidsd, j áim en lugar de deddiras 
por la uziWü otra de las doe oooQoidas^las nuBzdaron conínndi^ndolaa j cañando de 
cada una lo que mifi áoertado les.parecíiS. Lqs itineráriQB presentan en el fondo cier- 
ta aemejanza, tomada, á nuestrt) |>ai«cer, de la obM de Torqueinadá, fuente en dón> 
ds han bettdo U maárorfparto da kM aulÓM. — 

(1) Anidfls de Cñaahtitlpi. MS. . 

(f) Anales dé OssalrtitiMa VB. .Itaáx^U-WSao^éliÑ^^m'ú^ 
juuBstra aólo ae encueotaeta seis atoa de difecesfila. 



espejo, formando A-tescatl 6 Atezca, chareo de agna. No esti enu- 
merado entre los primeros emigrantes, y lo veremos después. El 
restó de la desventurada tribu fVi6 llerado á Culhoacan (núm. 39), 
eo donde imperaba Cuauhtonal (s), quien mandó dar muerte á las 
{amilias Hüitíilihuitl (k), Huittiton (n) y Mtmich (c), con !a frao^ 
eion de la de Cnapan (f) que no habla tomado asilo en el lago. Pe« 
nció igualmente una ñimilia bmitida en las primeras emigrantes, 
extinguida aquí: llamábase Tezácatetl (r), de tezdcatl, bezote lar^ 
go^ j tett^ significando bezote largo de piedra: se le nombm en la 
Usta de Toiquemada. 

De su escondite Acacitli (i) j Gaapan (f), yinieron á Culhuacau 
(nilm. 38) á ofrecerse tributarios del rey Cuauhtona!,(s). Dicen lá 
eondicion miserable de los méxi, los vestidos de yerbas acuáticas que^* 
los cubren, y su estado servil, las ofrendasr 6 tiibutos con que al rey se 
presérttan. Cuatro años duró la servidumbre, del XII tecpatl 1344 
al 11 acatl 1247: este último fné cíclico, avisándolo el signo crono- 
gráflco. "Nuestro muy entendido Gama, dice el Sr. Ramírez, ba in- 
^^currido en una extrafla equivocación cuando pretendiendo suplir 
^^una omisión, dice que aquel grupo crónico ^^denota que allí los me- 
'Roanos cumplieron cuatro ciclos desde el en que comenzaron á Con- 
star desde su salida de Aztlan; ó bien que allí ataron la cuarta véz 
!*el período de sus afios." — Esta es una patente equivocación demos- 
^Hrada oon la estampa misma; stis símbolos manifiestan que allí ce- 
alebraron la sexta atadura ó fiesta cíclica. Los circulillos «nexos son, 
"según ya be dicho, signos de años y no uiclos.*' 

Huyendo de la esclavitud, ó tal vez con perínise de Cuaubtonal, 
los méxi se trasladaron á otro lugar del lago (nám. 40), cuyo nom- 
bre no se expresa, y en donde permanecieron poco tiempo. A la cuen^ 
ta que la estampa presenta debemos poner aquí el afio III teepatl 
1248. Trasladáronse en seguida ál número 41, cuyo nombre parece 
derivado de la manera oon que pasaban las aguas: está esoritooon un 
Hombre en actitud de nadafr, teniendo encima el cümiU\ de aquí el 
verbo atífareo {n, "nadar por encima,*^ resultando Atllxco. Duraron 
en el lugar seis afios, del lY calU 1249 al IX tocbtli 1254. 

Adelante de aquel lugar y en sitio oeulto sin duda levantaron un 
teocalli (b. núm. 42) para entr^arse á las prácticas de su coito san* 
grienie, sacrificando víctimas btnaanas (a). Semejante barbarie, to* 
davia no adoptada por los pueblos del valle, atrajo á los méxi la c6- 



lem do Cnauhtoiial, en cnyo teiritorio ▼ivian, Bigaiéndose qM fueíaQ 
atacados por bi onUraa^ Mal lo indioa ol i/moyatl (p), 

Temando taácia al Norte, por entre lee iflojtee del léfo, ee tmsU*' 
daroD á Acataintitlan (nüm. 43). Sáinse la leotam de acail\ fi\ ffie; 
dio cuerpo desmida fbaético de. la silaba teta; y 4cl a^o.ooa la U- 
gadua: Aca-tata-4i«^Iaii, á la ^palda dd carriaa).. ^^Y este es el 
/Ingar qaeHoe llafamreii después MesicatzincQ^ el cual nombre sola 
^^pnso é este logar por 4ansa de cieita torpedad que á oaosa de np. 
^'ofender los oidos de los leo¿o»eS| ae b centaré.'^^ (1) 

i^ra llegar á Acatasiatitlao tavieron qae nay^gar aguas hondas 
q«e na podían vadear, por. lo cual les fué preciso bfoer l;>alsa8 con 
ene fi^g^ y rodelas para pasar á tas mjúerasy á loa ni&ps, hasta per- 
éene d^ la vista de sns enemigos entre las jancias y ca&ayerales« 
DeealenladoSf aiigidos.por tan coa tinaos trabfftjos» pidieron con lá- 
grimas al numen les dejase morir ahí, pues no querían ir adelante^ 
HaitBtlopoohtli habl4 á loa sae^otes, quienes sos^;aron al pueblo 
animáadído, saptiesftoque todasaquellas penas serian para tener. des- 
pnes mayores biene9 y contento'; por entonces aquel era su lugar de 
desoaneo. Los roéxi seoaron sus mojadas ropas i^ sol,, construyeron, 
temntealli para bafiame, (2) y na tanto tranquilos pasaron les diez 
afa» corridos del X aoatl 1236 al YI tecpatl 1264. 

Por eausa de la torpedo que hizo dar al sitio el nombre de Me- 
xicatxiaco^ aquel pueblo perverso se tío combatido de nuevo y arro* 
jado más adelante. Trasladáronse á Istaoaloo (nüm. 44), nombre de- 
signado en la estampa por el U0chili\ juego de pelota, : de donde 
sale 7YacA-co, nombre primitivo del lugar, su signo propio lo pre- 
senta el Gódioe Meodooino, lám. XYII, nüm. 20. En la huida se 
aliog6 entre los earrizijes tin inrinoipal aneiano sacerdote del dios y^ 
respetado de la multitud, al enal quemaron dando á las cenizas hon- 
rosa aspuUura. Aquí celebraron U fiesta de los montes, formando^fi- 
fum da .ellos con masa, poniáodoles. qjos y boca, pasando la noche 
enéera en bailes y regocijas. .^^Hioienm los m6:|ica adornos d ofrendas 
*^ papel {ammiepñU) (3) ample»ndo todi^ la noche con cánticos, y 



[1] P. Doráíi, tkp. rV.-^TorqiMmadft, Tüh. Tk, 4ap. X. 

[2] Oodex Eamírex, MS.— Darán, eap. rV. 

[8] ÁinaUpéUqp&tn dedr oerros de papel; U palabra iigniflóa igMlmsala'ptaDO, 
diséfio, eooffltara. 



.1 



1^ 

*'en donde levantaron y le gritaron al caballero Tetzitzilm, dieién- 
**dple: ''Tetziizilin, Teizitzilin, Ainaítahnieee, Atiiatlaeohche.'' 
^'Llorando está allá.* (1) Permanéoiemn diez aAoff, del VII calli 1365 
al 111 toclitli 1274. ' 

De la mansión siguiente (núm. 46) no hacen memoria los aoÉoret. 
El nombre está escrito con una raíz, cimátíi^ del que se forma Ci* 
mar-tlan: sospechamos que se refiere á la raíz del amoxtli] planta, 
acuática de la cual se vei^tian los méxi á falta do telas. Otros diez 
años del IV acatl 1275 al XIII tecpatl 1284. 

Puéronse al lugar llamado Nexticpac (núm. 46): un horno ó te- 
mazcalli con el símbolo de la ceniza, nextli] Nex-ti-icpacj eocimif 
. ó sobre la ceniza. EAstaban ya dentro de la isla en que fué fundada 
México, supuesto que el sitio corresponde al en que fué fundado 
San Antonio Abad. (2J Otros diez años, del I calli 1285 al X tochtii 
1294. 

La pintura dice que de Nexticpac ñieron arrojados por fuerza de 
armas, cual lo indica el terrible yaoyoll. Al ponerse en huida en el 
lugar núm. 47 se rerificé un alumbramiento digno de memoria; se- 
gún una opinión por ^'una hija de un señor de los principales de la 
compañía;" (3) conforme á otra, por la hermana de Huitzilihuitl. (4) 
A esta causa el lugar se nombró Mixiuhcan, lugar del parto, derÍTA- 
do de mixiuhqui^ parida, ó del verbo misñhui^ parhr, con el afijo. 
CorresDonde al actual barrio de San Pablo en nuestra ciudad mo- 
dema. El suceso debe colocarse en el XI acatl 1296. 

Según la costumbre de la tribu, ahí cerca fué construido utí U* 
mazcalli para bañar á la mujer doliente, tomando el sitio el nombre 
de Temazcalti-tlan (núm. 48). Permanecieron cuatro años, del XII 
tecpatl 1296 al II acatl 1299. Este año fué secular, cual lo afirma 
el símbolo del xiuhmolpilli; último ofrecido por la pintura. 

Durante este último ciclo hablan desaparecido en Onlhuaoan loa 
señores Cuauhtonal, Mazatzin y Qnetzalzin, reinando i la saaon 
Chalchiuhtlatonac; habían desaparecido loe ohichimecas Nopaksia j 
Tlotzin, imperando en Texcoco duinatzin, á quien había oeurpa- 

[l] Pintara Aubin, MS.— Dará», «^. IV.—ToiqíMaiad*, lib. &, eup. '^. 

[8] Codez BamírM. MS.— -Darán^ ei^ lY^ 

(8] Dtnbi, eap. IV. 

[4] TorquemacU, Kb. II, oap. X, 



153 

do el troDo Tenancacaltzin. Precisamente aquel afio II aoatl 1299, 
los méxi habían tomado á Tenayocau y ahuyentado al tirano Tenán* 
óacaltzin, para entregar la corona al- nuevo usurpador Acuihua, sefior 
de Aacapotzalco, del cual eran subditos por vivir dentro de su 
territorio. 



1 • 



4 



« 
1 



TOM, m.— 30 



CAPITULO VIIL 



FUNDACIÓN DB MÉXICO TBNOCHTITLAN. 

JSl lago antiffuo. ^ SehcUea ofrecidas por fftUtsilopoehUC. —El tenoóhtU.-^ Victima 
kumana.-'La dudad dividida en cuatro calpulU, —Fundación de Tlateloleo. — Sueó' 

' 90». —Erupción del Popooatepee. —Muerte de Tenoch. —Meaátsin. — Acamapietli, pri' 
mer rey méxiea.— Matrimonios»— Descendencia, — Conducta de Ylanetteitl.—CuO' 
ouauhpitgahtMc, primer rey de Tlateloleo, 



DURANTE el siglo XIII, el lago era muy más extenso que al pre- 
sente. Dentro se alzaban las dos cimas aisladas de Tepepolco 
(Peñón del Marques) y Tepetzinco (Peñón de los baños), brotando 
en este segundo las aguas termales de Acopilco. Próximamente en di- 
lección N. S.existían algunas islas de tamaño desigual, con suelo fan- 
goso y anegadizo, ocupadas y rodeadas de grandes matas de plantas 
palustres. 

Larga y azarosa había sido la peregrinación de los méxi. Al lle- 
gar por segunda vez á Culhuacan, lo mismo que la primera, su ín- 
dole belicosa y perversa los hizo aborrecible^ á sus comarcanos, y 
después de varioR desastres, ya sufridos por alcanzar libertad, ya por 
rastraerse al encono de sus enemigos, tuvieron que buscar refugio 
entre los cañaverales del lago. Escondidos en algún paraje, atraían 
la atención de sus ensañados oo&toarios, los culhua, por nuevo delito^ 
ñgoiéndose la guerra y ser desalojados del lugar: así paso tras paso 
ee alejaron de Culhuacan. Ninguno de aquellos islotes tomaban por 



166 

Mianito defioitiTo; iban en busca del sitio privilegiado prometido por 
Bnitsilopoohili, é saber, una isla dentro de tin lago como sn patria 
primitiva, j no obstante haber dado se&ales muchas de cansanciq, 
•1 dios babfa permanecido inexorable; teniendo artes bastantes los 
sacerdotes caudillos para llevarlos más adelante. 

Pasada la fiesta cíclica, los méxi permanecieron aún algunos afíos 
en Temasúaltttlan. Las calidades particulares del sitio, la amistad 
e^n los iepaneca, estar toda la comarca ocupada por diversas tríbucí, 
el cansancio de los méxi j el estado miserable á que estaban redu- 
#idos, determinaron al fin á los sacerdotes á dar asiento definitivo i 
Um apenados emigrantes: reuniéronse al efecto en concejo, conferen* 
daros lai^gamente quedando por úHimo arreglado que tos tlamacaz* 
que Axoloiiua f Cuaufacoatl saliesen á buscar si por ahí cerca estaba 
A lugar prometido. Común es que la fundación de las grandes ciu- 
áades esté acompañada, en el concepto público y aun en las relacio- 
Bes histéricas más autorizadas, de sefiales maravillosas y leyendas 
fantásticas: á México no debía faltar semejante requisito. Axolohua 
7 Cuauhcoatl se armaron de bordones para saltar i)or encima de los 
éharqnetales, y metiéndose por entre juncias y carrizos, buscando 
aquí y acullá, encontraron por fin ^tn lugar pequeño de tierra enjuta 
^ en medio dél el T^noc/Uli (que ahora tienen por armas), y al 
^Vkrredor del pequeño sitio de tierra un agua muy verde, qne cerca- 
'*6a -el dicho lugar, y era tan viva su fineza qne parecían sus visos 
*teuy finas esmeraldas.^ (1) Suspensos y maravillados quedaron con- 
templando la belleza del lugar, siendo como era el tenochtU la señal 
ofrecida por el numen: de improviso Axolohua se hundió en las ver- 
eca aguas, quedando atónito su compañero; y aunque Cnauhcoatl 
esperó Verle reaparecer, convencido de ser en balde la demora volvió 
i dar )a infausta nueva á los méxi. 

Conversaba afligido el pueblo de aquel suceso, cuando á las veinte 
j cuatro horas precisas se presentó Axolohua sano y salvo. Interro- 
gado acerca del suceso, respondió que, arrastrado por oculta fuerza 
liabía sido llevado al fondo de las aguas, en donde encontró á Tlaloc, 
éios y señor de la tierm, quien le dijo: "Sea bien venido mi querido 
**hijo Huitzilopochtli con su pueblo; diles á todos esos mexicanos 
*^8 compañeros, que éste es le lu¿ar dond» han de peUar y hacerla 

[1] Tofqnemada, Ub. m, oap. XXH. 



156 

"cabeza do su señorío, y que aqní verán ensalssadae «ug generaoio- 
'*Des.'' (1) Tan plausible nueva llenó de júbilo á la d^^scorazonada 
tribu, la cual iomeJiatamente puso por obra trasladarse al sitio angra* 
do, en cuyo rededor puso loa fundamentos de la futura Mfiom da 
Anáhuac. 

£1 sabio franciscauo de quien tomamos la leyenda de arriba, men- 
ciona el tenochtli. omitiendo el águila que eucima estal)» parada. Sa 
efecto, la primera lámina del Códice Mendocino (2) que relata la fun- 
dación de lá ciudad, presenta el tunal sobre la piedm y encima ana 
águila. £1 intérprete de la pintura dice: — ''£n esta sazón esttflia 
^ ''todo anegado de agua, con grandes matorrales de enea, que llaman 
^HulH^ y carrizales muy grandes á manera' de bosques. Tenia en todo 
"el espacio del asiento una encrucijada de agua limpia y desocupada 
"de los matorrales y carrizales, la cual encrucijada era á manera de 
"a^/Mi de San Andrés^ según que en lo figurado liace demostraciosu 
"Y ca^i al fin y medio del espacio y encrucijada hallaron los mexitia 
"una piedra grande ó peña honda, encima un tunal grande, en. don* 
"de una águila caudal tenia su manida y pastp, según que en eles- 
"pacio del estaba poblado de huesos de aves y muchas plumas de 
"diversos colores. 1 como todo el asiento hubiesen andado y pasefMbí 
'y le hallasen fértil y abundante do caza de aves y pescados y oo* 
''sas mariscas, con que se poder Kustentar y aprovechar en^usgran» 
*'jerías entre los pueblos comarcanos. Y por el reposo de lasagaaa 
''que no les pudieron sus vecinos estrechar, y por otras cosas .y can*» 
"sas, determinaron en su peregrinación no pasar adelante, y asi da* 
"terminados de hecho, se hicieron fuéVtes tomando por murallas y 
Vcerca las aguas y emboscados de los tules y carrizales. Y dand^ 
"principio ó origen á su asiento y población, fué determinado poc 
"ellos nombrar y dar titulo al lugar, llamándole TeauchtitlaOi f09 
"razón y causa del tunal producido sobre piedra.^' (3) 

Consultaido aún las tradiciones indígenas: "Discurriendo y an* 
"dando á unas partes y á otras entre los carrizalefi y espadañas, ht^ 
"Jlaron un ojo de agua hermosísimo donde vieron cosas maraviUósaa 
"y de grande admiración, las cuales hablan pronosticado antes ana 

{1} Tofcpemftda, Ub. m, ü$p. XXII. 

[2] IiOTcl Singaborough, iomk, 1. 

[8] y^M6 Is inierpretaokm ea Lord Kinsboffonghg, 



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• 167 

*teoerdot68, diciéndolo al pueblo por mandado de su ídolo: lo pri- 
**iiiero que hallaron en aquel manantial fué iina sabina blanca muj 
'^herpdosa al pié de la cual manaba aquella fuente; luego vieron que 
"todos los sauces que alrededor dé sí tenía aquella fuente, eran 
'*todo8 blancos sin tener ni una sola hoja verde, y todas las cañas y 
"espadañas eran blancas, y estando mirando todo esto con grande 
"atención, comenzaron á salir del agua ranas todas blancas y muy 
'aristosas; salía esta agua de entre dos peñas tan clara y tan linda 
"que daba gran contento." (1) 

Huitzilopochtli se apareció á los sacerdotes y les dijo: "Ya esta- 
**reís satisfechos, como yo no o? he dicho cosa que no haya salido 
**verdadera y habéis visto y conocido las cosas que os prometí veria- 
"des en este higar donde yó os he traido; pues esperad, que aun 
^"más 08 falta por ver; ya os acordáis como os mandé matar á Copil, 
"hijo de la hechicera que se decía mi hermana, y os mandé que le 
f^Mcasedes el corazón y lo arrojásedes entre los. carrizales y espada 
"fias desta laguna, lo cual hicisteis; sabed, pues, que ese corazón 
"cayó sobre una piedra, y del salió un tunal, y e.HA tan grande y 
"hermoso que un águila habita en él y allí encima se mantiene y 
"come de los manjares y más galanos pájaros que ha^. Y allí es- 
"tiende sus herniosas y grandes alas y recibe el calor del sol f la 
"frescura de la mañana; id allá á la mañana que hallaréis la her- 
"mosa iguila sobre el tunal, y al rededor del veréis mucha cantidad 
"de plumas verdes, azules, colojjadas, amarillas y blancas de los ga- 
"lanos pájaros con que esa águrat se sustenta, y á este lugar donde 
"hallareis el tunal con la águila encima le pongo por nombre 
"Tenuchtitlan." (2) 

Otra dia temprano el sacerdote hizo juntar al pueblo, hombres y 
mujeres, niños y ancianos, y estando en pié le refirió la visión del 
dios, terminando la prolija plática con estas palabras: "én este lii- 
f*gar del tunal está nuetjtra bienaventuranza, quietud y descanso; 
"aquí ha de ser engrandecido y ensalzado el npmbre de la nación 
^^exicana; desde este lugar ha .de ser conocida la fuerza de nues- 
"tro valeroso brazo y el ánimo de puestro valeroso corazón con que 
"hemos de rendir todas las naciones y comarcas, sujetando de mar 
"á mar todas las remotas provincias y Ipgare?, haciéndonos señores 

[l] C<5dice Bamíraz, MS. • • 

[2] Codez Bamírez, MS. ' * 



168 . 

**del oro y plata, de las joyas y piedras preciosas, plumas y rnaata» 
''ricas, etc.; aquí hemos de ser señores de todas estas gentes, de 6U0^ 
'^haciendas, hijos 6 íiijas; aquí not» han de servir y tiibutar; en este 
'^lugar se ha de edificar la famosa ciudad que ha de ser reina y ee- 
'*ñora de todas ks demás, donde hjBmos de recibir todos los reyes j 
"señores, y donde ellos han de^cudir y reconocer como á suprema 
"corte. Por tanto, hijos mios, vamos por entre estos cañaverales, 
^'espadañas y carrizales, donde está la espesura de esta laguna, y 
"busquemos el sitio del tunal, que pues nuestro dios lo dice, no 
"dudéis de ello, pues todo cuanto nos ha dicho hemos hallado ver* 
"dadero." "Hecha esta plática del sacerdote, humillándose todos, 
"haciendo gracias á su dios, divididos por diversas partes, entraron 
"por la espesura de la laguna y buscando por una parte y por otra, 
"tornaron á encontrar con la fuente que el día antes habitm visto, 
"y vieron que el agua que antes salía muy clara y linda, aquel dia 
"manaba muy bermeja, casi como sangre, la cual se dividía en dofl 
"arroyos, y en la división del segundo arroyo salía el agua tan azul 
"y esposa que era cosa de espanto, y aunque ellos repararon en que 
"aquello no carccia de misterio, no dejaron de pasar adelante ábus*- 
"car el pronóstico del tunal y el águila, y andando en su demanda 
"al.fin dieron con el lugar del tunal, encima del cual estaba el 
"águila con las alas extendidas hacia los rayos del sol, tomando el 
"calor del, y en las uñas tenía un pájaro muy galano de plumas 
"muy preciadas y resplandecientes. Ellos como la vieron, humillá- 
"ronse haciéndole reverencia comd^l cosa divina, y el águila como 
"los vjó se les humilló bajando la cabeza á todas partes donde ellos 
"estaban, los cuales viendo que se lea humillaba el águila y que ya 
"hubian visto lo que deseaban, comenzaron á llorar y hacer gj^andes 
"estremos, ceremonias y visajes, con muchos movimientos en señal 
"de alegría y contento, y en hacimiento de gracias decian: "¿Dg 
"dónde merecimos tanto bien?" ¿Quién nos hizo dignos de tanta 
"gracia, excelencia y grandeza? Ya hemos visto lo que deseábamos, 
"y& heñios alcanzado lo que buscábamos, ya hemos hallado nuestra 
"ciudad y asiento, sean dadas gracias al Señor de lo creado y i 
"nuestro dios Huitzilopochtli.'' (1) 



[1] Oodex Ramírez, MS.— De las dos yersiones acerca de la fondacion de México 
■que hemos copiado, sigue á Torquemada ,el texto mexicano de la pintura Aubin. 



W9 

« 

Al dia siguiente el sacerdote Cuauhtloquetzqui dijo al pueblo: — 
''Hijos' míos, razón sei^á que seamos agradecidos á nuestro dios por 
'tanto bien como nos hace, vamos todos y hági^mos en aquel lugar 
''del tunal una hermita poqu^fia donde descanse agora nuestro dios, 
"ja que de presente no la podemos edificar, de. piedra, hagámosla de 
"céspedes y tapias hasta que se extienda á más nuestra posibili* 
"dad.^' Lo cual oido todos fueron de muy buena gana al lugar del 
"tunal, y cortando oéspedes los más gruesos que podian de aquellos 
"carrizales, hicieron un asiento cuadrado junto al mismo tunal para 
"fundamento de la ermitH, en la cual fundaron una pequeña y po- 



YeyÜtky CUyigéro supñmea las rdaojonts fantáaUoM por iaTerosímiles. Se ooofor. 
man con el Códice Bamírex, elP. Duran, cap. Y.; Áoosta, lib. YU, cap. 7. De estas 
relaciones se desprende sucesiTamente la idea del tenoehtU; éste sustentando una 
águila; el águila teniendo ademas en la garra un pájaro galano. Tezosomoc, histo* 
riadpr indígena, de raza asteca, en su Or6nk#mezioana, foj. 1 .* , asegura que:-*-'*él 
"águila estaba comiendo y despedazando una culebra." £n la misma obra, cap. 5S« 
escribe:— "£1 buhio [en que estaban los miísicos] tenía encima una águila real á lo 
"natural, parada encima de un tunal, coronada con una frentalera ó media luna de 
''corona de rey, azul, y en la una pierna asida, comiendo una Tíbora, que ton la» 
**arma$' del imperio meoBieano.^* Cosa congruente repite lienrico Martines, Beperto> 
rio de los tiempos, Trat. II, cap. IL En efecto, el águila sobre el ténochtli, teniendo 
en la garra lína culebra que con el pico despedaza, fueron las armas del imperio de 
México, y son hoy las armas nacionales de la Bepüblica Mexicana, después de haber 
atravesado por rarias vicisitudes. Y. Bamírez, Armas de México, Dice. Unir» de 
Hist y de Ged|[r. 

Be^ecto del sitio en que e^ba colocado el ténochtli, Torquemada, lib. 1 11, cap. 
XXn, dice:— "Este lugar, [según la mejor razón, que yo he podido ayeriguar y exa- 
"minar], es donde ahora está edificada la Iglesia Mayor y Plaza de la ciudad." Vey- 
tía, tom. 2» pág. 15S, escribe: — '*E1 mismo afirma [Don Carlos de Sigüenza] en su 
citada obra, "que el dicho nopal ó tunal estaba en el mismo sitio donde hoy está la 
"capillh del Arcángel San Miguel en lá Santa Iglesia Catedral. Ohimalpaüi y otros * 
"de los naturales anónimos dicen que estaba donde hoy está la iglesia del Colegio 
"de San Pablo de religiosos agustinos, y otros que donde está la de San Antonio 
"Abad. Según estas dos lüiimas opiniones, estaría muy cerca délas orillas de lalagu- 
"na; y según la de Sigüenza estaba en el medio, y en lo más alto de la ialeta, y esto 
"me parece más verosímiL" Nada diremos de la exactitud con que procede él Sr, 
Sigüenza, por no conocer sus fundamentos; respecto de Chimalpain podemos asegn. 
rar, que lo que identifica con la iglesia de San Pablo es TemazcaltiÜan, mas no don- 
de existían piedra y tunal. Nosotros pensamos, supuesto que el primer templo fué 
construido junto al tenochtU; que aquel teocalli fué humilde y que en seguida lo fue- 
ron ensanchando los reyes mexicanos, que el lugar ocupado por el tunal desaparecid 
en la construcción del gran templo: la situación de éste en lo que ahora es Catedral 
7 Plaza mayoif, hacen segura la opinión de Torquemada, aumentando nosotros que 
el sitio debe buscarse en la parte más austral, tal Ye«¡ hacia el frente del Palacio. 



160 

**bro casa á manera de un humilladero, cubierta do paja de la que 
"había en la misma, laguna, porqué no Be podían extender á más, 
"pues estaban y edificaban eñ^sitio ajeno, que aquel en que estaban 
"caía en los términos de Azcapotzalco^y los de Texcoco, porque allí 
"se dívidian las tierras de los unos y de los otro?, y así estaban tan 
"pobres, apretados y temerosos, que aun aquella casilla de barro 
í*que hicieron j>ara su dios, la edificaron con harto temor y sobre- 
"salto." (1) Al rededor del humilde momoztU edificaron los mora- 
dores pequeflas chozas de carrizos con techos de tule, únicos mate- 
riales abundantes de que por entonces podían disponer. 

Construido el altar, el terrible Huitzilopochtli, pidió víctima pa- 
r:\ consagrarlo y dar de comer al sol. Así lo dijeron lós sacerdotes 
al pueblo, y en virtud del mandato salió por la noche el jefe Xomj- 
mitl, fué á términos de Cuihuacan y se apoderó de un Culhua lla- 
mado ChichilcuHuhtli. Al amanecer, los sacerdotes tomaron el 
prisionero, lo sacrificaron arrancándole el (íorazon, que palpitante, 
ofrecieron al padre de la luz, practicando las demás ceremonias de 
BU sangriento culto* (2) Fué la primera victima sobre aquel terrible 
monumento que siempre estuvo empapado en sangre humana. La- 
fundación de la ciudad de México Tenochtitlan, tuvo lugar el II ca- 
lli 1325. (3) 

[ 1] Códice Ramírez, MS. — Duran, cap. V. 

[2] MS. franciscanos: Fr. Bemardino.— Texto 3e la pintura Anbin.--Clavigero, 
tom. 1, pág. 113, 80 engaña al decir que el colhua sacrificado se llamaba Xomimitl: 
éste era máxíca, y así consta claramente entre los fundadpres de Tenochtitlan.- 

[3] Adoptamos esta fecha con fundamento del Códice Mendocino, cuya cuenta 
cronológica, que empieza ejx la primera lámma, señala como principio de la era de 
la ciudad el n calli, correspondiente al año juliano 1325. Gran discordancia presen- 
tan los autores acerca de esta data. El interprete del Cod. de Mendoza, fija el afto 
1324; pero éste es evident^ error, supuesto que á la vista tenía el verdadero 1325: el 
intérprete se engañó al confrontar entre sí los cómputos. Pone el P. Duran, 1318. 
Mendieta adopta el 1324, siguiendo al intérprete de Mendoza, cuyas pinturas tuvo á 
la vista. Iztlilxochitl yaría en sus escritos entre 1140, 1142 y 1220; mas ya se sabe 
que este autor no atinó á formar tablas cronológicas exactas. Veytia, asegura que 
por un MS. que poseía de D. Carlos de Sigüenza, constaba que este escritor tras 
exquisitas diligencias, había encontrado "que el hallazgo del tunal fué el dia diez y 
"ocho de Julio de 1327." La misma opinión siguen Veytia y Betancourt. Sáoaso de 
Tezozomoc el \ 11 tochtli 1326. Torquemada, á la cuenta que le saca Betancourt, se 
refiere á 1341. Un MS. anónimo, citado en el Catálgo de Boturini, se decide por 
1327. Gemelli Careri, se determina por 1325, siendo de extrañar no vaya de aoner- 
do con Sigüenza, por qtiien se le supone informado. Ohimalpain, adopta el 1825. 






J 



Ia )imit¡c^ 4^ la peregñuficáon, (número 39), está corfonne con 
la primera del Códice Mendocino; á 1h que se reñere U deBcripcioa 
del intérprete, ^n ésta et cuadrilátero azul indica el agua limpia 
del lago; marcan las diagonales ^el aspa qne cu cuatro paites Vivi- 
dla la iala. En el centro He alsa el ieHoohlli-non el tiguila; la piedra 
auBteot^ilo.el uochlli, 'i&n el iinnibre del lugar, arrojnndo Ior ele- 
mentos Te-noch'ti-tlan; miántrM el conjunto denota, ímI lasAeSales 
prometidas por el dios pañi el «siento 3e la cíudiid, como las armaa 
nacionales, de los raéxica^itpra li}B| ^ne^tras. Delmjo se mira el 
yaoyotl, iniícante de aei^ aquella una puebla guiTrem y conquinta- 



"se fttidú. obel.UU) 11 ■MtUl,.como se ve uila.jiñiiuiapintuniidalAOolMctonda 
"MondOza.-jon-otraÉr 'eitaftarpof'íjiK'iünza.'^ Henrico-MartiiMz.'Bépcnton» de los 
tÍAinp<N| admite 1317. D. Juan Veat:ira Znpain, cadquo <le Tlnxcolla, concueijla el 
IX tecpatl con 1321; pero 13SI corceepouda al XI cslli, y sí se admite el IS t^^piU 
M1A32. LahititoriB de Mafloz Csmiirgo' flrrojft'llM. -Loa rclaiüoueí ftaucia'^-afam, 
^ricfpalniBntB Iñ da F. BernOTdioo, dao iri'JT.- Vcmise Torqneihsda, tasa, l.-tííg, 
^■-93, 288-231. Duran, cap. ly y yr, Aoo^tfl.'piís. 4f;.'-C(í, etc., ato. " ' 

' Por BÓla anriosí liad runoH ¿copiarieiiBegúdaiaasíguieiitaapirTafoa, qus oaaóa. 
IMmóB eñ' ñas tfbre inédita d«lBK GjPenMidaSnnilKGsi , 

■''^Laflgiira'eilranh'J ca]jric!Knia, dice/que íonnflii loa lagos GDÍi stiS tsrtiant^ bt 
ti imperfecto plano hiilr,^e''^<^° ^^^ Valle, que corro bajo el norábro de D. Cácloa 
a^ Sig^Bnztt^y aúa|brB.,¡))ifipii4, nc^ S (pi¡eii(/nii« ^e laq idea^ mascan tí jticaaiy 
(jftraTffBntaf, qna_f or bu ^ag^^dful y efjcasei. del Lj^ro an qu^se enonentra, óip. 
race bien qne ae lecaerde en aste lugar. Debémoslo á Qemelli Carerl, célebre TÍaje- 
to qne Tisito á Mélico en ñnes de! ff£jl\^^'t/° ^^7^ lípoca dominaban todavía tea 
ideaa eabalísticas j estrafalana.q de 'qué ka Teruu claras muestras en sn muracioa. 
PÍo»M't»«tMilv->dc'tb«ri0iátblliUaui-^tAaiw[»ttad*titaqpcAM«s)i 4orf. 



"i\ pjit ^ pnn;i pflm{iifm sjgnaja ¿fiJftjnQiiBiíi^a nií.*VC*naj;^fBa'Vel¡¿pri con hi 
miktuí BéMa." :: 'X TI M kO ^ ;..' Vi' 

lou. m.— 21 



1C2 

dora. En las cuatro díñsiones interiores, supcr jcie habitable de U 



'Xas ««te tribvs 6 naoionei fnndAcloras forman:^ 



1. ^ochimilcaí 

t. OhllMUB 

3, Teopttoeoii 



4. Tezcncanos 
6. TUlhTiioAS. 

5. TlttzoaUeoti. 



7. M«xi0ill0g. 



LOS DI£Z BETES. 

oscsM ooBiruÁ (d^ ct¿«7 n^. 



6. Ticocie •••.... S7 

7. AxaUca 27 

8. Ahultzotl Tí 

9. MonUitazunuL ...... 84 

IOl QuAutimoo^^.. ..^.. 77 



1, Acamapiohili • . • • 56 

2r HuiUtlauhtU 96 

8. Ohimalpopooa. 66 

V« XwBOOhU • • ■ • ••••••• •• ••«••• w2B 

8, lioatiuEomA. 84 

364 

que forman el niimero 666 propio de la Béstía.** 

'Tara que esto se oomprenda mejor, deba saberse que la lengua mexicana tiesa 
■olo quinee letras (no puoiendo pronunciar laa otras), que aplicadas á éstas los nif- 
meros ordinales del 1 al 15 y luego á las letras que componen los nombres de los 
leyes, resulta de su adición la suma 666. Esto se percibe claramente en la oompoai» 
elon del nombre propio de eada rey, ee^en la kistoria de los indios que trae Arríj^ 
(Bnrioo) Martines al fin de su Bepottorio de tor Uempot, impreso en M<íxico al piia. 
dpio dcÁ siglo que finaliza [en 1606J.*' 

A. O. E. H. I. L. M. N. O. P. d. T. V. X, Z. 

1. 2. 8. 4. 8. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 18. R 18. 

AlfiLISn 

é éeseiflnuBieftlo geneiral de 1m noaAree de 1m diei re/M» 



1. 



2. 



8. 



4. 



8. 



6. 



7. 



9. 



10. 



A— I H— 4 0-2 1—8 M- T ;r-12 A- 1 A-- 1 M- 7 Q-ll 

C-.2 V— 18 H— 4 T— 12 0—9 1—6 X-14 H- 4 0—9 V-18 

JL— 1 I— 8 1—8 J5— 15 V— 18 C-r- 2 A- 1 V— 18 V-.18 A— 1 

II— T Z— 16 M— 7 C— 2 H-.4 O— 9 1-6 I— 8 H— 4 V—M 

A— 1 T— lí A— I 0—9 T— 12 O— 2 A— 1 T— 12 T— 12 H— 4 

p— le 1—5 L— 8 A— 1 B— 8 I— ♦ C— 2 Z-16 B— 8 T— 12 

I— 8 A— 1 P— W T— U Z— 15 0—2 A— 1 0—9 Z— 16 I~ 6 

0—2 V— 18 O— S L— 8 V— 18 0—2 T—12 V—IS M— f 

H— 4 H— 4 F— 10 11—7 L- 8 M— 7 O— t 

T— 12 T— 12 0—9 A— I A— 1 O— 8 

I^e L-8 0-2 

1-8 1—5 A— I 



27 



77 



84 



fX 



163 

illa, 86 vea los signos 6garatLT0S del tollin y del aeatl^ denotandp lo 
anegadizo dol terreno y estar inradido por las plantas lacustres. 

La verdad de laa.pUturas queda aún patente en la con6guracio]i 
da )a ciudad actual4, Recordando we entonces Tlatelolco era isU 
separada, encontraremos que el , terreno no podía tener arriba dt 
unos mil iq^tros medidos en los ejes mayofles, admitiendo parte pao» 
tinoso y ^ega4izo. lias acequias qu9 e& ouatro fracciones cortaban 
la isla, debíai;! correr próximamente en direcciwes N. S. y E. O* 
Admitiendo, que piedra y tunal existieron junto al gran teocalli| 
inferiremos que la intersección de aquellos canales estaba cerca do 
fsta localidad* La acequia corriente de E. á O., era sin duda la quo 
oxistió hasta el primer tercio d^ presente siglo, q^e pasaba por el 
costado meridional de Palacio, seguía i lo largo de la Plasa Prínci* 
pal, y en línea recta iba i rematar en el canal que de San Juan do 
Letran se prolongaba A Santa María; formando por abí el limito do 
lo qae después se llamO la traza espa&ola. La de N. á S. parooo 
haber desaparecido desde tiempos remotos; fué obstruida tal vez por 
los mismos méxi, y no acortamos i decir si pasaba delante ó detrás 
del Palacio actual, aunque la segunda dirección parece la más {mto* 

bable. 

Las cuatro divisiones tuviproo nombre particular en lo antigU0| 
correspondiendo á los ouatro barrios de la ciudad, los cuales fueron 
conservados en la ciudad moderna. (1) Supuestb que junto al tunal 



•«Etiüefida ^ lector qtl« la dasoripolon aütarier j el pUnoadJiuilo [4 M Ydlsás 
M^tMoJ no ion miot, tino del iagenMio Adrián Booi, infMiMvo f raao^ «a^ado ala 
Haova BspeAa es 1629, por Fetfpe 11, do féSs rocovdMkm, pan baoor dirigir al 
4oiagSe de laa lagunas da Kétioo. XI no forma laa ágoiaa [miatorioaaa] oon peiftoo> 
U lagularidad» 7 adaaaa eatando auiy loallnftado j an paru daalniido par at tía» 
fné raataiaaido eon gran trabajo por D. Criatólial Goadalaanu», da 1# PoaUa da loe 
Aagalaa. buen, matomátfiío, quo ma regaló una oopia exacta de la ««^^^ttia Sgnsa 
4 aii Seáaaito por agoaBa nfndad, la anal maod^ grabar y aaompafto aqof paea aatto» 
faaoian dafaa earioaos." (OanalUOaMi, GlMdal Mondo. FarU aasti^ oap. 5. -«Va. 
jiaeia. 17SS. in. 12). ** 

fiesta aq«í la c9pjLa» Tii tfiItií íit \h ininrniímiTf flrl iralriHiti an htni Imaiail 
%la, teniendo en cuenta aerrirle de fundamento un plano inezaoto 7 retocado en ci«* 
.dtA distante; nociones bisttfrioas inoompletaa; una genealogía trunaa de loa re7ea;da 
ICtfxiao; ortografía Tidoaa 7 arbitraria en loa aombiea; fÉlta á Taoaa da puaftndldai 
jm los oflaaln 

£1] Ckfigiffo, tom« 1, pág. 11^. 



164 



.elevante ^Xmomoztli al dio., que ahí se formó «««P»*" ?\ ««* 
teocaltí y que éste existió hacia en donde ahora Temos la Catedral 
y rLl. V) no puede caber duda en que la pn^e * la i^qu.^a 
dérob.erví.d<ir co.^e«pond6 al primitivo barrio de Cuepopan, (2) el 
Cttat ¿óíácidc en el caadrante N. ó. de la ciudad y garrió ™,d«no 
¿¿■áantu Murta U Redonda.- Este^ra el barrro P""'^'P« Pf ^«"j^ 
ner él ara de Huitzilopochtli; en el cual fundaron, en primer lugat. 

:V ike Teno.h, (6) director de ^^f ^"' 1« Tl'^^St ^^.^^S 
bla' ¿I uoiüW de TencHíhtitkn; segundo en dignidüd Me»,tz n, (5^ 
dé ¿n tom6 la ciudad el apellido de México, jefe imncpal en k^ 
¿1^1 como su compatero lo era en lo religioso; «ve<nnáí^n«e .n el 
^fsl barrio Aoacitli (3) y Xoéoyol (8.) Mex,t«n y Xocoyol n<r 
aparecen entre las primeras familias emigrantes: 
• Lát)Wte superior de la estampa, Corresponde al «"«'^»"t« ^^ ^í 
al 1. ciudad, antiguo calpulli Mzn.ualro 3) hoy b*vno de San 
|éb;.tian.- Aquí se avecindaron Ocebpan ^ij^^^'^^^ 
feB íníetreros y de riíayor nombradla entre los méx. Entre ambos^ 
¡rdS-ule una choza.^ (4) i^s Paredes de carrizo, feUecho de toa- 
u'¿ léti, ünicos mateñaléHde que lo. méxi podían disponer 
por entóucés para sus construcciones. ... ,' ^^ 

' Bltriínjíulode la derechi, cuádrenteos. E. e» el ea W'« 3Vo- 
p^^ipc^n, '(5) barrib ¿ctu.l^e Sati-Pablo. Aquí ^ ^reo,n, 

í líJ i . ^ ' - . J - ' . ' 

X •♦.^a niiA hfi consultado é inv3stigaciono3 qan he hecho, 

iñpeatatuu^f ¡^^ *» Ti«n^ír«r un« want»» yw^ . h^cia el 0> , dentro ,0^ 

Sondea idioma dalas islas. .kclntrl-í lo! n» 

aott Zoqxd-pan, gobre el barro ó lodo. 



ÓBTon Ahaexotl (4) y Xomimit} (5). Encima de éate se^ndo se 
fdÍAtingue el tzompantli en que fué colocado ¿1 cráneo de la primera 
Tictima en la ciudad naciente, del culUua CbichilcuauJitU, tomi^do 
por Xomimitl: aquel horrible trofeo, santificado por la religión, era 
á la vez una.amenaza y un reto á las naciones de la tierra firme. 

El cuarto inferior, cuadrante S. O., se identifica con el calpuUi 
Moyatla (1) y barrio de San Juan. .Evidentemente se habían ope- 
rado en la tribu algunas variaciones; de los jefes primitivos habían 
desaparecido varios, y en bu lugar ' se alzaban otros nuevos, tal vez 
para integrar un cierto número. Por eso encontramos mencionados 
i Atototl (10) y á Xiuhcac (9) que no constan tampoco entre los 
primeros emigrantes. 

Estos son los fundadores de México según el Códice de Mendoza; 
conforme á la estampado la peregrinación en Tenochtitlan (oúme- 
ro 49) se establecieron Acacitli (i), Atezcatl (q) y Ahuexotl (h), 
mientras tomaron asiento en Tlatelolco (número 37), Xomimitl (6), 
Aatzin (g), Ocelopan (e) y Tenoch (b). Tal fué el humilde princi- 
p'o de la orgullosa señora de Anahuac. 

Encerrados los tenochca en la isla^ escondidos en los carrizales, 
amparados por las aguas, vivían seguros de los ataques de sus ene- 
migos: disminuidos en las pasadas guerras eran pocos para hacer 
frente á los pueblos riberanos; aconsejábales la prudencia ser cautos 
y moderados. Mas si bajo el aspecto de la seguridad estaban tran- 
quilos» faltábales tierra en que extenderse, telas para cubrir su des- 
nudez, vituallas con que alimentarse. A todo proveyó la industria. 
El lago, que era su dominio, determinó que fueran nautas, pescadores 
y cazadores: pronto aprendieron á apoderarse de las aves acuáticas, 
de los peces, de los mariscos, de los animalejos de varias denomina- 
ciones criados en el agua; siguieron con los gusanos, con los moscos 
y huevos puestos por estos {ahuauhtli) y hasta con cierta borra lla- 
mada excremento del agua: objeto grande ni chico escapó á su ob- 
servación entre las plantas ú objetos animados. Todos aquellos pro- 
ductos eran vendidosen los mercados de la tierra firme, obteniendo 
en cambio madera, piedra, cal y utensilios. Servíales la madera pa- 
ra formar estacadas, que robustecidas con piedra y rellenadas de 



[1] Moy(M, motoo zanondo [(iinif4\ con el abandtaeial tic; Mo/o-tla» dOBde 
4^a los moteof zancudo*. 



tierra y césped, se convertían en terreno firme; así unieron i 1$^ 
principal otras pequeñas islas, ensanchando el suelo y ganándole* 
sobre el elemento líquido. Cubrían su desnudez con las plantas pa- 
lustres, formando de sus fibras tejidos toscos para ^uslazos y redes. (1) 
• Cra una vida oscura, laboriosa, trabajada, llevada con resigna- 
ciontíomo quien está seguro del porvenir. 

La condición miserable de los méxica en aquellos principios la 
pinta así una relación: (2) ^'Cuando Il0garon á visitar los chichime- 
**ca, es decir, los chichimeca de Culhuacan, ya los méxica habían 
^^cora puesto alrededor del tenocbtli^ con casitas de tule y paja en 
"que habitar, y ya habían comenzado á pescar con redes. Habitan- 
•'do alrededor de la pequeña tierra seca fueron vistos de lejos, es- 
*'taban haciendo lumbre y humo, viviendo mugrientos y apestosos, 
''por lo que empezaron muchos á morir y á hincharse. Muchas ve- 
nces les quisieron echar del lugar, mas no se podía." 

Cuando el terreno estuvo desmontado y limpio, HuitzilopochtU 
habló una noche al sacerdote principal: **Dí á la congregación me- 
••xicanajque se dividan los señores .cada uno con sus parientes, ami** 
"go8 y allegados en cuatro barrios principales, tomando en medio la 
"casa que para mi descanso habéis edificado y cada parcialidad* edi- 
"fique en su barrio á su voluntad. (3) Hízose, pues, la división en 
cuatro cuarteles, según tenemos dicho; cada uno quedó subdividido 
en otros barrios pequeños, determinados por el número de dioses 
adorados por cada parcialidad y los cuales tomaban el nombre de 
capulteotl ó dioses del barrio. (4) 

De aquella división quedaron agraviados algunos jefes y ancia- 
nos, tal vez porque no los distinguieron en el lugar que creían me- 
recer, y por esta causa y por la muy antigua separación que en la 
tribu existía dimanada de la reyerta por la piedra preciosa y palos 
para sacar' lumbre, los cuatro jefes Atlacuahuitl, Huicto, Opochtli 
j Atlacol se apartaron con sus parientes y parciales, yéndose á vi* 
▼ir á otra isla, al N. de la mexicana y de ella separada. Se dice de 

[l] C<5dice E^mírcz, MS.— P. Duran* cap. V.— Torquemad», lib. III, cap. XXIL 
— Clavígero, tom. 1, pág. 114. 

[2} Texto de la pintura Aubin, MS. 

P] C^ee B«mft«s, MS. 

[4] De caXpuOi, barrio, y Uo€¡, diot. 



a^fuelloe hombres ser inquietos, reToltosos^ de malas ioteooioi^s, 
qne nunca iu?ieron paa ni se llevaron bien con sus hermanos los 
méxíea. Ebta nueva ciudad tomó^el nombre de Tlatelolco, conoci* 
da hoy bajo el nombre de Santiago. (1) 

A ef«ta cuenta, la fundación de Tlatelolco debía contarso del II 
cbíYí 1325, maR por otra versión ha de colocarse algún tiempo des- 
pués. Sea por el agravio recibido por ciertos jefes, ya por los renco- 
res antiguos, por entrambas oohhr juntas, ó porque cómodameute no 
cabían en la isla, los descontentos vieron un dia un inmenso remo- 
lino, de polvo, que tocando con la punta superior el cielo escondía el 
pié entre los carrizales; tuviéronlo á prodigio y acudiendo al lugar* 
sctkalado entro el tular,' encontraron un montón de arena que hacía. 
una planta enjuta, propia para habitacbn, con una culebra enros- 
cada, un escudo y una flecha. Advertidos por la maravilla, se tras- 
ladaron al sitio, nombrándole primero Xaltelolco, montón de arena, 
par el que ahí se miraba^ y después Tlntelolco, terrapleno .6 tierra 
hecha á mano, cuando allanaron y compusieron el suelo para hacer 
la ciudad. (2) Fíjase la separación el a&o 1338, trece después de 
la fundación de México. (3) 

Tercera versión encierran estas palabras: "Primero que se pobla- 
rse este barrio México, estaba ya poblado Tlatelulco, que por co- 
*%enznrlo en una parte alta y enjuta de la laguna, le llamaron 
"así." (4) La estampa de la peregrinación confirma este aserto. Ahí 
se ve, que derrotados los méxi en Chapultopec el XI acafl 1243, al- 
gunos de los dispersos vinieron á buscar refugio en Tlatelolco 
(nUm. 37): bajo esta autoridad, la puebla sería 82 años más antigua 
que México. Nosotros aceptamos esta verdad, entendiendo que los 
refugiados en Xaltelolco permanecieron escondidos, sin dar cuenta 
de si, hasta que los méxi tomaron posesión de la isla vecina. De 
todas maneras, la separación se hizo completamente, supuesto que 
eatos isleños abandonaron su antiguo nombre de tribu para tomar 
el particular de tlaíelolca. 

(1) P. DaJEán, oap. V.— Ciídioe BAmíwz, MS.— Acosta, üb. 7, cap. VIH. 

(3) Torqnemada, lib. líF, cap. XXIV. Kl montón de arena, "es ahora el quo cae 
"en esta plaza, sobre el cual está puesta la horca de loa malhechores,*' Bepethnos 
qne esto se- refiere al actual Santiago Tlatelolco. 

(8) ( laTÍgero. tom. I, pág. 114. 

(i) Gomara, Hist. gen. de indias. 



1«8 

No tenemos noticias completas respectó de los méxica durante Ia 
peregrinación. Al principio, aunqne conducidos por HuitzüopochtUg 
los vemos mandados por el sacerdote Aácatl j ht niujer Ohiuialma; 
durante la primera estancia en Chapnltepec aparece cl jefe militar 
Huitzilihuitl, que hecho prisionero fué á morir á Cuihuacan. Al co- 
menzar la segunda parte de la peregrinación, los jefes conductores 
son varios, apareciendo entre ellos uno de nombre también de Hui- 
tzilihuitl y otro Tenoch. Conforme á una antigua crónica, el pri- 
mer conductor principal de la tribu se llamaba Chalchiuhtiatonao, 
siguieron otros cinco cujos nombres se callan, siendo el sótimo 
Tenuchtzin, electo después de la esclavitud de^Culhuacan. (I) La 
segunda lámina de los gerogllficos del P. Duran presenta como ca- 
pitán de los méxi á Tenoch, en compañía de su mujer Tochcal pan, 
durante la permanencia de la tribu en Coatepec, cerca de Tollau: 
igual referencia contiene la lámina 32 relatando la fundación de 
México. Tratándose de épocas muy lejanas en tiempo, es preciso 
admitir que se habla en las pinturas, no de una sola y mi^ma per- 
sona, sino de personas diferentes cuyo nombre se trasmite de padree 
á hijos, 6 que désenLpefian una dignidad que lleva un nombre, inva- 
riable. 

Lo que aparece fuera de duda es, que al fundar Tenoch ti tlan, los 
méxi estaban regidos por Tenoch, según lo comprueba la primera 
pintma del Códice. Mendocino. Comprendía el sacerdote caudillo 
ser aquel un tiempo de regeneración para la tribu y supo mantener- 
i?o en paz con sus vecinos. 

III tochtii 1326. ^^En cl segundo año de la población de México 
^'comenzaron los mexicanos á echar los cimientos al grande é cre- 
**cido templo de üchilogos, el cual fué creciendo mucho, porque 
'^cada señor de los que en México sucedió hacía en él una cinta tan 
"ancha como fué la primera que estos primeros pobladores hicieron, 
'*y así los españoles lo hallaron muy alto é muy fuerte é ancho y efa 
"mucho do ver. (2) 

Yohuallatonac, rey de Cuihuacan, murió el II calli 1321, suce- 
diéndole en el trono Tziúhtecatzin. Las relaciones franciscanas 
aseguran que en el segundo año del reinado de este monarca acor.* 

(1) Chimalpain, Hist. ó ohrónica mexioanA, MS. ^ 

(2) MSS. franciflcftiiot, Fr. B«ni«rdino. 



i^oA la fundaoíoQ de Méjuoo^ cosa muy conforme á. sa cronología, 
pues fijaa el príaoipio do la ciudad ea el XIII acatl 1323. Tziuh- 
(eoatsÍQ murió el XI tochtli 13^, ocapaudo su lugar Xihuitlte* 
moo. (1) VIH toopaiU344< "El 21 de la fundación de México, los 
'*Dciexic mos hicieron guerra á los de Culhuacan y les quemaron su 
templo." (2) Da testimonio de esto guerra la primera lámina (nu- 
mero 11) del Códice de Mendoza: ignoramos cuál fuera la causa. 
El hecho acaeció al año siguiente de la muerte de Aculbua, sej&or 
tepaneca, reinando ya en Azcapotzalco su heredero Tezozomoc; 
duinatzin gobernaba en Texcoco, la tierra estaba revuelta, y tal 
Tez los méxica, sirvieron de auxiliares á los tepaneca en aquella em- 
presa. 

IX calli 1345. ^'Luego el año siguiente, 22 de la fundación de la 
^'cio lad, v¡en<lo los de Culhuacan que en los veintidós años pasados 
'^se habían hecho mucho los de México, por miedo de ellos llevaron • 
^'aus dioses á Xochimilco en una canoa, y junto al pueblo de Cuauh- 
"tlecaxecan les dio el sol tanto resplandor, que los cegó y no vieron 
^'hasta que se hallaron junto á México, y como los vieron pusieron 
'*SU8 dioses en México, y les hicieron templo pequeño delante un po- 
^*co do agora están las carnicerías." (3) 

II acatl 1351. Año cíclico, primero celebrado en la naciente 
<:iudad. 

III tecpatl 1352. Muero Xihuitltemoctzin, señor de Culhuacan, 
eucediéndole en. el trono Coxcoxtli. (4) 

V tochtli 1354. ^^A los treinta y un años de la fundación de la 
^'ciudad comenzó á salir el fuego deí volcán." (5) Es la mención 
más antigua que hayamos encontrado acerca de las erupciones del 
Popocatepec. 

I acatl 1363. Murió Tenoch, en México, después de gobernar 
treinta y nueve años á los méxica en toda paz y tranquilidad: igno- \ 

fa la historia si dejó hijos ó no. (6) Le sucedió en el mando de la . ^ \ 
ciudad su compañero Mexitzin. ^. 

(1) Anales de CuauhtitUn, MSw 

(2) MSS. franciscanos, Fr. BecoArdino. 
(8) MSS. franciscanos, Fr. Bemardino. 

(4) Anales de Cuaahtitlan, MS. 

(5) HSS. franeiscaBOs, Fr. Bemardino. • r 

(6) Cbimálpain^ chrónioa mexicana, M9. ' ^ I 

TOM. lU.— 22 






1701 

VIII tochtli 1370. "A los cuarenta y mete años ganaron los me- 
"xtcanos á Tenayuca y quemáronles su templo qae era de paja, y 
los de Tenayuca eran chichimecás.*' (1) Conata esta- guerm en la 
primera lámina^ número 12, del Códice Mendocino. E^a pintura 
pone como conquistadas á Cuihuacan y A Tenayocan. Demasiado 
débiles eran por entonces los méxica para conquistar por propia ^ 
cuenta: débese entender, que si estas expediciones no fueron empren- 
didas en provecho del rey tepaneca, no debían tener otra proporción 
que la de acontecimientos bruscos, en los cuales tomaban despre- 
venidos á sus contrarios, saqueaban la ciudad y bufan luego á es- 
conderse entre los carrizales. 

Pasaron algunos años. Sea que el gobierno de Mexitzin baya da- 
do preponderancia al elemento guerrero sobro el sacerdotal; sea que 
la situación precaria de la tribu ó que el ejemplo de los pueblos vecinos 
los hiciera entenderla necesidad de ser regido* por otro sistema que 
el teocrático, la verdad es que el jefe Mexitzin convocó á los pobla- 
doi^s y les dijo: "Hijos y hermanos mios: ya veis cómo estos nues- 
"tros hermanos y parientes se han apartado de nosotros y se fueron 
"á Tlatolulco á vivir, y dejaron el sitio y lugar que nuestro dios 
"nos señaló para nuestra morada: ellos como rebeldes y ingratos uo 
"conociendo el bi«n se fueron y apartaron de nosotros. Temo y me 
"persuado de sus malas mañas que algún dia nos han de querer so- 
"brepujar y sujetar, y han de levantarse á mayores y querer elegir 
"rey y hacer cabeza por sí, por ser malos y de ruin inclinación: án- 
**te8 que nos veamos en algún aprieto, paréceme que ganemos por 
"la mano y elijamos un rey que á ellos y nosotros nos tengan suje- 
*4;o8, y si os parece no sea de nuestra congregación, sino traig4mo8le 
"defuera; pues está Azcaputzalco tan cerca y estamos en sus tierras; 
"ó sino, sea de Cuihuacan ó de la provincia de Texcuco. Hablad, 
"mexicanos, decid lo que en este caso os parece." (2) 

Según esta versión, la causa eficiente para determinarse á alzar 
rey, era el miedo de los tlatelolca, 6 mejor dicho, sobreponerse á 
ellos; ya que tanta discordia aparecía en las fraccitnes de la tribu, 
avecindadas en las dos islas cercanas. Adoptaron los méxica la indi* 
caeion de su caudillo: no pareciéndoles bien ocurrir á los de Azcapo- 

(1) MBS. frandBoanos,^. Benuodino, 
(9) P, Darin, eap. Y. 



171 

tsaleo ni de Texcoco, mandaron una embajada á Culhnocan, cuyo 
ley lefl dio uti nieto suyo para soberano, quién fué traido á Tenocb* 
titlan y coronado por rey con grandes regocijos. (1) 

Lo mejor areriguado nos parece, por estar sostenido en las auto- 
ridades más competentes, confirmándolo ademas la cronología délos 
hechos, lo sigtiiente: Trascunidos años de la fundación de Tenoch- 
titlan, el señor méxica llamado Opochtli Iztahuatzin, casó en Cul- 
huocan con Atotoztli, princesa hija del rey Coxcoxtli, quién como 
sabemos había subido al trono cuihua el III tecpatl 1352: fruto de 
este matrimonio fué un niño Á quien pusieron por nombre Acama* 
pictli. Muertos los padres de éste, siendo aún infante, fué recogido 
y- adoptado por Ilnncueitl, bija segnn unos, hermana conforme á 
otros, del anciano Acolniiztli, señor deV^oatlichan. Por causa que 
no encontramos bien averiguada^ Ilancueitl huyó de Culhuacan en 
compañía de cuatro dainas cuihua, refugiándose con su protegido en 
Coatlichan; ahí vivieron algtm tiempo, trasladándose en seguida á 
México, en donde fueron recibidos con grandes consideraciones. To- 
mada por los méxica la resolución de alzar rey, repugnando á su es- 
píiñtu independiente sujetarse d los príncipes de los reinos circun* 
Tecinos, pusieron los ojos en Acamapictli, quien perteneciendo á la 
tribu por línea paterna, juntaba la sangre real de los cuihua y aún 
podía pretender el trono de Culhuacan. En consecuencia Acamapictli 
fué aclamado primer rey de Tenochtitlan el I tecpatl 1376. (2) 



(1) Códice KamÍTCz, M8.-^P. Darán, cap. V.— Acoeta. lib. 7, cap. VIIT.— Enri- 
eo Martínez, trat. 2, cap. 12, ¿y, 

(2) Chimalpain, Cbrónioa Mexicana, MS.— Belaciones MSS. de los franciacanos. 
— Anales de Ouanlititlan, MS. — Torqnemada, lib. U, cap. XIII. 

En la cronología de los reyes mexicanos segnimos la autoridad del Códice Mendo- 
eiao (Lord Eíngsborougli toI. I; interpretación yol. V^. Es un documento original, 
«nténf ico; en la escritura del pueblo á que pertenece, con la interpretación de los án- 
danos y sabios de la ciudad de México. Entre los mexicanos pasaba por autorizado j 
competente, y en este sentido lo escogió el ilustrado Tirey D. Antonio de Mendozat 
para remitirlo á la corte espafiola; lo reconocen por genuino los escritores de las na- 
eiones ctilias y civilizadas. A él van conformes las mejores autoridades da nuestros 
tutores, y á todos suministraron preciosas noticias acerca de los pueblos conqniata- 
flos. tíe acrisola con el examen dé la crítica, y se sostiene mejor que ninguno de loa 
aiatemas cronológiros. Según nuestra regla general, siendo de origen mexicano debe 
ier preferido absolutamente en lo tocante á la historia de su nación. Con pequefiai 
herencias viene á robustecerlo la pintura intitulada: Ifítfpe de TTqteehpan {Hütoir§ 
ílfnekr<mique et teigneuHaU de Tfpeehpan it de Medico), facsímile Utográflco publi- 



Acamaplcili se casó con su protectora llancueitly ademas tomó por 
esposa á Ayancihuatl, bija del Heñor de Coatlichan, pedida paraem* 

cado en Parit. lia pintura Aubin sa sepasa en dif ereacias casi constantei. Loa f Jo- 
dices Telleriano Kemense y Vaticano (Lord Kiagsborough vol. I y II, ozpliéaoioa 
tqI. III), difieren totalmente en los tres primeros reinados, y en los líltimos B<51o aa 
diferencian on oolooar la muerte de Axayacatl el IV acatl 1433: estas pinturas son de 
origen Texcooano y sólo para s« pueblo son de entera fe. 

En nuestro concepto, las diferencias presentadas por las pinturas provienen dedos 
fuentes diversas. La historia de todos los pueblos do la tierra comienza por la forma 
tradicional, en la que los hechos se desfiguran y se pierde el orden de los tiempos. 
Los m<íxica guardaron un estado cercano á la barbarie durante el reinado de sus tres 
primeros reyes; su verdadera civilización comenzó con el avenimiento al trono delts- 
eoatl; hasta su tiempo ó poco después no tomaron los anales del imperio una foiri» 
fija, conservada hasta el tcírmino de la monarquía: de aquí que la cronología de Its- 
coail á Cuauhtemoc apenas difiera, mie'ntras aparece confusa la e'poca entre Acama» 
pictli y Ohiroalpopoca. De los errores de este tiempo son responsables las pinturw 
mismas como expresión de las diferentes tradiciones aceptadas. 

Las pinturas de la época moderna contienen la historia verdadera, y los errores 
que presentan en cronología ponemos por la mayor parte á cuenta de los pintores é 
intérpretes. En efecto, basta que la línea que une la relncion de un s^iceso con d 
afio en que so verificó, se mude por inadvertencia á distinto signo cronográfico para 
trastornar una serie. £s suficiente omitir la línea de unión, pues esto daría motivo 
para que cada quien leyese á su antojo, refiriendo el hecho al afio que más próxima 
le pareciera, sacando diversos cómputos de un solo y mismo escrito. Sirva de ejem- 
plo la lám. 108 del Códice Vaticano, que relata la muerte de Huitzilihuitl y la elec- 
ción de Chimalpopoca: la persona que sin antecedentes lea la pintura y'no la compa- 
re con la relativa del Códice Telleriano, como falta la línea de unión, colocará la 
exaltación al trono de Chimalpopoca en los afios VI acatl 1407 ó VII tecpatl 1408, 
los más próximos á la figura del rey, é incurrirá en un grave anacronismo, vacilando 
ademas en los aftos á que debe referir la muerte de Huitzilihuitl. De cargo de lot 
intérpretes son los errores provenidos, ya porque se han apartado de la lectura ex- 
presa por consideraciones que á ellos parecieron de peso, sustituyendo su opinión 
particular á la autoridad del documento; ya por el poco cuidado que pusieron en con* 
cordar los años aztecas con los de la era vulgar; y no faltan ejemplos de que alguno 
forme el cómputo basado en un suceso determinado, y si este comienzo yerran en lo- 
do lo demás irán errados, trastornando por completo las seríes cronológicas. 

De un trabajo comparativo que tenemos formado acerca de la cronología de loo 
reyes de México seguida por diversos autores, vamos á dar pequeño extracto á fin do 
que los lectores formen alguna idea en la materia. Dos de las relaciones mannsoiitao 
de los franoisQonos; Fr. Toribio Motolinia, Hist de los Indios, epístola proemial; 
Francisco López de Gomara; Fr. Gerónimo de Mcndieta; forman una escuela, si bien 
los cinco primeros parece que escribieron siguiendo una pintura semejante á la del 
Códice Vaticano, mientras Mendieta se apegó al Oódieo Mondocino. Sa sistema po^ 
euliar consisto en admiiir que, muerto Motocubzoma Ilhuicamina sin hijos legítimoi^ 
lo sooodíó en «1 trono su l¿{a legítima Atotoxtli, quien reinó de ocho á nueve aftoo^ 
OAsada con Tezozomoctli, hijo de ítzeoatl y su próximo pariente, tuvo varioo bijoiW 



173 

parentar con alguno de los señores vecinos. (1) Revestido de las in- 
signias reales, colocado en el humilde trono preparadlo pof hUs vasa- 
llo!?; dfelíiñte del {)i<eblo rennitlo, acercóse al tinevo rey un anciano y 
diñóle: **líijty mia, señor y rey nuestro, seaiá muy bien llegarla á; esta 

•**bestra cá«a y ciudad, entre e^tos carrizales y espadañas, don'delós 

• • . , . . '' . ..." 

entre ellos Axayacatl, Tizoo y Ahuitzotl» quienes remaron sucesiviiuiente en Méji- 
co. £1 tiempo que réinú Atotoxtli se cuenta en los 29 efios del gobierno ie M'otecún- 
xxñttfL, y dd'ellQ no sé hvffie mención ni en el catálogo de lob reye« se "pone, por «fcr 

K Josí de Aco^, HJst. nal. y ftipr^ Antonio ^ajBJerrcra, déc.,^I^l¡, oap. pfll Al 
XVI; Eorico Martínez, Beportorib d^ los tien^poü, toma'^^or modelo á Acosta; Ge-^ 
meitt Gareri, 6igu5(5 igualmente á Acdsta. fistos escritores conietcA do¿ graves kttó- 
res. Primero, eoaafnndir ia historia da ChimalpqpodA eoA ]a da tm nbbifhío Acólná^ 
buaÜ; segundo, colocar en el orden sucesivo de los reyes á Tízoc antes de Axf^ajpt^ 
Eb^ RTiipo reconoce po^ origen el yodice Ramire^. 

tx)8 demás autores siguen sensiblemente las mi^as aortrínas históricas, aunque 
se séparaír en eí c«npéto.croiiol<5^cb.^ W.íHsmrtfdino de ^rfbí^giin, ílb. VÍTI^ cap. 

• f 1 ***** 

I al V, ponei datos impoeíblea que suponemos estropeados por k)8 copiantes} eLMSi 
de F^. Beruardino, r[ue al P. Sah^igun atribuimos^ casi va' conforpae al Púáice^MeQ- 
docino. A esto mismo ctoqumento, aunque con variaciones, se refiere el P» Duran. 
Torquema'da siguió un cómputo de piSopia cuenta. D. Carlos di» Sigüenza "y Gón- 
gera preéisa el Üompo dé eáda reinado hftBt<i con «A dia. del principio de 'caáa tmó: 
blbi^'adqse pér^idp su CipJografí^ i^ramop Lo9Ífol^^éxLt09 éi vñ/cáteulósi . F4 
AjgjiPtJü^^etaipcpurt copia jn If r(jJacion á Ti'orqu^mfida.ji: pn la croi^olo^ía, p. 3íg»f.^ 
7f&. El ^1 Francisco Javier Clavigt^ro se aco^iodá al Cód. de Mendoza; más babieur 
•doRC óx'tíá'viado eh'vknks conjdturrts acerca dé la áedicacíoíi del tcfn pío mayor, 'saíle 
»«iil^sÍ*tettiá''peiiailiSr:»tiyo y'fato¿. ibiéig^éil ú p^é'ú^WÜMÍ^pé'^\nk'Büik''háf% 

tCc^DO sabemos. Jxtl^xopbitl yerra por no haber sabido fojmarUiblas dercompara^. 
C10&'. V"eytiJ¿ 19 copia, péi-b Haciendo él gran servicio qe ppner en claro' la cronología 
&']érSMnegÍro.ícm8"Kl^rfaBtóái¿fliiW tbtíi^ •átíi«ircifeaá'fiféÍit¿feyfítóráeii''¿iííMffi 
Okzlói Bizcar dfirBcbiij^QtQFQ<iqbiitingUié ptir ét\Í0UO éú^'hsLtéiítfnamtbonefitalií 

cía, y así asía vardad. Por regln general, excliiidos JBrasseur y Pay^no, los computos 
ñu r>Y liHí' .'W:ir f'Jíi' Ji') -/TsL ' ;'M 'Jí fíií ¿.J*r-.:;íi:Tv:rj iiiiiL^',yTi:iir 
amjren en los tres prmicrOa reinados de ios tcyes mexicanos, conformanuóse cnTo 

á^as-'déki^tM'ail^nlífftii'^^rli^n^oie^ ^imób IVfóiñlóéíbo/ noJ <.oi/.-«r/¡ k 




n, y'de su foncoraante en el Códice Vaticano, consta que llancueitl procedía 
de Culhuacan y era hija de Acolmixtli; mientras Ayauhcihuatl era oriunda de Coa- 
tlichan: así lo dice U escritura geroglíflch.*^ w^nr ^ H **r . *) A .. e^ .i.*«m i ,1 




174 

■ * * • 

'^pobres de vuestros padres, agüelos y parientes los mexicanos pade- 
*'cen lo que el Señor de lo creado sabe; mira, Benor, que venis á u^v 
^'amparo, sombra y abrigo desta nación mexicana, y á tener el mao^^ 
"do y jurisdicción y á ser semejanza de nuestro dios Huíti&ilopoQb- 
"tli, y bien sabéis que no estamos en nuestra tierra, siiu) en tierr* 
*'agena, y no sabemos lo que será de nosotros mañana ó esotro dia; 
*'mira que no venis á descansar ni á recrearos, sino t tomar nuevo 
'^trabajo y carga muy pesada, y ¿ trabajar y á ser esclavo de esta 
*^multitud y de toda la gente de la comarca, á quien habéis de pro» 
**curar de tener muy gratos y contentos, pues sabéis vivimos en suf 
•Hierras y términos: por tanto seáis muy bien venidos, vos y noes» 
•'tra señora y reina Ilaucueitl." (1) Así se constituía la monarquía 
méxica, dando la tribu un paso avanzado en el camino de la oivili- 
zacinn. 

Acamapictli tuvo hasta veinte mujeres, pues los jefes principalea 
se apresuraron á darle sus hijas para honrarse y emparentar con él, 
teniendo principio en estos enlaces, así la casa real como la nobleza 
de México: una de ellas, Ilancueitl, era la principal señora, reputan* 
dose á las demás como de menor gerarquía. Acacitli di6 á su hija 
Tecatlamiyahuatzin, la cual fué nuidre de Huitzilihuitl; Aatl di6 
é 8U hija Xiuhcuetzin, madre que fué de Coatlecehuatl, ^^del cual 
•^proceden y descienden los principales de México, y no los que fue* 
'*ron reyes y emperadores, sino los que fueron capitanes y soldados;^ 
la hija de Tenoch dió.á luz á Epcoatl; la de Tenzacatetl á Tlatol- 
saca; la de Cuauhtloquetzqui á Tiacahaepan; la de Xomimitl á Ihtd* 
teD»)c;lade Ahuexotl hubo una hija nombrada MatlaUxoch, la 
cual casé andando el tiempo con Coateuh, señor de Tlalmanalco. 
No 86 diee qoiéo fué madre de Chimalpopoca: de la de Itzcoatl se 
taba que era esclava, natural de Azoapotzalco y del barrio de Coauli* 
acalco, mujer hermosa y tan de buen parecer, que habiendo venido 
i México con verduras, viola él rey y la tomé por concubina. Sa 
medio de aquella progenie Ilancueitl se mostraba estéril; apesarada 
por ello al mismo tiempo que celosa, lloraba tristemente dia y no- 
che: amábala mucho el rey, j para consolarla ocurrió á nn ardil 
infantil ^'Pidióle una merced, y faé: que ya qneel Señor da l^^trnt 
f^o la habla privado del fruto de bendidoni qnepaia qne aqiid pM« 



(1) DmtiM, eap. Y.— C^d«x Baoifreí, Ma. 



176 

**bIo perdiese aquella mala opinión que de infecunda della tenia, le 
"concediera, que aquellos hijos que de las otras mujeres nacieseOí 
"que en naciendo ella los metena en^su seno y se acontaría fiugióa- 
"dose parida, para que los que entrasen á visitarla le die.sen el pa- 
"rabien del parto y nuevo hijo. El rey inclinado á su ruego mandó 
"asi se hiciese, y así en pariendo que paria alguna de aquellas mu- 
"jeres, acostábase ella en la ct\ma y tomaba el niño en sus brazos y 
"finjiase parida, recibiendo las gracias y dones de quienes la visita- 
"ban.^^ Por esta causa Ilancueitl, en sentir de algunos escritores^ 
aparece como la madre de los hijos del rey, encubriendo con esto la 
fea nota que la esterilidad era para aquellos pueblos. (1) 

Los méxica habían cobradlo algunas fuerzas en su retraimiento, 
y su ciudad iba adelantando; apunta .una crónica, que el año VIII 
tochtli 1370 habían comenzado á formar casaste piedra y Iodo. Con- 
signa el mi9mo documento, que aquel I tecpatl 1376 murió Coxcox- 
ili, señor de Culhuacan, ocupando el trono el señor llamado Acama- 
pictli. (2) La identidad de este nombre con el del rey de M^zic», 
ha dado pábulo á do pocas confusiones de los autores. 

Los tlatelolca habían roto por completo los lazos que los unían 
á los méxica. Al elegir éstos su rey, ellos se manluvieroa retínMloi 
sin reconocerlo, y por emulación determinaron darse también mo- 
narca. Atentos más á la conveniencia que al ¡patriotismo, no alzaron 
al solio uno de sus patricios, sino que enviaron á rogará Te^io^omoo, 
rey tepaneca de Axcapotzalco, les diera uno de tos hijos; MnsentídA 
la demanda, dióles á Teotlehoac, quien sólo vivió cuarenta diss, (3) 
oausa tal vez por la cual no siempre se le nombra en el catálogo de 
os reyes de Tlatelolco. Yuelta á formular la petición, Tesosomoe 
les dio á tn hijo CuaucuanhpitzabiiaD, quien filé proclamado rey ^1 
II calU 1377, año siguieute al d« laeleccion de Acamai^otli. (4) 

(1) Duráa, cap. VI.— Códioa Bamíres, lía— Balaoionas manoscritM d»losfrt||. 
«•oanoa— Chiinalpaia Chróniea H«zioaiis, KS.— TorquemsdSi lib. 11, cap. Xllt 

(1) Anales de Ouanhtithm, MS. 

(8) Primeía talaekm fraartenana» ICS» 

(4> Torquemada Ub. H, eap. XIY jr lib. ÍU, eap. XXIV. Segaimoa la e»lnion laáa 
Mgiin^ pues no faHan autores qne^oolo^uea la eleecion del rey de Tlateloleo na afta 
áalaa fae la del aonaioa d|S Mánoo. 



1 , 



CAPITULO IX. 



TB(JH0TL.\LA. — Ix rLlLXOCf jITL, — ACAMAJ^ICTU. — HuiXZlíJHÜITL. ■ 



TédhótMa, rey de lo» aculhti<i.^OrganisJioion del "rerno.^ Ou^rra (wiü-a XaUóocffiíi 

Tributos imptiesioa (i, los méxica.r-ExpcdtcioneH. — 8iicedo$.^M%tere'Acav\apiet¡Ut 

primer rey de loa niéxf.ca. — Le s^icede Ihntzflíhuitl. — Matrimonfos,-r ^(MÍmienlfi de 

Motecufuoma Ilhnic^imina.-- Destrucción de Culhuacan.— Principio de la tntrO' 

éMéSónMmíto atteóa. — NaufiyáU ' II en díUmacan. -^Nacimiento de Ifetzahual- 

CPS/oU^rrl^ reUffiod^ nahoa» adm^Uia-i al c^lt^ . púdlico ^Mvere Cuacuaubpiiea- 

huaade TlaUlolco^ y le suce(ie TlacaU^íL^MucrU de Tecltoílala, le sucede IxtlUxo- 

¿Jiitl. --Anillas de Tezozomoc, — Ouerra contra Acol/iuacan. — Jura de NeztaJiualco- 

ffcftl.'^J'úrá de IrtUlrocMíL^Oaerra óontra loé tepanec^k— Traiciones de Tezozo- 

y ^mbo.'^Jiúttrted^^AeeaiotU.-^TwímdóTeeeeoco pernios r^heldck.—Uuerte de Butt$i- 

^ f W^\^\^ /& $uoe^¡ GJiimaJ-^p^c(^-^ Acción heroica^ de ^oc^uecxiaioizirW'^Muefle de 

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c«)lebrar su coronación, siendo entre ellas la más vistosa la de traer 




rey, y casó con Tozqüentzin, hija íld/.4«OolHiiliXtH»'Senci'4fcidetóoatU- 
rtlíktt/ prttirti*'%w»mVia édya, 'Bií^Ué^ta 'qiáe'Gihtíatéo*fei»,''eííposa*He 
icóímixtli, era ^liermana ele la faiáfll-ó d^I^réy; lás^'fiéRtás fueron ré*- 
petidas por el plausible motivo del matrimonio. (1) "Tecliotlala era 

(1) Torqiieiiuida,fUbw II, «ap VIL— IxtHIxoohiÜ, 8. * relación de Techotialatzinr 



177 

•1 menor de los hijos del difunto monarca y su padre le nombró he- 
redero del trono por ser el más entendido entre sus hermanos y más 
sujeto á la voluntad paterna. Le crió una ama natural de Culhua- 
can, llamada Papaloxochitl, quien no sólo lo aleccionó en las costum- 
bres de los tolteca, sino que le enseñó á hablar en nahoa. Por eso, 
*^£ió el primero que usó hablar la lengua náhuatl^ que ahora se 11a- 
"ma mexicana, porque sus pasados nunca la usaron, y así mandó 
'^que todos los de la nación chichimeca la hablasen, en especial to- 
ados los que tuviesen oficios y cargos de República; por cuanto en 
^sl observaba todos los nombres de los lugares y el buen regimiento 
"de los repúblicos, como era el uso de las pinturas y otras cosas de 
**policla, lo cual les fué fácil, porque ya en esta sazón estaban muy 
^interpolados con los déla nación tulteca." (1) Quinatzin se había 
iniciado en la civilización tolteca; Techotlala entraba de lleno en 
ella. Los chichimeca habían perdido su nombre nacional, sus cos- 
tumbres que trocaban por las de los pueblos cultos; ahora quedaba 
proscrita el habla primitiva, cambiándola por la de los pueblos so' 
juzgados. La barbarie estaba vencida al efectuarse aquellas tras- 
formaciones: idéntico fenómeno tuvo lugar donde quiera que los 
bárbaros se pusieron en contacto con pueblos más adelantados. 

La profunda paz de que el reino disfrutaba consentía aquellas 
innovaciones. La corte de Tezcoco tomó grande incremento, que- 
dando organizada en forma política y regular. Los señores de las 
provincias fueron obligados á vivir en la ciudad, y á fin de tenerlos 
entretenidos instituyó cuatro oficios principales en está forma: hizo 
á Tetlahto capitán general, con cargo que le acompañasen los acul- 
hua; Yolqui fué embajador mayor, teniendo por acompañados á los 
culhua; Tlamí era mayordomo mayor de la casa y corte, sirviéndo- 
le de compañeros los metzoteca y otomíes; Amechichi era cama- 
rero mayor, ayudado por los tepaneca. Por entonces la población en- 
tera estaba dividida bajo estas denominaciones: aculhua, culhua, te- 
paneca, metzoteca ó chichimeca y otomí. (2) 

La mcmarquía, dividida en veintiocho señoríos, fué subdiyidida en 
otros cuarenta y siete, (3) formando un total de setenta y cinco, que 

(\) Ixtlihtochitl, Historia «hichimecfl, cap. 13. MS. 

(2) Torqnemadft, lib. II, cap. VIII. 

(3) 1 Tlaeapalao, 2 Tolocau, 3 Acapiehtían, 4 Itetapalapan, 5 Hnitzilopoohco, 
C Mexicatzinco, 7 Chalhuacan, 8 Onauhuahuac, 9 Mazatepec, 10 Xochitepec, 1 1 Zaca- 

TOM. IIT. — 23 



178 

8Í de nombre reconocían la supremacía acolbi^a, en realidad eran oa- 
6Í independientes. Sin duda Teqhotlala, aleccionado por los sucesos 
pasados, pensó que la mayor amenaza para su trono venía de los 
Estados grandes y poderosos, é ignorando el consejo del político lo 
puso sin embargo en práctica, dividir para reinar; pero lastimosa- 
mente se engañó, porque introduciendo una absurda pluralidad rom- 
pía los lazos que retenían las tribus al imperio, iba contra el siste- 
ma unitario requerido por las monarquías, y ponía los fundamentos 
de aquella especie de feudalidad que tanto contribuyó á fraccipnar 
el país. Ademas de esto, Techotlala sacó de cada pueblo cierto nú- 
mero de vecinos de cada nacionalidad, los cuales, llevados á otro pue- 
blo de distinta raza^, eran compensados con los que de otra parte se 
sacaban, tendiendo en esto á que los pueblos estuvieran compuestos 
de gentes que no pudieran entenderse en un levantamiento. (1) Es- 
te intento dio por resultado con el tiempo la uniformidad de las 
costumbres y del lenguaje, que se fundieran en una sola las diver- 
sas tribus. Todas estas disposiciones atestiguan que se intentaba 
introducir orden y administración. 

La paz basta entonces establecida quedó rota el V tecpatl 1380. 
Habiendo fallecido Paintzin, señor de loa otomíes, le sucedió en el 
mando TzQmpantzin, señor de Meztitlan. En esta sazón aquellos 
Estados representaban el elemento bárbaro, mal hallado por con- 
secuencia con el régimen establecido por Techotlala; por esta 
causa Tzorapantzin se -confabuló con los señores de Cuauhtitlan, 
Tepotzotlan y Xilotepec, y fuerte ya con la alianza no sólo negó el 
tributo al rey aculhua, sino que puesto en abierta insurrección ha- 
cía frecuentes irrupciones armadas en los territorios vecinos. Te- 
chotlala juntó BUS guerreros para castigar al rebelde, dando órdenes 
á Tezozomoc, señor de Azcapotzalco, pai a acudir ala guerra con 
sus tropas. Concertado el modo de combatir á los alzados, Tezozo- 
moc, llevando en su auxilio á sus subditos loa méxica y tlatelolca, 

tepec, 12 Xiuhtepeo, 13 Contlan, 14 Tlalatlanhco, 15 Texoooac, 16 CMohimecaiza- 
cualoo, 17 Chiohioahuazco, 18 Tepetla, 19 Petlacoo, 20 Tetianexco, 21 Toxroiloo, 
22 Tlacuaouitlapilco, 23 Ayotzinco, 24 Itzooan, 25 CihutliuaztepeOy 26 AtUxoo» 
27 Qiiiyahuizilan, 28 XaltepeÜapan, 29 Xalatzinoo, 80 Totomihaaoan, 31 Tecaloo, 
82 Teohatopan, 33 Topoyanco, 34 Xaltooanteapazoo, 35 Hueimollan, 36 Xiootepeo, 
37 Teótihuaoan, 38 Naohtla, 39 Otompan, 40 Tepechpan, 41 Tezoyooan, 42 l^ezti- 
tlan, 43 Tototepeo, 44 ToUan, 45 Chiaahüa, 46 Papalotla, 47 Tetlaostoo. 
(1) Torc^emada, lib. II| cap. Vni. 



175 







avanzó una noche sobre Xaltocí^n; salióle al encuentro Tzompan- 
tzin, á una media legua de la. ciudad, trabándose un reñido comba* 
te, con grandes pérdidas en muertos y beridoa por amboa bandos; 
pero aunque bravamente se defendieron, al amanecer fueron total- 
mente desbaratados los otomíes, Xaltocan fué tomado por los ven- 
cedores, quedando allanadas las provincias . rebeladas. Tzompan* 
tzin huyó para su madriguera de Meztítlan: un gran grueso de fu- 
gitivos tomó el rumbo de deChiconanhtlay fué á caer en el ejercita 
de Techotlala; perseguidos hasta Tezontepec se vio ser una muche- 
dumbre de iQujeres, niños y ancianos, de los cuales compadecido el 
rey acolhua los recibió con benignidad, dándoles para poblar la pro- 
vincia de Otompa, asi llamada desde entóncA igual benévola aco- 
gida dio en fU territorio á todos los bárbaros, arrojados de las tierras 
de los tepaneca y de Cuacuauhcan. (1) 

De las tres principales tribus venidas en tiempo de Xolotl, la de 
los otomíes quedó suj^eta y sin importancia al extinguirse en e^ta 
guerra el señorío de Xaltocan: tepaneca y acolhua se disputaban la 
supremacía, preponderando ya la una, ya la otra, si bien entonces 
aparecían como sobrepuestos los acolhua. Estos no supieron $^o- 
vechar la victoria alcanzada sobre los bárbaros; Tezozomoc incor- 
poro en su señorío los territorios de Xaltocan, Cuauhtitlan y Tepo- 
tzotlan, con más la provincia de Mazahuacan, expulsando á los sal- 
vajes do toda la demarcación para no dejarlos vivir sino eplaspion- 
tañas, esparciendo por los pueblos la gente más civilizada para ha- 
cerle perder su lenguaje y sus costumbres. No se comprendo cómo 
Techotlala, contra su sistema adoptado, dejaba engrandecer á Te- 
zozomoc, político hábil yartificioso, su enemigo declarado, y cuyo 
padre había tenido usurpada la corona de Texcoco. 

Mientras tales alternativas tenían lugar, la tribu que á tpdas las 
demás debía avasallar, pasaba trabajosamente por todas las penali- 
dades de la más opresora servidumbre. La elección de rey hecha 
por los tenochca, pareció al tirano Tezozomoc, no sólo desprecio á 
su autoridad, sino ana amenaza á los tepaneca, pues aquel pueblo 
esclavo daba señales de soberbia y de pretender sobreponerse á sus. 
mismos señores. Para reprimir aquella audacia el tepaneca reunió 

(1) Ixúüxoohitl. Hist. Chichimeca, cap. 14. BÍS.— Torqnemada, lib. II, cap. VIL 
— Veytia. Ub. II, cap. XXII. 



180 

á los de 8n consejo, y una vez conferenciado quedó dispuesto que el 
tributo de los méxica, que consistía en peces, ranas y legumbres, en 
adelante fuera doblado; ademas, presentarían cierto número de sau- 
ces y sabinas crecidos y para plantar en donde se ordenara, y un 
campo flotante sobre las aguas, llevando sembrado maíz, chile, fri- 
joles, calabazas y huautli. Notificados los méxica quedaron en la 
mayor aflicción, supuesto que los árboles preciso era sacarlos de tie- 
rras de sus enemigos, y formar la sementera flotante les parecía im- 
posible. Infundióles valor Acamapitli, quedando completamente 
tranquilos al dia siguiente, al saber por boca del sacerdote Ococal- 
tzin haber hablado Huitzilopochtli la noche precedente en estos tér- 
minos: ^Tisto he la amccion de los mexicanos y sus lágrimas: diles 
^'que no se aflijan ni reciban pesadumbre, que yo los sacaré á paz 
'*y á salvo de todos esos trabajos: que acepten el tributo; y dile á 
"mi hijo Acamapic que tenga buen ánimo y que lleven las sabinas y 
'%8 sauces que les piden, y hagan la balsa y siembren en ella todas 
*las legumbres que les piden, que yo lo haré todo fácil y llano." (1) 
Era el consejo de la prudencia; obedecer y callar en espera de tiem- 
po propicio. Pagóse doblado el tributo, quedaron plantados los ár- 
boles en donde á los tepaneca plugo, y fué el huerto flotante con las 
semillas crecidas y bien logradas. De entonces data la inyencion de 
las chinampa^ que de tanto alivio fueron después á los tenoehca, 
para la siembra de plantas y flores, careciendo, como carecían, de tie- 
rras para el cultivo. 

Espantado Tezozomoc de ver realizadas cosas á su parecer impo- 
sibles, creció en su ánimo el concepto que de sus esclavos tenía, no 
obstante lo cual quiso quebrantar su entereza por todo linaje de ca- 
prichos. Pidió ahora que en la thinampa le trajesen no sólo las se- 
millas salidas á punto, sino también un pato y una gariza empollan- 
do en tal manera, que los pollitos picaran el cascaron y en su pre- 
sencia salieran. Recibieron el mandato los tenoehca con aparente 
tranquilidad, por estar en presencia de sus amos; pero de regreso á 
Tenochtitlan tornaron á la aflicción y lágrimas. Ococaltziu recibió 
aún la revelación de Huitzilopochtli, quien dijo: ^Tadre mió,. no ten- 
**gais temor ni os espanten amenazas: dile á mi hijo el rey que yo 
**só lo que conviene: que lo deje á mi cargo; que yo sé lo que se ha 

(1) P, Duráa. cap. VI.— Códice Ramírez. MS.— -Torqnemada, lib, II, caj). XV. 



181 

*^de hacer; que haga lo que le mandan, que todas esas cosas son pa- 
*^ en pago de sr sangre y ridas, y entended qne con eso se las coni' 
'^pramos j ellos serán muertos ó esclavos antes de muchos afios. Su- 
**fran mis hijos j padezcan agora de presente, que su tiempo les 
^'vendrá.'' (1) Era por entonces resignación forzada, con promesa de 
renganza feroz y completa. Cumplióse lo pedido á la medida del 
deseo del tepaneca. (2) 

Tezozomoc pedía cada año nuevo capricho, y en uno de ellos exi- 
gió un ciervo vivo, el cual no podía ser habido más de en las monta* 
fias distantes y en tierra enemiga. Proveyó el dios á esta nueva 
exigencia, haciendo aparecer un venado vivo en Tetecpilco, lug&r 
cercano á Huitzilopochoo . (Churubusco), al cual por esta causa se 
nombró Mazatla. (3) Los devotos creían que todos estos eran mila- 
gros de su numen; en realidad no eran otra cosa que los prodigios 
que un pueblo sabe hacer cuando tiene fe y una voluntad incontras- 
table. 

Duró el pesado tributo cuanto la vida á Aoamapic. En aquella 
postración aparente, la tribu tenía una vida vigorosa y la vemos lle- 
var la guerra á los pueblos riberanos.— **A los cincuenta y seis afios 
''(IV acatl 1379) los de México hicieron guerra á los de Suchimilco 
"y íes quemaron su templo." — **A los cincuenta y nueve (VII toch- 
**tli 1382) Acamapichi ganó á Mizquiqui." — "A los sesenta y tres 
''afios de la fundación de la cibdad (XI tochtli 1386) iban cua- 
^'renta hombres y mujeres de México por Guaximalpan y fallaron 
^4os otomíes de Matalcingo y matáronlos á traición en Cuitlalahua- 
^'ca.^^ — ''A los setenta años de la fundación de la cibdad (V calli 
^4393) Acamapichi ganó á Cuitlalabacay les quemó su templo.'* (4) 
Ko debemos admitir estas como verdaderas conquistas. Harto te* 



(\) P. Duran, cap. VI.— Cód. Bamírez. MS. 

(2) A este tributo se refiere la lám. 104 del C<5dioe Vaticano, Lord Kingsborongh, 
tom. II. Ademas de los polluelos en el cascaron, distínguense una culebra y otro 
objeto que no conocemos. 

(8) Torqitemada, lib. II, cap. XY. 

(4) 0<Mistan eistas conquistas en la segundar lámina del Códice Hendooino; OuatUi- 
nahuao (hoy CuemaTaca, num. 8); Mizqoic, nám. 5; Ouitlahuac, (Tlahua, nüm. 6): 
JXochimilco, niím. 7. La estampa trae repetidos los símbolos de las cuatro ciudades, 
>acompafiado8 de ciertas cabezas que dan á entender haber tomado AcamapictU á los 
rsefiores ó algunos principales de aquellas poblaciones, los cuales traídos á México 
fueron sacrificados á los dioses, niim. 4. 



182 

nían los méxica con que defenderse de la tiranía tepaneca; sobrado 
débiles eran para sacudir el yugo que los agobiaba y no fuertes pa- 
ra imponerlo á los extraños; suponiendo pudieran sujetar á los pue- 
blos délas lagunas, les era iraposible ir contra Cuaiihnahuac del 
otro lado de las montañas del Valle, con muchas tierras interme- 
días pobladas de enemigos. Si no fueron expediciones por cuenta y 
riesgo de los tepaneca, en cuya compañía guerrearon, no pudieron 
ser más de golpes do mano; irrupciones audaces emprendidas para 
tomar prisioneros que sacrificar en alguna fiesta. 

VIH acatl 1383, murió en México Ilancueitl, esposa de Acama- 
pictli. 

XlII tecpatl 1388. Acamapictli, señor de Culhuacan, fué muer- 
to por su pariente Acliitometl, quien usurpó la corona, tomando el 
nombre de Acbitome^l II, en secreto se confederó con los méxica. 

I calli 1389. Falleció Mamatzin, señor de Cuitlahuac, bucedién- 
dole su hijo Pichatzin. (1) 

II tochtli 1390. Nació Ixtlilxochitl Ometochtli, hijo de Tccho- 
tlala j de Tozquetzin; era ésta muy niña al tomarla por esposa el 
rey, á cuya causa se debió este tardío alumbramiento. El príncipe 
tuvo por aya á una señora de ^epepolco, llamada Zacaquimiltzln, y 
por guardador á Tecuhtlacahuilotzin, señor de Oculipa; señaláronse 
al niño, por su padre, trece pueblos, así para que le sustentaran, co- 
mo para que siendo grande aprendiera á gobernar. (2) 

lil acatl 1391. Fueron destruidos por segunda vez los de Cuauh- 
quechollan, por los de tluexotzinco, al mandado su rey Xacamochan. 
Murió Tozquihua, señor de'Cíialco, y le sucede en el mando Xi pe- 
metztll. Los de Clialco guerrearon contra los de Cuitlahuac. 

Vil acatl 1395. Xacamayan, señor de los de Huexotzinco, des- 
truye por guerra á los totomihua. (3) 

VIII tecpatl 1396. Murió el primer rey de los méxica, Acamapiq- 
til. Fué sentido con lágrimas porque era querido de sus subditos, y 
á su cadáver se hicieron las honras con cuanta pompa permitía el 
estado de la ciudad. En su tiempo fué ensanchado el terreno, ganan- 
do extensión sobre las agtias del lago, úiejoró un poco la calidad de 
los edificios, fueron fabricados algunos canales interiores, adelant6 

(1) Anal(«8 de Cnáuhtitiim. MS. 

(2) IzOilxochitl. S"". relación de TechoÜalatciii. MS. 
(a) Anales de Ctianbtítlan. M8. 



183 

la navegacroT» eh las lagunas. (1) Marca este reinado el de mayor 
abatimiento de la nación; en tíingiino llegaron á punto más bajo, no 
obstante lo cual fueron temidos de les comarcanos, y ninguno se 
atrevió á venirlos á provocar en bu madriguera: nunca los abandonó 
8U indomable valor, y postrados como estaban y contrastados por la 
superioridad numérica, só hicieron respetar y aán llevaron á lo lejos 
sus armas. ' 

Muerto el rey sin nombrar heredero, lo.4 principales y mandones 
de los cuatro barrios se reunieron para deliberar acerca de quién 
sería escogido por monarca: el biás anciano tomó la palabra é hizo 
uña plática dando á entender las cnalidades que debían adornar á 
quien fuera electo, atendidas las difíciles circunstancias de la na- 
ción. Conferenéiado largamente y después de madura reflexión, re- 
cayó el voto público en Huitzilihuitl, mancebo bien dispuesto y de 
machas prendas. Señalada la persona, un anciano salió h^cia el pue- 
blo congregado en espera de la elección, y dijo: '^Hermanos mios, 
^^aqní estáis todos los de la nación mexicana; habéis de saber que 
'4os principales de todos los cuatro barrios, mandones y prepósitos, 
**han electo por rey deste reino al mancebo Huitzilihuitl, mirad lo 
"que os parece, porque sin vuestro parecer no habrá nada hecho." (2) 
Oido por el pueblo confirmó lo ejecutado, prorrumpiendo en gritos 
dé aplauso y alegría. 

Puestos en orden los señores, fueron á sacar á Huitzilihuitl, de 
entre los mancebos y príncipes sus hermanos, le condujeron á la ca- 
sa real, sentáronle en la silla, y adornaron con el copilli é insignias 
reales, ungiéndole el cuerpo con el betún de trementina, llamado 
unción divina, por ser el mismo con que untaban á Huitzílopochtli. 
El más anciano tomó la palabra, y díjole: "Valeroso mancebo, rey 
**y señor nuestro, no desmayes ni pierdas huelgo, por el nuevo car- 
ago que te es dado, para que tengas cargo del agua y de *la tierra, 
"deste tu nuevo reino, metido entre esta aspereza de eaüaverales, 
^'carrizales, y espadáñales y juncia, á donde estamos debajo el am-> 
*^ro de nuestro dios Huitzilopochtli, cuya «emejanza eres: bien 
^^sabes el sobresalto con que vivimos y trabajos, por estar en tierra 
"y términos ajenos, por lo cual somos tributarios de los de Azca- 

(1) Doran, cap. VI.— C^oe Ramírez. MS.- *Tocqn«ioada, lib. XI, cap. XV. 

(2) P. Darán, oap. VII. 



184 

^'putzalco: dígotelo y tráigotelo á la memoria, no porque entienda 
"que lo ignores; sino porque cobres nuevo ánimo y no pienses que 
''entras en este lugar á descansar, sino á trabajar: por tanto, señor, 
"bien ves que no tenemos otra cosa que te ofrecer ni con que te re- 
"galar; bien sabes con cuanta miseria y pobreza reinó tu padre, Ue- 
"vándolo y sufriéndolo con gran án^o y cordura." Acabada la plá- 
tica, llegaron uno á uno los principales, haciéndole reverencia y di- 
ciéndole algunas palabras, terminando la ceremonia con el conten- 
to general. (1) 

Estando aún soltero el rey, loa ancianos concertaron unirle con al- 
guna sefiora principal, no pareciendo ninguna tan apropiada en aque- 
llas circunstancias como una de las hijas de Tezozomoc, pues si el 
intento se lograba, por aquel medio podían alcanzar alivio á sus pe- 
nas. Así determinado, prevenidos buenos presentes según su pobre- 
za, fueron dos ancianos á Azcapotzalco, pusiéronse en presencia 
del rey, y con tanta humildad, elocuencia y cortesanía adornaron su 
demanda, que Tezozomoc tuvo por bien admitirla, concediendo gra- 
ciosamente á su hija Ayauhcihuatl, Llevada á Teuochtitlan, fué 
celebrado el matrimonio á la usanza de los méxica, con grandes re- 
gocijos públicos; mucho más cumplido fué el gozo, cuando á su 
tiempo la reina dio á luz un infante, á quien se^puso nombre Acol- 
nahuacatl (2) El niño fué verdadero fruto de bendición; anunciado 
su nacimiento á. Tezozomoc, mandó éste grandes presentes á su hi- 
ja, con ancianos que la felicitaran, y como Ayauhcihuatl, en cele- 
bridad de tan fausto acontecimiento, pidiera alivio para los méxica, 
el señor tepaneca con parecer de su consejo, determinó suprimir el 
oneroso tributo antes pagado, quedando reducido en señal de va- 
sallaje, á dos patos, algunas ranas y otros animales del lago. En 
adelante tepaneca y tenochoa «e trataron como hermanos, hubo en- 
tre ellos comercio y relaciones francas, emparentando por matrimo- 
nios, con gr^n provecho y adelanto de, México. (3) Fácil explicación 
tiene el cambio que se había operado en el ánimo de Tezozomoc; 
tiempo hacía maduraba en la mente el proyecto de alzarse con el 

(1) Duran, cap. VII— Códex Eamírez. MS. Torquemada, lib. II, cap. XVI. 

(2) El P. Duran, cap. Vil, y el Códice Bamirez, Uaman Chimalpopocá á este hijo 
del rey; es un en*or: Chimalpopocá, Begonias mejores autoridades, fud hijo de Aoa- 
mapiehtii y hermano de Htiitzflihtiitl. 

(3) Duran, cap. VII, C<5dex Bamíres. MS. Torquemadaj Ub. II, oap. XVII. . 



185 

supremo mando en la tierra, y para llevarlo á cabo, contaba con e I 
concurso de los atrevidos isleños; éstos eran sus enconados enemi- 
g06, y para hacerles amigos fieles, abría la mano en sas beneficios. 

Introducida la costumbre de tener los soberanos muchas muje- 
res, y siendo las alianzas por medio de matrimonio, manera obvia 
de extender las relaciones políticas, ya que estaban emparentados 
con los de Culhuacan, Coatlichan y Azcatputzalco, pensaron diri- 
girse á Cuauhnahuac, señorío entonces importante; al efecto enviaron 
una embajada á Tezcacohuatl, quien tuvo á honra conceder á su 
hija Miahuxochitl. Traida la princesa á México, se li recibió coa 
pompa, celebrándose con fiestas el casamiento: de esta unión nació 
Motecuhzoiíaa Ilhuicamina el X tochtli 1398 (1) De entonces da- 
ta que los méxica comenzaran á vestirse de algodón, muy abundan- 
te en la provincia de Cuauhnahuac, en vez del nequen ó pita que 
trocaban en el mercado tepaneca. 

Hacia este tiempo los colhua, herederos directos de la civiliza- 
ción tolteca, habían emparentado con los chichimem,. y cobrado 
fuerzas con su alianza. A los principios de la invasión bárbara, Cul- 
huacan había sido el Estado más importante por sus adelantos, y 
por ellos se había sobrepuesto A las demás tribus; pero desde el 
asesinato de Acamapictli y usurpación de Achitometl II, disgustados 
los chichimeca, habían ido abandonando la ciudad viniendo ésta ala 
mayor decadencia. Seguu aparece, la causa principal era la guerra 
intestina suscitada por motivos religiosos; los chichimeca conserva- 
ban su antiguo ó inocente culto, mientras los culhua, con el trato de 
los méxica, habían adoptado de éstos sus instituciones tenebrosas y 
sangrientas. Recrudecióse tanto el mal, que la ciudad entera que- 
dó abandonada por los habitant(;s el año X( acatt 1399: perecía 
por causas idénticas á las que arruinaron á Tollan. Dejado por sus 
subditos Achitometl IT, desaipparó también á Culhuacan, yendo á 
morir, no se sabe dónde, el año XII tecpatl 1,400. (2) 

(1) ToxquemadA, lib. II, oap. XYII.—Cknifírmalo el MS. de Fr. BerMrdino, en 
estas p^1;u:aB: — "A loaiieteittA y oinoo Aftoe Miauoixin»oi, iiija de Sflcjoaci, señor de 
"Cuernayaoa, mujer de Vlciliuoi, parió á Mute9uma el yiejo, qi;e se llamó prime- 
''ro iluicaminaci y-deRpnes Mute^ama, porque su padre t\xé sefíor contra la voluntad 
<'de muchos, mudó el nombre su hijo en Mute^uma, que quiere decir sefior eno- 
"jado." 

(2) Anales de Cuanhtitlao. MS.— Relaciones franciscanas. MS. 

TOM. III. — 2i 



196 

. Muchos de los Qulhua, mezclados cou bs méxi, se diiigierou 4. los 
térmiaos de Cuauhtitlan, mandados por sus jefes Cuauhnochtli, 
Atempaiiecail^ Xiloxochcatl y Mexicatl, can sus sacerdotes, llevan- 
do á sus dioses Tocí, Nauhozomatli y Xochiquetzal. Llegados á la 
orilla del agua mandaron mensajeros á los señores chiQhimeca, ro- 
gándoles los dejaran, avecindar en aquel sitio ó al menos les conce- 
dieran el tochtzintli 6 al menos un coatzinlli, es decir, un rincón 
pequeño de tierra en donde colocar á sus dioses. Temiendo los chi- 
chi-meca la vecindad de aquellos emigrados, los recibieron de mala 
gana, y si les concedieron el pequeño terreno pedido, fué á condición 
de que se mantendrían de la pesca en la orilla, sin poderse internar 
á los sembrados. Considerándo3e desairados los colhua, determina- 
ron irse á Xaltocan; mas entonces ya no lo permitieron los chichi- 
meca, quienes hicieron guerra á los otomíes, reteniendo en sus tie- 
rras á los emigrados. Los bárbaros de Cuauhtitlan desconocían los 
sacrificios cruentos y ni aun templos levantaban; por eso no permi- 
tieron que los colhua vivieran dentro dé la ciudad, de^jándoles edifi- 
car su templo en Tlanacaztlan yii altepec. Coasentidos de esta 
manera, **en el mes Toxcatl fué cuando comenzaron losdeCulhua- 
"can íi sacrificar á los dioses víctimas humanas." (1) Aquellos veci- 
nos dieron gran aumento á (Cuauhtitlan, haciéndola crecer en im- 
portancia y edificios; muchp más adelantados que los chichimeca, 
con motivo dé haber destruido la avenida del rio inmediato mus de 
cien casas de Tultitlan, supieron dar nuevo cauce á la corriente, li- 
brando la ciudad de las inundaciones á que estaba expuesta. 

De estos sectarios fanáticos no todos quedaron en Cuauhtitlan, 
pues muchos con sus divinidades y para propagar sus doctrinas se 
pasaron á Azcapotzalco, Coatlichan y Huexotla. (2) 

Aquel mismo XÍI tecpatl, 1400, murió Huactli, señor de Cuauh- 
titlan. Recordando los colhua que el difunto había estado casado 
con una hija de Coxcoxtli,' señor de Culhuacan, se apoderaron de 
Iztactototl. su hijo, lo colocaron en el señorío, formáronle casas de 
:paja junto al templo de Mixooatl, resguardaron la caaa coa mura- 
llas y oonstituyéndoíse sus guardianes, lo vigilaban dia y nochei pro- 
.veyendo á las necesid^ades de aquel á quien tenían por legítimo so- 

(\) Ai^es de Cuauhtitlan. ^S. 
(2) Anales de Cuauhtitlan. MS. 



187 

bferáno.. En realidad aquella fué una verdadera usurpación, aunque 
fcenéflca para !ós bárbaros. Les ensenaron sus artes haciéndolos fa- 
bricar trastes' ^.de barro y tejidos de algodón; fijaron d los pómades 
á !a tierra, repartiéndosela' y dándoles reglas para cultivarla; las ra- 
zas se fueron fundiendo por medio de inatrimonios, dando todo por 
resultado cl engrandecimiento del señorío. No alcanzaron tan bue- 
nos resultados en religión, porque, parte de los chichimeca se resis- 
tid tenaztnente á dejar el antiguo por el nuevo culto; su obstinación 
se prolongó por tanto tiempo, que acusados por los colbua al rey 
méxíca Ifzco«itl. éste hizo confiscar las tierras de los recalcitrantes 
de Zoltepec y de Cuaühtepec, pereciendo I9S vecinos ahorcados los 
unos, sacrificados en México Tos demás. (1) 

Aprovechando aquellos distiirbios^ el rey de México hizo señor de 
Culhuacan á un hermano suyo llamado Nauhyotl II: (2) tenían este 
derecho los méxica por el entroncamiento de Acatnapictli con la di- 
nastía culhua. Semejante nombramiento fué parte para que Cul- 
huacan se repoblase, aunque no volvió á recobrar su antigua inde- 
pendencia ni esplendor. Así como Btiitzilihuitl extendía su influen- 
cia y relaciones, cuidaba de ensanchar la ciudad ganando tierra so- 
bre las lagunas, dándole organización social. La milicia tuvo nuevo 
orden, así en la manera de combatir como en las categorías milita- 
res, recibiendo Caatlecohuatziú, hermano del rey, el nombramiento 
áe tlacochcatcatt yaoteqnihtia 6 capitán general del ejército; compi- 
ló las leyes promulgadas por sus mayores, haciéndolas guardar y 
cumplir; reglamentó las ceremonias dando al cuíto público mayor 
aparato; impulsó la construcción de canoas así para el tráfico como 
para las expediciones guerreras, logrando enseñorearse de los lagos: 
mosttó^e én todo hábil legislador y buen político. (3) 

El reinado dé Húitzilihuitl marca el principio del engrandeci- 
miento de los ténóchca, es como el ptmto de su estado ascendente, 
lento al principio y con tropiezos, rápido y continuado á cierto tiem- 
'pa Por nn contraste de la sherte, el reino de Acolhuacan, que pa- 
recía llegado á su apogeo, estaba condenado á retrogradar. No obs- 
üante sn recdnocidá capacidacl, Techotlala se engaliaba' en sus cál- 
culos. CadH • feudo' en qué subdfvidió el imperio tomó creces á ex- 

1 

(1) ÁBaletdeCoauh^tlaa. MS. 

(2) Relaciones de los fcancisoanos. MSS. , 

(3) Vorqnemada, íib. Ü, cap. XVII. 



188 

pensas del ceutro común; rota la unidad, se desataron para machoi 
y se aflojaron para todos los lazos que á Texcoco les retenían; los 
señoríos, unidos en apariencia, segregados en realidad, formaban un 
cuerpo dislocado y débil. Meztitlan, Tlaxcalla, CholoUan, Huexo- 
tzinco, todos los lugares distantes, eran en verdad independientes; 
los estados próximos carecían de nna idea común que defender, 
pues testaban divididos por los celos de raza, en la raza por el orgU' 
lio de tribu, en la tribu por los diversos grados de civilización y las 
diferentes creencias religiosas. 

En balde se busca en aquella sociedad un pensamiento único, ó 
«I menos uno predominante. Las formas de. gobierno eran tan varias 
■como las naciones, sin dominar ninguna. Hacia el Norte las tribus 
€ran broncas y salvajes como en los tiempos primitivos; GholoUan 
era ciudad teocrática; Tlaxcalla y Huexotzinco se regían por cole- 
gios aristocráticos; Tenochtitlan se gobernaba por instituciones teo- 
crático militares y la corona era electiva; en Acolhuacan no tenía 
influjo el sacerdocio, y el derecho de subir al trono lo daba su naci- 
miento al primogénito: en Azc^potzalco el señor era completamente 
déspota: la multitud de los señores ejercía en sus tierras autoridad 
ilimitada, disponiendo á su antojo de la vida y de la hacienda de 
los subditos. El caos, y por resultado la más espantosa servidumbre. 
Careciendo de suficiente trabazón, el imperio ^ Aculhua estaba á 
merced del primer atrevido que supiera explotar los elemento? di- 
solventes. La empresa de Tezozomoc para usurpar el trono chichi- 
meca no era nueva ni difícil, y el astuto tepaneca conocía flus tiem- 
pos y los hombres. Tal vez no era el exclusivo móvil en Tezozomoc 
la simple ambición; era también el orgullo de raza y quién sabe sí 
el instinto de introducir algún orden en aquella confusión. De los 
trastornos que se preparal>an sí debían salir los futuros destinos del 
país. Los pueblos que so agitaban vivían en las lagunas y en sus 
márgenes; la vida social se concretaba á la cueujca del Valle, seme- 
jante entonces á una gran caldera en que hervían confusamente las 
pasiones y los intereses de las tribus de Anáhuac. 

Techotlala, para casar á su hijo Ixtlilxóchitl, pfdló á Huitzilihuitl 
una de sus hermanas, y éste le co]|icedi6 á Matl8eihuatai,n. El con- 
sorcio tuvo lugaír el I tochtli 1402, y debió sor muy al principio del 
año, supuesto que en el mismo se coloca el nacimiento de Acolmiz- 
tli Nezahualcoyotl, príncipe muy notable en los anales americanos. 



189 

• 

fruto de aquella unión. £1 alumbramiento tuvo lugar á la salida 
del sol, el dia ce mazatl; astrólogos j adivinos levantaron la figura 
para el horóscopo del infante, encontrando signos maravillosos. (1) 
Conforme á los datos seguidos, Ixtlilxochitl no tenia más de doce 
años cuando fué padre, hecho que no deja de repugnarnos; pero 
consta que era costumbre casar muy temprano á hombres y á mu- 
jeres, y sus uniones eran fecundas: la misma observación se hace 
todavía hoy entre los indígenas. 

II acail 14Q3. Año cíclico, segunda fiesta del fuego nuevo cele- 
brada después de la fundación de la ciudad. 

III tecpatl 1404. ^^En el año de 81 los de México ganaron á 
duaximalpan de los otomíes." (2) 

El IV calli 1405 vivían en las faldas del Huixachtitlan (hoy ce- 
rro de la Estrella ó de Iztapalapa), cuatro fracciones de las tribus 
avecindadas en el Valle, separadcxs de sus hermanas para entregarse 
exclusivamente á las prácticas de su culto; habían levantado tem> 
píos á sus dioses respectivos, y si un tiempo vivieron en paz, soste- 
nían ahora graves contiendas para fijar cuál de los númenes obten- 
dría la supremacía. Expulsados por el rey de Culhuacan, en cuyo 
término quedaba Huixachtitlan (también Huixachtecatl), tomaron 
para Téxcoco. La una fracción era de estirpe de los mexitin, te- 
niendo por jefe á Axoquen, la segunda de los cólhua con su caudillo 
Nauhyotl, la tercera huitznahuaca con su conductor Tlacamihua, y 
la cuarta tepaneoa con su señor Achitometl. Techotlala los recibió 
amistosamente y si bien repartió algunos de ellos por los pueblos, 
el mayor número admitió en Texcoco formando con ellos cuatro de 
los principales barrios ó calpulli. La ciudad se extendía antigua- 
mente de Tetzcotzinoo hasta Oztoticpac; **y por esta causa le 11a- 
^'maba Tezicoco, Tezcuco, porque ' cuantas naciones había en la 
^^Nueva España venían luego derecho á Tezcuco y poblaban de la 
* 'agente más ilustre y principal en esta ciudad; quiere decir este 

(1) I^lQxochitl, Hist. Chichim., cap. 15. Afirma q\ie Matlaloifauíttzm era herma- . 
na de Ghimalpopoca, lo cual es cierto siendo éste hermano de Huitzilihoitl; pero ae 
engafta al fijar el matrimonio b1 tiempo de la exaltación al trono de Ixtlilxochitl por- 
que entonces deborío; IUv.'íi'ho á liOD, reaiütondo falsa la fecha del nacimiento de 
Nezahualcoyotl. El afio 1 402 es el verdadero por la,a"utoritlad de Ixtlilxpoliitl y por 
la de Fr. Bernardino, q\iien dice: **Ea el año 70 una hermana de Viciliuc\.oaíBÓ con 
Istlisuchilci, señor de Tczctico v parió áNeravalcnyiioi que f ué Keftor de Tezcuco.'* 

(2) Relaciones Franciscanas. Fr. Bernardino. MS. 



190 

**nombro chrchimeca Tetzicoco, acogctlero 6 entretenedero de gen- 
*'tes: otro nombre le pusieron los toltecas, que es decible Tohui, 
"que quiere decir madre y señora de las ciudades." (1) 

**Era esta gente toda muy política, y trajeron muchos ídolos á 
"quienes adoraban, entro los cuales fueron Huitzilopochtli y Tla- 
"loc. (2) Era tan grande el amor que Techotlalatzin tenía á la na- 
"cion tulteca, que no solamente lee consintió vivir y poblar entre 
"los chicbimeca, sino que también les dio facultad para hacer sa- 
"orificios públicos á sus ídolos y dedicarles templos, loque no había 
'^consentido ni admitido su padre (iuinatzin, y así desde su tiempo 
"comenzaron á prevalecer los toltecas en sus ritos y ceremonias." (3) 
Semejante permiso para el culto público de las religiones de origen 
nahoa, indica que los chichimeca habían dejado las creencias de sus 
antepasados. Con ello la trasformacion se hacía completa, pues ya 
no conservaban el nombre, ni el idioma, ni las costumbres, ni los 
dioses: nada quedaba de. los bárbaros sino una palabra con que se 
engalanaban los reyes texcocanos, la de Gran Chichimecatl Tecuh- 
tli, sola que pudo salvarse de aquella nacionalidad. 

Aquel mismo año IV calli 1405, murió Cuacuauhpitzahuac, señor 
de Tlatelolco. Durante su gobierno supo ensanchar la ciudad, terra- 
plenando una parte de las aguas, hizo construir buenos edificios, 
arregló los canales, y proporcionó abundancia á su grey por medio 
de la paz. Sucedióle en el trono, según la opinión más probable, su 
hijo Tlacateptl, aunque algunos quieren que el nuevo rey fuera de 
Azcapotzalpo y áua otros pretenden que pertenecía á los de Acol- 
huacan. (4) 

V tochtli 1406. Hacia este año se refiere que Maxtla, hijo de Te- 
zozomoc y señor de Coyohuacan, enemigo encarnizado de los méxi- 
ca, receloso de que éstos quisieran sobreponerse alguna vez á los 
tepaneca fundando sus derechos en Acolnahuacatl, se concertó con 
ciertos de sus parciales para deshacerse del peligroso vastago, y si 
posible fuere de su padre. Al efecto, convidó á Huitzilihuitl á pasar 
á Azcapotzalco, en donde lo afrentó por haberse unido con bu her- 

(1) íxtlüxoohitl, 8. * relación de TochoÜalatzin. 

(2) En las Belaciones afiade á Tezoatlipocto, ídolo principal que fué despnea de 
Texoooo 7 á TlatlaahqnitezcaÜipoca. 

(3) IxtHfacoohiÜ, Hist. Chiohim. cap. 13. MS. 

(4) Torquemada, lib. II, cap. XXX. 



191 

mana Ajauhcihuatl que h estaba prometida por esposa, según dijo; 
dúoiiIp6s6«l rey méxioa como mejor pudo/ y por esta cajisa 6 pbi* 
otra deBOODooida, Maxtla lo dejó tornar á México sin hacorle da!Ío; 
maa á pocos días el niño Acolnahuacatl fué^asesinado dentro su rais^- 
maoasa, por sicarios mandados secretamente (1) Rechaza el suce- 
80 Yeytia (2) como poco probable; siendo sí verdadero; que Duran y 
Tezozomoc^ extraviados sin duda por el nombre de Ayouhcihuatl 
que tuvieron las esposas de Acamapictli y de Huitzilihuitl, confun 
den á Acolnahuacatl con Chimalpopoca, haciendo ¿ éste segundo hi- 
jo y no hern^ano de Huitzilihnitl. 

'^A los 85 años de la fundación de la cibdad (Vlt teepatl 1408), 
^'ganaron los mexicanos á Aeapistla y así mesmo ganaron á duan- 
"ximilco en la provincia de Chalco y luego el año siguiente (VIH 
*'calli 1409), lo tuvieron todo de guerra contra los susodichos, y en 
**el propio año se dieron." (3) 

Aquel mismo año VIII calli 1409, Techotlalatzin, sintiéndose in- 
dispuesto^ llameó á su hijo Ixtlilxochitl para darlo sus últimos con- 
sejos: hísole presente la poca edad que tenía y su inexperiencia; la 
astucia de Tezozomoo, las mañas y cautelas. Ciin que había sabido 
atraer á sus intentos la mayor parte de los señores feudatarios; con 
la marcada intención de apoderarse del trono aculhua; que fuera 
cauto y prudente, poniendo los medios para ganarse la volnntad de 
sus enemigos. Agravada hh enfermedad, Techotlalatzin exlialó el 
postter suspiro, con gran sentimiento de sus deudor y de sus vasa- 
llos fieles* Rey civilizado, organizador, de buenas prendas persona- 
les, logró mantener en paz sus Estados, aunque cometió el error de 
subdividir inmoderadamente el imperio, quitándole así la unidad y 
la fuerza: setenta y siete señoríos diferentes sé encontraban á su 
fallecimiento. De todos ellos aólo concurrieron á las exequias Hui- 
tzilihuitl, señor de Tetlanexco, Chichimecatlepaintzín, do.Cuauh- 
quechollan, Teyococoatzin, de Oculma y Xiuhcoail, de Tecalco, y 
un sólo pariente, Tochintzin, hijo del señor de Oohuatlichan,^ Los 
palaciegos y feudatarios, bien por ser parciales de Tezozomoc ó por 
creerse independientes, se abstuvieron de presentarse á reconocer al 
nuevo soberano, y aun el mismo Teyococoatzin sólo asistió como es- 

(1) Torqaemada, Ub. II, cap. XVII. 

(2) Historia antigua, tom. 2, pág. 247. 

(3) Belaoion«« franeuoanas. Fr. Bemardmo. MS. 



192 

pía, para dar cuenta á Tezozomoc de lo qae aconteciera.. Las cere- 
monias fúnebres fueron celebradas en aquel desapego y casi desaire 
general. (1) Recogía tan triste herencia Ixtlilxochitl Ometochtli, 
joven de diez y nueve años; pero era bravo y de firme voluntad, por 
lo que, disimulando la afrenta, permaneció tranquilo en Texcoco. 

Pocos dias después, Tezozomoc reunió á los señores de Tenoch- 
titlan y de Tlatelolco para exponerles, ser aquella sazón oportuna 
para apoderarse del reino Acolhua: el rey era mancebo, sin fuerzas 
ni experiencias para regir tan grande imperio; á él, Tezozomoc, co- 
rrespondía de derecho la corona por ser nieto Bn líoea rjBcta del fun- 
dador Chichim'ecatl Xolotl; si al logro de la empresa ayudaban, lo- 
grado que fuera, las provincias conquistadas serían repartidas entre 
los tres soberanos allí presentes. Las razones especiosas del usur- 
pador nada impoitan á los aliados, consistiendo la fuerza principal 
de la argumentación en la promesa de tierras; sin embargo, Huitzi- 
lihuitl y Tlacateotl, aconsejaron, que por entonces nada se tentara 
abiertamente contra Ixtlilxochitl, joven brioso y amado de sus sub- 
ditos, debiendo procurarse el intento por medios disimulados, á fin 
de alcanzarlo de manera menos aventurada que la guerra. Admitido 
el consejo por Tezozomoc, puso por obra una industria muy de 
acuerdo con las costumbres de aquellas naciones, y consistía en exi- 
gir ciertos actos de sumisión, que una vez consentidos importaban 
un verdadero vasallaje. El IX tochtli 1410 envió á Ixtlilxochitl 
gran cantidad de algodón, rogándole por medio de sus embajadores, 
tuviera á bien convertir aquella materia prima en mantas de la 
mejor calidad, por carecer en sus estados de obreros tan hábiles co- 
mo los de Acolhuacan. No ignoraba Ixtlilxochitl el significado de 
aquella arrogante demanda; mas disimuló para ganar tiempo, y la- 
brado el algodón lo remitió con puntualidad al tepanecatl. 

Envalentonado Tezozomoc, al siguiente X acatl 1411, mandó 
llevar mayor cantidad de algodón con el recado desatento de que, 



(1) Ixtlilxochitl, 8. * Relación de Techotlalatzin. Hist. Chichim. cap. 14. M8. 
Engáñalo Boturini, Ideas do una nuera historia, § XXII, al afirmar, "qneal entierro 
' 'de TcocotlaUítzin asistieron más de LX reyes coronadlos *ÍQ contar á los seftores 
"cayo numero fué crecidísimo. Sus cenizas, después de quemado el cuerpo, fueron 
''colocadas y sepultadas en una arca do esiuerali^, cubierta de tma lámina de oro. 
•*Tuvo leyes severas en lo criminal, que fueron ejecutados irremisifolemente, y muy 
'linmanas en lo civil, comprendidas todas en ndmoro de LXXX fnndamentales.'' 



labnuwn CBratM xnanfiíft podieMii sMar, y «mM) la^iMcesitalNt pa- 
ís «Qjr prant^ irepwtiem Ixtlílxochitl ti Arábiga éniá» los señores 
ein ]mU<uaIo9. AqotíQa, 'Cdmo J»utm {námsiay el ñiandato fué obsd- 
qiiÍado> onmplidameniii Tereem. lemaáa de algodoB filé mandada 
por Teoosámoo^ XI it«q[)atl 141£, iooü átdea taaidftHfaiinplada y pe^ 
rectoría, 4^» stfPOMd^ <rti IxÉlilypoifiÜ; fc^paciMicaa, remiiéá aua par- 
eialea í^ura<^n£0la&qíar adeNa.de lo ^pafbbeiáa iMoesae^ éstos fue- 
robide pflUMcor noLadmitíri aqiiella «jeetoii j.ipmaar las armas paM 
defeudeite. IhiMaoaa:ixtlilxociúUn8pDiidi6Aic»ianDiaj^^ 
neea^^e joadio agradedé ^dádiya que» patanal tomaba; si lleao- 
soBioe tañíanlas álgódc» podía (uñriáiafifo^ pues tenía necesidad de 
labrar avmas y.ma9tos.puaengalflaiav4 ana gaerreros; queBe4i«- 
pnsiera en. bretie. tiea^.ál entrar én oaímpaftf ^j pues pronto iba á 
isalir ooü eos iropae^ castigilr á los rebeldes; JDesoónoertados to)- 
yierealos embagadoree á «ABeapotxialo^^ f no nitoos confuso quedé 
TezojBOinoo al oirlosc (1) . 

Siendo ineritable la ^enña, aiúbéa partidos se pusieron eú cam- 
pafia. Los pueblos de las ribetas' oeddeiítálés s^nieron á Tezozo* 
moc, los otíentales'á IxtUlxoebilI; ditidianlos los gratides lagos, de 
eujas agms eibn casi daefíos tos tenookca por medio de sos acalli 
6 canoas. £1 rey aculhna reunió las gentes de Tollantzinco y Tepe- 
polco, Huexotla, Ooatliefaan y Acoíman, cayendo sobre los pueblos 
que eran de su recateara y por elle obligados á suministrarle man- 
tenimientos, que estaban en abierta rebelión é fktorecían en secreto 
la causa tepanecatl, allanando suceávomente á Xaltq)ec, Otompan, 
Axapoeihco, Temasoalapay Toleuauhyooan, al Norte de Texcoco. (2) 
Los del partido tepanecati, sin {Hrestár socorro á los pueblos inradi- 
dos, bicieron diversas correrlas sobre Ips pueblos australes, apode- 
rándose de algunos enbre los que se cuenta Tequixquiac, tomado por 
los tenocfaca el XII calU 1413. (3) Bste mismo afio perdió vida y 
trono el rey Naubyotl II, de Culhuacan, á quien Tezoaomoc mandó 
matar, ponicnido en su puesto á Aedtzin* (4) 

(1) htiilzodiitl, 9 ^ telaeiott de Lttíilzoohit). MB. 

(2) firtfikoeiiia, Hiat. Ohkhim. evp, 15, iáB. 

(3) Consta entre las oonqaiitos de HniigDilmitl^ y lo aonflima Fr. JV^rnartlinoi "A 
*1os 90 afios de la fnndaoion, ganaron á Tesqnia^ne.** 

(4) Anales de Ciurabtítlan. MS. 

TOM. m.— 25 



194 

Como 86 advierte, lot doa bandos prooaraban haoene fuertes en 
sus demarcaciones sin aventurarse á ir en bnsca de su contrarío^ 
Seguro Ixtlilxoohitl de no ser aoemetído en Téxeooo, el XIII tooh- 
tli 1414 reuni6 á sus paroiides, j con su asentimiento determinó ju* 
rar splenmfmente por rey de Ao(41maoan 4 su fa^ Neiakualooyotl, 
niño apenas de dgce afios^ á fin de quitar todo pretexto á la usurpa- 
ción, dejándole siempre delante ün derecho legítimo. Cumplido es- 
te deber con la pompa mayor que al acto pudieron dar, Iztlilzoclutl 
y los suyos concertaron llevan la guerra al corason de las tierras ene* 
migas, combatiendo á México y Asoapc^salca por tierra y agua si- 
multáneamente. Coacuecuenotsin, general .de los gnerreiDS de á 
pié, atacó rudamente á los guerreros tepaneca, quienes estando pre- 
venidos, opusieron porfiada resistencia logr^mdo mantenerse en sus 
puestos. La flotilla aculhua mandada por Tzoacuahnacotzin, fué 
encontrada hacía la mitad del lago por las canoas tripuladas por 
méxica y tlatelolca, al mando de Tlalcateoteio, sefior de Tlatélol- 
co; no pudiendo resistir el empi:ú^ ^^7^ ^ ^^ riberas del lago, no le- 
jos de T^xcocq, en donde dfmembarcados los guerreros trabóse una 
reñida batalla, pereciendo los guerreros más , valientes; retiráronse 
los méxica sin lograr payores veptajas. (1). Fracasó por completo la 
combinación. 

Este mismo año XIII .tooh.<(U 1414, murió el señor de Chalco, 
nombrado Yxayqpa(i.zin, suoediépidole C^aAnh^e^iLtli. (2) 

El inmediato año I acatl 1415, tomaron la ofensiva los rebeldes. 
Reunido su ejercito en Mi^uia y Cuitlahua, concurrieron todos Ips 
señorjQs de las riberas de los lagos australes puestos á devoción del 
tepaneca; ánt^s de amanecer avanzaron secretamente ba^ta Az- 
tahuacan, cayendo de improviso sobre los pueblos y estancias de Iz- 
tapalocap. Estaba ausente el señor del lugar, no obstante lo cual su 
teniente Cuauhxilotzin se defendió coq. valef^ttajpgrandp contener á 
los merodeadores; peco muerto és^e á trai^ciqa, los rebeldes saquearon 
las poblaciones, tomando giian, número de piisioneros. Sobreviniendo 
Ixtlilxocbitl con poderoso socorro, los tepaneca huyeron apresurada- 
mente hasta Azcapotzalco, en d9nde encerraron su cuantioso bo- 
tín; de los cautivos unos fueron sacrificado^ en los templos de Az- 



.> •>( «il 4 



(1) IxUilxoohiti, Hist Chiohim, cap. 16, M&, 

(2) AnáUs de Caanhtiüan. MS. 



■*■ 4 * V « 



196 

üiféísBÚm^ Mézioo j TlatehitOf jr loi damas Tendidos por eselaTOs. 
Iztlilxochitl poso faertes guaTiiiciones en sus fronteras pam preroidr 
aqadlos asaltos, cetirándose en seguida á Texcoeo: enttaoes los al- 
zados aooQietíeroir por la parte de Hoezotla; pero reoibidos oon so- 
brada valsntia' por los ga toaros de Iob pneÚos eomaicanosj tigúíó 
por /fwáos días una serié de oombstes ácayoténtaioo quedaron oofm* 
{detaménüe dodbaratados loe rebeldes. (1) 

aem^jairke ^toitota qnebnuitó las ftiersas de los tepáneca, é Ixtlit- 
Xóchitl océy6 la sazón oportuna para haoerse júrsr sefior universal 
de la tierra. Al prUeipio se reástieronsus paieiales; pero inststien- 
db Ixiáihooliftl, tuvo ingar* la "cefemóiBa de la prodamaoioui con 
asistencia de reduddo mtmero de nobles, pues los déttias estaban 
ocupados en las diversas guarniciones, fiste príncipe túé el primero 
de los ohieliimeca bonsagra^k i' usanza de los tolVeca y teudcbca, 
eoil intervención del ritual religóse, baciMdo á utclo¿ sagracCa él 
gtan sacevdote de Huoxotla, lo cual indica que las práéticas aztecas 
iban ganskido terreno^ Nombró un capitán vedieiite llamado Cih«a- 
nriíaaoatgiá, ebmo embajador para dar parte' del suceso á'loS rebel- 
des, concorden de intimaiies se somcftierant^conociéndolo por^sefior 
de la tienra, encaja caso les perdonaría los yerros pasados; pereque 
sí se resistían, serian perseguidos - hasta ser exterminados én una 
guerra sin ^cuartel El embajador se dirigió á ^Tlatvl^có eü btfsoa 
de Tlaoateoil, 4 quien debía haoerse laf prímem intámMion como 
general en^jefó del ejército coligado; foquefido él tlatélt>éá%l, pidi» 
venia paiu ir A ooasultár la respuesta con 'Tezo^moc. Ptirtídoeii 
efecto TlaoateotV epeontró' reunidos en Azcapot^EálcO' bl viejo rej*f 
á ÜñHsilihuiU; dada onenta de las pi^tensiones del acUlhuatl^ Te-^ 
zosspnoc respondió con arrogancia que jamas se sujetarían t^n ver- 
gonzoso partido, pues e^a él rey legítimo por pertenecétie do^éro- 
eho el treno dé A^eelhliaoan: prefería la gubrra, y w dtrfa' á txiSSl-' 
Xóchitl que llevaría su ^órcito eeotrQi Texooco, y tatopoeo daría 
cuartel á suscontrarios. Bétornó Tlacateotl A Tlatelolco é M^asa^ 
ber. al enviado la respuesta. Began tais éoeiuitfbres, Cthuantthuaoa*^ 
tzin, revistió de armas é insignias de general ¿ Tlicí^teotrin^ presen* 
tole cargas de armas y de iehctüiuipilli; dióle arco, flechas y moF' 
cahuitly terminando son dedarar solñí^mnemedte la guerra i él y to- 

(i; IxOUxoohiti, 9 «; roÚMnon de IjáUboehia M». 



196 

dQ3' los 0QyoS| Mandólos pftra d» detanmnado en kU caúpoade 
Cflnconaiilit^n. 0)^ '- 

. Jlitlib^oehitl moTÍ6 stl oampo hécia al lugar ooBYenido: Túmap^ 
moo-envi^ titipMi en aqMlladtitoccioD;>pefo Adviertiendo ^ne el lito* 
mVdol )ago quedaba deigiiameoído^ cai^ el ^neeo de axk q^nito 
por la -parte de HlMLOt^ intentando a|x)d6faiae par^orpBeea 4e 
Texcoco: asi faltaba traidoramonte á la palabra focmal de )e8«(^é* 
rr0K)cit Por fbriqnftr de^obi^rta la . maniolM» por loe esplai, Lstlil- 
toebitl .pudo preToniñse; asi fué qne, la maSana en la madni^Mia «a 
que; leb jr^beMpí^ m. ^Doeentaron par lae agua» dd lago enmnltitixd 
de ^^oi(9f <qu^dw0i^ia0lDibredefl de encontrar iaperoibldos á Jos a<;ul- 
hna;, no (^X9^te lo wal iatentaro» el desei^baroo. Siguióse reoía j 
sangrlejntiw beAa^lav muriendo multitud de renombrados, guerreros y 
de j^ppnrop aupqjns iB^alientes capitanes. £1 general Cihuanahnacatzin 
aot^f^á toda» ]p!f|i;|€«i'^)^tido á los guerreros: ''pelearon. muchos 
^^di^<:y su0e4i>m>n $«itas y tan crueles cíosas nanea vistas ni oídas 
Vep.?$8ta •tiwm; que sería muy largo de oontar, mas al fin viendo 
^Í/9tfcd^ tiíano Tezp^moo la muoha fucHrjsa y valoc del legítimo, se* 
^*&Qc IsLtUbMfaitl, se fueron retirando hioia sus tierras/' (2) . 

Desbarati^dos los ik^mneca enHuexotla, el ejército acolhua situa- 
de en Chieonaubtla al mando del general Coacueeuenotain^ tomé k 
ofensiva. £nttando por Xaltepec allanó la provinota entera, ejecu- 
tando lo múuno con la de Otompa^ después de poifiados combates; 
9e;iipod^ fluoesivamento de Cuacuaubcan, Temaacalapa y de Tol- 
lan^ en qfte bailó ieoñz resistencia, adelantando basta Xilotepea 
Telyió de aquí al Sur expugnando con trabajo las ciudades de Te- 
IKvtEOtlan y' CTuaubtitlan: aquí le salió el encuentro un lucido e jérci* 
te tepaneea, siguiéndose porfiados conibates en que los rebeldes per- 
dieron la flor de sus guerreroSi teniendo al cabo que retirarse en 
coiipleto desorden. Trabóse nueva batalla en Tecpatepec contra los 
liigitívos, que otra vea rotos y mermados se dieron ábuir veigcmso- 
semente. El ejé»»to victorioso ocupó á Temacpaloo, lugar cercano 
A ÁMapotoaleo, poniendo á la cuidad rigoioao bloqueo. (3) Era ya 
ci ate II teeptttl 141«L 

* 

fl) fiftiaxSQliftL S. ^ BélAdm del gMtt IktlBio«liiU. US. 
(9) Iioeo dt 9. « BélMion do IxUOzoobitL 
(8) ixUnxoohiO» BM, Obiohim. c^^ IS^ Ha 



i9r 

i^eqiiieft^de aigooos iaefe»d& «tío (1) omfHámíio^éÉúiátaóé aik 

iiflraeo7 iKon imcÉda 011^ ii!lttte«i4ii^ MMite^obMd.^^pM^;^ 
íoflBtaiOGj A düocMsito l^oonmo; otorgd? <m— fc O'S» to-pédte^ y isfi 
•0 ttiiiiMiJ a»|>flÉto^» qéft y gktek ^fiéest «i|i|láfftada 

tm pttfMUmoB d9^txtlUxoelvfeLqiiidaiip»i|HlinKlH^ 
áok. E^Mbaü oc^k^r«iitMtfvicib»eii tíioffiasijé dMpq|M( ifaBilosTMii* 
cMm, ^Mpefaft^ft^tto rMlia^:ft««Írada; otnMri^b ^fianm debitiflad mi 
teo<n)dé<^'dériáwarM^7.no^<firá^^ jiempaiki Imm^ 

las circunstaneias, atrayendo unotnuí oteo á kMi daéosafai^Mi^ j ttoí 

BáHíe' Mn á loi ^iemdémi'ü^imiMs y pMtieaiai éú Jamdhiiati. Sea ya 
el Hí ^tt 1417) 7 tMislrikíetoáimíiMfke^ ita^Uíó» ÓDjpéxfidoftoyeeto 
qM eitt Taoilaf iptieo por o4bm.v De aimirdojeoiL7IbxiQmI|aii^ atíüor 
d^l Ittgat, «e diri¿i<y á CliiéaaaiiMá^ y «á na boaqiiaxiproailo: llama- 
do Temattatlac, JttA> lefavtor buriosas tnndas; feBakndo c jaadi ripafl 
da mttiúiMm, cántóiM y datisrate8^{H9eftÍDÍetidosaiitíd»d4a animalaB 
ffBQdBB y ^ieo6 paia camf da aeeretor Uavó buen Igcwdm} de ti)q[>QMl, 
tMm>otraé al detoubierto ooiiio.parii.dttv xealoa á¿ la iSasta. fia apa- 
ftodoia aifaello ionia por otQétoaolaiiiiüíaarrlaíoia y neojtí^oiíaiwto 
d# IxtHixooUtl pof loB TencídM) pero<tía^Uia«i a» xeaUd^d daaor- 
prender y dar muerte al desenidada^monartaé / 

fla{k> liHüiíOcUtl diri complot^ ommí «raídsoiaauuloianLo, ao que- 
Aáfido ÜéiUpo tiMto d^ para T^uiir A>]oaiiray(poaM't>MfcialM todavía 
ÜtñÉes^-fortttwr apt^siaadaoMUaii (Te^otea.i fia.éstafaaaan He- 
garcm tea embajádoTos da TaMaosloe rogaada ahiiioadaaKBate paaa- 
la don M hofodero NeiaiMdcoyqtl 4 ttcStáíA UMÉMnáje qué sos 
ielM BiMAoB la tenían preparado; para disúnnliar y ganar tiempo, 



(1> IxlUlzoelálIasegiim^tM Hmmmíko ifio%- l»«ailaoTft.Mittititni]gimft 
eenfotme eon loi datos eromológioos. 



198 

Iztlilxohfaitl donteitó que iría, yt^aaaqae no padieía asistír en per- 
sona pondffa quien le leptesentMe: ios ^enviaáos porBuron povqm 
f aem el misma xey. • Mióniías Ixtlihiochitl se owpal» aposanrada^ 
miwte en reunir sasgMireirea».4findese&d6aitel ánimo defSiM ene* 
migos, eneaig6 al ae&or Ajeailoili se proaentaca .en bu nombre án* 
cibir el ofrewlo hctteaaje; compranáió el esoogido ser da mnertoiel 
eftooigoi'&a obstante lo cual obedeeióf no sin rogar antes. a^nunana 
ODidara de su esposa é híjos^ ^ baeíéndoleameicedes poc sn* senmio; 
Aoaákibii^ vestkloconlasiBsigQias.realet jaeom|)a8adads tressio- 
bleSy.se dirigió al bosqna de Temamatlaa: TÍsto de» ^joapor los oon* 
jurados, le tuvieron por el rey ébioicmnigtmxalboroQd; masouando 
se apoderaron dsi oortijo j desoubñeron su engaño, entmroo en fu- 
sor, propasándose á dar de golpes é insultar, de .todas manaras á ios 
enviados* Llevados áparesenoiade Teaoeomeo, éste los.eseuchó oon 
desabrimiento, mandando les diésan luego la muerte^asi se biso oon 
los nobles, en tanto que Acatlotli fué desollado vivo, pwiendo >ola- 
vada la piel en las peñas eercanas. 

Arrojada así la máscara, Tesoaomoo oon los tenoohca y sus par- 
ciales marcbaron inmediatamente sobre Texeooa fineeixado IxtliU 
xoobitl en la dudada paleó obstinadamente por cineuenta dios, y 
más tiempo se defendiera á no haber sd)revQnido que ToxpUU, prí< 
vado del rey, entregara á los sitiadores el banáo de los chimalpaM*' 
ca, dando muerte á los buenos servidoresi y robsndala recámara ó 
tesoro puesto á su custodia. Aquella aiquerosa defección decidió de 
la suerte de la ciudad, la cual fué saqueada, incendiada, la guarni- 
ción pasada á cuchillo. Ixtlilxochitl, con bien pocos que le quisie- 
ron seguir, pado escapar de sus enemigos refugiándose en los bos- 
ques. (1) Te&ozomoc logiaba por completo sus intiuitos, si bien á 
costa de la honra y de la conciencia, 

Poeodespues de aquellos aoontecimientoS) el mismo aliO III calli 
1417 murió en México el segundo rey de los méxica.Httitmlihuüd. 
Por su matrimonio, con Ayauhoiknatl snpo tmsfvmar á sus sib^ 
tos de ñervos eñ aUadoade los tepaneca; empamtitó can el mouaroa 
acuttmatl dándda ásn beimana.por esp)Sai y asi puso dos cuerdas 
á su arco. No obstante este parentesco^ -«guió constante al partido 

(1) IxtlikooUtl, o. « BfllMioB dd gnu IsftUteeolátt. U&.^Bki. QUMm. ^ap. 
17. H8.^TorqQfiiuidft, lib. II, oap. XIX. 



199 

ié TemcuDoO) j am:e8cnÉ|Milo temO parte «n elcimplot ftagatda 
ftem matar á «a cufiado; AtmoMté la dudad diqpvtaodo la tierra 
i lat agnas; bii|k> aiiaer .j^Uadotes de laa iKOvinoias oomareanas^ 
efftableoi6 iniavaa lefes, priMÍpali&éDta aeeroa dri coito de los dio' 
8eai jde los oiiales.aqadlos réjfesse tento por represantaates: hiso 
c9erQitai^itsi»8ibdkos.eD di uaD4e las. «oaaoaa, asi para el tráfioa 
erauoeial oaa ka libemnGa^ o6me aomaterias degaeira: xapatióser 
en toda bosDo 7 polítieo gobernante. (1) 

Se eiramerati como eoB^alstae efeontadas pot este rey Taltítlan 
(Aúm. 1); Óttaabtttlati' (tuUn. 9)^ CSialoe (iiüsi; 3), ToUant&aco 
^tm; &), Xaltóoan (qüiq; 7), Otompa(núiB; 8), AodmaD {wóm. 10), 
jTeuboéo (aúm. 9). (8)'fitn <fada alguna éetoeolo significa las 
campafias que hkieren por cuenta de Tenezotaoc y no por la suya 
propia; supuesto queSentteees los tenodica estaban todavía bajo la 
sujeción de los> tepái¿ea y si proteohM sacuon de la lütima guerra, 
no íbé la del ensancbeSt^ed dd territorio. De constar Tsxoooo entre 
los pueblos sojuzgados por los mélica, trásaron pié los escritores de 
la náoion,"|)ara fundar su supremacía sobre los acolhua y tenaos 
como á sus antiguos vasallos. 

Muerto Hultzitihuitl, los ancianos y mandones de los barrios, se 
reunieron ¿ conferenciar á quién convendría elegir rey; de censen* 
timiento coman se fijaron en Chimalpopoca, hombre de unos cua* 
renta afios; hermano del difunto. (3) Confirmado el electo por acla- 
mación del pueblo, lo llevaron al asiento real, lo ungieron con la unción 
divina, pusiéronle el eopiHi é corona en la cabeza, vistiéronlo en el 
traje del dios defensor de la][ciudad, con espada en la mano derecha 
y rodela en la izquierda, { en sefial de prometer la defensa de la ciu- > 
dad y morir por¡ella, y nobleza, sacerdocio y pueblo, lo acataron por 
sefior. (4) 

Duraban las fiestas de la coronación en Ténocfatitlan, mientras 

(1) Códíoe Ramírez. MS.— P. Duran, Hist. deles Indias, cap. VIlI.—Torqaema- 
da, 10). IT, cap. XVn. ' ' ' - ^ 

C2) KiagtterOac^ C<MK<w MaaaoMlMH láBu IH. . . 

(8) finlaa^»0itafíf| ^ kifttvf«| ]^/a3pp0](onx^u 9a4xio% conua la opinión de Da* 
iaii« Tesqzomoo» &c,i pegi^mos la de Torqnemada, porque además de fundarse e;i 
réladones y pintnras autánucas, discute la materia con sobrado tino en la Monarq 
Indiana, Ub/ir. oap. XXH al xVíIÍ. 

f4) CtffiesBMtiiMa' M8.^Diinn, mp. VvL^Twp^0mU, ttb. U, «iip, XVlUí 



200 

tóreoiabda laf . praas al fagitiitro IxdiUoeJdü. ^ILamaba laoQii&iÉiñ 
en la tierra^ d rejino ¿»tero'8ehábte>dítidido.WÍHt]icbg, jr.pfldscr^ 
hijoa combatíaa en opoestás * banderlafii ^tOBjMuSiott^ úñ Hofucoála^ 
CoatHdhaú y GoeJkép^ ^fotéadiaudo iostev^r la; esos» rea], firáitRi' 
vdiuiidost, tenieiida neceBÍdad de huir á; las jntotftfiaB.. ixtlÜKodútl, 
aoom^íado dp Neztdmakeyvü, de Ck)a(meenen^ánii sn 'capüan gé^ 
setal, jAlgam» pocos amigos, ee ocaltó eii^«l bosque éa. Oúanbjra- 
cae; desalojado de ahí fué á opultaise «n /rriiiaicaaiK)Bto& Yeiuoiéo 
y ipdavif no desalentado» )re9Qi46 qa0 ftucitaaloaixtlí^ s«^i^ !K>r 
él imertfí en la provineia de Otompf^ le.debíftfriiBpJ^ft favoiies y rp- 
soItíó pedirle socQvro. Pata desempe&ar.aqitfAla xaiaiioi)i piiso.jioa 
ojos ep CottQue<?aeno(zM^ ór^tiien hí^O; «atender los riesgos, y p^i* 
gros de. la emi^ffeta: ^*8é qujd, no he. ^. solver y^^tesjbé el ^gi^nwff^ 
no olvides á mi esposa é^ hij^s^.y ;si tfagshqfttooyotl wbe al iraaoj 
tendrá ejQ ellos cbadtantes def^lsores.*' Se&or y yasaUo daspidiéfOia' 
s^ con Ugtimas, después de lo eual QoacueooenotAÍn tomA resqdta* 
mente el camino de Otompan, En Huaxtepec di6 e^ Zentsm, ma* 
yordomo del rey, dijole el intento de «u. venida, y ^uel )»-*contesté 
no poder determinar nada sin anuencia de los gobernadores duo" 
tzalciiiztli y Acatzon. Luego que estos fueron inf ormados^, mandaron 
una partida do guerreros por Qoacuecu^notzin; Uegado á la presen* 
cia de los. jefes le interrogaron y él díO su embajada: CLuetzalonix' 
tli le contestó: '^No obedezco por señor á j^tlibcpchitl, sino al gran 
Tezozomoc, señor de Azcapotzalco; ren sAltianquiztli (mercado) y 
di tu encargo.'V Tranquilo Coacjo^ecHenotzin, en n^edio del gentío 
reunido i^n el lugar, expuso en altaproz la fidelidad debida al spbera' 
no, y el deber de iarprovincia part^ prestarle socorro: un soldado, nom. 
brado Xochpoyo, natural de Ahuatepec, interrumpió vitoreando 4 
Tezozomoc, la multitud siguió el ejemplo, arremetiendo i golpes y 
pedradas contra el orador* Defiondióse largo rato CoacuQCuenotzin 
como valiente, hasta sucumbir agobiado por el número: su cuerpo 
fué cortado en menudos pedazos, con los cuales se i^>edreaban dan- 
do voces de algazara y vituperio. Acatzon recogió las uñas, ensar 
tolas en un hilo, y poniéndosalas al> entUo, dijo con burla¿ .^'Pnes 
estos son tan grandes oaballeros, debea ée ser de {áednts preciosas 
é inestimables sus uñas, y así las qtdero traer por ornato de mi per- 
sona." Así acabó aquel dechado de nobles! ocNraeones, el ¿já mc»uil^ 
eiñatl^ del octavo mee iiioailkuitaBÍÍ9Uii;áeil año uabnútoehÉH^ ó^fea 



m 

•|í»<íB Agó«t<^1418.'fiy Oiérto qtkéem íddós tifeinpós- sé-oíwelfvá- 
tóHí^^A -léfdb^d» hé altos ÜeéhóÉ' (Te Ibs - türdtíétí * ^km»^l^ ka ülla- 
á«B>WM»CdiM& Sé líM trkiififfaga8,'niás"éh<:fárhÍ2á(í<J8> <^éle8 1 medi- 
da ^«^«ijiéisfóéTOn inártastréróís.'' ' '■'•''''''' ■■"'•' :•''■''• 
Informado del trágico suceso, Ixtlilxochitl, seguido de Neíalraal- 
ceyotl 7 los dos capitanes Totocahuan y Cozamatl, fué á esconderse 
en la profunda barranca de Clueztlachac, haciendo noche entre las 
raíces de un grande árbol derribado. Al amanecer del dia matlactli 
cozcacuauhtli, mes Ochpaniztli^ 24 de Setiembre 1418, llegó apre- 
suradamente el soldado Tezcacoatl, avisando que por tres caminos 
diferentes llegaban tropas enemigas. Huir fué imposible. Ixtlilzo* 
chitl llamó á su heredero, y abrazándole le dijo: ^^Hijo mio^ muy 
amado, Brazo de León, Nezahualcoyotl, ¿á dónde te tengo de llevar, 
que haya deudo ó pariente que te salga á recibir? Aquí ha de ser e^ 
último dia de mis desdichas, y me es fuerza partir de esta vida; lo 
que te encargo y ruego es, que no desampares á tus subditos y va* 
salios, ni eches en olvido que eres Chichimecatl, recobrando tu im' 
perio que Tezozomoc tan. injustamente te tiraniza, y vengues la 
muerte de tu afligido padre: haz de ejercitar el arco y las flechas* 
Sólo resta que te escondas sobre la arboleda, porque no con tu muer- 
te inocente, se acabe en ti el imperio antiguo de tus pasados.'' (2) Si- 
guiendo el consejo, para guardar el depósito sagrado de venganza, 
el príncipe se apartó á una altura vecina, escondiéndose entre las 
copadas ramas de un capulín. Llegados los sicarios, Ixtlilxochitl 
les salió al encuentro, echóles en cal% su maldad, y poniendo mano 
á las armas, peleó hasta caer acribillado de heridas: quitáronle las 
vestiduras, abandonando el cuerpo desnudo á las fieras de los mon- 
tes. Al caer la tarde, cuando los enemigos do parecían, Totocahuan 
y Chichiquiltzin, del barrio de Tlailotlacan, recogieron el cuerpo de 
su señor, lleváronlo á un lugar escondido de la barranca, lolavaroui 
vistieron de alguiHis ropas, y poniéndolo sentado, pasaron la noche 
velando á su lado. Al amanecer quemaron los despojos, guardando 
las cenizas para mejores tiempos. Los leales servidores se alberga- 
ron en la montafia; Nezahualcoyotl, el pecho henchido de pena y de 
venganza, tomó el camino del destierro. Asi terminó el desdichado 



a 



*l^ ♦ i 9 *. • 

TOM. m.— 26 



(3> Ixtmxooliiil, Hi«t. CbioWm. cap, 19. "^^ *^ ^ ' ' 



202 

Iztlilxochitl; mancebo de prendas reelevantes, fíié confiado harta 
el vicio, generoso hasta la imprevisión; vencedor de sus contrarios, 
el abnso de sus virtudes lo precipitaron del trono y bonaion de 
la vida; á ser menos bueno con los malos, alcanzara alguna feli- 
cidad, (ly 



'•^»i 



i- 



• ' 1 



(1) IxtlilxcK^fl, 9 «. BdlMion de Iztlüxochtl. M8.— B^ Chíohitt. ckp. 19. 3f a 
-TorquemacU, lib. U, oap, XX. 



CAPITULO X. 



TbZO2OMOC.-'MaXIIAT0N.-*-ChI1[AIiP0FOCá. — ItZOQASXi. 

TmmoiMe M hM6ju/ra/t tmor de la UerrOf-^Maianta de hSmíu — Prtgoni'--H$obo$.de 
NttahualMyoU.'^Pa/rUoUmáBiTeir^ eál- 

nada de Tlaeopan.—Piedra deéoor^kice.-^JÍeealtiiealooitoU 00 JféaBiea,^8uMÍ09 del 
UramK^Muerk de Teeoeomoc-^Umrpaeion de MaxtLoL-^Muerte dp Taffauh,-^ 
Muerte de Ohimalpopooayde TlaeateoU.—LoB de TlaUMoo eligen par rey d Ouauh- 
tUUoa. -^JUooaUt r^ de TmoóbUUan, -^Pereeeueüm de NeeahuákoyoíL^Superegrir 
naeion.'^IÍeeaJiwUoojfatl $e €^)odera del trono de euB padree.-^AUanea^ etfUre méj^ 
eayaeeíhMa,^HaeañaedeMoteoUhMomaIlhuk^^ eon^ 

ira loe tepaneca.'^Oombate á loe puertas de TenoehUtlan.--Invasion en la tierra 
firme.'^Toma de Aeeapotealco.^Jfuerte de MaxUa.'^Fin del reino tepaneea, 

TEZOZOMOC recibió la nueva de la muerte de IxtlUxochtU con 
el mayor regocijo» siendo testimonio colmar de presentes á los 
asesinos ejecutores de.suii órdenes. La pérdida del rey no sólo sig* 
niflcaba la usurpación de un deredio» sino una verdadera gueira so- 
cial; al pasar el mando supremo de Troceo á A^o^p^tcalco, los 
aoolhua Redaban subordinados á los tepaneca; la tí^ra entera, aun- 
que de nombre, quedaba ^sujeta á nuevas leyes; era una evpluoion 
civilizadora en que los tepaneca se arroga^n la supremacía tan- 
tas voces pretendida. Oambio tan radiqal, ow^iovia pn)fundamen- 
te á los.pudi>los4ál Yalle^ 4oi^o por.Tt^nHBdo' <pe gran parte .4e 
los acolhua huyeran á las montañas ó emigraran á provincias leja- 
nas. Aprovechando la confusión^ Tesozomoc reunió sus parciales en 



204 

Azcapotzalco, y se hizo jurar supremo señor de toda la tierra, en me- 
dio de suntuosas fiestas. Aunque los escritores indígenas hablaban 
de toda la tierra^ persuaden los mismos hechos á que, por entonces, 
la influencia de todcks estas revueltas, no se extendía más allá del 
cinturon de montañas que circundan el Valle. 

Para aterrorizar á sus enemigos, y extirpar si pudiera la memo- 
ria de los legítimos reyes, ocurrió á Tezozomoc una bárbara indus- 
tria; repartió por todas las poblaciones conquistadas bandas de fe- 
roces soldados, con encargo de preguntar á los niños, desde que sa- 
bían hablar hasta los siete años, ¿quién era el verdadero señor de 
la tierra? Respondiendo que T^Qzomoc, recibían alguna dádiva ó 
agasajo; pero nombrando á Ixtlilxochitl ó Nezahualcoyotl, eran muer- 
tos inmediatamente de una manera cruel. Esa práctica bárbara, 
que revela en quien la mandó un instinto despiadado, cojstó la vida 
á multitud de párvulos, exagerando las crónicas en haber sido mi- 
Ucmes: de todas maneras, ^Yué una de las mayores crueldades que 
el príncipe hizo en este Nuevo Mundo." (1) 

A fines de aquel año IV toclitli 1418, Tezozomoc envió emisarios 
á loé pueblos de Texcoco, para reunit á las gentes de procedencia 
chichimeca y acolhua, á fin de darles á entender su voluntad supre- 
ma. No siendo capaz la plaza de la ciudad para contener á los con- 
vocados, reuniéronse en la llanura de Cuauhyacac, entre Texcoco y 
Tepetlaoztoc, en donde había un antiguo templo toltecatl. El capi- 
tán encargado, subido en el teocalli, pregonó en alta voz que Tezo- 
zomoc era señor y rey absoluto de la tierra, teniendo su corte en 
Azcapotzalco; en adelante sólo á él acudirían con los pechos, tribu- 
ios y rentas antes suministrados al impetio de AcoThuEbcan, y á él 
ddbfan ocurrir para la resolución de los tiegoeióS da justicia y de in- 
terés, yendo á Azcapotzalco, bapitaí ilbfda ¿e k monarquía; en 
prueba de &a bondad c<meedía perdón general á lo6 <^o^proiiietid€tei 
en k gueira, i condición de tomar traiK^uilós á stis hogares, repa- 
rando los dafiod causados én las {K>blaéioiies, y al úiismo tietn^ per- 
donaba el tributo del engaiente año: pena dé la vida se impusieron 
estas obirgaoiones, y adeniás, quedaban aáiOMrtádos para perseguir 
á K^Mhaalcoyotl, i qñieh debían llevar ¥fvo Atkaerto á Tézoso- 
moe, par lo oaal se recibirla anoipfió gálardim, La óittliitúd movidisa 

(1) fxtlflxooliitl, Hist. C)fai6him/ei^. te.^10^ Bdaoton'dé 7et^otfatet«6. 



2M 

ofició maqik^j coqt^ie^ta ^n If^ ^bcíoq 4e j^lbutoai ydyió i esor 
tiw ipo^ ú, poqp 90» el oarrü de Jb^ paliada yida; Caliaó el tieq^po 
losánmos» loa huidoa á Iqs montas |6 ,pi:9¥Íuaia8 lejapas, tomairam 
á SU8 casaa«. ^k óifpden que^^ un t wto jr^gtablecido con la confianza 

, Sn el |P9pejtid9 lY t4oht}i 2,41^^ ^^^(ozomoc pufia por so&or eii 
CfuaoJilitlau»' i m h^^.G^^^HP}^tifí^^i quien (^fíxmó abl la autorl- 
dad tepan^^ j levantó- el. palaoio 4? Hoexocalcp. Hacía el misnao 
ti90^K)^.]a^ei:]:a}9Íe«ij(^d)f^par >á Ip^ deCbalco, refugi^Lndof e . en 
Tiáfii) C)iU)abluu$ lofs tlecuilq^e, {q^ís^oxea)^, tlilhuaque (piíi&to 
rea), y p^ohUií^fí (mei^eres). (^} . . 

£q 4AtA época, oopú^ia^fi .Oiq^llf^. yida aveQtareiia que hizo de Ne- 
asahjQ^teojtotíi um^ de If^^Qguvas «aingi^lares de las leyendas de su 
naci^t.,,|Iabie9jdQ preí^encia4oi la trágica viuerto 4e su padre, desde 
el érlpipl qu^le ocu],t;al>a,'i^os los ene^ijigo^, , bajó á ^piar parte en 
las modestas exequias que á )pa d^^p^o^ se bicieron. Por ocultos 
aepdes^pí^ recatándose y. si9pipre velapdo, encante por los bosquesí 
u(ío ae df^aba ;^er dfi lo? wA^ fiele§ de los parciales de su padre 
as^ti^ QQid<K>.^pregc%dado.en Qpaubyap^i y |i;iirando su cabeza 
puesta i.p^íficÁo, $p retiro s^osan^fi^te i la provincia de Tlaxcalla; 
e^ don4e ;eaqoiAii> ^eg^ndad al ^do de, s^s parientes los aeüores. 
Pasado algún tiefnpo^ .p(^ra ac^xsarpa ú su patria, y conocer el esta- 
do de lop negpcfos, púbUcos, penetró en la provincia de Cbalco, to- 
mando parte CQimo ToluAtario ^ntre ^s guerreros ocupados por aque. 
Ua seScola^ en hacer la, guerra á los pueblos comarcanos. Un dia ca- 
lor^sK^ enppntró á un^ «lujer, llamada Citlalmiyaub, ocupada en una 
plantaciaa de magueyes; pidióla agua para apagar la sed, y la mala 
bembfa no. sólo se negó já prestar el sf&rvicio, sino comenzó á vocear 
pidiendo viniesen i pi^nder.al principe, á quien habla reconocido; 
Nezabualpoyotl pretendió acallarla por ruegos^ mas no legrando el 
intento, puso nwio i ,las armas y 1q dio muerte. Pretendió huir, 
mas jf^6 luego en manos de los chalca. 

Llevado á presencia de Toteotzmtecutli, sefior de Chalco, así para 
«ngi(r la mnerte de CUlabniyanb su parienta, como para conten- 
tar i Tefsozomoc, de quien era partidario, ordenó que el príncipe 

(]() laUÜMOtíM. 10.« J^üaKÁoú de TeiioteomQc. Ma 
(2) Axudts de Ciuratítlan. M8. * 



206 

foera eneerrado en anu fuerte "pñrion, mn darle alimeiites en oeho 
días seguidos: la ejecudon de esto, puso á eargo de bu hermano 
duetzalmaoatzin. Compadecido el guardián, burlando la vigilancia 
de la guardia halló medios de dar alitoento al desdichado preso; 
asi, pasado el plazo, el prisionero aun conservaba la vida. Sabido por 
Toteotzin, mando que al dia siguiente condujeran al príncipe al 
mercado, y en presencia de la multitud le hicieran pedazos. Por ad- 
hesión 6 por rasgo de generosidad que parece sin ejemplo, tal ves 
determinado por la confianza de ser perdonado por su hensano, 
^netzalmaca hacia la noofae penetró en la jaula d^ vigas de la pri- 
sión, cambió de vestido con el príncipe, y le dio los medios de esea- 
par: aprovechando la oportunidad, Nezahnaleoyotl ealió por entre 
los guardias, dirigiéndose de nuevo á refogiar en la provincia hos- 
pitalaria de Tlaxoalla. Al tlia siguiente, enfurecidí^ Toteotoin de 
verse así burlado, hizo despedazar ú Cluetzalmaca en el sirca- 
do. (1) Acontecía esto el V acatl 1419. 

Al siguiente Vi tecpatl 1420, trascurrida el afto concedido de 
exención detríbtttos j cuando muchoa de los fugitivos estaban de 
vuelta en sus casas, Tezozomoc hizo junta de 4ms parciales en As* 
capotzalco, para dividir el territorio del reino de Acolhuacán. Tomó 
para sí las tierras de la frontera dé Chalco hasta ToUantzinco, eom<- 
prendiendo las provincias de Otompa, Tepepolcó j Oempoallan;'ca« 
pítal de aquella demarcación era Goatlichan, en la cual puso por 
señor á Cluetzalmaquiztli, encargado de recoger los tributos y enviar 
á Azcapotzalco los indios destinados á los trabajos personales y re- 
parar los templos j palacios. Cluetzalmalquitztli llevaría pot* su dig- 
nidad y trabajo una tercera, parte de las rentas de aquella demar^ 
cacion. La cabecíera de Huexotla con sus términos, cupo á, Tlaca- 
teotl, señor de Tlatelolco^ recibiendo Chimalpopeoa de Tenóchitlan 
la ciudad de Texcoco con pocos pueblos. Oreüronsé ademas otros 
pequeños Estados,' nombrando^ Teyocohuatzin, señor de Acolma, á 
Tocitzin de Chalco, y á Gtuetzaleuíxtli dé Otompan; En esta par- 
ticibn, semejantéi á la del león de la f&bula, el destruido señorío 
acolhaa quedó dividido en siete fracciones, estanco obligados tes 
habitantes á pagar el tributo en mantas, joyas y piedras preciosas, 

(1) Véanse las Tañantes, enlaHist. Ohidbim, tñp. Se.— 10^ B«laoion de Tt- 
tzotzomoc.— Torqaemada, lib. II, oap. XXIII. ' 



2or 

Mbmr «#iiientera«, aoanear lefis y maderas, prestar los servicios per- 
sonaies jra en lo doméstioo, ya teÍNttando fos templos y haciendo las 
obiM púMiéas. Para recoger las rentas "de Texcoco ftieron puestos 
dos gobetnadores, l%ltssiü, de los aculhna, Cfaichatstn 6 Clmnatrin 
de los ehiehimeca. (1) Tesozomoc tenía mano firme, corazón duro, 
itagenio astuto, earáctet receloso; eran prendaámAs qtie sobradas 
paffa dcnneflar vm pneUo semioirHisada ' 

La posiobn de Texcoco (2) fué parte por entonces para hacer 
progresar á México, contando con los bienes y trabajos de los acul- 
hna. Chimalpopoca gozaba de la confianza de Tezozomoc, dejando- 
le esto tranquilidad para entregarse á obras en que antes no se pen- 
saba. La agua de México era turbia y cenagosa, y queriendo otra 
mejor, los tenocbca rogaron á su rey pidiera A Tezozotnoc la fuente 
de Ohapultepec, en dominio de los tepaneca é inútil para ellos pues 
la dejaban correr para la laguna. Chimalpopoca envié mensajeros 
para el intento, y tan buena acogida recibid la demanda, que inme- 
diatamente fué otorgada por Tezozomoc. Los méxica se pusieron á 
la obra formando de céspedes y carrizos un acueducto, sostenido por 
estacas ypiedras, metiendo en breve tiempo el agua tn la ciudad: no 
fué de poco momento la labor, pues fué preciso construir sobre el 
fondo del lago, en algunas partes bastante profundo, conteniendo el 
Ímpetu del gran golpe del agua. 

Lo deleznable de los materiales hacían la obra débil, siendo me- 
nester repararlas á cada paso; por esta causa verdadera ó por des- 
bordarse el orgullo de los méxica creyendo ser Regado el cumpli- 
miento de las promesas de su dios, Chimalpopoca mandé nuevos 
embajadores á Tezozomoc pidiéndole madera, piedra y cal, y que sus 
vasallos vinieran á ayudar en construir un caño sélido y capaz. Oí- 
da la demanda impertinente, Tezozomoc reunió sus consejeros para 
dar respuesta; todos fueron de parecer ser aquel acto de servidum- 
bre, prorumpiendo en denuestos y amenazas contra los ténóchca; 
el más vehen^ente -de los consuetos fué Maxtlaton, hijo dé Tezozo* 
nnoe y sefiot de Coyobuacan, quien instintivamente aborrecía á los 

(1) IxtUlxoohitl, 10. * Reladon de Tetxotzomoo.— Hist Chichim. cap. 2L. 

(2) ConctierGU Fr. Bemardino en él afio que Texcooo fné cedido á los tenochoa: 
'*el afio de 97, dice, se entregaron los de Tezcaco á Chinndpupticaci, 7 en el mismo 
<*se ganó á Tnlancingo 7 esturieron los mexicanos un afiO en ganálla.*^ 



208 

mézica. La proposici^ fiíé díjfi^^ja copí ,fl4^y62^ BM(a4p {m^IM* 
ra q,u,ebr^r las b^cycMMxeí^(úq^,Q^te^taii .«utre ambo/si pf^el^QfiU (1) 

Los tenochc^ hablitp QQ);)j»dQ yat^Jaí^Lfl^^ 
tante la f^pulsf^^ parece ^^^ífl ^ue^ucto ^edó tern^Q&da Sin po* 
d,er fijar }a épo(^ pvep^i , (jqq^^f pQo4^ al seiqado de C^úinalpi^apa 
la confitrucQÍon,de l^.qalz^a^u^ d^ la4Bla d^ jj/lfi^co pfurjbla harta 
llegar á Tlacopan, y fué la prim^an^ . vía forma4^ WT^ QOQmoiQCNBBe 
con la tierra fi^xae. La causft d^t^^pii^afi^ ae cdpnpreDde; los i^ffios 
no teplan ja miedo d^ per ataca,^<?^ 91^ s^.dadfid, y.lapi rela9i0n.es y 
comercio c^^ los tepanec^ siendo continuos bacian ind|spenfi!al)lq im 
capúno frecueAtadq. Pos observaciones obvias dw^mstsan nuestro 
supuesto. Como pronto v^réii^os, al aubir al trono Itscoat^^ sobre 
aquel camino ampl^ j seguro tuvieron lugar los conib&tes pontea 
Ma^tla. Segunda: "Al onceno año del reinado de este xey (Chinial* 
. ^popoca), trajo una piedra ipuy grande para los is^crificios» la cual 
"puso en el barrio de Tlalcomoloo, sobre la cual mataban y sacrifi- 
"caban los que eran .ofrecidos en sacrificio ú los demonios^ y la di- 
^^glidfitoría* £ra esta piedra redonda y grande, labrada toda á la se- 
"donda con grande artifi,cio, y £^ujereada por medÍ9, por donde oo- 
*'rria la sangre de les cuerpos que. sobre ella cortaban." (2) £sa 
piedra grande 1^0 pudo ser metida á la ciudad sino por la calzada 
ya terminada, siendo insuficientes para soportarla y conducirla so- 
bre los lagos las pequeñas ó grandes canoas usadas por los m^xfca. 

La calzada de Tlacopan (boy Tacuba), esti marcada en la ciudad 
moderna por la calle central de Tacuba, siguiendo hacia el Oeste 
por la avenida actual, hasta terminar en el pequeño pueblo de Po- 
potla, colocado entonces en la orilla del lago. £1 acu^i^cto arran- 
caba en Chapultepeo, tomaba la dirección de los actuales arooa de 
la Verónica, en la Tlaxpaua se unía á la calzada de Tlacopan, con- 
tinuando al lado de ella hasta el centro de la cindad azteca. 

En loe anales de los méxica encontramos dos conquistas atribui- 
das ú Chimalpopoca, las de Tequizquiao y Chalco. (3) Sin duda 
sólo fueron encuentros con aquellas poblaciones^ debiéndose adver» 
tir, respecto de Chalco, que en la pintura no consta una victoria si- 

(1) C<$dioeBiMnírez. MS.— P. Darán, o*p. VIIL— Teaozomoc, cap. 5. IIS. 

(2) Toiquemada, Ub. U, cap. XXVIU. 

(S) Códice Mendocino en Kingaborougbi lám. IV. 



no un descalabro. En efecto, ella dice, qae jen un encuentro naval 
con los chalca, perdieron los > tenochca una canoa grande y tres pe* 
qpiffias, ademas de cinoo hombres muertos. 

VIH tocbtli 1423. "El año 99 fueron los de Tatitulco á Tula, y 
'^como se habían muerto y dejado allí á su dios que se decia Tía- 
^'cauepan, tomáronlo y trujéronlo á el Tatilolco." (1) 

El tiempo enfria las pasiones. Aquel mismo año YIII tochtli. 
1422, las señoras méxica de la familia real, tias y parientas de Ne- 
zahualcoyotl, cuya madre fué hermana de Chimalpopoca, reunieron 
na rico presente en joyas y preseas, marchando en seguida á Azca- 
potzalco en donde humildemente rc^ron á Tezozomoc dejase de 
pers^piir al príncipe y le concediese la vida, pue^ era débil y sin 
amigos para recobrar el reino, y estaba prófugo y sin valimiento. 
Pot cortesía á las damas ó más bien por flaqueza de decrépito, Te- 
zozomoc accedió á la súplica, poniendo por condición viviera Neza- 
hualcoyotl en Tenochtitlan y Tlatelolco, sin dar paso fuera de aque- 
llas ciudades, pena de la vida. Las matronas méxica dieron las gra- 
cias, enviando inmediatamente mensajeros al príncipe, quien se 
apresuró á venir á México. (2) 

Aquí pasaba una vida al parecer sosegada, si bien en secreto 
mantenía relaciones con sus parciales, pueB aun estaba fresca en su 
memoria la muerte de su padre. El tiempo seguía tranquilizando 
los ánimos. Por eso el X tecpatl 1424, tornaron las damas de Mé- 
xico á rogar á Tezozomoc, diese al príncipe alguna de las casas de 
0a padre, con algunos pueblos ó lugares para servirle y sustentarle. 
Tal confianza en sus fuerzas y tal desprecio por el poco valer de 
Nezahualcoyotl había cobrado el tepanecatl, que accedió á lá nueva 
demanda concedi^do el palacio de Cilan de Texcoco, con cuatro 
logarejos de servicios, á condición de no pasar de las tres ciudades 
aeignadas como por cárcel. Nezahualcoyotl pasaba libremente de 
México á Texcoco, en donde reanudaba relaciones con los antiguos 
servidores de Ixtlilxochitl. El astuto viejo perdía el tino teniendo 
al mozo por 'olvidado de su venganza; pero, como observa el cronis- 
ta: "Tezozomoc se engañó, porque Nezahualcoyotzin, aunque per- 
*<0eguido, toda la tierra hacía mucho caso de él y lo tenían en lo 

(1) Sélaoion d« Fr. Bemaidino. MS. 

tí) 10. ^ Béladon de Tet80izomoo.-*SBst. Cidümeca» cap. 20. 

TOM. in.— 27 



2Í0 

"que era i*azon, como á su legítimo sefior, especialmente los que 
"eran fieles vasallos y amigos leales." (1) 

Hacia fines del XII tochtli 1426, una madrugada á H salida del 
lucero del alba, soñó Tezozomoc veía á Nezahualcoyotl convertirse 
en águila caudal, le rasguñaba la cabeza, y le sacaba j comía el co- 
razón. Soñó también al día siguiente verle trasformado en tigre, 
que con uñas y dientes le destrozaba los pies y luego se metía por 
aguas, montañas y sierras, haciéndose el corazón de ellas, inquieto 
por aquellos agüeros, reunió á sus adivinos, pidiéndoles la cx*plica- 
cion de los malos sueños; astrólogos y agoreros respondieron: signi- 
ficaba el águila real, que Nezahualcoyotl destruiría su casa y linaje; 
el tigre, que Nezahualeoyotl destruiría y asolarla la ciudad de Azca- 
potzalco y reino tepaneca, y se haría señor de todo, como lo daba i 
entender al convertirse en corazón de las aguas y montañas. Al * 
viejo usurpador aun durmiendo le hablaba su conciencia, y la expli- 
cación de los adivinos fué tomada del sentimiento común derramado 
por los pueblos del Valle. Oida la interpretación, Tezozomoc reunió 
á sus tres hijos Tayatzin, Maxtla y Tlatocaicpaltzin, á quienes ex- 
puso los males sobre ellos suspendidos, aconsejándoles para conjurar- 
los dieran muerte á Nezahualcoyotl cuando la ocasión se presentase, 
aprovechando sus funerales ya muy próximos. (2) 

Poco tiempo sobrevivió el tirano, y sintiendo cercano su fin, hizo 
llamar á sus hijos, reyes y señores vasallos, haciéndoles entender su 
voluntad en dejar por señor del reino á su hijo segundo Tayauh, 
conservando Maxtla el señorío de Coyohuacan, y señalando al me- 
nor pueblos que gobernase: á sus hijos encargó de nuevo matasen á 
Nezahualcoyotl cuando viniera á las exequias. *'A los cuatro días 
"primeros del año que llaman Matlactliomei Acall^ y otros tantos 
"de su primero mes llamado TT.acaxipehnaliztli y en dia de Ce 
^^Cozcacuauhíli, que es el año do 1427 de la Encarnación de Cristo 
"Nuestro Señor, á los 24 de Marzo, falleció Tezozomoc en la ciudad 
"de A^capotzalco." (3J Dicen haber reinado 180 años y vivido máfl 

t t 

(1) IxtlilxQcbitl, 10 f relaciou de Tetzotzomoc. . 

(2) iíxilihvochitl, 10. ^ relación da Totzotzomoc. MS.--HÍHt. Cliichiui. cap, 21.— 
Toiqüemada, lib. II, <ftp. XXIV. ' ' 

(3) Ixtlilxochitl, Hist. Cliichim. cap. 22. — Aparece por este cómputo, que los tei- 
coctmos couienzaban el año á 20 de Marzo y por el mes Tlacaxipehualiztli. No ha- 
biendo llegado á nuestras mimos el calendario cdúiplfito de lo8:acólhUa, liada po^ 
mos hacer fuera de ad,optar las citas en la forma escrita pot el cronista de XexgociQ., 
SI sifi^ma eia sin duda diverso del M(£xica. 



de trescientos, estando ya tan decrépito j aqabado, ^'que ya no dor- 
'^inia en cama, ni se ventaba en silla; pero estaba metido en una 
^*como cuba hecha de mimbre, entre algodón j humo de tea (que 
^'todo es muy caliente), y de esta manera era tenido, y reverencia- 
^'do,, y servido de sus vasallos." (1) Acerca de estas longevidades 
tenemos dada opinión: la verdad es, que aquel decrépito conservó 
firme la cabeza hasta morir; flaco de cuerpo, por su ánimo robusto 
sesupo imponer á cuantos le rodeaban; conjunto de muchos vicios 
y pocas virtudes, pasaba la medida del verdadero tirano: á no estar 
empapado en sangre y haber faltado siempre á la fe de caballerO| 
seria %ura grande en los pueblos del Yaile. 

Los tepaneca estaban ya iniciados en la religión de los azteca, 
practicando públicamente el culto. Asi, durante la enfeimedad de 
Tezozomoc, cubrieron el rostro de Tezcatlipoca con una máscara de 
turquesa, que no le quitaron hasta después de fallecido el rey. Los 
hijos y deudos del difunto participaron el suceso ¿los señores tri- 
butarios, quienes vinieron trayendo ricos presentes 6 mandaron re- 
presentantes los impedidos de venir en persona; los principales asis- 
tentes fueron Cliimalpopoca de México, y Tlacateotl de Tlatelolco* 
Lavado el cuerpo con agua de yerbas olorosas, fué vestido con las 
insignias reales, poniéndole unas sobre otras hasta diez y siete man- 
tas ricas, encima de las cuales colocaron otra más fina cotí la ima- 
gen de Tezcatlipoca: sentaron el cadáver sobre una estera, en la 
boca le introdujeron una joya y cubrieron el rostro con una máscara 
de turquesa que era retrato del rey. Pasados cuatro dias en reci- 
bir el pésame de los vasallos, en oracionts y sacrificios, el cuerpo 
fué llevado al templo mayor, quitado un mechón de cabellos de la 
coronilla, conservada siempre como recuerdo, los despojos fueron 
quemados, quedando recogidas las cenizas en suntuosa caja: cuatro 
sirvientes recibieron la muerte para ir acompañando á su dueño á 
la otra vida. (2) 

Terminados los funerales^ Tlacateotl, como el más caracterizado 
de los concurrentes prepuso fuese jurado Tayauh señor de la tierra, 
por ser <^sta lafvoluntad del difunto monarca. Maxtla,tan atrevido 
y resuelto como débil aparece su hermano, se habí^ tomado la mano 

4 

(1) Torquemada, lib. II, cap. XXIV.— 10 f relación de Tetzotzomoo. 
(2; Kelacion 10 f de Tetzotsonoo. BÁsL K^oldnik» 9»^^ 22.4-To]K|u92)a!ada, lib. 
II, cap. XXV. , '/^ ;... /:./í ,.';.. 



212 

en disponer lo concerniente al entierro, ocupando el palacio con sus 
parciales; así, oyendo la propuesta de Tlacateotl, dispuesto como 
estaba, respondió con altanería s^ír él el primogénito, por lo cual le 
pertenecía el trono dé derecho, y no dejaría ocupar su lugar á Ta- 
yatzin, incapaz de regir tan grande imperio. Grande alboroto hubo 
entre los nobles congregados oyendo tan resuelta determinación; los 
unos, ú cuya cabeza se pusieron Chiraalpopoca y Tlacateotl, apelli- 
daron do Tayauh, mientras el mayor número se puso del lado 
de Maxtla. Este había tomado las medidas necesarias para sostener 
8U intento, su géuio iraéúndo lo hacía temer de todos, y sus guerre- 
ros, con la amenaza de destruir A sus enemigos, determinaron la 
cuestión: Maxtla fué reconocido y jurado señor do la tierra. Chi- 
malpopoca y Tlacateotl tuvieron que ceder á las circunstancias; na* 
da por entonces tuvieron que sufrir; mas era fácil de entender ha- 
bían incurrido en el enojo del usurpador. Nezahualcoyotl concurría 
á las exequias como pariente del finado, aunque sabiendo el peligro 
que le amenazaba; avisáronle de lo mismo Chimalpopoca y Mote- 
cuhzoma; mas los disturbios que por motivo de la proclamación si- 
guieron le hicieron olvidar de sus perseguidores, pudiendo retirarse 
libremente en medio de la confusión. (1) 

Pocos dias después Tayauh vino á Tenochtitlan: en la plática 
díjole Chimalpopoca: ^'Maravillado estoy, señor, de que estés expe- 
"lido de la dignidad y señorío que te dejó nombrado el emperador 
"Tezozomoc tu padre, y que tu hermano Maxtla se haya apoderado 
"de él no perteneciéndole, pues no es más de señor de Coyohuacan.'* 
** — Respondiólo Tayatzin: "Señor, cosa dificultosa es recobrar los 
"señoríos perdidos, poseyéndolos tiranos poderosos." — Replicó Chi- 
"malpopoca: "toma mi consejo, pues es muy fácil; edifica unos pa- 
"lacios y al estreno de ellos lo convidarás, y allí lo matarás con 
"cierto artificio, y yo te daré la orden que para ello has de tener." (2) 
Tayauh había llevado consigo un enano Jlamado Tetontli, el cual, 
como era de noche, pudo escuchar oculto la conversación, imponién- 
dose de los pormenores de la trama; vuelto Ta}'auh á Azcapotzalco 
dispuesto á poner en práctica el consejo, Tetontli lo descubrió á 
Maxtla, recibiendo dones y promesas en premio de su desleatad, 

(1) IzaUxoohitl, 105 idaoiom de Tetzotzomoo. IfB. 

(2) IztUlxQObitl Sist, CJüolújn, cap, 22. MS. 



913 

Aun cuando Af axtla ceirara los ojos á la djenuncia, quedó convQn- 
joiáo plenamente al presentarse varios obreros médica j de Goyo* 
, huacan pidiéndole licencia para labrar unas casas para su se^r; 
otorgóla el tepaneca, y para prevenir el golpe, y aun herir por los 
misinos filos, ordenó á sus subditos ayudaran en la obra, mostrán- 
dose regocijado en concurrir al intento. Terminadas las casas ea 
menor tiempo del imaginado por los conjurado^, Maxtla tomó de 
«u cuenta la fiesta del estreno, convidando á Tayatztn y á muchos 
nobles; Chimalpopoca y Tlacateotl fueron invitados igualmente, 
aunque entrambos recelosos ó avisados, se excusaron de asistir al 
banquete. Tayatzin cayó en el lazo, presentándose confiado cualsi 
de nada le acusase el corazón; en lo más regocijado de la fiesta en- 
ttaron algunos guerreros tepaneca, dando muerte al malaventurado 
principó, terminando de este modo salvaje la vida del legitimo he- 
redero de Azcapotzalco. (1) Nada tuvo éste que envidiar á los con- 
vites de Nerón. 

£1 odio de Maxtla contra Chimalpopoca, si no era justo, era por 
lo menos motivado: lo tenía por cómplice en una trama para qui- 
tarle la existencia, sin embargo de lo cual disimulaba esperando sin 
duda descubrir la actitud tomada por la tribu. Chimalpopoca tam- 
poco se daba por entendido de su culpa, disimulando igualmente la 
zozobra en que le tenía el trágico fin de Tayauh. En estas circuns- 
tancias llegó el tiempo de pagar el pequeño tributo al cual estaban 
obligados los tenochca en señal de reconocimiento, y Chimalpopoca 
le envió con sus embajadores, con expresiones de aprecio y vasallaje. 
Recibióle Maxtla entregando en respuesta un aaeitl y un huipilli^ 
de la más grosera estofa, con lo cual motejaba á Chimalpopoca de 
cobarde y afeminado. Era la mayor afrenta que podía hacerse á un 
guerrero, al señor de una tribu de soldados, no obstante lo cual señor 
y tribu devoraron su afrenta en silencio por un rasgo de incompren- 
sible cobardía. Pocos dias después, por industria de Maxtla vinie- 
ron algunas de sus mujeres á Tenochtitlan, hicieron visita á las 
espolias de Chimalpopoca, y de regreso á Azcapotzalco convidaron á 
la más hermosa de todas y querida del rey, la cual accedió por ser 
de recíproca cortesía: llevada á la corte tepanecatl, Maxtla la hizo 



(1) JxtlUxoohitl, 11. <^ relación de Mazüa. MS.— Torquemada, Ub. IX, oap. 
XXVI. 



214 

violencia, tomándola con vilipendio á poder de su marido. (1) Tam- 
poco esta nueva afrenta hocha á su sefior fué parte para determinar 
á los méxica á tomar las armas. 

Sin medios para' vengarjse, seguros de ser perseguidos por Maxtla 
hasta perder la vida, Chimalpopoca determinó suicidarse. Un caba- 
llero, llamado Tecuhtlehuacatzin, recordando el sacrificio hecho por 
sus antepasados en Atlauhpulco, le aconsejó, "fuesen al patio del 
** templo mayor y allí hiciesen demostración de quererse sacrificar & 
"los dioses, con lo cual echarían de ver el intento de sus vasallos, 
"porque sabiendo la causa de su sacrificio, si les querían bien no lo 
"consentirían, sino que antes todos se pondrían en armas para de- 
"fenderlo; y si viesen en ellos tibieza, prosiguiesen y se sacrificasen 
"á los dioses, que les serla de]mayor gloria morir en sacrificio, que 
"venir á las manos del tirano." (2) Aceptada semejante determiba- 
cion, señores y damas determinados al intento se vistieron en traje 
de diversas divinidades, tomando Chimalpopoca el traje de Huitzi- 
lopochtli; idos al templo y preparados los sacerdotes, comenzaron un 
baile místico al rededor del ídolo, y ejecutadas ciertas ceremonias, 
la víctima á quien por orden tocaba, se ponía junto al techcatl, sa- 
crificándola los ministros en la fofma prevenida por el ritual. La 
novedad del caso había atraido á la multitud, la cual miraba asom- 
brada, aunque tranquila; sólo el guerrero Montecuhzoma quiso opo- 
nerse, siendo inútiles sus amonestaciones. Seguía el baile al com- 
pás de los instrumentos y cantos fúnebres, cayendo sucesivamerite 
sobre el ara los hombres y las mujeres destinados al sacrificio; fal- 
taban ya solamente dos, Tecuhtlehuacatzin y Chimalpopoca, cuan- 
do una turba de guerreros penetró en el recinto sagrado, se apo- 
deró del rey y de su compañero, sacándolos violentamente do la 
ciudad. Eran soldados de Maxtla, quien sabedor de la resolución 
tomada por su enemigo, no queriendo pereciera en aquella manera 
honrosa y voluntaria, le hacía arrancar de los pies de su divini- 
dad. (3) Causa verdadero asombro ver á los tenochca, tribu belicosa 
y fiera, sufrir tamaños insultos sin dar señales de su acostumbrada 
virilidad. Fué una •verdadera cobardía haber dejado penetrar un 

(1) Torquemada, Ub. II, cap. XXVn. 

(2) Iztlilxochia, Hist Ohiohim. oap. 23. MS. 
(8) Torquemada, lib. II, oap. XXVIII. 



Y 



pafiado do tepai^cca en la ciudad j llevarse preso al rey, sin inten- 
tar siquiera defenderle. iTan apocados estaban, que faltaron sacer* 
dotes, de los que con Huizilopochtli hablaban, para trasmitir ¿ la 
^^c^eif.UtQibr^ los^ mai^datos del dios? ¿Faltaban caudillos anesta- 
4op^ para conducir los guerreros al combate? Verdad es que las na- 
cíqi^i como los hombres valientes^ tienen momentos menguados en 
que les entra el miedo. 

L]€)gad.os los presos á Azcapotzalco, Tecuhtlehuacatzin fué 
mu<^to, y Chimalpgpoca colocado en el cuauhcalli (1) público, 
i]^QÍbiendo muy escaso alimento. Maxtla, teniendo ya en su poder 
á BU principal enemigo, dirigió sus esfuerzos contra Tlacateotl y Ne- 
^^i^^lcpyotl. Al efecto mandó llamar á éste bajo pretexto de tratar 
gqn é] negocios de importancia. Nezahualcoyotl atravesó, el lago y 
yÍQ0 A Tlatelolco, desembarcó en el barrio de Contlan, dirigiéndose 
e{^ seguida á, la casa de su amigo Chichincatl; entrambos conferen- 
filaron acerca de los sucesos de^ aquellos dias, quedando inforniado 
i»! príncipe del grave peligro oculto en el llamado del tirano. No 
iObstante, Nezahualcoyotl se dirigió á Azcapotzolco, á donde llegó de 
no^he, yéndose inmediatamente á la casa de Chachaton: era éste un 
i^noiano, privado y familiar de Mp.xtla, sobre quien tenia gran influ- 
jo Qoxüo su consejero, y era ademas muy aficionado del príncipe 
^ulhua. Ofrecióle el viejo ser su padrino y amparo, para lo cual 
¡^revendría al tepaneca; hízolo así, y Nezahualcoyotl fijié recibido 
amigablemente por Maxtla. (2) . 

Nezahualcoyotl se presentó sumiso, y dijo entre otras razones al 
monarca: "Poderoso señor, bien entiendo y conozco que el gran peso 
"del gobierno del imperio te tendrá afligido: vengo á pedirte y su- 
"plicarte por el rey Chi»alpopoca, mi tio, á quien como pluma pre- 
"oiosa que estaba puesta sobre la imperial cabeza, la tienes quitada 
"y el collar de oro y pedrería que tu cuello adornaba, lo tienes des- 
batado y en tus manos asido y apretado: te suplico como á piadoso 
*'rey eches en olvido la venganza y el castigo, y pon los ojos en el 
^^d^sdiohado viejo, que está su cuerpo enflaquecido y desamparado 
^*de los bienes y fuerzas de la naturaleza." — Maxtla dijo entonces 



[l] Ouau/uoaUt, casa do madera. Era especie de jaula fcnrmada de vigas gmesas, 
destinada i encerrar los criminales; lugar equivalente i la cároet 
(3) Tovqnemada, lib. II, oap. XXYIII. 



2W 

á Chacha. '^Nezahualcoyotl, mi hijo, es verdadero amigo mió, pues 
"pide eche en olvido mi venganza, vosotros los tepaneca, ¿cuándo 
**diréi8 otro tanto?" Y volviéndose á Nezahualcoyotl, dijo: "Prínci- 
''pe, no te entristezcas que no es muerto Chimalpopoca, anda á ver- 
tió y visitarlo, que yo lo prendí por los alborotos que andaba hacien- 
"do y mal ejemplo que dio d la gente popular. Y tú. Chacha, vé coa 
"él para que los de la guarda se lo dejen ver." (1) 

Con este permiso, Nezahualcoyotl encontró abiertas las puertas 
del cauhcalli; tierna fué la entrevista entre rey y príncipe: refíriéle 
Chimalpopoca el origen de sus males, las penas sufridas, cómo su 
suerte ningún remedio humano tenía; aconsejóle estuviese alerta 
contra Maxtla, pues no obstante su conducta solapada, sólo preten- 
día quitarle la vida; recordóle la obligación en que estaba de tomar 
venganza por la muerte de su padre y recobrar el trono de sus ma- 
yores; recomendóle conservara estrecha amistad y alianza con los 
méxica, pues de su unión vendría el exterminio del tirano. Termi- 
nada la plática, Chimalpopoca le regaló el bezote de oro que traía 
puesto, heredad de Huitzilihuitl, los zarcillos y preseas, que aún 
conservaba, despidiéndose con lágrimas: Nezahualcoyotl se retiró 
apresuradamente Á Texcoco sin ponerse de nuevo en presencia de 
Maxtla. Abandonado y solo, ludibrio de un enemigo encarnizado, 
Chimalpopoca determinó no dejar á arbitrio del tirano lo único de 
que aún libremente podía disponer, y librándose de mayores afren- 
tas *se ahorcó con su maxtlatl de las vigas de la prisión, aquel alio 
tan fecundo en sucesos XIII acatl 1427. (2) 

(1; Ixtlilxoohitl, Hist. Chichira. cap. 23. MS. 

(2) Torquemada, lib. II, cap. XXVHI.— IxtlilxocLitl,* Hist. Chichini. cap. 28, 
asegura que Chimalpopoca íu^ puesto en libertad por ios ruegos de Nezahualcoyotl, 
y que después fué muerto en su palacio de Me'xico por los soldados tepaneca [cap. 
24.] La misma versión siguen respecto de esto último el Cúd. Bamírez, Duran, 4o.: 
mas á nosotros parece mejor la opinión de Torquemada, con fundamento de las pin- 
turas por éi consultadas. 

Hemos dicho no estar conformes los autores em la cronología de los tres prímeitM 
reyes de México, notándose mucho menor discordancia de Itzcoatl en adelante; para 
seryir de comparación, formamos la siguiente tabla: 

AeamapictU, HuiUiUhuUl, Chimaipopoca, 

CiSdioe Mendoeino, 137C-1396 1396-1417 1417—1427 

Historia sincróniea de Tepechpan „ — ,, ,» — „ 1417—1496 

Códices TeUeriano-Bemense y Vaticano. ... ISGC— 140G 140C— 1414 1414—1426' 
PinturaAubin 1376^1395 1396—1416 1417—1424 



' Muerto Chímalpopoca tan ein alboroto de los Méxica, Maaila en- 
vió una partida de guerreros tepaneca á Tlatelolco para dar muerte 
á Tlacateotl; sabido por éste, se embarcó en un aoalli con buena 
parte de sus riquezas, dándose /i huir por el lago con direecioa á 
Texcoco. Informados los tepaneca de la fuga, embarcáronse tam- 
bién, forzaron los remos, y alcanzando al fugitivo en mitad del lago 
lo ínataron á lanzadas. (1) 

Muertos sus monarcas, las dos tribus de las islas, aunque oon al- 
guna vacilación y aún parece tras un corto interregno, eligieron 
quien las rigiese. Los tlatelolca nombraron por seüpr ú Cuauktla- 
toa, hijo del monarca anterior. En México, reunidos los ancianee y 
señores, uno de ellos hizo presente la necesidad de escoger una per- 
sona valerosa y pmdente, con las prendas necesarias para kacer 
frente á la difícil situación de la ciudad. Después de maduro exa- 
men, )a elección recayó en Itzcoatl, hijo de Acamapictli y de la es- 
clava de Azcapotzalco, aunque bastardo, lleno de prendas reelevan- 
tes: el pueblo confirmó gustoso el nombramiento. Era el electo de 

Unadelftsr^aoioneefranciBoanas 1373 1373—1406 1406—1437 

Otra relación franciscana 1327—1373 1373-1406 1406—1427 

Pr. Gerónimo de Mondieta 1375—1806 1396—1417 1417—1427 

P. José dfe Acosta 1384-1424 1424—1437 1437— 148T 

Antonio de Herrera „ — ,, ,. — ,, „ — ,t 

Enríoo Martínez ,, — „ ,, — ,, „ — ,, 

Gemelli Careri 1386— 14j6 1426—1439 1439—1439 

Pr. Bernardino de Sahagun 1869—1390 1390—1411 1411—1421 

Pr. Bemardíno, franciscano 1375—1395 1395—1416 1416—1427 

Pr. Diego Dnrán 1363—1408 1403—1416 1416—1426 

Pr. Juan de Torquemada 1871—1392 1392—1414 1414—1427 

D. Carlos d'í Sigüenza y Gongor^ 1301—1403 1403—1414 1414—1427 

Pr. Agustín Betancourt , , • - 1 1 i» — »i i> — n 

r. Francisco Javier Clavigero '. 1362-1889 1389—1410 141Q— 142S 

D. Fernando de Alva IxtUlxoohití 1230—1281 1281—1353 13:>3— 1424 - 

O .Mariano Veytia 1361- -1402 1403—1411 1414—1427 

Algunos de nuestros autores llevan la minuciosidad hasta fijar el dia y mes en qne 
comenzaron á reinar y murieron los soberanos: de esta son, Sigfien^ y Góngota, 
quien escribe: Acamapictli, de 3 de Mayo 1861 á Sdfi Diciembre de 140% Hnitaili- 
huiti, de 19 de Abrn 14Q4 á 2 de Pe/breco 1414; Chimalpopooa, de 24 de FebrexD 
1414 fi 81 de Marzo 1427. Betancourt sigue estas fechas, sólo que trastorna la relati- 
va á Huitzilihuitl, poniendo 1403 en vez de 1404. Veytia sigue estas fechas, aunque 
algunas corrige para ajustarías á su calendario. 

(1) Ixtlilxochitl, Hist. Chichim. cap. 24. ^é&tSBe en Torquemada, lib. ÍI, oap. 
XXX, otras diversas versiones acer«a de la iraerte de TlaaáteoU. 

TOM. III.— 28 



más de ouajenta año», **tan aat)io y valeroso por su persona, que ex- 
"cedía en valor y suerte í- todos los mexicanos, el cual hasta aquel 
"punto había tenido nombre de Tlacatecatl Tlacochoalcatl ó capi- 
"fcan general, y lo habla ejercitado con mucho valor y esfuerzQ en 
"las ocasiones que se hablan ofrecido." (1) 

Ungido Itzcoatl, puestas las vestiduras leales y colocado en la si- 
lla real, levantóse un anciano y le habló de esta manera: — "Hijo 
* ^nuestro, señor y rey, tenjánimo valeroso y estad con fortaleza y 
"firmeza, no desmaye tu corazón ni pierda el brío necesario para el 
"cargo real que te es encomendado: ¿quién piensas, si tá desmayas, 
"que ha de venir á animarte y á ponerte fuerzas y brío en Jo que 
"conviene al gobierno y defensa de tu reino y república? ¿piensas 
"por ventura que han de resucitar los valerosos de tus antepasados, 
"padres y abuelos? Ya, poderoso rey, esos pasaron, y no quedó sino 
^ia sombra de su memoria y la de sus valerosos coiuzones y la f uer- 
"aa de sus brazos y pecho con que hicieron rostro á las aflicciones y 
"trabajos: ya á esos los escondió el poderoso Señor de lo creado, del 
"aire y de la noche y el dia; ¿has, por ventura, de dejar caer y per- 
"der tu república? ¿has de dejar deslizar de tus hombros la carga 
"que te, es puesta encima de ellos? ¿has de dejar perecer al viejo y á 
"la vieja, al huérfano y la viuda? ¿hazlos, por ventura, de dejar pe- 
"recer? Animo, ánimo, valeroso príncipe: ¿de qué pierdes el anhéli- 
"to? Mirad que nos huellan ya Jas naciones y nos menosprecian y 
"hacen escarnio de nosotros: ten lástima de los niños que andan ga- 
"teando por el suelo, los cuales perecerán si nuestros enemigos pre- 
"valecen contra nosotros: empieza á descoger la manta para tomar 
"á cuestas á tus hijos, que son los pobres y gente popular, que están 
"confiados en la sombra de tu manto y en el favor de tu benignidad. 
"Está la ciudad de México Tenuchtitlan, muy alegre y ufana con tu 
"amparo, hiz^ cuenta que estaba viuda; pero ya resucitó su esposo 
"y marido, que vuelva por elía y le dé el sustento necesario: hijo 
"mió, no temas el trabajo y carga, ni te entristezcas, que el dios cu- 
"ya figura y semejanza representas, será en tu favor y ayuda." (2) 
La ceremonia tuvo lugar en el repetido XIII acatl 1427. Itzcoatl 
comenzó inmediatamente á entender y activar l^s cosas de la gue- 

(1) Torquemada, lib. II, cap. XXXIL 

(8) Dnrán, cap. VIIL--C<$aioe Baoírezr^ Ma 



ai9 

ira, y los tepaneca que en la elección vieren un acto agresivo, corta- 
ron toda comamcacion óon México y Tlatelolco, poniendo guardias 
en la cateada de TJacopán. * 

Desembarazado Maxtla de sus dos pritieipalee adversarios, fijó los 
cgos én Nezahoalcoyotl vivo todavía; de los tres destinados á la 
muerte por su rencor, éste le parecía el más débil, el más fSicil de 
«er derruido, y por eso' lo dejaba para el último. En efecto, las 
apariencias le daban razón. El joven Nezahualcbyotl llevaba- en su 
residencia de Texcoco, una vida disipada, y entretenido en frecuen- 
tes -fiestas, parecía no prestar atención alguna á los negocios públi- 
cos. En realidad, viviendo entre los hombres de su tribu, querido 
de suis antiguos subditos, servido por numerosos y fieles amigos, no 
dejaba de la memoria su venganza, extendiendo á lo lejos los com- 
plicados hilos de una conspiración secreta y bien urdida. Por estos 
dias, Nezahualcoyotl vino á Azoapotzalco, acompañado de su amigo 
Xiconocatzin. Al llegar al palacio vio mucha gente armada, lan- 
zas y rodelas arrimadas por las paredes; un capitán se adelantó y 
le dijo: "Bien venido seas, señor, que en este punto el rey nos 
manda á tu ciudad á buscar á Pancol que anda huido." Entran, 
do el príncipe, Maxtla le volvió la espalda; estaba platicando el rey 
con Quétzalmalin y Pochtlampa,. concubinas de Chimalpopoca, y 
acercándose el príncipe á presentarle unos ramilletes, no los admi' 
tió. Desconcertado el joven salió de la cámara; y como encontrara 
á Chacha, quien le informó del peligro, dejando en una puerta á Xi- 
conocatzin, se entró á los jardines del palacio, en una pieza inmedia- 
ta horadó el techo, que era pajizo, y saltando á las calles se puso li- 
geramente en cobro, tomando la dirección de Tlatelolco. Poco des* 
pues negaron los guerreros preguntando á Xiconocatzin por su se- 
fior; respondióles que estaba ocupado n6 lejos, y como le ordenaran 
fuera á llamarlo, pudo sin peligro tomar la puerta, poniéndose tam- 
bién en salvo hasta unirse con su amigo. Los engañados guerteros 
buscaran inútilmente por todas partes; y aunque desciíbrieron la 
dirección tomada por los fugitivos, y los persiguieron, no lograron 
darles alcance. Neíahualcoyotl y Xiconocatzin sé embarcaron eil 
Tlatelolco, llegando salvos á Texcoco. Rabioso Maxtla por habei 
8Ído borlado, hiaso matar ¿ todos los guerreros de la guardia. (1) 

(1) Ixffilxoobiti, Hisi. CMcliim. cap. 24. M8. 



220 

Maxtla ganó á Yancuiltzio, hermano bastardo de Nezahuaicoyotl, 
y entrambos concertaron hacer un baile y banquete, al cual fuera 
convidado el príncipe, para darle ahí la muerte. No quedó el caso 
tan oculto, que no llegara á noticia de Huitzilihuitl, caballera tex- 
cocano dado á la astrología, ayo de Nezahualcoyotl, por cuya in- 
dustria escogieron un mancebo natural de Coate pee, provincia de 
Otompa, de la misma edad y gran parecido ^\ príncipe, á quien 
durante algunos dias enseñaron los modales y apostura de la perso- 
na á quien iba á representar. Llegada la noche señalada para la 
fiesta, Yancuiltzin que venía por su hermano, llevó al mancebo de 
Coatepec, tratóle con ^an comedimiento, y á la tercera vuelta que 
en el baile daba, le mató un capitán tepanecatl, con una porra: 
cortada la cabeza al desgraciado, enviándola por la posta á AzxiSh 
potzalco. Engañado Maxtla como los deuias, y ufano de verse libre 
de su enemigo, á fin de aterrar á los tenochca, hizo partir sus men- 
sajeros á México, para presentar al nuevo rey Itzcoatl, el sangrien- 
to despojo. Al entrar en la sala del palacio, los enviados quedaron 
-llenos de asombro; Nezahualcoyotl estaba sano y salvo dando los 
plácemes li Itzcoatl por su elección: sin habla y avergonzados no 
acertaron á dar el mensaje, retirándose mortificados después de de* 
cirios Nezahualcoyotl: *'No lograréis matarme, porque el alto y po" 
"deroso Dios me ha hecho inmortal." (1) 

Burlado siempre Maxtla por la astucia de su enemigo, resolvió de- 
jarse de celadas, recurriendo á guerra descubierta: con esta resolu- 
ción nombro ouatro capitanes de su confianza, con buen grueso de 
guerreros y orden de ir á Texcoco, para matar al príncipe en donde lo 
encontrasen. Súpolo á tiempo Nezahualcoyotl, no obstante lo cual, 
llevado por el placer de tentar aquellos lances peligrosos, resolvió es- 
perar, no sin prepararse aconsejado por sus amigos. Cuando los tepa* 
ñeca llegaron á Toxcooo, jugaba á la pelota Nezahualcoyotl, á la puer- 
ta de su palacio de Cillan; así tuvo tiempo para entrarse sosegada- 
mente dentro de las cámaras. Coyohua, (2) recibió á los capitanea^ 
llevándolos á los aposentos interiores, en dónde el príncipe los admr 
tió cortesmente dándoles ramilletes y rollos de liquidámbar para 

(1) IxtlilxoohtU, HÚBt. Chiohim. cap. 25. US. 

(2) Era éste irn anciano, gran servidor y amigo de KezahnalCDyoU, á quien Max- 
tla procoró corromper muchas veeas, con dádivas y promesas, sin lograr otra oom 
que evasivas más ó menos aparentes de verdad. Anales de Ouaahtitlan. MS. 



famar, rogándoles d^ecanfiasen mientras les servían de comer. Los 
sicarios, segtiros de no ser fácil se escapara la presa, pues tenían ro- 
deado de soldados el edificio;> no vieron inconveniente en diferir la 
matanza para después de la comida, pues por entonces estaban pre- 
sentes los muchos criados de la servidumbre. Sirvióse la comida. 
Colocándose Nezahualcoyotl en la pieza inmediata, frente á la puer- 
ta de comunicación, sentado tranquilamente en el tlahtocai^palli ó 
silla real, usada por los señores de distinción: los capitanes, un ojo 
en las viandas, otro en la víctima, espiaban el momento oportuno. A 
tiempo dado, Coyohua se colocó en el claro de la puerta, sacudió 
después la manta diversas veces desprendiendo el polvo, le quitó re 
posadamente algunas motas, y embozándose en seguida, salió á pa- 
sos contados del aposento. Los capitanes, advirtiendo no estar ya 
en su asiento, se figuraron que Nezahualcoyotl había cambiado de 
sitio; esperaron, mas no escuchando nada, entraron d la sala y la 
encontraron completamente vacía: salieron alborotados apellidando 
á los guerreros, buscaron sin fruto á todos lados, sabiendo después 
de mil pesquisas, que los fugitivos iban camino de Coatlichan. 
Tras el tlatohcaicpalli^ .había en la pared un agujero practicado 
de antemano; por aquí salió Nezahualcoyotl, por el cafio del agua 
del palacio ganó el campo, y reunido con Coyohua tomó en efecto 
para Coatlichan. (1) ■ • 

Al saber Maxtla la inutilidad del golpe, mandó buscar por todas 
partes al prófugo, ofreciendo á quien vivo ó muerto le entregara, 
siendo soltero, mujer hermosa y noble con pueblos y señorío; si ca- 
sado, pueblos y riquezas, esclavos y esclavas: cuantos codiciaron 
ganar el premio se pusieron ea tropel á registrar por pueblos, cam- 
pos y montañas. (2) Pero el pregón precipitó los sucesos; colocado 
Nezahualcayotl entre la vida y la muerte, se decidió á morir resuel- 
tamente al frente de sus parcialea* envió mensajeros en todas di- 
recciones avisando á sus amigos aprestaran sus fuerzas, dispoBÍén- 
dose él en persona, á recorrer los lugares adictos á su causa, aleján- 
dose hasta ias provincias distantes. Su edad, su simpática presen- 
cia, el recuerdo de sus desgracias, su vida romancesca, lo hacían 
amado de los aóolbua, por ser la esperanza de su nacionalidad; por 

(1) LcÜOxoehitl, Hist. Chiohin}. oap. 25.— Torqtiemada, Ub. II, oap. XXXI] 
^) IztUIxociifliy BM* (Aicidm. oap. 26. MS. 



202 

eso encontraba donde quiera ardientes partidarios. La empresa 
siu embargo era arriesgada, por la multitud de partidas que le se- 
guían los pasos, de donde salió esa peregrinación zozobrosa y llena 
de peripecias novelescas é interesantes. 

Alcanzado Nezahualcoyotl por sus perseguidores en Coatlichan, (1) 
los moradores, tejedores de mantas de nequen, lo escondieron entre 
éstas, y aunque muchos fueron maltratados, y Tuchmatzin jefe 
de los tejedores y la señora principal Mutlalitzin muertos, nin- 
guno confesó haber visto ni sabido de su scuor. (2) Dejado atrás 
Coatlichan, encumbrando uua loma, fué descubierto por sus per- 
seguidores; una mujer que en un campo cercano segaba chiun^ 
lo ocultó debajo de la parva, preguntada por los soldados, res- 
pondió que el príncipe acababa de pasar tomando el camino de la 
montaña. Aquella noche durmió en Tetzcotzinco, reuniéndosele al- 
gunos guerreros de su devoción; á dos de ellos mandó por mensaje- 
ros á. Chuleo y Tlalmanalco, pidiendo socorro á los respectivos seño- 
res. Empezando á entrar en la .montaña, durmió la noche siguiente 
en Matlalkn, recibido con amor por el señor Taixpan: con el mis- 
mo cariño le aposentaron en los lugares del tránsito. (3) 

Rindió jornada en la montaña en Zacaxachitla, pueblo de oto- 
míes, mandudo por el señor Coacoz. Mirando llegar á los teim- 
neca, Coacoj; reunió apresuradamente algunas personas, forman- 
do un baile, y coloc¿indo á Nezahualcoyotl dentro del huehuetl^ 
comenzaron á tañer y cantar. ''Llegados que fueron los tepane. 
**cas les dijeron: ¿(iué buscáis? Ellos dijeron, que al príncipe 
**Nezahualcoyotl. Coacoz les dijo, que aquel puesto no era para los 
^'príncipes que en la ciudad asistían y moraban, y que ellos debían 
"de ser algunos salteadores, pues venían armados y traían aquel 
''achaque; y empezando á apellidar ¡su gente, embistieron con ellos, 
"echándoles, los cuales se fueron huyendo, heridos los más de 
"ellos." Pasada la refriega, Coacoz ocultó á Nezahualcoyotl en una 
choza escondida en el monte, y como el príncipe le significara la an- 

■ f . . ' * 

(1) '*fíl difi q'ie NoznhnalcoYotzin se esrnpó por la mina o agfnjero que tcuía hi- 
ncho, se decía Ce cueízpUliu ú los do-v dia^ iuid.J'/í, do .su iiltimo iiics llanuido Hn. 
"eitecuhilhuitl, que es conforme a nuestra cuentii á iO do Julio dul año que atrás 
'*queda dicho." (U27). Hist. Chichim. cap. 20, iMS. 

(2) Torquemadfl, lib, II, cap. XXXI. ' ■ \ \ 

(3) IxtlilxochiU, Hiíit. Chichim, cap. 26.— -Torquemada, lib. II, cap. XXXUL 



V 

\ 

gustia en qhe estaba por no súber Ae bus mujeres, el valeroso oto* 
míe, partió para Texcoco, habló á las damas, les hisso tomar vesti- 
dos humildes y las 'trajo itjalvas, no sin correr en el camino algunos 
peligros. Nezahualcoyotl dejó el lugar, llevando algunos otomíes por 
batidores. (1) 

Como lo seguía buen número de sus partidarios, los tlespidió en 
Tlecuilac, para quedarse solo y ser así menos sentido; de la monta 
nade Huilotepec, envió un emisario á pedir socorro á los de Huexo. 
tzingo, apercibiéndoles le mandaran á Calpulalpan. Alcanzado por 
una partida de tepaneca en unos campos más allá de la moj^aña, 
se ocultó entre unas matas de saúco; llegados los soldados pregun- 
taron á un aldeano que por ahí pasaba, si había visto al fugitivo, á. 
lo cual respondió negativamente. Idos los guerreros y salido de su 
escondite Nezahualcoyotl, le preguntó al aldeano, si conociendo al 
príncipe se aprovecharía de las proraesas hechas por Maxtla; rióse 
de ello el campesino, asegurando no faltaría por el oro del mun" 
do, á la felicidad debida á su soberano. Siguiendo por varios luga a 
res llegó finalmente á Tlaxcalla, en donde fué francamente acogido 
por las cabezas de la señoría. (2) 

Éxito pronto y completo alcanzó Nezahualcoyotl en su correría: por 
amor á la persona del apuesto príncipe, ó en odio á la usurpación y 
tiranía de Maxtla, las provincias todas del otro lado de las montañas 
del Valle, se apresuraron A enviarle su contingente de guerreros. Loa 
tlaxcalteca construyeron en Calpolalpan, nueve leguas de Tlaxcalla 
ysiete de Texcoco, un buen número de chozas, por ser aquel el pun- 
to de reunión señalado, y bien pronto fueron llegando unos tras 
otros, los soldados de la república y de JÍacatlan, Tototepec, Tepe" 
polco y Cempoállan, prometiendo los de Huexotzinóo, Cholollan y 
Chalco, estar sobre Coatlichaú el dia señalado para expugnarlo. (3) 
Terminados los preparativos, el ejército dividido en tres fraccio- 
nes Hc adelantó por los pueblos de Ahuatepec y Zoltepec, y llegados 
al país enemigo se dirigieron á los puntos á que estaban destinados; 
Tlaxcalteca y huexotzinca cargaron sobre Acolman, y en despecho 
de la resistencia opuesta por los habit<rnteg y la guarnición tepane- 

(1) 3ist Chjcbim. cap. 2^. M§^. • 

(2) Ixtlilxochitl, Hist. Chichim, cap. 27.— Torquemada. lib. II, -cap. XXXIIU • .. 

(3) IxtK&ó.hitl y Torquemada, kxío^ctt 



2!I4 

ca, la ciudad fué tomada por asalto, su señor Teyocaltzin fué muer- 
to por mano de Temoyahuitzin, jefe de los huexot^inca, quedando 
saqueadas, incendiadas y destruidas las caeás y el teocalli. Los 
chalca se pusieron sobre Coatlichan, ciudad tomnda con idénticos 
estragos: Q,uetzamalquitztli, con sus más bravos capitanes, se hizo 
fuerte en el templo mayor, y aunque valientemente se defendió, fué 
vencido y muerto precipitado de lo alto con todos sus guerreros. Ven. 
cidos aquellos lugares, fortalezas principales de los tepan'eca, Neza- 
hualcoyotl, con el grueso de los coligados, avanzó sobre Texcoco. 
Mand^Jba en 1í> ciudad Yancuiltzin el bastardo, nombrado por Max- 
tla gobernador de la plaza en premio de sus pasadas traiciones: los 
habitantes, partidarios todos del príncipe, salieron en forma de su- 
plicantes, viniendo los ancianos, las mujeres grávidas y las madres 
con niños pequeños en los brazos á implorar la piedad de! vencedor; 
sólo resistió la guarnición tepaneca y los aculhua de su bando. No 
obstante la brava resistencia por ellos opuesta, fueron todos pasados 
á cuchillo, quedando Nezahualcoyo ti señor de la ciudad. (1) De es- 
ta manera, en una breve y feliz campaña, recobró el afortunado prín- 
cipe el trono de sus mayores; llegó al término de sus padecimientos, 
se hizo rey y pudo en adelante combatir frente á frente con el usur- 
pador. Organizada la capital, puestas guarniciones en las fronteras, 
los contingentes auxiliares se retiraron á sus provincias ricos con los 
despojos tomados en las ciudades aculhua. Siempre paga el pueblo 
los gastos de la guerra, sea á quienes lo atacan, sea á quienes lo de- 
fienden. (2) 

Maxtla procedía con descuido. Al saber la huida de Nezahualco- 
yotl para Tlaxcalla, parecióle de poca consecuencia; puso á Yancuil- 
tzin á gobernar en Texcoco, pensando en ello ganar á los aculhua, 
pues les daba por jefe, un hermano, aunque bastardo, del príncipe 
perseguido;, reforzó las guarniciones tepaneca, y repitió las órdenes 
para matar al fugitivo en donde quiera que fuera encentrado. (3) 
Así se explica la rápida conquista ejecutada por NezahualcoyotK 
Al saber la toma de Texcoco, reconoció Maxtla su imprudencia; 

(1) IxtlilxochiÜ, Ilist. Ohichim. cap. 2S. MS.— Torquemada, lib. II, cap. XXXIV, 

(2) IxÜilxochitl, cap. 29, fija la toma de Texcoco el día m olUn, quinto del octavo 
mes MieaühuitMintU, correspondiente á once de Agosto de mil cuatrocientos veinte 
y siete. 

(8; Ixtlibcochitl, Hist. Ohicbim. oap. 29.-.T(»qiiemadii, lib. 11» oap. XXXY. 



jpeito. fluiría, todar^ rwpi^ s^is.guefr^ros, flijpu^atQ á des.tririr A sus 
•aeoiigOfli Los méxi9a Qsto^o^aqo^ardudos^ sufrían ^incn^ 
tfihutiQA qae. üeí les hat>< W }pipu9dtpj^.j^a(prmWdos^.p .Tenoch^^ 

;Pfio)ero;iallfUiArí$. á Mé^ico.y 4 Tl^.t^iolco, ,^qvaaj|p. (Jespu^s sus 
AnM«.vk^¡o4a^í«0A,tra[ Te»p<w.; . ., . / .., . ...,^,., ,: ,^. ,., .. '::^ ' 
, .V MaXtKigaio(CÍf> pír , el pqor..4^ loei.xqififl^jero^i el .orgullo^ íiabía 
cftmiuado 4b m^t ^n .^rror. Usiirpadpc ^^l^tronp ^epaneca, no l^prfó 
BU crimen por actos naeri torios, sino que cargó la mano en prop^os'y 
!«xtraJioa:bftoi4ndoJ9Q <l^ todos, /jl^r^ocil^JejiPObtr^J ó, inedias á sus^ene- 

migps, júb .«al»rJíWjaf^^W:4« í^^iri^F.la'g^í^^ .¥j!í^feW!^í. ?^ 
«nogení6 el,4uw<e^ 4q Iaft,tnbi^)B^;4}ada^ dfi.^u H^r^? ^^l^^,^'^ f^ ^^ 
^tdffUtemUmt^idfjí poder. Wgtti^vo;;.qH9^«Il*^R9ií.^;?;y«^Jy PH^? renque- 
- 4io$ inefioíip#flJí tw4íop.. Er-a.u^ qr^aip^l d^ ^allfl-* pcwuu. ^ Siv p^o- 
^iMb»Mtual tenía: f^pd^^^ntQ; d^sjLi^uir..^eu¡d.eta]11.4 sus contrarios. 
Xn 0GÉM«^aeiMÍ^^pv^^ el.b}Qqfeq,4e,);9^.ÍAl9J9, c^^^aadfjfob^^ ellas 

toáiá»Ú«.flU»^.;-j .'' • , . ,,; .: ;:, ., / , ., , ,^ ] 

.. ittÉcoaíl.Fíía v^^iJ:.fl^94Ifla.el peligro. •inpp^Jjf cpij^urarl^; carecía 
jdetmediosde flpfenfta.pqrqi^ ^i^ pu^lo eptaba, amilá^^*^.^ íip %^ 

ia^Bimpte6/§)r(HV9i^u^ia9, previa ;^ ,00^ con Jos ancianos^ jra- 

'BoItA^ pudifr ao9ftiTOíí Ife*al\uaJfl9ypt}j.;J)ipf5ultosí^ ei^.aquejla a\i^- 
-lML^Viar4ad;,iíq'qtte.p)' pr^nqipp :tp3ícciq^np.ei;a[p^;[jen^ef4^ los rey^s 
. daJktoioo,,:y^dft^lqft.Mfeí^.r/y{ija^ en 

;l€é;diab<di9.^D:i d^gff^oia;:pq]rAj^nq9][icay aci^hua se veían con odio, 

.WX4filto pprí^?:4e,4¡Bt¿8}«:i»fiip^ pi^q ppfqu^, 1^^ TOj^3}í,(j^,Í¿. 

J»^i>ísegwA?..ÍlA ba^sra¡d^,,3^^9aflmji9,. Jíftbjau 9tJ^^fdpl¿Jftf.tín 
-Jte fisi«pawiqOi4elite9Q0: Awlhyft,-pf^n^qqlpaMes^ efl J^ ;pip¿;tQ,iie 
iJstW#WÍliítl^J^h^íW reQÍlíi(Jp.ei^,r^nHPW?p ^l doo^inip 4e .T^xco- 

.j*V»WíH^ *í^^^ ^»íPH>\t«^^e9 i3?epQlím^cbin. .7 ,^e>popl^j^L;|(J) 



(1) Torqaemada, Kb. n, cap. "fX^J^ f^lf^ffiO^ HJff. í^plilpu^fi^ «O, 



nombra á eirtof capitanes, Totopflatain y T^Pj^b. „ . , ^ . ¡ , , ., j 



XüBO 

país plagado de enemigos; así, al llegar á las fronteras de Aculhiiit- 
can fueron presos^ debiendo su salvación al carAoier sngrado.de ^m- 
bajadores, l'resentados á Nezabaaleoyotl, los recibió benigno; pe- 
sando en su áninio las ventajas de olvidar los antiguos agravios y 
ayudarse recíprocamente para hacer frente al peligro común, aoeptó 
la alianza en términos de la mejor amistad, no sin repugnancia por 
par^e de sus vasallos. Ofreció pedir los contingentes de l^xcalla 
y Huexotzinco, y luego que estuvieran reunidos marchar oon ellos 
á México. (1) 

Cfptentos con la respuesta volvían los enviados, cuando cayeron 
en una celada de los aculhua, quienes los Uevaron á (Sialco, entre- 
gándolos al señor Toteotzin, quien los mandó encerrar en el cuanh- 
calli bajo la guarda de nn principal llamado Cuateotl, con orden de 
darles escaso alimento. Los cbalca se mostraron siempre doblados 
y pérfidos, y en aquella vez procedían Contra el derecho reconocido 
por las tribus, pues la persona de los embajadores era sagrada: ade* 
mas, aquellos eran aliados de Nezahualcoyotl, cuya causa había se- 
guido Toteotzin. Busoando cómplices á su maldad, remitió los pri- 
sioneros con buena guarda á Xayacamachan, Cbiyauhcohuatzin, 
Tenocelotzin y Texochimatitzin, señores de Huexotzinco, mandán- 
doles proponer, que si querían matar á los prisioneros en sa ciudad^ 
fijasen el dia y los chalca asistirían, mas si preferían fuese en Ckal- 
co el sacrificio, fijaran ellos, la fecha y concurrieran á la oeremonia. 
Los señores contestaron: — ''*¿Q,ué razón hay para que estos hombres 
^'mueran? jPor ventura ser mensajeros fieles de su rey? Y dada ca- 
^so que la hubiera para que murieran, jpor qué habíiimoa de gio- 
**riarnos de matar cautivos que nosotros no cautivamos? Id y4e- 
*'cidle á vuestro rey, que la sangre y nobleza huexotzinca no mancka 
*'su gloria y nombre con semejantes alerosías y traiciones; ^vtñ ú 
<>esto hiciésemos, más sería yeigüenza nuestra que justicia.*' (¿i 

No curó á Toteotzin aquel punzante desaire; tornó á poner los 

presos en el cuauhcalU y envió mensajeros á Maxtla diseolpáinlosa 

por hatie^ soj^ido ht cansa deff^sálmalteoyotf, ofiwíendo seHá fiel 

' aliado de los tepaneca en adelante, en prueba de ló cual ponía i sa 

disposición á los mensajeros tenoclica. Condolido Coai^l ^^ 

(i) txtiüxodhia, HiBt CElcbim. imp. 96. M S. 

(2) T)w^ii«ipj^ - . 



merfee de Motecuh^pttiii y 4e $vm ecmpriteroff pues pniMbí ^ile 
Hastia los mandaría craehneirte mat%r, aquella aoehe I09 ptiat» én 
libertad, dáddoles puntuales notioias del camino para no caeréis 
nuevo en manos de sus enemigos. Al siguiente dia, desoabíerta la 
-erasion de los presos, Cuateotisiii fu4 moerio con sus mujeHM 
é bijos, oon todas las guardias entalegadas aquella noche de la ctf- 
eeL El mismo Maxtla repugnó la perfidia de Toteoteáo, rsoibM 
ásperamente á sus emfbajadores, j le mandó decir en resprnet*! 
''que era un bellaco, esclavo mal nacido j fementido, y que no pea- 
'^sase que con semejantes traiciones había de oongracíaiM «en él, 
*'que luego sin dilación soltase los presos y dejase ir libres á sus 
**oasas." fyolmada recibió Toieotsin la paga de su feleoia: de ei- 
tónoes 0(»nens6 ese cttmulo repugnaüte de aceiones Teleidosad y 
pérfidas qtte tanto distinguieron ii los chalca. üotecubsoma y sos 
compañeros llegaron i Chimalhuacan; bonitos durante el dia, ea* 
mieron para alimentarse yerbas del campo, durante la noche se apo- 
deraron de una canoa, entrando por fin en Tenochtitlan, en donde 
Iqs recibieron con alegría, pues los tenían por muertos. (1) 

Dividida estaba la ciudad de México en doe bandos; quería uno 
la pas, aunque txní ignominia, él otro prefería la guerra, aunque des* 
igual. Con la vuelta de los embajadores y noticia de la alianza ocfa 
los aculhua, ambos partidos odbmrmí aliento para sus determina- 
ciones. Los pusilánimes, compuestos de la gentiAieuuda, los sa- 
cerdotes y aun algunos nobles, opinaban totanr á su dios Huitcílo- 
pochtli, llevarle á Azcapotzalco y á su sombra pedir liospitaHdad 
para vivir tranquilos en unión de los tepaneca. Deduciendo ahofa 
que por el iocotro de los aculhiua' se declararía la guerra, reunieron- 
ietui día,pus£eroo en unes andas al dios, saliéndose procesional- 
tiente por lá cálsadav Moteculusoma^ les atajó los pasos éiciéii- 

r 

a) tot^pnéáá, iq>. lll, étip. XXXV.l--rüiai»0UÍl, Hi6t. Ohkiiiiki. «ftp. SS. KS. 

(S) SlOddioeMmirev, kspedsMUoNn j4«osla,soil T^mmonnk, 
^iUjeiilM aigoienteAOMüio^ai iTkcteUal, Inoabne qao if intorpnii^ 
de gran corazón;, aftellidido también Atempaneoatl, haciéndolo personaje distílito 
de Moteonbzoma Ilhnioamina: Torqnemada, fondado en loa eacritoe mexicanos» é 
lM á i m \i\i % •oatteftetttarasÉboteliaiMioIftdMtee. BrtosegotidD apár ese le i>er> 
4adaro, dliiHUHUdo laeimíMoiids la aMdti^ekUd denombfres. Temían porosa 
tambre aqneUos gnarrevos tomar dÍTersos apellidos á eOBlsa4ilaolMi de las InsmAM 
rematadas, j por eso no siempre seleií ü SM Umi s iete misbk «MieSM^ éá él |Nrs- 
senteoaso, Moteonhioma íiU el noiitos isteMIfe; ssWa^HasaiMpiisa 



r 



L 



SS6 

^let!*^'^¿Ctué «s;e8to mezioanosf ^{Clvó haoeíÉf ToAdtrbs eistati stn 
í**jiiKflci: aguRi^aíw; ei^taos c[Uddoi/'AéjAfdnotí torúñf ühácitei-dó e^obre 
-^^eiteifiegiéck): ¿tantÍEl'oobardía hái d^^babéf, que noshkbenúee ^é ir á 
í'l'efttretéler con tea de Aa^jA^ützaiCtt? Y 1 legándose al i-efy le'flyo: 
-^^S^or; íqué WésM jcOínd* permiten tal obsa? Habla áef^e f)üeb!(f, 
^%ii8((ju«¿e UD ib^íO'pafaiiüestTa defeiafla y henor/y no tioa ofi^ea- 
i^^éamo8*aÁ»f ' tira afre«ito«átoeniíe«titre vtieítros eii^inigotí." {I ) » jfkzoéatl 

emjb&jadof ác Mia^ti»y pregutttándole cuAl Buerte tenl^ t^áéfv&da á 

-les teooeiioa;^ 1^ '"'•'•'■•'—' * ■• »> "■' ' '■ " f - 

-r'^^^lHíerrogadoeloB noble» aoGipa de quién »e eiKjargtttía} flel kn^íisa- 

je», «evieMB confusos ii^oq á otros* sin atreverse •^re«poDd\3r; h<á' Ver 

al tiráóo-' eqmvalia 4 perd^ií la existencia. Motecuhzsdiíyá; ititemim- 

"pió'^l silerioia ¡ofteciéndoée Al Iterar la^ embájadtv, dioiendo'^i^t^c 

-#tnu 'rabonee, que si preoiso< era* morir, daba lo mismo hoy eñíaHanki. 

-Aecibidas las 'inltruodiones delréy; se vistió A usanza desu tribu^ 

éomándo resueUaoaeote por la calcada de Tlacopan: Ll^gi^do'á 

Xoconocblpalyaoac tí6 efi cierra pafada^^oa rodela eti señal de-gué- 

«im y algunee guei-vema; era el '^uebtb avanzado de los' tepoínéca. 

¿T'Om^iacáy.la dijero¿f¿nd^avo£ Atempanecátl? Respondió y di- 

í*^jolea^.y6í«ej^ el-queínombrai».: üijéronle, '¿áidótíde vais? Refepótfdié, 

-ffsój' merisajei»* iDjjeron los ymrdais^ Boipued^ eer eso. Volveos, que 

^tet i^OT.demal^uecQif jpasár deaqfi^! porqne.8Í>iio os volvéis, aquí 

«^teerÍJdfiís^eiti ;Íe á.dexiátoqaetaicLjIHjó Ü •esto. Atempañccatl, Haced 

Ifj4éi0ii lo^uelqqeoMrfiouando vuelva."* (2) * Y bonlesto^la 'dejaron 

11 Y&jeit) Asc«ip!et2tilcojft9;'fufiS Alajp^esenoiii de<Maxliaí' ^^IJIroy^ 
. fJ[«M)UH> lo.yió 7>l8oiidei6,,adteiíD6se;^ .dijflir::* jQóno: bas e^thado^ ala 
-i'^cíttdad) q4»eiito.tetbaa>tntt^tiQJoaigua])dM delU?'Éhl6 conloa todo 
Vio que con ellos le había pasado. El rey le demandó lo que quería: 
"él propuso, m .meniaJQi.iptrBiMdiéndelo .qon ikt. pa^^ y iiuer. tuviese 
I ^ kw t iui a de ^SH'dtdad,. de loa viejob - y' niños y ^1 'dafib qué de la 
•^^^errá'' áücédería: qüb aplacase el 'ebojo dé lóS pnftéíbales y'seido- 

" , - I' . ! ». ■;. : " j- - ' i> i r • i ' . .' ■ ¡.I »'/ f'.n.j-. .• '.' í 

. gi ¿o atfa». .A4»miftmfyitlpiW elosrso (ine'dwefttptftiíha m>- «I *^jéwnto; fflnMffctnlta 
¿paz» AfibUmav sus «oonm^s puimdo Sitírmm^mi^HMákMSíiM^rP^í'Bmá úúngjtíá oú^ 
rMixá0anhtQmtkJló:efLSum>^ ...<.' ...... f • ^í.d.iü /.; /. • 



^ 'coa jitfpiel'ruQKbt dijoib ;qu6 ,»a f Mse tt^mbteM^ iqtie 4\ btíUftrte é 

'^ir%y qt*Q^í . nd^^viniaseoiienteHo, qW'^^iAeDídieab no -podOi mlAiiii 
^^ito Jtt'flaano. Sil aikinibaó iiuiboQbó lid prcignutó* que >«ii4iidQi 
^^qii^í» qu^ volyit^e por lar res^^uMiaL Él le tetpondt6 qUeí j^too im 
''£l le pidió 8«gati(tó4 pata lá8 guardat, peitici^fio lomilflíieB^ pü^ft 
'^eta^íWentajero/ £1 i!ey:le i*éspoi>(li6 qtfe fb'a^gjQridftd que )e podis* 
'^dur era au bueM.dUig&Qora en tnirai! por m peesoBa*^ Peapedid^oi 
deMaüctla^ SIotecah«t)iaa Ileg4 é doQde')e9tiibft lft'av^M4daii<9{bps^' 
da con^iu^yor número de guerrércN; loa 'saludó 7 dijo: • ^^Hers¡^a|ie« 
'^mioar yO'Vt^ngo dehabliu?^ vuestro ;re]r 7 traigo TespiMr9ta deeli 
^'para el xnh: ai sois ser laidos de. d^amie pasur, agradeceros h ¡»f 
'^pornue sapueatQ tr^to la paz y no ^ogaScf iiÍBguiK>« 70)he;de yolver 
''Jlue^ á ver la respuesta 7 reaoluoion de este negocio: .que me mar 
'*t6Í8 hoy, que maQaoa, va en ello pooo á decir,. pues oa ampeljiO mi 
^^palabre de yenir á. ponerme en vuertraa m^nos." (1) Los giuacdii^i 
coa a^quelU promesa lo dejaron pasar. 

(alegado MotecuhzOma á Teno^htitlan di6 la respuesta á Uzcoatl; 
al día siguieote antes de ,tornar á su embajada recibió estas instnio- 
CLones: '^Lo que has de hacer es decir al re7 de Azoaputzalco de mi 
*'parte, ¿que si ^tiú ya determinados en dejarnos de su mano 7 des- 
champáramos^ 6 si nos quieren tornar á emitir en su;amÍ8tad jgn^ 
"cia? 7 si te respondiese que no hay remedio sino que nos ha de des^ 
^^truir, toma esta unción con que unamos los muertos, 7 úntale con¡ él 
''todo el cuerpo y. emplümfkle la cabeza como hacemos á los muertos 
"en seüal de que ha de morir, 7 dale esta rodela 7 espada 7 estas 
'^flechas doradas, que son insignias de señor, 7 dile que se.guarde 7 
"mire por si, porque hemos de hacer todo nuestro poder par^ d^s- 
"truirlo." {2^ .*> 

Motecuhzoma tomó de nuevo la calzada, presentándose en . cum* 
plip^ento de su palabra á los guardias de Xoconpchyaoac; éstos lo 
d^aron. pasar 7 se ptfso en preaepciA de Maxtla. La contestación 
del re7 fué perentoria; los tepaneca ^admi;tian partido alguno, es^ 
tando determinados já destruir á los tenochca. Siguietndo las órdeneft 

(1) Duran, eap. IX.- -OócBoe Bamíres. MS. 

(2) üódioe BMIIÍI6». MS. <. ,, , 



sto 

recibidas, Atempanetatl saoA el «ngtietito blaMa dq itoo^/, de4ÍG«do 
á los muertos, j nntó el cuerpo del rey, empHtnióle b oalíez^ púso- 
le en las manos rodela y fnacuakuitl, dtcréndole lo desáfialift eb 
nombre de Itzcoatl j se dieptisíera á morir, pñesni él ni los e«ycd 
escaparían ú su rengapza. Maxtla dejó hacer j decir, reepeiando los 
usos admitidos én las decdaraciones 4e guerra» j por su parte Tistí6 
al T^acaellel una armadura 7 ¿ascos doradoi, le dio espada y esoa- 
dú^ aSadietido aceptaba el desafío, debiendo^ aparejarse Itaeoatl y 
les sayos para ser exterminados. Terminada la oeremonia, Maxtta 
hi20 salir al embajador por una puerta excusada del palacio, dilndo- 
le á entender no fuera por la principal, pues le esperaban para ma* 
iarlo. Tomando algunos rodeos Metecuhíoma logró ponerse más 
allá de la ayanzada de Xooonocbyacac; cucmdo se creyó seguro se 
mostró á los centinelas gritándoles: — '*Ah tepaneea, ah azcaputzal- 
**ca, y qué mal hacéis vuestro oficio de guardar la ciudad; pues^apa- 
^hrejaos qne no há de' haber Azcáputzalco en el mundo, porque pe* 
'^dazo de piedra sobre piedra no ha de quedar en él, ni hombre ni 
"mujer, que todos á fuego y sangre no perezcáis; por eso apercibios, 
"que de parte del rey de México, Itzcoatl, y de los de la ciudad, os 
**desaflo á todos." Los guerreros tomaron las armas y acometiéronle; 
el Atempanecatl esperó á los primeros, mató uno de ellos y en se« 
guida se puso en cobro, entrando salvo á Tenochtitlan. (1) 

La noticia de la declaración de la guerra puso el colmo al des- 
aliento de los débiles, quienes intentaron de nuevo abandonar la 
ciudad.— "Los señores consolándolos, y el rey en persona les dijo: 
**no temáis, hijos mios, que aquí os pondremos en libertad sin que 
•*os hagan mal ninguno. Ellos replicaron, ¿y si no saliéredes con 
^'ello, qué será de nosotros? Si no saliéremos con nuestro intento 
"nos pondremos en vuestras manos, dijeron ellos, para que nuestras 
**carnes sean mantenimiento de bestias, y allí os venguéis de noso- 
"tros y nos comáis en tiestos quebrados y sucios, para que en todos 
^nosotros y nuestras carnes sean infamemente tratadas. Ellos resr 
•^pendieron, pues mirad que así lo hemos de hacer y cumplir, pues 
"vosotros mismos os dats-la sentenciar y así* ñosottos noe obligamos, 
"si salis con vuestro intento, de os sei*tif ytHbutar y eer vuestros 
^'terrazgueros y de edificar vuestras casas y de os servir como á ver- 

(1) Doran, cap. IX.— Códice Bamíres. MS. 



281 

^VMmw ^f^o^i* aupajtipft y,)áí:op4^ AWi^tríw hijas y hermanas jr 
'^iébvíiyiB {»g|i^ q^e Qft.8uyat« de ellas, jf cuando fuérodes á la guerra 
^^m Uemr «ufartras cs^rgo» /y baatimeutos y arpeas aicuesta8j.y de 
^^^•ill&r?ír.fior.todgtlpg'Cm;DfDQ8 por donde fuéredes; y finalmente^ 
*teeiidaM8.yi sujeit^jaos imostrw personas j bienes en vuestro ser- 
^Mcio fan aimkppq^." Ásxú^ partea juraron aceptar y cumplir ^1 

PW*0. (1) ... r -\ 

Ititoatl y MAtocuJusoma activaron loe prc^paratívos, encontrando 
eiciuws auxiliare» en la juventud de la. ciudad, declarada desde el 
pwiftipio .anuente partidaria dja la guerra . la juventud honrad^ es , 
ipv» g/9úewm y pródigft ¿un de la propia ^xisf^encia. Enviado 
mnsajett) 4 Nezahm^lcoyotl, vino éste en secreto á Tenochtitlan^ 
Qinf«relK)i6 wa loe jiefea acerca del plan de campaña, tornando en 
saguida^á los campos de Chiauhtla y Aculman, á. donde su ejército 
estaba acampado: reunió el mayor ntunero de guerreros, embarcólos 
ett.una flotilla do canoas en las cuales atravesó el lago, desembar- 
eaiukk en TluteliJoo la víspera del dkt señalado para la batalla. (2)# 

. Todoa los pueblos d^l valle tomaban parte activa en aquella güe- 
ña, siguiendo ci^da cual el . partido que* á sus intereses cuadraba. 
Teaozomoe, después de porfiada resistencia se habla apoderado de 
Ctaanhtitlan; de los chichimeoa habitadores del lugar, unos fueron 
llevados cautivos 4. Aecapotzalco, los utros huyeron á los montes: 
ÍBi|rafietoa á la ciudad fuertes tributos y no pudiendo satisfacerlos, 
los tepaneea ocuparan, ppr segunda vez la población. Pasado algún 
tiempo, losobiobimecay auxiliados por los pueblos cercanos, tornaron 
áeobrar 4 Gu$uhtit1,a9« después de una sangrienta batalla: hacía 
eaÉft tíiempo murió Te^ozomoc. Dueños del lugar pertsarqn en res- 
tablecer el antiguo señorío, y reunidos en consejo, nombraron de co- 
wmn oonsentimiento 4 Tecocoatzin por señor, formándole su palacio 
én.Huexocaloo y d¿nd<^)e guardia los guerreros ohichimeca, (3) 

Msxtla-ae irritó al saber de aquel nombramiento hecho sin su 
tmmtdo y een bex^plácito de los tenochca. "Sin embargo, no quiso 
^'AiC! A enteudet sv. enojo, al contrario, procuraba andar qpn modes- 
^^Éía, ayuau: ó al méops fi^igír que ayunaba, se vestía 4 la manera 

(1) Donan, tBip, IX.— Tesozomoo, otp. aéúmo y ootavOf^Gi^cUce Bamírez. 

(2) TorqneiiuidA, lib. n, oap. JKKXVL^Hisli CUéMbl «ipu BU M& , 

(3) Analeg de GoatihtíÜim. MS. . . , < 






282- 

''delos huexotzinca, andaba jtmtando háotüaé de leña, (1) traiala 
^^cabeza envuelta con fajas de enero, (2) su capa á Hima era dd 
^'manta jnuj blanca, sus braga^ eran del mismo géiiéto, el eabeHd 
"liado con correas bástante finas." (3) 'Los de Cuauhtitía/D, no fiaa^ 
do en aquellas apariencias, vi^í&n'sobre aviso, estando ene^treolUMí 
relaciones con méxica y acolhuá. Para buscarse aliadee, ya que vo 
podían contar con los pueblos del Valle, enviaron por embajadofiWí 
á Acatziiitli y Tetziptli á Huexotzínco, pidiendo soeorra Maxlla, 
por su lado, se dirigió con el mismo intento á los buexotcinca, 4 
CbaTco, Cbiapan y otros muchos lugares: los mensajeroade aímbiW: 
partidos cruzaban en todas direcciones para aumentar las propittt 
con las fuerzas ajenas. Los embajadores de Guaubtitlan ñien» 
puestos presos por los señores de Huexotzinco, aunque poco después 
los pusieron en libertad d insinuaciones de Nezahualcoyotl, por con^ 
siderarlos de su propia bandera. 

j Declarada la guerra contra los tepaneca, Tecocoatzin dio ^rden á 
los cbicbimeca residentes en A¿capotzalco, cautivos 6 libres, aban^ 
donasen la ciudad; hiciéronlo así, llevando á sus mujeres é hijos. 
Descubierta la fuga, Maxtla los mandó perseguir per un buen tro* 
zo de guerreros; llegados éstos á Huexocalco, fueron sorprendidos j 
muertos á garrotazos, pereciendo los pocos escapados á la mataosa 
en Tecalco: esta fué gran pérdida para los tepaneca. (4) 

Entre méxica y tepaneca sólo habían tenido lugar basta entonces 
ligeras escaramuzas sin consecuencia. Para iel dia tremendo del de- 
safío, los tenochca quedaron divididos en tres cuerpos al mando de 
Itzcoatl, Montecuhzoma y Nezahualcoyotl; aunque todosl los ciudada* 
nos tomaron las armas, la principal confianza estribaba en la juven- 
tud, colocada en primera fila y destinada á los lancea peligrosos. Al 
amanecer los tepaneca cargaron sobre la calzada, en gran BtUuerOy 
lujosamente ataviados, llevando á la cabeza un renombrado general 
llamado Mazatl, pues Maxtla tuvo ámenos ir á combatir contra sos 
esclavos. Los méxica estaban prevenidos, y trabóse el podábate. 
Instintivamente conocían los guerreros tratarse ahi de la suerte fií* 
tura de sus pueblos, y arremetieron^ valientemente los u»S8 oontra 

(1) Icwiuhquetzal centlttUaya. 

(Z) Anales do Cuaahtitlan. MS. 
(4; Analos de CnatOititUn. MS. 



los otros; )o aímpllo lie U «ntssada mtvUs de trnt^o ú la tefriega; y 
porten» «TKmabMi 6 rotrodedí^a los eotpbatiénteSf se^un les era* 
pr^pera ó ad^rtrsa la forluí^. Aooqne «>n éxito vario, la batalla 
d«it iMsiy^t^A, «m ; decidirse por algaho la vtcboria; pero al^ 
casr la lanle Km- tejbMveca recibieron génie dé rofiiesoo; eoit lo eméV 
his'cobatdosríperdie^n completamente el áninioy y empezando á ciar 
deoíao: **>^<¡lQé :faaoemos inei^caaMsf ¿HexM de perecer aquí tod^ 
"¿PorwAMi^a-pOr snfrir la cólera y orgnlld de ItEoohuail, Nezalidal*. 
'^jolt j Motecdbteoiaa^ hemos d^ morir uíala muerte á manos de 
^nuestros enemtgosf Lo mejor eb qnc Goirfesaodo mieetra rebeldía 
t^fios demoA yi «atregüemos 7 pidamos merced de nuestiiis vidas.^ 
Oyeúéó los jefbs aquellas voces sediciosas, incapaces de refrenar á la 
multitud, se reunieron apresuradamente en consejo. ^Oaballeros j 
^%<tíi^s,.dijo itacoatl, ¿qué hemos de hacer á tanto desmayo como 
'"algunos de los nuestros muestran? ¿Q,ué? respondieron Montecuh* 
^^ma y NesDihualcoyoti, que muramos, y qué con nuestros ojos no 
^veamos tan grande afrenta, que muriendo peleando habremos cum^ 
'^lido nuestra obltgacioii; y si vivimos, vencidos quedat'émos más 
^vergonesidos ([ne hasta aquí lo andábamos." (1) 

Se perdía la batalla. Aquella vacilación dio brío á los tepaneca^ 
quienes guiados por el valeroso Mazatl arrollaron á los méxica echan-* 
dolos al otro lado de la cortadura llamada Petlácalco; aquel foso ea 
el n^ismo del eélebre' cuanto fabuloso salto de Alvarado, lo cual dice 
estaban los vencedores á las puertas de Tenochtitlan. Los cobardea 
soltaron las armas en sus manos inútiles, prorumpiendo de terror en 
aUan voces: '^Ha tepaneca, sefiores de la tierra firme, aplacad Vues* 
^'tPA ira, que ya nosotros nos sujetamos; y si de todo pií nto ne^ nos en- 
^'tregAmos, es por el estorbo que nos hacen nuestro rey Itzcoatl y su can 
^^pitan Monteouhzoraa y el acuihua Nezahualcoyotl, que ellos son los 
^uequieren sustentar la batalla; y si queréis, aquí los mataremos á 
^* vuestros- ojos, porque con este hecho nos perdonéis.'* Ardió el ros- 
tro de ira á'los tres jefos, éyendo proferir'tan villanas pá^labras: dea* 
preciatndo la vocería, exclamaron de consuno: ^Tamos á morir, que 
^'oumido muramos, será él precio de nuestra vida, nuestra honrada 
^muerte," y furiosos se lanzaron al encuentro de loa vencedores*. 0i) 

. . . i . ' ; T; I' 

t 

<1) Torqnemada, lib. II, cap. XXXTI. 

(2) Torqnemada. Ub. II, cap. XXX Vi. 

TOM. in. — 30 



234 

.' DeBÍgnal era la pelea emprendida por aquellos ttes iKMnbres; pe- 
ro 811 ejemplo arrastró é la juventud y úloñ valieotes^ leitableoíé»- 
dose el combate. El .flotante penacho de: lee jefea^ ¡evtfe aquellos 
pueblos estaba' consagrado por la religión y por la patria yi era ver* 
gieoza no seguirle. £1 más honrado del grupo* de loi .cebanlee alz6 
sns armas y se Qni6 á los combatíentes; otro, y otro y< mohos' y to^ 
dos^ arrepentidos de su bajeza, se lanzaron resuelÉoaá la peka» Te^ 
nichtitlan volvía á encontrar «us guerreros. Arrojados^ loslíc^mieea 
más allá del (oso de Petlacalco, á p^sar de su obstinada resistencia, 
oontinuaron en marcha retrógrada hasta la cortadura de Mazataiu* 
tamaleo. Para detener á los suyos, Mazatl se puso en primera fila; 
all i estaba Montecuhzoma; viéronsey arremetieron uno ooatri^ otro 
empefiando una lucha cuerpo á cuerpo. Combatiéronse con sobrada 
Talentía, y se disputaron enérgicamente el vencimiento; pero mis 
venturoso el tenochcatl, postró de un golpe á su contrarío, le arron- 
c6 la ensefia que portaba, y alzándola en alto apellidó victoria* Aque- 
llas naciones daban por perdida la batalla al caer al ¿uelo su general y 
su bandera, los tepaneca se dieron por vencidos, haciendo rostro los 
más arrestados, los demás huyeron en tropel perse^iidos ain mipe- 
ricordía por los méxica, hasta la tierra firme. (I) La oscuridad ata- 
jó mayor estrago, si bien dejaron los vencidos sobre la calzada, su 
honra perdida y la flor de sus guerreros. 

Aunque algunos de nuestros autores refieren la toma de Asea* 
potzalco al dia siguiente de esta batalla, no parece lo más verosímil 
porque los tepaneca eran sobrado fuertes respecto de los méxica 
para ser destruidos en sólo dos encuentros. Lo cierto aparece que, 
quebrantados los tepaneca en la derrota, envalentonados los méxioa 
con el vencimiento, lograron éstos en los dias inmediatos no sólo de- 
jar libre la calzada, sino rechazar á sus contrarios ea la tierra firme 
tomándoles tres albarradas. Recibidos poco después coneiderableis 
refuerzos de Tlaxoalla y de Huexotzinco, Itzcoatl determinó Uevaí 
la guerra sobre el mismo Azcapotzalco. £1 ejército fuó dividido en 
tres escuadrones; capitaneaba el primero Nezahualooyotl coa Xei- 
yacamachan, seRor de los huexotzinca, y el .geoeral-de U>9 .tla^ioal- 
<eoa con la mitad de las fuerzas, de eetoe pueblos; mandaba el.se* 
gundo Itzcoatl con Temayahuatl, jefe de la otra mitad de los hue- 



(1) Torqnemada, Ub. II, cap. XXXVI. 



3 p ^B f^, f d-Meaetro iW4 cnurgo «k Motecnhzdmft 7 de* Onáxihtla- 
Í9%: 9<^AQr4f Tl«Ael<dco« JbOe «Jbdo» p^neteanm ún fat ttenti firiM, 

ti»lo#i La IwiMUa faétsosiaoida deBespendameiiiepor tofr tepañaeoa 
domote^la ttutod 4el4iay iBM^esf>iie8 op i tow w H ropiA eiéar;'t»Uigado8 
QfNi anevo íibpeAa, na pudíero» resiatir^ de pnaiexxiii éh vergonaosa 
biiia^ 7 reinéHot eitel tro{>éI de losf fngiélTyw, los ieniMshoa -^pene- 
tauott en' la otndad. 'Ifaxtk había -pereaanectdo* en ni pafaraia, ein 
dar crédito' á' los divmo» meneájéroa que ' vinieron á patitciprntia los 
Kak>aMnninofl deTla'bataUa;'orgaI]oto con sn poder,* le parecía ün- 
poeiblie pré valecieéen ms esdávoa roontra él, hasta 4n0'tiiTo qtie ren- 
diráe-é la éiddeicáa escuchando el llanto die los veheidos 7 la^grits 
de los rénoedores: entonces Itayú á sns jardines, ociiUándoscí en uno 
de los'hafios Ñamados temazcaUi. Dnefios loraltados dé Ateoapótzal-' 
co, buscaron diligentemente al tirano, lo enoootraron ^ en sn eeicon* 
dijbe, lo íteoah]^) ebn gran igiíomínia, arrastrando 1ó coiidujeron A la 
plaza principal "recibiendo en el frdnsitó palos 7 pedradasr éh pro- 
•éneia del ejé^cüo, Ne2ahuáIco7otl, cea propia mane, le arraticó el 
taraaeh ofrediéndolo á los m^nes sagrados de stí padre Ixtlilxoofaitl, 
•aparci6 la'sangre á los cuatro vibnto8,:aband0nando él cadáver A la 
▼ofaeídad de fcui «vés del ciblo. * Así pereció cdbaidemente aquel 
bocnbre, que no supo [vivir ni^morir siqtfiera: apónas se le puede 
aoitapadecer en bu tremendo infortunio/ La ciudad fué -arrasada j 
templos 7 palacios quedaron saqueados é hicendiados;' de los habi-^ 
tantee quienes bo hu^eroíi á los montes fueron pasados á cuchillo, 
j par^ infamar hasta el nombre de]Azcapotzako, se determinó fue- 
Váefk adelanta el mercado dé los esclavos; Se' hundió 7 pam siem- 
pre^peredié di reiao'tepanecli| alzándose' sobre las humcantíes ruiíias 
ei'tfktofalite poderM de Icís tenódica. Esto ttiro lugar el I teópatl 
Mea (2) - 

Los tiepaseeai^ fngititos 7 refugiados en Ibs moniftes, 'mandaron' á 
Tená6echitziii,rpbii«)naTder cuenta, aoompafiado de algunos prinoi- 
palsB,» á ofrpoér sualuBdsten]^ ItzeoatL-^^^Noá reéonoc^mds vue stf(rs 

(1) Ixtlilxoohitl, Hist, Ghiohim. oap. 81. MB. 

(2) Iztlüxoolütl, Hist. Chiohim. cap. 81. MS.— Relación 10. « de Maxtla. MS. 
— TÓrquemada^ Hb. U, oap. XXXVi.4HAna}aa da-OundÜHn. JiS. • • 



2W 

'*fiábdítofl, dijeron al rey, os lárémos á nMstfací mnjeretf, i ntteetm* 
'^hijas y nuestras hermanas para qne ee sircan; siempre qtre váyaié 4 
'*Ia guerra os joai^émÓB vt^estros víi^evej y yoestrás ai^más; ¿i 'mtK' 
'^rís en el combié«, flobre^ nuestras: espaldas traeremos Jos éwtpo^ 
**para 4ue.seetii:Éei^iHado9 en sú pnéUo natal ;ir^gín*éttiOB y Ijarréré- 
'*mo6 vuestrbs casafl y haremos, en fiíl, todos los sertMios áV^oe es- 
**tán obligwkw lo» y6nekios>por }os tif»e8 deM gutem."— i*^Ya ois; 
'^bermanoa; dija Itzcoatl, las promesas que nos hacen los tepaneoa 
^^e ÍLaeapotzalco; se obligan á suministrar toadern, piedra y caly lo 
"qae necesitemos para oonstimir nne«tras casas, así cómoiá cultiTW- 
"nüestros campos y ser nuestros sirvientes: ahora trataremos de di- 
'^ridir sus tierras y dar su parte 'á cada uno de 'nosotros, paVa qtie 
^^sotros y nuestros hijos podamos hacer sacrificios á los dioses, 
"tengamos ]Mipel que quemar en su honor, y eopcUli y uUi para in- 
"censnrlos." (1) Estos pactos, arrancados por la fuerza en: los cam- 
pos de batalla, eran cumplidos con fidelidad: bajo estáis humillantes 
condicionas, los tepaneca piidieron voWer á Azcapotzalco. 

Llevadas á la isla las riquezas tomadas, fueron distribuidas entre 
los coligados. "El dia sigtúente el rey Itzcohuatl do México, mandó 
'^juntar á todos sus principales, y les dijo, que se a<)orda,8en cómo la 
'agente común se había obligado á perpetua 8crviduml>re si salían 
*'con la victoria; y así sería bien llamarlos y amonestarlos que ba- 
rbián de cumplir lo prometido: juntada toda la gente común, les 
"propusieron el caso, y ellos respondieron, que pues lo habían pro^ 
"metido y los señores y principales con tanto esñierzo y valor lo be- 
**bían merecido, que no tenían réplica, sino que ellos lo harían y 
"cumplirían, y allí lo juraron do nuevo obligándose en todo lo qu6 
"ya queda referido, ló cual han guardado perpetuamente. Lu^Q 
^Yueron á la ciudad de Azcapotzalco, donde repartieron entre sí las 
* 'tierras de la ciudad, dando primero lo más y'ttejor álacoronii 
"real, y luego al capitán general Tlacaellel, y luego á todos loa de* 
"mas «eftores y principales de México á cada uno según se había wi- 
"fialodo en la guerra; á la gente común no dieron tierras, sina áí al- 
"gunos que mostraron algún esfuerzo y ánimo, á los demás edwroii- 
"los por ahí denostándolos coíno á geu,te cobarde y de pcoaániúie^ 
"que no poco hizo al caso para lo de adelante. También dieron tie» 



; ■ ■ • . • r ■ 



(1) Tezoxomoo, Ordulda MifaUna, m|^ aowx MS. 



237 

*'mi8 á loe barrios para lo que de ellas cogiesen lo empleasen en el 
*'omatay culto de sus dioses y templos, y este estilo guardaron 
**siempre en todas las particiones, de tierras que ganaron y conquis- 
*Haron. Quedaron entonces los de Azcapotzaloo tan estrechos y ne- 
^'cesitados de tierras, que apenas tenían donde hacer una semente- 
*^. Hecha la partición, el rey de México hizo llamar á todos los de 
**Azcapotzaleo, imponiéndoles el tributo y servicio personal á que se 
'^habían obligado; cuando los rindieron, mandó por público edicto 
"que desde aquel dia no hubiese rey en Azcapotzalco, sino que to- 
ados reconociesen al r|yÜi4l IVKjfitc| éé fieiulde tomarlos á destruir 
"si á otro rey reconociesen ni apellidasen, y así quedó Itzcohuatl 
"por rey de Azcapotzalco f i^íSk^ié^Aé^áe aquel dia." (1) 

Esta fué la primera conquista jeal de los tenochcá. Si el terreno 
adquirido no fué considerable, tenía la significación de haber sido 
ganado por las armás'y cüéiitá propia de la nación. Los tenochcá 
al fin $q,Iían 4e su isla poniendo la triunfante pji^nta )^n la tierra fir- 
me: tornábanse d^ esclavos en señores. Deyoraron por ^ sigjpfr.lqs in- 
. pulios y. el desprecio de sua cpiparcanos; tóc^|jes.a,^om el det^uite. 
, Llevarán su victorioso^.^standurte i r^iones rei;notas; fs^riü dueños 
y señores de* tierras y ra^s^s: p|K)pagarán a Ip léjos9^e^igie^d.o et tributo, 
^ qiyilizacioa creciente, sus • iaatitucianee.militares, su ouito.abo- 
.jn:ecí4^y 9a])gri§nto:iS^á.TenoQhiil4aa4aa^ Amtíiuae. Com- 

plJráQse, las promydsaaidel dios^del dio8> -que \ní^ aupo Itteer jníli^os 
en los críticos momentoBv* y por oayo' horrible 'balb6 9e imtítuyeron 
tenebrosas supersticiones. 



I " .\ 






. * 



LIBRO III 



CAPITÜW) 1. 



IizcoATL. — Nkzahvalcototl. 

Prototadon de toi Upaneea,-^Burla sangrienta.^ Oonguüta de Üopohuoóan.—Ae- 
partieion de tierra, — Creachn de la nobleza.— 'St^eewn de Texeoco ¡/délos aeoiOiua, 
— CanquUta de XacMmüco, — Calzada de Coyohuatan.—Sujedon del reino de Aeol- 
huaean.^-Oanqtdeta de Ouitlahttae.^Conqnüta de J^tequú y de Choleo. -^ZHvégüm 
de la tierra eongiMada.-^Prineipio del reind^ de Tlaeópan.^La triple aUanea, — 
Pretendida eonquüta de Méxieo por Neeahuáleoyctl.'^OrganxMeihn dd reino de 
Tete0eo.'^Tierra$.--CongiMa$.^fneurreeáion de Tlatehho.—Muerte deÜuaukr 
Uatoa p éleeaíeh de Mo9UÍhu(3X^^Ouauknakuae, primera eonq%tí$ta faera del Valle* 
^XÜaman^ rey de Outkuaean.^— Muerte de lizóoatl. 

i 

LA toma de Azoapotzalco fué solemnizada en México con gran- 
des fiestas 7 regocijos; los prisioneros principales fueron sa- 
crificados á Huitzilopochtli, segnn la costumbre desde entonces 
puesta en práctica de inmolar i todos los cautiros tomados en gue* 
rra. Pocos dias trascurrieron en reposo, pues la petulancia de loe de 
Coyohuacan (Cuyuacan hoy,) di6 motivo á los méxica para su segun- 
da campaña. Los de aquella demarcación eran tepaneca de origen y 
estaban regidos por un sefior apellidado Cuecuex, nombrado gober- 
nador por Maxtkk (1) Mirando la suerte que le había cabido f As^ 

(1) Dtnrán y T^soaomoe tllniwn llainame MAxtkton el seftor de Coyohnacaai, sien- 
do Cueouex eólo sq priyado. Maztla en verdad fu^ seftor de aquella localidad^ mas 
.^óituelifeftiNteevfl^iMiiít^ Sixtos» «•'JAsdapoCáálco; y úík «eekltl^^tos 
gconteeimienUMi era ya muerto. Ni Teíoxomoo ni Maxtla constan en la eéáifaa'ée 



899 

cap(4Baloo, ocmjetord aguardarle la misma, y sin madurar los ms- 
dios át defensa» salk) al encuentro 4U peligro. Envió un embajador 
á los ássapotsaloa im>{ioniéndeles tottasenias armas contm loa mft- 
jíioa^ y el iria en su socorro; Aquelk» respondieron que buena hn- 
biera sido' la ayuda cuando km estaban combatiendo; mas sufrida 
una reíala suerte de le guerra, no pensaban en. recurrir de nueve á 
la fuersa de las armas, y ter alisaron diciendo al etn bajador: ^ne si 
^'él quiere guerra que la baga á su sabor y ¥oluntad, que no le he- 
^^mos de ser en nada favorables; y no vuelvas más acá con essiá de- 
^^mandss y respuestas porque no ser&s bien rábido.'* (1) 

No obstftnte aquella repulsa, Oueouex.mandí6 prevenir á sus gue- 
rreros poniendo guardas en los caminos peM evitar toda eomunícacion 
con los tenochoa. Sin saber aquella novedad las mujeres méxica acm- 
dieronal tianquiziii^j losguardas lasrobaron^desbonraronydesptdie- 
fon coa ultrajen. Itzeoatl, creyendo ser aqcMllo obra de salteadores, dis- 
puso ftiMttn de nuevo las mujeres; mas como se repitiese siempre lo 
mismo, prohibió definitivamente el trato con los coyohuaca. CueoueX| 
ejeoutadala provocación, mandó emisarios á los serranos dexalatlaoh- 
co y de Atlapulco pidiéndoles socorro; ambos pueblos contestaron no 
querer i nteirumpir la pas estaiblecida. Idénticas negooiacionesentabló 
con los sefiores de Cutbnacan, Xochimilco, Cuitlahuac, Miasquic y 
Chako, los cuales se allanaron á oir á los embajadores ^uniéndose al 
efecto en Chalco. Reunidos ahí los príncípalee de los pueblos y oida 
la pretensión, previa la deliberación tenida entre los cincuaslaotes, 
Cuateotl, sefior de Anuiquemecan, respondió ú nombre de la asam- 
Uea, no- ser tscnveniente ni opertuw» provocar sin causa a%ana á f ós 
méxioa^i Aunc^ tan mal despachada en^ todas partes, atribuyendo 
Cuecuex la tranquilidad de los <Ie Méiactoe á. debiUdad :ó.cohasACa, 
eon«$^á Itoeoatl y á^les ptñcipales óaballeros tenochoa A^ nni^ fies* 
taenCeyohÉaoané insistió-coa In^mayoreorleaania/ifoM^^ ellrey 
por rsptttarlo ^peligroso; pev^ aeudieion ttiMhoa Béfiores> de csrenta 
tadabesfcados-per MotecnbMMM. Recíbiáes con la marj^or Meücion y 



« j ' * t t ti 



loé rey W áfíiíAiiiá Ü^ Itsps Vl6liasltt. Uiii Siandfoaile Mib^sé &S0e óí la pjíg^ ff. 
l^é qüaiSl^Ssi WdtorTtnéiiáiio m étkmm , siiiwedu sinosribrf»gwdg¡lgio(»<iSk¿- 
4Mir6 vsA» eoaiM «W^Osseos^oi ar fw|f p»» w: l» n<t »i m pii»ea»sif Sas vsraMii- 
wu. £1 nombre MaxUalon oon qQ« se apoda á «ate persoaaja, tímm de la íonoa ds 
diminutíTO deapreoiatiTO. 
(1) P. Duran, oap. X 



t.eáo 

afK)Bentados, saiieron^aaitorefl y mbüicos'Cím itftmnizili j knehnetl 
ooniiBDxando el baile; dc^pu^sÜelaroomída fintrwou loe.g^rreroe.de 
Cnecüex tmyoiid^.oiifl^ua8^}ríiiiiípill¿)de)Deqpen, dibiendp é lo8 don- 
TÍdado&4e parteada bu oñjor^l^íé enviabaiaquel.preaeBtey ondeciába 
ae .puaieaen njqnellóB trajes muijeriles, Mpoorque iiioinbred qüe^ tanfcds 
i/kUaa harqná iDshemoiiiiroTOoado é inüitadoiálagvkarcavf estén tan 
^'deacuidadqa.i'' \[íitiéiíQnleaieii«e£ecto' :la8vrQpa0^Tila8í>idléiulol08 así 
paro Mésiqo,,éadorida seipréaeniofion áati.i^y; ^1) < ;.^ .- 

- llaooaítlvlfi&'Cdafioló.pFeinetióndioleBidumplídA ¥«ngaiíaA. £ii efec- 
to, pronto «e puso en caatptaiia^ >adela(nt^ndo auís gu^nrtr^s- Imsta Ins 
fo^aniais de Coyqlulaámn; .eaüéroüi^ialienctiatítQo. los^ íteparieoa^ tra- 
ibándose una ppufiada y .saugríetita ¡batalla. .Mote^ubaoma,! guiaido 
pQg unos^yoluntaiie^djelODlbnaoan^ oa^r^ de itnpro.viaí^' aobra la' i'e- 
t^(]arAia.d/e lo« Qoy6h¡«aGa,' Qavgaodo QO|utánto\ímp^to, qcie.iK> pu- 
^hfkéo^ reeititaír/ huyeron jabc^ndona^id^ la cituiadv : r^fugréódose m«- 
.tbasidu ilos cecrqS'de Axoohoct^ (A^jusoo),. l^osteíoplo^^yiipa^liuDios de 
,GQjóbn9LQík\\íwfí^i^ qUQinados, las aireas sa(|ned4ii^.l^ guarnición, .y 
JUab¡tft»tesjpasftU<>^ é CiUctillo., Los fugitivos cdmeiM^ronll tooear d¡- 
<¿efl4p}/;S6üore$inuQstroi9i'mé%iaa^.DO )^i»^ r^ habed' /cletnencia 
"ypi^^d d^4)Oi¥^roa, ^siegu^ j^ii^tnaaaripaJs^.yiriepo^^n vuestrfts 
/»p^jS9m^s,iR^?t^iidi<3áe8 Tli^CfteUpflt^ioc^oovíbella^OP^^nwnoiUede pa- 
i ^^]».i:.bA^Wi; ^al^i; 4^ dfistruit tofolmente ';ík toJ^ 
' *'4iar0ni<Ho¡«Mflo:¡ aaplioaaioQiBaiUfihíoiífC)^ oigas- nMsJira; ra»)n.« -Eatón- 
/í«fts di¿Qj[J?lac3afi|lleJt;^ fm<?acliadlfi8¡ toque dicen.^ ^ qu^-quieren -ep- 
"iW«:t^atio9íi*.í)üeisoiwisi9&<jrQS mioíü^.baepíw^.conv^qigt'. de.^aini^s 
^ít«(d«^iffl(()8jAíSiBfM^^ hax^mos una&:puflntefi4a. madera 

}^y'J^mT^.os,AiJl([^ÍP<>T^inrtQ^ poc .t ribubí^; flwdew iarras- 

^,'*fira«do>y»pia4wft4e p^fta$ .p$i:a oasasi fte$fitO»di<^as Tliic^elleUrin: 
/ "iM^tf^ifl fiW #«o?j Y dijftr<i)»¿ ^l8ú8,lteijaxétopa jjWorillofljf^iikiNfl «D- 
¿Vii*^u.VftQÍWP/Jjl««»4«]r«akM^^ jn0ntesíy> aaonteto8.-^;iQon 

A^Ñ%9i jawb^^.-TrJJijwHWi ;»Q;i¿A$;;#aftoi»a,tipexi<^pQp,i.flfi9¿af^ 
/"íB#IPQ«rfiíil^:iTl**^U€toíPí: naib^Waííosijqu^.na h^.jdfi^,pftwrJ^lftrta 
'^acabar de consumir á Cuyuacan, como lo tengo dicho ya; porque 

. "?9Í5?4íÍ8>.^Íl*ñ>?»í<^^W:.«^^^^ ^e mu. 

. i'j«Y4^a; ({)i^!estoii90iUfl»,r«ar4«irilQdQft.ido^^ 4. ref)]^- 

loa^iepanem cfowñddr MotMeii/ Mflorecí; w kbnupéttoi tam- 



^ .O/.*' ■" • ■ .t.. ' , ••í"íf:i. ;:) 

(1) Doran, ee¿p, X.~C<>diod Bamírez. MS. 7 m' ^ ' ' ! H < 



2ál 

HvM piMW 7 Jitbmvtaioi vtt^rtma tíerraa de maisuáeS) y asi mismo 
^^hur^^nos U9 caJao en que vaya agua limpia, para que hümsí los 
''^)exica^Q8; y así pasmo llevaremos oar^Mido Faestras ropas, as* 
*'mas y baatímentos, por los caminos q«e f aeren los mexieanos, y 
''os daremos fr^, pepitas^ huauhíH y chian para yaestno sost^ito 
y maíz por todos los (iempoii de los años. — ^Dijoles TlacaeUeltztn: 
"¿Habéis con eso acabado? — ^Dijeron: acabado es oon esto, señores 
''mexicanos. — ^Y en donde estas roces diercm era desde Axodico, 
"basta estar extendidos todos los tepaneca qne llegaban al pueblo 
"de Ckiuilla y á Xalatlaubco, y Atlapulco, á donde llegaron bnyen- 
"do los tepaneca cuyaaques.-**Y les respondieron los mexicanos di- 
"ciéndoles: mirad, tepaneca, que no os llaméis en algún tiempo á 
"engaño de este concierto, pues con justa guerra bemos ganado y 
"conquistado á fuerza de nuestras armas á todo el pueblo de Cu- 
"yuacan llamado tepaneca. — Respondieron y dijeron: no señores 
''mexicanos, que jamas lo tal por nosotros pasará ni diremos, pues 
"por nosotros fué comenzada y tomamos de nuestra propia mano 
"nuestra cobardía; y tomamos abora á cuestas eoas y sogas para 
"cargar lo que se le ofreciere al pueblo mexicano.-»— Con esto dijeron 
'4o8 mexicanos: con este concierto ya sosiegan nuestras varas tos- 
"tadas, rodelas y espadas. Con esto se volvieron los mexicanos á 
"Tenochtitlan." (1), — Hemos copiado la relación del cronista, por- 
que á través de las desaliñadas frases, se descubre una franca rus- 
tiquez encantadora. Raras costumbres. Sobre el campo de batalla 
proponen los vencidos el tributo; los vencedores regatean y exigen ; 
aceptado el pacto, entrambas le cumplen. 

La conquista de Coyobuacan trajo como consecuencia la de Tena- 
yocan; Huitzilopochco, (hoy Churubusco) y Atlicuihuayan (Tacu- 
baya,) (2) debiéndose aumentar Teocalhuican, Cuacuauhcan (Ca- 
huacan), Mixcoac, Cuauhximalpan, Tlacopan y Tecpan, (3) pue- 
blos habitados 6 sujetos á los tepaneca, situados en el Valle, á cor- 
ta distancia, al N. y NO. de México. (4) 

(1) Tezozomoc, Cron. mexicana, cap. qnince MS.— P. Darán, cap. X. — Códice 
Bamírez. MS. 

(2) T«rqaemada, lib. II, cap. L. 

(3) Consta la conquista de estos pueblos, en la lám. V, del Oddex Mendooino. 

(4) Estos sucesos tenían lugar el I tecpaÜ 142S, arreglándonos á la oron(^ogíá de 
las relaciones de Ixtlilxochitl, en el documento intitulado "Pintura de México," la 
cual pone oomo conquistados Azoapotzalco, Tenayoesn, Toltitlan, OaanliticlaB, Ha* 

TOM. III.— 31 



242 

Itzcoatl fué recibido en México, á la ynelta de la oampafta, con 
gran solemnidad por sacerdotes y pueblo^ aclamándolo como el It^ 
bortadorde la patria. Siguióse la repartición entre los guerreros, de 
las tierras de loa pueblos conquistados^ y con el fin de sublimar la 
profesión militar, ya para entonces sobrepuesta á la del sacerdocio, 
creó el rey diferentes dictados honoríficos, dando principio á una 
verdadera nobleza. Estos dictados eran propios de las personas 
principales empleadas. en los puestos civiles, militares, de la ma- 
gistratura ó de la religión. (1) Cuatro de estos potentados, forma- 
ban una especie de consejo Intimo del monarca, y de entre ellos de- 
bía salir el sucesor al trono, lo cual manifiesta que estas distincio- 
nes sólo podían recaer en loa parientes más próximos dol rey: se 
nombraban Tlacochcalcatl, Tlacatecatl, Ezhuahuacatl, y Tlillan- 
calqui. (2) ' 

copan, Coyohuaoan, Atlacohuayan, Huitzilopochco y Colhuacau- Concuerda en el 
año Torquemada, diciendo: **Esto sucedió en el año segundo de su reinado" (de 
Itzcoatl), lo cual nos conduce naturalmente al mismo año 1428. Lógico aparece tam. 
bien, haber sujetado primero á los tepaneca, que ir contra los acolhua rebelados. 

(1) Los títulos, con los nombres de las personas á quienes aquella vez fueron 
conferidos, los enumeran de este modo el P. Duran, cap. XI, y Tezozomoc, cap. 
quince. 

•'Primeramente á su general Tlacaelletzin, dio por ditado TlacochcakatlUcutli, 

A Tlacanepan, dio por ditado Ezuanacatl, 

A Guatlecoatl, dio por ditado THUancrdquú 

A Vene^acan, dio por ditado TezcoGoaaoU, 

A AzcacoaÜ, dio por ditado TociultecatL 

A Cauáltzin, dio por ditado AcolnatLocatl. 

A Tzontpantzin, dio por ditado llueitecutU, 

A Epcotinatzin, dio por ditado TendUáUan, 

A Citlalcoatzin, dio por ditado TecpcmeeaU, 

A Tlaueloc, dio por ditado Calmifnelolcatl, 

A Ixcuetlatoc, dio por ditado MexiccUteuctU, 

A Cuauhtzitzimitl, dio por ditado HuiUnatiatl, 

A Xioonoo dio por ditado y renombre TepanecatUeuclU, 

A Tla^olteotl, dio por ditado QueUaUocaU, 

A Axicyotzin, dio por ditado Teuctlamacazqui, 

A Ixuauatliloo, dio por ditado TlapaMeoaU. 

A Mecanzin, dio por ditado Cuahuyauacatl. 

A Tenamaztli, dio por ditado CoaUcíUl, 

A Tzontomoo, dio por ditado Pa/nttcaU. 

A Tlacacochtoc, dio por ditado IIueeanueatL 

(2) Traduce el P. Dwrán estos nombres de la manera siguiente: Tlacochcalcatl, 
«el príncipe de la casa de las láttzas arrojadizas;" Tlacatecatl, ''corta hombres 6 tW" 



243 

liliéñtras pas£kban estos sucedós, lod de Te^tcooo se habían pttesto 
en abierta insurrección, acaudillados por* Nonohualcatl, cuñado de 
Nezahualcoyotl, y otro principal señor nombrado Toxibui; siguió el 
mal ejetriplo él señor de Huexotla, cbh otros señores de pueblos, de 
manera (^ue todos los aculhua, bábían olvidado á su legitimo sobe- 
rano; tomaron ocasión de la larga residencia de Nezahualooyotl en 
México, y el pretexto era el odio contra los tenochca. Itzcoatl apres- 
tó considerables fuerzas, y acompañado de Nezabualcoyotl y Mo- 
tecuhzoma, capitán general, penetró por los llanos hoy de Santa 
Marta, hasta llegar á Chimalhuacan. De ahí envió mensajeros á los 
rebeldes de Huexotla, ofreciéndoles perdón si se rendían, desafian- 
dolos á batalla caso contrario. Aceptado el reto, presentáronse en 
el eampo, siguiéndose una encarnizada reíHega; Motecuhzoma tuvo 
la dicha de cautivar á Huitznahuacatl, general de los alzados, con lo 
cual éstos se pusieron á huir, abandonando gran número de muertos 
y heridos: con ello qjieáó allanado Huexotla y su comarca. Los 
victoriosos méxica acometieron á Texcoco, la cual fué defendida 
obstinadamente por Nonohualcatl; mas^ apretado el cerco y no 
pudíendo ya resistir, una noche huyó con sus parciales, ocultándo- 
se de sus perseguidores en la sierra de Tlalloc. Dueño Nezabual- 
coyotl de la ciudad, en señal de vencimiento, hizo quemar y des- 
truir algunos templos, si bien trató con dulzura á los habitantes, y 
aún mandó emisarios á los fugitivos, rogándoles con el perdón si de 
nuevo querían tomar; ellos rehusaron, internándose en los señoríos 
de Tlaxcalla y Huexotzinco. Poniendo competente guarnición y se- 
gura en Texcoco, el ejército allanó á Cohuatlichan, Colhuatepec é 
Iztapalocan; quedaron partidas en observación de los señores de los 
lagos australes, y embarcándose en Ixtapalapan, volvieron á Te- 
nochtitlan el rey Itzooátl y Nezabualcoyotl, á solemnizar sus victo- 
rias. Asi terminó aquel año tan fecimdo en acontecimientos, I tec- 
patl 1428. (1) 

Los xochimilca, aleccionados con la suerte de los pueblos venci- 
dos, se dividieron en dos bandos; proponía el uno someterse de buen 

cenador de hombres;'* Ezbuahnaoatl, "el derramador de sangre, arafiando 6 cortan- 
do;** Tliyancalqm, ''sefior de la casa de la negrura." 

(1) Relaciones de Ixtlilxochitl. M8.— Torquemada, lib. 11. cap. XXXVm.— La 
conquista de Acolhnaoan-Texoooo, beoha por Itzcoatl, consta en la lámina V, nií- 
mero 18, del G<5dice Mendooino. 



/ 



244 

grado á los méxica, mientras el otro opinaba por defenderse llegado 
el caso de ser invadidos. Aeunidos para conferenciar, Yaraxapotecu- 
tli, señor de Xochimilco, y el señor de los sembrados Pachimalcatl- 
tecutli, fueron de parecer se probara la suerte de las armas, defen- 
diéndose caso de declaración de guerra: de consuno fué adoptada 
aquella resolución. Para tomar las determinaciones convenientes, re- 
solvieron hacer un banquete, á cuyo efecto compraron á las mujeres 
móxioa concurrentes al tianquizili^ los productos de lago, que en- 
vueltos en hojas da la mazorca del maíz, formaban su comercio. 
Sentados á la mesa, quedaron atónitos al abrir aquellas envolturas, 
pues en lugar de los pececillos y aves acuáticas, encontraron pies, 
manos, corazones ó intestinos humanos. '^Ellos, viendo una cosa 
''tan espantosa, y nunca oida ni vista, llamaron á los agoreros y pre- 
^'guntáronles qué podría ser aquello, los agoreros les pronosticaron 
''ser muy mal agüero, pues significaba la destrucción de su ciudad 
**y muerte de muchas personas. Los señores, alborotados, empoza- 
"ron á decir: ¡ah, señores! ¡que somos perdidos y sin remedio! por 
"tanto, xuchimilca, aparejaos para morir, porque la nobleza de Xu- 
"chimilco ha de perecer como la de Azcapotzalco y la de Cuyua- 
"can. (1) 

Poco después se presentaron en Xochimilco algunos embajadores 
de México, quienes después de ofrecer algunas dádivas, expusieron 
humildemente, que deseando su rey Itzcoatl hacer nuevo templo á 
Huitzilopochtli, permitieran sacar de su territorio la piedra y ma- 
dera necesarias. Aceptar de llano, era admitir tácitamente el vasa- 
llaje, por lo cual contestaron los xocliimilca con desabrimiento: 
"idos luego á vuestros señores y dadles esta respuesta: que no que- 
bremos ni es nuestra voluntad darles lo que piden." (2) Un hecho 
injusto de los xochimilca trajo el final rompimiento. Volvían de 
Cuauhnahuac unos mercaderes tenochca cargados de algodón, y 
descansando en el camino de la montaña, unos guerreros xochimil- 
ca los saltearon, hiriéndolos y desnudándolos. Los mercaderes go- 
zaban grandes prerogativas en México, y en uso de su derecho, se 
presentaron desnudos y ensangrentados á Itzcoatl, pidiéndole justi- 
cia: "Hemos estado ausentes, les respondió el rey, descansad ahora, 
que ya seréis satisfechos." 

(1) P. Duran, cap. XIL 

(2) P. Duran, loco cit. 



245 

En señal de guerra, los méxica talaron algunos maizales de la 
frontera. Acometei" sin declaración de guerra era contra el derecho 
admitido, así Itzcoatl mandó embajadores á pedii^ la sumisión 6 de* 
safíar á los xochimilca para los campos de Ocolco, Algunos guerre- 
Tótí salieron al encuentro de los enviados, quienes á pesar de su ca- 
rácter sagrado é ir desarmados, no fueron recibidos ni oidos, forzán- 
dolos á volver á Tenochtitlan sin dar su mensaje. Oido tamaño agra- 
vio, Itzcoatl convocó á los jefes del ejército, quienes dieron las ór- 
denes á los capitanes y soldados viejos, para reunir y pertrechar á 
los guerreros, juntándose un buen número de soldados, pues los xo- 
chimilca eran muchos y valientes, tilegados los méxica á Ocolco, 
salieron al encuentro los contrarios muy galanos, cubiertas de oro 
las armas, ellos con joyas, piedras preciosas, plumas y vistosas di- 
visas de todos colores. La batalla se empeñó dando ambas partes 
recios alaridos, golpeando los escudos con las armas, diciéndose de- 
safíos, bravatas é improperios. Mientras se mantuvo el combate de 
lejos con flechas y piedras, no hubo ventaja por ninguna parte; pe- 
ro llegando á combatirse de cerca, los méxica, muy diestros en el 
manejo del macuahuitl y con cuya arma eran terribles por su san- 
gre fria, hicieron tal estrago en los xochimilca, que éstos comenza- 
ron á perder poco á poco el terreno, aunque alentado? por sus capi- 
tanes. Paráronse en las lomas de Xochitepec, mas desalojados de 
ahí por Motecuhzcma y perseguidos de muy cerca, tuvieron por fin 
que encerrarse dentro de las murallas de Xochimilco. Eran éstas 
de piedra y tierra, defendidas por un foso; no obstante el daño reci- 
bido por las saeteras, los tenochca se acercaron al muro, abrieron bre- 
chas y por ellas se precipitaron triunfantes dentro del recinto. En es- 
te punto se presentaron los señores xochimilca sin armas, los bra- 
zos cruzados sobre el pecho, con ademanes de sumisión y respeto, 
y postrados en tierra, pidieron cesara el combate, ofreciendo servir 
con sus montes, aguas y fuentes, piedra de todas clases, madera y 
leña; pareciendo poco á Motecuhzoma, aumentaron todos los servi- 
cios personales, impuestos por la costumbre á los vencidos. Acepta- 
do el pacto, el ejército volvió á Tenochtitlan, sin haber entrado en 
la ciudad vencida. (1) 

(1) Darán, cap. XIL— Tezozomoc, cap. diez y seis. MS.— Códice Ramírez, MS. 
— Torquemada, lib. II, cap. XLII. 



246 

Desabridos quedaron los guerreros, y volyieron de mala gana á 
Tenochtitlan; Xochimilco era ciudad rica y poblada, y no permi- 
tirles el saco como en las demás pc^laciones vencidas, fué privarlos 
de un cuantioso botin. Motecuhzoma los calmó ofreciéndoles una 
recompensa generosa, la cual se les otorgó en las tierras de los xo- 
cbimilca, profusamente repartidas entre el rey, la nobleza, los tem- 
plos y los soldados. Todos los de la provincia quedaron casi despo- 
seídos, concediéndose en cambio al señor, pudiera estar y comer en 
presencia del rey de México, cosas de mucha honra para él. (1) 

£1 año pasado habían aderezado los coyohuaca la calzada de 
Tlacopan, compuesto el acueducto del agua potable, y formado un 
cerco al bosque de Chapultepec, bajo la dirección de Nezahualcoyotl, 
como ingeniero. En el año presente II calli 1429, Itzcoatl obligó 
á los tepaneca y xochimilca, á edificar una calzada sólida de quin- 
ce brazas de ancho, y dos estados de alto sobre el nivel de las aguas 
del lago; prontamente quedó terminada, y es la que unía á México 
con Coyohuacan: (2) después quedó construida la calzada de Ixta- 
palapa, y en la unión de esta calzada con aquella, fué alzado el 
fuerte de Xoloc, con pozos y trincheras. Hacia esa misma época, 
parece tenían ya terminada los de Tlatelolco, la calzada que unía 
su ciudad con los cerros de Tepeyacac (Guadalupe), con la cual 
quedaba comunicada la isla, por cuatro partes con la tierra firme. 

Vencido Xochimilco, el ejército tenochca mandado por Itzcoatlj 
Nezahualcoyotl y Motecuhzbma, se puso en marcha .para acabar d^ 
sojuzgar el antiguo reino de Acolhuacan. Saliéronle al encuentro 
los enemigos en Cohuatitlan, dos leguas de Toxcoco; mas fueron 
prontamente desbaratados. Tomado Nepohualco, y forzado el puen- 
te de Acolhuacan, valientemente defendido por los rebeldes, el ejér- 
cito ocupó sucesivamente á Chicuhnauhtla, Tepechpan, Acolma y 
Tezoyocan, no sin sufrir brava resistencia. Cluemados los templos, sa- 
queadas las casas y pasadas á cuchillo las guarniciones, fueron ocu- 
pados Teotihuacan, Cuauhtlantzinco y Axapochco. Los de Otonpan 
defendieron porfiadamente el terreno, sin poder librarse del yugo; 
hicieron lo mismo los de Aztaquemecan y Cenpoalla, atrayendo con 
su caida la sumisión de Tepepolco, Ahi:atepec y otros lugares, 

(1) P. Duran, cap. XIIL 

(2) P. Darán, cap, XII y XIII.— Tezozomoc, cap. diez y siete. 



247 

los, cuales viniercm al can^ trayendo refrescos y bastimentos. Pro- 
págalo el ejército por Tlaloapait, dio la yueílta por Cüaohtitlan y 
volvió áj IVIéxico cargado de despajos, trayendo buen número de |^- 
sioneros, entre ellos algunos capitanes de cuenta, quienes fueron 
sacrilLcados Á HuitzilopoohtU en las fiestas de haoimiento de gracias 
por la victoria. (1) 

Descúbrese fácilmente el pensamiento de Itzooatl, siguiéndolo en 
•estas primeras conquistas; su intento fué apoderarse de los pueblos 
riberauos da los lagos, preparando de esta manera la conquista del 
Talle. La mayor dificultad fué el vencimiento de los tepaneca; des- 
pués, armas, bastimentos y soldados daban las provincias sojuzga- 
das, y estos elementos hacían el triunfo seguro. Al principio fué 
menester la fuerza de los extraños^ ahora bastaban las propias con- 
tando en ellas las de los pueblos sometidos. Llama profundamente 
la atención el aislamiento político, así de las tribus como de las frac- 
ciones de la misma raza. El peligro común no era parte para reu- 
nirías;, paían unas tras otras bajo el macuahuitl de los méxica, indi- 
ferentes é impasibles al estrago ajeno, fiando su salvación en las 
propias fuerzas, sin ocurrirles unirse contra el conquistador, hacién- 
dose fuertes é invencibles por medio de recíprocas alianzas. Era la 
apática indolencia llevada á su último extremo; el odio de raza, con- 
vertido en la insensata venganza que prefiere la ruina del enemigo, 
aun cuando su pérdida arrastre el propio dafio; el apartamiento egoís- 
ta no movido sino por el sufrimiento personal. Estos bastardos sen- 
timientos facilitaron las conquistas de los méxica; por desdicha, 
cuando aquellos pueblos venían á incorporarse al imperio traían sus 
elementos repulsivos entre sí, disolventes en el conjunto, inoculaban 
el cuerpo social y predisponían la ruina que con el tiempo sobreven- 
dría á vencidos y vencedores. 

III tochtli 1430. Itzcoatl buscó un pretexto para apoderarse de 
Cuitlahuac (hoy Tlahua) en los lagos australes. El Coatecatl y el 
Pantecatl, fueron nombrados para decir á;Xochitlolinque: "Gran se- 
**ñor; el rey de México, tu ^gran amigo Itzcoatl, quiere hacer una 
^'fiesta muy solemne y señalada á Questro dios, y para más señalar- 
"se en la celebración della, quiere que la solemnices tú y todos tus 
''principales, y juntamente los que bailen y canten sean todas las 

(1) IxOilzooliiaj 10 «> relaeion de MaztU. MS. 



248 

"doncellas deste pueblo, hijas y hermanas, sobrinas y parientas muy 
'^cercanas de señores de alta y noble sangre, para que después de 
"sus días quede esta ceremonia en el culto de su dios; juntamente 
"te suplica vayan acompañadas con sus ayos y amas para que no se 
"cometa ninguna cosa que sea en deshonor y deservicio de su dios 
"y que lleven rosas, juncia, como es uso y costumbre para esta fies- 
'4;a." Xochitlolinque respondió con aspereza: "Mexicanos, ¿sabéis lo 
"que os decís? ¿son por ventura mis hijas y hermanas y parientas 
"y de los demás señores de Cuitlahuac, juguetes ó truhanes de vues- 
"tro dios que han de cantar y bailar delante dól? Decidle á vuestro 
"señor Itzcoatl que no tengo yo en tan poco á las doncellas de mi 
"pueblo, aún á las de más baja suerte, que las hé yo de enviar por 
"solo su mandado á que sirvan de truhanes á su dios: que doncellas 
"tiene en su' pueblo, que se sirva dellas, que ni en este caso ni en 
"otro no espere ser obedecido de mí: que si lo hace por inquietamos 
''ó hacemos guerra, que aparejados estamos para lo quel quisiere, y 
"con esto 08 podéis volver." (1) Despidióles en efecto sin darles co- 
mida ni refresco, como era costumbre á embajadores. 

Si conforme á esta versión el pretexto era frivolo, según otra re- 
sulta por demás injusto: la pretensión fué, vinieran los hombres á 
plantar rosas en México para recreación de los señores y enviaran 
á las doncellas para ser alojadas en el Cuicoyan. (2) La repulsa fué 
honrada y meritoria. Con aquella rara mezcla de cortesanía y de 
barbarie distintiva de los tenoclica, Itzcoatl hizo tornar á los emba- 
jadores para pedir la última resolución; Xochitlolinque no les dio 
oido, y los echó á empujones de su casa real. 

Quedó resuelta la guerra, mas para no aventurarse fueron emba- 
jadores á Chalco á informarse de los señores Cuateotl y Toteotzin si 
darían auxilio á Cuitlahuac; respondieron no tomarían parte ningu- 
na en la querella. Entonces se mandó sacar de las escuelas, de los 



(1) P. Duran, cap. XIV. 

(2) Tezozomoo, Crónica Mexicana, cap. diez y ocho. MS. Sabemos había en Mé- 
xico una casa de educación llamada Cuicoyan, alegría grande de las mujeres, en 
donde enseñaban á las jóvenes á i^antar y bailar al son del teponazüi y del tlapon- 
huehuetl; aquellas danzas, muchas alegóricas y en general reh'giosas, tenían lugar en 
las fiestas civiles ó rituales. Las educandas del Cuicoyan salían desenvueltas y livia- 
nas, y por eso los mézica, que criaban á sus hijas con recato, pedían á los pueblos 
vencidos aquel contingente de doncellas, que acababan por ser la lepra de la eiudad. 



249 

temaos 7 de los eolegio», á los jóvenes basto de veinticnatro aRos, (1) 
s# les TÍstió el ichcahuipilU^ diéronles rodelas, arco y flechas, el 
tlaooebili ó lanza arrojadiza y el terrible macuahuití: quería Itz- 
coatl adiestrarlos en la pelea, dándoles bravos capitanes y veteranos 
que los conttojesen, y destinados á obrar por tietra se les tnandó reu- 
nirse en Yahualiucan, adelantándose hasta Tecnetlatenco. Cuitla- 
haac estaba rodeado por las aguas. Así para expugnarla se previno 
una flota de mil acalli^ tripuladas con gente de desembarco y para 
defenderse contra los tiros y guardar á los remeros iban á los costa- 
dos y frente diestros rodeleros parando las piedras y atajando las 
flechas. Los cuitlahuaca salieron al encuentro de esta flota con la 
suya, que menor en número y mal gobernada fué bien pronto des- 
hecha. Cuando los de la ciudad vieron sus canoas quebradas, las 
armas sobrenadando en el lago y los hombres luchando con las aguas, 
llamaron en su auxilio á los hechiceros y nigromantes, quienes pro- 
nunciaron las palabras mágicas, formando las figuras cabalísticas, 
pidiendo á los peces, culebras, ranas y á todos los gusanillos y sa- 
bandijas, se pusieran 'contra los tenochca y los destruyeran. Sin 
efecto fué el conjuro; los méxica. desbarataron por completo la flo- 
tilla, penetrando en la ciudad arrollando cuanto se les puso al paso. 
Mirándose vencidos y cortada la retirada, Xochitlolinque, con los 
principales, pidieron merced: fué reconocido el vasallaje, el pago del 
tributo, y ademas se admitió enviar las doncellas pedidas al Cuico- 
yan, con el cargo los hombres de plantar las rosas en Tenochti- 
tlan. (2) 

"Volvió Tlacaellel á la ciudad con sus muchachos cargados de 
"riquezas y presentes, con muchos capitanes cautivos para sus sa- 
"crificios; fué muy famoso en toda la tierra este hecho por haber 
"sido con muchachos y todos bisoñes en la guerra. Y así salió toda 
"la tierra á verlos entrar por la ciudad: entraron con gran triunfo 
"sus presos en procesión. Recibiólos el rey con toda su corte con lá- 
"grimas de gozo, abrazando y animando á los mozos; lo mismo hí- 
"cieron sus padres y parientes que allí venían. Salieron los sacer- 
'Siotes por su orden, según sus antigüedades, tañendo, incensando, 
"y cantando la victoria de los muchachos. Tocaron muchas bocinas ^ 

(1) De diez y seis á diez y ocho afios, según el Cúdioe Ramírez. 

(2; P. Dnráo, tjap. XIV — Tezozomoc, cap. diez y ocho. MS. 

TOM. III. — 32 



350 

'^caracoles y atanibores en el templo, y ^sí entraron eü este aparato 
^^Á dar gracias á su ídob con I^s ceremonias acostumbrada», homi- 
* alándose y tomando con el dedo tierra comiéndola y sacáildope Bañ- 
'^gre de las espinillas, molledos y orejas, y este estilo tenían en el 
^^recibimiento de loe que tenían de la guerra victoriosos, haciendo 
'^siempre esta adoracicm ref4arida delante de su dios." (1) 

^'Vuelto Itzcoatl de esta guerra de Cuitlahuac, comenzó en esta 
"ciudad de México el templo del ídolo llamado Cihuacoatl (que 
"quiere decir Mujer Culebra), y luego el año siguiente se hizso tam- 
"bien el de Huitzilopochtli (que era el mayor dios que teníanlos me- 
xicanos)." (2) 

La lám. VI del Códice Mendocino enumera como conquistas de 
Itzcoatl no sólo á Xochimilco (núm. 3) y Cuitlahuac (núm. 2), sino 
también á Mizquic (núm. 1) y á Chalco (núm. 4), con lo cual que- 
daron sojuzgados los señoríos de los lagos australes y conquistado el 
territorio de los pueblos riberanos. No encontramos pormenores acer- 
ca de estas dos últimas conquistas, admitiendo tuvieron lugar des- 
pués de la toma de Cuitlahuac. 

IV acatl 1431. Allanada la tierra, Itzcoatl y Nezahualcoyotl, de 
común consentimiento, procedieron á dividir lo conquistado; aquel 
deseaba hacer dos partes de todo; pero prevaleció el consejo de éste, 
por lo cual se procedió á la división en tres señoríos. (3) Al efecto, 
fué trazada en el lago una línea divisoria, "de Sur á Norte, desde el 
"cerro nombrado Cuexcomatl, que está á la parte del Sur respecto 
"de México, y trayéndola en derechura por medio de la laguna, don- 
"de se dice clavaron unos morillos ó estacas^^muy altas de una y 
"otra orilla, que sirviesen de mojoneras, y corriendo después para el 
"Norte atravesó la línea los cerros de Xoloque Techimalli hasta el 
"territorio de Tototepec, que era lo que hasta entonces había con- 
"quistado. Todavía Aubsisten en nuestros dias las señales de esta 
"división, en un abarradon que corre de Sur á Norte á la falda occi- 
"dentaldel Peñón de los Baños, que es conocido por la albarradade 
"los indios, á distinción de la de San Lázaro, que es obra de los es- 
^'pañoles; y según los linderos que 8eñalan{los escritores, corría la lí- 

<1) Cddioe Bamírez. MS. 

(2) Torqaemada, lib. n, bap. XLH. / 

(8) Ixtlilxochitl, Hist Chiohim. cap. 82.— Torqnemada, lib. II, eap. XXXIX4 



251 

'nea para el Sur entre Ixtapalapan^y; C^ulhaaoan, at^avess^ndo la la* 
^'guoa 4e Chalco, y por el Nortie,corríaAtrav^aaíidp el terreno que es 
í^ahoi» laguna 4© TzoupftncQ y aeguíít por entre este piieblo y el de 
"Oitlaltepec hasta TototepeoJ' (1) f : 

El terreno á la parte oriental de la línpa tocó d Ne2;abi;alcayotl y 
tomó el noijabre de reino de Aco^huaqan. Si, se atiende á, que al Nor- 
te de la demareacion Metztitlan era independiente, asi como los 
huaxteca al NE. y los totonaca al E.; que, entremedias existían muj.- 
titud de pueblos no sojuzgados y que Tlaxcalla €e regía por seño- 
res propios, advertiremos haber quedado aquella íraccion política, 
á la sazón la mayor de las tres, mucho menor sin duda que el anti- 
guo ChichimeoatlalU ó patrimonio de los chichimeca. Nezahuálco- 
yotl tomó el dictado de Aculhua TecuhtU, en memoria de los aoul- 
hua, y el de Gran Chichimecatl Tecnhtli en recuerdo de los chichi- 
meca, canservando así y uniendo los dos nombres de las tribus de 
donde la nación procedía. Según el cronista texcocano, el título Te- 
cuhtU equivale al de César de los romanos. (2) 

A la parte occidental de la línea quedaban las islas de México 
Tenochtitlan y de Tlatelolco. México era la capital, y su territorio, 
el más pequeño de los tres, principiaba al Sur con los señoríos de los 
lagos {australes, terminando al Norte en la frontera tepaneca; sin 
embargo, metía ya la mano tJn las márgenes orientales supuesto per- 
tenecerle ahí el reino de Culhuaoan y la ciudad de Ixtapalapan. 
Itzcoatl tom6 el diotado de Culhua Tecuhtli, en homenaje á la tribu 
civilizadora d quien debían sus adelantos los méxica. Como siempre 
los arreglos territoriales después de la guerra se hacen á expensas 
de los Estados pequeños, Tlatelolco, con su rey Cuauhtlatoa, quedó 
como olvidado en 9u isla, sin concedérsele el menor pe4Azo de tie- 
rra. Los historiadores dan á Itzcoatl, y en adelante á los señores de 
México, el dictado de emperador en lugar del de rey: uno y. otro tí- 
tulo son puramente convencionales, no correspondiendo exactamen- 
te á las ideas expresadas hoy por esas palabras. 

Al mismo rumbo occidental quedaba el reino de Tlacopan, con su 
capital del mismo nombre. Le pertenepían los pueblos tepaneca, ^'y 
^'la provincia de Mazahoacan, y la parte de aquellas serranías con 

(1) Veytia, Hist. antig. tom. III, pág. 167.— Hist. Chichim. cap. 88. MS. 

(2) Ixtlilxeohití, Hist. Ghichim. cap. 82. MS. 



252 

''sus vertientes qne eran de chichimecas, que son los que abora Ha* 
^'mau otomíes, y el dia de hoy aún dura á la gobernación Tlaeupa, 
^'cuando se hacen llamamientos de gentes para alguna obra pública 
"y de consideración, entrar en la cuenta de esta república todos los 
^'pueblos que están en las cordilleras y las otras vertientes de las sie- 
*'rra8, que le caen al Poniente que corren hacia el Valle de Tolu- 
"can." (1) Para este nuevo señorío filé nombrado Totoquihuatzin, 
nieto de Tezozomoc y sobrino de Maxtlaton, por no haber tomado 
parte ninguna en la guerra contra Itzcoatl y no se perdiera la me- 
moria de tan antigua y fuerte tribu: tomó por dictado Tepanecatl 
Tecuhtli. (2) Este pequeño reino quedó siempre estacionario, sin 
presentar variación alguna en su territorio. Así quedaron represen- 
tadas las tres principales tribus que se habían disputado la supre- 
macía del Valle. 

"Diéronse aquellos Estados á Totoquihuatzin, con obligación de 
"servir con todas sus fuerzas al rey de México, siempre que éste las 
"requiriese, reservándose la quinta parte de los despojos que se to- 
"masen á los enemigos. Igualmente fué puesto Nezahualcoyotl en 
**pose8Íondel trono de Acolhuacan, con la misma obligación de servir 
"á los mexicanos en la guerra y derecho á la tercera parte del botin, 
"después de sacada la del rey de Tacuba, y quedando las otras dos 
"terceras partes para el rey de México. Ademas de esto, los dos reyes 
"fueron creados electores honorarios del rey de México, (*) prero- 
"gativa que se reducía á ratificar la elección hecha por cuatro nobles 
"mexicanos, que eran los verdaderos electores. El rey de México, en 
"cambio, se obligó á socorrer á cada uno de los otros dos, cuando lo 
"necesitasen. Esta alianza de los tres reyes, que se mantuvo firme 
"é inalterable, por espacio de cerca de un siglo, fué la causa de las 
"rápidas conquistas que después hicieron los mexicanos." (3) 

Respecto de la partición de los despojos, encontramos varias opi- 
niones; la más autorizada, en nuestro concepto, y por eso preferida, 
es la siguiente: "En México y en su Prouincia abia tres Señores 



(1) Torquemada, lib. lí, cap. XXXIX. 

(2) Hi8t. Ghichim. oap. 32. MS.— Toiquemada, lib. II, oup. XXXrX. 

(*) Muchos historiadores creen que los reyes de Tezcuco y de Tacuba eran verda- 
deros electores; pero de la misma historia consta lo contrario, ni se halla dato algu- 
no para creer que se hallasen presentes á alguna elección. 

(8) Clayigero, hist. antig. tom. 1, pág. 158. 



263 

'^principales, que eran el Se&or de México, y el de Tlescuco, y el 
"de Tlacopan que ahora llaman Tlacuba, todos los demás señores 
"inferiores seruian y obedecían á estos tres Señores, y porque esta- 
"ban confederados toda la tierra que sujetaban la partían entre si.^' 
" — Al Señor de México hauian dado la obediencia los Señores §j^ 
"Tlescuco y Tlacuba en las cosas de guerra, y en lo demás eran 
"iguales, porque no tenia el uno que hazer en el Señorío del otro, 
"aunque algunos pueblos tenian comunes y repartían entre si los 
"tributos dellos, los unos igualmente y los de otros se hacian cinco 
"partes, dos llebaba el Señor de México, y dos el de Tlescuco, y 
"uno el de Tlacuba." (1) 

Un cambio radical se operó con este nuevo pacto. Desapareció el 
antiguo Chichimecatlalli; cambiaron su nombre los emperadores 
cbichimeca por el de reyes de Acolhuacan; abandonaron sus preten- 
siones á la supremacía absoluta, contentándose con formar parte de 
la triple alianza; el territorio quedaba estrechado en lindes £jos, no 
pudiendo ser acrecentado sino en determinadas direcciones. Al pe- 
recer, el reino tepaneca, terminaba la nacionalidad de la tribu; en 
lugar suyo se alzaba un señorío enclavado en el territorio ajeno, 
subordinado á los estados, á los cuales debía la existencia, de influjo 
casi nulo á pesar de los términos de igualdad apare&tecon sus cole- 
gas. Sacó México las mayores ventajas; de ciudad esclava en los 
fangales de los lagos, se trasformó en señora; ^os provechos de La 
guerra resultaban en su ventaja, pues se a|)rogaba la supremacía 
militar, de donde le debía resultar un crecimiento rápido é indefi- 
nido. Preciso es confesar haber procedido Itzcoatl con sabia políti- 
ca al formar femejante arreglo. Si hubiera tomado para sí toda la 
tierra, habría dejado en pié los derechos de acolhua y tepaneca, ori- 
ginándose de ello frecuentes disturbios, á los cuales se puso coto 
dando participio en el poder á las dos tribus; así se convirtieron és- 
tas, de amenaza constante en elementos provechosos. En semejante 
pacto el provecho debía ser para el más astuto, y no hay duda en 
que Itzcoatl quedó el más favorecido; Totoquihuatzin ya desde el 
principio subalternado no entró en cuenta; Nezahualcoyotl era muy 
amigo de las letras para disputar la supremacía: Itzcoatl debía so- 
breponerse á sus compañeros. 

(1) Zurita, Breo« y Bmnaria Belaoion de los sefiorea y manaífta y diff «rendas qne 
ania delloa en la Nueoa Espafia, &, MS. 



234 

La coronación de los doá nuevos feyes, Nezahualcojrotl j Toto- 
quihuatzin tuvo lugar en México, á nsatiza de los tenochca, éón gran- 
des fiestas y regocijos. (1) Entonces Ne^ahualcoyotl se trasladó á 
Texcoco, en donde su presencia era reclamada por sué súMitos, 
pties hacía casi cuatro años que moraba en Tenochtitlan. Dedicóse 
íuego al arreglo de su reino, bien revuelto por cierto durante su pro- 
longada ausencia. Los antiguos jefes rebeldes, que cuando vencidos 
se hablan expatriado, después de corto tiempo habían retomado á 
Acolhuacan, y aunque por influjo de Itzcoatl habían sido amnistia- 
dos, sabiendo la llegada del rey huyeron de nuevo para Tlaxcolla, 
Huexotzinco y Chalco; fueron mensajeros á proponerles seguridad 
absoluta, mas ellos no desistieron de su propósito. Sólo Totolnihua, 
señor de Coatepec, envió á sus dos hijos, Ayocuatzin y Quetzalte- 
colotzin, diciéndoles: *4d y servid á vuestro rey y señor natural, 
"que vuestra inocencia os salva:" ambos mancebos fueron bien reci- 
bidos y colmados de honoreu. (2) 

Porfiada disputa traen los escritores méxica y acolhua acerca de 
la supremacía de sus naciones respectivas. Los primeros alegan ha- 
ber sido los señores de Texcoco desde los tiempos de Huitzilihnitl, 
á quien Tezozomoc dio la ciudad en feudo, de manera que Neza- 
hualcoyotl era vasallo de Itzcoatl. Los segundos no sólo cuentan su 
derecho sobre Méxi^ desde los tiempos de los reyes chichimeca, si- 
no aumentan el hecho innegable de haberse salvado la isla del fu- 
ror de los tepaneca por el socorro traído por Nezahualcoyotl, de • 
manera que éste era el verdadero superior en la tierra. Como uno 
de tantos capítulos de semejante disputa, se cuenta, que disgustado 
Nezahualcoyotl de algunas expresiones injuriosas veltidas por Itz- 
coatl, reconvino á éste y aun le declaró la guerra. Para conjurar el 
daño, no sólo el mexicatl dio sus disculpas, sino envió á Texcoco 
ricos presentes, siendo el más valioso sin duda veinte y cinco don- 
cellas de las más hermosas y nobles de la ciudad. Aunque aficiona- 
do Nezahualcoyotl al bello sexo, hTzo descansar á las doncellas, las 
llenó de regalos y mandó á México, retando á Itzcoatl á singular 
combate. Púsose en seguida en campaña con poderoso ejército, com- 
batió siete días á Tenochtitlan por la calzada de Tepeyaéac; á cá- 

(1) LcUflxoohitl, Hist Obiohim. oap. 82.— Anales de CtiatihtítUm. MS. 

(2) IxililxooliiU, Hist. Chiohim. cap. 38. MS. 



256 

bo de ese tiempo se apodera de la ciudad, saqueando hs casas prin- 
cipales y qtietnando los tempbs. Itzooatl y Totofolfauatziti se reoo-^ 
nocieron vasalloade-Texeooo; las oiudadeside Tenoobtitljan, Xoloe,' 
Tlaoopan, Azoápotzaloo, Tenayocan, Tepotzotlan, Cuauhtitlan, Tul- 
titlan, Ehecatepée, Hüixachtitkn, Coyóhuaoan, Xochimilco y Cuex- 
comatitlan debía pagatcada tina de tributo al año, "cien cargas de 
''mantas con sus cenefas de pelo de conejo de todos oblores, que 
"son veinte en cada carga; y veinte cargas de mantas reales de las 
''que se ponían los reyes en los actos públicos^ con la misma cenefa; 
"otras veinte que llamaban esquinadas, de á dos colores con la mis* 
"ma cenefa, de las que traían puestas 'en sus areitos y danzas; dos 
"rodelas de plumería con bus divisas de pluma amarilla y otros 
"penachos que llaman tecpilotl^ que es lo que se ponían los reyes 
''de Texooco en la cabeza, con otros dos pares de borlas de plu- 
"mería c<m que ataban el cabello; y por mayordomo y cobrador 
"de esto» tributos á ún hombre llamado Cailotl, que eligió para este 
"objeto." (1) 

No obstante tan minuciosos pormenores, nos figuramos no haber 
nada cierto en semejante leyenda, sacada sin duda de alguna falsa 
pintura; á nuestra cuenta es uno de los tantos desahogos del orgullo 
nacional. En efecto^ nada dieen áe ello Torquemada, Duran, Tezo- 
zomoc, ni otros autores bien informados; las consideraciones no pres- 
tan á la relación fundamento alguno, y ni la confirman ni la auto- 
rizan los hechos posteriores. 

Lo bien averiguado es que Nezahualooyotl hizo grandes reformas 
en su señorío. — "El r«lfaio de Acolhuaoan no estaba tan bien arre- 
glado como lo dejó Techotlala, la dominación de los tepaneques y 
las revoluciones * sobrevenidas en aquellos veinte afios, habían alte- 
rado el gobierno de los pueblos, debilitado el vigor de las leyes, y 
corrompido en gran parte las costutiibres. Nezahualcoyotl, que ama- 
ba entrañablemente á sus pueblos, y que estaba dotlado de singular 
prudencia y sabiduría, tomó tan acertadas medidas para la reforja 
del reino, que muy en breve se vio más flbrecienté que nunca lo ha- 
bla estado. Dio ntieva forma á los consejos ya establecidos por su 
abuelo, y los compuso de las personas más aptas y seguras. Había 
un consejo pam lais causas civiles, al euál, ademas de los individuos 

(1) bLtiíUochíÜ, Hlst. Chichim. Cfip. 34. lid -copia Ve^tíft/ iom. 3, pág 173 y ng. 



866 

natos, asistían cinco seüores» que le habían sido constantemente 
fieles en sus mayores adversidades. Otro juzgaba las causas crimi- 
nales y lo presidian dos principas, germanos del rey, hombres de 
suma integridad. El consejo de guerra se componía de los más fa- 
mosos capitanes, entre los cuales tenía el primer lugar el sefior de 
Teotihuacan, yerno del rey, y uno de los trece magnates del reino. 
El consejo de Hacienda constaba de los mayordomos de la casa real 
y de los primeros traficantes de la ciudad. Tren eran los principa- 
les mayordomos que cuidaban de los tributos, y de bs otros ingre- 
sos de las arcas reales. Estableció juntas, á guisa de academias, 
para el cultivo de la poesía, de la astronomía, de la música, de la 
historia, de la pintura y del arte adivinatorio; llamó á la corte á los 
profesores más acreditados del reino, les mandó que se reuniesen en 
dias señalados para comunicarse mutuamente sus conocimientos é 
invenciones, y para cada una de aquellas ciencias y artes, aunque 
imperfectas, fundó escuelas en la capital. Con respecto á las artes 
mecánicas, señaló el ejercicio de cada una de ellas, con exclusión 
de las otras, uno de los treinta bajrrios en que dividió la ciudad de 
Tezouco: así que, en uno estaban los plateros, en otro los carpinte- 
ros, en otro los te^jedores, y así de los demás. Para el fomento de la 
religión, edificó nuevos templos, creó ministros para el culto de los 
dioses, les dio casas y señaló rentas para su sustento, y para los 
gastos de jas fiestas y sacrificios. Con el objeto de aumentar el es- 
plendor de su corte, construyó grandes edificios, dentro y fuera de 
la ciudad, y plantó nuevos jardines y bosques, que en parte se con- 
servaron muchos años después de la conquisa, y aun en el dia se 
ven algunos vestigios de aquella magnificencia.*' (1) 

Entre las reformas se hizo una, contra el parecer de Itzcoatl. La 
división en feudos casi había desaparecido en la guerra; Nezahual- 
coyotl volvió á organizaría, creyendo que el rey estaba más autori- 
zado teniendo grandes señores por vasallos. Así, dio el señorío de 
Hu^xotla, á Tlazolyaotzin, hijo de Itlacauh, el que huyó á Tlaxca- 
lla; llamó al desterrado Motoliniatzin para darle á Coatlichan; puso 
en Chimalhuacan á Tezcapoetzin; en Tepetlaatoc á Cocopitzin; en 
Acolman á Motlatocatzonu^tzin; enTepechpan á Tencoyotzin; en 
Chiconauhtlan á Tezozomotzin; en Tezoyocan á Tetcotlalatzin; en 

(1) Clavigero, HÍBt, antíg. tom, l,pág. 159. — Torqa«mada, lib. If, cap. XLI. 



267 

Otompa á daecholtecpantzin, en Teotibnacan & Matmalitzin; en 
CSiianhtla á Cnanfatlatsaonalotein, confirmando los lefiorlos de Tol- 
lantsinco, Ouanlichmanco y Xicotepec. duedaron señalados para la 
recámara real, Cohuatepeo, Iztapalocan, Xaltooan, Tepepulco, Cen- 
pohnallan, Aztaquemecan, Abnatepec\ Axapuxco, Oztoticpac, Ti- 
zayocan j unos pocos más. Ocbo mayordomos estaban encargados 
de recoger los tributos destinftdos á los gastos públicos. (1) 

Da una buena idea de aquel orden social la repartición de las 
tierrasi de la cual hablamos en su lugar, permitiéndonos ahora ha- 
cer nueva mención, pues su influjo se hace sentir aún en los pueblos 
de indígenas, aun contra las prescripciones de las leyes actuales. 
Escogidas de la mejor calidad, había terrenos de cuatrocientas me- 
didas de largo, distinguidos en las pinturas con color púrpura, per- 
tenecientes á la corona; llamábanse Tlatocalalli 6 TtatocamüHy 
tierras 6 sementeras del sefior, y también itonal intlacaU^ tienes 
de aventura: los frutos estaban destinados al' mantenimiento de la 
casa del rey y á sufragar los gastos de recepción de embajadores, 
convites á los señores y donaciones por obsequios 6 recompensas. 
Las tierras denominadas tecpantlalli^ tierras de los palacios, esta- 
ban á cargo de usufructuarios llamados tecpanpouhque 6 teopanlla- 
ca^ gentes de palacio, personas nobles con obligación de dar flores y 
pájaros en señal de vasallaje, reparar los palacios reales, reparar los 
jardines y acudir á la corte. Trasmitíase la posesión de padres á 
hijos, y extinguida la línea directa volvía la propiedad al rey, quien 
la daba á quien mejor le placía. Poseían los nobles heredades Ha* 
madas pillalliy adquiridas por dádiva del rey en recompensa de ser- 
vicios; teníanlas en verdadera propiedad, pues las trasmitían á sus 
hijos y podían venderias, no siendo á los plebeyos. Del mismo géne- 
ro eran los teepillaUiy herencias trasmitidas por los primeros pobla- 
dores, quienes se las apropiaron al establecerse en el país. 

Cada ciudad 6 pueblo estaba dividido en un número desigual de 
barrios 6 calpttlli. Dos especies de terrenos tenía consignados. £1 
altepetlaUi^ tierra del pueblo, se labraba en común, aplicándose ilos 
frutos á 16 que podremos llamar gastos municipales y al pago del 
tributo. El ccJptíUatliy tierra de los barrios <> calpuUi: en cada uno 
había un principal 6 cabeza, quien asociado á los ancianos Hóvaba 



(1) IzUflxochiU, Hi6t Cbichim. bap. 84 y 35.~-3Pratorii46H4iko. JOa 

TOM. ni,— 33 



258 

un registro general. El calpuUaUi estaba wibdivídido en tantos lo- 
tes cuantas familias contenía el barrio; éstas eran sólo usafructua- 
rías. No se concedía lote á indiiddao de otro barrio, ni menos á ve- 
cino de otro pueblo; quien se ausentaba indefinidamente perdía el 
derecho á su porción; lo perdía igualmente quien no sembraba en 
dos años seguidos, y amonestado d^aba infructífero su campo el 
tercer año. Trasmitíase la posesión de padres á hijos, j si la fami- 
lia se extinguía tornaba al calpulli, adjudicándole el cabeza á quien 
le había menester de los no propietarios. Por ningún título podían 
confundirse las tierras de dos barrios; y los macehualli^ vasallos 6 
villanos, tenedores de las fracciones no las podían enagenar, vender 
ni tocar por causa alguna. Por este medio la propiedad territorial 
llegaba hasta las clases ínfimas, estaba subdividida de un modo 
indefinido y una muy gran parte de la sociedad era de propietarios. 
Si ésta era una inmensa ventaja, traía el inconveniente de impedir 
la mezcla de los vecinos de los pueblos, estableciendo en un mismo 
lugar el apartamiento forzado del calpuUi. 

Las yaotlalliy tierras de guerra, eran las ganadas en las conquis- 
tas; se hacen subir á la tercera parte de las provincias ocupadas, y 
se dividían entre los tres reyes coligados y los guerreros á quienes 
se concedían en premio á sus hazañas. 

Puestas en manos do ios macehualli, quienes en estos casos eran 
como arrendatarios 6 terrazgueros, pue3 labraban los campos y daban 
una parte convenida de los frutos, había los teopantlalli^ tierras de los 
templos, apropiadas al mantenimiento de los papas 6 sacerdotes, cul- 
to de los dioses y reparación de loa edificios religiosos. Las mitlchi- 
maili ó cacalomilli^ tierras para la guerra, de las cuales se sacaban 
principalmente víveres paira las campañas en provincias lejanas. (1) 
Nezahualcoyotl construyó en Texcoco grandes palacios, capaces 
no sólo de contener la familia del rey, concubinas y servidumbre, 
sino los tribunales de justicia y consejos, departamentos para hués- 
pedes, embajadores y reyes, toda adornado Qon lujo. (2) Los tem- 
plos eran muchos, siendo uno de los principales el destinado á Hui- 
tzilopochtli y Tlalloc; junto á cada teocalli Iiabía ca^os para los 
sacerdotes, educandos de ambos sexos, y personas, consagradas al 

(1) Ixtlilxooliiti, Hist. Chichim. cap. 35. MS.— Zurita, Breve y Bumaria relaoioa 
Ac MS.— Clavigero, Hist antig. tom. 1, pág. 316. 
(S) Ixtiilsoohttl, Hist Chiohka. oap, 36, MS. 



2S9 

eulto. (1) Estableció un derecho regular, codificando ochenta leyes, 
las cuales se hacían cumplir irremisiblemente por medio de tribu- 
nales especiales. (2) Conn) recompensa al socorro que la señoría de 
TlaxcaUa le dio para recobrar su reino, señalaron los términos en- 
tre ambos estados en el cerro de Cuauhtepec, prosiguiendo por la 
montaña de Ocelotepec á Huehuechocayan y hasta el cerro de Co- 
liuhcan: ademas capitularon lo siguiente: ^^ue desde aquel tiem- 
*'po se favoreciesen unos á otros, sin que jamas se pretendiese qni- 
''tar los señores por vía de violencia, guerra, ni por otra causa, sino 
''que si algún tirano se alzase contra Nezahualcoyotzin 6 sus des- 
^'cendientes, que la señoría le socorrería con todo su poder y fuer- 
''zas, y la misma obligación tuviesen los del reino de Texcuco y 
^'favorecer y amparar las cosas de la señoría, dando su favor y ayu- 
^'da contra los que la quisiesen ofender, y lo mismo hiciesen los años 
"estériles, se favoreciesen con bastimentos los unos á los otros.'^ (3) 
No era perfecta la organización social de Texcoco; mas para bu 
tiempo era superior á la de muchos de los pueblos del Antiguo 
Mundo. Propiamente hablando no había castas. Los sacerdotes eran 
célibes y se reclutaban entre los jóvenes educados en los colegios 
distinguidos por su piedad y sabiduría. Hereditaria era la nobleza; 
pero como la carrera de las armas era privilegiada, quienquiera 
que, según las leyes militares, tomase cierto número de prisioneros 
ó rematase acciones gloriosas, podía encumbrarse hasta los primeros 
puestos, no sólo en la milicia sino también en la magistratura y 
cargos civiles. No existiendo una moneda propiamente dicha, fal- 
taba el modo de acumular grandes riquezas; de aquí que la des- 
igualdad pecuniaria no fuera tan marcada, ni la condición -servil 
tan desgraciada: la distribución de la propiedad evitaba la miseria 
de las clases bajas. Era de derecho. la esclavitud y aun se permitía 
al individuo enajenar la propia voluntad; en lu institución bárbara 
se reconocía, sin embargo, un principio justo olvidado en todas par- 
tes; el fruto no seguía la condición del vientre y por esta condición 
no podía perpetuarse la servidumbre, ya que no pasaba de la vida 
del esclavo; ademas, podía librarse por medio del rescate. Nacer de 
esclavo no imprimía infamia; Itzcoatl, uno de los mayores reyes de 

(1) IztiUxoohiil, Hi8t. Ohichim. cap. 37.- >Torquem«da» lib. II, cap. XLI. 
(3; IxUilxochitl, Hi8t. Chichim. oap. 88. MS. 
(8) IztlUzochtU, Hist. Chichim. cap. 89. BiS. 



260 

Tenochtitlaü, fué hijo de una esclava de Azcapotzalco. El código, 
según ha llegado á nuestra noticia^ está trunco; no obstante atiende 
á la honra de la familia, á la pureza y moralidad de las costumbres, 
deñende la propiedad, castiga la calumnia, y se encargado resolver 
problemas pertenecientes á una sociedad avanzada. Lo que se dice 
para Texcoco se aplica igualmente á México y Tlacopan, pues es- 
tos señoríos tuvieron las mismas instituciones, con bien cortas di- 
ferencias. Texcoco sobresalió en la administración civil, mientras 
México se distinguió en la militar. 

Dada somera cuenta de los arreglos ejecutados en Texcoco, por 
cierto no puestos en práctica en un solo año sino en varios, reanu- 
demos la serie cronológica de los acontecimientos. Este mismo año 
IT acatl 1431, los de Tuítitlan celebraron una fiesta religiosa en 
Cuauhtitlan; los de Cuacuauhcan quisieron evitarlo, siguiéndose 
una guerra en que éstos llevaron la peor parte. Eran estas conmo- 
donee sentidas en los pueblos por los cambios de culto introducidos 
por los méxica. 

T tecpatl 1432. Itzcoatl se apodera de los señoríos de Ahuacan 
y Tepehuacan, cuyos lugares no se mencionan entre las conquistas 
de este rey. (1) 

VI calli 1433. Los tepaneca fueron arrojados de Tonanitlan, 
Cuauhximalpan y Atltepechihuacan; habían durado sin asiento fijo 
por espacio de cuatro años, y expulsados de aquellos lugares vinie- 
ron á pedir hospitalidad á Tecocoatzin, señor de Cuauhtitlan, quien 
se la concedió poniéndolos en Tuítitlan, en donde fueron emplea- 
dos en reparar los bordes del rio, que por entonces venía crecido, 
haciendo daños en los pueblos comarcanos. Murió Tecocoatzin des- 
pués de gobernar en Cuauhtitlan sólo cuatro años. 

VII tochtli 1434. "Se aconejó el año porque hubo carestía de ví- 
" veres y por consiguiente hubo hambre. Entonces subió al trono de 
"Cuauhtitlan el señor llamado Ayactlacatzin Xaquin Teuotli." (2) 
Este mismo año declaró la guerra Itzcoatl á los de Cuitlahuac, por 
segunda vez; no pudiendo defenderse se ampararon en Texcoco. 

yill acatl 1435. "Se fueron á México los de Ticic Cuitlahuac, 
"y se volvieron ó contaron desde entonces por mexicanos. En este 

(1) Anales de Gaauhtitlan. MS. 

(2) Anales de Cuauhtitlan. MS. 



261 

''mifimo afio se terminó el camino de agua, (canal ), Tioiendo por 
''Citlaltepec hasta el paraje nombrado Aitictli^ centro del ag«ft. 
*^Dar6 siete años la compostura del rio. En este mismo alio se res^ 
'iiableció el pueblo de Xaltocan por muchas familias que 9e peanío- 
'^ron de Acolma, Cclhuacan, Tenochtitlan y otomíes, y desde este 
^^tiempo hasta que yinieion los españoles no volvió á restablecerse 
'^la dinastía de los reyes, sino quedó con el triste nombre de pueblo." 

*^En el referido año de 8 acatl, lindaron los tenochca sus tierras 
^^ó posesiones mexicanas, y juntamente los tlatilolcas, llegando los 
"lindejos liasta Toltepeo, Tepeyacac, Cuachilco, Tlachcuicalco y 
**Tozquennitlac.*' 

*'En el mismo venció Itzcoatzin á los de Ehecatepec, en el dia 
**8ietó del símbolo xochitV' 

IX tecpatl 1436. ^^Llevaron los mexicanos la guerra contra los 
'^chalcas, comenzando la batalla en el paraje llamado Chaloo Aten* 
''co y á los cuarenta y tres afios de continuas guerras." (1) 

La enemistad entre tenochca y tlatelolca, nacida desde la fun- 
dación de ambas ciudades, subsistía encubierta á pesar de haber 
desaparecido por algún tiempo ante el peligró común de los tepa- 
neca. Cuauhtlatoa era amigo de los móxica; pero mirándose exclui- 
do de la triple alianza y sometido como estaba á Tenochtitlan, in- 
tentó sacudir el yugo. Desde 1432 puso áTlatelolco en son de 
guerra, y no pudiendo alcanzar nada por medio de la fuerza, recu- 
rrió á la astucia. En 1435 aparentó someterse, no obstante lo oual 
envió embajadores á varias provincias logrando algunos partidarios; 
no fueron tan secretas las negociaciones que no llegaran á conoci- 
miento de Itzcoatl, quien previniendo el golpe se apoderó de Tlate^ 
lolco, le impuso el tributo é hizo ahorcar ú Cuauhtlatoa como á se- 
ñor rebelde. Se dejó subsistir aún ^l señorío, por lo cual nombraron, 
los tlatilolca por su rey á Moquihuix. (2) 

(1) Anales de OaauhtiUau. MS. 

(2) Oousta la impoBÍcion del tributo en la primera lámina de U matríools dsl 
Códice Mendocino. En la lúm. VI del mismo Cúdice, correspondiente al reinado de 
Itzcoatl, se- menciona la conquistado Tlatelolco (ntím. 5), j la nraerte duda al rej 
Ouanhtlatoa (niím. G). Lo confirma el MS. de Fr. Bemardino, diciendo: ''£1 año do 
"loe (1482) se al<;^ Tlatflnlco. Y el afio de 112 (1485) se Tinieron á dar á los mexi- 
"oanos. Luego el afio siguiente 113 (1436), Quantlatoaci sefior del Hatiluloo se al^ó 
"contra México y luego le aparecieron una noche vn dios de los que tenia entn sue- 
"fios 7 le dixo que aria fecho mal y por eso se dio á México y los de México no lo 



262 

Sin fecha fija, aunque en tiempos cercanos á la muerte de Itz» 
coatí, tenemos que registrar algunos acontecimientos. Nezahualco- 
yotl reunió sus tropas para ir contra la provincia de ToUantzinco á 
la sazón rebelada; vencida con poco esfuerzo, fué restituido en el 
mando el señor Tlalotentzin. Cuauhchinanco se entregó de paz, 
recibiendo por señor ú, Nauhcatzin; llevó entonces sus armas victo- 
riosas sobre el Totonacapan, allanando una buena parte de la pro- 
vincia. (1) 

El señor do Xiuhtepec pidió en toda forma por esposa una hija 
al señor de Cuauhnahuac; concedióla éste, celebrándose los concier- 
tos con grandes regocijos. Poco después, Tlatexcatl, señor de otro 
pueblo, demandó por mujer á la misma doncella, y el de Cuauhna- 
huac quebrando su fe, la otorgó también, con desprecio del pacto 
primero. Débil el de Xiuhtepec para vengar aquella afrenta, ocu- 
rrió por socorro á los triunfantes tenochca. Itzcoatl le concedió al 
momento, mirando en ello feliz oportunidad para ensanchar su te- 
rritorio. Convocados los reyes aliados y reunidos con sus tropas, 
considerando ser Cuauhnahuac una ciudad fuerte por la naturaleza 
y el arte, determinaron combatirla por tres puntos diversos; al efec- 
to, Itzcoatl con los méxica tomarla el rumbo de Ocuilla, asaltando 
por el O.; Totoquihuatzin con los tepaneca iría por Tlalzacapechco 
para caer por el N., mientras Nezahualcoyotl con los acolhua mar- 
charía á Xiuhtepec, y reunido á los quejosos acometería por el S. 
Rechazados los de Tlacopan en la primera embestida, llegaron en 
su ayuda méxica y acolhua y aunque los moradores opusieron he< 
róica resistencia, asaltadas las murallas, la ciudad fué tomada, 
puesta á saco, quemado y arruinado el templo mayor. (2) 

Cuauhnahuac, ciudad amurallada, rica y amena, era capital de 
la provincia de los tlahuica. Sujeta la ciudad cayeron igualmente 
en poder de los aliados, Huitzilac, duetzallan, Zacualpan é Itzte* 
pee, encontrándose anotado entre las conquistas el mismo Xiuhte- 
pec, causa primera de la guerra. La expedición se extendió á ma- 
yor distancia, pues quedaron sojuzgados igualmente Yoallan y Te- 
pecuacnilco, más al S. en las tierras calientes. Todas aquellas 

"qoisieion matar sino di<íronlo á los suyos que lo matasen los cuales lo mataron." 
Versión distinta se encuentra en Torquemada, lib. II, cap. XLVI. 

(1) Ixtlilzochitl, Hist. Ghichim, cap. 89. MS. 

(2) Torquemada, lib. II, cap. XLII.— Hist. Chichimeca cap. 39. MS. 



263 

poblaciones quedaron obligadas á pagar un fuerte tributo. Estas 
fueron las primeras conquistas ejecutadas fuera del Valle. (1) 

XII acatl 1439. Se anota nueva guerra de los móxica contra 
Cuauhtitlan y Tultitlan, pueblos que algún tiempo hacía estaban 
sometidos. (2) 

XIII tecpatl 1440. |'^Tom6 posesión del gobierno de Culhuacan 
**el caballero Xilomatzin por haber muerto en un combate su ante- 
"cesor Acoitzín." (3) 

Este mismo afio murió Itzcoatl llorado de los suyos. ^^Rey justa- 
^'mente celebrado de los mexicanos por sus singulares prendas, y 
*'por los incomparables servicios que les hizo. Sirvió á la nación 
**por espacio de treinta años en el empleo de general, y por el de 
^'trece la rigió como soberano. Libertóla del yugo dé los tepaneca; 
'^engrandeció sus dominios; repuso la familia real de los chichime- 
*'ca en el trono de Acolhuacan; enriqueció su corte con los despojos 
*'de las ciudades vencidas; echó, con la triple alianza, los funda- 
^'mentos de su futura grandeza, y hermoseó su capital con bellos 
''edificios, entre los cuales eran los notables el templo de la diosa 
''Cihuacoatl y el de Huitzilopocbtli, que erigió después de la con- 
''quista de Cuitlahuae. Celebraron sus exequias con extraordinaria 
''solemnidad, y con las mayores demostraciones da dolor, y deposi- 
"taron sus cenisas en el sepulcro de sus antepasados.'^ (4) 



•«•»♦- 



(1) La lám. VI del Oódice Mendooino enumera Hmtzilapan, [ntím. 7: Haitsilae, 
boy Hniohilaqne], Caaahnahaao [ndm. 8, hoy Cuemaraca], Qaetnllan [niím. 9], 
Zwmalpan [ntím. 10], Imepeo [ntím. IX] y Xinhtepec [niím. 12], poblaciones per- 
tenecientes hoy al Estado de M órelos. Se mencionan igualmente Toallan [niím. \Á\ 
y Tepecnacuilco [niím. 14] corespondientes hoy al Estado de Guerrero. 

(2) MS. de Fr. Beraardino.— Torqnemada, lib. H, cap. XLII. 

(3) Anales de Onaobtítlan, MS. 

(4) Clavigero, Hist. Antig. tom. 1, pág, 162.— Torqnemada, lib. II, cap. XLUL 
—Diversas autoridades colocan el reinado de Itzcoatl de la manera siguiente: 1425- 
-1487, Anglifo Aubin.— 1427-1440, Oódice de Mendoza, Hist. á¿crdnlca de Tepech- 
pan y de Méxioo, Códioos íiaodaeanoa, Fr. Benuodino, Mendieta, Torqnemada, D. 
Oárioa de Sigüenw pone de 3 da Abril 1427 á 13 de Agosto 1440, y le sigue Yetan- 
conrt.— 1420-1440, Códices Telleriano-Bemenae y Vaticano, Duran.— 1423-1436, 
Clavígeio. —1437-1449, Acosta, Herrera, Henrico Martinea. —1439-1461, Gémelli 
Carreri.— 1436-1460, Sahagon, Ac. 



CAPITULO II. 



MOTEOÜUZOMA IlHUIC AMINA. — INeZAHüALCOYDTL. 

Bléeeion dd Mateculaotna Ilhukscemina. — (Guerra fingida.— (JuiUahua(i.'^L€mgo9ta. 
— Templo de Huitzüopoe?Uli,—Oue7Ta' contra Choleo. — Derrota de ¡o» m^uíica.-^ne- 
róka aedon de Tlaeahuepan.^^Los buho9,-^Toma de Ameeameoan, — Condecoren 
don sobre él oampo de batalla. — Bxeqtcias de loa guerreros muerto» en la guerra, — 
Los mercaderes. — Guerra contra Tepeyacac. — Ceremonias para recibir al ^ército 
triunfante. — Inujidacion d^ México. — Albarradon de les indios. — Nevada. — Insu- 
rrección de los chaira. 



XIII tecpatl 1440. Reunidos los electores y los aDcIanos para 
nombrar al nnevo rey, la elección recayó unánimemente en 
Motecuhzoma líhaicamina, siendo aplaudida por el pueblo y confir- 
mada por los reyes aliados. Hijo de Huitzilihuití y nacido en 1398, 
contaba á la sazón engenta y dos años, era general en jefe del ejér- 
cito, del cual era amado por su indomable valor, mientras el pueblo 
lé profesabét grande estima, así por la parte activa que había tenido 
en la salvación de México, como por las hazañas rematadas en las 
campañas posteriores. Correspondiendo á la importanoia de la ciu- 
dad, hiciéronse en la elección nuevas ceremonias, mayores y ricas 
fiestas. — •'**Luego que lo eligieron, lo llevaron con gran acompaña- 
^^miento al templo, y delante del brasero divino le pusieron un tren 



2SS 

"'real y atavíog de rey, tenían jontameote uinaa puntas de huesos de 
**tígre 7 venado ooú que allí se saorifieé en lela or^as, molledos y cfs- 
''pinillaa,. delante de su ídolo, donde lehicieroq sus oraciones y plá- 
*^ícas BUiy el^^tes los ancianos, así sacerdotes como sefiores y ea- 
''pitones, dándole el parabién de su elecqioa. Había gran r^^ooijo en 
''las elecciones destos reyes, haciendo grandes banquetes y bailes de 
''dia y de noche con mucha cantida;d de luminarias. En tiempo de 
*'e9te rey se introdujo, que para la fiesta de la coronación del rey 
''eIeotO|fue9e él en persona á alguna.parte á mover guerra para traer 
"captivos con se hiciesen solemnes sacrificios; aquel día quedó esto 
"por ley y estatuto inviolable, el cual cumplió muy bien este rey, 
'aporque fué en persona ú hacer guerra'^ la provincia deChalco que 
''se les habían declarado por enemigos, donde peleó valerosamente 
"y trajo muchos captivos con que hizo un solemnísimo saeriñeio el 
"dia de su coronación, aunque no dejó rendida la provincia de Chai- 
"co por ser la gente más esforzada y valerosa que hasta entonces 
"habían encontrado los mexicanos, y así los rindieron con dificultad 
"como adelante se dirá. En este dia de la coronación de los reyes 
"concurría todo el reino y otros de ipás remotas tierras: y demás de 
"las grandes fiestas y sacrificios que había, daban á todes abundan- 
"tes y preciosas comidas y vestían á todos, especialmente á los po- 
"bres, de diversas ropas, para lo cual aquel dia entraban todos los 
"tributos del rey con grande aparato por la ciudad, que eran en gran 
"manera y de mucho precio así de ropa de toda suerte, como de oa- 
"cao que es una moneda que acá mucho estiman, oro, plata, pluma» 
"ricas, grandes fardos de algodón, chile, pepitas y otras cosas de es- 
"pecias de esta tierra; muchos géneros de pescado y camarones de 
"los puertos de mar, gran número de todas frutas, y de caza sin 
"cuento, sin los innumerables presentes que todos Ips reyes y seño- 
"res principales comarcanos traían al nuevo rey; venía todo este 
"tributo por sus cuadrillas según las dívenias provincias, delante sus 
"cobradores de tributos y mayordomos con diversas insignias. Era 
"tanto en cantidad y entraba con tanto orden, qué era cosa dq ver 
"la entrada del tributo como toda la fiesta, y este era el orden que 
"se guardaba en las ooronaeiones de los reyes mexicanos.^' (1) 
Fingen algunos cronistas mexicanos, que al venir Nezahualcoyotl 

(1) Códice Bamúrez. MS. 

TOM. III. — 34 



266 

á México á felicitar á Ilbuicamina, de propia voluntad le propneo 
sujetarse con todo su reino y pagar el tributo. Motecuhzoma no ad- 
mitió de llano y con la consulta de su consejo quedó determinado^ 
no recibir por vasallos á los acolhua en manera pacífica^ sino que 
para espanto de las naciones se simulara una guerra, resultado de la 
cual seria la sujeción de Acolhuacan. Aunque orgullosa era la pre* 
tensión de los tenochca, Nezahualcoyotl la admitió, vergonzosa como 
era para él. En consecuencia hubo quejas, intimaciones, desafíos y 
batallaren que huyeron los guerreros de Texcoco. "Nezahualcoyotl, 
"que estaba muy á punto, hizo pegar fuego al templo, y empezan- 
"doque empezó á arder, los mexicanos bajaron las armas, dada por 
"tomada y vencida la ciudaíl, lo cual so demostraba y era señal 
•*dello el quemar el templo, porque hasta llegar allí aún no se da- 
"han los de las ciudades por vencidos.'' Los acolhua quedaron suje- 
tos á México, pagaron en adelante el tributo y dieron tierras en su 
territorio á los capitanes vencedores. (1) 

I calli 1441. ¡La guerra civil se encendió en Cuitlahuac. Mientras 
los del barrio de JTicic estaban en la gtierra de Chalco, los de Aten- 
chicalcan, con su señor Acolmiztli, combatieron aquel calpiiUi con 
intento de destruirlo; aunque los guerreros no estaban presentes, 
los jóvenes y¡viejos, secxmdados por las iJaujeres, defendieron el lu- 
gar rechazando al enemigo. Vueltos á sus casas los de Ticic con su 
jefe Tezozomoctli, sabedores del atentado cometido, mandaron de- 
safiar á Acolmiztli; no aceptaron los de Atenchicalcan, y temiendo 
su destrucción, huyeron durante la noche del VI malinalli para Itz- 
tapalapan. Trasladáronse al siguiente dia á Tenochtitlan, y expo- 
niendo sus quejas á Motecuhzoma, concluyeron diciéndole: "Vení- 
amos ahora á implorar vuestra protección, para que os digneis con 
"vuestro auxilio restituirnos á nuestra antigua patria y ponemos en 
"posesión de todo lo que con nuestro cansancio y sudores hemos ad- 
"quirido. Desde hoy os cedemos nuestro cerro Totepetzin: os lo en* 

(l) P. Duran, cap, XV. — Tezozomoo, caps, diez y nueve y veinte. El Códice Ea- 
mírez y Acosta, lib. VI, cap. XV, colocan este hecho en el reinado de Itzooatl. Ba- 
jo ningún aapecto tiene yeroaimilitud esta conseja, pues oomo dice el Sr. Ramíres 
en sus anotaciones á Duran: — "Este largo episodio de la guerra fingida, y vasallaje 
* 'de- Texcoco á México, no tíene probabilidad alguna, y debe estimarse como un ras- 
"go de la vanidad mexicana.'' Antes hemos visto álos acolhua jactai*se de la toma y 
sumisión de México en el reinado de Itzcoatl. 



267 

'^tregamos para que dUpongais de él y se cuente en el número de 
^^h» propiedades mexicanas.*' (1) t 

Con anuencia del consejo, MoteonhzOma concedió el auxilio; que- 
dando restituidos los de Atenchicalcan en eu barrio. No contentos 
con esto quemaron á los de Ticic el temjdo de Mixooatl. "Hecho 
^ ^esto, dijo Gitlaooatl á Tezoaomoctli: han quemado tus enemigos 
*'el templo ¿cómo, pues, no han tomado las armas para defenderlo? 
"¿En dónde está el dios? entregadlo para llevárnoslo. Contestó el 
"señor de Ticic: nuestro dios se halla en Tepixtoco, ¿mas cómo os 
"lo he de entregar? ¿Q^uién ha de cuidar en lo sucesivo á mis hijos 
'*y subditos? ¿Cuándo los valientes de Ticic Cuitlahuac han de vol- 
**ver á levantar otro templo que dure por mucho tiempo?. ¿Adonde 
"pueden ir á implorar la protección de los dioses? Sin embargo,^ los 
"mexicanos se llevaron al dios Mjxcoatl, y éste era el que estaba acos- 
"tado en Tenochtitlan en el paraje nombrado Mixcoatepec." (2) 

Coligados Tenocellotzin, señor de Huexotzinco, y Chiauhcoatl, 
señor de Tepeyacac, destruyeron á Oztoticpac con su señor Cuefcz- 
pallin. (3) 

Murió Mactzin, señor de Atlauhtlan, después «de gobernar cuaren- 
ta y seis años. (4) 

Dlcese, sin fijar la data, que uno de los primeros cuidados de Mo- 
tecuhzoma fué alzar un templo en el barrio de Huitznahuac, lla- 
mado igualmente Huitznahuac. (o) El rey á la par de guerrero era 
religioso, y "debió deparecerle que para conseguir sus intentos con- 
"tro las naciones que quería sujetar, era bie^ comenzar con algún 
'^servicio hecho á sus dioses." La obra fué llevada prontamente á 
cabo con el concurso de los pueblos sometidos. Los emperadores de 
México y los Faraones, procedían en sus construcciones de una ma- 
nera análoga: hacían reunir millares de trabajadores, sin curarse de 
las p^ialidades que siifrian, ni dolerse de la multitud que en ello 
dejaba la existencia. 



(1) Anales de Oaaithtitian. MS. 

(2) Anales de Cuanhtitlan. MS. 
(8) Anales de Onaobtitlan. MS. 

(4) Coleo. Bamírez. Anales tepanecas. N. 6. MS. 

(5) Torqnemada, lib. II, oap. XLIII. Hmtznahuao, cerca ó ponto de las espi- 
nas. — ''Que ahora es tianguiUo de San Pablo en Mezioo:" dice Tezozomoo, á fines 
del siglo XVI, Crón, Mexicana, [cap. sesenta y nueve. MS. 



268 

III acatl 1443. Murió uno de los señorea de ChiUco llamado Cal- 
tzin Temictzin, quedando en sn lugar Tlaltzín, quien ^bernó 26 
años. ''En este año se pusieh)n los de Xaltocan bajo el ampavo del 
señor de Cuauhtítian, AyacteuctUf por las grandes cargas y tribu- 
tos que les habían impuesto los tenocbca." (1) 

Popocatzin, señor de Atlauhtian, se apoderó del señorío de Ame* 
cameoan. (2) 

VI toohtH 1446. Hubo eú el Valle una irrupción de langostas que 
consumió las sementeras, siguiéndose grande escasez y hambre. (3) 

VII acatl 1447. **Hubo tantas nieves, que murían lo» hom- 
bres." * 

VIII tecpatl 1448. Motecuhzoma Ilhuicamina había vivido en 
paz con sus vecinos, dedicado á organizar sus Estados y embellecer 
la ciudad. En este año reunió á los de su consejo, diciéndoles: "Se- 
"ñores y grandes de mi reino: yo he puesto en mi corazón de honrar 
"á nuestro dios Huitzilopochtli y de edificalle una casa suntuosísi- 
"ma, pues veis que aún no tiene casa, teniendo ya vosotros casas en 
"que morar, habiendo de ser él antes preferido que nosotros: ya 
"veis que la casa que tiene no es conforme á su merecimiento: por 
"tanto mirad lo que os parece que en este caso se haga y deba ha- 
'*cer." (4) Todos fueron de parecer se hiciera el teocalli, por lo cual 
ordenó el rey fueran mensajeros á las provincias sometidas á noti- 
ciar á los señores la resolución, pidiéndoles acudieran con los traba^ 
jadores y materiales necesarios. La costumbre había sido ésta; mas 
Tlacaelletl hizo observar, que para mostrar la supremacía de Méxi- 
co no debería hacerse aquello, sino que los mensajeros fueran á dar 
aviso á los señores, y éstos concurrieran á recibir órdenes en Te- 
nochtitlan. Adoptado el nuevo estilo, obedecieron los señores pre- 
sentándose Acolnahuacatl Tzacualcatl, de Azcapotzalco; Itztlolin* ' 
qui, de Coyoacan; Xilomantzin, de Culhuacan; Tepanquizqui y (iue» 
quechol tzin, de Xochimilco; Tzonpantecuhtli y Xochitlolinque, de 
Cuitlahuac; Quetzaltototl, de Mizquio, y 4un el mismo Nezahual- 
coyotl, quien asistía como ingeniero y director. Reunidos y dádoles 

(1) Anales de Cuauhtitlan. MS. 
' (2) Coleo. Bamírez. Anales tepanecae. K. 6. MS. 

(3) Anales tepanecas. N. 6. — Anáglifo Anbin. Pintnm. 
* Explioadon del C<$dioe Telleriano-Bemense. 

[4) P. Duran, cap. XVÍ. 



269 

i entender se trataba de un edifioio grande y snntaoao, prometieron 
todos su oooperacion, retirándose á sus dominios para aprestar lo á 
cada uno señalado. (1) 

Los méxica imitaban la política de las naciones fuertes y con* 
qnistadoras. Aparentaban ser justos, respetar los derechos de los 
pueblos; pero en primera oportunidad, por motivos livianos, busca- 
dos de manera torcida algunas veces, se daban por agraviados, exi- 
gían prontas satisfacciones, y concedidas ó rehusadas, precisa conse* 
cnencia era la guerra; muchas veces los caigos son idénticos á los 
formulados por el lobo contra el cordero. La construcción del tem- 
plo dio pié á Motecnhzoma para declarar la guerra á Chalco, siendo 
de advertir sobraba razón para ello. Los chalca se mostraron siem- 
pre los más pérfidos; la fe chalca era la fe púnica: ninguna virtud 
de las demás tribus tenían, fuera de extremado valor, pues siempre 
combatidos y nunca vencidos, tomaban siempre las armas contra los 
méxica, á quienes odiaban con todo el corazón. 

Nombrados embajadores los cuatro dignatarios Tezcacoatl, Huitz- 
nakuacatl, Huecamecutl y Mexicatltecutli, fueron á Obalco y ex- 
pusieron delante de los sefiores Cuateotzin y Toteotzin, con muy 
humildes y zalameras palabras, que teniendo que hacer tepiplo á « 
su dios les diesen piedras pesadas, y livianas de Utztmüi para la 
eonstruGoion. Reqxmdieron los jefes: ^' jftué decís vosotros, méxica- 
^^noB, que demos la piedra que nos piden? ¿duién la ha de cortarf 
**iNo6otros como principales y sefiores hemos de llevar ese trabajo? 
^'¿Pues qué, no les pertenece eso á los maoeguales? Y para esto nie- 
^'xicanos, volveos otra vez que se tratará y comumcará con todos los 
^'principales de Chalco, los tigres, lecmes y águilas, mandones y ca- 
'^pitanes, y volveréis por la respuesta.^' (2) Dudó Motecnhzoma si 
los embajadores deberían tomar por la respuesta; mas como opina- 
ran por la afirmativa los del consejo, ñieron de nuevo á los sefiores 
chalca, quienes respondieron terminantemente que ni de veras ni de 
burlas consentirían en «1 pedido, estando resueltos los guerreros á 
tomar las armas. Con aquella agria y áspera respuesta dieron cuen- 
ta loe embajadores á Motecuhzonoa. 

(1) Fijamos U fecha de la renovaoion del gran teocalU por la autoridad del MS. 
de Fr. Bemardino, quien dice: "El afio 125 de la fundación de Mcíxico se renovó y 
se biso muy grande el Ychilogoa." 

<8) Tesozomoc, Crón. mexioana, cap. veintinno. MS. 



270 

duedd resuelta la guerra. Los capitanes Xioomoc y Tenamaz- 
cuicuil partieron como espías; entrados en el territorio chalca nada 
vieron en Techichco, avanzaron hasta Aztahuacau sin encontrar á 
nadie, hasta que en Cuaxomoltitlan atisbaron reunidos á los guerre- 
ros, ocupados los capitanes en entresacar los bisónos de los vetera- 
nos, formando las hileras y escuadrones: con esta noticia tornaron ¿ 
México. Inmediatamente el Tlacatecatl y el Tlacochcalcatl prego- 
naron la guerra en los capulli, lo advirtieron á los jóvenes educandos 
de los telpuchcalli 6 seminarios; los guerreros so armaron como me- 
jor les plugo, aprestando los mayordomos los bastimentos necesa- 
rios. Los capitanes inflamaban el valor de los soldados con la espe- 
ranza de gloria, de botin y de cautivos, motejando al enemigo de no 
ser tan valiente como ellos. Al dia siguiente salió el ejército por la 
calzada do Itztapalapan, salió á la tierra firme, y al llegar á Te- 
chicheo, entre los cerros de Ouitlahuac y de Culhuacan, los corredo- 
res y escuchas vinieron á decir: ^^señores mexicanos, los chalca son 
con nosotros.'^ Avistáronse en efecto; ambas huestes lanzaron sus 
gritos de guerra, dijéronse denuestos y desafios, y dando el general 
la orden de cargar tocando el atambor que á la espalda lleyabc^ tra- 
bóse la pelea porfiada y sangrienta. Los chalca se mantuvieron co- 
mo buenos durante la jornada; sobreviniendo la noche dijeron: no 
nos daremos nunca por vencidos, vamonos á descansar á nuestras ca- 
sas pues ya es de noche, mañana á la misma hora y en este sitio os 
esperamos. Los méxioa volvieron á. Tenochtitlan, y temiendo que 
otros pueblos se alzaran, enviaron espías y corredores por las calza- 
das: todo estaba tranquilo. (1) 

Motecuhzoma llevó á mal no hubieran sido vencidos los chalca, 
y lo dijo así al general y capitanes; respondieron ellos ser la empre- 
sa difícil : aunquo ik> imposible i su valor, prometiendo salir al cabo 
con el vencimiento. Según lo pactado, los tenochca salieron al cam- 
po el dia siguiente; mas canctbiando de táctica el general, sólo llevó 
algunos escuadrones para escaramucear, no sin s^uirse 1^ muer- 
te de muchos distinguidos guerreros y capitanes. Cinco diits repi- 
tió lo mismo, hasta que el sexto, tomando el mayor número de 
gente descansada, se presentó en Techichco, de donde aún no ha- 
bían sido desalojados los chalca. ¿Cederéis el campo, dijeron los mé- 

(1) Tecozomoo, cap. reintidot.-— P. Doria» oap. XVI. 



871 

xica, en que paseoeis tan arraigados? — £1 campo es naestft), respou- 
dieron los ohaIca,y hemos de guardarlo y defenderlo. — Pues mirad si 
08 lo lleváis á cuestas, replicaron los tenochca, porque >'amo8 á apo- 
deramos de él. — Comenzó de nuevo la batalla; rabiosos por tan per- 
tinaz resistencia, los méxica cargaron al macuahuitl su arma favori- 
ta; ciaron los chalca, dejaron á Techichco, retrocedieron hasta Acá- 
quilpa, y siempre peleando fueron empujados hasta Tlapitzahua- 
yan. — ^Entonces dijeron: esperad, mexicanos, bastante es lo hecho, 
descansad. Dentro de cinco dias es la fiesta de nuestro dios Camax- 
tli, venid á este mismo lugar en esa fecha, porque queremos untar 
coD vuestra sangre el templo y regocijarnos con vuestras carnes; 
dejadnos hacer plegarías para que el dios sea de ello servido. — Los 
triunfantes tetiochca aceptaron el reto, y dejando .guarnición en 
aquel lugar, tornaron á México. 

Sabida por Motecuhzoma la determinación de los chalca, hizo vo- 
to de hacer trabs^ar á los prisioneros en el templo, y celebrar la 
conclusión de la obra con aquellos cautivos, inventando un nuevo 
sacrificio en el fuego sagrado y perpetuo, encendido delante de Hui- 
tzilopoohtli.' Par^ el dia prefijado no quedaron icp Tenoohtitlan más 
de las mujeresyilos ancianos y los niños; todos los hombres tomaron 
las armas, formándose de muchachos de doce aüos arriba, un gran 
escuadrón destinado á llevar el matalotaje de los guerreros, y las 
sogas para atar los prisioneros. Al llegar el ejército i Tlapitzahua- 
yan, enoontrajx>n prevenidos ó los chalca. — Estos dijeron: venid, 
venid, aparejada está le^ navaja para el paQrifipio, y nuestras muje- 
res tienen puestas las ollas en la lumbre, pajra guisar vuestras car- 
nes. — Los méxica arremetieron coa furia; el contrario no les pudo 
resistir, y acobardado 6 la vista del e80uadiH>n de Io& muchcu^lips que 
tomó por fuerzas de refresco, fué llevado á golpes^hasta NextÍQpftc, 
llanura junto á la venta de Chalco: de^lctjado de ajil 8e rehizo en 
Tlapeohhuacan, donde pidió se suspendiera la batalla^ proponiendo 
nuevo plazo. . No lo otorgaron los méxica, ; siguiendo la matanza y 
el coger prisioneros basta Cocotitlan, hacia Tepopula, sin descansar 
las manos hasta que Ipa chalca se dispersaran y huyeran, ^ que 
sobre el campo pareciera hombre. Los tenochca tocaron á xecoger; 
contaron sus prisioneros, encontrando trescientos guerreros de cuen- 
ta y doscientos de menos valer, dejaron guarnición en el lugar, y se 
volvieron á México. Al dia siguiente, cual Motecuhzoma había 



372 

ofrecidof los quinientos cautivos fueron sacriñcados de una manera 
horrenda, "pues hacían una gran hoguera en un brasero grande he- 
**clio en el suelo, al cual llamaban fogón divino, y allí vivos los 
**ecbaban en aquella gran brasa, y luego, antes que acabasen de es- 
**p¡rar, les sacaban el corazón y lo ofrecían á su dios, bañando todas 
**la8 gradas y el lugar de la pieza, con la sangre de aquellos hom- 
"bres. (1) En verdad, que los crímenes de la superstición son los 
más atroces, porque perpetrados para complacer ú la Divinidad, no 
tienen el duro castigo del remordimiento. 

Satisfechos de venganza y hartos de carne enemiga, los méxica 
tornaron á salir contra Chalco; no encontrando Á nadie al llegar á 
Tepopula, avanzaron hasta Tlacuilocan, estancias de Amecamecan, 
cabecera entonces de la provincia. Sentidos ahí, salieron apresura- 
damente todos los de la ciudad, y con espantosa furia dieron sobre 
ellos; en balde se defendieron con el orgullo de las pasadas victorias, 
pues combatidos por todos lados, se vieron rotos y despedazados 
teniendo cuantos quisieron escapar, que acudir á la fuga. Dejaron 
sobre el campo la flor de sus guerreros, entre ellos los dos berma- 
nos del rey Chahuaque y duetzalcuauh, quedando prisionero un 
tercer hermano Ezhuahuacatl, del ejército llamado Tlacahuepan. 
Lloró Motecuhzoma la pérdida de sus parientes y la vergüenza de 
tan sangrienta derrota, y como en desquite, hizo sacrificar por el 
fuego en el mes Xocohuectzi, á los pocos prisioneros tomados. (2) 

Los chalca por su parte, con la veleidad que tanto los distinguía, 
ó bien con intento de sustraerse á la conquista de los méxica, idea- 
ron alzar por su rey al Ezhuahuacatl prisionero; propusiéronselo di- 
versas ocasiones, mas para resolver, puso por condición se levanta- 
ra en medio del mercado un gran árbol de veinte brazas de altura, 
oon un tablado en la parte superior, semejante al que servía para 
el juego del volador. Llegado el dia y aparejado el ingenio, '^salió 
*'con todos los mexicanos presos y mandóíes poner un atambor en 
''medio, y empezaron todos á bailar al rededor del palo. Después que 
"hubo bailado despidióse de los mexicanos, diciéndoles; hermanos, 
<<yo me voy, morid como valerosos; y diciendo esto empezó á subir 
*^por el palo arriba, y en estando encima del tablado que en la pun- 

(1) Duran, cap. XVI. — ^Tezozomoc, cap. veinte y tres. MS. 

(2) Duran, cap. XVII.— Teaozomoc, cap. v«nte y tres. MS. 



«3 

**)ka cW palo estaba, temó á bailar y cantar. Después que h^ 
^^oantado, dqo en alte tos: abaleas, habéis de saber que con mi 
^4iraeite he de comprar vuestras vidas, y que habéis de servir á mis 
^hqos y nietos, y qoe mi sangre real ha de ser pagada con la vues- 
^^tra; y en diciendo esto, arrojóse del palo abajo, y se hizo muchos pe- 
*'dazos.'' (1) Hermosa acción hija del pundonor y de la lealtad. Los 
ohaloa llevaron el cuerpo de Tlacahuepan para sacrificarlo en el 
teocalli, y dieron muerte á flechazos i todos los prisioneros te- 
nochca. 

Al saber Motecuhaoma el lastimoso caso de los cautivos, dio ór- 
iem de armarse á todos los varones de Tenochtitlan, hacieodo pre- 
gonar la guerra sin cuartel. Puesto el rey al frente del ejército, pe- 
netró en el territorio de Chalco, yendo á pernoctar en las estancia 
de Amecamecan, sobre el cerro de Itztaltepec, en donde había sido 
la sangrienta catástrofe. Motecuhsoma hizo construir chozits de pa- 
ja, barracas de peiatl^ distribuyéndolas cual si se tratcuu de fundar 
una población; en seguida dijo á sus ci^itanes, que de aquel cam- 
pamento no saldrían sino muertos ó vencedores; nadie volvería á 
ver á Tenochtitlan ni á sus familias, hasta haber exterminado á los 
chaka, en señal de lo cual se untaran el cuerpo de ^bairo do arena, 
como los muertos y los desterrados. £1 ejército acogió con aplauso 
la resolución. 

Durante la noche, cuando las velas hacían la ronda para no ser 
sorprendidos, se oyó el chirrido de dos tecolotes^ cual si comensaran 
preguntándose y respondiéndose. (2) Dijo uno: tiacan, tiae/in^ 
(esforzado, esforzado); respondió el otro: nocncy nome^ (interjecion 
de ira), y se callaron. Segunda vez interrumpió uno: teteCy Mec^ (cor- 
tar, cortar); contesté el otro: gollo^ ffolhy (corazones, corasones); y 
quedaron de nuevo en silencio. Por tercera vez se escuchó: quetech- 
pol chiqtiilj qnetechpol chiquil^ (garganta sangrienta, gaiganta san- 

(1) Darán, cap. XVII.— Tezozomoc, cap. veinte y cuatro. MS.— C<5d. Kamírez. 

(2) Tecolote, de la palabra mexicana tewloUy buho. Atc de mal agfiero entre los 
iBi%eM8, úOútJoiúM á Sshagim, como Jo exa pera loa egipcios. HorapoUon, Hie- 
roffijplüfsth Ubi Ilf oap. S5, ed. de Pav. No aacnde aiín la gente del campo esta bu- 
pennioioD, i prop^to de la cnal queda este concepto.— £1 teoolote canta,— el indio 
amere,— eUo no ea oferto;— pero sucede. En el canto de las «res, así como el sonido 
dslasoimpa]ia% la pieooapaeion distingue áveees, ciertas palainras oonídrmss al es- 
tado de exaltaei<m del ánimo. 

xoM. xn 36 



VA 

gríenta), y la respuesta: cholea^ cholea. No ee vdLrió á <¿r ttás. (1) 
La nueva se divulgó por el campo taoochca hasta llegar al empera- 
dor, quien comunicó al ejórcito que los pájaros agoreros» por óiden 
del dios, anunciaban la victoria: menos avisados los obatea, toma- 
ron las palabras de los buhos en mal agüero, y flaqueándofos el áni- 
mo se dieron por vencidos. 

A la mañana siguiente, los tres hijos de Ouateotl, se presentaton 
recatadamente en el campamento, y llevados á la presencia de Mo- 
tecuhzoma, le ofrecieron guiar al ejército para que Amecamecan 
fuera tomado fácilmente. El emperador mandó aposentar y rega- 
lar á los tres principes; mas oida la proposición en el consejo, se 
acordó no admitir el servicio de los tránsfugas, porque si mentira 
era, no fueran á ser llevados á una celada; y si verdad, sería n^n- 
gua haber vencido con el favor de los traidores. Los chalca salieron 
á la batalla con su valor acostumbrado, si bien ofuscados por los di- 
chos de los buhos parleros; por su desdicha su general se puso en 
primera fila, el general tenochca le salió al encuentro, y abalanzán- 
dose se abrazó con él para llevarlo vivo: acudieron de ambas par- 
tes los mejores guerreros á disputar la presa, pero más valientes 
los mésioa triunfaron, y el chalca fué arrastrado á presencia de Mo- 
tecuhzoma. Poca más resistencia hicieron los chalca siendo persegui- 
dos á golpes hasta la barranca de Cuauhtexcac, se desbandaron en se- 
guida, y guerreros, mujere^, ancianos y niños, abandonaron la ciu- 
dad, huyendo por entre el Popocatepec y el Iztacihuatl, camino para 
Huexotzinco. Saqueada é incendiada Amecamecan, cansados los 
tenochca de matar, el emperador mandó un escuadrón á cortar la 
retirada á los fugitivos, ofreciéndoles la vida salva y el permiso de 
habitar en la ciudad. Tomó la mayor parte, y sobre los sangrientos 
despojos se reconocieron tributarios, ofreciendo piedra, madera, ca- 
noas labradas, terrazgueros y peones, gente y bastimentos para la 
guerra. 

Cumplida la venganza, se abrió paso la magnanimidad. Sobre el 
campo de batalla, instituyó Motecuhzoma una condecoración para 
los valientes; se les agujeró la ternilla de la naria, y en el horado se 
les puso en manojillo de plumas con joyas de oro, que tenían la 
apariencia de bigotes. Por galantería guerrera, los chalca que en 

(1) P. Doran, cap. XVH. 



275 

el combate se distingaieron, recibieron la misma condecoración. En 
seguida fué levantado el real, eútípando el ejérdto en Tenocbtitlab; 
con todoá lori honores del tritinfb. (1) 

Pagados los regocijos por la victoria, dispuso Motecuh^óéia se hi- 
ciesen honras fúnebres por los guerreros muertos en aquellos com- 
bates. La costumbre se perpetuó en Tenoohtitlan, teniendo lugar 
después de cada campaña, sobre todo si habían perecido soldados de 
importancia. La ceremonia tenía lugar en el patio del gran teocal* 
K. Los ancianos encargados, comenzaban por componer canciones 
relatando las hazañas de los difuntos. Llegado el dia escogido por 
los papas ó sacerdotes, salían las viudas en procesión con el pelo 
echado sobre el rostro^ y llevando al hombro las mantas, cucAdli^ 
j pafietes, maxtlatl^ de sus maridos, con sus higos, quienes condu- 
elan alguna presea, y los deudos, padres y abuelos. Los ancianos 
precedían la procesión, tesiiendo á la espalda unos tecomates, ^sco- 
moil llenos de j^ícú^, tabaco, sostenidos por cordones y borlas: cuan- 
do todos estaban en el patio, ponían en el centro teponaztli y tlapan- 
huehuetl, al rededor de los cuales bailaban llorando y entonando en 
canto triste esta canción fánebre:/^La muerteque nuestros padres, her- 
*^mano é hijos de los enemigos recibieron, no les sucedió porque debl- 
''damente debían nada, ni robar ni misntir, ni otra vilejsa, sino por 
'Valor y honra de nuestra patria y nadon, y por valor de nuestro 
'imperio mexicano, y honra y gloria de nuestro dios y sefior Hiti- 
''tzilopochtli; y recordación de perpetua memoria, honra y gloria de 
''ellos." Después de bailar, al tiempo que descansaban los ancia- 
nos venían á consolarlos diciéndoles: 'esforzaos hermanos, y no des- 
"mayeis: responded al sol y dadle gracias, y á la tierra nuestra se- 
"ñora y madre: proveed de la envoltura en que sean envueltos vues- 
"tros muertos." (2) Cada viuda entregaba una manta colorada, un 
pañete ó bragas, y un esclavo para ser sacrificado. 

Hacían en seguida un bulto como de persona, de uno ó muchos 
pedazos de ocotl^ á los cuales llamaban oadeudin^ señores de ocote: 
poníanles rostro, con tizne entre los ojos y al rededor de los labios. 
Les vestían su traje guerrero atado con el aztamecatl^ soga blanca, 
y á la cintura el yetecomecatly soga colorad^; en la mano una rodo^ 



(1) JHxku espi XYXL-^/PMsso m oc, oip. réboáMy mU. 
(S) TMoaonoe, eup. toíqIs y oiaoo. MS. 



276 

la de plumas finas; colgábanle dcj cuello un macuáhuitl| le ponían 
i la espalda el pendón de guerra dicho malpamitl^ y en la cabeza 
el tocado de plumas quicuapotonia. Los bultos eran colocados en la 
sala llamada tlacochcalli^ á la cual apellidaban igualmente tzi- 
nacaUi y cihuacalli. Entonces comenzaba el baile y canto llama- 
do de la guerra, acompañados del amic/iicahuaztli^ (huesos con 
ranuras y partes salientes, raspados con otros Huesos más pequeños 
produciendo un sonido lúgubre;) sonajas, ayacachtli^ y flautas ron- 
cas, cuauhtlapitzalH, Los ancianos se emplumaban las orejas y de- 
tras de ellas. 

Cuatro dias duraba este baile con llantos y exclamaciones, ácab# 
de los cuales tomaban los ocotetíctin para quemarlos en la mitad 
del patio, á lo cual decían quitlepan quetza; recogidas las ceni- 
zas, los ancianos lavaban el rostro á todos los parientes con hojas 
de laurel silvestre; á cuyo acto llamaban acxoyatl^ y en seguida to- 
das las cenizas eran enterradas en un lugar determinado al efecto. 
Seguía un ayuno rigoroso de ochenta dias, durante los cuales oólo 
comían una vez al dia y no podían limpiarse la cara, por lo cual 
oon el polvo y llanto se les ponía tan sucia, que era cosa de asco. 
Pasado el ayuno, venían los ancianos y con las uñas arrancaban de 
las mejillas las costras de suciedad, las envolvían en papeles y de- 
jaban en el lugar dicho Tzatzoatitlan, diciendo á la ceremonia: 
^4a8 reliquias de las lágrimas.^^ 

Vueltos los ancianos de aquel lugar, recibían de las familias algu- 
nps presentes, haciendo á los cinco dias el convite de los muertos, 
quixococualia, en el que se ponían las ofrendas centzontlacualli 
y tlacutleicualli^ con los grandes bollos nombrados papalotlacual- 
/t y la bebida dicha ilzquiatL Después de la comida fúnebre, que- 
maban las ropas y objetos de la pertenencia de los difuntos, rega- 
ban el suelo con octli^ dándole á beber á los circunstantes blanco 6 
amarillo en el vaso piaztec(Mnatl. Ochenta dias después se repetía 
el convite fúnebre, y al recibir nuevos presentes los ancianos, de- 
cían: "¡Oh muertos! llegasteis al resplandeciente señor y trasparen- 
*He sol: ya os holgáis y regocijáis con él y le lleváis paseándoos por 
^'sns deliciosos llanos, allá en la tierra chamuscados, pintados y ra-' 
^'yados con diversos rosicleres y «olores delante del resplandeciente 
fsol» donde ya no os veremos más:' haced allá bien vuestro oficio, 



877 

*^coii todo oaidado 7 diligencia.^ Derramando oc^/t por ol suelo, 8^ 
daban por terminadas las exequias. (1) 

Pocos dias después de terminadas, llegó noticia á México de que 
los mercaders méxica, acuihua y tepanecca, fiados en la paz basta 
entonces existente, habiéndose presentado confiadamente en el tian^ 
quiztli de TepejacAC, (2) fueron robados y muertos, escapando sólo 
tres, quienes vinieron á México á dar la nueva del desastre. El aten- 
tado se cometió en la inteligencia de ser espías aquellos traficantes. 
La sospecha no carecía de fundamento; los mercaderes formaban 
en Tenocbtitlan un cuerpo organizado, desempeTiando diversos em- 
pleos. Por su instituto llevaban á los países lejanos los productos 
de la agricultura y de la industria del imperio, para traer en cambio 
los artefactos de los pueblos extraños. Como exploradores y viaje- 
ros traían noticias de las naciones apartadas, de los usos y costum- 
bres dé sus moradores, del aspecto y producciones del suelo, ensan- 
chándose por su medio los conocimientos geográficos. Desempeñaban 
á veces la honrosa misión de embajadores, y no desdeñaban ser es- 
pías, informando en México acerca de los recursos de cada provin- 
cia, ya en guerreros para defenderse de una invasión, ya en rique- 
zas para pagar el tributo. Por eso la muerte de los mercaderes era 
seguida de pronta venganza por los méxica, quienes habían investi- 
do á aquel gremio de tales inmunidades que lo hicieran respetado 
7 temido. 

Conforme al derecho recibido, Motecuhzoma mandó embajadores 
á pedir satisfacción á Coyolcueq, señor de Tepeyacac, ó sea máf 
bien á declararle la guerra: Coyolcuec y su hijo Chichtli la acepta- 
ron. El emperador hizo el llamamiento á los reyes aliados, enviando 
mensajeros á los pueblos sometidos á pedir el contingente de hom- 
bres, armas, bastimentos y macehualli para conducir el matalo- 
taje. (3) Los soldados se proveían de mantas delgadas para defen- 

(1) P. Duran, cap. XVIII.— Tezozomoo, cap. veinte j oinoo. MS. 

(2) Tepeyacac, hoy Tepeaoa, en el Eatodode Puebla. 

(3) Los víveres llevados á las expediciones lejanas, consistían en tortillas tostadas 
para preservarlas de corrupción, totopo; harina fina de maíz, pinollt, qne desleído 
en agua formaba una bebida r ef res can te, 6 hervido hacía nn bnen áttM^ ó se comía 
MBO; harina 6 grano de Mmn para formar ignafanente goatosas babkUiij aiUZSr mi, 
pepitas toatadaa de «alabaaa» y fzijol'Mi lievaban cono ntensilioa mitíatit citmtíU, 
tnukaoBitl, caxtU y xiealU, Esteras 6 petlattjpm formar las barracas ó tiendaa df 
eampaOa; tenatU, tompeates, j ehüguihuiü para trasportar los diversos objetos. 



2y8 

deñe del sol ITamadas tonaypíatl^ cubriéndose los pies, cpn un fuer- 
te calsado de uequen á\ohx\tecactli. 

Terminados los aprestos, el ejército se puso en marcha para Te- 
peyacac, en los límites de Tlaxcalla y Cholollan. '*E1 orden que se 
'^tenía en ir á estas jornadas y conquistan era, que iban los tres 
"ejércitos juntos, y de conformidad, y llegados que eran sobre la 
^'provincia que habían de conquistar, se tornaban á dividir, y aun- 
''que todos á un tiempo daban la batalla, cada uuo entraba por su 
''parte peleando con los enemigos, con que á pocos lances los desba- 
"rataban y sujetaban, procurando cada ejército sefialarse y aventa- 
^Jarse;' (1) 

El ejército con el emperador Motecuhzoma á la cabeza, atravesó 
sin obstáculo el país intermedio, yendo á asentar sus reales en el 
cerro Coyopetlayo: se distribuyó el campo, alzáronse las tiendas y 
se pusieron exploradores¡de los guerreros distinguidos de los cuachic 
y otomitl. Cerrada la noche tornaron los corredores del campo con 
aviso de no advertirse el más pequeño rumor, no sólo en los alrede- * 
dores del real, sino en la misma Tepeyacac, sin haberse advertido 
juniá de guerreros: Motecuhzoma se indignó creyendo ser aquello 
señal de desprecio, y determinó que al rayar lá luz, divididas la» 
tropas en cuatro escuadrones fueran asaltadas simultáneamente las 
cuatro ciudades de Tepeyac, Tecalco (lioy Tecali), Cuauhtinchan y 
Acatzinco (Acacingo). Cumplióse .lo mandado; al sonreír el ajba, las 
poblaciones estaban en poder de los aliados, siendo de i\otar ^n to- 
das ellas que los habitantes se dejaron matar como rebaño indefen- 
sa^ sin oponer la menor resistencia. Coyolcuec y los principales de 
Tepeyacac salieron á los vencedores, con los brazos cruzados sobre 
el pecho, postrándose en tierra y pidiendo con lágrimas misericor* 
día. Se les otorgó; pero sobre el campo hicieron pacto de someterse 
á México, señalaron la cantidad de los objetos de tributo, entre los 
cuales se enumeraron cierto número de cautivos hechos en guerra 
para ser sacrificados en Ten^chtitlan. (2) Se nota que estas barba- 

(Xy I^^üJUpoclOA Hift. Chiohim. eap, 40. MS. 

<9) ]>«r#ii^^«ib XYlU.^TMOflenipe, «ai^. reime y flieto. M&^No oonsta em im 
íhdMmi MMdMiioÉ la ««mqülsta d^Tep^r^cae, pe^ la Um. XLIV d« la matríMad* 
¿ifmtófl expresa lá cantídad y objetos pagados por aquella proVincia, desünadot á 
las guerras aontra Tlaxcalla, Cholollan y Huexotzinoo. 



itMi ¿fiBDdas á'losdioée^ se hadan mÁ» repetidas y immerosM» á 
medida ^pMi lagaehsa do oenqlútfa toolaba mayores proporcionM 

MeteoohnmMi fhé recibido en Tenoehtítlan conloe bonOrea-del 
tnaitfo. En aqneilae ooamoneé «bACOíMoíi todos lob ancianos y sa- 
cerdotes de loe teocali^ cada uno con las insignias y el traje de sus 
divenas categariaSf Herrando en la c{(beza ^'unas ga¡rna14a$ heolMUí 
^^ pafMl, otras do cnero/y en la frente por atadura de ellas, unas 
^'rodelas ttimj plegadas á manera do ojuela; eran estas guirniüdaíi 
'^pintadas de colores dirersos: traían á las espaldas, los que llama- 
'^iMín Cuaul&uehnetque y los Tecuacuiltin, unas calabazuelas colga* 
^'das á manera do cordones con sus bollas y cintas de cuero, Uama- 
^^ban á estab xioariilas redondas yecíecinnati.^^ (1) Algunos llerabaa 
atado el pelo al oobdríllo con las coronas de cuero rojo llamadas 
ctumlUalpiloni^ y tenían en las manos bordones de diversas hechu- 
ras, cttauktí^ntii. Ancianos y sacerdotes salían fuera de la ciudad 
cokcadM en dos hileras, una frente de otra á ambos lados del ca- 
mino: el pueblo se agolpaba dando gritos de júbilo, tocando instru- 
mentos musióos; llevando flores, acayeil (cañas para fumar) y otroa 
regalos. 

Llegados los guerreros, los tlenamaeaqué los presentaban el tle- 
mctitl^ (brasero, perftimaddr ó incensario) con lefia y cortezas dé 
efadna adiendo eh graitdes llamas, seüal de vencedores, y le? de- 
cían: ^'ÍSBais muy bien vebldos, hijos, á este reino de Méxitío Te* 
**nochtit1an, á donde roncan v silban delicadamente las culebras 
*1>uRidofas; pescados, aves voltotes rodeadoras de las redes, en 
'teedio de etiite tular y carrizales, asiento y casa del dios Tetzafauitl 
'*Ru{tz!lopochtli; á donde por su virtud y con las faereas de brazos 
*^ cuerpo habéis muerto, vencido y desbaratado á nuestros enend- 
'*gosy vengasteis la safia 6injuriádenuestrodiosHuit3Ílopochtli/*(2) 

Al aparecer los prisioneros atados de dos en dos, custodiados por 
los guerreros, los tlenamacaque los incensaban con copalli como á 
víctimas destinadas & los dioses; en seguida los teeu€KuiUin arroja- 
ban delante de ellos pedazos del pan para oblación, que ensartado 
ett hilos había en los teocalli, y les decían de esta manera: ^^Seaia 
*^tnuy bien Venidos y llegados á esta ^orte de México TenochtitUnii 

(1) P. Duran, cap. XVIII. 

(S) TezoBomoo, Cr6n. Mexio. eap. rdnte 7 Míe. MS. 



**^n el remanso del agua, doüde cantó el águila y silbó la cnlebm; 
"donde vuelan los peces; donde salió el agua aiiü y se jttiitó con la 
^^bermeja entre estas espadafias yfoanrisales; donde tiene su mando 
"y jurisdicción el dios HuitzilopoebtU; y no penséis que os ha tnú- 
*^o acaso ni tampoco & buscar mestra vida, sino á morir por él y i 
**poner el pecho y la garganta al cuchillo, y á esta causa os concedió 
**el ver y gozar de esta insigne ciudad; (sin cuya muerte no se os 
^^briera la puerta de poder entrar en ella jamas á los de Tepeaca. 
"Seáis muy bien venidos, que lo que os debe consolar es que no ve- 
"nis por ningún acto mujeril ni infame, sino por hechos de hombres, 
"para que muráis aquí y quede perpetua memoria de vosotros.'^ (1) 
Dábanles en seguida á gustar el teooctli^ octli divino ó del dios. 

La multitud se metía á la ciudad en regocijado tumulto al soni* 
do de su discordante música, oyéndose en ^lo alto de los teocalli el 
ronco son y fánebre del tlapankuehuetl. Los prisioneros llevados 
en medio por los sacerdotes llegaban al templo mayor y uno á imo 
pasaba por delante de Huitzilopochtli, haciéndole una profunda 
reverencia, quedando con ciertas ceremonias consagrado al numen. 
El mismo desfile y genuflexión hacían delante del emperador, co- 
mo á imagen de la divinidad. Se les daba de comer y de vestir, y 
al son de un atambor se les hacía bailar en un lugar señalado del 
tianquiztli^ con rodelas de plumas, armas, ramilletes de rosas y 
acayeil como en una fiesta. Por último, los repartían por los barrios 
con cargo á los mandones de alimentarlos bien, custodiarlos para 
que no huyeran y prestarles toda clase de cuidados para qup estu- 
vierúi sanos y robustos al llegar el dia de ser sacrificados. De co- 
mún eran traídos los señores de las provincias vencidas para hacer 
su rendimiento al dios y al emperador. En esta vez cJoyolcuec, 
Chichtli, Chiauhcoatl y otros caballeros fueron en derechura al tem* 
pío, ofrecieron ricos y variados presentes, se sacrificaron sacándose 
sangre de orejas y lengua, y tomando el polvo á los pies del ídolo 
con d dedo mayor de la mano y llevándolo á la boca, quedaron re- 
conocidos adoradores de Huitzilopochtli. Hicieron igualmente su 
reverencia al emperador, declarándose sus vasallos, retpmando á su 
país con orden de estaUeoer uu mercado general» >en donde fueran 
cuidados y asistidos los traficantes de todas naciones. (2) 

(1) P. Darán, cap. XVin. 

(2) Darán, oap. XVIII.— TesoiOBioe, Mp>. Tointe y siete. M8. 



IX onlU 1449. *^A los niifiTa afio« del ranado da BDotecaluiomaY. 
"oreeíeroii tonto tos agMs ds esto lagun* In^xicalla, qua se fa^»gí^ 
^*toda la ciudad j «adaban los moradnres da alia en canoas y bar- 
'^qaillas, sta saber qné remedio dar ni c6nio defenderse <^ ton gran^ 
^4nundacion.'' Ala cuento fué el afío de copiosas lluvias, y remnidaa 
las aguas en la parta baja de la cuenca del Talle, subió el nivel de 
los lagos y causando el desastre. Motecuhzoma ocurrió á Nezahual- 
coycti, quien viniendo con toda diligencia á México, encontró por 
remedio construir un dique para contener las aguas salobres del 
lago de Texcoco, no se precipitoran sobre las dulces de México. 
Concurrieron á la obra Totoquihuatzin de Tlacopan; Xilomatzin 
de Oolhuaoan; Cuitlahuatzin de Itztopalapan y Chimalpopoca de 
Tenayocao: ocurrieron en multitud los obreros, dando ejemplo Mo- 
tecubzoma y el ingeniero director Nezabualcoyotl. Esta labor, co- 
nocida todavía hoy bajo el nombre de albarrada vieja ó albarradon 
de los indios^ fué la primera de las muchas emprendidas bajo el 
nombre de desagüe, no terminado aún en nuestros días; y no fué 
de poco momento, pues como la califica el cronista, ^'cierto fué he- 
*'cho muy heroico y de corazones valerosos inteatarla, porque iba 
^* metida casi por tres cuartos de legua el agua dentro, y en partes 
"muy honda, y tenía de ancho más de cuatro brazas y de largo mis 
^'da tres leguas. Estacáronla toda muy espesamente, las cuales es* 
*^ 0A8 (que eran muy gruesas) les cupieron de parte á los tepanecas, 
"coyohuaques y xochimilcas; y lo que más espanto es la brevedad 
"con que se hizo, que parece que ni fué vista ni oida la obra, siendo 
"las piedras con que se hizo todo de guijas muy grandes y pesadas 
*^ tráidolas de ofts de tres ó cuatro l^uas de allf." (1) 

Aprovechando los chalca la desventura en que la ciudad estaba 

(1) TorqnemadA, lib. TI, cap. XLVtL— OlSTigero, tom. 1, pág. I6S, Morlbe: *'Eú 
"él décimo afio, que faé el 1446 de la era tiü^, hubo en México una gran i&unda- 
**cáonf 4co." Naeatroa eeorítons» adoptando esta antoridad. fijan la primera inunda- 
ción de la ciudad en 1446. La fecha de OlaTigero no es axaota. J%n primer lugar la 
caláatiofe no m yrmiñoó *él dééimo ¡fino el n #m n ^ afio del reinado de Moteoukaoma, 
86g[un coaata en Torqnemada, de quieaf tom^ la noHeia Clavigeio. En aegunéo lafar, 
nhuioamina no comennS á reinar en 14S6; la cronología* del muy docto jesuíta ra 
errada, por cauaa del afio de la dedicación dal templo mayor, como en au lugar 

Taremos. 

TOM. ni. — 38 



«Tímida se insurreccioDaron; Moteoubfeoma marchó contra ellos oon 
•1 mayor ejército que pudó y Hünqúe los véneto de nnero é impiiso 
severo castigo, no faé sin pérdida de Tlacafauepantzin y Tzonte- 
moetzin, capitanes de coenta, y otros distinguidos y valerosos gue- 
rreros. (1) 

No encontramos datos para fijar con exactitud la conquista de 
algunas poblaciones enumeradas en el Códice Mendocino. Sean por 
ejemplo los dos Atotonilco y ToUan, (2) situados incuestionable- 
mente dentro del reino de Acolhuacan. Debió tener lugar hacia el 
tiempo en que la*^ provincia de Tollantzinco se insurreccionó contra 
Nezahualcoyotl, Hay otros pueblos, situados al N. de México y O. 
de la Unea divisoria con* los acolhua, más allá de los lindes de Tía- 
copan, evidentemente de la pertenencia de Tenochtitlan, como 
Hueipochtla, Axocopan, Xilotepec, Itzcuitlapiíco, Tlapacoyan y 
Chapolicxitlan. (3) 

10 tochtli 1450. **Fué tan excesiva la nieve que cayó en toda la 
^'tierra, que subió en las más partes estado y medio, con que se 
"arruinaron y cayeron^uchas casas, y se destruyeron todas las ar- 
, '^boledas y plantas, y resfrió de tal . manera la tierra que hubo un 
"catarro pestilencial con que murieron muchas gentes y en especial 
"la gente mayor." (4) Según otro de nuestros cronistas: "hubo graoi- 
"des nieves, tantas y tan cotidianas, que dizque por las calles de 
"todos los pueblos llegaba la nieve á la rodilla, de suerte que la 
^'gente, temerosa y desnuda, no parecían por los caminos y callea 
"hombre humano; Jla cual nieve duró en caer seis dias arreo, sin ce- 

f O Torquemada lib. II. cap. XLVII. 

- (2) En la lám. VÍII conman Atotonilco [niím. 12], Atotonilco [nüm. 17], ToUan 
[niím. 14]. Los dos primaros pertenecen hoy al Estado de Hidalgo, distingniéndos* 
por los epítetos de Atotonilco el Grande y Atotonilco el ChicQ. Por regla genexal* 
no siempre es fácU señalarlos pueblos actuales correspondientes á los nombrados en 
las antiguas crónicas, porque si mucbos conservan su nombre primitivo aunque es- 
tropeado, otros cambiaron de apelación, se trasformaron én haciendas 6 ranefaos 6 
desapareóieron completamente. 

(S) C<Sdioe Mendocino, lám. VIIL Hoeipoditia [nitaL 11], Axooopan [nlím. 13]» 
Xiloiepeo [niSm.^ 15], Itgentnonitlapnleo [num. 16], Tlapacoyan [ntim, IS], Ghapo- 
üozitlan [mím. 19]. Gonsifltense l^ láminas XXIX y XXXI de la matrícula de tri- 
butos, en donde éstos, junto con otros pueblos están nombrados, pagando mantas, 
•nnaduias y varias especies de simientes. 

(4) Ixtli^xochitl, Hist. Chiohim. oap. 41. M8. 



283 






«ar; de la cual qnedaron los montes y collados cubiertos por muchos 
dias.*^ (1) Este fenómeno meteorológico, tan desusado en tamafía 
intensidad en nuestro clima, interrumpió por algún tiempo las co- 
municaciones, 7 fué causa de gran número de muertes de hombres 
7 animales. (2) 



* * « 



i * 



(2) Jüiil«B d« Ciurabtitlin. M8. 



CAPITULO III. 



MoTBCüHZOMA Ilhuicámina. — Nezahualcototl. 

Hékktoi,— Calar. —Hambre y peste. —InstUueion de la guerra florida ódelo$ enemi- 
gué de eaaa,Suracan.—Año dcUeo y benigno, — Preces por los guerreros idos á 
expediciones lianas,— Querrá del HtuuEtecapan.-^Nueta obra en el teooaUi mayor. 
-^El temalacatl,^8acrificio gladiatorio.-'Fiesta del TlacaxipehuatígtU,^8ueesos» 
— (hierra contra Ahuilisapan y Cuetlaxtla.-'Matrimonio de Mbquihuis.'^Muorie 
de los k0os de Nesahualcoyotl.-^ Guerras contra Chalco, —Xilomatsin, señor de Cul- 
huacan, 

T T acatl 1451. A los desastres causados por la inundación « había 
sucedido la gran nevada^ (I) que no pocos daños causó en 
campífias y habitantes. Los males no habían terminado todavía, 
pues durante este año, cuando los maizales estaban en xilotl^ es de- 
cir, el grano aún en leche, unos dias tras otros cayeron recias hela- 
das que los quemaron y agostaron, perdiéndose casi por completo las 
cosechas. Con aquesto comenzaron á faltar los mantenimientos aun- 
que la escasez no fué grande por los granos sobrantes en los años 
anteriores. (2) • 

12 tecpatl 1452. El año fué tan infeliz como el anterior; los hie- 
los destruyeron de nuevo los sembrados, de manera que la escasez 



(1) "El afio de 128, dice Fr. Bemtrdino, por su pafoua del pan eayó tanto jslo 
•'en México, qne se cayeron las casas j ae heló la lagaña." 

(2) Torqnemada, Ub. U, cap. XLV1I«— Ilist Chiohim. oap. 41. 



S88 

fué general, comenzando á sentirse entre los pobres una hambre ge- 
nei^l. (1) 

13 calH 1453. A la nieve siguió el fuego: calores excesivos tosta- 
ron la yerba de les campos. '*Los manantiales se secaron, las fuen- 
"tes y nos no corrían, la tierra ardía como fuego, y de pura seque- 
**dad hacía grandes hendeduras y grietas, de suerte que las raíces de 
'^los árboles y de plantas, abrasadas con el fuego que de la tierra sa- 
^'lía, se les caía la flor y hoja y se les secaban las raíces, y que los 
^'magueyes no daban su acostumbrado jugo de miel, ni los tunales 
''podían fructificar, volviéndosele sus gordas hojas hacia abajo, in- 
''diñándose sin fuerza ninguna casi cocidas con el calor: el maíz, 
"en naciendo, se ponía luego amarillo y marchito y todas las demás 
"legumbres. Empezó la gente á desfallecer y á andar marchita y 
"flaca con la hambre que padecían y otros á enfermar, comiendo co* 
"sas contrarias á la salud: otros, viéndose necesitados, desampara- 
'^ban la ciudad, casas, mujeres y hijos, íbanse á lugares fértiles á 
"buscar su remedio.** (2) 

1 tochtii 1454. El signo tochtli era de mal agüero para los mé- 
xica; tenían observado que en afios de este carácter sobrevenía siem- 
pre algún mal, y cuando tal acontecía, decía la gente que se acone- 
jaba el afio. Los sufrimientos del hambre llegaron al colmo. Mo- 
tecuhzoma, Nezahualcoyotl y Totoquihuatzin, abrieron sus gfaneros 
particulares para repartir raciones á los necesitados; mas el remedio 
no pudo durar largo tiempo. A fin de aprovisionar en particular la 
ciudad de México, el emperador ordenó que de las trojes que en las 
provincias tenía trajeran diariamente á la ciudad veinte canoas de 
pan en tortillas y tamales, y otras veinte canoas de atole; los ma- 
yordomos repartían aquellos alimentos por los barrios, conforme á la 
necesidad de cada persona. Mas también se agotó este recurso; el 
dia que se dió la últíraa comida, Motecuhzoma repartió vestidos á 
los pobres, dando á cada hombre mantas y pañetes, á cada mujer 
hulpilli y eneguas, terminando después con una plática advirtiendo 
haberse tetminado los bastiiúentos, confiaran en adelante en el so- 
corro de los dioses y cada quien se fuese á buscar en otra parte su 
remedio. La gente se postró en tierra alzando un inmenso llanto y 

0) forq^emád», 11b. ü, cap. XLVIX.— Hlat Chkliim. cap. 41. 
(2) Duran, oap. XXX.— ToiquemadA, lib. II, oap. XLVII. 



alarido, y dando gracif^ por los bÍ6BC»a recilwloa, ae pojKx en camün^ 
•iguiendo el iDstinto de la conservación personal. (1) 

Consumidas las raíces de laiS yerbas encontradas escarniendo la 
tierra y las del tule producida en los lagos, los padres vendían á sus 
hijos y no pocos se hacían esclavos á condición de ser sólo, alimen- 
tados. Para evitar abusos fué sefialado 400 mazorcas como precio 
de una doncella y quinientas por un mancebo. La provincia de To- 
tonacapan á la sazón estaba abundante, y multitud de necesitados 
tomaron aquel rumbo, muchos de los cuales morían por los caminos 
arrimados á su pobre carga. Los mercaderes totonaca vinieron tam- 
bién á los territorios necesitados, comprando esclavos cuantos po- 
dían para llevarlos á sacrificar á sus dioses, ya para tenerlos gratos, 
ya para vengarse de los méxica, en cuya miseria se gozaban. Para 
otras provincias huyó también la multitud, dejando señalado su 
tránsito con los cadáveres de los que perecían, ya de necesidad ya del 
contagio; porque la peste, hija natural del hambre, se hacía sentir 
sobre aquellos infelices con todos sus horrores. (2) 

Agotados los remedios humanos, los tres reyes aliados se junta- 
ron con los señores do Tlaxcalla á fin de escogitc^ los medios de re- 
mediar tanto estrago. 'Xos sacerdotes y sátrapas de los templos de 
^'México dijeron, que los dioses estaban indignados contra el impeiJo 
^*y que para aplacarlos convenía sacrificar^ muchos hombres, y que 
^'esto se había de hacer ordinariamente para que los tuviesen siem- 
'*pre propicios. Nezahualcoyotl, que era muy contrario á esta ppi- 
*'nion, después de haber hecho muchas contradicciones d\jo: que 
''bastaba que les sacrificasen los cautivos en guerra, que así como 
^'así debían de morir en batalla, se perdía poco; demás de que, se« 
^'ría muy grande hazaña de los soldados haber vivos á sus eaemi- 
'^gos, con lo cual ademas de que serían premiados, harían ese aaori- 
^'ficio á los dioses. Replicáronlos sacerdotes, que las guerras que se 
^ ^hacían eran muy remotas y no ordinarias, que vendrían muy des- 
'^pacio y debilitados los cautivos que se habían de sacrificar á los 
'^dioses, habiendo de ser muy de ordinario y la gente reciente y dis- 
^^puesta para el sacrificio de los dioses, como lo solían hacer con sus 



(1) P. Duráu, cap. XXX. 

(2) Terqaemada, Hb. II. oap. XLVII.-JKttttsoohia, Htot Chichis, m^. il.< 
Doran, c*p. XXX. 



^^bvM j 6atIavo9* Xie^teBoati, uno de los seffiorea de Tlaxcalla, fué 
^e efinion quede aqMl tie^iyo en adelante se establecieaen guerras 
^centra la aborte de Tlaxoalla y la de Tezcooo con sus acompafia- 
^do8, y ^pie se s^teilase un campo donde de ordinario se hiciesen es- 
^Hae batallas, y los que fuesen pnesos y cautivos en el]as se sacrifí- 
^'oasen á sus dioses, que seria nauy acepto ¿ ellos, pues como man- 
ejar suyo seria caliente y reciente sacándolos de este campo; demás 
^^de qoe^ seria lugar donde se ejercitasen los hijos de los señores, que 
^saldrian de allí famosos capitanes; y que esto se hahia de entender 
^^sín exceder loa limites del campo que para el efecto se señalase, ni 
^^preCender ganarse las tiernas y señoríos; y asi mismo había de ser 
^'con calidad, que cuando tuviesen algún trabajo. 6 calamidad en la 
*^a ú otra parte, habian de cesar las dichas guerras y favorecerse 
^^os A otros como de antes estaba capitulado con la s^oria de Tlax • 

^^A todos pareció muy bien lo que había dichb Xicotencatl, y co- 
^*mo interesados y muy religiosos en el servicio de sus falsos dioses, 
^^apretaron en el negocio para que se efectuase, y asi Nezahualco- 
^^yoizin señaló el campo que fué entre Cuauhtepeo y Ocelotepec, y 
^'por ser tres las cabezas del imperio señaló para el efecto otras tres 
^'provincias, que fueron la de Th^oalla y laade Hue^otsinco y Cho> 
"lollan, que llamaron lo^ enemigos de casa^ om calidad que pelea- 
^'sen tantos á tantos, yendo los de las tres cabezas juntos y que die- 
^^sen su batalla á los primeros días de sus meses, comenzando por 
^'Tlaxcalla la primera vez, y luego de alli á otro mes la segunda en 
'*el campo que estaba s^alado de Huexotzinco, y la tercera en el 
''campo de Cholollan, cuyos.defensores eran los de Atlixco, y lu^o 
"eoménzaba otra vez la tanda por Tlaxoalla; con que tuviesen has- 
'^tante recaudo los sacerdotes de los templos de Tezoatlipoca, Hui- 
"tzilopochtli, Tialloc y losjdemas que eran Ídolos de los mexicanos, 
"y los de los contrarios Camaxtle, Matlalcueyetl y Quetzalcoatl. 
"Así se comenzaron estas guerras y abominables sacríñcios á los dio- 
*^^$eB^ 6 para mejor decir, demonios, hasta que vino el invictísimo^ 
"D. Femando Cortés, primer marqués del Valle, á plantar la santa 
"fé católica. Asi mismo quedó por ley, que ninguno de los natura- 
"les de las tres provincias refsridas pudiesen pasar á estas partes, 
^i los de acá ir allá, con penado ser sacrificados á los dioses fabos. 
"En el año i9e hacían diez y ocho fiestas principales á los dioses fin- 



'agidos, que era á los primeros dias^de sus diesjrocho meses, enqaere- 
^'partían su afio solar, en los cuales saerifieaban los hombres cautivos 
^^en las guerras referidas y en otras fiestas que tenían movibles." (1) 

En este pacto singular, inventado por la más negra de las supers- 
ticiones, eran parte por un lado los tres reinos aliados México, Tex> 
coco y Tlacopan, y en la parte contraria Tlaxcalla, Cholollan Hue- 
xotzinco, Atlixco, Tliliuhquitepec y Tecoac. Ademas de la razón de 
que las victimas de los lugares distantes llegaban flacas, y por con- 
secuencia poco buenas para ser comidas, se tuvo ademas la que: "es 
^*co9a muy lejafia, y es cosa de advertir que á nuestro dios no le son 
"gratas las carnes desas gentes bárbaras, tiónela en lugar de pan 
"bazo y duro, y como pan desabrido y sin sazón, porque como digo, 
"son de extrafia lengua y bárbaros." (2) 

Todos los hombres estaban obligados á concurrir á aquellas gue- 
rras, "y asi el que no osase ni atreviese á ir á la guerra, aunque 
"sea hijo del mismo rey, le privamos hoy más de todos estos benefi- 
"cios (usar vestidos galanos y joyas); y use de los vestidos y trajes 
"que usan los hombres bajos y de poco valor, para que se conozca su 
'^cobardia y poco corazón y no le sea permitido vestir ropas de al- 
"godon, ni usar de plumas, ni les den rosas como á los demás seño» 
''res, ni humazos de olor, ni beba cacao, ni coma comidas preciadas, 
"y sea tenido por hombre bajo y sirva en las obras comunes aunque 
"sea de sangre real; agora sea hijo del rey ó nuestro, de cualquiera 
"de nosotros 6 cualquier parentesco cercano que nos tenga; y esta 
"sea la ley inviolable, quel que no supiere á la guerra, que no sea 
^^tenido en nada, ni reverenciado, ni se ajunte, ni hable, ni coma con 
*'lo8 valientes hombres, sino sea tenido como hombre descomulgado 
"6 como miembro podrido y sin virtud, y aguarde á que coman y 
^'beban los valientes y valerosos hombres y después coman ellos de 
^^los que les sobrasen." El rey comia solo, y los restos de los man- 
jares, cosa de mucha honra, se repartían entre los valientes que se 
habían distinguido en la guerra sagrada. Los bastardos que á ella 
concurrían, eran preferidos en las herencias y dignidades á los hijos 
legítimos que no habían hecho aquella campalia. (8) 

<1) Ixüibcochiü, Hirt» Chíehim. oap, 4L lÜ., 

jp) Duran» cap. XXVIIL ^ite cxonista ha^ SMnoioD áú páoto, «nnqtie r«fiziéado» 
lo á distintos tiempos y circuxiBtanoiafi. 
(3; P. Duran, eap. XXIX. 



289 

La mayor parte de nuestros historiadores han puesto en olvido el 
estrafio pacto de loa eDemigos de casa, que tan natural y cumplida- 
mente explica ésa constante guerra contra Tlaj^ealla, pholoUan y 
.Huexotzinoo y sus ciudades aliadas; ese aborrecimiento que princi- 
palmente á MéxioQ profesaban aquellas; la separación absoluta que 
«ntre sí tenían de comunicación y tittfico; el que á despecho de tan 
continuadas luchas no hubieran sido conquistadas por los aliados 
aquellas pequeñas wñorías, cuando naciones remotas de mayor ex- 
tensión territorial, de poderosos y más abundantes recursos habían 
doblado el cuello al yugo del imperio. 

: Para que el año apareciera bajo todo^i aspectos funesto, al princi- 
piar tuvo lugar un eclipse de sol. (1) — **üno coneja, y de 1454, hu- 
bo tanta hambre que morían los hombres de hambre." (2) Eatp dice 
éT comentador, pero la lámina respectiva, así en el Códice Telleria- 
no-Remense como en el Vaticano, lo que presenta es la mención de 
un horrible huracán. Vénse las ráfagas del viento y los remolinos 
del polvq, los hombres huyendo ó trastomadoe á impulso de la per- 
turbación atmosférica. Se advierte á Ne^sahualcoyotl en actitud de 
dar consejos 6 di&^siciones contra el estrago* 

''En este mismo año de 1 tochtli comenzó á levantar su lemplo 
^^Nezahualcoyotl en Tetzcotzinco, y daspueé de haberse concluido 
Mae cayó en el I aoatl, según consta dé la historia de Tolocan.'' (3) 

II acatl 1455. Fué año cíclico y de signo fausto. Prodigó el cielo 
los tesoibs de la lluvia, se revistieron los campos de galana verdura 
*ylas cosechas fueron abundantes, duíere la|tradieion. mexicana que 
Ib tierra se Cubríera^ de yerba, flores y frutos, sin haber depositado 
en ella las simientes, milagro atribuido á los dioses por las tiernas 
^y gustosas^ ofrendas preparadas en la < guerra sagrada. El atribulado 
pueblo encontró^ alivio á sus males y dio punto á su aflicción; la 
abundancia de granos trajo el bienestar común, y la mayor parte de 
los emigrados tomaron á sus hogares, si bien crecido ntUnero se es- 
tableció definitivamente^ya en el Totonacapan, ya en los países del 
Sur. (4) 

(í) IxÜflxO^Ü^ Hist Chioliim. oap. 41.* MS« 

(3) Explicación dol C<$dio« Tellexiano-Bemexise, «n Kiogabcroa^h. . 

(3) Añiles de CofudUitisn. 1|S. ; 

14) Tcriuemals, Ub. H cap. XLVlL-rDiiirilwlQapi.pPUM ,- míx i;- ¿..'i :^ 

T01I.XIX.— 3f 



290 

"EfitB año fué féi-til y pintan los ramos verdes." (1) Los Códices 
Tel^eriaTio-Remenae y Vatieaoo, colocan en cfste año ol signo ortmo- 
gráfico de la fiesta cíclica 6 del fuego ntievo* Abajo las plantasen 
dÍTersos estados, de«de el nacimiento hasta la itrfl:orecenc¡a y la 
fructificación, dando A entender la fecundidad de las campiñas. L^ 
figura humana es el símbolo de las fiestas celebradas con prisione- 
ros; en el presente caáo el chimalli de forma particular indica la 
guerra-sagrada, y la bandera numeral de veinte expresa los comba- 
tes celebrados de veinte «n veinte días ó principio de cada mea. JBi- 
to, añadido al símbolo del mes, da ¿.entender que el mes del rever- 
deeimiento de la^ plantas fué^celebrado con prisioneros tomados á 
los enemigos de casa. (2) 

No bien repuestos de los males pasados los méxica, se lanzaron i 
la guerra, tal vez con la esperanza de botin. Atonal, señor de Coaix- 
tlahuaoan, (3) había 43onquis^do ^algunas de sus provincias cornac^ 
canas, y engreído con su poder no quería dar paso por sus estados 
á los méxica, haciéndoles sí cuanto mal podía. Sabido por Mote- 
onhzoma le envió sus embajadores para requerirle de guerra; Atonal 
los recibió, les puso delante multitud de riquezas, y dándoselas, lea 
dijo ser aquello el tributo de sus vasallos, que lo llevaran é» su señor 
y en respuesta le mandara decir cuáles cosas le daban sus subditos, 
pues si le vencía quería recibir eso mismo de los méxica. Atan 
^trevidai respi^esta, Motecuhzoma convocó á los reyes aliados,, reu- 
nióse el ejército,' marchando en dirección del actual Estado de Oa- 
xaca. Atonal lo esperó en la frontera, lo tomó de improviso, cayettdo 
con tal ímpetu que 4os aliados fueron despedazados^ teniendo qu6 
volver avergonzados á México. (4) 

^^Eneste año 1456, ganaron los de Guaxecingo (Huexotzijnco) á 

- ' ->' ' ' . ■ ". . . ^. ■■ ' ; ' • 

(1) Explicación del Cód. TellerianO, en Kingsborough. 

(2) Kirestro niüy apreoiable Clavigero cambia las fechas de' estos tLCOideeimiéúUm 
f teraüáa- asegurando qoe el:iÁo 1 tochtii U6Í, fué seonlar. .Tom. 1^ pág.' USS» Üft 
dijimps :<tel e?99c . ftou qu^ va su oronpl^gía y ahora debemos , adverüif» que .np-e^ 
exacto que en los últimos años del imperio la Xiuhmolpia 6 gran fiesta secular se X9- 
rifícora en el 1 tochtli, pues bacía tiempo se había trasladado al II acatl, cuál'dlkrá- 
mente lo dicen las pinturas. — Comprobación de la hambre arriba referida es la pie- 
dra conmemoratiya del suceso y de sus p9i^ei^ore,ip, en poder del Sr. Lio. D, A^£ra- 
do Chavero, quien de Qlla hizo buena descifracion bajo el título ^'Ensayo arqueoló- 
gico; Descripcioli de un Monumento Azteca,"' publicado en México, 1S69.' ' ^ -1 

(3) Los autores escriben Cohuaixtlahuaeaní también oorvéotftm^té. i^\ 






^ '.in^KOT ' 



2di 

estas tierras de Atlixco, y echaron á ella á los de GaacachuU| 
(Cuauhquecbollap, en el Estado d^ Puebla) que erau suyas y su 
pueblo era éste/' (1) 

/TueíoB oonsumidaa Ia;s cosas por la multitud de ratas que se 
aparecieron." (2) * 

17 calli 1467. Atonal, que esperaba la vuelta de los aliados para 
hacerles dafia y quebrantarles las fuerzas, se unió con los de Tlax- 
oalla y Huexetzinco, atacó y se apoderó de' Tlachquiauco, pasando 
á cuchillo la guarnición méxica, y haciendo huir al sefior Malí- 
natzín. (3) 

V tochtli 1458. Antes de tratar de la guerra contra el Huaxte- 
pan, acontecida en este año, diremos de las costumbres que las mu- 
jeres tenían cuando partía el ejército á una expedición lejana. Des- 
de el dia de la salida de los guerreros, las esposas, hijas y parientas 
ayunaban, cubríanse la cabeza de ceniza y no se limpiaban el rostro; 
se&ales eran éstas de gran tristeza. Levantábanse á la media noche, 
encendían fuego con cortezas del árbol tlaxipehualli^ barrían las ca- 
sas y la calle en la parte delantera de éstas; se bañaban el cuerpo 
sin llegar á la cabeza, y poníanse á moler las tortillas nombradas 
papalotlaxcali y xonecuilli^ y tostaban gusanos de maguey dándoles 
una forma determinada. Aquello presentaban en ofrenda á los dio- 
ses en el oratorio (4) qlie en la casa tenían, secaban los huesos de 
los cautivos hechos en la guerra por el dueño de la morada, los en* 
volvían en papeles y colgaban de las vigas: echaban incienso en los 
perfumadores diciendo esta oración: '^Señor de todo lo creado, del 
**cielo y de la tierra, del aire y del sol, del agua, de la noche y del 
•*d¡a, habed piedad de vuestro siervo y de vuestra criatura, que va 
**por esos montes y valles, llanos y quebradas, que os va ofreciendo 
"bu sudor y resuello; vuestra águila y tigre que sin descanso ni re- 
"poso trabaja en esta miserable vida en vuestro servicio. Ruégoos, 
**seaor, y suplicóos que le ^nresteis la vida por algún tiempo para que 
**goce de este mundo. Óyeme, señor." (5) Parte de aquella ofrenda 

(1) Explicación deJ, C<5dioe Telleiáaiia-Bemense, en Kingdboróuglu 

(2) Colee. Bamírez. Anales tepaneca». N. 6. MS. 

(3) Torquemada, lib. II, cap. XLYIII. 

(4) Era una pieza de la habitación destinada exolosiyamente para los diosei, y m 
conserva todavía en los pae))lQf con el nombre de tarUocalU. 

(5) F. Duráni cap. XIX. 



292 

lleyaban como ea romería á los templos de Huixtocihnatl, Miloza- 
huac 7 Atlatona, tocando en los mayores de Xochiquetzal y due- 
tzalcoatl, quedando la ofrenda para aprovechamiento de los sacer- 
dotes: para este paseo se ponían las mujeres en el cuello una soga 
torcida de un dedo de grueso y llevaban en la mano la lanzadera pa- 
ra tejer, llamada tzotzopaztli. Cada cuatro dias hacían esta proce- 
•ion con gemidos y llantos, besaban la mano del sacerdote y barrían 
los templos. Acostábanse después de esto, se tomaban á levantar 
antes de salir la luz, y volvían á barrer casa y calle á la madruga- 
da, medio dia, y puesta del ao\, (1) 

Entre los huaxtecaó cuexteca, las ferias y mercados eran de vein- 
te en veinte dias. Concurrieron una vez los puchteca 6 mercaderes 
de los reinos aliados, y aquel pueblo bronco les robó las mercancías, 
dióles muerte y precipitó los cadáveres en las barrancas. Llegada 
la noticia á México por algunos mensajeros de ToUantzinco, como 
semejante atentado nunca quedaba sin castigo, Motecuhzoma man- 
dó inmediatamente pregonar la guerra: como el huexteca era pue- 
blo bárbaro, fueron omitidos los requerimientos acostumbrados. 
Siendo general el agravio, pidióse auxilio á los confederados y los 
pueblos sometidos. Alistados los contingentes, reunidas armas y vi- 
tuallas, el ejército se puso en marcha al mando del Tlacatecatl, 
Tlalcóchcalcatl, Cuauhnochtli y TUlancalqui, tomando por tierras 
de Acolhuacan hasta Toliantzinco, en donde fué recibido con rego- 
cijo y alimentado espléndidamente. 

Acostumbraba el ejército de los méxica ser aposentado cómoda- 
mente en los pueblos por donde pasaba, recibir abundantes raciones 
de buenos aliaventos y aun regalos y dádivas por vía de cariño y 
amistad; por esta causa los moradores hacían prevenciones anticipa- 
das, ejecutando cuanto en su poder estaba para contentar á los gue- 
rreros. Si algún pueblo se descuidaba en aquel servicio, lo saquea- 
ban, maltrataban y afrentaban á los habitantes, quemaban las se- 
menteras y se entregaban á toda suerte de injurias y dafios. Cuanto 
el soldado se portaba comedido y bueno en el primer caso, tanto 
más dañino ó insolente se mostraba en el caso contrario. ^^Tembla* 
ba la tierra de ellos,'^ dice el cronista. (2) 

(1) P. Duran, Oftp. XIX.— Tezoxomoo, eap. Teinte y ocho. MS. 
(íl) P. Diunáüi cap. XIX, pág. 172. 



• • ■* 



293 

Dejado Tollantzinco, el ejército fué á acampar delante de los liiiax* 
teca y formó el campamento según su usanza. Se dispuso que cada 
parcialidad llevara un pendón alto con las armas del pueblo, la cual 
sirviera de punto de reunión para los suyos, teniendo por palabras 
de guerra México, Acuihuacan, &c., conforme i la nacionalidad de 
cada escuadrón. Los soldados nuevos y bisofios fueron colocados ca- 
da uno entre dos veteranos, escogiéndose cosa de dos mil de los gue- 
rreros ctuichiCy caballeros que juraban DM)rir antes de huir de veinte 
enemigos, y de los otomitl^ quiénes hacían la misma promesa res- 
pecto de doce contrarios, los cuales fueron puestos en celada en d 
campo, cubiertos de ramas y paja. 

El Huaxtecapan, sobre las costas del Golfo, pertenece actualmen-. 
te á los Estados de Veracruz y de San Luis Potosí. Aquel pueblo 
en lengua y costumbres diverso de los méxica, por ello era tenido 
por bárbaro, pues los tenochca, á semejanza de los pueblos del La- 
tió, daban el mismo apodo ú las naciones que no eran de su filia- 
ción. Los guerreros cuexteca se embijaban (1) rostro y cuerpo de 
diversos colores; se emplumaban la cabeza con plumas de toznene 
(papagayo amarillo); traían por detras unos espejos redondos, y col- 
gados en las armaduras y en los pies cascabeles, cuechtli^ de palo 6 
cobre con los cuales hacían gran ruido; tenían un horado en la pun- 
ta de la nariz por donde se atravesaban veriles, pedernales y joyas 
de valor; combatían embrazado el escudo, tooptli; con dardos arma- 
dos de agudas puntas de pedernal. 

(1) Bixa, bija. — "Hay también unos arbolitos[en la isla Española] tan altos como 
"estado y medio, que producen unos capullos que tienen por defuera como yeO» 
"y son de la hechura de una almendra que está en el árbol, aunque no de aquella co- 
"lor ni gordor porque son delgados y huecos; tienen dentro unos apartamientos 6 
*^enas, y éstos están llenos de unos granos colorados pegajosos como cera muy blan- 
"da 6 viscosa. Destos hacían los indios unas pelotillas, con ellas se untaban y ha* 
''oían coloradas las caras y los cuerpos, á girones con la otra tinta negra, para Cnatt- 
"do iban á sus guerras; también aprieta esta color 6 tinta las carnes. Tírase también 
"con dificultad, tiene un color penetratiyo y no bueno: llamaban esta colorios indio0 
'*bixa.*^ Casas, Hist. apologética, cap. XIY. El Diccionario de la lengua castellana 
pone la b0a como sinónimo de achiote [aohioU mexicano].— De bija se deriva el ver- 
bo emb0ar, "pintarse de diferentes colores el pecho y el rostro pan ÍTrfmwtfr tettor' 
"y espanto á los enemigos. Era costumbre usada po^la mayor parte de los indios, y 
"muy principalmente por los de Tierra-Firme.'* Véase Voces americanas empleadas 
por Oviedo, al fin del tom. 4. ^ pág. 593, de la edic. de Madrid, y el Vocabulario á$ 
las voces provinciales de la América, en el Diccionario geográfico de Aloedo, al fin. 
del Tol. 6. ^ 



294 

La batalla comenzó dando alaridos, provocándose y denostándose 
recíprocamente, braveando cada uno en vencer ai otro. Agotadas las 
armas arrojadizas, los cuexteca cerraron de cerca; cómo si fueran de 
vencida los méxica, se fueron retrayendo hasta llegar á la celada; 
en sazón oportuna se alzaron los cnachic, y los otomitl, armados del 
maeuahuitl^ en cuyo manejo eran irresistibles, dieron sobre los capi- 
tanes huaxteca, desbarataron y pusieron en fuga el principal escua- 
drón, y tras los amedrentados fugitivos llegarían á los muros de Xiuh- 
coac. La ciudad estaba fortificada con cinco cercas de piedra, las 
cuales fueron asaltadas la una en pos de la otra; cuando los guerre- 
ros penetraron dentro del último recinto, incendiaron el teocalli prin- 
cipal, pusieron á saco las casas y degollaron á los habitantes. Cesó 
la matanza al presentarse los señores con los brazos cruzados pidiéh- 
• do misericordia, reconociéndose vencidos y concertando el' tributo, 
el cual quedaron obligados á traer personalmente á Tenochtitlan. 
Otras varias ciudades fueron tomadas, entre ellas Tochpan (Túx- 
pan), en donde tomaron cuantioso botin y gran número de prisio- 
neros. (1) 

Después de regalados en el país, los aliados tornaron á México. 
Recibidos con los honores del triunfo, les salieron á encontrar hasta 
Coatitlan, verificando la entrada por la calzada de Tcpeyacac, 
(Guaílalupe.) Los cautivos vcní<in atildas las manos á la espalda, 
en colleras, formando una hilera inmensa; cantaban y lloraban tris- 
temente su infortunio, pues sabían llegaban á morir. Aquella espe- 
cie de serpiente humana que ocupaba, dicen, una gran extensión, 
desfiló ondulando delante de Huizilopochtli y de Motecuhzoma, ha- 
ciendo la ceremonia de ordenanza. Los prisioneros quedaron repar- 
tidos por los calpuUi, y se dijo á los mayordomos: *'mirad no se os 
**huyan ó se os mueran, mirad que son hijos del sol; dadles muy bien 
"de comer, que estén gordos y buenos para cuando se llegue el dia 
"de la fiesta de nuestro dios para ser sacrificados, para que se feste- 
"je nuestro dios con ellos, pues son suyos." "Los mandones de los 
"barrios repartieron los presos á cada barrio á como les cabía, y los 
**r©galaban y honraban con],tanta reverencia como si fueran dioses, 

(1) Tezozomoc, cap. 29, enumera entre los tributos pagados por aquellos pueblos 
]A8 mantas llamadas tuchpanecayoU, quechqueniitl labrados de colores, toznene, plu« 
xnas finas de las aves xochitenaealtototl y tlalanqiLeUalíntototl, el betún tequetzalin y 
UooeahuUl, margajita dorada y negra, apeztU y cJiiUeepin, poechüU j euauhaichuactU. 



« 



2^, 

"flamándoloa hijos d«I 8q1 j delse&or.de ^a titira y. íH^Tced de loa 
iJiouBea." (1) El engt.Beradordifitribuyóentrabfl capitanea y: apVladp^ 

Yfll^BX0iSQ8^ rop^^ joyas y distintivos. (2) , 

.Unac^rtombí:^ ^ ia:trodujo entonces. X'OS uncíanos 4€()a. ciudad 
visit^^n.pQT su Oríjen á los generales, capitanes y guerreros' distir\-' 
gnidos,. dápdolea la bienveijiida y encareciéndoles su alegría por ver- 
lofl'sanosy «alvos .(J^í^loapteligros de 1í^. expedición; obra do rftsp^to' 
ó afecto podría í^Uo. gey^maseti realidad lo tenemos ppr socaliña, 
pues en reaonipensa era de jigpr darles cuairtip§os regalos; fi(m los 
cicles reuQÍan.CQi^siderable hapiei^^a. (3) ' . 

, Visto, el gjri^u ;núni^o de'lios prisionoíos buaxtcca, quiáo Moté- 
cpbzoma se empleiiran endar laiiUií^a'iB^Qoal teooaUimayoir.Es* 
te tecfipIoY humilde momoztli do césped cuando la fundación de 1&' 
ciudad) había, sido aumentado en los tiempos subsecuentes; Chimal- 
popoca lo ensanchó, Itzcoatl le dio mayor ¡apariepfcia, y Motecuhzo- 
ma le puso mano en quos antes de éste. Ahora le dieroiü mayores 
dimensiones e^ base y^alfur^, de piedra labrada á roptío^ **pura que 
"fuese todo el Cu (4) detesta piedra, y por tres partes se subiese, y 
"tuviese tantos escalones como dias el afio,.pues en aquel tiempo 
"tenía el año diez y ocho me^es, cada mes veinte dias, que viecen 
"li ser 360 dias, cinco dias n^énos de los que cuenta nuestra caté)ica 
"religión; otros le pusieron trece meses al afio, (5) de manera qüe^n 

(1) T. Duran, cap. XIX. 

(2) Hemos colocado la guerra <ÍQ la Hnaxteca en el año 145S bajo la autoridad. de 

los Oódioes Tellfiriano-Remense y Vaticano. El interprete del primero dice: *'Afio 
"de Cinco Conejos, y de 1458, seguij nuestra cuenta, después que los Mexicanos 
"fueron señores de la tierra, sujetaron á su Bervioio á la provincia de Chicoaque. Es- 
^ta provincia está de México hacia el Norte que es cerca de Panuco. Esta es la pri- 
**mera provincia que ellos sujetaron," Como se advierte, el intérprete yerra en es- 
cribir Chicoaque por Xiuhcoac, y en afirmar que la Huaxteca fue' la primera provin- 
/ cia conquistada por los méxica. Les pinturas de los expresados códices presentan 
junto al año macuilli tochtli, la culebra azul con borla, nombre pictográfico Hiuh- 
eoac, unida' á una figura quo en la maxio lleva un manojo de plumas vardes y un co- 
llar da piedras finas, denotativos del tributo, el cual fué otorgado por vencimiento 
de guerra cual lo indica el escudo ó chimalli. 

(3) Burán, cap. klX.— Tezozomoo, cap. 29. MS. 

(4) Ou, palabra empleada por los escritores de nuestra historia antigua, conio equi- 
Tálente de teocalli ó templo.{j^t¿, es palabra déla lengua maya, que significa dios, di- 
vinidad, santidad, divino, santo. 

rs) Se engaña el autor; á los 18 meses de 20 dios <5 360 dias se aumentaban los 
cinco nemontenU, completándose adí el totftl de 865. Ko hemos alcanzado á ver los 
atttores qtM daban trece tbeses al afló. 



296 

**las tres cuadras de la subida estabao repartidos los escalones; la 
"principal subida^estaba frontera del Sur, la segunda al Oriente, y la 
"tercera al Poniente, y por el Norte estaba con tres paredes á modo* 
"de una sola que miraba para el Sur; tenia su patio y plaza media- 
gua, toda cercada con cerca de piedra maciza y pesada, tenía de ci- 
"miento más de una braza, y de alto cuatro estados, con tres puer- • 
"tas, dos pequeñas que la una miraba al Oriente y la otra al Po- 
"niente, la de enmedio era más grande y ésta miraba al Sur, y allí 
"estaba la gran plaza del mercado 6 tiangniz^ venía á quedar fron- 
"tera del gran palacio de Motecuhzoma, y el gran Cú era tan gran- 
ado la altura, que desde abajo se veían las gentes, por muy grandes 
"que fuesen, del tamaño de una criatura de ocho años 6 menos." (1) 
Este teocalli, de tres cuerpos, de tres escaleras con 120 escolones 
cada una, fué trasformado en los tiempos de Tízoc y de Ahuitzotl, 
como en su lugar lo veremos. 

VI acatl 1459. Motecuhzoma, con la cruel inventiva de que es- 
taba dotado, ideó una nueva manera de sacrificio para el estrena 
del templo, y al efecto haciendo llamar á loa canteros de Coyohua* 
can y Atzcapotzalco, les hizo decir: '^Maestros, el nuestro señor 
"manda se haga una piedra grande y redonda, la cual se ha de Ha* 
"mar Temalacatl, que quiero decir: raeda de piedra, en la haz de la 
"cual han de estar pintadas las guerras que tuvimos con los tepa- 
**necaR, la cual escultura quiere que sea perpetua memoria de aque- 
"lia admirable hazaña; y ruégeos que celebréis vuestros nombres y 
"ensalcéis vuestro nombre y eterna memoria, en que vaya muy bien 
"labrada y con toda la brevedad posible." Los maestros dijeron qua 
■ **les placía de lo hacer; y buscando una gran piedra, que tenía de 
"ancho braza y media, la allanaron, y en ella pintaron la guerra de 
"Atzcapotzalco, muy bien esculpida, y acabáronla en tan breve que 
"no tardaron muchos dias, cuando dieron aviso al rey de que la me- 
"sa del sacrificio estaba acabada, el cual mandó que se le hiciese 
"un poyo alto donde se pusiese, y así se hizo un poyo alto, y enci- 
"ma del la mandaron poner, que soñorease un gran estado de hom- 
"bre." (2) 
> 

(1) Tezozomoc, Crón. Mex. cap. treinta. MS. 

(2) ^lendieta» cap. XX.— Tezozomoc, cap. treinta, refiriéndose á este Temalacatl 
dice: '*Esta dicha piedra se ve en la esquina de la casa de un vecino, hijo da^uB oan» 



■I 

297 

Terminados los preparatiyos^ quedó fijada la fiesta para el mea 
Tlacaxipehaalízt]!. Convidóse no solo á los reyes aliados 7 señores 
de los pueUos veneidoSi sino también de las poblaciones remotas, 
todos los cuales fueron recilúdos con agaaajoi aposentados con es- 
plendidez 7 regalados profusam.ente con ropas, jo7as, plumas 7 opí- 
paras comidas» Llegado el día, aquellos huéspedes fueron colocados 
en unos miradores hechos de ramas olorosas y flores. En el lugar 
llamado Yopioo fué formado el tzapotlacalli^ cat^a de ramas de tzor 
potl^ con flores 7 divisas, 7 bancos del mismo ízapgtl: aquí tomaron 
asiento los sacrifícadores vestidos en hábito de los dioses Huitzilo- 
pochtliy Q^uetzalcoatl, Toci, Yopi, Opochtzin, Itzpapalotl, Totee 7 
otros; junto á ellos tomaron lugar los mantenedores del campo, ar- 
mados de sus annas 7 adornados ricamente con sus insignias, en 
trajes de león, tigre 6 águila. Para aquel sacrificio los sacerdotes se 
habían ejercitado en la piedra pintada 7 los guerrerQS, escogidoi 
entre jóvenes de los seminarios, habían sido industriados de ante- 
mano. Los prisioneros, encerrados dias antes en el cuauhcalli^ fue- 
ron sacados 7 puestos junto al Tzonpantli; aquel espantoso lugar 
en que se conservaban los cráneos de las víctimas, desnudos 7 cu- 

"quietador; y la piedra del sacrifício está hoy jonto á la iglesia mayor de la dudad 
"de Máxico." — Hemos fijado la fecha del estreno del templo é inyenoion del Tema- 
'aoatl en el aflo. 1459, por las autoridades sigoientes: Tezozomoo, cap. treinta, ase- 
gura haberse gastado dos afios en la obra del templo, se entieAde en parte, y fueron 
los 1458 y 59; al fin del mismo capítulo, haber sido la fiesta el quinceno afio del reú 
nado de Moteouhzoma, de lo cual saldría 1455, fecha imposible, pues aiín no había 
tenido lugar la guerra de la Huasteca. Nos atenemos al manuscrito de Fr. Bemardi- 
no: ''En el afio 136 (1459) hizo mote^uma el -viejo una rrodela de piedra la qual sacó 
Irrodriixo gomez que estaba enterrada á la puerta de su casa la cual tiene un agujero 
*'cn medio y es muy grande y en aquel agujero ponían los que tomavan en la guerra 
''atados que no podían mandar sino los brazos y dayanle una rrodela y vn espada da 
"palo y Tonian tres hombres vno vestido como tigre otro como león otro como águi- 
''lay peleavan con éí hiriéndole luego tomavan un nayajón y le sacaban el cora- 
'*zon y asi sacaron los navajores con la piedra debaxo de aquella rrueda rredonda y 
''muy grande y después los señores que fueron de mexico hizieron otras dos pie- 
"ras y la pusieron cada sefior la suya vna sobre otra y la vna hablan sacado y está 
'*hoy dia debaxo de la pila del bautizar y la otra se quemó y quebró cuando entaria- 
"ronlos españoles y los primeros que esta piedra estrenaron fueron los de cuaíb- 
''tlavaca." — Notaremos que no fueron los de Ooaixtlahuacaa quienes estrenaron la 
piedra^ pues aquella provincia aiín no estaba ganada, y de eUo nos da ratón el miS' 
mo Fr. Bemardino poniendo 1^ renglón seguido: — "En el afio 189 (1462) se gaiM5 
*'cuaistlavaca y truxeron muchas joyas á mncte^uma.** — ^La necesidad de ser daros 
j exactos nos obliga á repetir algo de lo qne tfi otio lugar bemps dioho. 

TOM. in. — 38 



2^ 

biertos solo con el maxtlatt, todo «1 cuerpo pintado <le "blanco con 
tizatlj los párpados y labios teñidoá de rojo, atado el pelo en la co- 
ronilla de la cabeza con «n manojo de plumas bíancae: nn rato les 
hicieron bailar al sonido, del lúgubre tlapanhuehuetl. Salieron al 
último los sacerdotes principales, acomodándose en un lugar preemi- 
nente, regado con hojas de tzapotl y flores. Los teeuacuiltin pusie- 
ron el gran atambor, á cuyo rededor cantaron y bailaron. El sacer- 
dote mayor se adelantó lujosamente ataviado con todas sus insig- 
nias, llevando en las manos el ancho cuchillo negro llamado itzcuá- 
htia^ tomlindo asiento en singular lugar. (1) 

Siguieron los combates sobre el Temalaeatl, á lo cual llaman 
TíVkQ^ivoñ £í\XiorQ9>: Sacrificio ffladiatorio. Una vez por todas toma- 
remos su descripción de un libro todavía inédito. "Af^í atados, (los 
* 'prisionero.*^) los llevaban á un sacrificadero que llamaban Cuauhxi- 
"calco, qne era un patio muy encalado y liso, de espacio de siete 
"brazas en cuadro. ÍEn este patio había dos piedras: á la una 11a- 
"maban Temalaeatl, que quiere decir rueda de piedra, y á la otra 
"llamaban Guauhxicalli, que quiere decir batea: (2) estas dos pie- 
"dras redondas eran de á braza, las cuales estaban fijadas en aquel pa- 
rtió, la una junto A la otra. Puestos allí, salían luego cuatro hombres 
f'armalos con sus coracinas, los dos con devisas de tigres y los otros 
"dos con devisas de águilas, todos cuatro con sus rodelas y espadas 
"en las manos. A los que traían la devisa de tigre, el uno llamaban 
"tigre mayor, y al otro tigre menor, lo mc^mo á los que traían la 
"devisa de águila, que al imo llamaban águila mayor y al otro águí- 
"la menor." 

"Estos tomaban en medio á los dioses; luego salían todas las dig- 
"nidades de sus templos por su orden, los cuales sacaban un atam- 
"bor, y empezaban un canto aplicado á la fiesta y al ídolo; luego 
"salía un viejo vestido con un cuero de león, y con él cuatro, vesti- 
"do el uno de blanco, y el otro de verde, y el otro de amarillo, y el 



(1) P. Duran, cap. XX. — Tezozomoc, cap. treinta. MS. 

(2) Batea, palabra de la lengua de las islas, empleada hoy generalmente en el 
continente para expresar lo que en castellano se nombra gamella ó dornajo, (htaufu 
xioallt se compone de cuauhtli, águila, y de xicalU, jicara 6 vaso; así la palabra da 
á entender, el vaso de las águilas, en donde beben lae águilas. Temalaeail viene de 
t€t¡, piedra, j malaeatl (hoy malacate, buso,) como si dijera buso de piedra, alu- 
diendo á la forma semejante al pezón del huso. 



299 

"atóo de colorado, á los cuales llamaban Itis cuatro auroras, y con 
"elIos;el dios Ixcozanbcpii y el dios Tiklacatíuan, y poní&los aquel 
"vieja en un puesto, y en poniéndolos iba y sacaba un preso de Ms 
"qoje 80 habían de sacrificar, y subíalo enciioaa de la piedra llamada 
"Temalacatl, y estsu piedra tenía en medio nn agujero por donde sá- 
bila una soga de cuatro brazají, á lá cuál soga llamaban centzonme- 
^^catl; (1) con esta soga atabap al preso por ua piéj (2) y dábanle 
''una rodóla yjtító» espada toda emplumada en lo» mano, y traia una 
"vasija de Tino divino, que así* le llamaban, conviene á saber, teooc- 
"tíí, y hacíanle beber de aquel Jvíno, luego le ponían i los pies cua- 
"tro pelotas de palo (3) para^pn que se defendiese, el cual estaba 
"desnuda en cueros. Luego qué se- apartaba el viejo, que tenía por 
"n;ombre el león viejo, al son del atambor y canto, salla el que ñom- 
"braban gran tigre, bailando oon 8,u rodela y espada, y íbase para el 
f'que estaba atadp, el cual tomábalas bolas de palo y tirábale. El 
"gran tigre como era dip^tro, recogía los golpes en la rodela: acaba 
"dos los pelotazos, tomaba el preso desventurado y embrazsaba su 
"rodela, y esgrimiendo la espada, defendíase del gran tigre que pug- 
"naba por le herir; mas empero, como el uno estaba armado y el 
"otro desnudo, y el uno tenía su espada da filos de navaja, el otro 
"de solo palo, á pocas vueltas lo hería <> en la pierna, ó en el mua- 
"lo, ó en el brazo, 6 en la cabeza, y así luego en hiriéndolo, tañían 
"las bocinas y carí^coles y flautillas, y el preso se dejaba caer. 

"En cayendo, llegaban los sacrificadores y desatábanlo y llevá- 
"banle á la otra piedra que dijimos se llamaba Cuauhxicalli^ y allí 
"le abrían el pecho y le sacaban el corazón y lo ofrecían al sol, dán- 
"doselo con la cara alta. Desta manera que he contado sacrifica- 
"ban treinta y cuarenta presos, sacándolos Uno á uno aquel león 
**viejo, y atándolos allí, para la cual contienda citaban aquellos cua- 
ntío tigres y águilas, para en cansándose uno salir otro, y si aque- 
**llo8 se cansaban y los presos eran muchos, ayudaban los que esta- 
**bwi en nombre de las cuatro auroras, los cuales habían de comba- 
"tir con la maso izquierdja, y como eran señalados para aquel oficio, 
"estaban tan diestros en esgrinair con la izquierda y en herir, como 

(1) Tezozomoo dioe que la soga era blanca y se llamaba azt/tmecatl, 

(2) Según lo más cierto, por la garganta del pié izquierdo. 
(8)^Eran de la madera resinosa del ocotly ocote. 



300 

^*con la derecha: también tenía licencia el atado preso, para he- 
'*rir y matar defendiéndose á los que le acometían, y en efecto, 
'^hiibía alguno de los presos tan animosos y diestros, que con las bo- 
llas que tiraban, 6 con la rodela y espada de palo que en la mano 
^^tenían, se defendían tan valerosamente, que acontecía matar al 
'^gran tigre, ó al menor, ó al águila mayor 6 á la menor, y era que 
^^algunos se desataban de la soga en que estaban atados, y en vién- 
'^dose sueltos, arremetían al contrario y allí se mataban el uno al 
"otro, y esto acontecía cuando el preso era personada cuenta, y que 
^^había sido capitán en la guerra dónele había sido cautivado. Otros 
"había tan pusilánimes y cobardes, que en viéndose atados lu^o 
"desmayaban, y se sentaban en cuclillas y se dejaban herir." 

"Este combate duraba hasta que los presos se acababan de sacri- 
"ñcar, los puales todos habían de pasar por aquella ceremonia, á la 
"cual ceremonia llamaban tlahuahuapaliztli^ que quiere decir: so- 
"ñalar ó arrasguñar señalando con espada, y hablando nuestro modo 
"es dar toque esgrimiendo con espadas blancas, y así, el que salla 
"al combate, en dando toque que saliese sangre en pié, en mano, 6 en 
"cabeza, 6 en cualquier parte del cuerpo, luego se hacía afuera y 
"tocaban los instrumentos y sacrificaban al heiido, y de esta mane- 
"ra los que estaban atados por detener un poco más la vida, se guar- 
"daban de no ser heridos con mucho ánimo y destreza, aunque al 
"fin venían á morir. Duraba este combate y modo de sacrificar, to- 
"do el dia, y morían indios en él de cuarenta y cincuenta para arri- 
"ba, de aquella manera, sin los que mataban en los barrios que ha- 
"bían representado al ídolo, cosa cierto de gran compasión y lástima 
"y de grande dolor." (1) 

En la festividad de que vamos hablando, todos los guerreros cuex- 
teca pasaron por el combate personal, para ser sacrificados en segui- 
da. Para otras ocaciones estaba establecido, que si el prisionero 
vencía á siete de los mantenedores, se le ponía en libertad, colmán- 
dole de honores y presentes. .(2) Entonces los combates continua- 
ron por varios dias seguidos, sin agotarse la paciencia india, á la vid' 

(1) P. Duran, segunda parte, cap. IX. MS. — Tezozomoc, cap. treinta. MS.— 8e- 
hagun, tom. 1, pág. 20;. —Torquemada, libro VIII, cap. XV et pasim,— Oonqimto- 
dor anónimo, en los documentos de García Icazbalzeta, tom. I, pág. 875. ^.a S¡0w 

(2) Ck>nquÍ8tador anónimo.— Clavigero; tom. I» pág. 253. 



301 

ta de an espectáculo repugoante y siempre el mismo. Como á la ins- 
títucion del sacriñcio gladiatorio se unía la fiesta del Tlacaxipe- 
kualiztli^ desollamiento de hombres, lós cadáveres de las victimas 
fueron hacinados junto al Tzonpantli; procediéndose en seguida á 
separarles la piel. ^Testíanse aquellos cueros otros indios, á los 
'^cuales llamaban Tototectin: dábanles sus rodelas en la mano y en 
''la otra unos báculos con unas sonajas en ellos, j andaban de casa 
"en casa, primero todas las casas de los sefíores y de los mandonci- 
''llos, y luego por todas las demás casas, á pedir limosna con aque- 
"líos cueros vestidos: dábanles los señores mantas, bragueros y ce- 
"fiidores, la demás gente común daban manojos de mazorcas y otras 
^'cosas de comer: andaban vestidos sobre aquellos cueros, á la ma- 
'*nera que el dios de aquella fiesta estaba. Pasados los veinte dias, 
**dejaban aquellos cueros hediondos, y enterrábanlos en una pieza 
"del templo que había para aquel efeto, y así se concluía la fiesta 
'^ se concluyó el sacrificio que de los huastecas se hizo á honra 
"de la solemnidad del estreno de la pieza, y así concluye el capí- 
^'tulo que en la lengua mexicana hallé escrito.'^ (1) Orgulloso Mo- 
tecuzoma con la crueldad dé sus inventos, despidió á sus huéspedes 
después de hacerles suntuosos regalos, en lo cual gastó considerable 
auma. "Los sefiores de las provincias y ciudades, admirados y asom« 
"brados de semejante sacrificio, partiéronse para sus provincias He- 
**no8 de terror y espanto." 

En aquella misma ocasión, el techcatl ó tajón para los sacrificios 
ordinarios, que antes había sido de madera, fué labrado de piedra 
verde y colocado en la parte superior del teocalli, delante de las 
capillas de los dioses y á corta distancia de la escalera princi- 
pal. (2) 

VII tecpatl 1460. "Hubo un temblor de tierra; y es de saber, que 
•*como ellos temían que se había de perder el mundo otra vez por 
*H;emblores de tierra, iban pintando todos los a&os los agüeros que 
"acaecían." (3) 

(1) Duran, oap. XX. 

(S) Bespeoto del UchoaÜ veane: Motolinia, pág. 40.~Bahagii]i, tom/ 1, pág. 108. 
— Gomaza» Crán. aup. CCXY.— Aoosta, lib. V, oap. XIII.— Torquemada, Ub. VII, 
oap. XIX.— Herrero, déo. III» lib. n, oi^ XT.— Taladea» Beheiórk» Cbriatíana, 
Fart. qnarta, cap. VI.— P. Dcu^áQ, segunda parte, oap. III; MS. kc. 

(8) Explicación del Oódioe Telleriano Bemenae. El terremoto ya anotado en la 
pinturas de loe Códioes TeUeriano 7 Vaticano. 



.802 

*'Puso de nuevo Motecuhzoma Ilhuicamina en calidad de rey -de 
**Tepotzotlan al caballero duinatzin, por consentimiento del seUor 
'*Ayactlacatzin de Cuauhtitkn^ y desde entonces tomó principio la 
* 'dinastía real de Tepotzotkn." (1) 

VIII calli 1461. Fiados los méxica en el terror que bu nombre 
iba infundiendo en los pueblos extraños, aprovechaban la ocasión 
para ir extendiendo sus conquistas. Motecuhzoma, buscando pre- 
texto para declarar la guerra, envió embajadores (2) á los pueblos 
de la costa del Golfo, siendo los principales Q,uiáhuiztla, Oempoa- 
11a, Cuetlaxtla y Amilapan, pidiéndoles le mandasen caracoles y 
conchas grandes, ycoteas (3) vivas, y de las cosas curiosas que en la 
ribera de la mar se crían, para servicio de sus dioses. Los toznene 
fueron bien recibidos en Ahuilizapan (hoy Orizíaba, Estado de Ve- 
racruz); pero llegados á Cuetlaxtla (Cotasta, Estado de Veracniz), 
estaban allí algunos tlaxcalteca, quienes dijeron á los señores Cea- 
tonaltecuhtli y Tepetecuhtli: *'¿Por qró se han de atrever los rne- 
"xicanos á vosotros á veniros á pedir caracoles ni otra cosa? ¿Sois 
"por ventura sus vasallos? |Clué menosprecio es este tan grande y 
'•'osadía! Matadlos, y ciórreseles el camino y no pasen acá más ellos 
"ni otros." (4) Ademas, les ofrecieron socorro caso de guerra. Ad- 
mitieron los de la costa el pérfido consejo; dieron muerte á loa em- 
bajadores yá cuantos mercaderes nahoa encontraron en sus tierras, 

(1) Aciales de Cuauhtitlani MS, 

(2) Decían á los embajadores toznene, palabra qu« Duran ir&duoe, corraos reales; 
Molina le da por equivalente papagayo que habla mucho. Acaso no iban descarría- 
dos, llamando de esta manera á los políticos. 

(3) Icotea, icotea, Mcotea, '*Hay en ellos [en los nos] también hycoteas que son 
galápagos de los arrojos de Castilla, puesto que estas hycoteas son muy más lim- 
pias y más sanias que aquellas, aegoñ creo, porque no son tan limosas ni tan amigas 
de lodo y tierra, porque andan más por el agua que los galápagos; yerdad es que. te- 
nían por opinión los indios desta isla que las hycoteas. eran madres de las bubas,, y 
así á mí muchas y algunas veces me lo dijeron, -^r esta causa nunca j[ama8 las quise 
comer, puesto que muchos las comían y nunca tuvieron bubas;" ' La^ Oásá^; Hist. 
apologética, cap. VI. — * 'Hicotea: cierto género de tortuga 6 galápago, de un pié de 
largo poco más <5 menos. Abunda en el agua dulce de laguna y |Éint«hÓs, y sé ali- 
menta de frutas é Inseotob. 1^ buena '^midfv, y sns huevos exeeletiteé. Hay dos 
espeeiest.laprimemes Ia'^^^«4An¿á«a^; la segada el \íafkóEn^8 rugéstti^lJOñ 

, ctibA&OBla Uamaín Jíé^teft." Voces «aíiáeriéattas; 'en'Oviedo*. l^-^eücano; lottu^ es 
ayotl. ■ ' • ■ -' •• ' ' ' ' ■' . ' '■ ■ • ' ' •'' '■' • •' ' •' 

' (4) P. Duran,' cap. 21? ' ' '■..''. . 



w. 



> I í ■ » 



303 

colmando de presentes á los tlazcalteca, quienes r^tornpiron á su 
país ricos y contentos. 

Sabida la noticia en México, por unos tratantes do Itztapalapan 

I 

escapados á la matanza, quedó resuelta inmediatamente la guerra 
suprimiendo las formalidades admitidas para el deisafío 7 declara- 
ción, pues se trataba de una ofensa hecha al ;dioe en la muerte de 
sus embajadores. Fueron llamados los reyes de Texppco y Tlac©- 
pan; pidiéronse á los pueblos soipetidos los contingentes de hombres, 
armas, bastimentos, y tamene 6 cargadores, con lo cual se reunió un 
poderoso, ejército, muy bieu pertfrechado. ^Sárbese la ufanera desarre- 
glada de vivir de aquellas miliciais en campaña; mandaban sus a,po- 
aentadores á los pueblos del tránsitp á fin de 9er aervidos y regalados; 
mas por los caminos iban robando las sementejtas, matando l^s galli- 
nas y los perrillos que topaban, quitando & los transeúntes cuanto lle- 
vaban, aunque fueran mercaderes, apaleando, hiriendo y aún matan- 
do á quiten se defendía: ellos* se creían dueños del mundo^ y á su 
aproximación quedaban solos los caminos, huyendo todos á escon- 
derse en donde no los vieran. (1) 

La vida de aquel pueblo pasaba entre la guerra y las prácticas 
del culto; relacionadas íntimamente ambfLS ideafi, daban lugar á la 
invención de multiplicadas prácticas sangrientas y siiiperstipiosas. 
En aquella ocasión, antes de marcho^ á caoipaña, por consejo de Mo- 
teouhzonaa, adoptaron un uso perpetuado después bU todos los casos 
semejantes. Los guerreros fueron delante de Huizilopochtli, y cpn 
espinas de biznaga y púas de maguey se picaron y sacaron sangre 
de las orejas, en honra y reverencia del numen; de la lengua, para 
alcanzar venganza y victoria contra los enemigos; de los molledos de 
los brazos, para adquirir esfuerzo y. valentía á fin de coger y traer mu- 
chos prisiocieTOS. (8) A este sacarse sangre del cuerpo, acción pres- 
crita con suma frecuencia en el ritual, llaman los autores sacrifi- 
carse. 

Xlegado el c^éreita. cerca de Ahuilizapan, s^asentó el reaJ, fmttía 
re^rtidas taciones á las tropas y los generales tomaron las dispeéi- 
ciones^párí fá bítátla;* Salí^¿ á combatir los guerreros, fuer^, de , sus 
rid3f^i(>tlvas.jlqj^;njias, 9arg{idos de plumas ricas, pi^edc^s finas, «jW 

' ' flJlHiJPáíí, 6ajj; XXt— Teíoiómoc; cap. tiféinta -^ iino. "Ms. 
t2J CromcAMdjacáuukyoap. tremtay 000. ¿13%^., . 



304 

pas de plata ú oro; la pelea para ellos era fiesta, y como á tal acu- 
dían engalanados. Los de Ahuilízapan sostuvieron bravamente el 
campo, causando gran estrago en los imperiales; mas vencidos, vie- 
ron su ciudad puesta á saco, el teocalli principal quemado 6 des- 
truido. La misma suerte cupo ú los pueblos de Chichiquila, Teoix- 
huacan, Quimichtlan, Tzauhtla, Macuilxochitlan, Tlatlíctla y 
Ocelopan. Los aliados desbarataron igualmente á los guerreros de 
Cuetlaxtla, y no les concedieron cuartel hasta que los señores se pre- 
flentaron con los brazos cruzados implorando merced, concertando 
sobre el campo de batalla la servidumbre y tributo á que quedaban 
obligados: entre los objetos con los cuales deberían contribuir, se 
enumera el Hucinacaztli, (1) La conquista se extendió por toda la 
costa llamada Chalchiuhouecan (en donde hoy se encuentra el puer- 
to de Veracruz) incluyendo Cempoalla, con parte de la provincia 
del Totonacapan. En esta campaña quedó también sujeto Tlatlauh- 
quitepec y su comarca, situada hoy eji el Estado de Puebla. (2) 

Por mandado de Motecuhzoma, el ejército fué recibido con los ho- 
nores del triunfo, saliendo los sacerdotes y el pueblo hasta Acáohi- 
Banco; los prit>ionero6 desfilaron delante de Huitzilopochtli, inclinán- 
dose, tomando la tierra á los pies del dios con el dedo mayor de la 
mano derecha y llevándolo en seguida á la boca: á esta acción lla- 
man nuestros autores comer tierra^ y se repetía ya en señal de ado- 
ración, de sumisión ó juramento. Los presos hicieron también su 
saludo al emperador y fueron repartidos por los calpülli para cnan- 

(1) Terba llamada Tulgarmente (?n^'ú^¿íz.— ''Usábase mucho (uitiguamenU aaátpr 
«n la composición del Chocolate." Karaírez. 

(2) De estas conquistas constan en la lám. V[II de los Anales del Códice Mendo- 
oinó, Tlatlanhqaitepdo [ndm. 20], Cuetlaxtla f Cotasta, niím.. 21], Ouauhtochco [Hua 
tosco, niím. 22J. Xja nómiaA de aq:uellos pueblos j sus tríbixtosoooBtaiL en la nuttií- 
ieula, lám. L LIU. — ^Hemos colocado en este afio la guerra contra las proTÜmias 
de la costa por la autoridad de los Códices Telleríano-Bemense 7 Vaticano. El in- 
térprete del primero dice: *'En este afio sujetaron los mexicanos á la provincia de 
«K^oatlaxtla [Oaetlaztla), que está veinte leguas de Veracrus, dejando sujetos todos 
''loA ^mas pueblos que quedan de allí atrás, esto fxé el afio de 8 Casas y de 1461, 
'*que «s esto Gua^acualco que es la provincia adonde ballaxon los españoles ¿ la IndÍA 
''Malinche, que constantemente llaman Marina.'' Ko nos parece exacto que la conquis* 
tfeffegari e&tónees hasta el Coatzacoaloo. Las pintura^ de loa Oódioes Teneriano 7 
Yatíeano, presentan bajo el afio ocho oalli el nudo de piel roja, símbolo dsl pueblo 
de Cuetlaxtla, unido i, una figura humana llevando en las manos un manojo de plu* 
Bias verdes y un ooUar de piedras, indioadon del tributo, dando á sntsndsr él OU* 
asUi haber sido otorgado sn guens, ^ 



-■-^ .', > . <- , «A . 



t.~ Á 



306 

• 

do fueran Bacriflcados. Como de costumbre, capitanes y soldados re* 
cibieroB copiosos premios j condecorabiones. En las tieitas sojuzga- 
das se puso un goberíiador, especie» de virey, encargado de re<ioger 
los tributos; para el tal cargo fué nombrado un caballero llamado 
Pinotl, quien debía ser tenido en la misma estima j reveifencia tfit 
ñ el emperador fiíera, j asi en realidad fué recibido |H>r los vénoi* 
dos. (1) En cuanto á los tlaxoalteca, no obstante ser los fautores de 
la guerra, y haber prometido socorro, permanecieron tranquilos en 
ras casas niiéntras ^s amigos fuercm destruidos. 

Los Códices Telleriano y Vaticano ponen para eáte <a1io uú cóm- 
iMte entre tlatelol^a y tenockoa. Deáotibrese sobre el convbre gtáñ- 
00 de Tlateloloo, un guerí^ro^n actitud de pelear, coü su nombfo 
gerogtifico Cuauhitatoa, teniendo delante un general, según se te¿ 
díca por el estandaHe atado á la espalda, también en actitud de 
ooiAbatir y con el nombre pictórico de Tenochtitlan. ÍSigiiÍ€fiido iios* 
otros en esta materia la autoridad del Códice Mendooino, para este 
tiempo era ya muerto Cuaubtlatoa, rey de Tlatelolco, y ^>bemaba 
aquella isla el sefior Moquihui^. Edte es un error de los Códices 
téxoocános. 

Lo verdadero es que, ''después que viúlerou los raeiicanos, acul- 
^^huas y tepanecas oon victoria de Cuetlaxtlan, estuvieron algunos 
*Mias sin, guerra y Moteeubzoma Ukuicámina, r»y de México, oono- 
^'óíendo el Valor de Moquihüix, s^lior de Ttaftelelco, ordenó de oa- 
* Wlo eon la bija de Tezozomoctli, hennana de Axayaoatí, que rei- 
*^ después de él.** (2) Celebróse él matriibonío eón gran ^ompa, 
éKüAo en dote á !a mujer mucha riqueza y tiérrtis eu el barrio dé 
Axtacaleo Kácía el bosque de^Chapultepee. De este ooñoierto naci5 
lii divibion de ambM ciudáibs pdr uMa acequia áneha que de lindero 
Isa «eirVía; iíalíélolca y n&éiite ttábajái^a juntos en uíeMr él agüá 
A^la piusa de Tlateloloo, éns&áofaáádo |y oomptals^o^el tumquistH 
común paftt ámlkis poblacioneÍB. (^^ ' : 

Lps'chatcá, itiémp^ lúqul^etosy jkináé dbmaí&os, ía!í>iB¿á íiétítiú xta 

' . ' ". .' ' *.-'•■ '■' - ^' ■ ■ ' 

(1) Duran, eap. XXL— TesEOzomoo, oap. trdnta y dos. MS.— TorquemAda, lib. U, 

Qt) Torquemadií Ub. II, eapb L^ 
(S) ToiqvamtdSi looo. eit. 

mu. m.— 39 



306 

acto dq crueldad. MoxIuhtlacutUzin, hijo de Nezahnalcoyotl, con un 
hermano suyo y algunos caballero^ texcocan<;>s, fueron á cazar en 
términos de Chalco; descubiertos por los guerreros de aquel pueblo, 
fueron hechos prisioneros, 7 conducidos á la presencia del señor, 60- 
te los mandó m^tar. Por un reñnamiento de odio, loa cadáveres de 
los dos principiQS hizo embalsamar, poniéndolos en la sala de su CO0- 
80jo, de pié, cpn la n^ano derecha extendida; d^s.^diaeran guardiaue^^ 
de nopb^ h^íc^n oñcio de candelabros, soBteniei;Mlo en las yertas mar 
nos las rajas de ocote qi^e Si^rvían para el alujoabrado y, despediau 
un^ luz roja, vaQÍlan|;ejr huposa. (1) 

AYWg^V tan negro asesinato acudieron loa r^yes aliados; Do^é^ica J 
tepwoca por el Is^go, toojiaqdp por Cuitlahu^c; los.acolhua pqr la tie- 
rna firme. LiOsguerreros de Texcpco iban ipandad.09. por Ycba&tlah- 
tobuatziu y Xochiquetzaltin, hijos del a,grdviador€fy, quienes aunqao 
aleptados por la venganza n(ida pudieron, lograr después de má^de 
p;nQue^ta dic(£^dQ combate?. Los chalca peleaban resueltamente di- 
rigidos por su seSor, muy anciano y ciego, que se hacía sacar aenta- 
dp en tin banco y colocar en medio de los guerreros;, yestia las in- 
signias reales, con el copilli puesto en la cabeza; adornado el Quelto 
con un sartal d,e cofazope^ epg^stados en oro„dc^ los papi tañes pof él 
tomados efl.gijerra. ,,,^ . . : : \ . 

. Un di^ que Ips giQn^al^a eatal^a^ tomando h co}a<?ioa.pfM^ salir 
d la bataljf^i llegó 4jwí1iarios el joven 4.x<?quejtzin, bij o también. ;de 
ríepa^iualooyotl, a^o^tpañado.dd £^lguQ08.-otro8 rapaces dq^ su edmL 
Xqch¡q«ietza|lt^iil loiíeoibié conj4esabrimicnta por y^pip ^lagare^n 
dftn4Q .podla rwibir 44loj XphM^^htob.Wt^, ménQ3 sev:«ro^lo:oci»- 
yidíJ.^ ataor^r- Guando. :A5pquetzin.te(\di<i^l hríp«qjB*ía tgitn^r <cto 
las^]vian4as,:XQfttóVi§<^ kr«ftir<i l^íW9dipí4QíipJe.íW4WM«t 
te; .'*B1 q^^il^í^ ^ ííQpie^ C(^ni^;d^P9 ycapíta^qs badj^bal>«i; ]bte^ 
^ofen^s 4^. poW^'4y*!Wy?ÍtoA,^ftraí qnq jxí9ffi^ , fi[U ^wptenicií^ jy,c<«Qáí 
**pañla; y si vos queréis ser digno^de Jfii,ii^ue§t>:^, ^f^^ »ft:^Bfi,<¿4Cr. 

*^y prended alguno de sus capitanes, como nosotros hemos hecho, 7 
'^entonces os admitiremos á nuestra amistad y compañía." (2) El 



.V- t ,1 i. 



(1) Torquemada, lib. n, cap. XLIV. ^"^ 1 • »H 

(2) Torquemada, lib. II, cap. XLIV. j; .. ^ , ^«f ?,/ - j ,- 

I- 1 --.11 1 .UOT 



3Q7 

desairado Axcq^uetzln, lleno el carazon de rabia, fué ú la tienda de 
8U8 hermanos, tomó las armas qne le convinieron, dirigiéndose re- 
sueltamente al campo de los chalca; éstos lo dejaron llegar como lo 
vieron solo; mas cuando le vieron de cerca herir á, los guerreros des- 
prevenidos, tomaron las armas dando voces de guerra. Al encuentro 
del intrépido joven salió el general Contecatl, trabóse combate per- 
sonal, y á pocos golpes fué derribado el chalca, á quien Axoquetzin 
arrastraba por los cabellos para llevarlo prisionero: Contecatl se dio 
por vencido y se entregó por preso. Al rumor del combate, ambos 
ejércitos se arrojaron uno contra otro, procurando librar unos, rete- 
ner los otros, al cautivo general, hasta que la victoria se declaró por 
los aculhua. Ychantlahtohuatzin se quitó la guirnalda, insignia de 
capitán, y poniéndola en la cabeza de Axoquetzin le dijo, ser más 
digno de ella que no él, pues solo había vencido á quien todos jun- 
tos no habían podido vencer. 

Los sucesos acabados de referir acontecieron en años próximos 
anteriores al en que nos vamos ocupando. En el de nuestra relación 
VIII calli 1461, los chalca habían dado muerte traidoramente ama- 
chos caballeros y capitanes de cuenta, así^méxica como aculhua, 
«ntre ellos á Chimalpilli, señor de Ehecatepec, de la sangre real de 
México. Para el castigo, reunieron sus fuerzas los tres aliados, y pa- 
ra dar á entender á los de Chalco que la guerra sería Á fuego y san- 
^e y sin cuartel, hicieron lumbradas en los cerros de Cuauhtepec, 
Apetzyucan, Ayauhquemecan, Citzitepetlicpan, Itztapalocan y Tla- 
talo, alrededor de la provincia. Llegado el dia de la batalla, los 
chalca combatieron con su bravura acostumbrada; vencidos por el 
número más que por la valentía de sus contrarios, abandonaron su 
rciudad, huyendo los unos á esconderse en las quebradas de los mon- 
tes, pasando los otros por entre los volcanes camino de Cholollan y 
Huexotzinco. Los vencedores saquearon á Chalco, destruyeron el 
palacio del señor, y recogiendo los restos de Moxiuhtlacuitzin y de 
BU hermano, los llevaron á Texcoco para ser enterrados con honores 
reales. La provincia quedó entonces verdaderamente sometida, pue- 
el estrago en ella causado la dejaba sin fuerzas para rebelarse de 
nuevo. Compadecidos los reyes coligados mandaron paHidas de gue- 
rreros á traer á los fugitivos, concediéndoles seguro, principalmente 
á las mujeres, niños y ancianos, para vivir tranquilos en sus <^as; 
quienes se avinieron al concierto, fueron repartidos en los pi;^t>Ío8 



306 

de Tlalmanalco, Amaquemecan, Tenanco, Chimalhuacan, Tecnani- 
pan 7 Mamalhnazocan. Muchos guerreros desecharon la gracia del 
Tencedor, quedándose á morir de hambre en las montafías. (1) 

*^E1 ocho oalli llevaron los mexicanos una gran guerra contra loa 
^'de Actezcahuacan, j en este mismo afio murió el señor de Culhua- 
^'can, llamado Huitzilteuectzin/' (2) Le sucedió Xilomatzin. 



<••» 



>\ 



t ' - 



(1) !torqiieiiiad% lib. II, cap. L. 
(t) AnalM át Cuaubtitlan. MS. 



CAPITULO IV. 



MoTBOüHzoMA Ilhuioamina. — Nezahüalcototl. 

Sumisión dó los ehaka. — Xiquipüco,^ Churra contra OoaixUahuaean. -^Muerte de 
Atonal.-^jSl CitaúhxióaüL — Saorifloio de losmixteoa, — Los cabaUeroe cuaouauhUn 
ó del soL-^Fiesta del NavhoUin.—El mensajero del sol,— Matrimonio de NezahuaU 
eoffotl. — mecudon de TetzauhjfiteintU^— Templo al dios incógnito,— If acimiento de 
NezahualpiUú — Insurrección de Ouetlaxtla.— Acueducto de ChofpuUepec. — Leyes y 
disposiciones,— Viq/e de los hechiceros en busca de CoatUcoc,— Profecía de Queteal- 
coatL — Introducción de la agua de GhapuUepeo en México,— Eeed^flcadon del tern^ 
plomayor, — Querrá de Huaxyacao,— Anécdotas de JfegahualcoyotL — Templo en 
Texcoco, — Retrato de Moteeuhzoma en las rocas de Ohc^puUepeo, — Muerte de Hue^ 
huc Moteeuhzoma Hhuicamina, 

T\rtochtli 1462. Los chalca fugitivos enviaron embajadores á 
lyV México, encabezados por Necuaraetl y el anciano Tepoztlí, 
quienes dijeron á Moteeuhzoma Ilhuioamina: '*Gran señor, cesen tan- 
^'tas guerras como han tenido los chalca contra Tenochtitlan; vues- 
^'tro humano corazón no permitirá continúe derramándose tanta san* 
^'gre, ni perezca mayor número de caballeros de los que han muer- 
^'to. Así es que vuestra voluntad determine de los límites de Chal- 
aco y nombre el principal y señor que ha de gobernarla.'* Moteeuhzo- 
ma Ilhuioamina contestó á los mensajeros: ^'Si grandes guerras ha 
**habido, como decis, entre Chalco y Tenochtitlan, ha sido culpa do 
^ Vosotros^ porque los habitantes de Chalco son naturalmente inquie* 
*'tos, han oprimido á sus vecinos, no admiten otro gobierno igual al 



310 

"suyo, y tienen grandes posesiones de tierras. Ahora que solicitáis 
"mi determinación, como debíais de haberlo hecho hace tiempo, 
Vmando que el cuaxochitl (1) de la capital de Chalco sea en lo su- 
"cesivo Cocotitlan, Nepopualco y Oztoticpac. Grande placer tengo 
f*en que hayáis abierto los ojos y conocido los males que se siguen 
"de las repetidas guerras, aunque sean particulares. ¿Y quién de 
"los dos, preguntó Motecuhzoma, desciende de la sangre de los no- 
"bles? — Respondió el anciano Tepoz: Necuametl es de la sangre 
*'real. — Necuametl sea el que gobierne en Chalco, dijo el empera- 
"dor." — "Hecho esto los despidió, y ellos se fueron á comunicar á 
"Nezahualcoyotl, quien con mucho placer escuchóla determinación 
"de Motecuhzoma, previniéndoles que inmediatamente se marcha- 
"ran y pusieran en quietud todos los pueblos y á sus habitantes; 
"que no pensaran más en tomar las armas contra nadie y mucho 
"menos contra el poderoso Motecuhzoma: que se entreguen y dedi- 
"quen á su trabajo y no hagan más de la voluntad de su sefior." (2) 
Motecuhzoma y Nezahualcoyotl colmaron dtí presentes á los emba- 
jadores. Los aliados se repartieron las tierras de las provincias. (3) 

Los Códices Telleriano Remense y Vaticano, mencionan en este 
año un terremoto. 

El intérprete del Telleriano escribe: — "Año de 9 Conejos y de 
"1462 tuvieron una batalla los de México con Coyxipilco (sic), que 
"es en el Valle de Matalcingo." Esta interpretación de la pintura es 
errónea. Sobre el determinativo de población tepetl^ se advierte la 
bolsa ó signo numeral de ocho mil, xiquipilli^ lo cual da en realidad 
el nombre del pueblo de Xiquipilco^ (Jiquipilco, en el Estado de 
México); pero los contrarios no son los tenochca; el pez sobre la cabeza 
del guerrero, dice claramente que son los michhuaca. El combate 
representado fué entre los de Xiquipilco y los de Michhuacan« 

Los mixteca, nación bárbara para los méxica por hablar lengua 
diversa, tenían cierto grado de civilización y gozaban de grandes ri- 
quezas. Había en Coaixtlahuacan un gran mercado, al cual por en- 
contrarse artefactos de buen gusto, concurrían los mercaderes de 
todos los países: vinieron una vez los puchteca del Valle, y sea por- 
que éstos dieran algún motivo, sea por mala voluntad á los tenoch- 

(1) Cuaxochitl, mohonera; es decir, mando que los límites á linderos sean, ^. 

(2) Anales de Ouauhtitlan. MS. 
(S) Torqüemada, lib. II, cap. L. 



3Í1 

Cft, Atonal, séñov de aquel Ingvr, dio orden á gns^ subditos de asaltar 
en el ^^mino á loa traficantes extranjeros; en efecto, los del Talle 
fueron robados y muertos, precipitando los cadáveres de unas alias 
pellas* Sólo escapaixm á la matanza unos poqoa de Tultitkn, quie- 
nes jirajeron la noticia á México. Sabeoiee qne aquellos heckos nun- 
Cft i}i^daban sin castigo: Motecuhzomavprockunó la guerra entre los 
lejr^ aliados y loa sometklos,^ juntándose . el mayor ejército hasta 
entóneos visto, pues la cifra se h^ce subir á dosdentos mil comba 
tiootes, .con cien mil iumene ó cargadores del equipaje. .(1) 

La gente mcurohó al mando del Cuauhnochtli y del Tizocyahuar 
catl, se les unieron .por el camino los contingentes de los pueblos del 
Sur^ é hicieron alarde en las llanuras 4e Itzocan (Izúcar, Estado de 
Puebla). Lleudes delante de Coaixtlahuacan^ se díA' ^^^ reñida y 
cruel batalla, en que á pesar del indómito valor de loe, bárbaros, gue- 
rreros auxiliares, chochos ó chuchónos, los mixteca fueron vencido?, 
la ciudad tomada, el teocalli quemado y destruido, las casas roba- 
das, los habitantes pagados á cuchillo: en venganza de las antiguas 
derrotas sufridas por los imperiales, nunca se hizo en pueblo alguno 
mayor daño, pues fueron tomados cautivos cuantos hombres no su- 
cumbieron en la«|ielea. Cesó la matanza cuando los señores pidieron 
merced cruzados de brazos, estipulando el tributo á que «sujetos que-r 
daban,, con obligación de traerle ellos mismos cada ochenta dias á 
México. Atonal pagó con la vida"^ su porfiada resistencia contra los 
méxica y los antiguos agravios al imperio. (2) 

Tomó el ejército, recibido en Tenochtitlan pon las ceremonias 
triunfales; desfilaron los prisioneros delante de Huitzilopochtli y de 
8U vicario el emperador: Motecuhzoma les dijo esta salutación: ^^Seais 
'^bienvenidos, ofrenda de los dioses y del que Ger(^ el mundo con su 
''poder cada dia y pasa por encima de nuestras cabezas, señor de la 
'^tierra y de todas las cosas.^' A medida que el pueblo se le iba sub- 
yugando á la más espantosa de las tiranías, se le inculcaban aque- 
llas ideas religiosas, haciéndole concebir una idea divina del monar- 

(1) La gaerra ái Coaixtlafatiacan la fijamos por la aatoc^dad de Fr. Bemardinof 
quien dice: "En el afio de 189 [1462], se ganó Cuaatíacabaoa, y tnixeron muchas 
*'joiaB á Mute^nma." 

(2) lia Um. YIII del Códice Mendocino refiere la conquista de Coaixtlahuacan 
£niím 1: Coaiztlahuaoa, Estado de Oaxaca] j la muerte de su sefior Atonal, estraii- 
gnlado por ^s méxica. 



312 

ca: por eso se tenía á ésjie como lá segunda persona del dios, ^*J no 
^'es fábula decir quQ á su^ sQ&ore^ tenian por dioses, porque 6ii tw* 
'*lidad de verdad los adoraban como á dioses." (1) 

Para sacrificar á los prisioneros mixteca de GoaixtlahHacan, el in- 
ventivo Haehuc Motecuhzoma mandó, "qne se kbrase en una pie- 
!'dra mxxj grande la semejanza del sol y que se le hiciese una gran 
"fiesta, mandaron á los canteros que se buscase una gran piedra, y 
!'busoada, sd pintase en ella una figura del sol, redonda, y que en 
l'medio della hiciesen una pileta redonda y que del bordo de la pil6- 
*^ta saliesen unos rayos* para que en aquella pileta se recogiese la 
"sangre de los sacrificados, para que la semejanza del sol gozase 
"della, y que desta pileta saliese un caño por donde se derramase 
"aquella sangre, y mandaron que al rededor de ella, por orla ó za- 
'^efa, pintasen todas las guerras que hasta entonces habían tenido 
"y que el sol les había concedido de que las venciesen con su favor 
"y ayuda. Tomada la obra á cargo de los canteros, buscaron una 
"piedra gruesa y hermosa y eu ella esculpieron la semejanza del 
"sol, pintaron en ellas las guerras que habían venido de Tepeaca, 
"de Tochpan, de la Guasteca, de Cuextlatlán, de Coaixtlahuao, to- 
"do muy curiosamente labrado; y para no tener mazps ni escoplos de 
"hierro, como los canteros de nuestra nación usan, sino con otras 
Vpiedras sacar las figuras pequeñas tan al natural, era cosa de ad- 
"miracion y aún de poner en historia la curiosidad de los canteros 
"antiguos y particular virtud que con otras piedrezuelas labrasen las 
"piedras grandes é hiciesen figuras chicas y grandes, tan al natural- 
"como un pintor con un delicado pincel ó como un curioso platero 
"podía con un cincel sacar una figura al natural." (2) Dábase el 
nombre de Cuauhxicalli á estos monumentos, es decir, jicara 6 vaso 
de las águilas 6 en donde beben las águilas, y estaba destinada al 
uso de los caballeros cuaucuauhtinj águilas, en la fiesta, intitulada 
Nauhollin ó cuatro tíiovimientos del sol. El Cuauhxicalli tenia el 
doble carácter de religioso é histórico; monumento votivo por estar 

(1) Darán, cap. XXIL — Tezozomoc» cap. treinta j tres. MS. 

(2) Dnrán, cap. XXIII. —Esta piedra no es la que actualmente se encuentra en ^ 
patio del Museo Nacional, supuesto estar ya determinado que aquel es el CuaubS" 
calli de Tízoc. Del de Motecuhzoma, escribe Darán, "que se sacó del lugar donde 
''agorase edíAca la iglesia mayor, y está á la puerta del perdón. Dicen que la quie- 
bren para hacer della una pila del bautismo santo." Cap. XXII, hacia el fin. 



313 

consagrado al sol, era al mismo tiempo una página de los anales de 
los méxica, el compendio de las conquistas del monarca constractor. 

Terminada la piedra fuó colocada sobre un asieato de la altura 
de un hombre, con cuatro gradas, uua á cada uno de los puntos car- 
dinales. Para el estreno se invitó d los Feyes aliados, á los wñoreg; 
de los países sometidos, recibiéndolos con la cortesanía y fausto eu 
tales casos acostumbrados. Llegado el dia del sacrificio, Motecuh- 
zoma se cubri6 el cuerpo de margajita n^ra, pintándose el rostro 
con humo de ocotl, hasta quedar como negro atezado; púsose eu la 
cabeza un adorno de joyas y plumas negras llamado xiuhhuatzalli; 
en la nariz el distintivo yacaxihuitl; una especie de estola del hom- 
bro izquierdo al brazo derecho, de cuero rojo dorado, matemacatl; 
cactli 6 sandalias de cuero de tigre con piedras preciosas, mantas 
ricas á la espalda, labradas de esmeraldas, xiu/itla/pilli] maxilatl 
muy ancho y galano; cargando un vaso de piedra fina, yechcomatl^ 
lleno de picietl molido, para significar ser al mismo tiempo rey y 
sacerdote; empuñaba el cuchillo de pedernal para el sacrificio. (1) 

Colocados en la piedra Motecuhzoma y el Tlacaelel, uno frente de 
otro, con otros dos sacrificadores, '^vinieron luego los ministros del 
"sacrificio, que eran cinco, para las manos y pies y cabezas, y venían 
"todos embijados de almagra bástalos bragueros y ceñidores y dial- 
"má ticas, trayan eu las cabezas unas coronas de papel con unas ro- 
"delillas por remate, que les daba en medio de la frente, y en las 
"coronillas de las cabezas trayan unas plumas largas, atadas al 
"mismo cabello enhiestas, y en los pies unas cotaras comunes yba- 
"ladíes, todo lo cual tenía su significación y misterio. Éstos baja- 
"ban y tomaban uno de los presos que estaban en renglón en el lu- 
"gar de las calavernas, y subíanlo al lugar donde el rey estaba, y 
"encima de la piedra figura y semejanza del sol, echábanlo de es- 
"paldas y asíanle aquellos cinco ministros, uno de la una mano y el 
"otro de la otra, y el uno de un pié y el otro de otro, el quinto le 
"echaba una collera y teníanle que no se podía menear. El rey al- 
"zaba el cuchillo y cortábale por el pecho: en abriéndolo, sacaba el 
"corazón y ofreoiáselo al sol, con la mano alta, y en enfriándose, 
"echábalo en la pileta y tomaba de la sangre cou^la mano y rociaba 
* hacia el sol. Desta manera mataba cuatro arreo y luego por la otra 

(i; Tezozomoo, cap. treinta y tres. MS. 

TOM. m. — 40 



314 

„parte venía Tlacaelel y 4 lamesmá manera mataba otros buáíro y 
"así andaban á. veces de cuatro en cuatro hasta qué se acabaron los 
"presos, todos los que trujeron^de la Mixtécá.'' (1) ' 

Al dia siguiente, para mayor solemnidad, hicieron la fiesta de * 
NauhoUin los caballeros del sol. Llamibanse así porque su patrono 
era el sol, todos eran nobles y no admitían entre ellos más de á sus 
paréis: aunque; casados, tenían casa particular en el templo mayor, 
llamada Cuacuauhteninchan^ morada ó madriguem do las águilas, 
situada * 'donde agora edifican la iglesia mayor de México." Había 
ahí una imagen del sol pintada sobre lienzo, que se enseñaba al pue- 
blo cuatro veces al dia; la cuidaban sacerdotes particulares, quienes ' 
recibían las ofrendas y sacrificaban como en los demás teocalli. Dos 
fiestas principales tenían en honra del astro; las dos veces que al 
signo oUin tocaba en el orden sucesivo de los dias el número cuatro, 
formando el símbolo NauhoUin^ cuatro movimientos del sol. La 
primera era la más solemne. Ayunábase aquel dia con todo, rigor, 
pues ni á niños ni á enfermos se permitía tomar alimento. Cuando 
ol luminar se encumbraba en mitad del cielo, tocaban los sacerdo- 
tes los caracoles y las bocinas, acudiendo en multitud el pueblo. 

Al sonido de aquellos instrumentos, "sacaban un indio de los pre- 
"sos en la guerra, muy acompañado y cercado de gente ilustre: traía 
*'las piernas embijadas de unas rayas blancas y la media cara de co- 
"lorado, pegado sobre los cabellos un plumaje blanco: traía en la 
**mano un báculo muy galano, con sus lazos y ataduras de cuero 
"enjertas en él algunas plumas; en la otra mano traía una rodela 
"con cinco copos de algodón en ella; traía á cuestas una carguilla, 
"en la cual traía plumas de águila, y pedazos de almagre, y pedazos 
"de yeso, y humo de tea y papeles rayados con ule. De todas estas 
"niñerías hacían una carguilla, la cual sacaba aquel indio á cuestas, 
"y ponínnle al pié de las gradas del templo, y allí en voz alta que 
"lo oía toda la gente que presente estaba, le decían: ''Señor, lo qtie 
"os suplicaipos es, que vais ante nuestro dios el sol y que de nues- 
"tra parto le saludéis, y le digáis que sus hijos y caballeros y prin- 
"cipales que aquí quedan, le suplican se acuerde do ellos, y que 
"desde allá los favorezca, y que reciba este pequeño presente que le 
"enviamos, y daleeis este báculo para con que camine, y esta rodela . 

O) Darán, cap. XXIíL— Tezozomoo, cap. treinta y tres. MS. 



315 

^para su defensa, con todo lo que lleváis en esa carguilla." El indio, 
**oida la embajada, decía que le placía; y soltábanlo, y luego empe- 
*'zaba á subir por el templo arriba subiendo muy poco á poco, ha- 
"ciendo tras cada escalon^mucba demora, estándose parado un rato, 
"y. en subiendo otro parábase otro rato, según llevaba instrucción, de 
"lo que había de estar en cada escalón, y taml^ien para denotar ,el 
"curso del sol irse poco á poco haciendo su curso acá en la tierra, y 
"así tardaba en subir aquellaa¿gradas grande r^to. En acabando que 
"las acababa de subir, íbase á la piedra que llamamos cxiaiihxiQalli 
"y subíase en ella, la cual dijimos que tenía en mediólas armas del 
"sol. Puesto allí, en voz alta, vuelto á la Imagen del sol que estaba 
•'colgada en la pieza, encima de aquel altar, y de cuando en cuando 
"volviéndose al verdadero sol, decía su embajada. En acabándola 
"de decir, subían perlas cuatro escaleras que dije tenía esta piedra 
"para subirá ella, cuatro njiinisfros del sacrificio, y quitábanle el bá- 
"culo y la rodela y la carga que traía, y á él tomaban de pies y ma- 
"nos, y subía el principal sacrificador con su cuchillo en la mano y 
"degollábalo, mandándole fuese con su mensaje al verdadero sol á 
"la otra vida, y escurríale la sangre en aquella pileta, la cual por 
"aquella canal que tenía se deiyamaba delante de la cámara del sol, 
f'y el sol que estaba sentado en la piedra se henchía de aquella san- 
"gre. Acabada de s alir toda la sangre, luego le abrían por el pecho 
"y 1q sacaban el corazón, y con la mano alta se lo presentaban al sol 
"hasta que dejase de babear que se enfriaba, y así acababa la vida 
"el desventurado mensajero del soj." (1) 

Cuando se hacía el sacrificio sobre el Cuauhxicalli, para hacer 
desaparecer la sangre que enrojecía el sol, los sacerdotes sacaban un 
palo cubierto de plumas,, al cual estaba enroscada una serpiente de 
papel llamada ^pinhcoatl] encendíanla y daban una vuelta al rededor 
de la piedra incensándola^con el humo que despedía la sierpe, y des- 
pués la arrojaban ardiendo sobre la cara superior de la piedra: traían 
luego una gran manga también de papel, que ardía juntamente con 
la culebra hasta que se acababan y consumían, quedando la sangre 
reseca y tostada. (2) Acabado el sacrificio, los caballeros ctiacuauh- 
tin hacían nn gran areyto. (3) 

(1) Darán, segunda parte, cap. X. MS. 
(3) Duran, cap. XXIII. • 

(8) Areyto, areito. "Danza y cantar de los indioa, en que Be celebrababan las tío- 



316 

Terminadas las fiestas, fueron despedidos los huéspedes con gran- 
des presentes, marchando á sus tierras menos agradecidos á la mu- 
nificencia imperial, que espantados del culto sangriento de los mé- 
xicaí Coaixtlahuacan recibió un gobernador tenochca, llamado Cuauh- 
Xóchitl, encargado de recogerlos tributos. (1) 

Mientras personalmente Motecuhzoma ensanchaba su capital y la 
embellecía con teocalli y monumentos religiosos, sus tenientes ex- 
tendían á lo lejos los límites del imperio, exigiendo de los pueblos 
vencidos todo género de producciones de la tierra y de artefactos d« 
la industria, con los cuales se enriquecía y prosperaba Tenochtitlan. 
Aquellas conquistas propagaban el culto sangriento de los méxica, 
así es que, por esta época, las naciones del Valle y algunas más allá 
mantenían gran número de sacerdotes, seguían el ritual de los te- 
nochca, entregándose á frecuentes sacrificios, si bien no con el lujo 
de sangre propio de México. En el reino de Texcoco era público es- 
te culto; pero Nezahualcoyotl lo veía con horror, y por su ejemplo é 
influjo no había cobrado grandes creces entre los aculhua. Aquel 
rey era filósofo; su claro entendimiento no hallaba verdad alguna 
en el lúgubre panteón azteca, descreído para los méxica, profesaba 
un deísmo simbólico, imposible de ser comprendido por sus aliados, 
fuera de sazón para los tiempos que alcanzaba. 

Nezahualcoyotl, pues, dio otro rumbo á los adelantos de su pue- 
blo. Fuera del Hueítecpan 6 palacios grandes, visto por los caste* 
llanos, y dol palacio de su padre llamado Cillan, construyó diversas 
casas de recreación en Cuauhyacac, Tzinacanoztoc, Cozcacuauhco, 
Cuetachatltlan ó Tlateitec, fuera de las de Acatetilco y Tepetzinco. 
En todas ellas había bosques, jardines de plantas escogidas y raras 
traidas á veces de muy lejos, estanques, baños, y cuanto pudiera 
servir de solaz y contentamiento: cada una tenía señalados pueblos 
para su sosten y cultivo. La casa y bosque de Tetzcotzinco eran los 
más afamados, por el extenso acueducto construido para conducir 
el agua de las montañas, por las grandes y primorosas albercas, los 
baños escarbados en la roca viva, las piedras labradas y esculpidas 

torias y proezas de bus antepasados, ya en los f uuerales, ya en las declaraciones de 
guerra y otros momentos solemnes. [Lenguas de Cuba y de Haití.]" Voces ameri- 
eonas en Oviedo. — Es voz muy usada por nuestros historiadores antiguos. El Dio- 
oionario de Molina nos dice: "Danza ó baile, netaUUttU, maeehualitUi, a, arejto/ 

(1) Darán, cap. XXIlI.— Tezozomoc, cap. treinta y tres. MS. 



I* 



317 

con la historia del rey, sus armas y otros emblemas^ los árboles j 
plantas eran de variadas y raras Qspecies, poblado el bosque de íddu- 
merables pájaros pintados ó cantores, sin otros muchos en jaulas: 
yeianse igualmjsnte venados, liebres, couejos y animales de caza. En 
la parte baja, formado en la roca, estaba un león emplumado y con 
alas, de dos brazas de largo, por cuya boca asomaba un rostro, retra- 
to del rey. (1) Las esculturas y relieves fueron mandados destruir 
por el Sr. Zumárraga, después de la Conquista, no quedando de tan 
tft maravilla sino pocos restos. 

Nezahualcoyotl lograba de multitud de concubÍDHS,,que tenía es- 
parcidas por sus palacios y casas de recreación; |>ero faltábale una 
mujer legitima y con ella un heredero al trontí, pues era ley en 
Acolhuacan que no podían suceder los hijos bastardos. (2) Algunos 
afios antes, sin saberse cuántos porque no lo precisan los cronistas, 
queriendo tomar esposa legitima de las casas de &uexotla ó de 
Coatlichan, las más nobles y antiguas del reino, no encontró más 
de una niña de la casa real de Coatlichan, y sí bien quedó concertado el 
casamiento, la prometida era tan pequeña, que para educarla hasta 
edad provecta, fué puesta al cuidado del Anciano Cu^tlehuatzin 
hermano del monarca. Murió el tutor pasados años, entrando á su- 
cederle en el señorío su hijo Ixhuetzcatocatzin; el trato con ]a don- 
cella, aun cuando no ignorase á quién estaba destinada, le determí? 
nó á amarla y tomarla por esposa. Recordó Nezahualcoyotl & su 
prometida, á quien tal vez había olvidado distraído por los negor 
cios, y exigió á Ixhuetzcatocatzin se la entregará; él respondió estar 
dispuesto, á sufrir la pena que ae'le impusiera, mas era imposible 
entregar á la dama porque ya era su esposa. Irritado el rey,^ entregó 
álos tribunales al guardador infiel, siguiósélé causa, dio sus descargos, 
j los jueces le declararon libre, pc^niéndqle además en libertad. (3) 

Tamaña contrariedad, para hombre á quien mimaba en sus gustos 
U fortuna,'le hizo caer en profunda me)añcólía; vagaba sólo por los 
pampos, distraido, descuidando de com^r y descansar. En irná de 
aquellas escui^sipnes, llegó al pueblo de Tepecl^pan^ en dónda el ^fior 
Óaácúautitzin le recibió coh agasajo, le sirvió de comer; y para más 
agradarle, Sispuso le sirviera la mesa una hermosa doncella llar 

(1) IztlOxoofaiO, ffirt. Ohiohim. cap. 42. MS. 

(2) TorquemádA, llb. H, cap.. XLV. 

(8; IxUnzoohill, Hlst. Chlohim, cap. 48. MS. 



^8 

mada Azcalxochitzin, mexicana de origen, hija del infante Temic- 
tzin. Linda joven do diez y siete años, la había recibido Cuacuauh- 
tzin desde los siete de edad, y habiéndola tratado como hija q,ue no 
como esposa, intacta estaba todavía. Con aquella vista olvidó el rey 
su profunda tristeza; tornando á su palacio curado del pasado mal, 
si bien llagado el corazón con aquel nuevo y encendido amor. Pen- 
samiento velador y constante se hizo la posesión de Azealxochitl, 
que irrealizable por medio lícito, hizo caer al monarca en el crimen. 
Dio orden á Cuacuauhtziil de ir á mandar las tropas destinadas á 
una expedición contra Tlaxcalla. y llamando á,' dos capitanes de 
su confianza les dijo; que siendo el anciano reo de grave falta, por 
cariño que le tenía', en vez de imponerle castigo público prefería 
fuese muerto en la guerra, por lo cual le pondrían en lugar peligro- 
so para abandoDarle á los enemigos. La honra inusitada concedida 
á Cuacuauhtzin le llatnó la atención, previo su suerte, y en el con- 
vite de despedida dado á sus amigos, cantó unos cant^arares lasti- 
meros por él compuestos, despidiéndose de la vida. Piel vasallo, 
marchó al combate, y allá eú poder de los tlaxcaltecas qijedó para 
ser sacrificado á Camaxtle.. , . / . 

' Hecha pública la noticia de la muerte do. Cuacuauhtzin, el enar 
morado NezahualqbyoÜ envió una vieja cou recado para la viuda, 
dieiéndole: que dolido d.e su mala ventufa y siendo ella su parlen- 
ta, quería tomarla por esposa. ú fin de reparar el daño que le habíc^ 
hecho la fortuna: contestó Azcalxochitl, estar dispuesta 6, la volun- 
tad de 3U señor. Por arte del rey fué trasladada una gran piedra de 
Chicuhnáhutla á Tetztcotzinco, .y entre la curiosa multitud iba la 
joven, 'como mirando, acompañada de la'víeja'inensajeraj Nezahual- 
•cóyotl, fitigiendo, estrañeza, preguntó á.sus cortesanos, quién fuera 
aquella persona, é informado á& ser la viuda de Cuácuahtzin y pri- 
m^ Buya, la hizo traer á palacio,, la aposentó y después de tta^cu- 
rridos algjmos días, con el dpnséntimiento' de sus consejaros la^ tomó 
p^r esposV>haciSnaos^ grandes fiestas ..vi*egocíj os por tratarse de la 
rema ue los ácolhua. NoÍta Torquéipaaa ser e$te caso semejante al 
de.David con Bersajy^. xnujef de Urías, y en verdfid qu^ el nio- 
naccá texcóQanó tiene jnás de un puiito de contacto coa. el rey he- 
breo. (1) ' 

(i) Seguimos 1a versión de Ixtlilxochitl, Hist X^l^ichiu^, p9p..j43. TorqciieiEacbt 
lib. II, oap. XLV, refiere idénticameute la núama histo^ft», aunque coa ¡oambiedo. 



319 

Dicese que en e8t^ bodas, celebradas con regia magaiñcencia en 
el Hueitcpai;!, pon asisteDcia de Motecuhzoma, Tdtoquihuatziq y 
los cortesanos de Texcoco, Nezahualcoyotl hi^so cantar á los músi- 
cos la celebre oda por él compuesta, que en mexicano comienza: 
Xóchitl mamani in ahuechuniítlan. Inspiración \^\ vez del re- 
mordimiento, el rey poeta con) para la vida á una flor que presto se 
marchita, y recuerda la pujanza y el poderío del rey Tezozomoc, 
que como 4rbo^ ^i^ondosQ sq ^1z6 sobre la yerba de los, campos, para 
ser decribado po?;,^l,liun^ca» de la muert^j, quedando seco »y careo» 
mido. (1) ' • .. ' ' : , ' 

ííezahualcoyotl recibió castigo por su falta. Azcalxochitl le dio 
un hijo^ á quien pusieron por Qombre Tetzauhpilzintli; agraciado, 
vivo, ^ptpligente^d^sde nifio., J^e hacía notarjpor . sus adelantos^ 
mostrando un ánimo levantado para las cosas de guerra. Era el 
amor de su padre y la,, esperanza del r.ein9, y por eso era mal que- 
rido de la concubina predilecta 4^1 rey, quien veía en el mancebo 
up. estorbo pq-ca que sus hijos, subieran al trono. Un hijo do ésta, 
nopab^ado, Huetzin, labró una joya primorosa, para Nezahualcoyotl, 
quien por carifio, la regaló, á Tetzaubpiltziptli por mano de Heya- 
huc, hermanode Huetzin; el príncipe al" recibirla ex'pre3^^ ser her- 
mosf^ la joya, aunque mejotr estadía qi^e ^1 artífice se dedicara á las 
cosaa de guerra, con lo cual serían mejor servidos el rey y^la patria. 
Por consejo ¿de la concubina fiieroi^ tergiversadas aquellas palabras, 
haciéndola^ aparecer como amenaza de alzarsQ con el reing, dándo- 
se color Aa calumnia con las. arpias en cantidad con que el príncipe 
adornaba ^u palacio. Resistióse, á creerlo Nezahualcoyotl, mas tan- 
to pujii^pnlí^s ^rtesy taj^ vez Ip^ ,ha|^9f <Je la col^cubin^, <1^^ Pf^ 
raj|ijzg^,alini^nte nombró por ju^es á ])Iotecuhzoma y Totoqui- 
huate^n, {-etii^^^dose^él á 'jPt^tzcoliziz^cq á {espe^r. i^ senteucjs^. Los 
reyes alja49?,yípierpp 4 T^jfijocp, pfacticpjfón jsecfetanpLente las m* 
for;ii¡a|5Íones,[yji9fPvdu^-s^^de|fii;oíx.^^ en, las.j:e4es de la concubi- 
Vaí^^imW >l98á9?8VSP^ ^fil.f5p}pft4^ se diifi^Í9ífln4jBfi>palac|o 

bra MatlaleLllaAtzin á la doncella, hfipiéndóla hija de .Totoqoihufttziii. #«fior dd TU? i 

(1) Una tradnodon, que se dice ser de IxÜilxochitl, se encuentra en el 2¿ toI. de 
la coleo, de MSS. del Arobivo general'- Waie ti9»bÍM^'I>óoRiitM¿ÍQé. paradla Historia 
de Mádoo. Tercera s^rie. Tom. I, pág. 28íui . ,^ . j. jf, . • x '.a. /. í^i 



;:^ 



3fe0 

con algunos capitanes, y con pretexto de ponerle al cuello un sar- 
tal de rosas, le hicieron estrangular. Vestido el cadáver con las in- 
signias reales, fué colocado en ún salón, sobre un suntuoso estrado: 
los jueces dejaron dicho haber cumplido estrictamente con la ley, 
retirándose luego camino de sus ciudades. Nezahualcoyotl lloró 
mucho la muerte de su único heredero, permaneciendo retraído por 
muchos días en Tetzootzinco. (1) 

El corazón lacerado busca refugio y consuelo en Dios. El infe- 
liz monarca, por consejo de los principales de la corte, se entregó á 
las prácticas del culto de los méxica, sacrificando profusamente 
víctimas humanas, siendo parte su ejemplo para que se extendiera 
más por el reino aquella bárbara coKtumbré. Pronto se disgustó de 
la sangre, ningún alivio le dieron aquellas dioses sordos y ciegos, y 
su claro entendimiento se volvió á aquel Dios increado, para él des- 
conocido, á quien adoraba de antemano. Volvió de nuevo á Tetz- 
cotzinco, ayunó cuarenta dias, hacía oración al salir y ponerse el sol, 
al medio día y á la media noche, componiendo más de sesenta can- 
tares en loor del Dios ignoto, "que el dia de hoy se guardan, de mu- 
"cha moralidad y sentencias, y con muy sublimes nombres y renom- 
"bres propios á él." (2) 

A este Dios incógnito "edificó un templo muy suntuoso, frontero 
"y opuesto al templo mayor de Huitzilopochtli, el cual demás de 
'Hener cuatro descansos el Cu y fundamento de una torre altísima, 
"que estaba edificada sobre él con nueve sobrados, que significaban 
"nueve cielos, el décimo, que servía de remate á los otros nueve so- 
"brados, era por la parte de afuera matizado de negro y estrellado, 
**por la parte interior eétaba todo engastado de oro, pedrería y plu- 
"mas preciosas, colocando al Dios referido y no conocido ni visto 
"hasta entonces, sin ninguna estatua ni forma su figura. El chapi* 
"iel referido casi remataba en tires puntas, y en el noveno sobra- 
^*do estaba un instrumento llamado ChiHKili. de donde tomó nom- 
**bre esté^emplo y toifre, y en él asiínlsmo otrofei hiertrumentos mn* 
^Bicales cómo eran las cornetas, flautas, caracoles y un artesón de 
"metal que llamaban T^tzilacatl^ que servía de "campañai qiie con 
*'an martilló así mismo de metal le ta&lan, j tenía casi el mismo 

', . ■ .• ■ , 

(1) IxtUlzoohitl, Hiit OUdikB. Qiip. 44. lia 
(3) IzttUxoohiú, Hist GhiobSm. oap. 46. 



381 

'^flonldo de una campana; y una á macera de atambcr, que es el 
^'initrumento con qne hacen las danzas, muy grande; éste, los 
'^demÉis y en especial el llamado chililfUi tocabají cuatro veces car 
^^ dia natural, que era á las horas que atrás queda referido que el 
'*rey oraba." (1) 

XI técpactl 1464. Mejoraron los días para Nezahualcoyotl: avan- 
zado en edad y tras muchos años de esterilidad de su esposa Azcal* 
Xóchitl, tuvo al fin el gusto de lograr un heredero, viniendo al 
mundo Nezahualpilli. (2) 

Hubo calores exesivos que agostaron las plantas, y un fuerte hu* 
racan que derribó los árboles; ambos fenómenos produjeron escasez 
de víveres. (3) 

'En este año se rebelaron Cuetlaxtla y las provincias del golfo. 
Fueron á verlos los señores de Tlaxcalla, entre ellos Xicotencatl, y 
estando con los señores de Cuetlaxtla, se dolieron de que los méxi- 
ca les hubieran hecho tributarios, aconsejándoles sacudieran el yu- 
go, para lo cual les ofrecían ayudarles con todo su poder. Los in- 
cautos, olvidando que la vez pasada los tlaxcalteca habían faltado 
á su palabra, admitieron el pérfido consejo; dieron muerte al gober- 
nador tenochca, recogiendo los objetos destinados al tributo, que 
dieron i los consejeros, quienes tomaron á su tierra ricos y satis- 
fechos* Pasados dias y no llegando á México el gobernador, envió 
Motecuhzoma algunos mensajeros para exigir el tribute; llegados á 
Cuetlaxtla fUeron recibidos con todo comedimiento, mas cuando. es- 
tuvieron encerrados en un aposento, les asfixiaron con humo de chil- 



(1) Ixtlilxochitl, HÍBt.,Ohichim. cap. 45. MS. * , 

(2) Anales de Cnanliiitlan. MS.~IxÜilx5chitl, cap. 46, fija el nacimiento de este 
fvínolpe él cHa PutdéetU amóme doaU, octavo del diédmo quinto mes llamftdo Atemois* 
iliy q^6» álaedenta del^aator coRvesponde á primero de Enero 1465, Kadit opon^ol 
opntra kt esaotitud dejesta correspondencia, por ignorar el sistema texcocano seguir 
do por Ixtlilzóchitl; eh nuestro sistema, q1 mes de $nero corresponde t(>daTÍa Á 1464. 

(9) Anales de Cuaubtítlan^ MS.— Anales tepanecas. K. 6. MS. — "Huracana vien- 
"(o impetuosüsimo, torbellino de vientos encontrados, que girando en todas direo- 
'/oionM con igual fuerza» arrasa edificios/ desencaja árboles y rocas^ amenazando 
'^oon entera destrucción y ruina. Ckm frecuencia aparecen aoompafiados de copiosas 
««navias. Los indios de Haití pronunciaron /tirüoan 7 hoy /urtMXin, como en algunas 
''de nuestras provincias meridionales. (Lengua de Haiti)" Voces ite[ieri¿ana% en 
QvMo, Y4ím Oasas, Hisl. Apakig^oa, oap. XXXYI, alfin. Llámase también Íes- 
te fenómeno atmosférico» tomada y vcioloia^ \ 

TOM. m*— 41 



308 

de Tlalmanalco, Amaquemecan, TeDanco, ChimalhnaoaD, Tecnani- 
pan y Mamalhaazocan. Muchos guerreros desecharon Ta gracia det 
vencedor, quedándose á morir de hambre en las montañas. (1) 

"El ocho oalli llevaron los mexicanos una gran guerra contra los 
"de Actezcahuacan, y en este mismo afio murió el señor de Culhua- 
"can, llamado Huitzilteuectzin.^* (2) Le sucedió Xilomatzin. 



■«••^ 



(1) Tofqaiemada, lib. U, cap. L. 
in AnalM de CíasalitiÜAn. MS. 



». 



CAPITULO IV. 



MOTEOUHZOMA Ilhuioamina. — ^Nezahualcototl. 

Sumisión dó ¡oa chá¡M,—Xiqmpilco,—€hierra contra Coaixtlahuacan, -^Muerte d$ 
AtonoL-^El QuauhsUeaUL — Sctorifldo de los nUxteca, — Los eahaMeros cuacuauhtin 
b del soL-^Fiesta del NauholUn, — El mensajero delsol.-^Matrimonio de JS'etahual' 
eoyotl. — J^eeudon de TetzatíhpiteintU^^ Templo al dios incógnito,— I^admiento de 
Nezafnui^piüL—Ineurreccion de Cuetlaxtla,— Acueducto de Chapitltepec, — Leyes y 
disposiciones,-^ Viqje de los hecTuceros en busca de OoaUicoe.— Profecía de (¿ueteai- 
coatL — Introdticcion de la agua de Ohapultepee en México.— Heedfflcacion del tem^ 
pío mayor,— Guerra de HuaxyaeoG,— Anécdotas de NesahuaUcoyotl, — Templo evk 
Texcoco, — Belrato de Motecúhzoma en las rocas de OhapuUepec, — Mverte de Sus* 
huc Motecúhzoma Hhuicamina, 

T\rtoclitli 1462. Los chalca fugitivos enviaron embajadores á 
Xy\. México, encabezados por Necuametl y el anciano Tepoztlí, 
quienes dijeron á Motecúhzoma Ilhuioamina: *^6ran señor, cesen tan- 
^'tas guerras como han tenido los chalca contra Tenochtitlan; vues- 
"tro humano corazón no permitirá continúe derramándose tanta san* 
"gre, ni perezca mayor número de caballeros de los que han muer- 
''to. Así es que vuestra voluntad determine de los límites de Chal- 
aco y nombre el principal y señor que ha de gobernarla." Motecúhzo- 
ma Ilhuioamina contestó á los mensajeros: ^'Si grandes guerras ha 
**habido, como decis, entre Chalco y Tenochtitlan, ha sido culpa de 
"vosotros^ porque los habitantes de Chalco son naturalmente inquíe* 
^'tos, han oprimido á sus vecinos, no admiten otro gobierno igual al 



308 

de Tlalmanalco, Amaquemecan, Tenanco, ChimalhuacaD, Tecnani- 
pan y Mamalhnazocan. Muchos guerreros desecharon Ta gracia det 
vencedor, quedándose á morir de hambre en las montañas. (1) 

^^E1 ocho oalli llevaron los mexicanos una gran guerra contra los 
*'de Actezcahuacan, y en este mismo año murió el señor de Culhua- 
^'can, llamado Huitzilteuectzin/* (2) Le sucedió Xilomatzin. 



■«••»' 



(1) Tofqaíeinada, lib. U, cap. L. 
(t) AnalM de CíaaalitiÜAn. US. 



• . 



CAPITULO IV. 



MOTEOUHZOMA Ilhuioamina. — Kezahualcototl. 

JSumislonds ios ehalea. — Xiquipiko,^€hierra contra Goaixtlahuaean, -^Muerte de 
AtonaL—'M CuauhsacaXlL — Saonfloio de losmixteea, — Los eahaMeros euaettauhün 
ó del sol, — Fiesta del Naúhoüin.-^El mentajero delsol.-^Matrimonio de NeMhuaU" 
eoyotl. — ^yeeudon de TetgaiíhpitemtU,^ Templo al dios incógnito, ^Na^dmiento de 
NezáhttalptUL— Insurrección de üuetlaxtla,— Acueducto de Chaprdtepec, — Leyes y 
disposiciones,-^ Vio^e de los hechiceros en busca de OootUcoc-^Profeeia de Queteal- 
coatL — Introdticcion de la agua de CJiapuUepee en MéxÍoo,-'Reedifioacion del tem- 
plo mayor,-^ Querrá de Huaxyc^ac-^Anécdotas de NesahuálcoyotL — Templo evk 
Texcoco, — Beirato de Motecuhzama en las rocas de OhapuUepec-^Mverte de Hus- 
htic Motecuhzoma Ilhuicamina, 

T^^tochtli 1462. Los chalca fugitivos enviaron embajadores á 
Xy\. México, encabezados por Necuametl y el anciano Tepoztli, 
quienes dijeron á Motecuhzoma Ilhuicamina: *^6ran señor, cesen tan- 
HsLS guerras como han tenido los chalca contra Tenochtitlan; vues- 
"tro humano corazón no permitirá continúe derramándose tanta san* 
^'gre, ni perezca mayor número de caballeros de los que han muer- 
''to. Así es que vuestra voluntad determine de los límites de Chal- 
aco y nombre el principal y señor que ha de gobernarla." Motecuhza- 
ma Ilhuicamina contestó á los mensajeros: **Si grandes guerras ha 
'^habido, como decis, entre Chalco y Tenochtitlan, ha sido culpa de 
^ Vosotros^ porque los habitantes de Chalco son naturalmente inquie* 
^*tos, han oprimido á sus vecinos, no admiten otro gobierno igual al 



308 

de Tlalmanalco, Amaquemecan, TeDanco, ChimalhnaoaD, Teciiani- 
pan y Mamalhuazocan. Muchos guerreros desecharon Yá gracia det 
vencedor, quedándose á morir de hambre en las montafías. (1) 

"El ocho oalli llevaron los mexicanos una gran guerra contra los 
**de Actezcahuacan, y en este mismo afio murió el señor de Culhua- 
^*can, llamado Huitzilteuectzin.^' (2) Le sucedió Xilomatzin. 



■«••»' 



ív 



(1) Tofqaíeinada, lib. U, cap. L. 
(S) AnalM de CiaaalitiÜAn. US. 



*. 



CAPITULO IV. 



MOTEOUHZOMA Ilhuioamina. — ^Kezahualcototl. 

Bumütondó ¡o» eha¡ea, — XiqíUpüco.—Orterra contra Gocuxtlahtutcan, ^Muerte de 
Aional,'^El (htauhxicdUL — Saorifleio de los nuxteea, — Los cabaUeros <yu/MucmhUn 
6 del soL^Fieeta del Naúhomn.-^El mensajero del soL-^McUrimonio de NetethutU- 
coyotL^'^ljecueion de TetzauhpiteintU.^ Templo al dios incógnito. ^Nacimiento de 
NezahualpülL— Insurrección de CuetUixtla.--Acuedxieto de ChapuUepec.-^Leyes y 
dieposidones,— Vic^e de los hechiceros en busca de OootUcoc-^Profecia de (¡ueteal' 
eoatl — Introducción de la agua de ChapuUepeo en Méxioo. -^Reedificación del tem^ 
pío mayor, -^Querrá de JSuaxyacao. -^Anécdotas de NezahuaUoyotL — Templo en 
Texcoco, — Beirato de Moiecúhzoma en las rocas de OhapuUepee, — Muerte de Sue* 
huc Motecuhzoma Hhuicamtna, 

T\rtochtli 1462. Los chalca fugitivos enviaron embajadores á 
Xy\. México, encabezados por Necuametl y el anciano Tepoztli, 
quienes dijeron á Motecuhzoma Ilhuicamina: '^Gran señor, cesen tan- 
HaH guerras como han tenido los chalca contra Tenochtitlan; vues- 
"tro humano corazón no permitirá continúe derramándose tanta san* 
"gre, ni perezca mayor número de caballeros de los que han muer- 
^'to. Así es que vuestra voluntad determine de los límites de Chal- 
aco y nombre el principal y señor que ha de gobernarla." Motecuhzo- 
ma Ilhuicamina contestó á los mensajeros: ^*Si grandes guerras ha 
^^habido, como decis, entre Chalco y Tenochtitlan, ha sido culpa de 
^ Vosotros^ porque los habitantes de Chalco son naturalmente inquíe* 
^'tos, han oprimido á sus vecinos, no admiten otro gobierno igual al 



308 

de Tlalmanalco, Amaquemecan, TeDanco, ChimalhnaoaD, Tecnani- 
pan 7 Mamalhuazocan. Muchos guerreros desecharon Ta gracia det 
vencedor, quedándose á morir de hambre en las montafias. (1) 

"El ocho oalli llevaron los mexicanos una gran guerra contra los 
"de Actezcahuacan, y en este mismo afio murió el señor de Culhua- 
"can, llamado Huitzilteuectzin.^' (2) Le sucedió Xilomatzin. 



■«••^ 



IV 



(1) Tofqaemada, lib. ü, cap. L. 
(t) AnalM de Cíasalitíaan. MS. 



t. 



CAPITULO IV. 



MoTEouHzoMA Ilhuioamina. — Kezahüalcototl. 

Bumütondó ¡o» eha¡ea. — XiqtUpüco.-^Orterra contra Goaixtlahuacan, ^Muerte de 
AtonaL—Sl CtutuhxicdUL — Saorifldo de los nUxteoa, — Los cabañeros <maouaúhUn 
6 del 9oL— Fiesta del IíaúholUn,—El mensajero del eoL— Matrimonio de Netahual' 
coyoíL-^Bljecueum de Tetiauhpiteintlü— Templo al dio$ incógnito, ^Nadmiento de 
NezaJiucUpiUL— Insurrección de üuetlaxtla,'--Acuedxjusto de CJutpúUepec,'^Leyes y 
disposiciones,-' Vio^e de los htchicero» en busca de OootUcoc-^Profecia de (¡uetsal' 
coatL — Introducción de la agua de OhapuUepeo en México. ^Heed^fkacion del tem^ 
plomayor,—Chaerra de Huaxyacao.-^Anécdotae de NesafnuHooyotl, — Templo es^ 
Texcoco, — Retrato de MoUcuhzoma en la$ rocas de OhapuUepeo.-^Muerte de Hue» 
htic Motecuhzoma Hhuicamina, 

T^^tochtli 1462. Los chalca fugitivos enviaron embajadores á 
Xy\. México, encabezados por Necuametl y el anciano Tepoztli, 
quienes dijeron á Motecuhzoma Ilhuioamina: '^Gran señor, cesen tan- 
^'tas guerras como han tenido los chalca contra Tenochtitlan; vues- 
'^tro humano corazón no permitirá continúe derramándose tanta san* 
^^gre, ni perezca mayor número de caballeros de los que han muer- 
*'to. Así es que vuestra voluntad determine de los límites de Chal- 
aco y nombre el principal y señor que ha de gobernarla." Motecuhzo- 
ma Ilhuioamina contestó á los mensajeros: ''Si grandes guerras ha 
"habido, como decis, entre Chalco y Tenochtitlan, ha sido culpa de 
"vosotros^ porque los habitantes de Chalco son naturalmente inquie* 
"tos, han oprimido á sus vecinos, no admiten otro gobierno igual al 



310 

"suyo, y tienen grandes posesiones de tierras. Ahora que solicitáis 
"mi determinación, como debíais de haberlo hecho hace tiempo, 
Vmando que el cuaxochitl (1) de la capital de Chalco sea en lo su- 
"cesivo Cocotitlan, Nepopualco y Oztoticpac. Grande placer tengo 
Ven que hayáis abierto los ojos y conocido los males que se siguen 
"de las repetidas guerras, aunque sean particulares. ¿Y quién de 
"los dos, preguntó Motecuhzoma, desciende de la sangre de los no- 
"bles? — Respondió el anciano Tepoz: Necuametl es de la sangre 
"real. — Necuametl sea el que gobierne en Chalco, dijo el empera- 
"dor." — *'Hecho esto los despidió, y ellos se fueron á comunicar á 
"Nezahualcoyotl, quien con mucho placer escuchóla determinación 
"de Motecuhzoma, previniéndoles que inmediatamente se marcha- 
"ran y pusieran en quietud todos los pueblos y á sus habitantes; 
"que no pensaran más en tomar las armas contra nadie y mucho 
"menos contra el poderoso Motecuhzoma: que se entreguen y dedi- 
"quen á su trabajo y no hagan más de la voluntad de su señor." (2) 
Motecuhzoma y Nezahualcoyotl colmaron do presentes á los emba- 
jadores. Los aliados se repartieron las tierras de las provincias. (3) 

Los Códices Telleriano Remense y Vaticano, mencionan en este 
año un terremoto. 

El intérprete del Telleriano escribe: — "Año de 9 Conejos y de 
"1462 tuvieron una batalla los de México con Coyxipilco (sic), que 
"es en el Valle de Matalcingo." Esta interpretación de la pintura es 
errónea. Sobre el determinativo de población tepetl^ se advierte la 
bolsa ó signo numeral de ocho mil, xiquipilli^ lo cual da en realidad 
el nombre del pueblo de Xiquipílco,^ (Jiquipilco, en el Estado de 
México); pero los contrarios no son los tenochca; %[pez sobre la cabeza 
del guerrero, dice claramente que son los mickhuaca. El combate 
representado fué entre los de Xiqui pilco y los de Michhuacan. 

Los mixteca, nación bárbara para los méxica por hablar lengua 
diversa, tenían cierto grado de civilización y gozaban de grandes ri- 
quezas. Había en Coaixtlahuacan un gran mercado, al cual por en- 
contrarse artefactos de buen gusto, concurrian los mercaderes de 
todos los países: vinieron una vez los puchteca del Valle, y sea por- 
que éstos dieran algún motivo, sea por mala voluntad á los tenoch- 

(1) Cuaxochitl, mohoTifira; es decir, mando que IO0 límites 6 linderos sean» ^c. 

(2) Anales de Cuauhtitlan. MS. 
(S) Torquemada, 11b. II, cap. L. 



311 

cii| Atonal,' séüov de aquel logar, dio orden á sns^ subditos de asaUar 
on el ^mino lloa traficantes extranjeros; en efecto, los del Talle 
fueron robados y muertos, pi<ecipitando los cadáveres de unas altas 
pe&as. Sólo escapaoon á la matanza unos poqo»de Tultitkn, quie- 
nes f rajeron la noticia á México. Sabemos que aquellos beobos nun- 
o»qi)^daban sin castigo: Motecubzoma^proclamó la guerra entre los 
reyes aliados y loa sometidos, juntándose . el mayor ejército hasta 
entonces .visto, pues la cifra se h^ce subir á doscientos mil comba 
tientes, con cien mil tamene ó cargadores del equipaje. .(1) 

La gente marohó al mando del> Cuauhnocbtli y del TÍ20cyabuar 
catl, se les unieron.por el camino los contiDgentes de los pueblos del 
Sur, é bicier<m alarde en las llanuras dé Itzocan (Izúcar, Estado de 
Puebla). Llegados delante de Coaixtlabuacan, se dio una reñida y 
cruel batalla, en que á pesar del indómito valor de loe .bárbaros gue- 
rreros auxiliares, chochos ó chuchónos, los mixteca fueron vencidos, 
la ciudad tomada, el teocalli quemado y destruido, las casas roba- 
das, los habitantes pagados á cuchillo: en venganza de las antiguas 
derrotas sufridas por los imperiales, nunca se hizo en pueblo alguno 
mayor daño, pues fueron tomados cautivos cuantos hombres no su- 
cumbieron eu lai^lea. Cesó la matanza cuando los señores pidieron 
merced cruzados de brazos, estipulando el tributo á que sujetos que- 
daban,, con obligación de traerle ellos mismos cada ochenta dias á 
México. Atonal pagó con la vida ' su porfiada resistencia contra los 
méxioa y los antiguos agravios al imperio. (2) 

Tomó el ejército, recibido en Tenochtitlan pon las ceremonias 
triunfales; desfilaron los prisipneros delante de Huitzilopochtli y de 
su vicario el emperador: Motecuhzoma les dijo esta salutación: ^'Seais 
"bienvenidos, ofrenda de los dioses y del que cerca el mundo con su 
"poder cada dia y pasa por encima de nuestras cabezas, señor de la 
"tierra y de todas las cosas.'' A medida que el pueblo se le iba sub- 
yugando á la más espantosa de las tiranías, se le inculcaban aque- 
llas ideas religiosas, haciéndole concebir una idea divina del monar- 

(1) La guerra d j Coaixtlafauacan la fijamos por la autoi^dad de Fr. BemardinOf 
qtden dice: *'£n el afto de 189 fl^^]» se ganó Cuastlaoabaca, y truzeron muchas 
"joias á Mute9uma.** 

(2) La lám. YIII del Códice Mendocíno refiere la conquista de Coaixtlahuacan 
fniím 1: Ooaixtlahuaca, Estado de Oaxaca] y la muerte de su sefior Atonal, estraii» 
guiado por |os méxica. 



312 

ca: por eso se tenia á éste como la segunda persona del dios, ^j no 
*'efit fábula decir qu^ á sus se&ores tenian por dioses, porque 09 t#a« 
^*lidad de verdad los adoraban como á dioses/' (1) 

Para sacrífícár 1 los prisioneros mixieca de Goaixtlahuacan, el in- 
ventivo Haebuc Motecuhzoma mand^, '^qne se kbrase en una pie- 
!'dra muy grande la semejanza del sol y qae se le hiciese una gran 
^'fiesta, mandaron á los canteros que se buscase una gran piedra, j 
'^buscada, se pintase en ella una figura del sol, redonda, y que en 
!'medio della hiciesen una pileta redonda y que del bordo de la pile- 
*'ta saliesen unos rayos- para que en aquella pileta se recogiese la 
'^sangre de Jos sacrificados, para que la semejanza del sol gozase 
^'della, y que desta pileta saliese un caño por donde ee derramase 
'^aquella sangre, y mandaron que al rededor de ella, por orla 6 za- 
"nefa, pintasen todas las guerras que hasta entonces habían tenida 
^'y que el sol les había concedido de que las venciesen con su. favor 
"y ayuda. Tomada la obra á cargo de los canteros, buscaron una 
"piedra gruesa y hermosa y eii ella esculpieron la semejanza del 
"sol, pintaron en ellas las guerras que habían venido de Tepeaca, 
"de Tochpan, de la Guasteca, de Cuextlatlan, de Coaixtlahuao, to* 
"do muy curiosamente labrado; y para no tener mazos ni escoplos de 
"hierro, como los canteros de nuestra nación usan, sino con otras 
Vpiedras sacar las figuras pequeñas tan al natural, era cosa de ad- 
"miracion ^ aún de poner en historia la curiosidad de los canteros 
"antiguos y particular virtud que con otras piedrezuelas labrasen las 
"piedras grandes é hiciesen figuras chicas y grandes, tan al natural- 
"como un pintor con un delicado pincel ó como un curioso platero 
"podía con un cincel sacar una figura al natural." (2) Dábase el 
nombre de Cuauhxicalli á estos monumentos, es decir, jicara 6 vaso 
de las águilas 6 en donde beben las águilas, y estaba destinada al 
uso de los caballeros cuaucuauhtin^ águilas, en la fiesta, intitulada 
NauhoUin ó cuatro inovimientos del sol. El Cuauhxicalli tenía el 
doble carácter de religioso é histórico; monumento votivo por estar 

(1) Darán, cap. XXIL — Tezozomoc, cap. treinta y tres. M8. 

(2) Duran, cap. XXUI. — ^Esta piedra no es la que actualmente se encuentra en «1 
patio del Museo Nacional, supuesto estar ya determinado que aquel es el Ouauhxi* 
calli de Tizoo. Del de Motecuhzoma, escribe Duran, ''que se sacó del lugar donde 
"agorase edifica la iglesia mayor, y está á la puerta del perdón. Dicen que la quie- 
''ren para hacer della una pila del bautismo santo.'* Gap. XXII, háoia el fin. 



313 

consafp^do al sol, era al mismo tiempo ana página de los anales de 
los méxica, el compendio de )as conquistas del monarca constrnctor. 

Terminada la piedra fuó colocada sobre un asiento de la altura 
de un hombre, con cuatro gradas, una á cada uno de los puntos car- 
dinales. Para el estreno se invitó é los reyes aliados, á los señores, 
de los países sometidos, recibiéndolos con la cortesanía j fausto en 
tales casos acostumbrados. Llegado el dia del sacrificio, Alotecuh- 
zoma se cubri6 el cuerpo de margajita n^ra, pintándose el rostro 
con humo de ocotl^ hasta quedar como negro atezado; púsose en la 
cabeza un adorno de joyas y plumas negras llamado xiuhhuatzalli; 
en la nariz el distintiTO yaeaxihuitl; una especie de estola del hom- 
bro izquierdo al brazo derecho, de cuero rojo dorado, matemacatl; 
cactli 6 sandalias de cuero de tigre con piedras preciosas, mantas 
ricas á la espalda, labradas de esmeraldas, xiuhtlalpill%\ maxtlatl 
muy ancho y galano; cargando un vaso de piedra fina, yectecomatl^ 
lleno de picietl molido, para significar ser al mismo tiempo rey y 
sacerdote; empuñaba el cuchillo de pedernal para el sacriñcio. (1) 

Colocados en la piedra Motecuhzoma y el Tlacaelel, uno frente de 
otro, con otros dos sacríficadores, **vinieron luego los ministros del 
"sacrificio, que eran cinco, para las manos y pies y cabezas, y venían 
"todos embijados de almagra bástalos bragueros y ceñidores y dial- 
"máticas, trayan en las cabezas unas coronas de papel con unas ro- 
"delillas por remate, que les daba en medio de la frente, y en las 
"coronillas de las cabezas trayan unas plumas largas, atadas al 
"mismo cabello enhiestas, y en los pies unas cotaras comunes y ba- 
"ladíes, todo lo cual tenía su significación y misterio. Éstos baja- 
"ban y tomaban uno de los presos que estaban en renglón en el lu- 
"gar de las calavernas, y subíanlo al lugar dontje el rey estaba, y 
"encima de la piedra figura y semejanza del sol, echábanlo de es- 
"paldas y asíanle aquellos cinco ministros, uno de la una mano y el 
"otro de la otra, y el uno de un pié y el otro de otro, el quinto le 
"echaba una collera y teníanle que no se podJa menear. El rey al- 
"zaba el cuchillo y cortábale por el pecho: en abriéndolo, sacaba el 
"corazón y ofreciáselo al sol, con la mano alta, y en enfriándose, 
"echábalo en la pileta y tomaba de la sangre concia maoo y rociaba 
'hacia el sol. Desta manera mataba cuatro arreo y luego por la otra 

(i; Tezozomoo, cap. treinta y tres. MS. 

TOM. in.— 40 



314 

„parte venía Tlacaelel y i lamesmá manera mataba otros cuatro y 
"así andaban á veces de cuatro en cuatro hasta qué se acabaron loa 
"presos, todos los que trujeron^de la Mixtéca." (1) ' 

Al dia siguiente, para mayor solemnidad, hicieron la ñesta de 
NauhoUin los caballeros del sol. Llamibanse así porque su patrono 
era el sol, todos eran nobles y no admitían entre ellos más de á sUs 
pares: aunque; casados, tenían casa particular en el templo mayor, 
llamada Cuacuauhtejiinchan^ morada ó madriguem do las águilas, 
situada * 'donde agora edifican la iglesia mayor de México." Había 
ahí una imagen del sol pintada sobre lienzo, que se enseñaba al pue- 
blo cuatro veces al dia; la cuidaban sacerdotes particulares, quienes 
recibían las ofrendas y sacrificaban como en los demás teocalli. Dos 
fiestas principales tenían en honra del astro; las dos veces que al 
signo oUin tocaba en el orden sucesivo de los dias el número cuatro, 
formando el símbolo NauhoUin^ cuatro movimientos del sol. La 
primera era la más solemne. Ayunábase aquel dia con todo, rigor, 
pues ni á niños ni á enfermos se permitía tomar alimento. Cuando 
el luminar se encumbraba en mitad del cielo, tocaban los sacerdo- 
tes los caracoles y las bocinas, acudiendo en multitud el pueblo. 

Al sonido de aquellos instrumentos, "sacaban un indio de los pre- 
"sos en la guerra, muy acompañado y cercado de gente ilustre: traía 
*'las piern:is embijadas de unas rayas blancas y la media cara de co- 
**lorado, pegado sobre los cabellos un plumaje blanco: traía en la 
•*mano un báculo muy galano, con sus lazos y ataduras de cuero 
"enjertas en él algunas plumas; en la otra mano traía una rodela 
'*con cinco copos de algodón en ella; traía á cuestas una carguilla, 
"en la cual traía plumas de águila, y pedazos de almagre, y pedazos 
"de yeso, y humo de tea y papeles rayados con ule. De todas estas 
"niñerías hacían una carguilla, la cual sacaba aquel indio á cuestas, 
"y poníanle al pié de las gradas del templo, y allí en voz alta que 
"lo oía toda la gente que presente estaba, le decían: * 'Señor, lo que 
"os suplicauíos es, que vais ante nuestro dios el sol y que de nues- 
"tra parte le saludéis, y le digáis que sus hijos y caballeros y prin- 
"cipales que aquí quedan, le suplican se acuerde do ellos, y que 
"desde allá los favorezca, y que reciba este pequeño presente que le 
"enviamos, y daleeis este báculo para con que camine, y esta rodela . 

Cl) Dnrán, cap. XXirL— Tezozomoo, cap. treinta y tres. MS. 



315' 

ífpara su defensa, con todo lo que lleváis en esa carguilla." El indio, 
Voida la embajada, decía que le placía; y soltábanlo, y luego empe- 
''zaba é, subir por el templo arriba subiendo muy poco á poco, bar 
"ciendo tras cada escaloa^mucba demora, estándose parado un rato, 
"y. en subiendo otro parábase otro rato, según llevaba instruccíon,de 
**lo que babla de estar en cada escalón, y tamljien para denotar ^el 
Vcurso del solirse poco á poco haciendo su curso acá en la tierra, y 
"así tardaba en subir aquellaajgradas grande rato. En acabando que 
"las acababa de subir, íbase á la piedra que llamamos cuanhxiqalli 
"y subiase en ella, la cual dijimos que tenía en medio lus armas del 
"sol. Puesto allí, en voz alta, vuelto á la imagen del sol que estaba 
•'colgada en la pieza, encima de aquel altar, y de cuando en cuando 
•Volviéndose al verdadero sol, decía su embajada. En acabándola 
"de decir, subían por las cuatro escaleras que dije tenía esta piedra 
"para subirá ella, cuatro n^iinisfros del sacrificio, y quitábanle el bá- 
"culo y la rodela y la carga que traía, y á él tomaban de pies y ma- 
**nos, y subía el principal sacrificador con su cuchillo en la mano y 
"degollábalo, mandándole fuese con su mensaje al verdadero sol á 
"la otra vida, y escurríale la sangre en aquella pileta, la cual por 
"aquella canal que tenía se dei:ramaba delante de la cámara del sol, 
f'y el sol que estaba sentado en la piedra se henchía de aquella san- 
"gre. Acabada de s alir toda la sangre, luego le abrían por el pecho 
"y le sacaban el corazón, y con la mano alta se lo presentaban al sol 
"hasta que dejase de babear que se enfriaba, y así acababa la vida 
"el desventurado mensajero del soj." (1) 

Cuando se hacía el sacrificio sobre el Cuauhxicalli, para hacer 
desaparecer la sangre que enrojecía el sol, los sacerdotes sacaban un 
palo cubierto de plumas,, al cual estaba enroscada una serpiente de 
papel llamada 3ímhcoatl\ encendianla y daban una vuelta al rededor 
de la piedra incensándola^con el humo que despedía la sierpe, y des- 
pués la arrojaban ardiendo sobre la cara superior de la piedra: traían 
luego una gran manga también de papel, que ardía juntamente con 
la culebra hasta que se acababan y consumían, quedando la sangre 
reseca y tostada. (2) Acabado el sacrificio, los caballeros cuacuauh- 
tin hacían un gran areyto. (3) 

(1) Darán, segunda parte, cap. X. MS. 
(S) Duran, cap. XXIII. « 

(S) Areyto, areito. "Danza y cantar de los indios, en que se celebrababan las vio- 



316 

Terminadas Tas ñesfcas, fueron despedidos los huéspedes con gran- 
des presentes, marchando á sus tierras menos agradecidos á la mu- 
nificencia imperial, que espantados del culto sangriento de los mé- 
xicaí Coaixtlahuacan recibió un gobernador tenochca, llamado Cuauh- 
xochitl, encargado de recogerlos tributos. (1) 

Mientras personalmente Motecuhzoma ensanchaba su capital y la 
embellecía con teocalli y monumentos religiosos, sus tenientes ex- 
tendían á lo lejos los límites del imperio, exigiendo de los pueblos 
vencidos todo género de producciones de la tierra y de artefactos de 
la industria, con los cuales se enriquecía y prosperaba Tenochtitlan, 
Aquellas conquistas propagaban el culto sangriento de los móxica, 
así es que, por esta época, las naciones del Valle y algunas más allá 
mantenían gran número de sacerdotes, seguían el ritual de los te- 
nochca, entregándose á frecuentes sacrificios, si bien no con el lujo 
de sangre propio de México. En el reino de Texcoco era público es- 
te culto; pero Nezahualcoyotl lo veía con horror, y por su ejemplo é 
influjo no había cobrado grandes creces entre los aculhua. Aquel 
rey era filósofo; su claro entendimiento no hallaba verdad alguna 
en el lúgubre panteón azteca, descreído para los méxica, profesaba 
un deísmo simbólico, imposible de ser comprendido por sus aliado«, 
fuera de sazón para los tiempos que alcanzaba. 

Nezahualcoyotl, pues, dio otro rumbo á los adelantos de su pue- 
blo. Fuera del Hueitecpan ó palacios grandes, visto por los caste* 
llanos, y del palacio de su padre llamado Cillan, construyó diversas 
casas de recreación en Cuauhyacac, Tzinacanoztoc, Cozcacuauhco, 
Cuetachatltlan ó Tlateitec^ fuera de las de Acatetilco y Tepetzinoo. 
En todas ellas había bosques, jardines de plantas escogidas y raras 
traidas á veces de muy lejos, estanques, baños, y cuanto pudiera 
servir de solaz y contentamiento: cada una tenía señalados pueblos 
para su sosten y cultivo. La casa y bosque de Tetzcotzinco eran los 
más afamados, por el extenso acueducto construido para conducir 
el agua de las montañas, por las grandes y primorosas albercas, los 
baños escarbados en la roca viva, las piedras labradas y esculpidas 

tonas y proezas de eus antepasados, ya en los funerales, ya en las declaraciones de 
guerra y otros momentos solemnes. [Lenguas de Cuba y de Haití.]" Voces ameri- 
canas en Oviedo. — Es voz muy usada por nuestros historiadores antiguos. El Dio- 
oionario de Molina nos dice: "Danza ó baile, netoUlütUf macehualiHli, s, axejtoJ 

(1) Duran, cap. XX 11 1. — ^Tezozomoc, cap. treinta y tres, MS. 



I' 



317 

con la historia del rey, sus armas y otros emblemas^ los árboles y 
plantas eran de variadas y raras especies, poblado el bosque de íddu- 
merables pájaros pintados ó cantores, sin otros muchos en jaulas: 
yeianse igualmente venados, liebres, conejos y animales de caza. En 
la parte baja, formado en la roca, estaba un león emplumado y con 
alas, de dos brazas de largo, por cuya boca asomaba un rostro, retra- 
to del rey. (1) Las esculturas y relieves fueron mandados destruir 
por el Sn Zumárraga, después de la Conquista, no quedando de tan 
t^ maravilla sino pocos restos. 

Nezahualcoyotl lograba de multitud de concubinas, que ten (a es- 
parcidas por sus palacios y casas de recreación; pero faltábale una 
mujer legítima y con ella un heredero al tronó, pues era ley en 
Acolhuacan que no podían suceder los hijos bastardea, (2) Algunos 
años antes, sin saberse cuántos porque no lo precisan los cronistas, 
queriendo tomar esposa legítima de las casas de Buexotla 6 de 
Coatlichan, las más nobles y antiguas del reino, no epcontró más 
de una nifía de la casa real de Coatlichan, y si bien quedó concertado el 
casamiento, la prometida era tan pequeña, que para educarla hasta 
edad provecta, fué puesta al cuidado del anciano Cu^tlehuatzin 
hermano del monarca. Murió el tutor pasados afios, entrando á su- 
cederle en el señorío su hijo Ixhuetzcatocatzin; el trato con la don- 
cella, aun cuando no ignorase á quién estaba destinada, le determir 
nó á amarla y tomarla por esposa. Recordó Nezahualcoyotl & su 
prometida, & quien tal vez había olvidado distraído por los negOr 
cios, y exigió á Ixhuetzcatocatzin se la entregara; él respondió estar 
dispuesto, á sufrir la pena que se le impusiera, inas . era imposible 
entregar á la dama porque ya era su esposa. Irritado el rey^ entregó 
álos tribunales al guardador infiel, siguiósele causa, did sus descargos, 
j los jueces le declararon libre, pqniéndqle ademán en libertad. (3) 

Tamaña contrariedad, para hombre á quien mimaba en sus gustos 
la fortuna,'le hizo caer en profunda me]ancólía; vagaba sólo por los 
pampos, distraído, descuidando de compr y descansar. En una de 
aquellas escuifsiQnes, llegó al pueblo de Tepeclipán^ eu dón^a el i^ñctr 
Cuácuauhtzin le recibió coh agasajo, le sirvió de comer; y para más 
agradarle, Sispuso le sirviera la mesa una hermosa doncella llar 

(1) IztUkoehití, BkL Ohioliim. oap. 42. MS. 

(2) TorquemádA, Kb. H, cap.* XLV. 

(8; Ixtlilxoohití, mst. Chlchiin, cap. 48. M8. 



3118 

mada Azcalxochitzín, mexicana de origen, hija del infante Temic- 
tzin. Linda joven do diez y siete años, la había recibido Cuacuauh- 
tzin desde los siete de edad, y habiéndola tratado como hija q,ue no 
como esposa, intacta estaba todavía. Con aquella vista olvidó el rey 
su profunda tristeza; tornando á su palacio curado del pasado mal, 
si bien llagado el corazón con aquel nuevo y encendido amor. Pen- 
samiento velador y constante se hizo ía posesión de Azcalxocbitl, 
que irrealizable por medio lícito, hizo caer al monarca en el crimen. 
Dio orden á Cuacuaühtziií de ir á mandar las tropas deatinadaa á 
una expedición contra Tlaxcalla. y llamando á. dos capitanes, de 
su confianza les dijo: que siendo el anciano reo de grave falta, por 
cariño que le tenía', en vez de imponerle castigo público prefería 
fuese muerto en la guerra, por lo cual le pondrían en lugar peligro- 
so para abandonarle á los enemigos. La honra inusitada concedida 
á Cuacuauhtzin le Ilaínó la atención, previo su suerte, y en el con- 
vite de despedida dado á sus amigos, cant6 unos cantarares lasti- 
meros por él compuestos, despidiéndose de la vida. Fiel vasallo, 
marchó al combate, y allá eú poder de los tlaxcaltecas qi;edó para 
ser sacrificado á Camaxtle. , . / • 
' Hecha pública la noticia de la muerte de. Cuacuauhtzin, el éna? 
moradp Nezahualcoyotl envió una vieja coii recado para la viuda, 
di«iéndole: que dolido de su mala ventura y siendo ella su parLen- 
ta, quería tomarla por esposa. ú fin de reparar el daño que le babí^ 
hecho la fortuna: contestó Azcalxocbitl, estar dispuesta á la volun- 
tad de 3U señor. Por arte del rey fué trasladada unía gran piedra de 
Chicuhnahutla á Tetztcotzinco, ,y entre la curiosa multitud iba la 
joven, tjomo mirando, acompañada de la'víeja tnensajeraj Nezahual- 
•cóyotl, ftpgiendo, estrañeza, preguntó á. sus' cortesanos r quiéA fuera 
aquella perdona, é infofrniado de ser la yiucla de Cüácuahtzin y pri- 
m^ suya, la hizo traer á palacio,, la aposentó y después de tra^cu- 
rridor "^ ^•'^" ^ "* ^ '■^^ ^- ^ — ^ 

P9V ,. . , , , 

reina de los ácolhua. NoW Torquémada ser esté caso semejante 

de David con Bersaío^. mujef de Uríás, y' en. verdad aiLe el mo- 

nacca texcópano tiene jnás de un punto de contacto con,, el rey be- 

breo. (1) 

*•'' t' •lililí '"' 

(1) Seguimos la versión de IxtlilzochiU, Histi. X!:bicUii|^, f^..j43. Tor(;yü^auda 
lib. II, cap. XLV, refiere id^nticameiUa la misma histofia,, ^^n^ue oon aambiedo, 



ai9 

Dicese que en est^ bodas, oelebradas con regia magnificencia en 
el Hueitcpapi con asistencia de Motecuhzoma, Tdtoquihuatziq y 
los cortesanos de Texcoco, Nezahualcoyotl hi^o pantar á los músi- 
cos la célebre oda por él comppesta» qne en mexicano comienza: 
'X.ochitl mamani in ahutchuHÍiílan. Inspiración tal vez del re- 
mordimiento, el rey poeta con^para la vida á una flor que presto se 
marchita, y recuerda la pujanza y ql poderío del rey Tozozomoc, 
que como 4rboJ ^^ondosa sq ^Izó sobre la yerba de los, campos, para 
ser decribado po?;,^l,liuD^caB de la muert^ij quedando «eco,. y careo» 
mido. (1) . . í r ,1; , f :. , . 

^ezahualcoyotl recibió castigo por su, falta. Azcalxochí ti le dio 
un hijo^ á quien pusieron pqi^ nombre Tetzauhpilzintli; agraciado, 
vivo, ^ptpligente desd^ niífO., ;^e hacía notar jpoí;. sus adelantos^ 
mostrando un ánimo levantado para las cosas de guerra.* Era el 
amop (Je su padre y la^ , esperanza del reinp,'y por eso era, mal que- 
rido íde la cpncubina predilecta 4^1 rey, quien veía en el mancebo 
un estorbo pg.ra que sus hijos, subieran al trono. Un hijo de ésta, 
noTubr^do, Huetzin, labró una joya primorosa p^ra Nezahualcoyotl, 
quien por carífio. la regaló á Tetzaubpiltziptli por mano de Hey^ 
huc, herraanode Huetzin; el príncipe al" recibirla expregó» ser her- 
mosi^ la joya, aunque mejor esta|:ía que ^1 artífice se dedicara á las 
cosaíí do guenqf^, con lo cual serían m^ejor servidos el rey y^la patria. 
Por C9psejo ,de la concubina fueron tergiversadas aquellas palabras, 
placiéndola^ aparecer como amenaza, de. alzarse^ con el reinq, dándo- 
se color á\a calumnia con las. aranas en cantidad oon que el príocipe 
adornaba ^u palacio. .ResÍ3trióse, á proemio Nezahualcoyotl, mas tan- 
to pudierpnl^s c^rt^es y tai^ vez Ip^ .ha^agp^^ (^e la concubina, que pf^ 
rajuzj^ al in&nte nombró por ju^es á l^tecuhzoma y Totoqui-* 
huatzjn, fetii¡^dose^él á '^etzcotzii^cq á [espe^rja sentQnci^. Los 
reyes alja4Q8,yípierpp á T9:?f:(5QCp, practic^ón .^ecretAHiente 1^ ia* 
fpr^j5Íones,[y.^^fp.du^,8^de|^i;pn.co^^ eix las.redep de la concuhi- 

bra Matlaleihuatzin á la donccÜa, hapiéadóla hija, de .Totoquihu^tziiL f^fior de TlAf i 

¿¿ti.» I li lei-j íinf^J ^TffHi i4i^ ••; l.ir'íM • I> ^.; .. *r .-Mp»*' <;. ..r 

(1) Una tradaooion, que ee dice ser de IxÜilxoohitl, se encuentra en el 2¿ toI. de 
la coleo, de MSS. del Archivo generaLl Waié tüi^iett^íOóoiuifteitoá. paradla aletoria 
de Mádoo. Tercera sirle. Tom. I, pág. 28^. ^^ , j ,f-, . - ^ , .^ rí 






320 

con alguDos capitanes, y con pretexto de ponerle al cuello un sar- 
tal de rosas, le hicieron estrangular. Vestido el cadáver con las in- 
signias reales, fué colocado en ún salón, sobre un suntuoso estrado: 
los jueces dejaron dicho haber cumplido estrictamente con la ley, 
retirándose luego camino de sus ciudades. Nezahualcoyotl lloró 
mucho la muerte de su único heredero, permaneciendo retraído por 
muchos dias en Tetzcotzinco. (1) 

El corazón lacerado busca refugio y consuelo en Dios. El infe- 
liz monarca, por consejo de los principales de la corte, se entregó á 
las prácticas del culto de los méxica, sacrificando profusamente 
víctimas humanas, siendo parte su ejemplo para que se extendiera 
más por el reino aquella bárbara coistumbre. Pronto se disgustó de 
la sangre, ningún alivio le dieron aquellas dioses sordos y ciegos, y 
su claro entendimiento se volvió á aquel Dios increado, para él des- 
conocido, á quien adoraba de antemano. Volvió de nuevo á Tetz- 
cotzinco, ayunó cuarenta dias, hacía oración al salir y ponerse el sol, 
al medio dia y á la media noche, componiendo más de sesenta can- 
tares en loor del Dios ignoto, "que el dia de hoy se guardan, de mu- 
"cha moralidad y sentencias, y con muy sublimes nombres y renom- 
"bres propios á él.*' (2) 

A este Dios incógnito "edificó un templo muy suntuoso, frontero 
"y opuesto al templo mayor de Huitzilopochtli, el cual demás de 
'^tener cuatro descansos el Cu y fundamento de una torre altísima, 
"que estaba edificada sobre él con nueve sobrados, que significaban 
"nueve cielos, el décimo, que servía de remate á los otros nueve so- 
mbrados, era por la parte de afuera matizado de negro y estrellado, 
'*por la parte interior eátaba todo engnstado de oro, pedrería y pla- 
smas preciosas, colocando al Dios referido y no conocido ni visto 
"hasta entonces, sin ninguna estatua ni forma su figura. El chapí* 
*Hel referido casi remataba en tt^es puntas, y en el noveno sobra- 
ndo estaba un instrumento Hamado ChiliKtK. de donde tomó nom- 
%re esté^emplo y totre, y en él asimísino otrott hisrtrumentos mn- 
^sicales cómo eran las cornetas, flautas, caracoles y un artesón de 
"metal que llamaban Dstzilactíil^ que servía de ^mpana^ qne con 
"un martilló así mismo de metal le tafilan, y tenía casi el mismo 

■i ' ' • • '•■■''' I 

(1) IitUlxoohitl, Hirt. (Mefain. 014^. 44. lia 

(2) IzaUxoobiú, Hist. COiiobinL oap. 4e. 



'^sonido de nna campana; y uno á maoera da atambor, que es el 
^'inatramento con que hacen las danzas, muy grande; éste, los 
"demÉis y en especial el llamado chilüUli tocabim caatro veces ca- 
'^ dia natural, que era á las horas que atrás queda referido que el 
"rey oraba." (1) 

XI técpactl 1464. Mejoraron los días para Nezahualcoyotl: avan- 
zado en edad y tras muchos años de esterilidad de su esposa Azcal* 
Xóchitl, tuvo al fin el gusto de lograr un heredero, viniendo al 
mundo Nezahualpilli. (2) 

Hubo 'calores exesivos que agostaron las plantas, y un fuerte hu- 
racán que derribó los árboles; ambos fenómenos produjeron escasez 
de víveres. (3) 

"En este año se rebelaron Cuetlaxtla y las provincias del gdfo. 
Fueron á verlos los señores de Tlaxcalla, entre ellos Xicotencatl, y 
estando con los señores de Cuetlaxtla, se dolieron de que los méxi- 
ca les hubieran hecho tributarios, aconsejándoles sacudieran el yu- 
go, para lo cual les ofrecían ayudarles con todo su poder. Los in- 
cautos, olvidando que la vez pasada los tlaxcalteca habían faltado 
á su palabra, admitieron el pérfido consejo; dieron muerte al gober- 
nador tenochca, recogiendo los objetos destinados al tributo, que 
dieron á los consejeros, quienes tornaron á su tierra ricos y satis- 
fechos. Pasados dias y no llegando á México el gobernador, envió 
Moteeuhzoma algunos mensajeros para exigir el tributo; llegados á 
Cuetlaxtla ftaeron recibidos con todo comedimiento, mas cuando es- 
tuvieron encerrados en un aposento, les asfixiaron con humo de chü- 



(1) Iztlilxochitl, Hist., Ohichim. cap. 45. MS. 

(2) Anates de CuauhtíÜan. MS.— Iztlilxóchitl, cap. 40, fija el nacimiento do este 
ptúxcApé él dia PiofléóllU ornóme ÓoaÜ, ootavo dd déeimo qtÚQto mes Uamftdo Atemos- 
tUy fi|^a ala ettenta del'antc^ eocveaponde á primero de Enero 1465, Nadi opon^mo$ 
opntra lAesaotítud de .esta cprre8|Kmdenoiai por ignorar el sistema texoocano segoír 
do por IxtUIzochiÜ; eh nuestro sistema» el, mes de $nero corresponde t<)davia á 1464. 

(9) Anales de CuauhtitlaaL MS.— Anales tepanecas. K» 6. MS.— **Huraean: vien- 
"io impetuosísimo, torbellino de vientos encontrados, que girando en todas direc- 
««dones eon igual fuerza» arrasa edíflcios, desencaja árboles y rocas^ «amenazando 
««con entera destrucción y ruina. Oon frecuencia aparecen aoompafiados de copiosas 
'lluvias. Loe indios de Haití pronunciaron ./urtSoffn y hojjuracan, como en algunas 
''de nuestras provincias meridionales. (Lengua de Haití)"^ Vocev teeriéaxas^ en 
9viédo, y4^ase Oasas^ Hist. ApokigétiM, cap. XXXYI, alíin. UáBMte taiátlén i es- 
te fendmeno atmosíéricot tornadq^yvoiolovaf \ 

Tox. m«— 41 



322 

H, Los cuetlaxteca tomaron los cadáveres, por la parte inferior les 
sacaron los intestinos que les revolvieron por la garganta, los hin- 
chieron de paja, pusiéronles ricos vestidos, les sentaron en distin- 
guidos asientos, y poniéndoles delante comida, les decían: *^Comed, 
"señores nuestros y holgaos: catad aquí comida y bebida y fruta y 
^^suchiles. (1) ¿qué más queréis? Comed; cómo, ¿no coméis? En- 
"tónces Tepetecuhtli viendo que no comían dijo: ¿Cómo no comeiit 
'^debéis de estar enojados: echadlos por ahí; y así los tomaron y los 
"echaron á las aves y bestias." (2) Los rebeldes participaron el 
hecho á los tlaxcalteca, quienes respondieron estar aquello bien eje- 
cutado, y quedaban disponiendo sus guerreros para cuando fuera 
ocasión. 

Trajo á Tenochtitlan la infausta nueva un pasajero de Tepeya- 
cac. Inmediatamente convocó Motecuhzoma á los reyes aliados, pi- 
diéronse los contingentes á los pueblos sometidos, saliendo á la ven- 
ganza un poderoso ejército. Los pueblos de la costa, poco acostum- 
brados á los ejercicios de la guerra, fueron pronto desbaratados: en 
el furor del combate los macehuales^ (3) soltaron las armas pidien- 
do ser escuchados; oidos por los jefes méxica, dijeron, no ser ellos 
responsables de- la acción cometida, sino sus señores Tepetecuhtli 
y Atonaltenctli, incitados por los tlaxcalteca: los tenochca respondie- 
ron, está bien, os. perdonamos, pagaréis doblado tributo y os apode- 
ráis de vuestros señores, para que sean castigados según disponga el 
emperador». Aceptado el convenio, los vencedores tomaron á Te* 
nochtitlan, en donde fueron recibidos con los honores del triunfo. 
Motecuhzoma dio recompensas á los guerreros distinguidos, siendo 
una de ellas, recibir por esclavos á los prisioneros, pues solo pocos 
fueron sacrificados á los dioses. En cuanto á Tepetecuhtli y Ato- 
naltenctli, fueron aprisionados por sus subditos, aunque después los 
dejaron libres y en su gobierno; pero Motecuhzoma los sentenció á ser 
degollados por su rebelión, sentencia que fueron á ejecutar el Cuanh- 
nochtli y el Tlilancalqui: los cuetlaxteca eligieron nuevos seftores, 

(1) Buchüe$, ramilletes: se presentaban á los señores y superiores en seflal de res* 
peto. 

(3) P. Dulrán, cap. XXIV. 

i^) MúcéhualUivuSlio. DábatfdeiteiiMnhreálagMiieiiieiiadade 1m ciudadety 
de los pnel^lofl, pecheros^ en oontraposioion éb hoMm* 



323 

sujetos al gobernador méxioa. Los fementidas' tlaxoalteca, no pa- 
recieron eon poco ni con mucho aoxilio. (1) 

XII calli 1466. Los Códices Telleriano-Rem'ense ' y YatioanOy 
colocan en este afio un combate con Cozcatlan, acerca del cual no 
encontramos pormenores. El intérprete del Telleriano no ya de 
acuerdo con las pintüraR, pues escribe: ''Afio de 12 Casas y de 1465| 
"yendo la prorincia de Chalco á dar guerra á la provincia de Tlaa- 
"calla y Guaxoxingo (sic,) TÍnierón los mexicanos por las espaldas y 
"se señorearon á^ la provincia, la cual quedó sujeta á les mexicanof 
"desde este afio. Dicen todos los viejos, que desde este afio 1466, 
"en que fué esta guerra entre Mexicanos y Ckaloos, usaron sacrifi* 
l'car hombres tomados en la guerra, porque hasta aquí, no sacrifioa- 
"ban sino animales y á los hombres los sacaban; sangre de sus cuer^ 
"pos.^^ No es exacto que en este afio quedara sujeta i México la 
provincia de Chalco, lii mucho menos que con este motivo comenza- 
tan los sacrificios humanos en Tenochtitlan: tal vez quiera dociri 
que la práctica de los sacrificios en Chalco, tuvo principio en este 
afio, lo cual no aparece tampoco verdadero. 

A principios del afio, murió el sefior de Chalco llamado Tlaltzin- 
teuhtiií "con su muerte cesó la guerra ohalquefia en AmequemecaOi 
"y desde entonces no tuvieron á ningún jefe en el gobierno, é iban 
"á pagar su tributo á Tlaltecahnacan. Algunos aseguran que ea 
"este mismo afio, se destruyeron los de Huexotla.'' (2) 

"En este afio comenzó el Coatequitl (3) en México Tenochtitlañi 
"para reparar el cafio del agua y meterla de CSiapoltepec á México, 
''en tiempo en que aún estaba gobernando Motecuhzoma Ilhuica* 
"mina, quien recibió el consejo paia tal empreiBa del gran Nezahiial* 
"coyotl" (4) ' 

Los chalca fuenm empleados en la construcción del acueducto^ f 
en fabricar grandes edificios en México, Texooco y Tlaoopan, ha- 
ciéndoles acarrear los materiales; los trabajos fueron tan escesívofl, 
que hasta las mujeres fueron compelidas á tomar parte en la labor. 
Faltaron brazos para cultivar la tierra, de lo oijial resultó haixdi»e en 

(1) Dtáa, oap. XXIV.^TCMK>]nooi oa^. 34 y 85. lIS. 

(2) Anales de Ciumhtitlaa. MS. 
(8) Obra piiblica 6 de oommiidad, 
(4) Analea de Ouaahtiflan. MS. 



- • .» j 



324 

la proTÍDcia de Chaloo: familias ei^t^ras tuvieron qne abandonar 
BUS hogares buscando reftigio, príneipalmei^te eit.Texcoco, en door 
do Nezabualcoyotl hizo labrar ííhozoB para albergarloa, distril^^yén- 
dolés pródigamente reistidos j aliment09* (1) 

Hacia este tiempo la. ciudad de Teíiochtitlan, estaba en gran opn^ 
leñcia. Sin prodüeir casi nada de por si, recibía profusamente de 
loa pueblos Vencidoe duanto hab/a menester, ya para su oomodi4iMÍ, 
ja para recreación j lujo. Toda dase de mantenimientos en semi* 
Uas, frutas, carnes 7 pesoadoa; vestidos ricos para el rey, de meaos 
importe para los nobles, másónlénos finos para las clases inferio- 
res, é ínfimos para los esclavos^ y de todo así para hombres coma 
para nrajeres; oro, plata, plumas, piedras preciosas, joyas de valia;, 
pieles curtidas y al pelo, de los cuadrúpedos conocidos; aves y ani- 
males vivos, llevando la idea de ser dueños de todo lo existente,^ 
hasta exigir culebra» ponzoñosas y no ponzoñosas, vivas y mansaa, 
y traídas en ollas, cientopies, alacranes, ara!^ y otras muchas sa- 
bandijas; loza y vasos de diversas formas, comunes 6 pintadas; pa- 
pel, colores, flores y plantas aromáticas; piedra, cal, madera y otroa 
saateriales d^ construcción; en fin, cuanto la natjuraleza producía, 
el capricho podia inventar^ ó aquella industria podía producir. (2) 
En la parte administrativa, Motecuhzoma instituyó tribunales pja- 
ra la administración de justicia; fundó en los barrios escuelas y se- 
minarios para que los jóvenes fuesen educados en las prácticas reli- 
giosas, recogimiento y buenas i^ostumbre^, hacióndolos trabajar de 
oontiiuio y aprender la escritura, la historia y denias conocimijentos 
eivilee; dio grandes privilegios y exenciones al cuerpo de sacerdo|^Sy 
p(»iiend& empeño ién la jñrecdencia y ostentaeion del culto; publicó 
leyes contra los criminales, verdaderamente duras contrai lad|rpnesy 
%d4lterós. Mayor cuidado puso en las disposiclopes suntuarias, pues 
taníc^n por objeto separar profundamente A mobles y p^cherojs^ basta 
^r. á los primeros la respetabflklild de los dieses. El emperador qa 
pcNfia salir ^n públtco* sino á ct)6sae necesarias y forzos^s,>sus ve^i49« 
6ÍQfligiiÍAS eraneéló parsi él; y.peda^.l^:yida, j^inguno podía usar^ 
los semejantes: los nobles, los guerreros, los sacerdotes, los plebeyos, 
tenían prescritos sus tirajes, y adornos^ oomprendidos el color y la 

(1) IztlUxoobitl, hi8t Ohichim, oap^ 46. MS. 

(2) P. Pnrán, oap. XXV.— Tezocomoo, oap. treinta 7 seis. M8. 



r 



386 

hechura, sin que con pena de muerte, ningtiho pudíera^panerise lo 
^ue no le correepondíá. Sólo el rey y el CiKuaooatl podían ^tar cad- 
2ado8 dentro de palacio; los nobles trafon eattdalias por la ¿iadád; 
le permitía á los valiente^ traer el cactlí de nequen, mientras la'da- 
maa gente iba con e^. pié desnudo. S6lo los'grandes y sefiores valien- 
tes podían edificar casas ele altos y poner ciertos techos pufitís^a- 
do8 á uso de chic^imeca. Cada clase tenía demarcados los adomotr. 
y peinado de la cabeza, opejas, pecho, brazos y piernas, con sujeción 
3l material y figura á cada clase correspondiente. El intento pnnci-» 
pal era la separación de las clases. (1) 

Estando Motecuhzoma en tanta majestad, quiso enviar mensaje- 
ros á ver el lugar de donde, los méxica habían salido. Llamado el 
anciano primer sacerdote Cuauhcoatl para que dijese lo que en la 
materia sabía, respondió que sus antepasados habían morado en ''un 
^'fclióe y dichoso lugar que llamaron Aztlan, que quiere decir blan- 
"cura: en este lugar hay un gr^n cerro, en medio del i^a, que Ua^ 
^^maban Culhuacan, potque tiene la punta algo retuerta hacia aba^ 
**jo, y á esta causa se llama Culhuacan, que quiere decir cerro tuéiv 
^^. En este cerro había unas bodas 6 cuevas ó concavidades donde 
^^habitaron nuestros padres y abuelos por muchos aftos: allí tuvieron 
^'mucho descanso debajo de este nombre Mexiiiny Azteca^ A^a 
exploración del lugar marcharon los principales hechiceros y nigro* 
mantés, hicieron sus conjuros y evocaciones, trasformándose qn di- 
versos animales, logrando en esta forma llegar hasta la orilla del la- 
go de Culhuacan, en donde recobraron la figura hun^ana. Entonces 
vieron gentes andar por el agua en canoas; hablaron con ellos, des- 
cubriendo ser de su mismo idioma, y sabiendo el intento que traían 
y los presentes de que eran portadores para Coatí icue, madre de 
Huitzilopochtli, los pasaron en sus barcas hasta ponerlos en el cerro 
central. Recibidos por un anciano, ayo de Coatlicuo, subiendo él 
cerro arriba, como en la parte superior todo es arena menuda, lóf 
mensajeros quedaron hundidos hasta la cintura, mientras el anciano 
subía y bajaba con la mayor soltura. Siéndoles imposible segnir 
adelante, entregaron los presentes que llevaban, saliendo una lúa- 
jer á v^los, vieja, fea fuera de ponderación, el rostro llenó de suoie^ 
dad y negro, la cual llorando, entre otras razones les dijo^ ser ella 

(%) P. Darán, oap. XXVI. 



320 

Coatlioae, madre de Haitzilopoohtli; tenia muy grandes (fiejas de 
su hijo ^'7 de cómo lo esperaba 7 lo que le dejó dicho, que en cum- 
**pliéndose cierto tiempo habj(a de ser echado desta tierra, 7 que se 
^^había de volver á aquel lugar, porque la mesma orden que había 
''de sujetar las naciones, por esa mesma orden le había^ de ser qui- 
''tadas 7 privado del dominio 7 señorío que sobre ellas tenia." (1) 
De estas relaciones fabulosas se encuentran en la historia de todos 
los pueblos, 7 como dice el Sr. D. Fernando Ramírez: ^ 'Ellas son de 
grande interés para el estudio filosófico, porque conducen al conoci- 
miento del estado intelectual 7 moral de la nación que las profesa 
como creencia." 

Vueltos los exploradores*á México 7 dada su relación á Motecuh* 
zoma, preocupóse con las noticias que le traían, 7 deseando saber 
cuáles serian las gentes que contra ellos prevalecerían; '^mitando 7 re- 
"volviendo sus antigüedetdes 7 escrituras 7 profecías, hallaron que 
''ciertos hijos-del sol habían de venir de Oriente á echar de la tierra 
"á su dios 7 á ellos destruillos." (2) Se comprende bien; aquella re- 
lación apócrifa no fué más que la envoltura fantástica con que el 
vulgo revistió lá antigua idea que le inquietaba: la profecía de Clue- 
tzalcoatl prometiendo la venida de los hombres blancos 7 barbados. 

La preocupación debía ser general en aquella época, pues cuando 
la fortuna parecía sonreír al re7 filósofo Nezahualcoyotl, descubri- 
mos que le roía el corazón una secreta inquietud por la suerte futu- 
ra de su pueblo; algunas de sus poesías respiran melancolía, por el 
recuerdo de las predicciones de otro tiempo. En el Xompancuicatl, 
canto de primavera, dice: **Oid lo que dice el re7 Nezahualc07otzin 
'*en sus lamentaciones sobre las calamidades 7 persecuciones que 
'han de padecer sus reinos 7 señoríos. Ido que seas de ésta preaen- 
"te vida ala otra, |ohre7 Yo7ontzinI vendrá tiempo que serán dese- 
'*chos 7 destruidos tus vasallos, quedando todas tus cosas en las ti- 
"nieblas del olvido: entonces de verdad no estará en tus manos el 
"señorío 7 mando, sino en la de Dios." En otro c^into se expresó: 
'^Bntónces serán las aflicciones, las miserias 7 persecuciones que 
"padecerán tus hijos 7 nietos, 7 llorosos se acordarán de tí, viendo 
"que los dejaste huérfa^nos en servicio de otros extraños en su mifh 

(1) P. Duran, cap. XXVII. 

(2) P. Duran, cap. XXVIIL 



'^ma patria Acolhuacan; porque en esto Tienen á parar los mandos, 
*^períos y señoríos, que duran poco y son de poca estabilidad. Lo 
*'de esta vida es prestado, que en un instante lo hemos de dejar, co- 
"mp otros lo han dejado; pues los señores Cihuapatzin, Acolhnahua- 
"catziñ y Cuauhthontezoma, que siempre te acompañaban, ya no 
"los ves en estos breves gustos." (1) 

XIII tochtli 1456. '^Tuvo el mayor placer el gran Nezahualco- 
"yotl de ir á conducir y meter el agua de Chapultepec á México Te- 
"nochtitlan, acompañándolo con mucha solemnidad y regocijo los de 
"Tepeyacac, que iban sirviendo de directores. Cesó entonces el tra- 
"bajo que tenían los de la ciudad de ir por agua buena y saludable 
**á Atlicuihuayan. Se dice que este mismo año, aunque no gobema* 
"ba todavía Axayacatl, echó éste de sus posesiones á los de Tepe- 
*'yacac, al tiempo que Xochioozcatl gobernaba en Cuauhtitlan." (2) 
' Sin que podamos fijar la fecha, Motecuhzoma envió mensajeros 
á los habitantes de Coatzacoalco pidiéndoles oro en polvo, conchasi 
caracoles y produc tos de sus mercados; diéronlos de buena voluntad 
mas al pasar los en nados y mercaderes por las tierras de Huaxya- 
cac, (Oaxaca), en la población llamada Mictlan, les salieron los mix- 
teca, los robaron y mataron, dejando los cadáveres fuera del camino 
para ser devorados por las auras. Unos tratantes de Amecameca; 
dieron la noticia en México al emperador, quien difirió la venganza 
hasta la reedificación del teocalli mayor, á cuyo estreno dedicaba los 
prisioneros. 

En efecto, el incansable y religioso Motecuhzoma estaba ocupado 
en construir de nuevo el templo de Huitzilopochtli. Derribado el 
antiguo de tres escaleras, se puso mano á otro en la forma que de- 
finitivamente tuvo. Según las noticias de los cronistas, tenia la base 
de largo ciento veinticinco brazas por noventa de ancho, siendo la 
altura de la obra veinte brazas; la cara principal quedaba al Sur; 
con una sola escalera de ciento veinte escalones. Nezahualcoyotl con 
sus subditos quedó encargado de construir el frente; Totoqnihuatzin 
con los tepaneca tuvieron el lado opuesto; los de Cbalco fabricarían 
el lado derechíj, y los de Xochimilco el izquierdo: los demás pueblos 
del Valle y de la Tierra Caliente acudirían con cal, arena, piedras 

• 

(1) IxÜilxochitl. Hist. Chichim. cap. 47. MS. 

(2) Axiales de Caauhtitlan, MS. 



328 

labradas y cuanto más se les pidiera. Distribuido el trabajo, Mote- 
cubzoma»d¡6 grandes regalos á los señores, prooediéndose inmediata- 
mente á la labor. (1) 

Comenzóss el día ce tecpatl. El terreno fué estacado sólidamente y 
se puso encima una capa de argamasa; en aquel cimiento se colocaron 
polvo de oro y piedras preciosas» dadas por nobles y pecheros como 
ofrendas al dios; después se impuso la obligación á las ciudades, que 
por turno traían joyas y metales preciosos para poner entre la mezcla á 
cada braza de altura. "Concluido el edificio en ciento y veinte gra- 
ndes (gradas de la escalera), de alto, pareciéndoles que bastaba, edi- 
"ficaron sobre lo alto la cuadra donde había de estar la imagen del 
"Ídolo, toda edificada de grandes estatuas de piedra y de bestiones 
"de diferentes figuras y maneras, las cuales servían de lumbrales, 
"esquinas y remates, todas puestas á fin y contemplación de ciertas 
"supersticiones, porque á unos llamaban ichnicatzitquique^ (2) que 
"quiere decir, los que tenían el cielo, que estaban puestos de suerte 
"que parecía que toda la cuadra estribaba sobre ellos: á otros llama- 
"ban petlancontzitzquique^ (3) que quiere decir, los que tenían los 
"vasos y insignias divinas, que eran unas mangas de plumas muy 
"ricas, que eran como mangas de cruz y eran como guiones 6 mues- 
"tras de que aquel templo era de Huitzilopochtli. Los que quisieren 
"ver estas estatuas y bestiones, en las casas reales las verán fijadas 
"por aquellas esquinas. (4) 

Ya que la obra iba á su fin, se pregonó la guerra entre señores 
aliados y sometidos contra los bárbaros de Huaxyacac. Marchó con- 
siderable ejército, el cual asaltó con tanta furia la ciudad, que en 
breve quedó tomada: en balde pidieron merced los vencidos, la ór- . 
den» del emperador era la destrucción completa de la puebla y asi 
fué cumplida; quedaron los teocalli quemados y destruidos; derriba- 
das y saqueadas las casas; frutales y sementeras talados; la pobla- 
ción pasada á cuchillo, fuera de los hombres hechos prisioneros para 
el sacrificio; en yermo quedó convertida la ciudad, pues ni los ani- 
males fueron perdonados. El ejército, á la vuelta, fué recibido en 

(1) Duran, cap. XXVIII.— Tezozomoo, cap. treinta y siete, MS. 

(2) Tezozomoc escribe acertadamente ' Ttzitziinime é lüitucatzUdquique^ ángeles 
de aire sostenedores del délo." 

(8) Tezozomoc, 'Tetlacotzitzqoique, tenedores del tapete de oafla.** 
(4) Duran, cap. XXVIH. 



329 

México con los honores del triunfo; los cautivoe entraron dando gran- 
des alaridos, haciendo el saludo de costumbre al dios j al empera- 
dor. No todos los presos fueron por entonces sacríflcadoSf porque el 
*templo no estaba terminado; faltaba la piedra puntiaguda para el 
srcrificio, varios de los adornos y *'el espejo xelambrante que ha de 
representar al sol." (1) Tan grande fué el estrago, que para repoblar 
¿ Huaxyacac, envió Motecuhzoma una colonia de méxica, tepaneca 
y aculhua, al mando de Atlazol, hijo de Ocelopan, en calidad de go- 
bernador 6 virey. (2) 

Hacia esta época Nezahualcoyotl ensanchó los lindes de los bos* 
ques, hasta entonces fijados con pena de la vida á quien los traspa- 
sara. La causa fué ésta. Andando una vez disfrazado en hábito de 
cazador, encontró á un niño miserable que atidaba recogiendo los 
palitos caidos por el suelo. ¿Por qué no entras, le dijo, la montaña 
adentro? ahí hay mucha leña seca que podrás llevar. — No pienso ha- 
cer tal cosa, respondió el rapaz, porque el rey me quitaría la vida. 
— ¿Quién es el rey? pregimtó Nezahualcoyotl. — Es, contestó el ni- 
ño, un hombrecillo miserable, que quita á los hombres lo que Dios 
les da á manos llenas. — Insistió el rey en quu pasara los límites, 
pu'es nadie lo veía ni podía llegar á noticia del monarca, con lo cual 
exasperado el muchacho, le dijo que quien tal aconsejaba debía ser 
enemigo de sus padres, pues solicitaba cosa que pudiera contarle la 
vida. Al dia siguiente, Nezahualcoyotl hizo traer al niño con sus 
padres, quienes se presentaron tristes pensando iban á recibir algún 
castigo; el rey les habló benévolo y despidió colmados de presentes, 
dando gracias al muchacho por la lección recibida. Diese entonces 
orden de que todo el mundo pudiera penetrar en los bosques para 
aprovechar leña y madera, con pena de la vida á quien derribara un 
árbol. (3) 

En otra ocasión, estando Nezahualcoyotl á un mirador de su pala- 
cio, se puso á descansar debajo un leñador con su mujer; al dejar so- 
bre el suelo la pesada carga, alzó los ojos y mirando la magnificencia 
de los palacios, exclamó: — ^El dueño de toda esta máquina estará har- 
to y repleto, mientras nosotros estamos cansados y muertos de hanr- 

(1) Darán, cap. XXVIII. — ^Tezozomoo, cap. treinta j ocho. No consta la conquU 
la en los Anales, aunque sí en la matrícula de tributos, lám. XLYII. 

(2) Duran, cap. XXIX. 

(3) Ixtlilxochitl, Hist. Chiohim. cap. 46.-~Torquemada, lib. II, cap, LL 

TOM. m,— 42 



330 

bre. — Calla, interrampió la mujer, no te oiga alguno y por tus 
palabras seas castigado. — Oída la conversación, Nezahualcoyotl man- 
dó un criado llevase al leñador y á su mujer á la sala de audiencia: 
ambos llegaron temblando. ¿Qué dijiste? le preguntó el rey, dime la- 
verdad. — El leñador la dijo. — No murmures de tu señor y rey na- 
tural, prosiguió Nfezabualcoyotl, porque las paredes oyen. Te parece 
qao estoy repleto y harto al ver mis palacios y poderío, mas no ad- 
viertes el trabajó que^me agobia al^mantener en justicia y regir un 
reino tan poderoso como éste. Toma, añadió dándole un regalo con- 
siderable, con esto vivirás satisfecho y feliz, mientras yo con la má- 
quina de mis palacios paso una vida llena de zozobra y aflicción. (1) 
Otras anécdotas se refieren del monarca texcocano, quien dejó me- 
moria entre los pueblos^delJValle de otro Haroun al Raschid. 

I acatl 1467. "Ocurrieron los chalca ante el viejo Motecuhzoma, 
quejándose de que los tlacochalca habían taladrado su templo, y en 
tal virtud suplicaban que por mandato se les precisase á repararlo. 
Motecuhzoma mandó hacerlo así." (2) 

Los Códices Telleriano-Remense y Vaticano presentan un suceso 
cuyos pormenores no hemos alcanzado. El intérprete del Telleriano 
dice: "Año de una caña y de 1467, tuvieron una gran batalla loa 
"mexicanos y los tlaxcaltecas entreoíos términos de Texcuco y Tlax- 
"calla, en un cerro que ellos llaman Tliliuhquitepec, que quiere de- 
"cir Cerro Negro." Este combate fué^religioso, según el pacto de la 
guerra florida. 

Sin duda por emulación, Nezahualcoyotl construyó en Texcoco 
un gran templo á Huitzilopochtli, terminado en este año. En la 
fiesta del estreno compuso nueva canción el rey poeta, que decía: 
"En tal año como éste se destruirá este templo que ahora se estre- 
"na. ¿duién se hallará presente? ¿Será mi hijo ó mi nieto? Entón- 
"ces irá á diminución la tierra y se acabarán los señores; de suerte 
"que el maguey siendo pequeño y sin sazón, será talado; los árboles 
"siendo pequeños darán malicia, deleites y sensualidad, estarán en 
•*8U punto, dándose á ellos desde su tierna edad los hombres y mu- 
"jeres, y unos á otros se robarán las haciendas. Sucederán cosas pro- 
*'digiosas; las aves hablarán y en este tiempo llegará el árbol de 

(11 Ixtlilzoohitl, mst. Chiohim, oap. 46. 
(2) AnalMdeCuaohiitian. MS. 



331 

'Ha lu2s y de la salad y sustonto. Para librar á vuestros hijos de es 
**to8 vicios, haced que desde nifios se den á la virtud J trabajo." (1) 

Para perpetuar su memoria, Moteeuhzoma hizo reunir á los can- 
teros y entalladores de más nota, á fin de que labraran su retrato y 
el de Tlacaelel en las peñas del cerro de Chapultepec, el manda- 
to fué prontamente ejecutado, quedando las figuras á contento del 
emperador. Cuando fué á verlas, dijo al Tlacaelel: ^^La obra me ha 
'^gustado muy mucho, y en otros tiempos recien venidos los mexi- 
^'canos á estas partes mandaron labrar y edificar al dios duetzalcoatl, 
**que se fué al cielo, y dijo cuando se iba que él volvería y traería 
*'á nuestros hermanes; y esta figura se hizo en madera y con el tiem- 
**po se disminuyó que ya] no hay memoria de ella, y ha de ser ésta re- 
^'novada por ser el dios que todos esperamos que se fué por la mar 
í^del cielo." (2) Siempre las reminiscencias de las promesas de Clue- 
tsalcoatl. 



[1] Jxtlilxochitl, Hiet. Chkhim. cap. 47. MS. 

(2} Tezozoinoc» cap. cuarenta. MS. — ^No sólo Moteouhzoma Hhuicamina se hizo 
retratar en las rocas de Ohapultepec, sino que fné oostambre de sos sucesores. Ga- 
ma dice en la descripción de lasados piedras, § 161: — ''Hasta aquel tiempo (siglo 
XVXQ) 7 muchos afios después, permanecieron dos hermosas estatuas de grande 
magnitud» cariosamente grabadas de bajo relieve en dos durísimos peñascos del ce- 
no de Ohapultepec, una mayor que otra: la que miraba á la parte del Norte repre- 
aantaba al rey Azayacatl, y la otra que¡miraba á la ciudad por el rumbo del Oriente, 
flKa retrato de su hijo el gran emperador Moteeuhzoma. La primera no alcancé yo á 
Ter; pero existía aiín en principio de este siglo (X Vni), como me aseguraron varias 
personas que la vieron: después se dio <5rden de picarla, y así borrada, vi la pefia 
donde estuvo esculpida, cu ando veía juntamente la segunda que permaneció grabada 
oon gran perfección, hasta los afios de 1753 6 754 en que también se mandó bo- 
xxar." — De estas esculturas, dice el Sr. D. Femando Bamírez: — "Era una alto relie- 
Te esculpido en una roca de Chapultepec, que da vista al Oriente. De ella sólo exis- 
tan restos enteramente desfigurados, tanto de la figura como de la fecha. De esta, 
tfnioamentese percibe con claridad el carácter Ce aoaU, correspondiente al año 1467, 
tzece después del en que comenzó la grande hambre.** Kosotros hemos visto un relie - 
Te hacia el pie del cerro, un tanto oculto por la maleza seca d^ invierno, destrozado 
por barrenos de pólvora; buscamos después para estudiarla, sin lograr dar con ella. 

liástima grande que todas estas obras de nuestra antigüedad vayan desapareciendo 
éi manos de es tupidos destructores. En los dias inmediatos á la conquista, las esta- 
tuas, piedras conmemorativas y relieves, abundaban* por todas partes. De esas escul- 
turas muchas fueron despedazadas, otras puestas en los cimientos de las casas, sien- 
do sabido que en los fundamentos de la Catedral se colocaron muchüsimas; algunas 
fltny grandes fueron enterradas, habiéndose vuelto á recobrar unas cuantas: no po- 
por fin, ponían los vecinos en las' esquinas de¡ sus casas, y aquí se conservaran 



332 

En Huaxtepec, mandó construir Motecahisoma un gran huerto, 
con un espacioso estanque; para que fuera cosa nunca vista, hizo 
traer las plantas más extrafias de Cuetktxtla, con labradores que en- 
tendieran en su cultivo j sus familias, á quienes dio casas y hacien- 
da. Labráronse las figuras de los cuatro primeros reyes de México, 
aumentando para el embellecimiento del sitio fuentes y corrientea 
de agua, todo de mucha arte y valor. (1) 

II tecpatl 1468. Las pinturas délos Códices Telleriano-Remense 
y Vaticano, señalan en este año un terremoto. 

III calli 1469. Murió Motecuhzoma llhuicámina, sentido y llo- 
rado por sus subditos. ''Ninguno de los señores que tuvieron los me- 
"xicanos, dice el intérprete del Códice Telleriano, antes ni después, 
í*se pusieron la corona como el dios de la abundancia la tiene y el 
"señor del imperio, sino éste Motecuhzoma y el otro que halló el mar- 
"qués cuando se ganó la tierra: era señal de ser grandes señores." (2) 



sin la Ínter vención de los ignorantes. — "Había entre ellos, dice Torqnemad», Hb. 
XViri, cap. 1, grandes escultores de cantería que labraba cuanto querían en piedra, 
con guijarros ó pedernales porque carecían de hierro, tan primorosa y curiosamente 
como nuestros oficiales con escodas y picos de acero, como se echa hoy dia de 
en algunas figuras de sus ídolos, que se pusieron por esquinas, sobre el cimiento 
algunas casas principales en esta ciudad, aunque no son de la obra curiosa que ha- 
cían; los cuales* piedras mandó picar y desfigurar D. García de Santa María, arzobi0> 
po que fué de este arzobispado, atmque en su tiempo era ya tan tarde esta diligen- 
oia, que los indios que viven no sólo no las estiman, pero ni aiín advierten si están allí 
ó de qud hubiesen servido."-* El Sr. arzobispo D. Fr. García de Santa María Mendo- 
za rigió la sede desde 1600, faUeciendo en 1606 — Las palabras de arriba había 60» 
orito Torquemada en el lib. XIII, csp. XXXIV, aumentando: — **Pero para el que 
pudiere, podrá ver dos figuras hechas á lo antiguo, en el bosque de Chapultepee, 
que son retratos de dos reyes mexicanos, las cuales están esculpidas en dos piedn» 
duras nacidas en el mismo cerro, la nna de muy crecida estatura y la otra no tanto; 
pero tan enriquecidas de labor de armas y plumajes á su usanza, que pureoen más 
labradas de cera que de la materia que son, tan lisas y limpias, qae no pareeen hÉr 
chas á mano." 

(1) Duran, cap. XXXI. — Tezozomoo, cap, cuarenta. MS. 

(2) Colocan el reinado de este monarca de 1440 á 1469 los Códices do Mendoza, Te- 
Ueriano-Bemense y Vaticano, las Belaciones franciscanas, Mendieta, Duran, Tor- 
quemada, &c.— 1440 á 1438 la Hist. sincrónica de México y Tepechpan.— 1488 — 1471 
el Anáglifo Aubin.— 1440— 1477, Acosta, Herrera, Enrioo Martínez.— 1461— 1479, 
Gemelli Careri.— 19 de Agosto 1440 á 2 de Noviembre 1468, Sigüenza y Góngoraj 
Beianoourt.— 1436— 1464, Clavigero, &c. 

Bespecto de la sucesión de este rey, Torquemada, lib. Tí, oap, LIY, dice que-telik 
un hijo llamado Tquehuaoatzin, al cual exoluyó del trono porque reinaMn TiaoOp 



333 

Haehue Motecohzoma IlbuicamiDa, es, sin disputa, el más gran* 
de de los, reyes méxica. Comenzaron sus servioios cuando la tribu, 
em esclava; ayudó eficazmente á hacerla libre; durante el reinado de 
Itsceatl llevó por todo el Talle las armas triunfantes de su pueblo, 
y subido al trono aún supo ensanchar los limites de su herencia, de- 
jando al morir un imperio, extenso, poderoso y floreciente. Ponien- 
do la vista sobre el mapa, las conquistas de este emperador se dila- 
taron al Norte por gran parte del actual Estado de Hidalgo, hasta 

AzayaoaÜ y Ahuitzotl, hijos de Tezozomoo, sefialAiido como m^ digno á AxayaoatL 
Clavigero, iom, I, pág. 232, da por progenitores á estos reyes á TezozomocÜi, hijo 
de Aoamapictli, y pot consoonenoia hermano de HnltziUhuitl, Ohimalpopooa é Itz» 
coatzin, y á Matlalatzin, bija de lizooaU. Darán, ct^p. XXXII, haoe á Azayacafl hijo 
de Kofceoohzoma. Ixtlilxoohitl, BSatL Ghidiim. cap. 46, asegura que era Axayaoatl 
hijo de Tezozomoc, hijo de Itzcoatl y de Atotoztli, hija legítima del difunto Mote- 
ouhzomatzin, que no tuyo otro legítimo. Acosta, bist. nat. y moral, lib. YIT, cap. 
XTfl. oolooa como sucesor de Moiecuhzoma á su hijo Tizoo, anteponiendo ^te á 
Axigraoatl; le úguen, Antonio de Heirera, déo. III, Ub. 11, oap. XIII; Enrice Mar- 
tínez, Repertorio, y Qemelii Gareri. Motolinia, en Icazbelceta, tom. I, pág. 6, ''Muer- 
"to el Tiejo Moteuczoma sin hijo Taron, sucedióle una hija legítima, cuyo marido 
'fué un pariente suyo muy cercano, de quien sucedió y fué hijo Moteouzomatzin, 
'%! oaal reinaba en el tiempo qne los emanóles yinieron á esta tierra de Anáhuac^^ 
— "Chimalpain: **A Moteuhzoma le sucedió en el reino una hija suya llamada Atotox* 
''tli, <$ae no había heredero más cercano, la cual casó con un pariente llamado Teso- 
"zomoctli, hijo de Itzcohuatl, y parió de él muchos hijos, de los cuales fueron reyes 
"de México tres, uno tras otro, como habían sido los hijos de Acamapich."~Go* 
Bttra: — *TtÉB este Motecsama yhko á suoeder te el reino una sn hija, oa no habíft 
''otto heredero más cercano^ la cual casó con un su pariente, y padó del muchos 
'Oiijos, de los cuales fueron reyes de México tres, uno tras otro, como habían sido 
*^08 hijos de Acamapich."— Mendieta, Hist. «cíes. lib. n, joap. XXXV, "Muerto 
^^otcKsnma el yiejo, sin hijos yaroneír, heredó el reino una sn hija qne estaba casa* 
*^ con na mny cercano pariente sayo, Ihniado Tesosomotli, y de él hubo tres hi** 
"Jos, el primero llamado Axayaoatste» padre de Moteqapun^'el mozo. H segundq 
"TiaK>cicatzln. £1 teréero,, Áhuitzotzin, que todos tres reinaron sucesiyamente uno 
**ttÉa otro."— Betancóurt, Teatro Méx. 2 p. 1. 1, cap. XVI, da el original de donde 
Clayigelro 4omó so genealogía. ^Las relaciones ftiinciscaaaa MS9»i qvoá layista te- 
»eibos, s^ sin dada origen y fundamento de la notioiA adoptada por los autores, 
Segnn ellas, muerto Motecuhzoma sin hijos legítimos, le heredó una hija soya Ha^ 
mada Atotoztli, la cual no se pox\e en el ^tálogo de los reyes porque ezft mujer, "é 
<pí» no hacen niímero 6 quenta sino de Ibs yarones legítimos herederoá.** Atoto^tU 
•asó con iTezoaomoolitli, hijod^ Itscoaú, y tayo yarfos hijos^ omür^eDoS' Axaiteoatl,^^ 
Titoo y 4huiVK>tl, quienes flooesixclmaatereibazoa en Méxioa Está genealogía adop* 
tamos como más auténtica. — ^Atotoztli reinó de- jO^ho á nneye afk>8, cuyo tiempo se 
caentil en el reinado de MoteouhzonuL— Esto no admitimos por ser contrario á todos 
lOs fundamentos históricos; lo cierto es, que Atoto^üi mientras vMó, gozó dé hcmo^ 



334 

quedar la frontera junto á las tribus bárbaras 7 el señorío de Mes- 
titlan: tenia al E. >! reino de Aoolhuacan, dentro del cual habia 
pueblos qne á México pagaban tributo: si al SE., se ostentaban li- 
bres Tlaxcalla, Huexotzinco y Cholollan, no lo debían á sus fuerzas, 
sino al célebre pacto de la guerra sagrada. Iban los dominios hasta 
las costas del Golfo, abarcando una gran superficie de los Estados 
de Puebla y Veracruz; comprendían una fracción de la Mixteca en 
él Estado de Oaxaca, y pertenecían al Sur las provincias de los tla- 
huica y de los cohuixca, es decir, el Estado de Morelos y una parte 
de Guerrero: al Oeste penetraba en las montañas que al Valle cir- 
cundan, mas no pasaba adelante, supuesto que los matlatzinca se 
mantenían independientes. 

Motecuhzoma era esencialmente religioso. Reparó é hizo de nue- 
vo el templo de Huitzilopochtli; construyó teocalli á muchas otras 
divinidades, aumentó el número de los sacerdotes, inventó ritos y 
sacrificios antes de él desconocidos, introdujo un aparato inusitado 
en el culto, lo estableció en los países conquistados; propagó con re- 
pugnante lujo la víctima humana y por su influjo se hizo público en 
Acolhuacan aun repugnándolo el rey filósofo. Aparece que por iiiB- 
tinto se proponía fundar la unidad civil y religiosa, dando los mie- 
mos dioses y un solo señor á todos los pueblos: en su lógica inflexible 
reunió en una sola persona al rey y al pontífice, dando una sola ca» 
beza á la religión y al estado. Bajo este punto de vista, el emp^n^ 
dor era dueño de la tierra, de la hacienda, de la vida y de la honra 
de sus subditos; más era, porque era el representante de los dioses, 
un dios á quien se debía respeto, amor, adoración. Nació de aquí el 
más espantoso de los despotismos, igual si no superior al sufrido por 
los antiguos pueblos orientales: los sufrimientos y las lágrimas de 
los subditos nada valían ante el capricho ó el antojo del soberano* 

Fiado el progreso nacional á la guerra, y santificada ésta por la 
religión, en la guerra se tomaban los despojos para enriquecer á IO0 
soldados, y las víctimas apetecidas por los dioses; resultaba no ha- 
ber nada de grande ni de preciso, fuera de la milicia y del sacerdo* 
cío; guerreros y sacerdotes absorbían los puestos del Estado y IO0 
honores, agotaban las rentas públicas. La gente menuda trabajaba 
y sufría, contribuía con el tributo impuesto sin consultar sus fuer- 
zas, sin tener más derecho que trabajar.para sus amos, recibiendo 
en recompensa la vida, con un pedazo de pan para no desfallecer ea 



335 

el trabajo. Por fortuna no había castas, ni la esclavitud era perpe- 
tua; por el valor y la virtud, las clases bajas podían sublimarse y 
salir de la abyección. 

Motecuhzoma formó un código para reprimir los crímenes; pero 
también introdujo la distinción de categorías, y la ley era blanda al 
noble, rigorosa con el pechero. Formuló un ceremonial para la cor- 
te, el traje, las comidas y las audiencias del rey; dio disposiciones 
suntuarias, arreglando los vestidos, la calidad de las telas, los colo- 
res y clases de los adornos; tocan las proscripciones hasta los ali- 
mentos: todo con objeto de realzar el carácter divino del soberano, 
los privilegios de los nobles, la mísera condición de los plebeyos. 

La ciudad creció embelleciéndose. La enriquecían los productos 
de los pueblos vencidos, recibiendo desde el oro, la plata, las joyas, 
los exquisitos plumajes, hasta las frutas y las flores, y por alarde de 
poderío peces de los rios y del mar, bestias bravas y las alimañas 
más feas y ponzoñosas. La isla fangosa en que se albergaban desnu- 
dos y hambrientos colonos, se había trasformado en opulenta me- 
trópoli: semejante maravilla se había obrado por la constancia y el 
valor de una familia, persiguiendo sin tregua nna idea fija por la fé, 
única que sabe hacer los milagros de los humanos. 

Motecuhzoma Ilhuicamina murió á los 71 año» de edad y 29 de 
reinado. Yaliente hasta la temeridad, supersticioso, cruel y desapia- 
dado en sus invenciones religiosas, enemigo de la embriaguez y de 
la holgazanería, sobrio, político profundo, sagaz administrador, con 
las prendas de un déspota benigno, se hizo amar de sus subditos, 
temer de los extraños, respetar de sus aliados. 



f • i 



CAPITULO V. 



AXAYACATL. — NeZAHUALCOYOTL. — NezAHUALPILIJ. 

BleeeUm de AitayacaU,—Inv<iiion de Tehuantepec^-Muerte de NezaMahopotL—Bv 
e¡ogía.-' Elección de ^etahualpiOí.^ Templos de Cohuatlanp de CohuaaDolotL—Oon- 
Juraeion de lo9 Uatelolea,—Agüeroi.^ Querrá entre méxica y tlaUloka.^M'ueríe 
de Moquikuix y fin de la monarqnia de TltUeloleo. — Castigo delosrebeldes.—Xilmi- 
temoc. — Muere Totoguihucetsdn de Tlaeopan, le sucede CMmalpopoea.—El Teo* 
euaulmcaUi. — Gtterraeonúralosmatlaittinea, — Terremoto — Sucesos diversos* •— Ous* 
rra contra Xiquipilco- — Acción de TUkuetipaUn, —Muerte del jefe matlattinea. — 
Piedra del sol, — Querrá contra Michhuaean. -^Sangrienta derrota de los méxieoí — 
Querrá contra Tlüiuhguitepec,— -Estreno de la piedra del sol— Muerte dé Aamffa' 
catl, — Exequias de un emperador méxiea, 

mcalli 1469. Terminadas las exequias de Motecuhzoma Ilhui- 
camina, el pueblo nombró para sucederle al Cihuacoatl 6 
Tlacaelel, capitán ameritado, consejero de los anteriores monarcas; 
pero rehusó resueltamente el cargo, por ser muy anciano y sin fuer- 
zas para gobernar. El Cihualcoatl entonces, en unión de los royes 
aliados Nezahualcoyotl y Totoquihuatzin, pusieron los ojos en Axa- 
yacatl, joven de diez y ocho á veinte años de edad: agradó el nom- 
bramiento á los nobles y al pueblo^ quienes lo ratificaron dando la 
obediencia al nuevo soberano, en señal de lo cual le hicieron ricos 
presentes. Dada la noticia á los señores sometidos, vinieron al reco- 
nocimiento trayendo cada uno cuantioso regalo, con las demostra- 
cionejs requeridas de sumisión. Hubo grandes fiestas, acción de gra- 
cia á los dioses, de manera tan espléndida cual nunca antes fuera 



337 

vista. (1) Atotoztli, hija de Motecuhzoma, casó con Tezozomoctli, 
hijo de Itzcoatl; de este matrimonio, entre varios hijos; nacieron Tí- 
zoc, Axayacatl y Ahuitzotl, los tres emperadores de México; no obs- 
tante ser Tízoc el primogénito, por consejo de Motecuhzoma fué 
preferido Axayacatl, asi por sus prendas guerreras, como por estar 
desempeñando el cargo de Tlacochcalcatl en el ejército, dignidad 
que por su elevación recayó entonces en Tízoc. 

En este reinado quedó establecido, que una vez electo el rey, no 
fie hiciera la ceremonia de la coronación, sin que él en persona salie- 
ra á campaña, á traer los prisioneros que habían de ser sacrificados 
en la festividad. Se escogió entonces la remota provincia de Tecuan- 
tepec (Tehuantepec,) contra la cual salió poderoso ejército de los 
xnéxica UDÍdo al de los reyes aliados. Axayacatl se portó valerosa- 
mente en la batalla, desbarató y venció por completo á sus contra- 
rios, tomó y asoló la ciudad de Tecuantepec, extendió sus escursio- 
nes hasta Coatolco (Huatulco,) tornando á México cargado de des- 
pojos, y con gran .número de cautivos. Para gozar de las víctimas 
de la guerra sagrada, los aliados fueron contra Hnexotzinco y Atlix- 
co, retornando con buen acopio del manjar apetecido por Huitzilo- 
pochtli. Entonces tuvo lugar la fiesta de la coronación, ante inmen- 
so concurso de propios y extraños, pereciendo en la ara del dios to- 
dos los prisioneros. (2) 

Este mismo año, hubo un fuerte terremoto en la parte montano- 
ea de XochitepéC, costa de Anahuac, el cual tomaron lod naturales 
como presagto de ser conquistados por los méxica. (3) 

TI tecpátl 1472. Pasaron dos años sin acontecimiento notíible. 
En él presente, sintiéndose Nezahualcdyotl herido dé la enferme- 
dad de la muerte, una mañana llamó á su hijo Nezahnalpilli, de 
43dad entonces de poco más de siete años; le vistió las insignias rea- 
les, y tomándole por la mano le j)resentó en la sala de audiencia, en 
donde estaban congregados los embajadores de México j Tlacopan, 
loÉ n^bíecí aculhua, é Ichanttatoát2in, Acapioltzin, Xochiqüetzaltzhi 
y TlaQahuehue.zin, lod mayores de sus hijos ilegítimos, presiden 

<i) Doran, eap. XXXIL— Tesozomoo, oap. cusmiUa.— Izllllxoohitl, mal. CU- 
ét&m, éap. 46.— Torqnemads, Ub. II, cap. LV. 
* (J) Torqaemada, lib, ü, cap. LV. 
O) Torquem«da, lib, II,*eAF« IiVUL _: 

S01ItXIL«-43 



338 

tes de los consejos reales. En un patético discurso, hizo presente á 
la asamblea su pagada historia, recordando la muerte de su padre 
Ixtlilxochitl, la pérdida dejsu trono con las dificultades que para re- 
cobrarle tuvo; dirigiéndose en seguida á sus subditos, les dijo: que 
para evitar la repetición de aquellas desdichas, les pedía tuviesen 
paz 7 concordia, y á los principes encargaba, bajo pena de muerte, 
obedeciesen á aquel niño como rey y señor. Volviéndose luego al 
infante Acapioltzin, le dijo: — ^^De hoy en adelante harás el oficio de 
^'padre que yo tuve con el príncipe tu señor, á quien doctrinarás pa- 
Vra que viva siempre como debe, y debajo de tu consejo gobierne el 
"imperio, hasta que por sí mismo pueda regir y gobernar." (1) Des- 
pedida la concurrencia, él se encerró en su palacio, encargando se 
tuviera su muerte oculta, á fin de evitar la insurrección de los pue* 
blos sometidos, ya que su brazo faltaba y el estado quedaba regi- 
do por un niño; poco después falleció á los 72 años de edad, y 41 
de reinado, contados desde la jura solemne. (2) No obstante la 
prevención, las exequias fueron celebradas con gran pompa á la 
usanza méxicatl, 'si bien quedó acreditada entre el vulgo la creen- 
cia, de haber sido el gran rey arrebatado á los cielos, para ir á mo- 
rar en compañía de sus mayores. 

Nezahualcoyotl, es la figura más grande y amorosa de nuestra 
historia antigua. Tejer su cumplido elogio, sería repasar los hechos 
de su vida. Arrojado del trono de su padre,} perseguido sin tregua 
por sus enemigos, tuvo sagacidad y presencia de ánimo, para salir 
ileso de todos los peligros, burlando la astucia de los viejos con bu 
inexperiencia de mancebo. Con suma diligencia y valor incontrasta- 
ble reunió los elementos dispersos que en la adversidad le queda- 
ion, k>s organizó y de tal manera los condujo, que le llevaron i re- 
cobrar la corona^ y tomar de sus contrarios cumplida venganssiL Ya 
rey, reconquistó sus dominios, los ensanchó por las armas, los en- 
carriló «on mano fin» por la vía del progreso. Compuso un código 
de leyes sabias j justas; instituyó t^rlbuoales para la recta y pronta 
míministracion de Justicia; abrió escuelas y aca4emias para difun- 
dir el saber en todos sus ramos; protegió las ciencias y las artes re- 

/ 

(1) Iztlilxoohitl, HÍBt Ohiohim. oa|^ 49.-^Tofqaeiiuids, lib. H, cap. LVL 
(S) F^AiiKNi k imittU de NesahvuOcojotl, po«l|ui^ pintaras Ao ios Có^iosf T«D*- 
tlHio Bemense j Yitíeuio^ j la Hist. Ohiob|«^ Mp« 49. . 

-.1 ' ,. : 



389 

mnaftrando ganeíosamente maestros f pedagc^s. Coostniyó mag^ 
níficos palacios, vastos jardines, multitud de obras de utilidad ptl^ 
blica, procuró el bienestar de los subditos honrando la agricultura, 
concediendo recompensas á las virtudes y al trabajo. Justiciero j 
clemente, compasivo con los menesterosos, generoso, inteligente; 
guerrero intrépido, filósofo, poeta^ ingeniero, legislador, padre de sa 
pueblo, llenó con su fama el mu,ndo de Anáhuac, dejando á la pós^ 
teiidad una memoria hermosa, un tipo digno de imitación» 

Hiperbólicos parecerán esto» elogios, apasionadas las alabanzas, 
supuesto que, según el vulgo, se trata de un rey bárbaro. No eff 
justa la observación. Trasladada la figura á nuestros tiempos, sal- 
dría de la* tabla comnn; gigante fué para su siglo entre los puebloD 
8emioi\riUzado8 que le rodeaban. Ingenio portentoso tenía quien no 
se dejó arrastrar por la guerra desenfrenada puesta en prática poi' 
sus aliados, ni por los misterios sangrientos y tenebrosos del culto 
nacional; grande, muy grande^ f^ra quien se dedicó á sacar todo pra- 
vecha de los beneficios de la paz, logrando que Texcoco ñiera con* 
siderada como la Atenas de Anáhuac, mientras México infundía el 
terror de la orguUosa Roma. Tenía graves defectos, mas no fueron 
tan salient-es ni repugnantes, como los de alguien de los hombres 
distinguidos de la antigüedad. Pueden formularse dos principales 
capítulos de acusación; su desordenado deseo de mujeres, y los cuan-^ 
tiosoe tributos anuneados á sus exlmusto» subditos; (1) Lo prítne- 
ro le condujo al crimen por la posesión de Azcalxochitl, le precipitó 
en una poligamia crapulosa, dejando como testimonio do su apetito 
sedenta hijos vartoes y emeueuta' y siete bijas. En cuanto á lo se^ 
gando, sus gastos emú excesivos; pero si estas rentas se empleaban 
&x cosas de lujo y de ree#e0, la mayor (perrte estaban destinadas < 
sostener las instítueíoiies civilizadcmts en provecho público. (2) 



-;^:.* ■» 



(1) TorqtiemAdA afinas, Ub. n» citp, Ijlll, qpe moa^ad^l libro oiigifAl d« gtslpfl^ 
autorizado por D. Antonio Pimental, oonsomía KezaboaloqyoÜ^en pada afto,. . .,. . «^ 
4.900,300 fanegas da maíz, 2.744,000 de oaoao; de Jdeteá ocho inil pftTOs, sin k¿. 
]i)4i4¿eTeaadei^actt^fOT^MabtM^«odaiíádé»7 eltos asittialee; 8.900 ivutffti ám 
cbi^ j toma% ;KO,fle fbiÚ^cpHij t,609.ea«6f da nli 4¡^díl^^Bffáxánm^ mmá 
multitud de otros artíonlos. Cartífíoalo ToiqnemSda, indioando al lector so ser ena 
geraeion, siyo la ▼ydad fundada ^ dgonmfntos. » /• . tH 

(2) T¿iqnemada, Ub. II, oiqps. LlÍ LIlí, V LVH- liÜftiMiifflt ffis rWnllSl 
esp.4fti4S. 



840 

Hachos héroes del Antiguo Mando, quisieran para sí las virtudes 
desdeñadas del rey bárbaro. 

Aunque admitido Nezahualpilli por señor, luego que murió Ne- 
zahualcoyotl, los hermanea Ychantlatoatzin, Xochiquetzaltzin y Tle- 
cahuehuetzin, comenzaron á alborotarse por ver si alguno de ellos 
se apoderaba del trono. Siguiérase indefectiblemente la guerra ci« 
vil, si Axayacatl y Totoquihuatzin, como colegas del rey niño, no 
lo hubieran prevenido. Tomándole bajo su amparo le llevaron á 
Tenochtitlan, juntamente con los poríncipes y los nobles acuihua; 
aquí se repitió la ceremonia de la elección, y revistiendo á Neza- 
hualpilli con las insignias reales, coronáronle con aplauso general. 
Tarios dias permaneció en México, después de los cuates vino á 
Xcxcoco acompañado de Axayacatl, quien para prevenir toda inten- 
tona, moraba por temporadas cerca de su protegido. (I) 
. *'En S tecpatl murió el señor de Texcoco, el gran Nezahualco- 
t*yotl, y le sucedió inmediatamente su hijo Nezahualpiltzintli, y en 
^este tiempo toínó el mando de Teopancalcan el caballero Cuappo- 
tonqi|a."(2) 

, ^^Año de seis noívajas^y de 1472, empezaron á entrar de guerra 
^,^los mexicanos en el Talle de Matalcingo, (Matlaltzinco) lo cual fu^ 
'^la primera entrada en Tolocan." Asi lo dice el intérprete del Gó" 
dice Telleriano; debe.serestaj^una primera incursión desgraciada en 
el país de lo9;matlaltzinca, de qtie no dan pormenores nuestros cro- 
atas". : 
, Vil calli 1473. Axayacatl, siguiendo la oostuiabre de su anteoe^ 
sor, hiz^i construir en^México el templo llamado Cohuatlan. Laspin- 
turas de los Códices Telleriano-Remense y Yaticano contienen la 
Boticia,^^4ando los pormenores de bab^ sido encargados de la^fabri- 
oacion ¿^\ teoK^alli, Aataip, señor d^ Coyohuaeañ^ Xilonkatzin, de 
óulhuacan, y Chimalpopoca, de Tetepanco. Por emular á sus veci- 
nos, Moquihuix hizo construir en Tlatelolco el templo denominado 
Oohoaxolotl; siendo ebto lá causa determinante del rompimiento en- 
tre méxica y tlatelolca. (3)J 

. La enemistad, ontre ambas oiudades eia nauj^aotígna. Cuakbtla^ 
toa pereció victima 4e ella^ sin qué poír ebto quedaran aplacados há 

(1) IxiUlxechiil, Wat Chiohim, «a|>. (K).— torquemad»; lib. XL cap. LDC. 
mcjükatedaDuNOUltka. ülS. < : / .^ 

(8) TórqoMiiAdty lib. U, oap. LV. 



• »«^ * 



341 

ánimos. Mientras vivió Moteoiíbzoma, el r^ Moquibnix peTmBneciá 
tranquilo; mas subido al trono Ax^acatl, sin embargo de estar oa* 
«ado con hermana de éste> crejiéndole .débil por joven, volvió á hfá 
antiguos pensamientos de. loa reyes de su raza. Tlatelolco nada ha^' 
bia sabido hacer de provecho; celosa de Tenochtitlan desde el tierna 
po de la fundación de las ciudades/ envidiaba el poderío de sus ve^ 
cinos, alimentando la loca esperanza de que si algún dia lograba 
apoderarse de México, y daba muerte á su rey, de un solo golpe y * 
sin trabajo se haría dueña y «eñora de Anáhuac. Moquihuix medi- 
taba hacía tiempo aquella empresa, acechando la ocasión de hacer- 
la adoptar por su pueblo. Las primeras rencillas trajeron la cons- 
trucción de los teocalli, dando mAivo á una buena oportunidad. 
Unas jóvenes, hijas de señores de Tlatelolco, vinieron al mercada 
de Tenochtitlan; al tornar á su ciudad fueron encontradas por unos 
jóvenes libertinos, entablaron conversación, se dijeron chanzas, f 
ellos acabaron por proponerles su compañía; aceptada, al llegar á 
paraje propicio las violentaron y despideron con burla. De vuelta de 
aquella vergonzosa hazaña, los jóvenes quebraron el caño del agua 
que iba á Tlatelolco. De esta afrenta, con el recuerdo de las pasar 
das injurias y del desprecio que afectaban tener las mujeres tenoch- 
ca por las tlatelolca, tomó motivo Moquihuix para revivir el odio de 
sus subditos, y ayudado por su consejero Teconal, enconado enemigo 
de los méxica, consiguió que los nobles se decidieran por la guerra* 
La ejecución de la empresa se fiaba al disimulo, su logro estribi^ 
ba en la traición. Moquihuix envió embajadores á Tlaxcalla, Cho- 
lollan y Huexotzinco, pidiéndoles auxilio; los tres señoríos lo nega- 
ron. Mientras recibía la respuesta, alistó á todos los hombres útilei 
de la ciudad, de veinte años arriba, haciéndoles adestrar en ejerci- 
cios guerreros, acopiando disimuladamente cuantos pertrechos cre<lt 
conducentes á su objeto. (1) Mandó nuevos emisarios á los señores 
del Valle, logrando con dádivas y presentes le ofrecieran ayuda, Xi- 
lotepec, Tultitlan, Tenayocan, Mexicatzinco, Chalco y los pueblos 
de los lagos australes, y ademas Culhuacan. Cuando con esto creyó 
madura la conjuración, Moquihuix reunió á los sacerdotes y á los 
nobles, con intento de santificar la empresa por medio de la religión. 
El tlamacazque Poyahuitl lavó la piedra de los sacrificios, con aqtpe- 

(1) Darán, cap. XXXIII. — ^Tezozomoc/cap. cuarenta y dos. 



342 

lias lavasas coloradas por la sangre de las víctimas, compuso la be- 
bida mística llamada itzpactli^ la cual ñié repartida entre los asis- 
tentes, comenzando por el rey: era una especie de juramento <j[ue 
infundió en el ánimo de los conjurados esforzado valoré irrevocable 
determinación. Fijóse para de ahí á ochenta dias el rompimiento de 
la guerra, dejando pasar los dias aciagos intermedios. (1) 

Cierran los ojos los niños, 7 como nada ven, piensan que de nadie 
'0on vistos; estaos su manera de ocultarse. Moquihuix creía bien 
guardado un secreto confiado á tanto mimero de perdonas, sin adver- 
tir había delatores; Axayacatl estaba bien informado, sus espías ob- 
servaban los pasos de los tlatelolca. Por otra parte, Moquihuix, de 
malas costumbres, daba repetido^ celos á su esposa, quien se los co* 
braba con aspereza, de lo cual resultaba que la maltratara de conti* 
nuo. Advertida la mujer por un presagio, en que oyó salir una voz 
de su cuerpo, preguntó á Moquihuix si era cierta la conjuración; res- 
pondióle él ser verdad, y como ella quisiera persuadirle abandonara 
semejante intento, no pudiendo lograrlo, huyó del lado de Moqui- 
huix, refugiándose en Tenochtitlan con sus cuatro hijos: por este 
medio recibió Axayacatl pormenores completos de la trama. Pocos 
dias después acaeció otro presagio. Estaba sentado junto al fuego 
un viejo y á sus pies echado un perrillo; en una olla puesta á la 
lumbre hervían con lúgubre rumor unos atzitzicuilotl^ (2) guisados 
con chilli y tomates. De improviso habló el perrito diciendo: — "Mi- 
ra si los pájaros están en la olla porque se volaron, volvieron, y es- 
tán en gran plática y ruido. ¿No te parece ser esto un presagio?" — 
"jQué me vienes con presagios! exclamó el viejo, perro eres ¿y me 
hablas?'^ Y cogiendo un palo le dio un garrotazo en la cabeza y lo 
mató. Un huexolotl (huajolote, pavo) que andaba haciendo la rueda 
por el patio, dijo entonces: — *'Haz muerto á tu perro, Motopan, no 
caiga su muerte sobre mí." — ^^Nocné iniehuatl amonotinoteizauh^ 
respondió el viejo; ¡bellaco! me hablas tú ¿serás también mi agüero? 
y le torció el pescuezo." Entrando á la cocina para desplumar el pa- 
vo, una máscara colgada á la pared, que servía al viejo para bailar 
el mitote (3) llamado macehuaz, habló también diciendo: — ^"Poco á 

.{!] Torquemada, lib. II, cap. LVTII. 
(2) Cast^lanizado el nombre se Uaman ehi^^douüote. 

(8) '-Mitote: canción popular destinada á perpetuar lashazaftas y hechos memo- 
ahlea de los capitanes y cacictnes en la memoria y estimación de sus pueblos. Acom- 



343 

poco, ¿qué va á decirse de esto? izaniyhuian tlenozó mtfo2r axcan?" 
— "Di lo que quieras'*, vociferó el viejo furioso, y arrancando de su 
lugar la máscara la hizo pedazos contra el suelo. Moquihuix tuvo 
esto por presagio de su destrucción. (1) Generalmente estas consejas, 
que mientras más absurdas mayor crédito cobran en el ánimo del 
vulgo, aun cuando no sean más de fábulas ridiculas, interesan por- 
que dan la medida de las creencias de los pueblos que las adoptan. 

Trascurrido el plazo fijado, el décimo dia del mes Tecuilhuitl, 
fueron sacrificados los cautivos que representaban á los dioses Chau- 
ticon y Cuauhxolotl, cantando los cantares por la destrucción de los 
tenochca, se dio aviso á los pueblos conjurados para estar listos, y 
Moquihuix repartió á los nobles y señores de su devoción armas ga- 
lanas; dirigiéronse luego al templo de Huitzilopochtli para repetir 
la ceremonia de la bebida del itzpactli^ pasando en seguida hacien* 
do su genuflexión al ídolo y al rey. Puestos ya en armas, salieron al 
tianquiztli^ iirrojaron de ahí á los tenochca, tomando algunos pri- 
sioneros que sacrificaron en el templo de Tlillan: quedaban rotas las 
hostilidades. Los espías de los tlatelolca vinieron á informar que 
Axayacatl, muy descuidado de lo que pasaba, estaba jugando con 
sus nobles d la pelota. A la puesta del sol, cuatro hechiceras de las 
nombradas cihuatetehuitl^ vestidas de una manera fantástica y ga- 
lana, con una escoba de popotes en la mano, se adelantaron bailan- 
do y haciendo sus conjuros; aquellos popotes estaban ensangrenta- 
dos, pues ellas se los habían pasado á través de la lengua delante de 
Huitzilopochtli, y tenían virtudes cabalísticas; llegadas á las puer- 
tas de México, quemaron las escobas, esparciando al viento las pa- 
vesas, como signo de lo que sucedería á la ciudad amenazada. Acom- 
pañábanlas otras cuatro mujeres de las que vivían de amores, gri- 
tando injurias á los méxica, amenazándolos con una pronta destruc- 
ción por el fuego y el pedernal. (2) 

A la media noche, los guerreros de Moquihuix penetraron silen- 

paftábase frecuent'^mente del bailo*y de la miísica, así como ios areí/tosáe la Isla Es- 
paftola. [Lengua da Nicaragua]." Vocabulario en Oviedo. Alcedo, tom. V, pág. 122 
del Vocabulario, define la palabra: "Bayle de los Indios Mexicanos en Nueva Espa- 
fia."— Ya dijimos que baile ó danza en mexicano es, netotüiztti, macehuáUzUi; dan- 
zante, mtloUani, voz que ofrece alguna semejanza con mitote, 

(1) I)urán, cap. XXXÍIL — Tezozomoo, oap. cuirenta j tres. 
(^) Torquemada, Ub. H, cap. LVIIL 



344 

ciosamente en Tenoobtitlao: sentidos por los escuchas méxica, die- 
ron éstos el grito de alarma, los sacerdotes que velaban en lo alto 
del gran teocalli tocaron el atambor sagiado, y despertados los gue- 
rreros, se precipitaron sobre los asaltantes, quienes aunque opusie- 
ron porfiada resistencia, fueron al fin rechazados hasta Tlateloloo. 
Perseguidos por los tenochca hasta el mercado, ahí se rehicieron do 
nuevo, logrando á su turno replegarlos otra vez á México. El día 
encontró á los contendientes, armados en sus respectivas ciudades. 
Fiel Axayacatl á las prácticas establecidas, nombró embajador á Te- 
cueno para ir á pedir satisfacción á Moquihuix, desafiándole á uso 
de guerra, caso de no someterse. Tecuepo, con las inmunidades do 
su carácter, penetró en Tlateloloo, llegó á Moquihuix y le dio á en- 
tender su misión; el rey se mantuvo inflexible. Entonces Tecuepo 
le ungió el cuerpo, le emplumó la cabeza, dióle macuahuitl y rodela, 
desafiándole á muerte en nombre de los tenochca. Concluida la ce- 
remonia, Moquihuix preguntó: — "¿Dime, mensajero, qué viste A la 
venida antes de llegar acá?" — *'V¡, contestó Tecuepo, mucha gente 
tuya armada á punto de guerra." — ^'Vuelve con esa rcííolucion, insis- 
tió Moquihuix, á Axayacatl y los suyos." — Nuevo embajador fué 
mandado por el rey tenochca, nombrado Cueyatain; pero Moquihuix. 
lo mandó ahorcar, arrojando el cadáver al barrio de Copolco (Santa 
María la Redonda). (1) 

Tras este atentado, los tlatelolca alzaron su grito de guerra, pe- 
netrando osadamente por las calles de México. El atambor del teo- 
calli- principal, con las bocinas y cornetas tocadas por los sacerdo- 
tes, avisaron del peligro; Axayacatl, rodeado de sus principales ca- 
pitanes y sus hermanos Tízoc y Ahuitzotl, se presentaron de los 
primeros, acudieron en seguida los valientes soldados y después el 
tropel de los méxica. Trabóse un encarnizado combate en las calles, 
y aunque los tlatelolca peleaban con brío, cargando el Tlacochcal- 
catl y el Cuauhnochtli con la flor de los cuachic y de los otomitl, 
les hicieron perder terreno llevándolos de vencida desde el puente do 
Atzacoalco (puente de San Sebastian) j calle derecha (detras del 
actual Santo Domingo) hasta el barrio de Yacolco (iglesia de Santa 
Ana): á nuevo empuje dirigido por Axayacatl huyeron, pasaron el 
puente lindero de su ciudad, y psrseguidos de muy cerca se encerra- 

(1) Duran, o^p. XXXIIL— Tezozomoo, cap. cuarenta y cuatro. 



345 

t 

• 

ron en el tianquiztli de Tlatelolco. Llegado ahí Axayacatl hizo ba- 
jar las armas á sus guerreros, proponiendo en altas voces una capi- 
tulación: Toconal respondió: "Eso haremos nosotros de buena gana, 
"si atadas las manos os ponéis en nuestro poder para ensangrentar 
"con vuestra saugre nuestro templo, como lo hemos jurado y prome- 
"tido á nuestro dios Huitzilopochtli." — Añadiendo el escarnio al 
desprecio, vinieron al encuentro de los méxica un escuadrón de mu- 
jeres desnudas, emplumadas, los labios pintados de rojo, con espada 
y rodela en las manos, Iwiciendo ademanes obscenos y dándose gol- 
pes sobre la bamga; peguialas una turba de muchachos en las mis- 
mas trazas, los cuales acometieron tirando sus varas, y huyendo en 
seguida, las mujeres eu lo alto del teocalli (estaba situado junto al 
tianquiztli), decían desvergüenzas, arrojaban tierra revuelta conin- 
mundincias, pan mascado, y las menos pudorosas, cx[)rimlan sus 
senos rociando con la lecho á los tenochca, ó alzaron sus enaguas 
enseñándoles las tnuseras. (1) 

Exasperatlo Axayacatl, dio la señal de acometer. Desesperada re- 
sistencia hicieron los tlatelolca defendiendo el mercado; pero venci- 
dos, se retiraron al teocalli inmediato, en donde combatían ardoro- 
* sámente Moquihuix y su consejero Toconal. Axuyacatl con sus me- 
jores guerreros forzó las escaleras, subió á la plataforma superior, 
dio muerte por su mano á Moquihuix y á Teconal refugiados á los 
pies de Huitzilopochtli, precipitando los cadáveres desde lo alto del 
teocalli. Al mirar á su rey muerto, los tlatelolca se pusieron en hui- 
da; do-cUos se ocultaron entre los tulares y carrizales del lago, mién- 
. tras otros con las mujeres, los ancianos y los niños, vinieron á im- 
plorar la misericordia del vencedor. Sobre el campo de batalla se 
ajustó el pacto de sumisión. Tlatelolco perdía su independencia, en 
adelante no tendría reyes propios, pues quedaba declarada barrio de 
México; los moradores pagarían cada ochenta dias el tributo, tenien- 
do obligación de llevar á la espalda las cargaj? del ejército en cam- 
paña; la estatua de Huitzilopochtli fué conducida á México, que- 
dando el destruido teocalli convertido en muladar; repartióse el mer- 
cado á los nobles tenochca, quienes cobraban- á los mercaderes que 
vendían en su demarcación por valor de un quinto de las mercade- 
rías. La ciudad fué saqueada y en gran parte destruida, y paravol- 

(1) Darán, cap. XXXTV.— Tezotomoc, cap. cuarenta y cinco. 

TOM. III.— 44 



346 

■ 

ver burla por burla, no se permitió salir del agua á los guerreros es- 
condidos en el lago, hasta que repetidas veces graznaron cómo las 
aves acuáticas; de aquí quedóla los tlatelolca el apodo de yacacime^ 
recibido siempre por ellos con sumo desagrado. Así terminó la mo- 
narquía de Tlatelolco yla]enconada diferencia entre las dos fraccio- 
nes de la misma familia. (1) 

Sujeta la ciudad, siguióse el castigo de los fautores y sostenedo- 
res de la empresa. Pública ju8ticia[se hizo en el mercado de Tlate- 
lolco del sacerdote Poyahuitl y de^Ehecatzitziraitl, con otros capita- 
nes de cuenta. Murieron días adelante Cihuanenemitl y Tlatotatl, 
gobernadores de Cuitlahuac, y Cuaühyacatl, señor de Huitzilo- 
pochco, (Churubusco) por el socorroj que hablan prestado, aunque 
ineficaz, para el intento. (2) Igual suerte y por la misma causa su- 
frió Xiuhuitemoc, señor de Xochimilco, si^^bien por motivo aparen- 
temente diverso. Era diestro jugador ^de pelota, y habiendo venido 
á México, Axayacatl, que la picaba de fuerte, lo invitó á jugar un 
partido, en que se versaban como apuesta, las rentas del imperio 
por un año y el dominio del lago contra la ciudad de Xochimilco. 
Forzado por el emperador ó muy presumido, Xihuitemoc jugó y no 
supo dejarse ganar, retirándose orgulloso á su señorío por haber sa- 
lido vencedor. Axayacatl llamó algunos de sus^capitanes y les dijo: 

(1) P. Duráa, cap. XXXIV. — Tezozomoc, cap. cuarenta y rq;Í8. MS. — Ixtliliochitl, 
Hist. Chichim. cap. .51. MS.—Torqnemadn, lib. II, cap. L VIII.— Anales do Cuauh- 
tiÜan. MS.— Consta la muerte de Moquihuíx en la lam. ÍX del Códice M^idocino, 
ntíra. I, distinguiéndose el determinativo de Tlatelolco, encima el teocalli y el rey 
despeñándose de lo alto. En los Códices lelleriano-Rcmense y Vaticano, está ano- 
tado el combate entre Me'xico y Tlatelolco. El intérprete del primero escribe: — 
"Año de 7 Casas y de 1473. tuvieron guerra loa de México y Tlatelulco entre sí, y 
'•vencieron los mexicanos, y quedaron los otros por sus subditos. Y nunca más tu • 
*'vieron señor." — Por lo que toca á la muerte del rey, ademas do la versión admitida 
arriba, afirma Torquemada que Quctzalhua, valiente capitán mcjticatl, subió al tem» 
pío, cogió á Moquihuix, le arrojó las ^¡radas abajo, Uegaudo abnjo casi muerto: de 
ahí fué llevado á presencia de Axayacatl, quien en el barrio de Copolco lo sacrificó 
sacándole el corazón, aunque el rey había ya espirado. Aseguran los int^^rpretea del 
Códice Meudocino, qud Moquihuix se despeñó voluntariamente, "viéndose apretado 
én la batalla." Iitlilxochitl escribe: — **y aunque Moquihuitzin se hizo fuerte en el 
"templo mayor, fué vencido y echado de la más alta torre de el, muriendo hecho 
**pedazos.** — El Códice Bamírez, fimdamento de las obras de Duran, Acosta, y Te- 
zozomoc, asienta que Axayacatl arrojó víyo á Moquihuix del templo abajo, murien- 
do de la caida. 

(2j Torquemada, lib. II, oap. LYIII. 



347 

"Xihritemoo me tiene ganada la plaza y laguna, y como señor de 
ello, acudid de aquí adelante á lo que os mandare.^^ Entendieron la 
intención, y saliendo para Xochimilco, á pretexto de hacer honra á 
Xihuitemoc, le pusieron al cuello un sartal de rosas en que iba di- 
simulado el dogal con que lo ahorcaron. (1) 

También por prestar socorro á los tlatelolca, fué muerto Xilo- 
matzin, señor de Culhuacan; en su lugar puso Axayacat lá Mallihui- 
tzin, hijo del príncipe Chimalpopoca. El nuevo electo, gobernó sólo 
treinta diaf»; porque murió de muerte natural, quedando nombrado 
para sucederle Tlatolcatziq, natural del mismo Colhuacan. (2) 

Este mismo año hubo un eclipse de sol. El fenómeno celeste po- 
nía gran temor en aquellos pueblos, pues le tenían como presagio de 
funestidades. En aquella vez pudieron dar crédito á su supersticioi]^^ 
pues á poco tiempo murió Totoquihuatzin, rey de Tlacopan; por el 
consentimiento de los reyes aliados, entró á sucederle Chimalpopoca 
BU hijo, mozo considerado como de mucho valor y esfuerzo. (3) 

Nezahualpilli en Texcoco vivía sin hacer cosa de viso, bajo la tu- 
toría de sujhermano Acapioltzin. Aunque niño, se distinguía por su 
ingenio, y prueba de ello fué la manera con que conjuró las tramas 
de sus tres hermanos, empeñados en privarle del trono con auxilio 
de los chalca. La causa eficiente de aquellas maquinaciones, era la 
concubina favorita de Nezahualcoyotl, la misma que preparó la 
muerte de Tetzauhpitzintli. Para contentarla le dio á su hijo menor 
el s^orío de Chiauhtla, con tierras en Chalco y la dignidad de uno 
de los catorce nobles del título de aculhua. Al príncipe Axoquetzin 
hizo le construyeran ricos palacios en Texcoco á imitación de los 
de Toteotzin de Chalco, de quien había sido vencedor, señalándole 
ademas, pueblos y lugares que le sirvieran. Con ver colocados á sus 
hijos, la ambición de la concubina quedó un tanto aplacada. Neza- 
hualpilli para sí, hizo construir palacio de habitación, en cuyo estre- 
no tuvieron lugar suntuosas fiestas, con presencia de los reyes alia- 
dos. (4) 

VIII tochtli 1474. Siguiendo eljejemplo de su antecesor, Axayacatl 
86 ocupaba en embellecer el templo y en construir los monumentos 

(1) Topquemada, lib. 11, cap. LIX.— Ixtlilxochitl, HÍ6t. Chichim. cap. 53. 

(2) Torquemada, lib, H, cap. LVIII.— Anales de Cuaubtillan. MS. 
(8) Torquemada, lib. II, cap. LV. 

(4) Ixtlilxochitl, Hi8t. Ohichini. cap. 52. "-Torquemada, lib. TI, cap. LIX. 



348 

de piedra labrada que de adorno lo servían y empleaban en los sa- 
crificios. Por este año mandaba construir la piedra del sol y An nue- 
vo Cuauhxicalli. (1) *'Dijo el rey Axayacatl á Cihuacoatl Tlacaelel- 
"tzin: — Señor y padre: mucho quisiera que renovásemos la piedra 
**redonda que está por brasero y degolladero arriba de la casa y 
"templo de Tetzahuitl Huitzilopochtli, ó si os parece que se labre 
"otra mayor de rnejores labores, y el que ahora está sirva para otro 
"templo de dios." (2) En efecto, mandaron venir los canteros de 
Azcapotzalco, Tlacopan, Coyohuacan, Culhuacan,Cuitlahuac, Chai- 
ce, Mizquic, Texcoco y Huatitlan, reuniéndose hasta 50,000 hom- 
bres, que con sogas trajeron arrastrando de Ayotzinco una gran pie- 
dra, la cual se sumió y perdió en el puente de Xoloc al meterla á 
México; entonces trajeron otra más grande de las inmediaciones de 
Coyohuacan, que llegada á la ciudad fué labrada "historiando en la 
labor á los dioses y principalmente el de Huitzilopochtli." Tenien- 
do en cuenta Axayacatl que la piedra colocada en lo alto del templo 
había sido dispucvsta por Motecuhzoma, la quitó y puso en lo bajo, 
colocando en su lugar la por él mandada labrar. Hizo igualmente 
construir un Cuauhxicalli, "al mismo estilo, para la sangre de los 
"degollados en sacrificio, pues es nuestra ofrenda y honra de nues- 
"tro amo y señor Huitzilopochtli." Según se infiere de varios pasa- 
jes de Duran y de Tezozomoc, estas piedras en que estaban histo- 
riados los dioses se nombraban Teocuahuxicalli, es decir, cuauhxi- 
calli divino ó de los dioses, y a lemas pertenecían al género de las 
piedras pintadas, por estar en realidad dadas de diversos colores. (3) 



(1) P. Duran, cap. XXYV. 

(2) Tezozomoc, cnp. cuarenta y siete. MS. 

(3) Este Teocuauhxicalli ó piedra pintada de Axayacatl 6 alguno de su CBpecie, 
permanece aun sepultado en nuestra plaza mayor. Según Brantz Mayer» México at 
it toas and as ü w; TIUrd edition Baltimare 1844. Pág. 123. — "'Cuando hace algunos 
años 86 practicaban algunas obras en la casa, se encontró este monumento á poca 
profundidad de la superficie. El Sr. Gondra pretendió se alzara de ahí; pero el go- 
bierno no quiso dar los gastos; y como las dimensiones de la piedra, según me dijo 
el mismo Sr. Gondra, eran exactamente las do la piedra de sacriñcios, es decir, nue- 
vo pie's de diámetro por tres fle altura, no le pareció ejecutar la operación á su cos- 
ta. Deseando, sin embargo, conservar en cuanto fuese posible el recuerdo de las 
figuras en relieve de que estaba cubierCa (principalmente porque las esculturas esta- 
ban pintadas de amarillo, rojo, verde, carmesí y negro, colores que permanecían vi* 
TOS todavía,) hizo sacar Un dibujo, del cual es copia el grabadQ puesto en este libro. "* 
— ''Creía el Sr. Gondra que era la piedra de los gladiadores, colocada tal vez en Ia 



349 

Buscaba en la imaginación Axayacatl de dónde tomaría las víc- 
timas para la dedicación del Teocuauhxícalli, cuando la suerte le 
deparó la provincia matlaltzinca. Entre los varios señoríos en que 
estaba dividida, el principal era Tolocan, cuyo reyezuelo, llamado 
Chimalteuctli, tenía varios hijos enemistados con Tezozomoctli, se- 
ior de Tenatzinco. .Las provocaciones entre aquellos jóvenes lle- 
garon hasta la promesa de destruirse, y siendo débil Tezozomoctli, 
le ocurrió venir á tléxico á pedir humildemente la protección de 
Axayacatl. Concedió éste el pedido, mas como no había pretexto 
plausible para declarar la guerra, "envió sus embajadores á Tolocan, 
demandando cortesmente le dieran madera de cedro y de pino para 
la obra del teocalli. Sabían los^matlatzinca lo que aquello signifíca- 
ba, por lo cual respondieron que^nada poilían dar. Esta repulsa era 
suficiente para invadir un país bárbaro. 

parte inferior del teocalli, frente á la gran piedra de los sacrificios. Esto no ya de 
acuerdo con la reladion de algunos do los antiguos escritoras, quienes, aunque están 
de acuerde en decir que era circular como lo significa su nombre Temalacatl, están 
conformes en asegurar que la superficie superior era lisa y que tenía en el centro un 
Uladro del cual era atado el cautivo, como ya dije." — "I/as figuras representadas en 
leUeye sobre la piedra, evidontemute son 'de guerreros armados dispuestos para el 
combate: me ha parecido dar al piíblioo el dibujo, por primera yez, como pasto á 
Im observaciones de la crítica, con la esperanaa de^que'si no es la piedra gladiatoria, 
loB entendidos en las antigüedades mexicanas puedan descifrar algún dia lo que real- 
mente sea. Muy notable es qne los colores se cqnserven todavía frescos y que apa- 
lezca la figura de la "mano abierta** esculpida en un essudo y entre las piernas de 
■Iguna de las figulras de l6s grupos laterales. Esta "mano abierta** fu<í encontrada por 
Mr. Sl^hens en casi todos los templos que visitó en su reciente exploración de Yu- 
eatan.** — Brantz M ayer en efecto publica el dibujo: otro tomado también directa- 
mente del original vio la. luz publica en el libro intitulado HisC de la conquista por 
Ptasoott, editf.'dé Viceúte García l'orres, México, 1S44, tom. 1, pág. S-V — Juzgando 
0^ por esas lámlnaa, el nionuniéfito. no' puede ser un Temalacatl: le falta ser lisa la 
cara stiperior y el horado del ceotro; Evldentetpente las figurM no repréeentaki gue- 
rreros armados dispuestos para el combate^ se distingue que¡representan dk>&^, en- 
tre ellos Huitzilópocdtii, con sus armas y atributos, teniendo delante otras diviñida- 
des con sus trajes y atributos, ó sacerdotes llevando' en las manos los símbolos del 
bolocansto. Las figuras de la can^ superior no combaten ni .pueden estar combatien^ 
do; consideran» con el cuespo echado hacia atn^ y el rostro leyaotado, un objeto que 
parece estar en el aire, muy semejante al signo Cipactli. Por todas partes se advier- 
ien símbolos;, aves, ouadnípe^os y reptiles fantásticos; signos del sol y de los dias 
del mes, con multitud de objetos parecidos á los que oontíenen los libros rituales. 
Ko cabe la menor duda, es un monumento religioso destinado á los dipses, coa le- 
yendas relativas al oultp., En el presente afio, 1877, el Sr. Ministro de Fomento IX 
Tícente Bivn Palacio ha hecho. practicar diversas excavaciopes en la plaziL en busoc 
dé este 'monumento importante, aunque por;desgracia han salido infructuosas. 



360 

Axayacatl proclamó la gaerra entre sas aliados Nezahaalpillí 7 
Chimalpopoca, pidió el contingente á los pueblos sometidos^ y con 
poderoso ejército atravesó las montañas, yendo á sentar sus reales 
en Iztapaltitlan. Ahí concertó con sus capitanes el plan de campa» 
ña, poniéndose de acuerdo con Tezozomoctli, ya listo con los guerre- 
ros de Tenantzinco. Al dia siguiente, puesto el ejército en marcha^ 
con los méxica á la vanguardia por ser el puesto de peligro, dio con 
los matlatzinca en el paso del rio llamado Cuauhpanoayan; i sa 
vista titubearon un tanto los guerreros bisónos, siendo preciso que 
el Cuauhnochtli les arengara en presencia del emperfidor para que 
recobrasen el ánimo. Importante era el papo del rio, y comprendién* 
dolo asi los contendientes, cada uno había puesto de su lado una 
emboscada para atraer á su enemigo. Acometieron los méxica, y los 
matlaltzinca defendiéndose flojamente comeazaron á retirarse; si* 
guiéronles los tenochca, mas de improviso, aparentando miedo, em- 
pezaron á ciar; engañados entonces los matlatzinca^ pasaron el rio 
con gritos de victoria, hasta que cayendo descuidados en la celckda, 
mandada por Axayacatl en persona, fueron rotos y desbaratados, 
quedando tendida en la campiña la flor de sus guerreros. Apoderá- 
ronse los méxica del paso del rio, persiguieron á los fugitivos, pe- 
netraron con ellos en Tolocan, dieron fuego al teocallí cautivando 
al dios Coltzin, saquearon la ciudad y la dejaron sujeta: la misma 
suerte corrieron Calimaya, Tepemaxalco, Tzinacantepea y otros lu- 
gares. Los muchos cautivos tomados, sirvieron para el extreno del 
Teocuauhxicalli. (1) 

IX acatl 1476. ^'En 9 acatl, dice el Anáglifo Aubin, tembló de 
*'tal manera la tierra, que muchos cerros se derribaron y muchas 
"casas se destruyeron .** — Confirma la noticiad cronista franciaoono, 
escribiendo: — "Al sexto año del reinado de este rey, tembló la tie- 
rra, y fué tan recio el temblor, que no solo se cayeron muchas ca* 



(1) Loe Oódices Teneríano-ttemense 7 Vatíoano, colocan la gaerra contra los ma- 
tlatzinca en el afto Yin tochtli: disffngnese la red, maíSui, signo ideográfico del 
nombre de los matUtzinca y de la proTÍncia If aUatcinca, acompafiada dd yacytfU, 
símbolo de la gnerra. — ''En S tochtli, dicen los anales de Cnanhtitlan, comenzó Ift 
''guerra contra lott de HuezpÜa. Se destmyeron los matlatzinca.** — La conquista dQ 
estas ciudades consta en las láminas IX 7 X de loe anales en el Có^ce MendodnO: 
los tfibutos en la lámina XXXV de la Hatrícoia.— Véase Dttrán, cap. XXXV.—T^ 
sooomoOy t$^, otiat«nta y siete y cuarenta y ocha— T6r^emada flb. ' Jl, cap. LDC 



361 

^'sas, pero los montes 7 sierras en muchas partes se desmoronaron y 
'^deshicieron." (1) 

■ 

Los Códices Telleriano-Remense 7 Vaticano, colocan en este 
mismo año la reconquista de la provincia de Cuetlaxtla, insurrec- 
cionada el año anterior. (2) 

X tecpatl 1476. Axayacatl conquistó Ocuilla en la provincia 
Matlatzinca^ apoderándose de Malinaloo, asi como de Malacatepeo 
7 Coatepea Hubo un gran eclipse de sol. (3) 

XI calli 1477. *'£n 11 calli se destruyeron los poctepeca, en el 
'^mismo se presentaron los huexoctzinca i Azayacatzin, conduciém- 
^^doles las dos mujeres de Toltecatzin, quejándose de que sus ene- 
amigos pretendían derribar el templo de Mixcoatl, que so halla al 
^^pié de Chauhtzinco; porque sin embargo de ser de paja, querían con- 
^^servarlo. Axayacatzin recibió muy bien ú los enviados, principal- 
^'mente á las nobles señoras, mandando se les atendiera con alimen- 
^*tos y cuanto necesitaran. Se estuvieron algún tiempo en Méxi- 
co," (4) 

Conforme al Anáglifo Aubin, este mismo año se destruToron los 
de Icpatepec. 

XII tochtli 1478. El ejéryito de los reyes coligados se dirigió con- 
tra Xiquipilco, en la provincia Matlaltzinca. Llegados al frente de 
los enemigos, los jefes alentaron á los guerreros con los discursos de 

r 
f 

(1) Torquemada, lib. n, oap. UX. 

(2) *£! interprete del Telleriano escribe: — *'Afto de tO caftus^ de 1475, la provin 
"eia de Oofttlaxtla, que los Mezkaiios habían sujetado los afios pasados, se* ala^, la 
'Vmal tomaton á sajetar de nnevo.'* — Ctomo á primeía TÍata $e noia* no fvké afio de 
dieesinp da nueva oafias. Cnetlaxtla está esoxito con las correas de cuero, variante del 
nudo simbdlioo de este nombre: dalante se ve un guerrero armado con el nombre ád 
Teoochtitlan. La lámina X del Cod. de Mendoza, contiene á Ouetlaxtla, Puzcanb- 
tlan, Ahtiilizapan 7 otros pueblos da aquella demattoamon. El IfB. de Vt, Bemisdi- 
no confirma ambas fechas, es dadr, la del levantamianto an 1474, 7 raducoion da la 
provincia el afla siguiente. 

(8) Anáglifo AuUn.— Torquamada» lib. II, eap. LIX.— Anales de Ouaubtitlan* 
BifiL-^ddioes .Vafttoano 7 TelleriaBOi-Bamfinse.— El intérprete de asta segundo dice: 
•^**Afio da 11 NavB|as y da 1476, sajateon Uní Uaxioanoa á la provindn da OquOa 
^^(BÍ0)» En aate alio babo un aattpaa da 90L** —vAq^sa nota nuevo sfxor an la íach% 
no ata onc^ sino diez tecpatl. Las plnáOTia lapfmi^tift aljiyunbata qpnU» Teoooli- 
titlan, 7 el símbolo del eclipse^ 

(4) AnAksáeCwMiklÜiaB. MS. 



352 

costumbre. (1) Dada la batalla, los contrarios fueron puestos en 
huida; pero llegando á Tlacotepec, encontraron otro grueso de ma- 
tlatzinca mandado por el señor de Xiquipilco llamado Tlilcuetzpa- 
lin (lagartija negra), que resistió algún tiempo. Puestos también en 
fuga, llevado Axayacatl por su ardor juvenil, separóse de los guerre- 
ros de su escolta, y empeñado en la persecución, iba tocando el tam- 
borcico de oro, yopihuehuctl^ que á la espalda llevaba, con el cual 
daba órdenes al ejército. Al pasar junto á un maguey, saltó de im- 
proviso Tlilcuetzpalin de detras, descargando tan fiero golpe sobre 
el emperador, que lo hirió en el muslo hasta llegar al hueso. Detú- 
V086 Axayacatl y dobló la rodilla; precipitóse sobre él el matlatzin- 
c«i para .quitarle el tlauhquechol ó plumaje de la cimera del casco* 
pero el emperador se defendió con valentía; en tanto, una vieja lle- 
gó por detras, le arrancó de su lugar y huyó dando gritos de ale- 
gría. El guerrero matlatzinca luchaba cuerpo á cuerpo con el empe- 
rador para hacerlo prisionero; ambos se estrecharon fuertemente en 
la lucha, rodando sobre el suelo y poniéndose uno encima de otix> 
sucesivamente. En medio de la lucha, preguntó el joven azteca: 
"¿Quién eres? ¿Desde luego serás un gran señor? — Me llamo Tlil- 
cuetzpalin, respondió el guerrero. — Replicó Axayacatl: Mira, bella- 
co, si me quitas la vida, de los tuyos será México Tenochtitlan." (2) 
Los guerreros de la escolta del emperador, echándole de menos, se 
pusieron á buscarlo, encontrándole todavía defendiéndose; al verlos 
llegar, Tlilcuetzpalin huyó apresuradamente. Alzaron al joven del 
suelo, le limpiaron rostro y cuerpo sucios de sangre y polvo, tras lo 
cual dijo, dejadme descansar. Puesto después en unas andas, y car- 
gado en hombros de sus capitanes, fué traido á México, en donde el 
pueblo lo recibió con grandes regocijos y con los honores triunfales. 
Los prisioneros matlatzinca fueron sacrificados en la próxima fiesta 
del Tlacaxipehualiztli. (3) 

(1) Versaban estas arengas sobre el recuerdo de los dioses, la honra militar, la es- 
peranza de los despojos, la superioridad de los méxica sobre los demás pueblos dé 
la tierra, A desprecio por los enemigos que no eran agallas, leones, ni tigres para 
qne se los oomiesen, ni eran los fantasmas tritei miü ni los á,\ifíoáMeoUUcÍUf oontn 
ioñ cnales no podían defenderse los hombres, y en fin, h pvotecoiDn manifiesta qne 
les impartía tf gran Tetealmitl Qoitailopoehtii. 

(2) Tezozomoo, cap. cuarenta y ocho. — Durin, cap. XXXV. 

(8) Darán, cap. XXXVL— Tezozomoo, cap. cuarenta y nneye, y aíg. Hemos fija* 
do en este afio la guexra de Xiquipilco y la herida de Axayacatl siguiendo la autod- 



303 



Curado Axayacatl de la herida, si bien de ella quedó lisiado y co- 
jo, hizo un gran oonvite al 6ual fueron invitados los reyes de Acó! 
huacan y Tlacopan, con los sefíoresde las proviucias sometidas- asis 
tieron igualmente las mujeres del emperador, cosa inusitada en 
aquellas costumbres. Acabado el banquete, fueran sacados Tlilcnetz 
palm y otros dos famo80s>p¡tanes matlatzinca, á qnienoR se dio 
muerte en presencia de los concurrentes. (1) Fiesta digna de loe hi- 
JOS de Odin; venganza propia de un bárbaro. 

XIII acatl 1479. Los Códices Telleriano-Remense y Vaticano 
ponen en este afio la anotación de un combate religioso con los ene^ 
migos de casa, con motivo del logro de las sementeras 

Según el Anáglifo Aubin, hubo un eclipse de sol 

Vn dia el Cihuacoatl Tlacaelel habló & Axayacail, diciéndole-- 

"foír; íl\ ^'!l' ^' '^ ^''"^ "'" ^"« '^*« engrandecido tu 
nombre y te has pmtado con los colorea y pincel de la fama para 

siempre: resta agora que lleves adelante este nombre y grandeva 

que has cobrado; ya sabes que la piedra del sol está acabada jZ 

es necesario que se ponga en alto y que se le haga la mesma solen 

mdad que . esta otra se ha hecho, para lo cual invia tus mentj ." 

ros á Tezcuco y é. Tacuba, é los reyes y , los demás sefiores d ts 

provincias para que vengan & edificar el lugar donde se asiente el 

cual ha de ser de veinte brazas en redondo donde esté en me'dio 

"es^a insigne piedra." Enviados los mensajeros, acudió tanta «en e 

4 México, que un sólo dia hicieron la obra, quedando colotda W 

ZtZt w"'' ""' ^'""^ '^ '^''^''''' *°-^- I- -«''otes 
los tambores, bocinas y caracoles, quemándose g^n cantidad de iu^ 
cienso, habiendo iluminaciones, fiestas y regocijos (2) 

Al dia siguiente reunió Axayacatl á los dos reyes sus aliados y á 

dad de los Anales de Cuaubtitlan. Anafflifo AnKi« ^ n^^- ^ , 
atos colocan ol pueblo de Xi^^í^^l tl^lltT, 7- '^'"''^°" ' '^''""«*- 
Maüaltzinca. y delante d ga^ JmZnorS^aí T^fjZT ^'^ ^""'"''^ 
hemoB seguido, como mis conforme á I<w 5Z,mLt. f '"'• ^'^ '" '"'^'"'^ 

lib. n. cap. LIX. . documento», la remon de Torquemada, 

(1) Torquemada, lib. 11, cap. LIX. 

,jí:ii22m^d¿o'™.r«r:;:nsr;Sc:~^^^^^^ -•-- 

Durin. cap. XXXVr-'Tambien estaba T^ TLZZ „t f '7'°P°«'o ^<^ 
"de. muy l.br*J^ donde estaban esculpidasT^fl^ST- ? ^ '""^'' ^ ^- 

"Bom.^ con- t«.ta cnrioddad que eraCí Z ST„? , • ^"^'' ^ '""^' ^"^ ' 

"rfcanaunoB en l.pla«a «ande Jn^íl!!lÍ„r ; " '^ ^"^ ""'*'"' ''»'«' 7 

i««» gianae, junto í la acequia, h cual maadd enterrar el Illmo 

lOM. III.— 45 



354 

los señores asisíentes á la "fiesta, dándoles Á entender quería probar 
sus fuerzas contra los de Michhuacan, no sólo para experimentar si 
igualaban con las de los méxica, sino "para ver si podría con ellos 
"hacer la fiesta de la estrena de su piedra, que era semejanza del 
"sol, y eusangrentar su templo con la sangre de aquellas naciones." 
Admitida la determinación, cada quien por su parte aprestó el con- 
tingente de hombres, armas y víveres que le tocaba, reuniéndose 
considerable ejército, cuyo número se hace subir á 24,000 hombres. 

"y Rino. Sr. D. Fray Alonso de Montufar, dignísimo arzobispo de México de felice 
"memoria, por los grandes delitos que sobre ella se cometían de muertes/' — Según 
esto, la piedra fué puesta en obra por Axayacatl el año 1474, tiempo en que hizo la 
guerra á la provincia Matlatzinca y quedó terminada en 1479, según la misma pie- 
dra lo dice eu l.i fecha XIII acntl, que tiene esculpida. Pertenecía á los caballeros 
Cuacuauhtiu ó]del sol. Colocada horizontalmente sobre un macizo de veinte brazas 
de circunferencia, fué estrenaba en 1480 6 1481, costando la vida al emperador Axa- 
yacatl. Permaneció en su lugar hasta la toma de la ciudad de México por los caste- 
llanos, y después de la destrucción del templo, quedó abandonada al lado de la ace- 
quia. Entro los años 1551 á 15G9, que gobernó la mitra de México el Sr. D. Fray 
Alonso de Montufar, fué enterrada on el pavimento de la plaza prijicipal. Aquí per- 
maneció, ''cuando con motivo del nuevo empedrado, estándose rebajando el piso 
"antiguo de la plaza, el dia 17 de Diciembre del mismo año 1790, se descubrió á so- 

• 

'*lo media vara de profundidad, y eti distancia de 80 al Poniente de la misma según- 
**da puerta del real palacio, y 37 al Norte del Portal de las Flores; la segunda piedra, 
"por la parto posterior de ella, según consta. del oficio que en 12 de Enero de este 
"afio de 1791 remitió al señor intendente uno de los maestros mayores de esta N. E. 
"B. José Damián Ortiz, comunicándole la noticia de du hallazgo. Esta segunda pie- 
"dra, que es la mayor, la miís particular é instructiva, se pidió al Exmo. Sr. Virey 
**por los Sres. Doctor y Maestro D. José Uribe, canónigo penitenciario, y prebenda- 
ndo Doctor D. Juan José Gramboa, comist^o de la fábrica de la Santa Iglesia Cate- 
"drnl; y aunque no consta haberse formalizado este pedimento por billete, ó en otra 
"maniera jurídica, ni decreto de donación; se hizo entrega de ella de orden verbal de 
"S. E.. á dichort señores comisarios, segim me ha comunicado el señor corregidor 
"intendente, bajo de la calidad de que se pusiese en parte piíblica, donde se conser- 
/ **va«o siempre como un apreciable monumento de la antigüedad indiana." — Gama- 

Descripción de las dos piedras, &c., pág-, 10—11. En efecto, la piedra quedó coloca, 
da y aiín permanece pegada al cubo de una de las torres de la Catedral mirando al Oeste. 
—En cuanto al significado, nuestro muy entendido compatriota D. Antonio de León 
y Gama dio cumplida descripción de la piedra explicándola como un calendario, § 
XV, pág. 89, niím. 57 y sig. Admitió la opinión Humboldt, Vues des Cordilléres, 
tom. 1, pág. 332, y bajo su autoridad se difundió en Europa, de manera que la pie- 
dra ha sido llamada por propios y extraños, Calendario Azteoa. M&s no es tal calen- 
dario, sino la piedra del sol, y así lo prueba el Sr. D. Alfredo Chavero en su opiis- 
culo Calendario Azteca, ensayo arqueológico^ Segunda edición, México, 1876. Abun- 
damos en las opiniones del Sr. Chavero, creyendo en que con salir del antiguo error 
86 ha dado un gran paso en la ciencia arqueológica. 



366 

Los méxica iban condacidos por Axayaoatl, habiéndose alistado gran 
copia de los valientes caballeros denominados cuachic, otomitl, ach- 
canhtli y teqnihna, sin contar los esforzados cuanhhaehueqne ó 
maestros de armas. El ejército tomó por Tolo^n entre los matla- 
tzinca, dejó á un lado Tlaxim^loyan (Taximaroa), y fué á sentar sus 
reales junto á un lago. Aquella noche las escuchas descubrieron eS'- 
tar cerca el ejército tarasco; sus guerreros estaban sentados al rede- 
dor de la lumbre con sus arcos y flechas junto, y la honda amarrada 
á la cabeza. Los espías méxica pudieron informarse de ser los con* 
trarios 40,000, con muy lucidos arreos, provistos de buenas armas^ 
con guerreros muy escogidos. Sabidos estos pormenores en el oamr 
po, Axayacatl consultó á sus capitanes si sería prudente retirarse 
para tomar con mayores fuerzas; mas ellos fueron de parecer se die* 
ra la batalla, supuesto que el esfuerzo de los tenochca compensaba 
el número de enemigos. (1) 

Ordenado el ejército al dia siguiente, ya en marcha sobre los mi- 
chhuaca, hecha por el emperador la proclama de estilo, se presenta- 
ron á vanguardia algunos tarascos con vistosos adornos; adelantaron» 
se cuatro intérpretes, nahuatlato^ diciendo: — ^ ^Mexicanos ¿á qué venís 
con tanta gente armada á nuestras tierras? — 'Teñimos, les respon- 
dieron, á ver vuestras tierras y á veros á vosotros." Replicftron los 
tarascos: — ''De vuestra voluntad venísteis á buscar la muerte, todos 
pereceréis aquí." — "Veámoslo," replicaron los tenochca. Trabóse 
inmediatamente una reñida pelea, prolongada durante to4o el dia 
con éxito vario, terminada porque la noche separó á los combatientes. 
Recogidos los guerreros al real azteca, se vio venían mermados, h^ri* 
dos, cansados, desalentados; Axayacatl y los generales les prodigaron 
palabras de esperanza y consuelo, repartiéndoles la bebida mística 
llamada yolatly propia para reparar la vida, las f aerzas y él valor. (2) 

(1) Duran, cap. XXX Vil. — Tezozomoo, cap. cincuenta y uno, AIS. 

(1) Duran, cap. XXXVII. — Tezozomoc, cap. cincuenta y dos. MS. — Según el dic- 
cionario de Molina: — ** Yólotl, bebida de maíz molido y crudo, para loe qdd so des* 
mayan.'* — ^^CompÓnese de ¡^U que,, según su oalidad, tiene las adopciones ^e Titlr» 
* 'animar, resucitar, cosa que contiene vida, &o.; y de aquí loa derivados yoUUetU, 
"vida," yoUoÜi, "corazón," y teyoUa 6 teyoUtia, el alma." "M otro componente de 
*1a palabra es AU, "agua;" de manera que traducida literalmente la palabra yolaU, 
"signiñoa (tgua de vida, y metafóricamente, de esfuerzo j de valor." Bamírez, nota 
á Dmán, pág. 290. La vida para los méxica estaba contenida en el corazón, y por 
680 86 ofrecía á la divinidad apenas airancado del pecho. 



366 

A la mañana siguiente fué renovado el combate. Tan bien orga* 
nizados y valientes los michhuaca como los tenochca, en aquella vez 
les eran muy superiores en número y más con las tropas que habían 
recibido de refresco, así que, cargando con todo su poder, dada muer- 
te á los valientes que por obligación no podían retroceder, haciendo 
espantoso estrago en los guerreros aliados, hicieron huir amedrenta- 
dos á quienes pudieron escapar; en balde Axayacatl y los generales 
quisieron contener á los fugitivos, pues arrastrados por ellos, tuvie- 
ron que ponerse en salvo, dejando sobre el campo al Huitznahuacatl, 
próximo pariente del emperador, y uno de los consejeros reales. Axa- 
yacatl, con los restos de sus mermadas tropas, vino á descansar en 
Ehecatepec: contados los guerreros, se vi6 faltar de las diversas par- 
cialidades hasta 20,000 hombres, quedando reducidos los méxica á 
fiólo doscientos. (1) Nunca habían sufrido los imperiales tan san- 
grienta rota. Los sacerdotes salieron al encuentro del emperador con 
las ceremonias de costumbre en las entradas triunfales; pero aquello 
fuó sólo adulación, 6 más bien el respeto tributado al monarca como 
persona divina, y claro dijeron el sentimiento de la ciudad, el silen- 
cio y las lágrimas [del pueblo. Celebráronse en seguida . las honras 
por los guerreros muertos y principalmente por el malogrado Huitz- 
nahuacatl. (2) 

I tecpatl 1480. Según los Códices Telleriano-Remense y Vatica- 
no, se sintió en México un terremoto. 

**En 1 tecpatl murió Tlazolyaotzin, de Huexotla, y le sucedió in- 

"mediatamente Cuitlahuatzin." (3) 

* 

Trascurrido casi un año del duelo por los guerreros muertos en 
Michbuacan, Axayacatl insistió de nuevo víctimas que inmolar en 
el estreno de la piedra del¿sol; débil para emprender una guerra, se 
le ocurrió marchar contra los enemigos de casa. Al efecto, reunidos 
los guerreros méxica á los*de Texcoco y Tlacopan, se presentaron 
delante de Tliliuhquitepec, entre Otompa y Tepepolco. Según el 
pacto admitido, los de Tliliuhquitepec, correspondientes á los tlax- 
calteca, no podían esquivar el combate, por lo cual tuvieron que 

(1) Dnrán, cap. XXXVn.— Tezozomoc, cap. cincaenta y tres. MS. 

(2) Darán, cap. XXXVIM.— Tezozomoc, cap. cincuenta y tres. MS. 
(8) Anales de Caauhtítlan. MS. 



367 

aprestar sus guerreros y salir al campo; siguióse, pues, una de aque- 
llas luchas, más de astucia que de fuerza, eu que el intento no era 
matar, sino apoderarse de los guerreros vivos. Bespues de algún ra- 
to de pelear, el señor del pueblo se adelantli y dijo é, Axayacatl: — 
''Señor poderoso: ya hemos jugado y recreádonos un poco en esta 
''escaramuza, y sí vosotros vais llorosos, nosotros lo quedamos más; 
"empero consolámonos, que no ha sido sino por vía de hechos de hom- 
"bres; cesen por ahora vuestras e&padas é idos enhorabuena." (1) 
Terminó entonces el combate, retirándose los guerreros á sus res- 
pectivos reales. Contados los prisioneros, vieron los méxica no ha- 
ber sido tan felices c<yno en otras ocasiones, pues si tenían en su 
poder setecientos cautivos, dejaban en manos del enemigo cuatro- 
cientos veinte de los suyos: '^tuvieron gran dolor de sus hijos y her- 
"manos; pero consolóse el rey con decir á la gente del ejército, que 
'*de ambas partes había querido comer el s©l." • 

El ejército fué recibido en Tenochtitlan con los honores del triun- 
fo, mas como la victoria no había sido completa y tenían que lamen- 
tarse grandes pérdidas, de los sacerdotes que salieron al encuentra 
del emperador, la una mitad salió con las cabezas ceñidas y trenza- 
do el cabello con hilo colorado ep señal de alegría, mientras la otra 
mitad llevaba las cabelleras sueltas y tendidas, por luto y tristeza. 
Los guerreros fueron recibidos por los ancianos con pláticas de ala- 
banza y zahumerios de copalli; dieron la vuelta al rededor de la 
piedra del sol, desfilaron ante Huitzilopochtli y después ante Axa- 

« 

yacatl, haciendo la acostumbrada genuflexión, retirándose en segui- 
da á descansar. Los prisioneros quedaron repartidos por los calpulli 
y se hicieron las exequias por los guerreros muertos. (2/ 

Para el estreno de la piedra del sol, que tan costosa y funesta fué 
para Axayacatl, se envió á convidar á los señores de Tkxcalla, 
Huexotzinco y Tlaxcalla, sin duda para que presenciaran el degüe- 
llo de sus hermanos, y al lejano señor de Meztitlan: todos cuatro 
aceptaron, entrando de noche á Tenochtitlan y presenciando de ocul- 
to la fiesta, pues como á enemigos no se quiso fueran vistos por la 
plebe. Llegado el dia, Axayacatl y el Cihuacoatl se pusieron sus 
más ricos trajes; los sacerdotes se revistieron de las insignias de los 

(1) P. Duran, cap. XXX VIII. 

(2) P. Duran, cap, XXXVIII. — Tezozomoo, cap. cincnentay cuatro. MS« 



368 

dioses Quetzalcoatl, Tlaloc, Opochtli, Itzpapalotl, Yohualahua, 
Apantecutlí, Huitzilopochtli, Toci, Cihuacoatl, Izquitecatl, Icnopi- 
li, Mixcoatl y Tepuztecatl, colocándose todos subidos encima de la 
piedra. Antes de anaanecer, el enaperador y fu segundo se pusieron 
también sobre la piedra, armados con el cuchillo del sacrificio. "Lue- 
ngo sacaban los presos, todos embijados con yeso, y las cabezas em- 
"plumadas y unos bezotes largos de pluma, y poníanlos en renglera 
"en el lugar de las calavernas, y áñtes que los empezasen á sacrifi- 
"car, salía un encensador del templo y traía en la mano una gran 
"hacha de incienso, á manera de culebra, que ellos llamaban xiuh- 
^^coatl^ la que venía encendida, y daba cuatro*vueltaf? al rededor de 
"esta piedra encensándola, y al cabo echábala así ardiendo encima 
"de la piedra y allí se acababa de quemar: hecho e.sto empezaban 
"los sacrificios, matando el rey hasta que se cansaba, de aquellos 
"hombres presos, y luego lo sucedía Tlacaelel hasta que se cansa- 
"ba, y luego aquellos que representaban los dioses sucesivamente, 
"hasta que se acabaron aquellos setecientos hombres presos que de 
"la guerra de Tliliuhquitepec habían traido, los cuales acabados» 
"quedando todos tendidos junto al lugar de las calavernas y todae* 
"templo y el patio ensangrentado, que era cosa de gran espanto y co- 
"sa que la mesma naturaleza aborrece, fué el rey y ofreció á sus 
"huéspedes muy ficas mantas y joyas y muy ricos plumajes. Ha- 
"biéndoles dado muy bien de comer, enviólos á sus tierras, los cua- 
tíes espantados y asombrados de una cosa tan horrenda, se fueron á 
"sus tierras: Idos estos señores, el rey cayó malo del cansancio de 
"aquel sacrificio, y del olor de la sangre, que era, según cuenta la 
"historia, un olor acedo y malo." (1) 

II callí 14fil. Sintiendo su fin próximo, Axayacatl quiso que en- 
tallaran su retrato á semejanza del de Motecuhzoma; fueron llama- 
dos los canteros, "y así fueron á Chapultepec y habiendo visto otra 
"buena peña la comenzaron á labrar, y en breve tiempo acabaron de 
"labrar la figura, que estaba parada, con cabello de preciada plume- 
"rla, y teñido con qolores de la propia manera que el pájaro tlauh- 
*^queckol, con su rodela y en la otra mano un espadarte y por dosel 
"ó alfombra á sus pies un cuero de tigre; y con la margajita dorada, 
"azul y plateada, que hacía aguas y colotes que resplandecía y era 

(1) P. Duran, cap. XXXVIII, 



359 

"muy vistoso." (1) Terminada la obra, enfermo como estaba, se hi- 
zo llevar á verla cargado en unas andas, quedó complacido de la la- 
bor, y al tomar á la ciudad, espiró en el camino. Así acabó Axaya» 
catl, después de poco más de doce años de reinado. (2) 

Luego que el cadáver llegó Á Tenochtitlan, fué vestido con las 
insignias reales y colocado sobre un estrado en la sala principal del 
palacio. (3) Numerosos mensajeros salieron* apresuradamente á co* 
municar la triste nueva, así á los reyes aliados como á los señores 
de los pueblos sometidos. Cada uno de ellos, iil recibir á los envia- 
dos, lloraba y se lamentaba, ofreciendo presentarse en México. En 
efeoto, el primero que «e presentó fué Nezahualpilli, trayendo cuatro 
esclavos, dos mujeres y dos hombres, y un rico presente de mantas^ 
joyas, plumas, pieles y cosas preciadas de diversos géneros: puesta 
la ofrenda al rededor del cadáver, el rey aculhua se adelantó con se* 
nales de sentimiento, dirigiendo al difunto un discurso en que loa- 
ba sus virtudes y valor, lamentándose de que tan presto hubiera de- 
jado la vida. Chimalpopoca, de Tlacopan, siguió con los mismos 
regalos y discurso, prosiguiendo por su orden conforme llegaban, los 
señores de Chalco, Cuauhnahuac, Yauhtepec, Huaxtepec, Yacapich- 
tla, Tepeyacac, Cuetlaxtla, viniendo también los de Tlaxcalla, Hue- 
xotzinco y Cholollan, quienes como constantes enemigos del impe- 
rio, entraron de noche en la ciudad, presentando su regalo y hacien- 
do su lamentación. Los cuatro consejeros principales recibían á los 
señores dolientes; terminadas las recepciones, dieron álos huéspedes 
un solemne convite, repartiéndoles del tesoro real inmensa cantidad 

(1) Tezozomoo, cap. cincuenta y cuatro. MS. 

(2) Admiten la fecha 1481, el Códice Mendocino, la Hist. fñncrónica de Tepech- 
pan y de México, Duran. IxÜilxochitl, el Cómputo cronológico de los Indios mexi- 
canos por D. Manuel de los Santos Salazar, la Hist. ó Crónica mexicana de Chiraal- 
pain, los Anales de Cuauhtitlan, Mendieta, &o. Sigüeuzay Gróngora r'-^r^a z\ r:i:ia* 
do de AxayacaÜ de 21 de Noviembre de 1468 en que subió al trono, al 21 de Octubre 
1481 en que murió: le sigue Betancourt. Los Códices Vaticano y Telleriano-Remen- 
se, colocan este acontecimiento el IV acaÜ 1483, mientras el Anáglifo Aubin le po~ 
ne en ell tecpaÜ 1480. Clavigero fija el afío 1477, lo cual es un verdadero error que 
disloca U cronología, y estrecha de una manera imposible los hechos: pronto dare- 
mos oon el suceso qne hizo vacilar á nuestro muy entendido compatriota. 

' (3) Axayacatl construya el palacio en que vivía y ocupaba, 'ia línea de casas que 
^'comienza entre el niím. 13 y 11 de la calle de Santa Teresa y dan vuelta á la 2. ^ 
"del Indio Triste." Bamírez. — Aquí se alojaron los castellanos al entrar en México, 
y tuTÍeron lugar aiuchos de los principales acontecimientos de la conquista. 



360 

de ropas y preseas, despicHéndolos en seguida con toda cortesía: los 
de Tlaxcullrt, Huexotzincoy Cholollan, ademas del agasajo, recibie- 
ron arniíis muy galíiiias, en señal de seguir siempre como enemigos. (1) 
Idos los señores extraños, fuera de {los de Texcoco y Tlacopan, 
formaron la enrannula dicha //acoc/¿ca//i, casa del descanso, en la 
cmJ pusieron un bulto de rajas unidas de tea, con rostro,, brazos y 
piernas, retrato del emperador, vestido con las insignias reales. Cu- 
briós<3 el cadáver con cuatro vestidos uno sobre otro. El primero de 
Huitzilopoclitli, pjira lo cual embijaron al rostro al difunto, le pu- 
sieron la n}anta uoonUdehviíl, encendida y alumbrada; en la cabeza 
el ichcaxocItiU^ flt»rde alf^odon, con un plumaje sutil de madera pin- 
tada maíacaqiicíznlli^ plumas aguzadas, cobijándole la manta ne- 
thiffuerhíloni. El stMr,indo del dios Tlaloc, tenía para la cabeza el 
plumaje ^/c/í/c/o/í///, de pl unías blancas de garza mezcladas con otras 
verdes y una flor de la caña del maíz miahuaxochitl; una rodela en 
la mano pintada do color de fuego y en la otra mano un palo despi- 
diendo rayos, il(ipvtl(niilrti<thuUl^ y en el cuerpo una especie de so- 
brepelliz ó r(>(|uete, (n/miltaicolli. El tercer vestido del d¡03 Yohua- 
laliua, para la cjibeza el i)\\\mti]Q tlatüiquechotzontli^ (2) en la mano 
un hueso de veii.ulo aserrado como el empleado en ciertos bailes pa- 
ra hac?r ruido, llafiuido Inimichicahiiaz^ y en la otra mano un bá- 
culo con utias s(»nM¡:is. El cuarto vestido era el del dios duetzal coatí, 
con una niáNCJir.i d*^ í¡;j;re con un pico de pájaro, y una ropa con una 
especio (léalas, roiloridi por abajo, un maxtlatl con puntas redo»- 
das y la iiiantu pcnjucfia nombrada de mariposa. 

Adereza<!o el Ijiilto 6 semejanza y puesto en el tlacochcalli^ vinie- 
ron 1"S ancianos y lus sacerdotes comenzando el canto de los muer- 
tos, 'íniccdmiicatK' las veinle mujeres del finado salieron con el pelo 
tendido, trayendo comida y bebida, con jicaras de cacao, que pusie- 
ron delante de la imagen; los nobles y señores le presentaban rami- 



(1) Dunia, cip. XXXIX.— Tezozomoc, cajT. cincuenta y cinco. MS. 

(2; El tlauhqvej^hol, 8»=ífi;un Tozozoraoc, era nn pájaro de plumas finas semejantes 
álasdol ^?y/¿?¿¿^/V//i, de diversos colores y con cambiantes; Uamábanlos también 
Uauhqverholtv'nilzran ^íicuan por no haber otras aves tan grandes como dsta en su 
género. En Calpau, Cozcatl y Cuetlaxtla había otras aves grandes Uamadas queUsah 
totoU, una especie de pato de plumas finas dicho quetzalcanauTUli, y el tlauhquechol 
6 tlapalaztatl, garza colorada que parece corresponder al flamenco. Véase lo que 
acerca de e8.o8 pájaros dice e) P. Sahagun. • 



361 

lletes de flores, yetl para fumar, incensándolo con los braserillos di- 
chos quitUnamaquilia^ todo cual si se hiciera á la persona viva. 
Acahada esta comida, que podremos llamar de despedida, traían á 
todos los esclavos (1) dados de regalo por los señores, y á todos los 
de la servidumbre real, á los cuales vestían de ropas nuevas y ga- 
lanas, cargándoles en cajas pequeñas las preseas usadas por el em- 
perador, poniéndoles en los cuerpos las ropas y armas de su servicio 
personal. Venían al último los enanos, corcorvados y. farsantes del 
difunto, á los cuales adornaban pon joyas de oro y plumas finas, con 

« 

una especie' de manopla nombrada mateniecatl ^ dánioleQ la cerba- 
tana del monarca y sus utensilios de cq.2a. 

Acabados estos preparativos, volvía el canto por el difunto, llora - 
ban las mujeres, y daban muestra de dolor los circunstantes por un 
buen rato. Sobrevenían los sacerdotes, trayendo jicaras de iztctc oc- 
tlij derramándolo al rededor del bulto, y dejando el resto para los 
músicos. Los principales personajes tomaban retrato y cadáver, po- 
niéndolos juntos sobre una pira preparada á los pies de Huitzilo- 
pochtli; esta pira estaba compuesta de rajas de ocotl y de cortezas 
de encina requeridas para aquellos casos, tlaxipehnali. Dado fuego 
á la leña, ciertas personas estaban encargadas de avivar la lumbre 
y remover las ascuas, hasta que el cuerpo quedara reducido á cenizas. 
Los sacerdotes traían unxicfalli con flores olorosas y un xicalli verde 
lleno de xoquiaczoyaatly especie de agua liistral que con un hisopo 
de hojas de laurel, se salpicaba tres veces sobre las cenizas, rociando 
después los rostros de los señores principales y guerreros, de las mu- 
jeres del monarca y de las señoras de la concurrencia. 

Tocó sii turno á los esclavos. ^'Hermanos míos, les dijo un sacer- 
*'dote, id en paz á servir á vuestro amo y señor y rey nuestro Axa- 
"yacatl, idle consolando y animando por donde fuere: mirad no le 
"falte algo de sus joyas, no se os caigan por el camino, servidle con 
"mucho cuidado y dadle todo lo que hubiere inenester, así de esta 
"comida como de su bebida: mirad no os falte algo y caigáis en al- 
"guna falta.'' Los pobres daban las gracias á los señores y empeza- 
"ban á llorar despidiéndose do ellos. Luego se volvían á los coreo- 
ovados y á los enanos y domésticos de su casa, y les encomendaban 

(l) Se Uamaban tepantlacalUin ó teixpanmiquiztenicaltin, los que van tras del di- 
funto aoompafiándole. 

TOM. III. — 46 



362 

'^tuviesen gran cuenta y cuidado de dar aguamanos á. su señor y d« 
^^administrarle el vestido y el calzado, como hasta alH habían hecho 
*^y de darle el peine y el espejo que llevaban, y de darle la cerbata- 
"na cuando la hubiese menester y el arco y flechas: mirad no os falto 
"algo en el camino; id y servid con todo cuidado á vuestro rey y se- 
"ñor." Sacando un teponaztli del emperador, lo pusieron sobre el 
cuauhxicalli, y encima fueron sacrificados todos aquellos infelices, 
sacándoles el corazón como en el sacrificio ordinario, presentándolo 
á Huitzilopochtli, rociando también el ídolo con la sangre. Muertos 
como hasta sesenta entre hombres y mujeres, con la sangre recogi- 
da en una jicara, acabaron d§ apagar las cenizas, y en un hoyo abier- 
, to á los pies del dios fueron enterrados cuerpos, ropas y joyas, ter- 
minando aquella barbarie. 

Los señores que presidían el acto, dieron gracias á todos los asis- 
tentes, haciendo de nuevo el elogio del difunto; los huéspedes hicie- 
ron- nuevas demostraciones de dolor, lamentando la pérdida grande 
sufrida por la patria, retornando á sus hogares. Los méxica, con las 
mujeres del difunto y sus parientes, ayunaron ochenta dias, á cabo 
de los cuales repitieron las mismas ceremonias con ¿tro bulto de 
madera, terminando el sumo sacerdote con afirmar, "que ya estaba 
"Axayacatl en Ximoayan, dando á entender que estaba en lo pro- 
"fundo del contento y oscuridad, en las partes izquierdas opoch hua- 
^^yocaUy en lo más estrecho que no tiene callejones in aílecalocan 
^'chicuhnauh mictlan^ en el noveno infierno del abismo, y éstas 
"eran las honras y enterramientos que les hacían á los fenecidos re- 
"yes mexicanos de Tenochtitlan." (1) 

Axayacatl Tecuhtli fué gran capitán y valiente soldado. Entre 
sus hijos so enumeran á Motecuhzoma Xocoyotzin y á Cuitlahuac, 
' ambos emperadores ^e México. Extendió los límites del imperio al 
O. y N.O. hasta las fronteras de Michhuacan, afirmando el poderío 
mexicano, en lo ya conquistado. Por su influjo, el culto de los dio- 
ses se extendió por la tierra con profusión de víctimas humanas. 
La asistencia á esos espectáculos sangrientos endurecía el corazón 
del pueblo, infundiéndole indiferencia por la muerte. Cada hombre 
que asistía al sacrificio de un cautivo debía considerar, que siendo 
de profesión guerrero, fuera de salir vencedor en los campos de ba- 

(1) P. Duran, cap. XXXIX. — Tezozomoc, cap. cincuenta y cinco. MS. 



363 

talla, su futura suerte no tenía otra perspectiva, que caer acribilla- 
do de heridas en un combate, 6 perecer en las aras de algún dios. 
México era un campamento de soldados dispuestos á la fatiga y á 
la muerte. La guerra era la ocupación principal; por ella se alcan- 
zaba botin, honras y recompensas, por eso los hombres todos b^ lanza- 
ban con ansia á las conquistas, y con mayor placer á las más distan- 
tes, porque* entonces la licencia no reconocía límites, y el saqueo de 
las poblaciones era de buen derecho. A los provechos mundanos se 
unía la fe religiosa; la guerra se emprendía para ensanchar el im- 
perio, mas también para honrar á los dioses, para propagar su culto, 
para agradarles con víctimas traidas de todos los pueblos alumbra* 
dos por el sol. Los guerreros, pues, por medio de sus armas rema- 
taban acciones meritorias, queridas de la divinidad; si sucumbían, 
obtendrían inestimables reóompensas, supuesto que en ■ el mundo 
desconocido les esperaba el galardón reservado á los valientes. La 
guerra, en último análisis, era el provecho en esta vida, y la salva« 
cion en la otra. 



* • 



—9^ 



CAPITULO VI. 



Tízoc. — Nezahualpilli. 

ÍJleccion de Tízoc.— Ceremonias para la investidura real— Guerra contra MesstiÜan, 
— Oej'emonias de la coronación. — Primeros años del reinado de NezáhualpíOi, — 
Guerra contra fíaexotzinco. — Guerra contra lospiteblos de la costa del Go\fo. — 
Templo de Jluitzilopochtli en Texcoco. — Muerte del señor de Itztapalapan. — Tízoc 
pone los fundamentos del templo mayor de México.-^ Guerra de Cuauhnahuac eon^ 
i¿ra Huexctzinco.— Insurrección délos matlatzinca. — Muerte de Ouauhpopoeatan, 
señor de Coatlichan. — Número de las concubinas de Nezahuálpilli. — Matrimonio de 
NezahualpilU, y su legitima sucesiovr, — Campaña contra Nauhtla. — (hierra contra 
xanas provincias, Iiasta los múcteca y tzapoteca. — Muerte de Tízoc. — Ejecución de 
los cntenenadores. — Exequias del rey. 

ncallL 1481. Reunidos los electores en la forma acostumbrada 
fué nombrado Tízoc Chalchiuhtlatona, hermano mayor del di- 
funto emperador; el pueblo y la nobleza de Tenochtitlan ratiñcaron 
el nombramiento. Dado aviso de ello á todos los señores, concurrie- 
ron aún los de los países más distantes, trayendo cada uno ricos y 
cuantiosos presentes, en señal de sumisión y vasallaje. Reunidos el 
dia señalado, puesto en pié el electo, NezahualpilU como rey de 
Texcoco, le puso en la cabeza la corona de piedras verdes engasta- 
das en oro; le horadaron la ternilla de la nariz, atravesando por ol 
horado una esmeralda delgada y cilindrica; en las orejas dos esme- 
raldas redondas; ima especie de banda del codo al hombro llamada 
matemecaU; en las muñecas las pulseras dichas ma/;20/?ec^/v ajor- 



366 

cas en la garganta del pié, yexitetuecuehiliy con cascabeles de oro; 
cactli 6 zapatos de piel de tigre dorada; en el busto una especie de 
jabón fino, anuhhuitzolli; una manta rica, j enoimaotra de nequen 
azal con un sol pintado en el centro, xuihayatl^ con un maxtlatl 
del miamo material. Ya vestido, le sentaron en el Cuauhicpalli 6 
trono, que estaba revestido de .un cuero de tigre, los ojos relum- 
brantes con unas piedras, la boca abierta con los dientes limpios y 
blancos, y las uñas; al lado derecho pusieron un carcax con flechas, 
arco y rodela como símbolos de la justicia. 

Sentado en el trono, los nobles le tomaron en hombros llevándole 
á lo alto* del templo, descansándole á los pies , de Huitzilopochtli; 
los sacerdotes le dieron un hueso agudo de tigre, sacrificándose con 
sacarse sangre de las orejas, las espinillas y los pulpejos de los bra- 
zos. Bajado á donde estaba la piedra del sol 6 cuavhxicalli^ se sa- 
crificó de nuevo en. las misúaas partes del cuerpo; inmoló codornices, 
arrancándoles las cabezas y echando la sangre en el agujero de la 
piedra, y puesto copalli en un brasero, incensó á los cuatro puntos 
cardinales. Fué llevado en seguida al palacio nombrado TlillancaU 
cOy y entrando en la cámara apellidada tlillan^ negrura, por estar 
pintada toda de negro y ser casa de recogimiento y tristeza, dedi- 
cada á Cihuacoatl, (1) se sacó sangre; sacrificó codornices é insen- 
só la sala. Idéntica ceremonia repitii6 en el teocalli de Yopico, dedi- 
cado al dios yopiy en el teocalli de Huitznahuac, á las orillas del 
lago, y en otro lugar no apuntado, pues eran cinco aquellas estacio- 
nes. Vuelto de nuevo á su palacio, (2) y eentado en el trono, comen- 
zó Nezahualpilli una larga arenga de felicitación, luego Chimalpo- 
poca, y por su orden los señores de las provincias conquistadas, to- 
dos los cuales recomendaban al nuevo soberano, el buen gobierno y 
^I cuidado de los pobres, la defensa de la patria, encuito de los dio- 
ses, y la honra de los valientes. (3) 

Mientras el emperador no era ungido, no mandaba en nada, perma- 
neciendo en ayuno y abstinencia; para aquel acto solemne eran pre- 
cisos los cautivos tomados en una provincia extraña, siendo ésta la 

(1) Dice Tezozomoc ubicando el lugar, '-la que fué la propia casa de la moneda 
ahora treinta y ouAtro afios.*' Escribía en 159S. 

(2) ''A donde es ahora la real audiencia," dice Tezozomoc. 

(8) P, Duran, cap. XXXIX.— Tezozomoc, cap. cincuenta y seis. MS. 



366 

razón de emprender una conquierta antes de empañar el cetro. Pa- 
blicóse de la manera acostumbrada la guerra contra Metztitlan, es- 
cogida para aquella sinrazón, situada en los confines N.E. del im- 
perio, independiente, y con su capital del mismo nombre (Mezti- 
tlan, Estado de Hidalgo.) Acudieron los contingentes de Nezahual- 
pilli, de Chimalpopoca y de los pueblos sometidos, y el ejército con 
Tízoc á la cabeza, atravesó el territorio de los acolhua, tocó en Te- 
zontepec, sentando sus reales ^n Atotonilco, punto cercano al país 
invadido'. Los de Metztitlan se confederaron cojí los huasteca sus 
vecinos, defendiéndose con tanta valentía, que no sólo contuvieron 
el ímpetu de loa imperiales, sino que les desbarataron sucesivamente 
sus mejores escuadrones: en aquel apuro Tizoc hizo entrar al com- 
bate ¿los mozos de diez y ocho á veinte años que en el ejército iban, 
para ver y aprender las cosas de la guerra, los cuales pelearon con tal 
brío, que rechazaron á los cuexteca, haciéndoles repasar el rio due- 
tzalatl. El emperador dio con aquello por terminada la campaña, con- 
tento con que los muchachos lograran la ventaja no obtenida por 
los veteranos, no obstante que por trescientos hombres de pérdida, 
solo venían los cuarenta prisioneros tomados por los guerreros no- 
Veles. (1) 

Aunque fué aquel un verdadero descalabro, á Tizoc se recibió en 
México con }os honores del triunfo. Salieron los sacerdotes y los 
cuauhhuehuetque^ (2) á encontrarle hasta Nonoalco; los veteranos 
con las mantas listadas de negro, llamadas nacaz7nicqui^ y sus bor- 
dones en las manos como viejos cansados. Ál llegar el ejército á Te- 
zontlalamayocan (Santa Catarina Mártir,) los sacerdotes colocados 
en los teocalli tocaron las bocina^, los caracoles y el atambor sagra- 
do, regocijándose el pueblo por orden superior, que no de entusias- 
mo. (3) El resta de las ceremonias fueron las de costumbre, sin fal- 
tar la visita interesada de los ouauhhuehuecque á las familias de 
los guerreros difuntos, para darles el pésame, y recibir en retribuí 
cion algún regalo. 

Señalado el dia para la consagración del emperador, como ahora 
diríamos, se mandaron mensajeros dando aviso á las provincias ami- 

(1) P. Duran; cap. XL. — ^Tezozoinoo, cap. oinoaenta y nete. MS. 

(2) Ouauhhuehuetgne, águilas viejas; soldado^ ancianos, releyados por su edud da 
ir á la guerra: eran como nuestros inválidos. 

(3; P. Duran, cap, XL.— Tezozomoo, cap. cincuenta y siete. MS. 



36^ 

gas 7 Á las sometidas; de todas, aun de las más remotas vinieron los 
señores con preoiados regalos, y llegaron los mayordomos reales tra- 
yendo los tributos consistentes en mantas, esteras, ]joyas, plumas, 
pieles, toda clase de artefactos, producciones naturales y manteni- 
. mientes, formando un catálogo casi imposible de enumerar. Petla- 
oalcatl, el tesorero real, encabezando á los recaudadores, puso á los 
pies de Tízoc aquellas riquezas, recibiendo el encargo del rey de 
aposentar y mantener á los señores y convidados con la mayor es- 
plendidez. La ciudad rebosaba en huéspedes, todo era animación y 
bullicio, ocupándose millares de macehuaíes en engalanar la ciu- 
dad, adornar los palacios y organizar las músicas y danzantes. El 
palacio de Tízoc estaba lleno de arcos y rodelas de tollitiy sembra- 
do el suelo de oloroso trébol, quetzal ocoxochil^ con mil invenciones 
y aderezos. 

Al dia siguiente, los mensajeros del emperador, comenzando por 
Nezahualpilli y Chimalpopoca, siguiendo por los señores de las pro- 
vincias y los convidados, presentaron á cada uno ricos vestidos y 
joyas, según la clase de la persona, diciendo á cada uno en particu- 
lar cómo Tízoc era rey de México, y aquella dádiva debía servir 
para que regocijase la fiesta. El baile se organizó en el gran pa- 
tio del palacio, poniendo en el centro una enramada vistosa llama- 
da hu^huexacalco^ coronada con el águila despedazando una cu- 
lebra, sobre, un nopalH (nopal cactus^) armas de la ciudad. Coloca- 
dos allí los músicos, entonaron un canto en loor de Huitzilopocbtli, 
siguiendo nn baile grave j compaseado, en qlie tomaban parte los re- 
yes mismos, vestidos con todo lujo, notándose entre los bailarines 
personas disfrazadas de. tigres, águilas y otros animales. Tízoc, re- 
lumbrante de joyas, seguido de su noblezli llevando sus armas,- se 
acercó al tepoiiaxtli^ le zahumó con copalli dando vueltas al rededor 
cuatro veces, sacrificando codornices en honra del dios de la danza. 
A la hora de costumbre fué servido un espléndido banquete, sin 
escasear las flores y ramilletes, ni los cañutos para fumar, que en- 
tre.ellos era de los mayores placeres. 

El baile prosigió al día inmediato. El regalo de ropas y adornos 
no se hizo sólo á reyes y señores, mas también á los guerreros de 
todas denominaciones, á los sacerdotes de los templos grandes y chi- 
cos, y aún á todos los ancianos y menesterosos de la ciudad. Tízoc 
sé puso en la cabeza la diadema de oro esmaltada de piedras verdes' 



368 

llamada xiuhhuitzolliy j en la nariz la piedra dicha xiuhhuitl^ mess- 
clándose en la danza con Nezahualpilli, llevándole la bolsa del in- 
cienso y Chimálpopoca con unas codornices; de una manera proce- 
sional fueron hasta las gradas del templo, volviendo en la misma 
forma hasta el lugar del teponaztli y tlapanhuehuetl^ los cuales in- 
censó, sacrificando las avecillas. El anciano Cihuacoa^ tomó enton- 
ces parte en la danza, y para hacerla más aniípiada comieron los 
hongos dichos cuauhuanacatl^ los cuales tenían la propiedad de 
trastornar el juicio produciendo una especie de embriaguez. Cuatro 
dias arreo duró este festejo, habiendo en cada uno banquetes y re- 
frescos á su modo, con reparto de ropas, alhajas y plumería, con 
una profusión derrochadora. 

La unción del emperador tenia lugar en un dia marcado con el 
signo CipactlV. En el que tocó á Tízoc se verificaron las ceremo- 
nias religiosas, rematando el acto con el sacrificio de los cuarenta 
prisioneros de Metztitlan, sobre la piedra del sol. Terminadas laff 
fiestas, prolongadas según se asegura por muchos dias, los huéspe- 
des volvieron á sus provincias llenos de asombro por el lujo de los 
tenochca. (1) La relación de estos hechos, semejantes á los maravi- 
llosos que de los pueblos asiáticos nos cuentan, }laman profunda- 
mente la atención al ver reunidos, una cortesanía ceremoniosa y 
fastuosa prodige^lidad, con el orgullo desmandado de un déspota, y 
el sacrificio pasivo de la comunidad, trabajando en provecho de 
unos cuantos felices. 

Incapaz Nezahuálpilli de tomar las armas por ser niño, se educa- 
ba en la vida del guerrero, endureciendo su cuerpo para prepararle 
á la fatiga; comía frugalmente, se exponía á la intemperie, vestía 
de telas toscas, dormía sobre el suelo cobijado con una mala man- 
ta: con frecuencia so metía á la sala de armas de su padre, probán- 
dose si alguna le venía, y como ninguna le ajustara, entraba en 
tristeza. Dormía una vez sobre el duro suelo, cuando sus hermanos 
mayores con unos capitanes de cuenta entraron en el aposento, y 
fingiendo confundirle con un paje, le despertaron de un puntapié^ 
denostándole de perezoso y poco diligente; descubrióse el rostro el 
monarca, que lo tenía tapado con la manta, y el atrevido se discul- 

(1) P. Darátt, oap. XL.— Tezozomoo oap. einoiienta y ocho y cincuenta y nue- 
ve. M8. 



,^9 

sa, pues ni las costumbres del monarca ^ ppd^^ ^r .j^e^iii^c^^aif. & 
Mí»fk\ifim^wíB, fíi efli propk) á^ Iqs p^¿í¡s.el^t^fur .4 dprpir ejn h cá- 
Aliara, x]^. L^yi^nta4o,)!íez%hp^niUl, %va^^ gi^rre- 

jps cftifjQX^vnor bumildfd ^e lUciar^p pre^ntjf, i^iie S119 y^sis^llos *^s- 
te^u afrepti^o^ por ^a ver ^alii^ so r^ 4 p^mpal^ , ^oj^xica y te- 
p^nisca cuando i^an oofx loa acplih^ua ¿ h g^^rra, §f bi^^labaac^i ^ós 
4icí6|idole8 que 4U1 pp^nc^ e]:a 1:^». r^paz af^inip^o; dojolan los sol- 
dados que sus insignias habían sido ^^;^as con accione^ v^ler93i^, 
mi^atras loa diftioUyps d^l rey ][e veo^ifo ppr Ifereopia^ üip ifjú^T he- 
; «)u) nada para cpns^ulrlas: otrf a i^iijpbas, .ri^ó^ef exDv;BÍei;qn, ,daA- 
do por resaltado que Ncia^ualpilli pro^^etiera.poufr^ ^^repte del 
ejérgifr) ^D prójima ocasiw^ (1) . r .,¡ . 

Traa aquel celq poiT; 1^ hoAra de la patria, iba encubi^rt¡ai una ne- 
gra ^(^pnia, preparada i consecuencia d^ la mujsrte d^ Azayacatl, 
pfoteQtor del rej^ niüo. Sabedores lo9^ hermano.^ bastardos que hac^a 
sus primeras armas en la guexifa sagrad^ saliendo contra lop de Hue- 
jotúnco, se coocertarou cf>n el seüor de aquel lugar, á jGln de que Ne- 
aalu^pilli sucumbiera en la pelea. Informado éi^e á, buen tiempo de 
la infamia, salió mandando el ejército cual lo habla prometido;, mas 
el dia.del copoibat^ cambió secretamente sus armaa con uno de sus 
capitanes. Durante la batalla, cargaron reciamente los buexotzinca 
sobrQ el capitán, le dieron muerte 7 despeda^zaron en menudo6¡ tro* 
£08, teniendo á honra quien podía alcanzar alguno. Creyendo muer- 
to á su rey^ los acolhu^ se pusieron en fuga, .segun la costumbre 
admitid^ en la guerra, no obstante lo cual Nezabualpilli acudió á 
la defensa de su fiel vasallo, empeñó una lucha cuerpo á cuerpo con 
el jefe buexotzinca, logrando derribarle y vencerle; en ayuda de és- 
te vinieron sus guerreros, hirieron en una pierna á Nezahualpilli, y 
le hubieran rematado á no intentar llevarle vivo para sacrificarle. Por 
fortuna los acolhua volvieron furiosos á la pelea, para evitar que los 
contrarios se llevaran el cuerpo de su señor, y fué á tiempo para sal- 
varle; mirando que estaba vivo, alentados por su presencia, arreme- 
tieron á los buexotzinca, l¿»s desb^ataron y tomaron gran núme- 
ro de prisioneros. Nezahualpilli fué recibido en Texcoco con los 
honores del triunfo: en memoria del hecho construyó un cercado 

(1) IxtlOxcohiÜ, HH. Chiohim. 01^. 55. MS. 

TOM. m.— 47 



'•'ífro 

ÜidAÍa pkhe db CaatlielraU, dé 1« toiittua é^éfasbü' de i^iáik 'pn- 

•' tíief'tíampó de batalla.' "(1)' ■ " ■ ' "' '"' '• " 

■•' listé 'tiiÍ6ÍnDÍo'&lfo sálí6'T!2Ó0 cbnfrá'IM ttñMúóikdé'CMdflti^i 

qúi9 ite liábífe Wbeláao; conóhni^ton^og'cbíitíó^ntes fle* loá'|ltaeUo6 

dombítbatioB, y N¿zaIlUáI|>nii al fMáé k¿ lod at^lhúW.' atiódáron Ai- 

jefofe dé iiAoiro AhniHzápán; Tbtotlárij^^áftotídpád t 't^íMíí pú*^ 

d^'Ifliciistk 'd^'Oólfb, dlstihgtiíéndóbd'el jó^eti rey de Teicdcb, ^br 

*líkb^ ¿éiutiVaddpbt iáü^tnabé-vaHós' ¿aétrért^^; éiitréi¿U<rf üti'fktitoso 

^ fc&;()ítan, ttátnado TétzahtdtF.^) '"' '' 

'" Vuéító N¿zálraal¿ílli á'Téxdocó, y Técibidó' como triüiifád*^, ae 

ocupó éá í'etíonBtruir ed^tempTo'de fluitzilópoolitlT, dejánddletóitíb tí 

más súííttíóéb d!6' Ids'de su dá^ en Análmkc: eáél esítt^no ' ftterdn 

Bacrifícados los prisioneros tomados' en'las '¿uérrá« ántefidi'es.' Lie- 

taütó' también "nuevo? 'palacios, «i no de taiífta^ extensión cors^ los 

' de Ketzahñálcoyótl, tnás sniftuosos sí y de más rica arquitectuifti 

con estanques, acoéductós y empresas connremorativas de sus tío- 

lioHas^ Los gastos para Isú casa, corte jr empleados de su inmediata 

descendencia erau enórrneis, (3> probándose con ello ser numerosa j 

adelantada lá' poolaóióh del reino, y estar sujeta á muy petada ser- 

viaütnbré. 

in tochtli 1492. Murió Techotlalatzin, segundó señor de It2ta- 
palapan. (4) 

Falledó el señor de Culiacañ llamado Tlatolcatzin, sucediéndole 
BU hijo Tezozomoctli. (S) ' 

ly acatl 1483. Tizoc puso de nuevo mano á la obra del templo 
mayór^de México, dándole la forma que conservó hasta la destmo- 

(1) Torqúemada, lib. U, cap. LXI. 
. (2>£xtlüt0ohitf, "Hitt, Chichiot, cap. 5$. HS.— Ko ocmato esta oipnpafiá en Um 
aoptlea del Códice Me^docino, aunque ai de una manera auténtica en el relioTO 
del Cuauhiicalli de Tizoc. 

(3) Ixüilxochitl, Hist. Chichim, cap. 56. MÍ3. Según este cronista, qtiien asega- 
> ra htfbe^ saciado sus nottcü» de los padrones reales, se «onsamían anualmente 31,400 

fanegas de m^aí^j^^^^ cargas de dacao; S,000. pavos; 5,000 fanegas de chile ancho 
delgado y pepitas; 2,000, medidas de s^; 574^010 mantas finas. Adema% había graii« 
des gpraneros con.^^ucha cantidad de semillas paA los tiempos estériles, con cuatzo 
6 cinco mil fanegas oada'uno. Loi tribatos' de .las ^irorincias conquistadas en coman 
con ios aliados; sé quedaban én Méxtoa pura reccrmpsnsa da soldados y eoiplaados 
civiles. 

(4) Ixtlilxochitl, Hist. Chiohim. cap. 56. MS. 

(5) Ajttales dQ X:u$uhtitlan, MS. • ' . í i , 



.371 

•cipn del in^pepo^ DfijBipIído q1 tCKK^lí Ia|)^o P9r bub antecesores, 
8acóré«te nuevo- de cimieutos, haciendo trabajar un número inmenoo . 
de ,opercM;ío$| y .h^ta mujeres y niños. Xas pbtur^s.de los Qódices 
Telleriano-Reipense; jr ' yaticanp, , preseiltftn JLos fundamentos* d^ 
tepcal^Ii, afirmados sobre vigas, epcima dos espinas 6 púas, símboto 
de las pei^itf nc^s parspnaíes 6 del sacrificio ^dlyidual, y el símbo- 
lo de los prisionetros de, la^ g^icrra sagrada que se ejecutaba cadja 
veinte dias, inmolado^ en aquella ocasión. £1 intérprete del Tell^* 
riano .escribe: *'A&o de cuatro cañas y de 1483. Esl^e «año fué ía pri- 
''mera pi^ra q^oe se puso en el Cú grande que Jiallarp^ los c^i^tia* 
^'nos. cuando vinieron á la tierra.'' (1) , » 

flQ para ir A.hap^r la guerra á los de Huexotzipco, teniendo q^e yol- 
vesse de abl bravamente e4carmenta4os j con mucha pérdida ,(2) 

Muri6 Te?ozpmoctU dé Tipie Cuitlabuac, y le sucedió el ca];^lle- 
ro Xochiololtzin, (3) 

y tecpatl 1484. Se insurrecciónarop los matlatzinca^ contra Io8 
cuales marcha Tízoc en persona, (4) ^1 frente de Ips reyes aliadqs; 
después, de breve campaña salió vencedor, trayendo á México cuan- 
tioso número de prisioneros, que fueron sacrificados en el teocalli 
todavía en construcción. (5) Los Códices Telleriano y Vaticano pro- 

2(1) Gonñrman esta fecha las íiiguientes autoridades: Fr. Bemardino pone la eleo- 
.<don de TÍ20C en 1482, y en seguida agrega: **al afio siguiente procnraron de hacer 
"más grande vchilobos y fasta los nifios trabaxaban en éL''— Los anales ^ Ouanli- 
iitlan, dicen: — **En 4 aoatl se comenzó á levantar el templo ó casa del diablo de Hui« 
^'tzilopochtli en TenoohtiUan, gobernando el sefior Tizocuatzán/'— Anales tepane^ 
,cas. lí. ^ 6.— Coleo. Bamírez. 

(2) Ixtlilzocfaitl, cap. 58. MS^—Analesée Cuauhtitian. MS. 

rs; Anales de CnaolitUlan. MS. 

(4) Así lo dice el relieve del OuwkxicalU, 

(5) El intérprete del Códice Telleriano escribe: "Afio de 5 Kavajas y de 1484, se 
"alzó el pueblo de Cinacantepec (Tzinacantepec,) que eeftaba sujetó á los mexicanos, 
^^OB cuales fueron sobre ellos y hicieron tal estrago, que casi no quedó hombro» ' 
'jorque todos los trujeron al Cií 4c México, á sacrificar sobre el Cd grande, que aiín 
"no estaba acabado. Dicen todos los viejos que óste fué el primer sacrificio de hom- 
"bres que hubo en esta tierra, porque hasta aquí^ no sacrificaban sino animales y 
"aves. Hicieron este caMigo y mortandad para que los temiesen, que cpmo e^os iban 
''sujetando la tierra, los demás les temerían." — Lo de ser éstos los primeros saczifi- 
''oíos humanos, es error manifiesto. — Fr. Bemardino dice: *'el afip siguiente hicieron 
'la fiesta del templo del vchilobos con la sangre de los n^atlaoingos y de los^e Tlaa- 
"la, porque mataron muchos." 



ZT2 

•éntan en bus pinturas el teocaTIi sin las capillas superiores, seffál 
de no estar acabado; enc¡en*a el nombre de TenochtitTan; á la iz- 
quierda et símbolo de los prisioneros inmolados en la festividad; á 
la derecha aparece uno de aquellas bárbaror inventos, imaginados 
por aquellos reyes pontífices para las ocasiones solemnes, y es una 
mujer sacrificada á golpes do porra, sobre un lago de sangre, ejecu- 
tada por el Cihuacoatl, seguñ puede decirse por l&s insignias mili. 
tares. 
. ''En 6 tecpatl se destruyeron los habitantes de Chiapa." (1) 

VI calli 1485. Murió Cuaubpopocatzin, señor de Coatlichan, su- 
oediéndole en el mando Xoquitzin: entró también en el seüorío de 
Cfaimftthuacan el legítimo heredero Matlacuahuatzin. (2) 

Si Nezahualcoyotl tuvo puntos de semejanza con David, Nezahual- 
pilli fué un tanto parecido á Salomón. Segnn él cronista de su lina- 
je, Nezahualpilli tuvo más de dos mil concubinas, tratando tnás fa- 
miliarmente con cuarenta^ en las cuales tuvo ciento cuarenta f cua- 
tro entre hijos ó hijas. **De las concubinas, la qUe más privó con el 
"rey fué ía que llamaban la Señora de Tula, np por linaje, sino por 
"ser hija de un mercader, y era tan sabia, que coínpetía con el rey 
**y con los más sabios de su reino, y era en la poesía muy aventaja- 
"da; que con estas gracias y dones naturales, tenía al rey muy siije- 
\^o á su voluntad, de tal manera que lo que quería alcanzaba de él; 
''y así vivía por sí sola, con gran aparato y magestud, en unos pala- 
"oíos que el rey le mandó edificar." (3) 

Sábese que sólo podían heredar el trono los hijos legítimos; por 
.esta musa, Nezahualpilli, sin que sepamos el año preciso, pidió es- 
posa al rey Tízoc. Concedióle éste una noble doncella, su sobrina, 
hija de Xoxocatzin, de la casa de Atzacualco y señor de Atícpac, 
verificándose el matrimonio en Texcoco, con asistencia de los reyes 
aliados y la nobleza de los tres reinos. Fué acompañando á la reina 
mía su hernoana menor llamada Xocotzincatzin, hermosa y gentil 
doncella; Nezahualpilli, en extremo antojadizo, se enamoró de ella; 
la pidió y obtuvo por esposa, celebrando estas segundas bodas con 
más pompa aúi% que las primeras. De estas damas nsu^ieron los úl- 

(1) Anales de Cnaiihtitlan. MS. 

(2) IxÜilxoohítl, Hist. Chíchim. cap. 58. ^Anales de Coauhtitlan. MS. 

(3) Ixüilxoohiil; Hist. Chiohimi cap. 57. MS. * 



373. 

tipos reyes de la jmQiiarqpia acalhuA. J[^ hermani^ 9^X!^ir fi^éjiMK 
dre de Cácamatsin. La menor XocQtzi^caUin^ la ipM Ain^aij pr^r 
ferida de lai reinas, di6 abundante prole: llam^ba^ <^1 piimogéiiutOr 
HiiexotsincatsiQ; sigaien^ cqatro mujeres jr Jaeigp sacesivaI^9p|e^ 
Cohuftnaoochtsin é Jxtlilxoohitl. Cumpliendo ampliamente su^s gtufh 
toSy^^'viv^ ^eaabyalpilli muy coptento, y acudía á las cosías dié 8^9, 
''gobimioa con grftnalsipaa prud^nqia; fKMrque d^cen de él, qu€| )m 
**hizo ^ye^ntaja á todos IO0 reyes de la Nueva Espá&a, en saber y ,ph 
'^bienio, por^uff era piiiy ei^tendido en muchas de las rCQsas i^ton 
'•rales." (XV 

VIII tocntli ji486. Unidos las ^é^ica con los aouibua, invadielroi 
la provincia c[e Nauht^n^ llamiida por loacastel^nos Alfuería, alla- 
oando el {)a/s hastai cerca de Panuco, en Ifk parte ocupaba por los 
totpD^tcá} ret^^ el ejército coi^ gra^d^s desppjos y Ibuen número d# 
prisioneros. (?) ' ^ 

Pooo 4®spueS| juntos los tres r^yes Qoligados, marcharon oontjni 
Chinaútla^ Coyolopan, HaaxtepeC|Tlapa,,TocI|tIay AmaX(tIaI^ co* 
rríendo hasta alguniMS de las ciudades del T^potqcapan y del MiX'* 
teeapan* Esta correrla fué i;na de las principáis» del reinado d¿. 
Tiicpi valiepdo á los g^epreros cppiosQ botín y prísiopeíos, cuyo n%* 
mero se hace subir á cien mil. (3) 

Este mismo a&o murió Tizocjemponzoñado.^(4) De este eipper 

m; • ' , ■ . ... 

Ó) Toraaemada, lib, U, 0$^. LXII.— JxtíilxoehiU, Hi^. Chiohim. .oap. 57. H8* 

(2) IxOpxoobitl, HÍ8t Chkhtiiu oap. 59. HS. 

(8) Ixililioehiü, HiM. ChSolkim. cap. 59. MS.— Está omptfáU adrlbayelxüfliou 
étáú 4 Abniteoti, mmáf> da «dTertir tt^ esUot menmonada en M'eaoritoa da los ma»- 
zioaiUM. Por oanaas qaa igncNramoa pintan á Tisoo como rey oobavde j pooo goarr^. 
ro: lo contrario conato en loa docomeAtoa. La lám. XI, cprreapondienta al reinada, 
de eilte monarca, contiene cotao aua conquístala, Tonallimóqnetxayan [nifm. 1]^ tTos» 
xiiáhoo'[niíM. 3]( Ekeoal0peo [náoi. 3]; CUlan [niSm. é]; Teoaaüe f ndn. 5]; Tf^oean 
en U proTincÍA MatUtxinca [niím. 6]; Tanctiitlan [niíni. 9]; Tlapa [niím. 10]; Ate»- 
onhoaeaa [ni^n. 11]; MaaatU {.luím. 12]; Xocbiyetla [náuu IdJ; Tamaoboo [nilaai 
14]; Elieeallitpaakoo iwém, X6]} MieqncMnn [niím. 16]. jen#l diaobvaaUi mandada 
eonsunur p^ elvey 4. tol Tea por au ao ceao r » Qá»at«a ío^tía o^roa jraehloa coogoia» 
tadoa» de loa ocuiUa 1^ JB® iMM^e miancipn en loa. Analeai delCódíoe-Mendo^i^o. Yémm 
Analea del Moaeo Nacional de México, Uáxioo^ 1877, tom. 1, pig, B» el arUcnlo i»» 
titnlftdo El Cuaabzicalli de TijBoo. 

(4) Admiten pare k mnerUde Tixoo el alio 14Se loa Cddioaa ^midodno j Vatk». 
no 7 Telleriano-Bemeniia: el intérprete de este liltimo escribe: **Afto de 7 conejos 7 
de 1486 murió Tizocic, y eligieron por aeftor á iLbuitzoÜ." Van/igualmente ooníor- 
mas Duran, cap. XL; Ixtlüzoobitl, Hist plMoh^ro. cap. 5S{ kenáietá, Ips Aoalef da 



37*4 

rtódr hablan Io8 éiutotes'cbn ifalicha tariedacl.''tfno ásegnra^qtie 




'postrar bríq en cosa singutia^ antees mucha ptiBÍlaniinídád y cobar- 
*dia 1 i . viéndole los de srí (Jortó taíi^pará Jioco, ^ no nada republi- 
*lfeano, ni 'doieoío Je engrandeced ni eñéaÁchár tá gloria- mexicana, 
f^ue creen 1¿ ayudaron con álgari bocado, (¿yde'lo cuáS murió mny 
Vmozo y de poca edad.y (3) Estos juicios son inexactos^ llzoc reinó 
¿Incó aftoá; 'en ellos ¡íombá'iió coiílrá los de Metztijilan y hs máttatzin- 
cá; inVadró lasr ^roviiiciás (fe Cüeilaxtlá', Ahuilizápan^ Toclitlá, en la 
éotííÁ áel Golfo; por éste mismp ruiríbb peleó contra tos de Nauhtlanj 
fiévó sus aniñas hasta la Mixteca y ll'zápoteca; sé apodeW decapa 
y de otros lugares hacia la mar del Sur. De esto aparece no ha1;>er 
í£do uñ monarca pyisilánime ni cobarde/ sino 'antes, bien batallador. 
á qiríen los lilstóriadoreé no hicWon justicia' cegados pohr ñá^'ione» 
que Ignoramos. Tampoco es cierto muriera muy mozo v de corta 
éaad. Atayacátíhábíá muerto, Üla cuenta' dé Tezozomoc, d'e'trein* 
fáMod por fo ¿aénoá, TPizbc, mayor qué su hermanó, ^ebía serlo 15 
menos en un año, asi que al morir debía contar cuando menos tí-éinf a 
y édU años de edad. 

La verdad es que Tizoc sucumbió envenenado. Torquemada (4) 
se encarga de Refutar la opinión dé Acosta, defendiendo qué lof mé- 
:^ca Bo fuarpu/joa empouzoñadorea de su rey, puee conaa juiciosa- 
mente observa, ^^áunque no fuera este rey tan animoeo y valiente 
"como sus antepasados, lo toleraran estos mexicanos por ser muy 
^ai^igos de servir y honrar i fUs señores y reyes . « . cuaiito y más 
^qua BO me persuado á que era cobarde; pues era Tüacateotttl dd los 

OkMtihtitlait. los Anftles tepanecá, wim, 6, las EelftoíotoeB frÉncásetítMLn, \ftc. V. Cá!iies 
d» iMgfléñZR y-O^gora flja el rebado de Titoe del 80 Át Oolnlii^ 1481 itt 1 de Abfi^ 
HSSr le fdgtte Betahooort. La Hfttütte aiiierómoft de Tei>eckiMa y de l^]d«e éokwft 
élflOOBao ett él VI oaBi 1485 f el Anáglifo de Anbitt en el V ieispaU 14t4. Ctarigevo, 
q^^jñ había dialoéado la eronología, poniéndola éleodon de !titoe en el - XI oaUl 
1477, pone el fallecimiento en el III tochtli 1482. < 

(í) Acoala, Hfstll^at. f mor. líb.VÓmo. cap. XTÍI. ' ' ' 

(i) "ÉM decir, con algún yeneno ó bebedizo. 

(á) Darán, eap. XL. 

(4) Mátúatq, Indiana, lib. H, cap. LXIt. 'i 



3^ 



í 



bhco, tuvieron ocasión de poner^ pji ^jj^^jífi^fl^íiy Vifi8»iíft\iffl^ 
ca llegó á 8U palacio arrojando sangre por la boca, muriendo de ahí 

á pocos dias. No fué tan secreto el caso que no dejara traslucirse, 
los mézica hicieron las indagaciones necesarias para descubrir el 
crimen, y como las magas confesaran sin mucho tormento, ellas y 
los fautores del envenenamiento fueron ajusticiados en Tenochtitlan, 
dando al castigo toda publicidad. (1) Entonces, como ahora, los con- 
juros é invocaciones hechas de lejos nada pueden contra la salud; 
pero si á las palabras se junta alguna droga, t^l hechizo se manifies- 
ta por la muerte de la persona, el trastorno mental ó dolencias acer- 
bas en parte del cuerpo. 

Fueron celebradas las exequias de Tízoc con gran pompa. — '*Lo 
^*que hay que notar en este entierro es, que después de haber vesti- 
^Mo el cuerpo en semejanyji de los fjiatro dioses, al tiempo de que- 
*'malle delante de la estatua de Huitzilopochtli, los que salieron á 
^^atizar el fuego salieron en cueros, todos embijados de negro y las 
^*caras tiznada con tizne muy negro y los cabellos encrespados, muy 
«^negros, y unos ceñidores de papel con que cubrían sus partes veren- 
**das^ con unos palos de encina muy puntiagudos con que ^raian el 
*^cuerpo de aquí para allí en el fuego, los cuales palos venían em- 
^^bijados de almagre colorado; juntamente salió tras ellos el rey 
**y sefior del infierno, vestido á la manera de un demcmio muy fiero: 
^^raia por ojos unos espejos muy relumbrantes y ]a boca muy gran- 
**de y fiera, una caballera encrespeda con unos espantables cuernos 
^y en cada hombro traia una cara con sus ojos de espejos y en los 
^^codos sendas caras y en la barriga otra caía y en las rodillas sus 



(l) Taiqu«mada, Ub. II, oa^y LYJT, 



k*»' 



376 

*'ojo8' j^cants, qne párvola coa el rétplanaór de toe eipejosqué en ee- 
*W paires tMiíá'po^ ojiób, ^6 por todas pá^es miml)a; y eifttábá' tali 
*'íbo y a'tx>mltia1)1e qué nó le osaban mirar 'de teniót. Esté c[iie ré- 
^^preséntaba al sefior'del infiei^o, traía ea la inano o^tto píalo enát- 
^^magrado, y andaba al rededor de la lumbre como mandando á loe 
**otros 4tie se dii^sen priesa á Volved kquel cuerpo, y algnnai receb, 
^^dícé la historia, qte también daba él su bui^gonano: también «lado 
*'en esté entierro, qué el que andaban con la jíéara Veide en fá* ttano 
'*f con el hiÉt>pb de bojas dé laurel, rociando * las gehteay seft'tíres, 
*'qne 'andiaibal vestido á la sem^janca de lá diosa de las ii^ái qUe 
''ellos llaníabán Obalcbiuhtlicue.^* (1) 



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(2) Darán, oap. XU^-TaaBoaomoo, tmp, sesenta. M8. 






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ástümoTt.— NbkahuAlpiMiI, 

€mnpsée ^ l ^ nit0 ^ dela9:Pie$9ma$. 



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T /TTtoclitK 14ÍS6. Cdátro diag déspaeí' de la» exéqüiaB de Tízoc, 
Vil reunidos los electores de México con los reyes de Tcxcoco 
y de Tlacopáti, escogieron por octavó monarca de l^énochtitlan al 
hermaho ihenor de los dos reyes anteriores, quien tío obstante ser 
jÓren desempeñaba el cargo de Tlacócfacalca'tl 6 capitán general del 
ejército. ( t) Justificada íá elección por los ancianos y el pueblo, to- 
dos en cuerpo pasaron al Tlillancalmecá, ei» donde Ahuitzotl estaba 
tennitiando su educación, le tomaron por la mano, le llevaron ál pala- 
cio, y le pusieron sobre e| trono 6 silla real. Tomó la palabra Ne- 
zábualpill!, recordándole ' los deberes dé su alta cfignidad; siguió 
Chimalpopoca arengándole éñ el mismo i^ntido, prosiguiendo des- 
pués los grandes se&ores. Acabadas aquellas felicitaciones, pusiéron- 
le en la cabeza la eoronlt azul de piedras finas llatúada xiíihtzolU; 
ló horadaron la ternilla dé la nariz para colocarle la piedra delgada 
dicha teoíHufifififiUaUy el guante 6 disóntivo dicho mats^apeizüif 



y • I 



(1) TorqaftmAcU, lib. lí, ofip. LXIÍI.— tWráfi, tég, 'XIC^T«AatottOo, ««p. seiéa- 
ta, lis.— Izüilxoohitl, Hist COiiohim. c«p. M 

90H,III«--48 



378 

en la garganta del pié izquierdo el adorno de cuero colorado j/exite- 
cuecuextli] los cactli azules 6 xiuhcactli] el maxilatl fino y una 
manta de red azul sembrada de piedras preciosas. Llevado en hom- 
bros de la nobleza, fué conducido ante Huitzilopochtli, para hacer 
sn oración y sacrificio, después á los demás teocalli sefialados al mis- 
mo objeto, terminando aquel acto con los regalos que le ofrecieron 
los sacerdotes, la gente noble y común, señores forasteros y hasta 
pecheros y macehuales. (1) 

Én las arengas dirigidas á los emperadores tenochca felicitándolos 
por su elección, se deslizan siempre algunas frases recordando las 
predicciones de QuetzalcoatL^if m2)i¡e ífpBC^ en la memoria de aquel 
pueblo. Nezahualpilli había dicho á Tizoc: '^mirad que no es vues- 
*'tro asiento y silla, sino de ellos; que de prestado es y será yuelto á 
^'cuyo es, que no ha1:)^f4d/p^9if^vBcerp^ra,§i^^9[|pre jamas y estala 
^'tenéis como arrendada." (2) Ahora le decía á Ahuitzotl cumpliese 
con 0US deb^?ea,' "piMr« qu^ aguarde 4 los extraujerof^" ^3^> -,, v. 

SégUB la -eeétttn^l^'^a estableciiUi, éMe» dé> ht «ótenme eoraaci- 
ci<m>del r^j *'el lavatorio de pies y.worificiío,"^ ooma>^SBe^ 4aé-érd- 
nicas, era preciso emprender una guerra para haber ríótimatíi y de- 
bía ser de pueblo de lengua extrAfia 6 bárbaro, según las ideas ad- 
naitidi^ por.lo^ méxipa: ^n. fiqí^ella qcasipi),- f^f)ro9 ;^yp<^\dpS| loi^ 
mazabua y ^os otc^nca^ no bien balitóos con, el ^u^o te^pQhcá. !Pui 
biicada Ifi.guemt ei^tre los pue)3lo9 alii^d9sy jos nomef idos^ el éjór-.^ 
cito fu0 á reunirse i philocan .De ahí piarphó jcoptra iiquipilp.o^. 
c\iya poblacio^ tomada treus algvijia ifesiiBtenpi^, qii^,dp sa^\ieadp, <3p|i^ 
truido jf q^uemadq. el t^raplo. il^a iqi^m^ suerte, sufrieTQ^'!?Í0(Cotiílan^. 
Cuacuai^hcan y pillan, quedando allan94^Qnf^ part^ del IVfazahua-r 
can. Hartos de botín Ip^ soldjeiclos, coi^einsia^on á 4^8l)^ndArse^ m,i- 
rándose obligado Ahuitzotl á imponer ]avpenav|Í6 ipuerte á (j[u}env 
quiera que abandonara l^s bapderasr áiDtes^c terminfida la campaña,. 
Los^ aliados penetraron, en tierras 4^ 1<^9 oto^ca dirigiéndose .contra ^ 

(1) Df?^ oap; XU^TetiMov^oOfi cap» •«■^fiíi 7 m^ JH9.-rE9t« cflpnlsfa, i^vor^ • 
brft algux^B dfi los templos qcie entóucés había en.Mdxico, c^ciQndo; Calmeo^^ 
llillaficalco^ Topiod, Huitznahuac, Hacatecpan, Tlamaízincd, Atémpan, CoaÜanJ ' 
II07000, Tzoniholoó, Ttqttítttfn, TiBfeoaeoiao ¿ hséé^, * 'aécmde' é#<á M inoetuiaftio» ' 
y se crían loa seflorea.'' 

(2) TeMBoiMH^ eap,-fBiiioQaiitojaalf.Mi^ i . . 
(3] Tacosomoo, oap. sesenta y uno. M8. 



>8t9 

CAÜtipafCtíá^a de México', B|itedo<kMféiko); los mora^^^^el faüe- 
tdii'tA cakfk)^ t^éafoD InrioiaiiientB; perpjBacqiiMdoA'por lo» ^epoalh 
&í; tjüienés'fieriipoderBrofi d» la cSjtdád y di«toitrfti<^:fil4ekoot^m, ^ 
rindieron con promesa de pagar el tributo. Lcto» d^iXtlIbiépe^ nc^iúñ 
díéMÍ t^risfrae^ cmMAlarpráotleftmilaUQí^dfi^ lotf ¿ut^rreroa pefie- 
ttafon eti la chidad,^^ saqueadla, .7. cblneteii igratMlea. deamanc»: fti^ 
prcíeiíto pcit^' etitar é¡t dabo, <iiie los rjtofes -ra intérfNiísieraBi inaa loa 
gtierteiNM eontestinniíi/^ue á la^tnarioio Venían 'tmi^imie^ta á ex^ 
l^átiéff Bbdp^Miafa 7 [^efder lbi^da/i£to^:aaQar eugananom^mendQ 
fiif¥eéhóé ú^m eie«9¡el aaoo Qeiot tngaoearYénmAo» por;0i(aj^miafi; 
pdt -Mton di A%¿|t»iilf IO0 «nerodeadcÉreí filaron f^rrojadoa 4 pajod, 
si bien él cléMlstfa^ estaba donoimadb. Ahwtf4»tjl Ai^fe^ iftetMft c4 Dft^ 
±ieó, eta AoBdb ¡fnéi retílfidq potto triajifildcnr; ;pr«9tí^ }a#iGeisf«ioBÍA^ 
derMó, riéciMó lai If^ieitadbnesfdeáodpfl^ despidiendo 4 kü S0&oi«s 
fdik^^tóé tok^l tin»YÍt6 fbinalde totiiAffHeidla.09tAlado¡pfm la^c^ 

Este dia caía siempre en el signo Cipactli, primero de cada mes. 
En Tenochtitlan se Hicieron in;3QM^9^^reYfp.9\9ne9; dióse. órdten de 
réobgef taw" trib^Hosen ias^pravinaiastj^.tsaaflQS A .M/ési/(H)i: Jm alba- 
tíTes'i^e^arkfótl It)ÍB édiflciM públicos; 'tejedeii9s;<'plat6fosv7 4ifi9Íal6S 
piecAmcpa prepai^a^on maiftas, ¿ojaS^ "pilgajes, liajillá 'y ottos faiu- 
cbos objetos; loa ]aayiord(mQ& acopi^rof^i jffjgíyi^iQpes dp. io4 a .especie , 
SEgotandf^en idáné matenHB^caíaii<K>la-Moasidad.]fs«i liqorjiíabía^ &i^ 
seJKando en fiquel jpu^blo. Pneitoín COffndad<5S't«dos tos seSbres ami- 
gos^ y $9 eft^iaron, líjiwflaj^fos p^rtaculares á loí ci/íct^í^-oj rfc ta ja y 
ate á lor poablosi axtn^os, iiii4t4i^olos i y^nir 4 scir teatigpsi de la 
|ñrandézá'7 pédeifíi^ dé Teno^hlHlían'. L5s sefioMS de TkuBoaUa res- 
pondieron á los enviado!» i^üéno Querían Venir y qtie;€Aro8 bar)fftn*flesta 
oomdo quipüesen; ^\ sefior de. TUÜubqui^epoc contestó cph desabri- 
BBÍenlo; frovieiió Tanfr el da Haaxotainooi j^HMine oq ,^iiwpli6 la 
¡Mábra; de CholoHatí Tittieron lal^nos pxindpales; de^Maotitlaii 
arrojaron á los embajadores con enojó.' Al rey que entótíces reinaba 
€ya..])ücbbiuM3aa llaman los cronista Oamac^Abaa, es.decir, ^I de la 
Impa Mcha: al vw á los méxioa les pMgnnftd: ^jClaito se paoe ahor 
fa poí vuestro re¡yr ••AHWitaí6tl TeuétK,** íespohdierort. **¿De dón- 
de tomó atreviíniento, repnc(i el ^monarca, el otro rey Axayacatl de 

(1) Duran, oap. XU.— -T iio —aió c , etp^ m mm u k y aao y ■•■eala y ám. ICS. 



3S0 

poner los pies en estos mis f^inkis? Aqiií dejó umerto tpda sa impe* 
río, que si no huyeran aingono quedam tívq. Yolveo^ y decid que 
no quiero Irallá," (1)« Los do Yopitsinto ae preiíiaion é ven^r bijo 
el seguro de los t«iod)ck. 

La fiesta del laTatono se llamaba mfcxicapaz, D&mof J^ idear da 
ella, aumentalido ahora que el baile dur6 cuatro dial seguidos con 
sus noches, cantándose los cuatro génepos de cantos apellidados «i»#* 
lahuücuicatí^ ounio terdadevo jderecho^ huevottincatl^ chalcatf^ 
j atomiil. Iluminaciones prodigiosas alumbraban la ^ciudad dnn^^ta 
las tinieblas; i todas horas eran sehrídas su(»ileataa comidas, j muj 
de continao se repartía á todos mantas galanías^ plumajes finos, jo^ 
yaa de mucho precio, armas y diTisas. Los se&ores de Cholollau j 
Yoptrinco recibi'etoa trato muj' cortés, y si despedirlos diéronles^ 
ademas de mu j cuantiosos presentes, macani/;(2) ' arco, flechaf , 7 
una eoronn de ovo^ así eá seftal de recoDooerlos por valientes, como 
de ser y seguir siendo enemigos encarnizados, no obstante &q^c}.pc^ 



(1) Tezózomoo, cap. ■éueñit y etiatro. IfS. ' * 

(2) Knestrofl aroídstát «aaa iii4tttíi6tateenlé de Us vecoi eflpsdb» U, ^n^M 7 n% 
«•HA, pura mgmñme.fl arma Hailiada en mexloaao ma9uah%iiL Jmm doa primer^ e^la 
pneden adn^itirae por semejanza, j ;K)n castellanas; la tercera, nsada por analogív 
también, pertenece á la lengtia de la isla &paAólá. Los casteHano^ qoe ñtiestro paúl 
conquistaron, fueron ánieé ««cinós de iad islas, en donde apreadisrea, para aumUiSS 
los objetos {j}]» les eran d o won oci ds o ,. Ibui palabcms propiaa de laáleagoaa ia4ig«nsi|t 
al llegar á Uétúoo j eoóontrar |os miamof objetos que ja conocían jí otros ssmsjuí- 
tes, emplearon las Tooes que ja sabían, de preferencia á las nacionales, resultando 
que en nuestra común habla estén introducidas multitud de roces del leágnkjo dis 
las islas, nombrando cosas con lioifibre ptopioí én las lenguas} de Íééxif99^ De esla 
género sstniana. Fr. Bartolomé da las CaoMb: Bist» ds ks Indias, tom. U, ptfg. S7p 
desoribien^o, las armas de los inmolares, escribe: "j unas como espadas de forma de 
una paleta hasta el oi^bo, j del cabo hasta la empuñadura se yiene ensangostai^o^ 
no aguda de los cabos, sino chata; éstas son de palma, por^foe las palMas no tíensai 
las peneab leómo las dé acá/ sÍB0lÍsait5YlMaSí' y son tan dará* j pesadas, ^qp^de háe^ 
so, jooasl de • acero, .aopiiedoa ser más: UámanlM imtcmnm.^^'-TEi mismo Cassa^ 
Hist. Applogética, cap. XV, hablado de ciertas palmas, dice: "Son huecas, paoír 
dos dos buenos dedos de gordo, que tiene lo que digo, que* 'es mnj dura, j estén llS. 
ñas de unaé hilachas, las énales quitadas 6 sacadas^ K^xte 'aé qnitan ^ftseaa faoüías^ 
te, q^iedSn coiao «na dtdabriná dtlo^absrda,' que snelsRi «ervk, «ntecss ó pazMaspss 
medio, áb canales por dai^ Tengii el agqa para enlucios, en ^qxecjal donde se luHse 
t\ a^car, que se llaman ini^^enios; desta ma4era hacían los indios Jas que llamaban 
fitÓMiuM.**— Por lo que importe para las relaciones cónlas iílaé,' téngase presenté que 
el maeahuití está representado en las pintaras, ja como un sable de madera, ya de 
forma xl» uaa palala sa el oftba ppi«Mto. á'la empaa^dwrs. . 



¿981 

réntens úé eortesla. Tal ftié la e(Hron«iQÍoi» de AhttiUotl TeuQtli, 
per otro uorabife Ténellarmftéaas^m^ balurado pei^ído isobre la pie- 
dra del aol unos mil prtfliooefos tbmadM en la. expedición. (1) ifO 
ttquet gasto, m49Jor te 4ij6m, lujoáo despilfiineOf ee agotaron los tri- 
Imtos oim %iie por m«ehoS á5oft habUanaondido los puoblps <^onq¥Í6- 
tados. ^^Y he jiolAdo ünaooea en toda esta histoiriay que jamas Moe 
Memoria de que beWesen vino'de mogun género^ p^ra embria^r- 
^^se^ smo sólo los bcMgos monteses, qoe los comian umí crudost q<hi 
^4os onale», dice la historia^ que se alegraban y rctgooijaban.y sslían 
^algo de su sentido, y del vino nunqa hace mamona, sino es para 
^%s«áorifioios6 mortuorios, sólo hace memoria de la.abundoAoia 
'Me cacao que se bobía on estas solenmidades." (2) 

Pocos dias después fnó.publicada la guerra contra el Huaxteca- 
pan, así por resistirse alpaga? el tributo^, como por no permitir la en- 
trada de los mercaderes méxica: era el pensamiento S(^n2^r las 
principales ciudades Totzapan, Xiubcoao y Tamapacbo. Si el pre- 
texto era la rebelión, el intento verdadero era ir acopiando yícttmas 
para el estreno del teocalli mayor, para entonces muy adelantado. 
Dióse orden á los contingentes de los reyes aliados y de los se&ores 
0(»Betidos, marchasen con toda brevedad á reunirse en Cuatichi nan- 
eo, pues se había meditado sorprender 6 los bárbaros, sin hacerles la 
previa declaración de guerra acostunibrada. Ahuitzotl, al frente de 
los tenochca, se dirigió al punto general de reunión, saliendo á reci- 
birlo Xochitecutli, señor de Cuauhchinanco, aposentándolo fuera del 
pueblo así como al ejército entero, suministrando copiosos víveres y 
dando los^ cuantiosos regalos á que los subditos estaban obligados; 
ademas, por indicación del emperador, reunió sus guerreros á los ex- 
pedicionarios. 

El primer pueblo contra el cual «e dirigieron, fué Tutzapan. Sen- 
tado el real y levantadas las chozas y buhíos, (3) Ahuitzotl escogió 

(1) Duran, cap. XLII. — Tezozomoc, cap. seRentay tres y sesenta y cuatro. 
(ij Duran, cap. XLTT. — Los hongos monteses á que se hace aquí ref^rencic^ se 
Uaman ciiau/iruuwoaU' Tezozomoc, cap. sesenta y dos. 
(3) "Buhío: casa ó morada hecha de madera , cañete y paja, y fabricada en forma 

elíptica. Después cualquiera habitación nística y pobre teohada y forrada de gtumo 

7 yagua. Hoy se dice hcjio, [Lengua de CubaJ." Voces americanas empleadas por 

Oviedo. — Alcedo en su diccionario, tom. 5, pág. 82 del Vocabulario, escribe: — '*Bu- 

Jío. Cabafia 6 choza de los indios, que es una pirámide cuadrada cubierta de paja, 

oomo las que hay en las huertas y pueblos peqaefios del Beino de Yalanoía'"— ofiohío 

6 buhío se toma en oastellano por^boza 6 oabafia; en mexicano ti^soaoaüi, jaoaL 



UD grueso de los mejores goerreroa para aertir de explocádinsea Al 
caer la tarde llegaron éstos delante de la eiod&ld, divididos ^Q p#* 
qtieRas partidas, quedándose emboscados: sía ser (sentidoa; 8|l oe^riur 
la noche, algunos penetnti^n dentro de los laufos burianda 1* ¥^- 
lancia de los guardas^ rsoonocieroalas defensas^.pu^iieroa a^i&ales por 
las calles, j euaDdolograren salir de ott^voal cloopo, y reunirse con 
mM compañeroB^ se apoderaron .de los hombre,, ln^ieres y mDoa%iie 
en las afu^'ras estaban cuidando los secabEados^y maizales: iveoidos 
á presencia del emperador, fueron premiados por traer tan- buen des- 
pacho; Al cuarto del alba se puso en movimiento el ejército, encon- 
trándose bien pronto con loa cuexteca salidos á su encuentro: al ver- 
se, los guerreros arrojaron sus gritos de desafio, golpearon los escu- 
dos con el macuahuitl, y se arremetieron. £1 encuentro era sólp en 
la vanguardia, mas aumentada por ambos, lados con nuevos xefaer- 
zos, la batalla se hizo general; mantenían los cuexteca el campo coa 
suma valentía, y como los tenochca comenzaron á ciar, se dieron á 
perseguirlos CQn furor. Esta retirada era estratagema; en la perse- 
crícion, los engañados huaxteca cayeron en la celada prevenida por 
los méxica, fueron desbaratados, dejando sobre el campo la flor de 
sus guerreros: mermados y en desaliento rindieron las armas, concer- 
tando^ según la costumbre, con cuáles tributos acudirían en adelanto 
á Teaochtitlan. Penetrando los vencedores en el pueblo, quemavon 
el teocalli y el tecpan 6 palacio, recibiendo como parte del tributo, 
joyas, plumas, mantas, vestidos mujeriles como enaguas, huipüj^^ 
quechquemill^ papagayos amarillos y mansos llamados íoznene^ hxtf^ 
camayas grandes 6 alome^ los pájaros negros como perdices, llama- 
dos xomome] todo género de mantenimientos, con diversos gé- 
neros de peces en barbacoa. Igual fortuna acompañé á los confede- 
rados en la conquista de Xiuhcoatl y Tamapachoo. (1) 

Tornó el ejército, rico eñ despojos y prijaioneros, y ya cercano á 
México envió Ahuitzotl sus mensajeros, ay¡§ando su venida. Inme- 
diatamente se mandaron colocar en lo alto de los teocalli los tam- 
bores sagrados, tocadores de caracoles y bocinas y vigías, par^ anun- 
ciar á los guerreros; quedó engalanada la ciudad con flores y yerbas 

(1) TezoEomoo. cap. sesenta y claco. MS, — Darán, cap« XU. — '^Barbacoa: anda- 
zoio asentado sobre Arboles para guarda de los maizales. pLengua de Cuba y Haitf]. 
Parríllaa para asar toda eqpeeie de oaraea. [Lengoas de Tienra firme]." Voces apie- 
jl^janss emplaadag por Oriedo.— £n liéxioo se da e( nombra 4e barbasoa...... • 



üt^osftfi, y* lo0 tnayordotnbs sátiérom <6bti abtittddtrtei provisioiki^B ^as- 
ta, Huiká«htltlan,'para dar II *oíeb ^1 éjéroittí un' cótt Vit^lMjó: vistosaa 

' íé«MMttdcÍ6. ''Al dia BÍguiént^'-fbttíUaroü' la pHic^Mim addéttiíülmúla 
loi8 c^íauhhíiékttetfiié j iláinneai:qüt\ ao6m)^aKádoé del pueblo', He- 
ratíáo «n latí tnaaos fl^reí y qfaematido p^rfUmeé;' la'bulla'y gtftérfa 
llegaban al 'cielo>, ptten aqttet redblmiétitó fué Üelód mis B(yleúineÉ. 
AhultftoU, «stni^gado "W ubab andas por lers ^ttácuécitUtih^ f aé derédHo 

• al grdtí ' teootíli; biío' düi fevereitóia tmaando él'J)oltv oot» el dedo 
mayoí d© ^la tnano derecha ^toe Jyiés del TettíafeüttI Huítzifopoéhtli, 

*>lleir«ndoh)ide«pueii á la booa; vitíté la fttiftigiiii tábá del G&húefeac/en 
queve edtieblm,^ y se 'dirigió á tiu palacio: aquí recibía las féHcitá- 
cionee del Gihuacoatl, de nobles, sacerdoteá j guerreros, preeentfiH- 
d^m \o9 'óuauheMitie Qí(m los cabellos trens^ldos, ^ ro^'ro pihtadd de 
negro, y bordonea en* las manos. * ' 

1jo% athcauhtin j cuaukkuehuétqut ^\et(yti al encuentro Üé'lbs 
prisioneros hasta* Popotla; Acostumbraban los cuexteüa agujerarse la 
punta de la narií, poniéndole en el horado, bien una joya, bien un 
manojillo de plutma8;:por este agujero, ensartados con largos y del- 
gados cordeles, venían asegurados los prisioneroe, en hileras unos 
tras otrds; las mujerea traían al cuello las colleras de madera liaaoaa- 
á2í% cnm^hcoxcaU, éstas lloraban, aquellos cantaban láe canciones 
tristes de su tierra, arrojaban alaridos y silbidos, 6 remedaban guta- 
ralmente el chillido de los toznene: los niños, acongojados, po dejaban 
el llanto. Los achcautin y cucmkhuehuetque con los braserillos que 
en la mano llevaban, quemando copalli^ zahumaron á los prisioneros 
dicióndo^es: '* Hijos del sol, tiempos, tierra y aire, seáis bien venides 
^^á. Báber y canooer la cabeza del imperio, y ú, que la sepáis y co* 
^^nozcais.^' Todos los presos alzaron un doloroso gemido, y en medio 
de aquellos llantos y ruido, fueron conducidos á los pies del Tetza- 
huitl Huitzilopotchtli par^ haoerle reverencia; dieron una vuelta al 
rededor del Cuauhxioalli y piedra del sol, y del ttonpantitlan^ pa- 

. sando á hacer el acatamiento á Ahuitzotl, quien por boca de un in- 
térprete les dijo: "Cuexteca, sed bien venidos; descansad," Dieron- 
le abundante comida, mantas llamadas hectxcozcayo^ vistieron igual- 
mente, á mujeres y niños, repartiéndoles por los calpixque de los 
cuatro barrios, para que los mantuviesen en abundancia, sin dejar- 
los^esc^par, miéntias llegaba el dia del sacrificie. (1) 

(i) Duran, cap. Xlit.— Tézozomoo» cap. sesenta 7 seis. MS. 



934 

Este mismo año fueron conquistados los de Coxcacu^uhtenanco 
Tlapa y Mictlanpuauhtla. Itsoohuat«in, setior de TtetoQabfif^^ se 
apoderó del señorío de Cbalco, poniendo la cabecjsra en TlcMSOo^oal, 
co; di6 esto motivo i graves disgustos, terminajos an una batalla 
formal. Los vencidos pe^rrieron á Ahuitzotl, ei^ponióndole baber 
perdido sus tiej^ms y cuanto tenían, no obstante haber cnmplído sus 
pactos. Ahuitzotl les respondió: '^Recobrad vuestras tierras y todo 
^'cuanto os han quitado." Itxoobuatzin, sabedor de semejante deter- 
minación, vino tamben á ver á AHuitsotl: '^Señor mió y muy po4ero- 
80 soberano, le dijo; vos determinasteis que tomara posesión de cuan* 
to pertenecía á los mihua (flecheros) y tlilhua (pintores) ^mo, 
pues, mandáis ahora que lo restituya todo? ¿Entonces cuiles cosas 
me pertenecen?"— Ahuitzotl respondió: ^^£s verdad lo que dices, y 
determino y mando ahora que todo quede en tus manos; tú sabes lo 
que puedes y debes hacer, castígalos, ahórcalos, no me volveré á me- 
ter en nada." Itzcoatzin, con semejante autorización^ castigó y ma- 
tó á muchos, haciendo perecer al señor ItoUocatzin. (1) 

y III acatl 1487. Como después observaremos, los tenochca em- 
prendieron algunas más expediciones, de las cuales no dan porme- 
nores los cronistas; detiénense, sí, en la descripción de la estrena 
del templo mayor: este acontecimiento, único en su especie en los 
anales de la humanidad, pinta tan á lo vivo las costumbres de los 
pueblos antiguos, que no resistimos al deseo de pintarle, no obstan- 
te el horror que cuadro tan abominable infunde. Como hemos ido 
mirando, agrandar el gran teocalli había sido ocupación constante 
de los reyes de México; Motecuhzoma le dio forma nueva; Axaya- 
catl le trasformó y engrandeció; Tizoo volvió á sacarle de cimien- 
tos, acopiando los materiales para concluirle, cabiendo la triste ce- 
lebridad á Ahuitzotl de dar la última mano á esa tremenda mole de 
tierra y piedras encontrada por los conquistadores europeos. En es- 
te año todo estaba concluido, y puesto á punto. (2) 



(1) Anales de Cuauhtitlan. MS. 

(2) En 8u respectivo logar» dimos ligera descripción del templo: respecto de sa 
ubicación diremos, que Tezozomoc, cap. 70, dice:^'<Este cervo y templo estaba 
puesto á donde fueron las casas de Alonso de Avila y D. Luis de Castilla, basta la» 
casas de Antonio de la Mota, en cuadra. Estaba el ídolo mirando á la parte del Sur, 
que llamau kM indios Ifietlsmpa^ mirando bioia el Marquesado. ''-^Segun el Sr. D. 
Femando Bamíres, Kotas y esdareoimientos, tom, 2, pág: 108,. Conquista de M^xioa 



385 

£p la platafoni[ia ó cara superior. de la prjrámide, quedó aeeQi;»- 
df la piedra j)uptiaguday yerde^ en cLiie tenía l^gar ei 6acri6c^9r or; 
diñarlo; Uapál)fi8^ ieciycall^ y e«^ba colocfi4& perca ^e la escalera, 
de ^^nera ^ue sobre ésta, 7 al pié de aq^uella, habí^ siempre un re- 
gajal de saogre. (1) £1 patio estaba ceroado por la cerca llajtuada 
coatepaii^tli^i^Giii de culebras^ y deQti:9^e ésta y al pié 'de la pi- 
rámide» había jteooayí 6 , pirámide^ menores, con edificios y obrap 
destinadas á distintos ot^etos. coi^tándose como más principales has- 
ta seten(;a y ocho. (2) Sin ei^umerar mil^ de las piedras inventada? 
pan^ los ^sacrifícios, nombraremos primeramente el Temalacatl, co- 
locado en el 62? edificio, sobre el Que tenía lugar el combate gladia- 
torio, invento como hemos visto, de Motecuhzoma Ilhuicamina; (3) 
el horado en el centro y vertical que de una á otra base pasaba, da 
el distintivo característico de esta piedra. El Cuauhxicalli, inveu- 
ciop tambiei;! de Motecuhzoma, caractei^zado por la pileta circular 
7 cóncava del centro. 1^ imagen del sol y el caño por el ouc^I la san- 
gre se derramaba. (4) Para entonces debían existir vari^ piedras de^ 
esta clase. Axayacatl había mandado ponsiruiF. Temalaci^tl y (^^ 
auhxicalli nuevos, estrenados en la fiesta del dios desconocido T^a- 
tlauhquitezcatl, espejo ccdorado. (5) Ya debía estar también labra* 
do el Cuauhxicalli de Tieoc, único monumento de sa especie hasta 

por Presoott, e^licion de Camplido, oontradioiendo al eforítor nortoftmerioano, eoor^ 
be: — «*Ho titá el templo mayor el que ooupAbft una parte del terreno en que hoj eeti 
fiMmhk la CatedwJ, riao %i^éJta oomp»imm parte de aquel. Poralgmios manns- 
odUM qpe be oonsnltado é inT0itíg«eMMie« ^o he hetfao, meiaeliDo 4k cf^Mt» q«e el 
templo se extendía desde la eequina de la calle de PlaUro$ j Bmpedradiílo hasta la 
de Oprdobane$; y de P. á O., desde el tercio f cuarto de la placeta del Slmpedrúdülo, 
hasta penetrar unas cuantas varas hada el O,, ddntro de laS' aceras que mirAn al P. » 

(1) It 8ahag«D, looL I, pág. l;SS.^VSr. TatdUo IMteliaia^ttM4» VtMra Xs|^ 
aay en leasbaloeta, tom. 1, p^ 4a^aomara» Crdnka de la J(iieva XspaMt oi^p» 
CG^y.— Ácosta, Hist nat 7 moral, lib. Y, eapl Xni.— Tof^emada, lib, Vn, oap* 
XIX.— Herrera, déo. Hl, lib. n, cap. XV.— P. yalades, Bhetorfca OÜristiaaa, paxt. 
^pñtfta^.dap. YL 

(S) Bahagum, hist da toa aoaas de NMva Xspafla» «•«« I, ptfg. 197. 

^) C a ayi s tatfar M á aJM O, m I sig NI s n a , Um. I, piág^ Tfb Bshit«i# ^om. 1, 
páf. 907.— Téiquemada» lib. XVIU, cap. XT.— ]>iwÍQ»«aik XX.">TiHMmia> <M* 
aka Biaxieaaa» et^ trefaita, M8. 

^.^P.Jíp.áa.aa^.XXIIL., 



19) p. D«fte« cap. XXXVL— TtMMBioe, mp. wuúm^f womfjf 



386 

hoj llegado á nuestra noticia. (1) Hay fundamento para creer ^ue 
cada rey azteca, mandabii labrar un degolladero de esta dase. SI 
Teoóuanhxicalli; CuauhxitíalK divinó 6 de los dioáed/ tiiatidado